N/A: Volví! Perdón, pero en la escuela me están matando :( Y tengo dos fics más (Después de tí hay mucho; un crossover de Bella Swan y Damon Salvatore, es prioridad) Además de una novela de mi autoría en FictionPress (Se llama Cara o Ceca y el link está en mi perfil, asique si quieren pasarse y comentar no las culpo xD)
Pero aca estoy y no se preocupen que aunque me tarde a veces no voy a dejar de escribir el Fic. AMO DEMASIADO A JACE HERONDALE PARA ESO!
EtOiLeMoNsTrUeUsE: Hello! Yo tambien ODIO a Aline y AMO a Jace xD Y respecto al seguro médico; no tengo money. Lo siento. Y claro que Clary estaba ebria! jajajja Espero que le cap de hoy te guste y dejes como siempre tu sicera opición xD XOXO
dannya6: Hola! No, Jace no es un soldado, pero le gusta entrenar, y respecto a su profesión; o sabremos mas a delante xD Y claro que Clary va acurarlo de las mujeres, creeme que no se la va a poner fácil (muajajjaj) Espero que te guste el cap y porfis deja Review con tu opinion! XOXO
shineevero: Gracias! Yo tambien espero que la historia sea buena xD Y NTP, Clary tiene su caracter... ¡Y que caracter! jaja Espero como siempre tu opinión XOXO
Kiomy Salvatore Wayland: Ya lo estoy continuando! xD Ojalá te guste el cap y espero la más sincera opinión de el! XOXO
nyssad: Holaa! Muchas gracias por el cumplido! xD Creo que todas aquí odiamos a Aline xD Y sí, Clary es tímida pero también tiene sus arranques de locura y genio jajajj Simos aparece aquí ;) Espero que el cap te guste y me dejes tu valiosa opinion! XOXO
selenemisia: Hola! Que rápido, ¿viste? Me encanta que te encante xD Al principio no sabía si la trama iba a ser de su gusto, pero veo que sí ^.^ Y sí, no hay ningun long fic de TMI, por eso empecé con éste xD Espero tu apasionada opinion! XOXO
Gracias a todas por sus reviews, sus favoritos, sus alertas, etc. Me hacen muy feliz su aceptación aquí.
En éste cap conoceremos un poco más de la trama y entran en escena Simon y Valentine y la ropa y el Departamento de Clary están en mi perfil... pero no las entretengo más y... felíz lectura xD
Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Cassandra Clare, sólo la trama es mía.
Summary: ¿Que pasaría si no existieran los Nephilin? ¿Y si todos fueran mundanos? ¿Como serían? Clary una adolescente hermosa y Jace un muchacho muy... Jace. CxOoC M por Lemmons CxJ MxA IxS MxK
Advertencia: Esta historia contiene escenas de sexo explícito, si eres menor de edad o no te gusta, no lo leas, después no te quejes de que no estabas advertido!
No permito su reproducción o adaptación en su totalidad.
*De una manera diferente*
by
Gissbella De Salvatore
Capítulo III
Si decía que la cabeza no me dolía, era mentira.
Pero, aun ni siquiera había abierto los ojos, no quería imaginar cómo sería si me levantaba.
El estómago me gruñó.
Mierda.
Ni mi estómago estaba de acuerdo conmigo.
¡El mundo estaba en desacuerdo conmigo! Pero no importaba, si dormía, no tendría hambre.
Me acurruqué, sintiendo algo duro contra mi trasero. Abrí el ojo derecho y pude ver las puertas de mi closet. Estaba en casa. Abrí el otro ojo, para darme cuenta que estaba oscuro. ¡Gracias a dios que había dejado las cortinas cerradas!
Me acurruqué aún más, contenta de lo calentita que estaba… y en ese momento algo me estrechó contra sí y la presión en mi trasero aumentó. Me congelé en mi lugar y mis ojos ya estaban bien abiertos. Sentí una cálida respiración en la parte de atrás de mi cuello y al mirar hacia abajo comprobé que unos musculosos brazos me rodeaban.
Lentamente, me volví.
A mi lado había un hombre dormido. ¡Y qué hombre! Era rubio, de rasgos angulosos… ¿No era el mismo hombre que había estado en el estudio fotográfico de Magnus? ¡Sí, era el mismo! Se apretó más contra mí y gemí. Ahora sabía que era ese algo que antes había estado contra mi trasero y que ahora estaba contra mi abdomen.
Sus ojos dorados se abrieron de golpe y yo salté del susto, aunque él no me soltó.
— ¿QUÉ DEMONIOS HACES EN MI CASA? —grité como una desquiciada. En verdad me había asustado; le había faltado girar la cabeza como la chica de El Exorcista.
Él frunció el seño.
—Te contestaría que tratando de dormir, pero con tus gritos no podría.
¿Acaso estaba siendo sarcástico? ¿En mi propia casa? ¿En mi propia cama, en la que por cierto, ni siquiera lo había invitado?
— ¡Vete!
Me miró como si me hubiera vuelto loca con esos hermosos ojos dorados…
«Concéntrate Clary»
—Intento dormir —replicó.
—Inténtalo en tu casa.
—No me dijiste eso anoche —refunfuñó.
Ese era el problema. ¿Qué demonios le había dicho yo anoche? Me acordaba de que habíamos bailado, muy pegados, luego habíamos tomado algo…
Jace. Su nombre era Jace. Un nombre bastante raro, a decir verdad.
Me levanté rápidamente y luego caí en cuenta de que había ido a un antro, me había emborrachado y había despertado con un hombre en mi cama. Miré abajo, hacia mi cuerpo y un suspiro de alivio salió de mis labios. Estaba con el mismo vestido blanco que la noche anterior, aunque eso no debió aliviarme; había tantas formas de…
Sacudí la cabeza.
—No importa lo que te haya dicho anoche. Lárgate —le grité, presa del pánico. Preguntas como ¿Habíamos llegado a hacer algo? Rondaban en mi cabeza, y la más importante ¿Nos habíamos cuidado?
Con un suspiro exasperado él se levantó de mi cama con las mismas ropas puestas. Mis ojos se agrandaron cuando vi el bulto en sus pantalones.
— ¿Clary? —mis ojos volaron hacia la puerta de la habitación. Simon estaba parado allí con su cabello corto de color negro y con sus ojos castaños que nos observaban interesados y un poco confusos tras unos anteojos — ¿Está todo bien? —antes de que yo pudiera responderle, habló el rubio.
—Me hubieras dicho que tenías novio, Clarissa —me dijo de mala gana. Puso la mano en la barbilla como ¡Oh, gran pensador! para luego sonreírnos— Bueno, aunque, eso no me habría detenido —sonrió, arrogante.
—Simon no es mi novio —lo miré mal—. ¿Me puedes decir por qué te estoy dando explicaciones? Te dije que te vayas.
— ¡Qué mal humor! Generalmente cuando despierto con una mujer está de uno mejor —en algún lugar de mi mente escuché a Simon decir que me iba a esperar en la cocina.
—Porque quizás son unas zorras que se acuestan con todo —le sonreí, triunfante.
—No les faltes el respeto; hacen felices a muchos hombres.
Gruñí.
— ¡Lárgate!
—No es necesario que me muestres el camino; me lo acuerdo —cruzó la puerta para irse mientras lo escuchaba mascullar—: encima que la traigo porque estaba borracha, me trata así.
Luego se escuchó un portazo. Se había ido.
Suspiré. ¡Qué mañanita! fui a encontrarme con Simon, quien estaba en la cocina revolviendo una taza de café que me tendió cuando me le acerqué.
—Gracias, Simon.
— ¿Quién era el rubiales?
Me encogí de hombros, bebiendo el café negro.
—Lo conocí en el estudio de Magnus y me lo encontré anoche en el antro.
—Ni me lo recuerdes.
Lo miré interrogante, mientras nos sentábamos en la pequeña mesita de la cocina que estaba al lado del ventanal. El día estaba nublado pero había humedad y calor en el aire.
— ¿Qué pasó?
— ¿Que qué pasó? Desapareciste de allí sin avisar si quiera —me fulminó con la mirada.
—Lo siento, Simon, pero no es como si yo me acordara mucho de anoche. Solo sé que desperté con… bueno, ya lo sabes.
Suspiró y me tomó de la mano.
—Perdón, pero te quiero mucho y me preocupé. Eres mi mejor amiga, Clary. Aunque debo admitir que si no fuera por Jace, me habría dado un ataque al corazón.
Fruncí el seño.
— ¿Lo conoces?
—No. Pero anoche te llamé a tu teléfono y me contestó él, diciendo que te habías dormido y que te estaba llevando a tu casa.
Fruncí aun más el seño. Había sido muy… considerado de su parte.
Suspiré profundamente.
—No importa. Ya pasó —le sonreí— ¿La pasaron bien con Maya?
Maya y él eran mis dos mejores amigos, aunque a Simon lo conocía desde pequeño y lo quería muchísimo más. A Maya la habíamos conocido a los catorce años y ellos dos se habían puesto de novios hace un año y unos meses.
—Maya y yo terminamos —contestó tranquilamente.
— ¿Cómo? ¿Qué pasó?
Se encogió de hombros.
—Nada de qué preocuparse. Solo nos dimos cuenta de que solo nos queremos como amigos, y aunque el sexo es genial y eso no nos bastaba.
— ¡Qué mal! —estaba sorprendida. Yo pensaba que ellos eran el uno para el otro. Ambos tan… tranquilos. La única loca del grupo era yo. Volvió a encogerse de hombros.
—Está todo como siempre. Siempre seremos mejores amigos, solo que no funcionó algo más.
Suspiré. ¿Pensaría Maya como él?
Sonó el teléfono del departamento y me levanté a atenderlo mientras Simon tomaba su, de seguro, ya frío café.
— ¿Diga?
—Clary, soy tu padre —claro que era él. La voz de Valentine era difícil de olvidar, al igual que su aspecto.
—Hola, papá. ¿Está todo bien?
—Sí. Sólo —hizo una pausa—… me preguntaba si podríamos encontrarnos en el Instituto a entrenar.
Él quería algo más. De seguro quería hablar conmigo, para convencerme de volver a la casa. Pero regresar a la casa de mis padres era regresar de nuevo a las reglas de Valentine, además, ya tenía veintiún años. Era muy mayorcita para vivir con ellos.
—Claro. Hace tiempo que descuido el entrenamiento. Me encantaría.
—Perfecto. Te veo a las tres de la tarde allí. Adiós, Clary.
—Adiós —la conexión se cortó.
Volví hacia la cocina y le hablé a Simon que estaba mirando por la ventana.
— ¿Qué hora es?
—Las una y media de la tarde.
—Mierda —exclamé—. ¿Podrías prepara algo de comer? Tengo que ver a Valentine en el Instituto.
—Claro. Huevos revueltos en marcha —lo miré enarcando una ceja—. ¿Qué? Es lo único que sé hacer.
Negando divertida, me fui al baño a darme una ducha y sacarme el olor y el sudor pegado. Luego de quince minutos de ducha, envolví la toalla a mí alrededor y fui a la habitación. Me vestí con un conjunto deportivo de una musculosa blanca y negra, una campera negra con dos rayas blancas y un jogging negro. No podían faltar las converses negras, claro. Me peiné y me recogí el cabello en una coleta. El flequillo era lo único suelto. Volví trotando a la cocina, y luego de desayunar tomé mi bolso y salimos de allí.
—Adiós, Clary —me saludó él una vez que estuvimos afuera.
—Adiós, Simon. Después hablamos, ¿sí?
En media hora ya estaba en el Instituto.
—Buenas tardes, Señorita Clarissa —me saludó la muchacha rubia— ¿Viene a practicar con su padre?
—Sí.
—Él la está esperando en la sala de siempre.
—Estupendo. Muchas gracias —me encaminé hacia nuestra sala.
El Instituto ya era como mi segunda casa. Durante toda mi vida lo había conocido. Mi padre siempre nos enseñó la luchar, desde que yo tengo memoria. Primero venían aquí él y mi hermano y yo solo observaba, pero cuando tenía cinco años le pedí que me enseñara a mí también. Aún recordaba muy bien su rostro; era de un éxtasis y un orgullo inigualables.
Llegué a la sala en la que toda mi vida entrené, y abrí la puerta. Mi padre estaba calentando dando patadas a la bolsa de arena. Se volvió en cuanto me escuchó. Su cabello rubio y el color de su piel contrastaban con los negros ojos. Sus rasgos eran fuertes, su cuerpo corpulento y personalidad decían "cuidado" por todos lados. Tiene una mirada terrible, una de esas miradas que te hacen sentir en inferioridad de condiciones, una de esas miradas que hacen que vaya por el mundo pisando todo lo que hay en el camino.
—Buenas tardes, Clarissa.
—Buenas tardes, papá.
En silencio, como era usual, empezamos el calentamiento y luego el combate. Era muy difícil ganarle; ni siquiera mi hermano lo había hecho. Siempre terminaba tirada en la colchoneta. Aunque algo bueno que yo poseía era la resistencia. Podíamos pasar horas entrenando; algo que me ayudaba a mantener la forma.
Tres horas después, como había dicho, terminé de espaldas en la colchoneta. Él solo me miraba desde su posición vertical, con la respiración descontrolada.
—Tres horas. Muy buen tiempo —me tendió la mano para ayudarme a levantarme. Luego fui por una botella de agua que había en una mini heladera. La tomé como si se me fuera la vida en ello.
—Necesito hablar contigo —tal como pensaba.
— ¿Sucede algo?
—Nada grave. Es solo que estuve meditando y llegué a la conclusión de que no tienes que vivir lejos de la casa. Puedes volver. Tu madre y yo te recibiremos nuevamente con los brazos abiertos, hija.
Respiré antes de contestarle.
—Mira papá; muchas gracias por el ofrecimiento, pero en verdad no quiero. Tengo veintiún años y tengo que hacerme cargo de mi vida.
— ¿Cómo lo vas a hacer? Te has ido de la universidad….
—Porque no me gusta eso. No quiero estudiar algo que a mí no me guste. Jonathan ya trabaja contigo y de seguro debes estar muy feliz y me alegro por él. Pero la diferencia es que a él le gusta; a mí no.
— ¿Y qué harás? —Me interrumpió con sarcasmo—. ¿Trabajar en ese cafesucho de cuarta toda la vida?
Apreté la mandíbula.
—No. Casualmente, encontré un mejor trabajo.
— ¿De qué? —Dios querido, ayúdame.
—Modelaje —contesté con la voz baja.
— ¿Puedes repetirlo? Me pareció escuchar la palabra "modelaje".
Respiré profundamente.
—Escuchaste bien, papá —no me atreví a verlo a los ojos.
— ¿Qué? ¿Mi hija modelando? ¿Cómo esas mujeres que salen media desnudas en revistas? —prácticamente me gritó—. Éstos es el colmo. Hasta aquí llegó mi paciencia.
Levanté la vista para mirarlo rápidamente.
—Es solo un trabajo temporal. ¡No pienso modelar toda la vida!
—Entonces te dedicarás a hacer dibujitos, ¿no? —Volví a apretar los dientes—. Espero que recapacites. Con tu madre estaremos esperando tu llamado para decirnos que vuelves a la casa.
Agarró su chaqueta y se fue dando un portazo, dejándome temblando. No pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. ¿Tanto le costa entenderlo? ¿Era tan difícil entender que había más maneras de ganarse la vida que sentada en una aburrida oficina?
No sé cuantos minutos estuve allí, pero luego de secarme la cara y agradecer que no llevara puesto nada de maquillaje tomé mi bolso y fui hacia las duchas de mujeres.
—Lo siento, señorita —me dijo un hombre antes de que entre a las duchas—. Las duchas están en reparación. Puede ir a las de hombres. No hay nadie; hay un torneo y todos se fueron a la sede central.
—Muchas gracias —me dirigí a la otra planta. Las duchas eran iguales tanto como para hombres como para mujeres, me di cuenta.
Até mi cabello de modo que no se me volviera a mojar y saqué la toalla y la topa de mi bolso. Me metí a la ducha y el agua caliente cayó pronto sobre mí. Mientras me duchaba cantaba la canción Flightlees Bird, American Mouth de Iron & Wine, riéndome y agradeciendo a que nadie estaba para escucharme desafinar. Cerré el grifo y envolví mi toalla. Salí de la ducha y no sé cómo demonios me tropecé con alguien, para luego caer con él.
¡Genial! Prácticamente desnudos, en el suelo con él encima de mí.
— ¿Qué mierda haces aquí? —gruñí, furiosa.
Él solo sonrió de lado.
¿Merezco un Review?
