¿Quieres estar conmigo?

Anteriormente…

Llegó al aeropuerto con dos horas de adelanto, que serían mucho de no ser por la inmensa fila antes de los puestos de control de Policía internacional. Una hora y media después de llegar al aeropuerto, abordaba en primera clase de un vuelo de 14 horas en un avión con destino a Londres.

Capítulo 7: "De encuentros casuales"

El avión estaba casi vacío, al menos donde ella vio, un par de hombres en ejecutiva y una pareja de adultos mayores en primera clase, casi en el extremo opuesto de donde encontró su asiento. Se sentó, tratando se acomodarse para dormir, eran las once con cincuenta minutos, todavía quedaba tiempo para dormir. Puso el bolso que llevaba junto a su asiento, su computadora quedó en el asiento junto a ella, mientras miraba alrededor. Una de las asistentes de vuelo llegó para preguntarle si quería una manta para dormir, a lo que asintió gustosa. Ya comenzaba a sentirse cansada producto de todo el cansancio mental que llevaba. Se arrebujó en la manta y el sueño comenzó a llegar a ella. Sumiéndose en un sueño sin sueños.

Casi siete horas después la despertó la misma mujer que le había dado las mantas, para preguntarle si quería desayunar. Recién allí se dio cuenta de que no había comido en más de doce horas. Comió algo, y prendió el computador para escuchar algo de música mientras adelantaba algo del trabajo que tenía. Dos horas después, sólo se las había ingeniado para escribir dos líneas de la novela y para volver a darle millones de vueltas a los mismos tres pensamientos que la habían torturado todo el día anterior. Pensaba que quizás Ángela tuviera razón, y debería haber conversado con su compañero antes de tomar un avión y cambiar de continente, por el contrario, también pensaba que no podría hablar con él antes de pensar muy cuidadosamente qué decir, y el último pensamiento que la abrumaba era qué era lo que pasaría si no hubiese pasado nada y ella sólo estuviera exagerando. Su analíticamente repasaba los hechos una y otra vez, tratando de sacar una conclusión lógica de toda esa situación, sin encontrar ninguna respuesta satisfactoria y solo deseaba poder examinar el asunto como si fueran restos, de esa forma quizás llegara a alguna parte, en vez de gastar su precioso tiempo en divagar inútilmente.

Cerca de las doce, almorzó, pensando en que debería llamar a Ángela antes de que hiciera un escándalo y denunciara al FBI su presunta desgracia, si es que no lo había hecho ya. Tomó el teléfono y marcó a la casa de la artista.

.-¿Bueno?-.

.-¿Ange?-.

.-¡Temperance Brennan¡En qué maldito universo crees que vives¡¿Cómo es que te fuiste a Londres?!- la voz de Ángela sonaba furibunda, al otro lado del teléfono la antropóloga tragó pesadamente.

.-Ange… yo…-.

.-¿Desde cuándo te comportas como una chiquilla insulsa? Porque creo que me expliqué claro cuando te dije que hablaras con Booth, NO que tomaras un avión a otro continente…-.

.-Pero yo…-.

.-Yo nada Brennan… ¿Tienes alguna idea de cómo me sentí cuando dejaste de contestar el teléfono y no te encontré en tu casa? Casi me morí…-.

.-Espera un momento… ¿Cómo es que sabes a donde voy?-.

.-Booth me lo dijo…- la voz cambió por una un poco más calmada.

.-¿Cómo?-.

.-Fui a tu departamento a ver si estabas bien y cuando no te encontré y vi el desorden que dejaste, fui a ver a Booth… él lo averiguó porque hizo que el FBI preguntara a policía internacional hacia donde habías registrado que ibas…-.

.-¿Por qué fuiste con Booth?-.

.-Porque él es la causa de todo esto ¿O no?-.

.-Sí, pero…-.

.-Pero nada… espero que cuando vuelvas ustedes dos lo discutan-.

.-.No creo que vuelva pronto…-.

.-En una semana te sentirás mejor cariño y cuando vuelvas conversaremos acerca de tu actitud ¿Te parece bien?- la voz de su amiga ya sonaba completamente calmada y casi contenta.

.-Si, claro…-.

.-Bien, entonces, hablaremos cuando llegues a Londres, tan pronto como llegues quiero que me llames para decirme donde estás ¿De acuerdo?-.

.-De acuerdo… pero te llamaba para otra cosa…-.

.-¿Sí?...-.

.-Si surge algo en la oficina ¿Me podrías mandar la información a la computadora?-.

.-Tu no cambias ¿Cierto?-.

.-No veo por qué debería hacerlo…-.

.-Porque nunca avanzas en la vida cariño… pero esa no es una conversación para este momento… sólo llámame cuando te instales…-.

Brennan no alcanzó a decir nada más, pues su amiga había cortado la comunicación.

Ya sólo faltaban dos horas para que aterrizaran, eso si el vuelo no se retrasaba, pero de catorce horas de vuelo, la doctora sólo había sacado en limpio era que su mejor amiga estaba enojada con ella (algo que rara vez sucedía entre ellas, Dios sabía que la paciencia de la artista era casi infinita), y que quizás hubiese sido buena idea no arrancar a otro continente, sino, sólo encerrarse en su apartamento por un par de días.

Un correo electrónico de su publicista le avisó que le había conseguido una suite de lujo en el hotel Four Seasons de Londres, bajo el nombre de Ingrid Letterman, así podría pasar desapercibida en caso de que alguien la buscara. En caso de que alguien quisiera encontrarla antes de que ella quisiera volver.

El avión aterrizó sin problemas, con un retraso de veinticinco minutos. Así que cerca de las tres y media, tomó un taxi con dirección al hotel, estaba muy acalambrada por el nulo movimiento a lo largo del viaje y sólo quería un baño antes de dar un paseo, o dormir.

Llegó al hotel, donde se registró, desafortunadamente la recepcionista era fanática de sus libros, pero fuera de tener que firmar un autógrafo y tener que escuchar cuales eran sus tres escenas favoritas del libro (que eran aquellas en que Kathy y Andy tenían sexo después de resolver los casos), pudo subir tranquila a su habitación, relativamente rápido.

Nada más llegar se tiró a la cama unos minutos, no había como dormir en una cama de verdad, por mucho que la primera clase fuera cómoda, no superaba a una cama.

Después de recostarse unos momentos, llenó la tina de la habitación mientras daba un paseo por la suite, era cómoda; tenía tres habitaciones: el dormitorio tenía una inmensa cama matrimonial, con sábanas de seda, y colcha de brocado, el comedor tenía un comedor de carácter antiguo (Luis XVI, pensó), una lámpara de araña con muchos cristales colgando y un bureau sobre el cual había un florero de cristal a juzgar por la delicadeza del tallado, finalmente, tenía una sala de estar con un cómodo juego de sofás, una chimenea y una alfombra en el centro de la habitación, también tenía varios cuadros de caballos. Temperance sonrió al recordar el caso de los ponis que habían resuelto un par de semanas antes, lo que la llevó a recordar todo el discurso de su compañero sobre la diferencia entre el sexo y hacer el amor.

Sacudió enojada la cabeza, -Debes dejar de pensar en él Temperance- dijo en voz alta, como si por decirlo en voz alta, fuera a pasar. Volvió a negar con la cabeza, dejándolo por imposible, y volvió al baño.

El agua se sentía estupenda, el baño tenía varios tipos de sales de baño, Temperance, eligió las que tenían olor a lavanda. Minutos después la tina rebosaba de espuma y en el ambiente flotaba el aroma a lavanda.

Se metió a la tina con el cabello amarrado, el agua tibia acarició su piel, mientras se sentaba y la espuma provocaba cosquillas al entrar en contacto con su cuerpo, apoyó la cabeza en la punta de la tina, sobre una toalla y cerró los ojos; lejos, podía escuchar una delicada melodía. "Cavalleria Rusticana", pensó. El agua y la tranquilidad de la habitación fueron sumiéndola en un sopor casi instantáneo. Donde analizó, cada una de las notas de la composición. Una vez, mucho tiempo atrás le había explicado a Booth que amaba el Jazz porque era una armonía emanada del caos, esto era todo lo contrario, armonía a través del orden, y aún así era hermoso e igual de intenso. Luego de eso Booth se quemó en la explosión de mi apartamento, meditó.

Sacudió la cabeza, debía dejar de hacer eso. Debía impedir que sus pensamientos volviesen constantemente al agente del FBI, de todas formas se había cambiado de continente para no tener que enfrentar a su compañero y parecía, que aunque no estuvieran cerca, él se encargaba de no dejarla olvidarlo. O quizás…

.-O quizás Ángela tenía razón…- habló en voz alta.

"El mundo no es tan grande como para que huyas de lo que sientes…" la frase de su mejor amiga se repetía constantemente en su cabeza.

.-Debo dejar de hacer eso- repitió más alto.

Un tema llevaba necesariamente al otro en su cabeza, estaba metida en un circulo vicioso, del que, parecía, no escaparía por lo pronto.

Si pensaba en el trabajo, terminaba pensando en Booth, lo que le llevaba a recordar por qué estaba allí y volvía a analizar todo lo que había hecho la noche antes de amanecer desnuda y lo que había hecho después. Y así sucesivamente, finalmente con el cuerpo más alerta y relajado, se rindió y se salió de la tina para salir a ver si Londres le ofrecía alguna distracción para cambiar de pensamientos.

Eran cerca de las siete de la tarde. Se puso unos jeans, una camiseta, zapatillas, tomó una chaqueta de mezclilla y la tarjeta de la habitación antes de salir.

Llegaba al recibidor cuando lo vio. La razón de todos sus problemas entraba al mismo recibidor que ella, por suerte no la podría ver, puesto que venía caminando en dirección contraria, pero había un biombo frente a ella. Temperance estuvo a punto de tener un ataque de pánico allí mismo. Aunque siempre cabía la posibilidad de que su mente le estuviera jugando una broma y no estuviese allí, volvió a mirar, definitivamente era él.

.-¡Demonios¿Cómo…?- presa del pánico y un tremendo sentido de deslealtad hacia su mejor amiga. se escondió allí mientras Booth se registraba en el hotel y apenas lo vio emprender camino hacia los ascensores salió corriendo de allí.

Se alejó lo más rápido que pudo del hotel, hasta que tuvo un par de cuadras de distancia de Booth y el hotel. Recién ahí respiró medianamente tranquila.

Recorrió las parte más conocida de Londres en autobús, Trafalgar Square, El Big Ben, la Torre de Londres, de todas formas no quería volver luego al hotel y encontrar a Booth por un buen tiempo.

Se dedicó a analizar qué podía haber traído a su compañero a esa ciudad en particular y justo a su mismo hotel. Definitivamente, tenía mala suerte…

Pensaba que quizás Ángela en su plan de celestina podía haberle dicho, pero recordó que Booth le había dicho de su paradero, y ella no le había dicho a nadie donde se hospedaría.

Buscó una cafetería compró un café y se conectó a internet, le envió un correo electrónico a su publicista, pidiéndole que arreglara las cosas para cambiarse de hotel. No estaba lista para enfrentarse a él.


Ahora a contestar rr's

Ani Laurie: ¿Quién no querría un amigo así?!! o sea, todos... sipo, Espinoza da miedo... como sea, a ver si nos juntamos en la U??

Mary Riz: que bueno que te haya gustado el epi, aquí está la continuación.

Nahodyx: NATY!!!!!!!!!!!!! que bueno que terminaste de leerlo, aquí está el nuevo, que bueno que te haya gustado... si po, es empleado fiscal, y sufre como todo el resto del mundo... pero para eso tiene a Hodgins... como sea, hablamos en la U...

Saludos a todos...

KATIE