Lo Bueno y lo Malo

Capitulo III

Twilight abrió lentamente los ojos. "¿Qué hora es?" se preguntó. Soltando un bostezo, volteo la cabeza a la izquierda, luego a la derecha, nuevamente a la izquierda y finalmente a la derecha. "Diez minutos más y me levantaré." Cerró los ojos nuevamente y volvió a dormirse. La larga jornada de trabajo del día anterior la habían dejado exhausta. Estaba totalmente consiente de la necesidad de convencer a una de las princesas para que le permitieran ingresar a la Colección Especial, pero pensó que aún tenía unos momentos para relajarse.

Los diez pasaron volando, también los siguientes diez, y los siguientes, y los siguientes. Para cuando Twilight finalmente despertó de su apacible sueño, había pasado una hora. "¡Oh cielos!" exclamó mientras saltaba de la cama y se apresuraba a la ventana más próxima. Juzgando por el Sol, ya era entrada la tarde. Al darse cuenta que había dormido toda la mañana, rápidamente entro al baño, se lavó la cara y cepilló su melena. Luego de hacerse presentable, Twilight dejó su habitación.

Al igual que en los últimos días, el pasillo se encontraba completamente vacío. Cuando llegó al final de las escaleras, se entregó a la tarea de encontrar a la Princesa Celestia. Mientras buscaba en los muchos salones del castillo a su mentora, Twilight se topó inesperadamente con sus amigas. "¡Twilight!" comenzó Applejack, con sorpresa. "¿Dónde has estado? ¡No te habíamos visto desde la fiesta!"

"Lo siento, chicas, pero he estado trabajando en un nuevo proyecto y ahora necesito encontrar a la Princesa Celestia." Contestó Twilight.

"¿Acaso has estado tan ocupada que ni siquiera tienes tiempo de decirles "hola" a tus mejores amigas?" preguntó Rainbow Dash con enojo. "¿Y por qué estás tan ansiosa por encontrar a la Princesa?"

"¡Rainbow Dash! ¡No seas tan severa con Twilight!" dijo Rarity. "¡Solo mira a la pobrecita! Puedes ver que ha estado trabajando muy duro; probablemente ni siquiera ha podido dormir," concluyó mientras señalaba con su casco a las notorias bolsas bajo los ojos de Twilight.

"Si, y además, ¿en serio te sorprendes tanto con esto? Esta no es la primera vez que vemos a Twilight tan inmersa en sus proyectos que se olvida completamente de que el resto del mundo existe," dijo crudamente Applejack, su elemento mostrándose más de lo que le gustaría, como pasaba de vez en cuando. No podía evitarlo.

"Perdoname, por favor, Rainbow, pero trata de entender; ayer me pasé el día entero dentro de la Biblioteca Real tratando de encontrar alguna información sobre los primero ponies que llegaron a estas tierras." Le explicó Twilight. "¿Y sabes lo que encontré? ¡Nada! ¡No encontré absolutamente nada!" exclamó.

La joven investigadora dio dos pasos hacia atrás. Mirando al piso de mármol, tomo aire, llenando sus pulmones. Despues de tomarse unos momentos para calmarse, continuó: "Revisé Celestia sabe cuántos libros y pergaminos; la pila era enorme. Aprendí sobre música, danza, arte, disfraces y libretos de la obra, desde Manehattan hasta Vanhoover, pero no había ni una sola palabra de los eventos reales que llevaron a la fundación de este país."

"Y eso es más importante que estar con tus amigas porque….." dijo Rainbow Dash, mientras miraba fijamente a Twilight. El grupo permaneció en silencio, esperando la respuesta de la unicornio.

Tras escuchar aquellas palabras, una mirada de sorpresa apareció en el rostro de Twilight. "¿Cómo puedes preguntarme eso, Rainbow Dash? ¿De verdad no te das cuenta de lo que esto significa?" Se acercó a su amiga y aclaró su garganta "Ningún pony sabe cómo realmente pasó. Sabemos que estaban sufriendo. Sabemos que llegar aquí y prosperaron. Sabemos el "qué" pero no el "cómo". Tengo que llegar al fondo de esto. Debo saber, necesito saber cómo llegamos a ser lo que somos hoy."

"¿No puedes decir que fue gracias a la magia de la amistad o a los Elementos de la Harmonía y olvídate del asunto?" preguntó Rainbow.

Twilight, siempre mirando a su amiga, no perdió tiempo en responder. "Eso es imposible, Rainbow. Esto aso antes de los Elementos, antes incluso que de Celestia o Luna."

"¿Pero es acaso tan importante, Twilight?" le pregunto Applejack. "Lo dijiste tu misma; esto paso hace tanto tiempo, antes incluso que aparecieran las princesas. Tal vez la razón por la que no encontraste nada, es porque no queda nada que encontrar."

"No pienso rendirme tan fácilmente. Aún hay textos dentro de la Colección Especial. Es por eso que busco a la Princesa Celestia; necesito su permiso para poder entrar."

Twilight vio cómo una expresión de tristeza aparecía en cada uno de los rostros de sus amigas. Para ella, la importancia de este proyecto en particular era obvia. Tan solo deseaba poder hacer que las demás también lo entendieran. "Chicas, las repercusiones de lo que pudiera encontrar puede cambiar la forma en que nos vemos a nosotras mismas; no lo hago por mí, sino que por todos los ponies."

"¿Sabes que tenemos que regresar a casa hoy, verdad?" le preguntó Rainbow Dash. "Supongo que no vendrás con nosotras."

Twilight solo movió su cabeza de un lado a otro, confirmando las sospechas de su amiga.

Todas las seis amigas permanecieron unos segundos en silencio, quietas, calladas, solo mirándose fijamente. Ninguna estaba segura de qué decir. De pronto, Fluttershy rompió el silencio reinante y, levantando su casco para señalar a algo detrás de Twilight, dijo, "Mira Twilight, ahí está la Princesa. ¿No vas a ir a hablar con ella?"

Twilight volteó la cabeza y vio a la Princesa Celestia, escoltada por un destacamento de guaridas, mientras ingresaban a la sala del trono. Twi quería correr a encontrarla antes de que su atención fuera absorbida por asuntos oficiales de la corte, pero no se sentía bien dejando a sus amigas así nada más.

"¿Buno, que estas esperando? ¡Vete ya!" grito Rainbow Dash, notoriamente enojada con ella. "Nosotras estaremos bien." Después de decir eso, la pegaso dio media vuelta y comenzó a alejarse.

Twililght sabía que nada de lo que ella pudiera decir podría calmar a Rainbow Dash, así que tras despedirse de las otras cuatro con un simple gesto, las dejó para ir con su mentora. Alcanzó al grupo en el mismo instante en el que cruzaban las puertas del magnífico salón del trono.

"¡Princesa Celestia! Qué bueno que logré encontrarla. Necesito hablarle."

"Por supuesto, Twilight, pero debemos apresurarnos; hay algunos asuntos importantes que requieren de mi urgente atención."

"Luego de nuestra conversación hace dos noches, me decidí a investigar sobre los primeros habitantes de Equestria," Twilight empezó a explicarle. "Comencé por buscar en la Colección General de la Biblioteca Real de Canterlot, pero para mi sorpresa, todos mis esfuerzos fueron en vanos." De pronto dejo de hablar cuando notó una mirada extraña aparecer en el rostro de la Princesa Celestia; sus ojos se entrecerraron, la alegre sonrisa desapareció, volteó la cabeza para mirar directamente a Twilight.

"¿Y qué necesitas de mí, mi leal alumna?" Su voz sonaba más grave, más severa.

Twilight se sintió intimidada. No podía entender la razón detrás del repentino cambio en la conducta de la Princesa. Estaba a punto de retractarse de preguntar, pero su amor por la verdad y su deseo de conocimiento la hicieron cambiar de opinión, y con renovada resolución, fue directamente al punto. "Quiero acceso a la Colección Especial."

Mirándola directamente, la Princesa le preguntó. "¿Y qué te hace pensar que encontrarás lo que buscas dentro de la colección, Twilight?"

"Tiene que haber algo allá afuera acerca de aquellos ponies; registros, dibujos, escritos, algo. Esta búsqueda se trata de averiguar quiénes somos, quien soy." Y devolviéndole la mirada a la princesa, concluyó; "No me daré por vencida hasta saber que perseguí todas las pista y agoté todos los recursos."

La calma retornó al rostro de la Princesa Celestia, y con voz dulce dijo; "Twilight, no puedes dejar que esta búsqueda te controle. La misión que te has impuesto es extremadamente difícil: aquellos eventos sucedieron hace tanto tiempo. ¿Qué tal si no encuentras nada dentro de la colección? ¿Vivirás una vida triste, persiguiendo una tarea imposible de realizar?"

Mientras se acercaban lentamente al opulento trono desde el cual la Princesa Celestia presidia las diferentes sesiones de la corte, Twilight respondió la pregunta de su gobernante. "Estoy consciente de lo difícil que será esta búsqueda, y que a medida que pase el tiempo, estaré más y más inmersa en ella, pero así es como debe ser, Princesa. Esta es una de las investigaciones más importantes en las que me he embarcado. Significa tanto para mí. Claro que me sentiré decepcionada y triste si no loro encontrar nada dentro de la colección, pero si hay algo, cualquier cosa que me pueda ayudar ahí y ni siquiera intento buscarlo, no creo que podría perdonarme nunca."

Los guardias escoltando a la Princesa Celestia tomaron sus posiciones a ambos lados del masivo trono. La profesora y su estudiante estaban por alcanzar los escalones que subían la plataforma donde la silla real descansaba.

"Twilight," habló el alicornio blanco. "Lo que importa es quienes somos hoy. Te estas obsesionando con algo que pasó hace miles de años; esto no puede terminar bien, pues si continúas mirando atrás hacia el camino que has recorrido, no podrás mirar lo que yace adelante de ti. Piensa en lo que pasó entre mí y mi hermana: ¿Qué crees que hubiera pasado si no hubiéramos dejado de pelear? ¿Podría alguna de nosotras gobernar esta nación si no hubiéramos acordado dejar los eventos de hace mil años en el pasado, donde pertenecen?"

"¡Pero Princesa!" gritó Twilight. Los ponies dentro de del salón del trono se voltearon sin excepción para ver que estaba pasando; quedaron horrorizados al presenciar tan irrespetuoso acto. Al ver la expresión de disgusto en los rostros de la multitud, se disculpó con un callado "lo siento." Pero la unicornio no lo sentía. Estaba sorprendida; sorprendida con que su amada mentora no pudiera comprender la importancia de esta investigación ni cuanto significaba para ella.

Haciendo su mejor esfuerzo para mantener sus emociones a raya y evitar un nuevo exabrupto, siendo especialmente cuidadosa con su tono, Twilight volvió a mirar a la Princesa y continuó. "Pero Princesa, esto es diferente a la que paso entre usted y la Princesa Luna. No entiendo; esto ocurrió antes que ustedes también. ¿Acaso no desea saber que pasó en realidad entonces?"

Levantando sus cascos, la Princesa Celestia comenzó su ascenso hacia el trono. Twilight permaneció a los pies de la escalera, quieta, en silencio. Mientras sus ojos seguían a su mentora a medida que subía, su mente trataba de entender la suprema indiferencia de la Princesa. Twilight podía predecir la respuesta de su siguiente pregunta. A pesar de este hecho, abrió la boca y preguntó de todas maneras; "Princesa, se lo ruego, se lo imploro. ¿Puede permitirme acceder a la Colección Especial de la biblioteca?"

Sentada en lo alto de su magnífico trono, mirando hacia abajo a toda la creación, la más exaltada de los gobernantes en la historia de Equestria miró fijamente a su alumna, y con voz solemne habló. "Lo siento mucho, Twilight, pero no puedo permitir que esto se transforme en una obsesión. Es por eso que no te permitiré el acceso a la colección. Sé que mi decisión te decepciona, pero también sé que no te detendrá en la búsqueda de respuestas. Solo recuerda, antes de hacer cualquier cosa, que te amo y que me preocupo por ti. Esto es por tu propio bien."

Twilight permaneció de pie frente a su gobernante, mirándola hacia arriba desde los pies de la resplandeciente escalera de mármol. Se sentía tan poca cosa, tan insignificante, tan vacía. En un segundo, la Princesa había destruido todas sus esperanzas. Recordó la discusión con sus amigas hacía tan solo unos minutos; estaba tan segura de que la Princesa entendería sus motivaciones para perseguir esta particular misión. Al final, todo fue para nada.

Un solitario susurro fue todo lo que salió de ella; "…Princesa…"

"Vas a tener que disculparnos ahora, Twilight," habló la Princesa Celestia mientras le hacía un gesto a su secretaria, quien camino rápidamente hasta su lado, llevando un maletín en su boca, repleto de papeles oficiales. "Hay muchos asuntos de la corte que requieren mi atención. Hablaremos en otra ocasión."

Derrotada, Twilight le dio la espalda al impresionante trono y lentamente se dirigió hacia la salida, mirando al piso todo el tiempo. "¿Cómo pasó esto?" se preguntaba. La Princesa había rechazado su petición; no solo eso, sino que estaba claro para Twilight, de las palabras de su mentora, que no la ayudaría en nada que tuviera que ver con esta investigación en particular. "¿Ahora qué?" se preguntó a sí misma. "¿Qué debo hacer? ¿A dónde debo ir?" Todas estas preguntas la perseguían sin cesar, y no había nada que pudiera hacer para hacerlas desaparecer.

Twilight llegó a las grandes puertas dobles del salón del trono. Dos soldados estaban parados a cada lado del portal. Uno de elle, un unicornio, le abrió la puerta con su magia y la dejó salir. Inmediatamente después de abandonar la habitación, la puerta se cerró, haciendo un fuerte estruendo que resonó a través de todo el castillo. Twilight volvió a pensar en la discusión que había tenido con sus amigas, y susurró; "Así que así se siente ser abandonada por la persona que a uno más le importa. Ahora entiendo a Rainbow Dash." Una lágrima solitaria bajó por su mejilla izquierda.

No había ningún pony a la vista. El sonido producido por los cascos de Twilight al hacer contacto con el reluciente suelo hacía eco, incrementando su sentimiento de soledad que ahora llenaba a la joven unicornio. Vagó sin rumbo por el castillo, yendo de una habitación a otra.

Por lo que le parecieron horas, Twilight caminó sin idea de a donde se dirigía. Las habitaciones que conocía tan bien como el reverso de su casco parecían ahora totalmente extrañas, tan diferentes a lo que recordaba que en un momento, llego a pensar que podría llegar a perderse en este hermoso laberinto. Y que perfecta analogía era esa, pues así era exactamente como Twilight se sentía en su interior; estaba perdida, sin la menor idea de adonde ir.

La blanca luz que entraba por las ventanas por las ventanas cambió; ahora era anaranjada. Twilight alzó la cabeza e inhaló. Los fríos y refrescantes aromas de la noche ya podían sentirse. Por un breve momento, retomó el control de sus sentidos, despertando de su estado de seminconsciencia, suficiente tiempo para darse cuenta donde su subconsciente la había llevado. Se encontraba ahora en medio del salón que dirigía a las habitaciones y a los jardines. A su derecha, las escaleras que conducían al pasillo con una sola ventana y a las habitaciones donde ella y sus amigas habían sido tan gentilmente acomodadas por la Princesa durante su corta estadía en el castillo. A su izquierda, los Jardines Reales; los mismos jardines donde Twilight se había sentado en frente a la fuente de tres pisos y se preparó para lo que estaba segura resultaría en un emocionante viaje de autodescubrimiento, tan solo el día anterior.

Con dos opciones frente a ella, Twilight no estaba segura de a qué hacer o a donde ir. Al final, no le importaba. Repentinamente, una fría briza abrió las delicadas puertas de cristal hacia el jardín, entrando descaradamente al castillo. El impertinente viento recorrió rápidamente la habitación, alcanzando a Twilight en una fracción de segundo. Sin pedir su permiso, acarició suavemente su costado, recorriéndolo desde el final de su cola hasta la punta de su cuerno. La única respuesta de Twilight a esta intromisión fue cerrar los ojos.

Aceptando la invitación, Twilight salió. La bella luz del agonizante Sol brillaba sobre el jardín, pintándolo de un cálido tono anaranjado. Una vez más, ella era el único ser de cuatro patas ahí, completamente sola, con sus pensamientos como única compañía.

Twilight caminó lentamente sobre el sendero empedrado, dirigiéndose hacia la enorme fuente emplazada al medio del jardín. Se sentó en la misma banca que la última vez. La madera estaba fría y húmeda, probablemente debido a la nieve que se había derretido sobre ella. Buscando detenidamente su memoria, asegurándose de no dejar ningún detalle fuera de su inspección, repasó los eventos de aquel día; cómo se había quedado dormida, cuando buscaba a la princesa por el castillo, la conversación con sus amigas, la forma en que Rainbow Dash había discutido con ella respecto a su "excesivo" compromiso con la investigación, cómo sus amigas habían regresado a Ponyville sin ella, la conversación sostenida con la Princesa Celestia y lo mal que había concluido para ella.

Pensó sobre esto una y otra vez, tratando desesperadamente de entender qué había hecho para arruinar tanto las cosas. La respuesta la eludía.

"¿Qué estoy haciendo mal? Estoy tratando de encontrar la verdad. ¿Cómo puede eso ser algo malo?"

"Tal vez sí es algo malo, si no lo fuera, entonces ¿cómo es que todo acabo de esta manera?"

"Mis amigas piensan que me intereso más por ponies que desaparecieron hace miles de años que en ellas. ¡Pero eso no es cierto! ¿O lo es?" El hecho es que estoy aquí en Canterlot en vez de regreso en casa con ellas."

"La Princesa Celestia dice que me estoy volviendo obsesiva. ¿Acaso tiene razón? ¿Cómo no la va a tener? Es la Princesa, después de todo."

"Supongo que la verdad no es tan importante como creía que era."

Twilight reflexionó sobre estos temas por largo tiempo. En algún punto, levantó la cabeza y vio que la Luna ya había salido. Había estado tan inmersa dentro de sí que no tenía idea de qué hora era. "No puede ser tan tarde," pensó. Abandonó la banca y comenzó a caminar de regreso al castillo, cuando se dio cuenta de que ya no era la única criatura en el jardín. "¡Princesa Luna!" exclamó.

La alicornio nocturna estaba parada frente a Twilight, su imponente figura mirando directamente a la joven unicornio. Luna se le acercó y le habló. "Buenas noches, Twilight Sparkle. Dinos, ¿qué haces afuera tan tarde? ¿Disfrutando de un paseo de medianoche?"

"No realmente," le contestó. "Solo estaba sentada aquí, pensando en algunas cosas, y supongo que perdí la noción del tiempo. No tenía idea que fuera tan tarde; de hecho, llegué aquí cuando el Sol se ponía."

"Debe haber sido algo muy importante para mantenerte despierta durante la noche. Hay algo que te perturba, Twilight Sparkle. Dinos, queremos ayudar."

Twilight comenzó a explicarle; "Bueno, Princesa, después de la obra de la Noche de los Corazones Cálidos, tuve una conversación con la Princesa Celestia sobre quienes eran realmente aquellos ponies. Mi deseo de entender de dónde venimos comenzó a acrecentarse dentro de mí, entonces decidí investigar sobre eso. Busqué en la Colección General de la Biblioteca Real, pero para mi sorpresa, no encontré nada. Mientras salía de ahí, una amiga mía que trabaja como bibliotecaria, sugirió que buscara en la Colección Especial, pero…."

La Princesa Luna termino la frase; "Pero necesitas del permiso nuestro o de Celestia."

"Si," finalizó Twilight. Luego, le contó a la Princesa de la conversación con sus amigas y con la Princesa Celestia. "No logro entender por qué ninguna de ellas me apoyó en mi búsqueda. Lo que sea que encuentre puede cambiar la forma en que nos vemos como ponies. ¿Por qué no les interesa la verdad? ¿Cómo no les atrae saber de donde venimos? ¿Cómo llegamos a ser lo que somos hoy?"

"Estamos seguras de que nuestra hermana tuvo buenas razones para negarte tu petición."

"Pero no entiendo. ¿Por qué la Princesa Celestia no quiere que busque dentro de la Colección Especial? Esto sucedió antes de su tiempo también. ¿Acaso no siente curiosidad por saber que ocurrió entonces? Me dijo que fue como lo que paso entre usted y ella hace mil años."

La expresión en la cara de la Princesa se tornó seria, sus ojos se entrecerraron, su voz se agravó, aunque se abstuvo de usar la Voz Real de Canterlot; quería que sus siguientes palabras quedaran entre ellas dos. "Sabemos a lo nuestra hermana se refería con aquellas palabras, Twilight Sparkle. Permitones preguntarte algo; ¿Qué harías si hubieras hecho algo tan malo, tan terrible, tan innombrable, que si algún pony se enterara, significaría que Equestria cambiaría para siempre? No estamos hablando sobre Nightmare Moon, sino de algo que ocurrió mucho, mucho antes de aquellos tristes días. Nos tomó a nosotros y a nuestra hermana un milenio para hacer las paces tras nuestra transformación, y sólo porque tú y a tus amigas, los Elementos de la Harmonía, lo hicieron posible. Si no hubieran estado ahí para detenernos, aún continuaríamos luchando. Eso te lo aseguramos."

"¿Qué?" preguntó Twilight. "No sé cómo responder a eso."

"Nosotras y Celestia no sabíamos que hacer tampoco." Luna continuaba mirándola directo a los ojos. "Escuchanos, Twilight Sparkle; no es que tus amigas no se interesen por la verdad. Ellas creen que ya la conocen. Durante siglos, los ponies han usado la Noche de los Corazones Cálidos para explicar los primeros asentamientos en estas tierras. Para la mayoría de los ponies, eso es suficiente para entender el pasado. Lo creen, y jamás lo cuestionan." La princesa caminó al lado de Twilight. "Tú, por el otro lado, eres diferente. Tu naturaleza inquisitiva te obliga a encontrar la verdad por ti misma; no la verdad que nosotras o Celestia queremos que creas, sino que la verdad real."

Al escuchar aquellas palabras, Twilight abrió los ojos tanto como sus párpados se lo permitían, en una reacción natural de su cuerpo ante tan misteriosa frase."¡¿La verdad que tú y Celestia quieren que creamos?! Princesa, ¿Qué, en el nombre de Equestria quiere decir con eso?" le preguntó.

Luna se acercó aún más a Twilight. Ahora se encontraba a solo milímetros de ella. La princesa de la noche se preparó para contestar la pregunta, y susurró sus siguienes palabras en el oído de la unicornio. "Nosotras y Celestia ya conocemos la verdad, Twilight Sparkle. Este es un secreto tan horrible y triste, que pensamos sería en el mejor interés de todos los ponies mantenerlo en secreto."

"¿De qué está hablando, Princesa? ¿Qué secreto?" La mente de Twilight trataba desesperadamente de entender. Un millón de preguntas dando vueltas dentro de su cabeza.

"Celestia solo quiere que todos los ponies sean felices. Pero nosotras pensamos que es hora de traer término a este asunto, tal como pasó con Nightmare Moon, y lo primero que debemos hacer es permitir que la verdad sea conocida, sin importar que tan terrible sea:"

La pobre Twilight Sparkle se encontraba estupefacta. Esto era infinitamente más grande de lo que podía imaginar. Se quedó congelada, sin habla, su vista centrada en un punto indeterminado en el espacio infinito. Tras un par de minutos, que parecieron horas para ella, la unicornio abrió la boca y dijo; "Princesa Luna, ¿cómo puedo completar esta tarea sin la ayuda de la Princesa Celestia? ¿Qué tal si se molesta? ¿Qué tal si me destierra a la Lu…?" Twilight recordó con quien estaba hablando y concluyó abruptamente la última frase.

La Princesa Luna puso su ala sobre ella y la rodeó en un cálido y amoroso abrazo. "Calma, Twilight Sparkle. Tu no tendras que recorrer este camino sola; nosotras estaremos a tu lado, guiándote.

"¿Dónde comienzo?" le preguntó a la princesa de la noche.

"Tenías razón en una cosa: no todo de esa época se perdió. Hay algo que sobrevivió los siglos y puede decirte todo; cada terrible pedazo de la horrible verdad. Nosotras te permitiremos acceso a la Sección Especial de la Biblioteca Real, donde ahora está guardado, lejos de ojos curiosos."

"No sé qué decir, Princesa," confesó Twilight nerviosa, y con voz temblorosa. "Al principio estaba tan segura de querer hacer esto. Ahora que sé que esto es más grande de lo que jamás imaginé, no lo estoy. Para ser completamente honesta, estoy asustada. No sé si quiero saber esta terrible, horrible verdad."

Luna acercó a Twilight a su pecho. Empujando su oreja contra el suave y oscuro pelaje, le unicornio podía ahora escuchar los latidos de su corazón, tan calmante, tan increíblemente maternal. Ahí, las dos solas en el vacío jardín, bajo la blanca luz de la Luna, nada podía hacerles daño. La Princesa continuó, "Nosotras sabemos, y no te mentiremos, Twilight; esto va a ser extremadamente difícil y, si no deseas continuar, no te obligaremos. Pero debes preguntarte; ¿Realmente deseas rendirte? Te estamos dando una oportunidad que ningún pony ha tenido antes. Si tú no lo haces, ¿entonces quién?"

Twilight levanto la cabeza y miro directamente a los ojos de la Princesa. Con voz callada, pero firme, dijo. "Muy bien, Princesa, lo haré" Y con esas palabras, el destino de la joven unicornio se selló.

Una sonrisa se dibujó en las caras de ambas. Con renovados espíritus, la pareja se quedó quieta, las dos quemando cada pequeño detalle de aquel hermoso memento en su memoria; ese momento que definiría sus futuros: el jardín durmiente que los rodeaba, la gentil briza que los abrazaba, la callada atmósfera que las envolvía, la fría luz de la Luna que brillaba sobre ellos.

Si alguna de ellas hubiera conocido algún hechizo para congelar el tiempo, lo abrían usado sin vacilaciones.

Despues de sentir que ya ambas habían terminado de grabar el bello momento, la Princesa Luna dijo; "Eres una de las ponies más valientes que hemos conocido jamás, Twilight Sparkle. Este camino no será fácil ni bonito. Estás a punto de embarcarte en un viaje de autodescubrimiento que, de un modo o de otro, tendrá repercusiones en la vida de todos y cada uno de los ponies de Equestria. Ya sea para bien o para mal, la verdad debe ser revelada a todos, por ti."

Ambas se separaron, dejando finalmente aquel precioso momento en el pasado. La Princesa habló por última vez, "Ve ahora y descansa, Twilight Sparkle. Debes prepararte para lo que estás a punto de descubrir. Y recuerda que, no importa lo que encuentres, nunca es un error buscar la verdad. Estas haciendo lo correcto."

Twilight comenzó a caminar hacia el castillo. Un piso más arriba, su cama la esperaba. Sus pisadas sobre el frio sendero empedrado eran firmes y seguras. El amor por la verdad ardía en su pecho con renovado vigor. Se sentía como si fuera posible incendiar el mundo entero con ese calor si así lo deseaba. Al cruzar las puertas de cristal, se dio vuelta y presenció a la Princesa Luna justo cuando esta desplegaba sus majestuosas alas y emprendía el vuelo, con un destino desconocido.

La unicornio hablo por última vez en aquella noche; "Gracias, Princesa."

Twilight entró al castillo y, sin mirar hacia atrás, cerró las brillantes puertas de cristal con su magia.