¿Quieres estar conmigo?
Bonus Track¿Qué es lo que me recuerda Londres?
Abordó un autobús, no había mejor forma de recorrer Londres, extrañó aquellos nostálgicos buses rojos que otrora recorriesen las calles de la ciudad, los nuevos, no dejaban de sentirse extraños.
Mientras veía desfilar delante suyo, viejas calles, nuevos y antiguos negocios podía recordar la primera vez que había estado allí. Muchos años antes, su abuelo, bueno, el hombre que se había hecho pasar por tal, había esperado a que volviera de la escuela para comunicarle que pasarían las vacaciones en Inglaterra, tenía que arreglar algunos asuntos allá y, debido a que no podía dejarla sola, pues si lo hacía pasaría como abandono y ella volvería al sistema, la llevaría con él.
Luego de dar el escueto comunicado mientras leía concentrado otra novela en el sofá del living, indicó con su pipa a su derecha. Sobre la mesa de lectura había dinero más que suficiente para que fuera a comprar todo lo necesario. Lo entendió en un instante, por muy extraño que pareciese, ese hombre y ella se entendían casi sin mediar palabra alguna. Llevaba casi un año allí y estaba por cumplir los dieciocho años, edad en que para el Estado, dejaría de ser una niña y se le consideraría como emancipada. Tenía lo que necesitaba, su abuelo, procuraba proporcionarle todo lo que pudiere requerir: ropa de la mejor, su propio auto (que le comprara poco después de que su carta de aceptación a la universidad llegase), una cuenta en el banco con suficiente dinero como para no tener que depender de la ayuda que el Estado le proporcionaba, y la promesa de que se encargaría de la carga del arancel de la universidad que comenzaría ese mismo otoño.
Hasta su mayoría de edad, debían de seguir las reglas de servicios infantiles, por lo tanto, Temperance pasaba a ser parte del equipaje de su enigmático tutor.
Fue al centro comercial por ropa para la ocasión, pues una de las exigencias del anciano era que siempre debía vestir como una dama, no como la niña tímida y desprotegida que llegase a su casa, casi un año antes. Como tal, la misma ropa no era aceptada en su presencia más de dos veces, el hombre tenía un sentido de apreciación y observación que rayaba en lo paranoico, notaba en seguida cuando la blusa o el pantalón se habían repetido más de lo permitido y Temperance, que viniendo del sistema de adopción había aprendido que la ropa de los huérfanos es vieja por esencia, no quedaba bien jamás pues no era propia, sino heredada, y olía a plástico de bolsa de basura, casi se volvía loca con esa regla por la cual había pasado de no tener nada que ponerse a comprar ropa en cantidades industriales junto a los chicos populares de la escuela, quienes de su estadía en el sistema no supieron nunca, para ellos, la chica nueva era la nieta del "profesor chiflado de la casa azul".
Podía recordar perfectamente el día en que aquel anciano excéntrico había ido por ella a la corte. La trabajadora social asignada a su caso, le acompañaba, caminaba sin ninguna dificultad y aún así portaba bastón, vestía chaqueta de Tweed y zapatos de charol. Todo un personaje, para los convulsionados años noventa.
&&&&&&&&&&Flash Back&&&&&&&&&&&
¿Temperance?-.
Sí- contestó confundida mientras se aferraba a su bolsa de basura.
Este es tu abuelo, su nombre es Stephen Jackson-.
Un gusto en conocerte pequeña… lamento mucho no haber venido antes. Asuntos de vital importancia, me mantuvieron largo tiempo fuera de los Estados…-.
No sabía que…-.
Sí, lo sé, tampoco sabía de tu existencia… conocí a Russel, pero no a ti, me fui antes de que nacieras y supongo que al no saber nada de mi, tuvieron la terrible percepción de que estaba muerto…-.
Entonces… señor Jackson… ya que todo está listo, pueden irse… pasaré por su casa dentro de una semana para ver qué tal están…-.
Convenido entonces señorita… nos veremos dentro de una semana…-.
Entonces Joy…-.
Es Temperance…-.
Claro, claro… ¿Qué te parece unos waffles con salsa de arándanos?-.
Disculpe pero ¿Eso no es para desayuno?-.
No te preocupes, los hoteles sirven cualquier cosa, a cualquier hora… los cambios de horario…- el hombre pareció comenzar una conversación consigo mismo sin reparar en la adolescente detrás suyo. Temperance nada más lo siguió, no muy segura de qué sería lo que sucedería de ahí en adelante.
De pronto el hombre pareció de súbito recordarla. Volvió a verla. Por su cara no le gustó lo que encontró.
Por Dios mi niña ¿Es eso todo lo que tienes?-.
Sí…- respondió tímida mientras las lágrimas comenzaban a fluir por su rostro.
¿Hay algo que no quieras abandonar de esa bolsa?
Sí…- recordando los presentes de navidad que nunca abrió.
Consérvalos por un momento, pero todo el resto de las cosas deben irse, de acuerdo… ninguna nieta mía andará por la calle pareciendo niño pobre del "tercer mundo"-.
Ese día le había comprado muchísima ropa, tanta que de la tienda la tuvieron que enviarla directo al hotel. De ahí venía la regla de no usar la ropa más de dos veces, así que una vez terminado el plazo de su ropa la ponía en un canasto bajo su cama; una vez al mes, la llevaba a servicios infantiles, quizás allí podrían servirle a alguien más.
&&&&&&&&&&&&&&&&Fin del flash back&&&&&&&&&&&&&&&
Sonrió ausente del contexto alrededor suyo, aquel era uno de los recuerdos más felices de los que tuviera memoria. Reconoció una esquina, apretó el timbre del bus, avisando que la próxima sería su parada. Bajó y se acercó un par de pasos a una vereda en particular. Mejor dicho, una casa en particular. Una niña de no más de cuatro años salía de la casa, una casa victoriana, como tantas otras cerca de la ciudad. Esa era la casa donde se había hospedado aquel verano junto a su abuelo. Un par de lágrimas corrieron libres por su mejilla. Sin notar nada a su alrededor rememoró tardes enteras memorizando libros, discursos de Churchill y tantas otras cosas adheridas al aroma del tabaco que fumaba el anciano.
¿Está bien señorita?- fue la pregunta que la sobresaltó cuando volvió a la realidad.
¿Eh¿Qué…? Sí… claro- respondió aún confundida.
Está llorando… ¿Necesita un pañuelo?- le volvió a preguntar una mujer rubia, con una mirada alentadora mientras le indicaba un paquete de pañuelos desechables.
Muchas gracias…- Temperance sonrió agradecida.
Miraba mi casa mientras lloraba ¿Le pasó algo¿La asaltaron¿Puedo hacer algo por usted?-.
Su casa…- indicó la vivienda frente suyo.
Sí, ahí vivimos mi familia y yo-.
¿Hace cuánto?-.
Cuatro años… justo antes de que mi hija naciera- indicó a la pequeña que viera Brennan antes.
Yo también viví aquí, un verano hace muchos años-.
¿Quiere pasar y ver la casa?-.
No, se lo agradezco… debo irme… me alegro de que la casa esté en buenas manos-.
A un paso de la histeria provocada por la melancolía, se alejó casi corriendo de allí, dejando a la actual dueña de casa confundida y estresada al respecto. No menos que Brennan que vio el peso del paso del tiempo frente a ella, ese verano ya hacía mucho había pasado. Su abuelo había muerto cinco años antes, viéndola terminar su doctorado y graduarse con honores de Antropóloga Forense. Pero lo que más la carcomía era la envidia que vio formarse frente a su corazón y conciencia al escuchar de labios de esa mujer que era dueña de esa casa y ver a su hermosa niña.
Por un momento, sólo por un momento, sintió que cambiaría gustosa su vida con ella, tener la casa, la hermosa niña como su hija y la vida ignorante y feliz que se notaba llevaba.
Una lágrima final, una de despedida y se encaminó a cualquier parte, cualquiera que no fuera esa, cualquiera que no hiciera a su corazón doler como no lo había hecho en años.
Ese hombre que la acogiera tantos años antes la había abandonado como tantos otros antes que él, y como otros después; aunque él había sido diferente, había dejado una huella imborrable en su vida, casi había sido feliz con él, de no ser porque tendía a sentirse extraña con las reglas que manejaba su vida, el hecho que nunca había entendido bien qué era lo que hacía el anciano, y el hecho que era una más de las muchas mentiras de la familia Brennan, decidió que iría a ver a su padre para preguntarle quién era ese personaje y su verdadera relación con su vida.
Se abrazó a sí misma y volvió con dirección a la parada del autobús, volvería al hotel, estaba tan cansada como si hubiera corrido millas de distancia, ya no tenía ánimos de hacer nada, el recuerdo de su juventud la oprimía por dentro, la necesidad de ver a su compañero la abrumaba, y ya sólo quería dormir.
Nota de la autora.
Este es un regalo de consuelo para quienes esperaban que actualizara pronto... espero que les hayagustado y viene con el capítulo que cronológicamente correspondería al 8
Esta es una tremenda licencia que me tomé, de ahí que sea un bonus track, especialmente porque vi el capítulo en que Temperance habla de que su abuelo la sacó del sistema.
También me disculpo por no haber puesto esto antes, he estado ocupada con la universidad, aparte de que se me ocurrió la fantástica idea de ponerme a leer fics en inglés y tuve que esperar leerlos todos porque soy maníaca en ese aspecto.
Reviews:
hoy lo haré bien y contestaré del primero al último...
Ani Laurie: porque si Brennan no complicara el asunto, yo no tendría sobre qué escribir... hahahahah sobre lo de Londres, conuerdo contigo... espero que dejes rr para los proximos capitulos.
Nahodyx: Naty!!!!!!!!!!!!! hablamos en la U mejor...
Mary Riz: (1) entonces adivina qué viene para el capítulo 8... no diré nada más..
(2) aquí estoy de vuelta... con dos nuevos epis...
PatryTrusky: gracias por tu comentario. que bueno que te haya gustado...
Sharlothd: yo me he leido todos los M, me pongo rojita la mayoría del tiempo
