Muchas gracias a tod s los que estáis leyendo esta historia, es francamente divertido escribirla.
Seguid disfrutando la lectura tanto como yo su escritura.
EL PROFETA
26 de enero
Capítulo VI
Estimados lectores: no, nos habíamos ido a la quiebra, ni habíamos cerrado por vacaciones. Es que nuestra publicación se sustenta en el "trabajo" de Rita Skeeter, y la muy golfa se ha tirado dos meses bebiéndose el sueldo y botando en diversos conciertos de rock. De nada ha valido mandarle al Cobrador del Frac para darle el coñazo y que nos pasara algún artículo. La muy pendona le emborrachó y nos lo encontramos en calzoncillos y sin chistera sobre la mesa de la redacción, murmurando no se qué gaitas sobre una botella de firewhisky añejo birlada del minibar de los Malfoy... ¡Hala, ya está! ¡Ya me he enfadado de verdad! ¡A tomar por culo la bicicleta! ¡DESPEDIDA!... ¿Cómo? Un momento, estimados lectores, que mi redactor jefe me ha pasado una notita…Ah… Estoooo…Jejeje…Vaya, parece que no puedo despedir a la Skeeter, tiene un contrato blindado, la muy #~$ &... Pues nada, parece que estamos condenados a seguir publicando la cosa ésta que se inventa y que tanto vende… Pensándolo bien, gracias a ella me he podido comprar una XboX por Reyes y arreglar la Saeta de Fuego, así que mejor me calmo…Hale, sigan ustedes leyendo, querido público, y a mí déjenme tranquilo con la historia aquella de los Rebeldes y Darth Vader, que está muy interesante…
PD.- ¡¿Por qué tuvieron que atentar en las obras de la 2ª Estrella de la Muerte, por qué?! ¡Pobres albañiles espaciales! ¡Pobres huerfanitos imperiales!
¡Hola, corazones! Cuánto tiempo, ¿verdad? No crean que me he olvidado de mis fans… Bueno, sí, me olvidé de que estaba trabajando, pero ya me he acordado otra vez. Comprendan ustedes que soy rubia natural, y si a eso le añadimos cantidades ingentes de alcohol y sustancias psicotrópicas, mi cerebro se colapsa en cuestión de segundos y soy capaz de olvidarme hasta de mi madre. Uy, eso me recuerda que llevo cinco años sin llamarla por teléfono…
Se preguntarán ustedes, queridos lectores, qué he estado haciendo durante estos dos meses. Y si no se lo preguntan me da igual, porque pienso soltarles el rollo de todos modos. Que para eso me pagan y para eso compran ustedes el periódico, leñe… A ver que recapitule, ¿dónde nos quedamos la última vez? Ah, sí, en la juerga de Hogwarts. ¡Y menuda juerga, oiga! Allí es donde empezó todo, el origen de mi escaqueo. Pues sí, la McPollo y yo acabamos bajando a las mazmorras y uniéndonos a la fiesta de los goblins. ¡Y qué fiesta, madre! Resulta que los bichos tocan que da gusto, y cuando agotaron todo el repertorio de Iron Maiden, dejaron que Flitwick se desmelenara en la mesa de mezclas. ¡Y menudo es el chiquitín con los vinilos! ¡Ni el DJ Tiesto ése! Hasta las seis de la mañana estuvimos meneando el esqueleto… Y luego ocurrió algo increíble: Sybill Trelawney, que iba completamente pedo, tiró uno de los frascos de potingues raros de Slughorn sobre el bol del ponche, que salpicó a los cuadros más próximos, haciendo que sus ocupantes pudiesen salir de los lienzos. Ya ven, queridos lectores, los descubrimientos científicos más importantes ocurren siempre porque un papanatas tiene suerte. La suerte del tonto, la llaman. Total, que les echamos el potingue a los cuadros y el profesor Snape, sus amiguitas, Dumbledore y algunos más se nos unieron en Las Tres Escobas cuando nos fuimos a desayunar chocolate con churros. La señora Rosmerta estaba de lo más encantada, porque éramos ciento y la madre y le dejamos una buena propina. Bueno, yo no. Tengo por costumbre no dar propina, que como dijo el ministro, desde que nos cambiamos al euro nos hacemos la picha un lío y pagamos de más los cafés….
Y no crean que la cosa acabó allí, no señor. Snape nos llevó a todos a su casa para dormir un rato y después seguir la juerga. Estábamos un poco apretujados, porque la verdad es que Spinner's End es un cuchitril y está lleno de libros ocupando espacio (y no, no son libros guarros. Desgraciadamente…). Además, se nos unieron los tres Malfoys, que por lo visto pasaban por allí (¡JA!) y decidieron desmelenarse. ¡Maldición y recontramaldición! Si al menos hubiera venido Lucius solo…Pero nooo, tenía que venir con la arpía de su mujer, que no se separa de él ni aunque les metas una espátula entre medias…Espera un momento. Que se va. Que le ha dejado solo. Que se ha apalancado sobre la pierna de Snape y Lucius está solito. ¡Ésta es la mía, mwhahahahahaha! Bueno, queridos lectores, lo que sucedió a continuación no puedo contarlo en la edición vespertina, pero encontrarán un relato completo y sin censura en la edición especial del fin de semana, no apta para menores y con fotos autografiadas de regalo. En resumen, que una servidora se ha beneficiado al mayor de los Malfoy, mientras su señora "redecoraba" la planta de arriba de Spinner's End con Severus Snape…Lo único que me da escalofríos de todo este asunto es que el joven Draco insiste en llamarme "mami". Y soy demasiado joven para tener un churumbel. Y menos uno que tenga paga y se la gaste en pilinguis y vaqueros de marca…
Bueno, y después de pasar las resacas (varias, porque la juerga duró un par de semanas), recordé súbitamente que se supone que trabajo en un periódico y debo publicar algo de vez en cuando. Aunque sólo sea porque me pagan un sueldo por ello. Un sueldo bajo y miserable, debo añadir. Pero es un trabajo honrado. Más o menos. Juro que a veces lo es, al menos un 10% de lo que publico es verdaderamente cierto. Y esto que estoy publicando forma parte de ese 10%. Palabrita de girl scout… En fin, que de pronto me encontré con el tremendo papelón de escribir todo lo acontecido. Y es difícil escribir sobre algo que apenas recuerdas. Podría escribir un artículo sobre los dolores de cabeza y las vomitonas masivas, que de eso sí me acuerdo, pero dudo mucho que les interese a mis lectores… Lo que sí que les interesará, queridos y queridas, son las entrevistas que conseguí realizar con cierta gente durante las fiestas. Y es que no hay nada como emborrachar a la gente para sacarle información…
Pero se me agota el espacio, estimados lectores, y debo ponerme ya a editar y corregir mis notas para publicarlas en sucesivas ediciones.
A más ver, que decía mi amigo el doctor Lecter. Un tío majo, la verdad. Con muy buen gusto culinario, aunque un poco rarito
