En algún momento de mi vida, me sentí aungustiado. No de ese tipo de angustia por no poder hacer algo, por sentirte insuficiente. Era una angustia por mi falta de sentimientos, los sentía, bien, pero no era lo que alguien esperaba sentir precisamente.
Nunca sonreí, nunca me sentí satisfecho, nunca había hecho un acto de corazón, por ser simplemente una mala persona, una egoísta, perfeccionista y ególatra de quien nadie esperaba nada, y por consiguiente, que tampoco esperaba nada de nadie. Hasta que, no sé, una luz perdida me sacó, me elevó más allá de donde yo pude ver. Y me reconstruyó, y eso lo agradezco desde el fondo del corazón.


HTwo: Crystal Smile.

Su mirada se empezó a perder, mientras mascullaba y se alejaba de la multitud. Algo estaba saliendo mal, ella realmente lo estaba sintiendo.
Entró al baño de un portazo, las chicas de ahí adentro la miraron sorprendidas y luego salieron corriendo.

-Maldita sea...-dijo la chica mientras se introducía el dedo dentro de la garganta para intentar regurgitar. Algo había salido demasiado mal esa noche.

Su vestido estaba arruinado, y ella se estaba empezando a morir. Aparecería en primera plana por morir por tomar tantas pastas, ella sabía que esa noche se había pasado.

La disco estaba a reventar, el sonido ensordecedor del trance hacía vibrar las mesas de platino y vidrio.

El sudor era palpable en las paredes, y ella allá adentro, palideciendo.

Ningún amigo que diera señales de vida y que pudiera ayudarle. Púdranse, pensó casi de inmediato.

Sus rodillas flaquearon mientras sus ojos volvieron a blanquearse, vio el cielo iluminarse. Mierda.

-Oye...-escuchó antes de desmayarse.

Su cuerpo estaba frío como el piso, ella, pálida como la nieve. El chico frunció el seño, ¿Habia muerto acaso?. Le tocó una mejilla, no parecía
reaccionar.

Pudo haber pensado en que solo estaba desmayada, hasta que vio las marcas de inyección en las comisuras de sus codos.

-Mierda...-Masculló el chico mientras la levantaba rápidamente, no la conocía, e incluso podría estar entrometiéndose en una muerte por sobredosis, pero aún así la cargó como si de una hermana se tratase.

Salió dando empujazos, la gente ni se daba cuenta, él la sostenía, intentándo buscar su auto con la desesperación de algún demente.

En cuanto llegaron la metió en el asiento delantero, la gente de afuera le miraba extrañado, a él no le importaba que lo tacharan de necrófilo.

En cuanto pisó el pedal, pudo sentir la sangre golpeando sus tímpanos, tenía la adrenalina al ciento por ciento. Aunque intentaba llegar rápido, y lo estaba haciendo, parecía que no era suficiente, ella cada vez estaba más fria.

-Maldita sea...-El chico de ojos perlados reconoció solamente por la luz de su auto que la que tenía al lado, era la hija de los más grandes magnates de Japón.-Triple maldición.

En cuanto se aparcó en la acera del hospital, pegó un grito de auxilio y cargó a la chica, parecía ya haber desistido.

Él vio confundido a todo el mundo, mientras su boca se secaba por la impresión de que algo dentro de él pareció haber cambiado, se la entregó en su completa fragilidad a uno de los enfermeros. Era bastante extraño, no sabía que pasaba a su alrededor, todo el mundo parecía agitado, gritando, asustados por el estado de la chica, pero él seguía ahí parado.

-¿Qué pasó?-gritó uno de ellos mientras lo llevaba dentro, él tragó en seco.

-No sé...

-¿Qué es para tí?.

-Nadie.

-¿Cómo la encontraste?

-Estaba desmayada en el baño de la discoteca.

El hombre le soltó con brusquedad el brazo, todos sabían de quién se trataba, la chica no era cualquier desconocida.

Se sentó, se quería largar, su ropa estaba empapada en sudor, estaba perdido, por ser bueno estaba perdido.

-Muchacho...-alguien le tocó el hombro sacándolo de su confusión, al levantar, estaba el padre de él-...¿Qué hizo esta vez?.

El no habló. Ni siquiera intentó abrir la boca.

-La encontré en el baño, yo no la conocía.

El hombre se sentó junto a él.

-¿Haces esto por el dinero?

-No.-Él lo miró fijamente, en su cara de notó un poco de enojo.

-¿Estaban saliendo?

-No-dijo él devolviendo la cara, mirando al vacío.

-¿Se excedió?.

-No sé...Sólo...-él suspiró mientras miraba la puerta hacia las habitaciones de atención de emergencias-...Sólo la encontré en el baño desmayada.

El hombre dio un largo suspiro, mientras se recostaba en el espaldar.

-No tengo tiempo para esto...-dijo con su grave acento el hombre-...Ya la perdí aún sin estar muerta.

-No diga eso-susurró el joven.

En ese momento, el doctor penetró en el pasillo con pasos firmes. Dio una seña afirmativa, que extrañamente invadió al chico de un alivio intenso. Haber ayudado a una drogadicta era extraño, pero la había salvado, y eso era lo importante.

Ambos se levantaron.

-Ella está bien...-dijo el doctor mirándolos-...Sufrió un episodio de shock por las píldoras que había consumido, el alcohol y otro tipo de droga estaban dentro de ella. Pero está bien, pueden verla si desean.

El chico buscó la puerta, no quería verla, no quería hacerlo.

Su padre caminó estilizadamente hacia la puerta, entrando en la habitación donde estaba la joven mujer. Él le siguió, silenciosamente, hasta quedar parado en el umbral de la puerta. Ella estaba recostada en una camilla, hasta ahora se daba cuenta de cuán hermosa era, cabellos
amarronados y la mirada dulce como la mismísima miel.

Ella le devolvió la mirada, con algo de vergüenza en ella. A él le flaquearon las rodillas, y a ella le temblaron los labios mientras se le cristalizaban los ojos.

Y ahí estuvo, una sonrisa, quebrada, pero preciosa y excelsa, que lo terminó de desbaratar por dentro, una sonrisa de muchas gracias, de las gracias que había esperado hace mucho, y que hoy recibía sin importar los problemas, ni la historia detrás de ella.