N/A: ¡Volví! La verdad es que tenía pensado actualizar antes pero como que no me llegó la inspiración y todo eso…
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RESPUESTAS A LOS REVIEWS DEL CAPÍTULO ANTERIOR:
Selenemisia: Lo sé, eso de que la haya llamado ángel a Clary fue algo que se me ocurrió pensando en la inocencia de los niños. ¿Te imaginas a un Jace de cuatro o cinco años? ¡Sooo Sweetttt! Y sip, en este capítulo tiene lugar la fiesta de Jocelyn. Me encanta que te guste tanto el fic y perdón si no actualizo tan seguido pero siempre por una H o por un B no puedo hacerlo: o no tengo Internet, o no me llega la inspiración o simplemente tengo tanta tarea del colegio que no tengo tiempo de escribir. Espero que el capitulo te encante y… nos vemos abajo. Un besazzzoooo para vos también, cariño. XOXO
Kiomy Salvatore Wayland: Muchas gracias por seguir el fic. Estoy contenta de que te siga gustando y aquí tienes el capítulo que espero que lo disfrutes y espero tu comentario. XOXO
Shineevero: jajaja Siii, lo que pasa es que no sabía en qué empleo meter a Jace ya que en el libro es un Cazador de Sombras y no hay muchos empleos reales que se parezcan (amenos que yo no me haya enterado). A mí también me encantó el momento ducha pero no te preocupes que ya me voy a desquitar con Jace… muajajaja. Espero que el capitulo te encante y espero tu valiosísimo comentario, como siempre. TKMMM y XOXO
Smileofangel: Siii. Los S.W.A.T son Special Weapons Attack Team (Equipo de ataque y Armas especiales). El término SWAT hace referencia a las unidades especializadas en intervenciones peligrosas de diversos cuerpos policiales de Estados Unidos. Sí, se conocen pero tenían como cuatro o cinco años asique no se recuerdan mucho. Jajaja. ¡No se lo viola porque no tiene nuestra mente perversa y sexópata! Y sí; me encantan tus flasheos! TKMMM y XOXO
Aggata: FANFIC ACTUALIZADO jajaja. Qué bueno que te haya gustado tanto y gracias; siempre hago con mis fanfics lo mejor que puedo. Espero que el capítulo de hoy te guste y espero tu valiosa opinión! XOXO
ESPERO QUE EL CAPÍTULO DE HOY LES GUSTE Y NOS VEMOS MÁS ABAJO. ¡DISFRUTEN DE LA LECTURA MIS QUERIDAS CAZADORAS!
Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Cassandra Clare, sólo la trama es mía.
Summary: ¿Qué pasaría si no existieran los Nephilin? ¿Y si todos fueran mundanos? ¿Cómo serían? Clary una adolescente hermosa y Jace un muchacho muy... Jace. CxOoC M por Lemmons CxJ MxA IxS MxK
Advertencia: Esta historia contiene escenas de sexo explícito, si eres menor de edad o no te gusta, no lo leas, después no te quejes de que no estabas advertido!
No permito su reproducción o adaptación en su totalidad.
*De una manera diferente*
by
Gissbella De Salvatore
Capítulo V
La noche era extrañamente agradable en New York mientras miraba por la ventana de la habitación de mi madre. El cielo estaba sorprendentemente limpio y oscuro. Desde mi punto de vista podía observar que el patio de adelante de la gran casa estaba casi llena de autos. La parte de atrás debía estar abarrotada de invitados que esperaban a su anfitriona de esa noche.
Suspiré.
La casa en la que había crecido la mayor parte de mi vida era de colores marfiles, elegante, sofisticada y puro lujo; contrastaba con la personalidad de mi madre y mía pero iba a la perfección con la de mi hermano y mi padre.
―Ese vestido te queda precioso, mamá ―le dije cuando me di vuelta para posar la mirada en la única mujer que estaba en el interior de la habitación además de mí. El vestido era de estilo imperio, colorido con tonos azules, blancos y turquesas, sin mangas y cuello de tiras que se anudaban en la parte de atrás. Normalmente prefería llevar pantalones y camisas, algunas manchadas con pintura. Yo me conformaba con un jean, una blusa y mis converse verdes infaltables.
―Gracias, mi amor ―me miró a través del espejo―. Y tú estás hermosa ―me dio una sonrisa gigante y luego suspiró―. Sabía que vendrías.
Le sonreí.
―Que no me lleve bien con Valentine no significara que no los quiera. Y lo sabes.
Me devolvió la sonrisa.
Mi madre Jocelyn y yo éramos muy parecidas: había heredado su cabello rojizo, sus ojos verdes, aunque los míos eran más oscuros según ella, y su cuerpo. También había heredado algo de su talento, pero no podía pintar esos hermosos cuadros que ella hacía; yo solo dibujaba.
―No lo llames por su nombre ―me regañó―. Él es tu padre.
Yo solo sonreí, sin replicarle nada. Era su cumpleaños y no iba a arruinárselo con mis réplicas.
―El jardín ha quedado perfecto, Clary. Hemos hecho un gran trabajo.
Mi madre era una persona muy querida en la sociedad: tenia amigas por todos lados. Mi padre también lo era.
― ¿Dónde está Jonathan? ―pregunté.
―Él va a venir luego. Tenía trabajo que hacer.
Le sonreí.
Mi hermano y yo nunca habíamos sido los mejores hermanos del mundo; de esos que se cuidaban mutuamente o se ayudaban; de hecho, no nos teníamos mucho en cuenta el uno al oro. Él hacia lo suyo y yo lo mío. Secretamente siempre supe que era por su parecido con Valentine.
―Te esperaré abajo, mamá ―le avisé y salí de allí. Caminé por el corredor hasta llegar a las escaleras y descendí lentamente por ellas. Arreglé mi vestido y caminé hasta las puertas traseras de la casa para traspasarlas y llegar al jardín trasero donde las personas conversaban tranquilamente con un vaso de champan en la mano y con la alegre música de la orquesta que Valentine había contratado de fondo. Llegué a donde estaban los señores Penhallow.
―Oh, Clarissa, cariño, ¿Cómo has estado? ―me preguntó amablemente Elizabeth Penhallow.
―Muy bien, señora ―pasó un mozo al lado mío ofreciéndome una copa burbujeante y la acepté. Iba a necesitarla.
―Me han contado que te fuiste de la casa de tus padres ―preguntó de forma muy interesada y supe que al otro día todos en Nueva York sabrían lo que yo contestara.
Sonreí.
―Sí. Es que quería un poco de independencia, usted sabe ―la señora asintió rápidamente―. Mis padres querían que me quedara pero me pareció que ya era hora de volar.
―Muy sabio de tu parte, querida. ¿Cuántos años tienes? ¿Veintiuno? Máximo tendrás veintidós. Ya tienes que vivir tu vida, cariño.
Yo solo sonreí, observando la decoración. Las plantas y los árboles estaban decorados con millones de pequeñas luces blancas. Las había veinte mesas redondas con sus manteles de color marfil con sus centros de mesa y cubiertos a los costados y en el medio había una pista de baile. Estas fiestas siempre eran elegantes asique todos los hombres se presentaban con smoking y la mujeres con vestidos largos y sofisticados.
Mi vestido era de largo y de tiras. Me había enamorado de él apenas lo había visto; era de color marfil, llegaba hasta los pies y se movía fluidamente conmigo en cada paso que daba. (N/A: Ver vestido en mi perfil)
Me acerqué a la mesa de los bocadillos y tomé un camarón para luego llevármelo a la boca. Estaba delicioso.
―Hola Clarilinda ―escuché la voz más odiosa de mi existencia.
―Hola ―le respondí sin ganas. ¿Iba a tener que aguantarlo toda la noche? Maldije internamente a mi madre por invitar a los Penhallow. Sebastián Penhallow había estado detrás de mí desde los doce años. Su padre era accionista en la empresa de Valentine asique nos veíamos en las fiestas y reuniones en las que yo era obligada a ir.
―Sigues tan hermosa como siempre. ¿Me enteré, por casualidad, de que ahora te dedicas al modelaje?
Tomé un trago bastante largo de mi copa.
―Sí. Aunque es solo un trabajo temporal, Sebastián ―podía apostar mi departamento a que se compraría todas las revistas y catálogos en los que yo aparecería.
Él sonrió.
―Me encanta cuando dices mi nombre ―eran en esos momentos donde no sabía si llorar o reírme. Era guapo; tenía el cabello corto y oscuro, la piel blanca y ojos castaños. Era alto y tenía los músculos definidos. Pero era muy soso y no tenía atractivo intelectual.
Los aplausos me salvaron de contestar a su comentario. Mi madre había entrado con mi padre del brazo y se encontraban saludando a los invitados. No me gustaban este tipo de fiestas y era entendible si tenías mi edad. Prefería los antros en los que nadie me conocía y mis modales y actitudes no eran observados y puestos a prueba. Aunque contaba con la ventaja de que había crecido en ese ambiente.
Una pareja se acercó a mis padres; parecían de la misma edad. El hombre tenía el cabello castaño y a pesar de su edad era alto y atlético, la mujer tenía el cabello dorado y tenía un bonito cuerpo. El señor y la señora Herondale. Me acordé de ellos y de su único hijo a quien no había vuelto a ver desde pequeña. Observé cómo venían hacia mí. La señora Herondale me sonrió abiertamente mientras yo le devolvía la sonrisa.
―Clarissa ―me abrazó tiernamente y luego me miró de arriba abajo, apreciándome―. Estas tan hermosa como siempre.
―Muchas gracias.
―Es verdad, Clarissa. Has florecido maravillosamente ―apostilló el señor. No pude evitar sonrojarme.
―Gracias.
― ¿No ha venido tu hijo, Celine? ―mi madre me miró con una sonrisa pícara. ¿Me había perdido de algo?
―Oh, sí. Él está ―miró a su alrededor―… ¿Dónde está, cariño? ―le preguntó a su esposo
―Debe haber ido a buscar una copa.
―Oh, bueno ―pareció decepcionada―. Creo que luego lo conocerás ―me sonrió.
―No te preocupes.
Mi madre le dijo algo a mi padre y él asintió.
―Clarissa, cariño ―me habló él, tomando de la cintura a mi madre―, creo que cualquier muchacho estará encantado de bailar contigo ―me sonrió y caminaron hacia la pista.
― ¿Me concede esta pieza? ―le preguntó caballerosamente el señor Herondale a su mujer.
―Por supuesto ―la tomó de la mano y se encaminaron para unirse a las demás parejas. Me di vuelta y vi a Sebastián caminando hacia mí. Empecé a caminar hacia la otra dirección.
― ¡Clary! ―vi a mi antigua compañera de colegio.
―Hola Sindy ―la saludé y fui inmersa en la conversación sobre moda y muchachos. Sebastián se había quedado conversando con un muchacho para mi suerte. Todas las muchachas ya se habían ido a bailar y yo seguía conversando con los invitados.
― ¿Me concede esta pieza? ―preguntó una voz ronca a mi espalda. A pesar de no escucharla seguidamente, conocí esa voz. Me estremecí.
― ¿Por qué tendría que hacerlo? ―me di vuelta para encararlo y el aire casi se me acabó el oxígeno. Jace vestía un smoking negro, como todos los otros hombres pero con la diferencia de que su cabello y ojos dorados resaltaban más, si tal cosa era posible.
Me sonrió de lado.
―Porque sería un honor para ti que te lo pidiera ―su sonrisa era más ancha aún.
― ¿Sabías que la modestia es una característica atrayente?
Él se encogió de hombros.
―Solo para las personas feas.
Fruncí el seño. El muchacho tenía un claro complejo de superioridad.
―Lo siento pero estoy ocupada.
―Yo no te veo haciendo nada importante.
―Estoy conversando con los invitados ―en ese momento sentí a alguien a mi lado.
― ¿Qué haces aquí? ―la pregunta de Sebastián era claramente para Jace.
―Supongo que lo mismo que todos los invitados ―contestó él con desgana.
Sebastián no le contestó y me miró con una obvia invitación en los ojos, la cual la puso en palabras.
― ¿Me concedes este baile? ―me tendió su mano. Le sonreí débilmente pero me acerqué a Jace.
―Lo siento, pero Jace me invitó primero.
El aludido me sonrió maliciosamente.
―Sí, lo hice, pero tú me dijiste…
―Que estaba encantada ―le sonreí abiertamente pero lo fulminé con la mirada. Luego me volví hacia Sebastián―. Muchas gracias, de todas formas.
Prácticamente arrastré a Jace a la pista de baile y luego me volví para cruzar mis brazos por su cuello mientras él sujetaba mi cintura con sus manos.
― ¿No estabas haciendo algo importante? ―me preguntó sarcásticamente.
―Cállate.
La música terminó pero inmediatamente empezó otra más lenta. Cerré los ojos mientras aspiraba su aroma; era una mezcla entre sudor y ¿limón? Los músicos siguieron tocando y sentí los brazos de Jace apretándome más contra él. Yo no me moví. Había algo en su tacto que me hacía sentir segura, que me hacía olvidar todo… su calor me envolvía lentamente… hasta que el tema se detuvo.
Los aplausos resonaron y me separé de él. Me estremecí cuando sus ojos me observaron con deseo.
―Yo ―tenía que salir de allí, alejarme de él antes de que estallara en llamas―… tengo…
Alguien me chocó y sentí la humedad bañar una parte de mi vestido.
― ¡Lo siento! ―también reconocí esa voz. Me di vuelta con los ojos flameando para encontrarme con la idiota que había estado en el estudio de Magnus con Jace. Llevaba un vestido rojo que no dejaba nada a la imaginación y mucho a la vista.
—Aline ―empezó Jace pero lo interrumpí.
― ¿Es que acaso estas ciega?
―No ―me respondió de forma altanera―. Pero tú estabas bailando con MI Jace.
Quise abofetearla y luego tomarla por los pelos para arrastrarla por todo el patio pero luego pensé en mi madre y en que era su fiesta asique respiré hondo conté hasta tres. Luego me dirigí hacia la casa para cambiarme de vestido. Alcancé a escuchar el susurro furioso de Jace y luego la apaciguadora voz de esa zorra.
La maldije mentalmente y subí las escaleras para luego llegar a mi cuarto. Abrí la puerta de un tirón y luego la cerré de la misma forma. Pasé directamente hacia mi baño y una vez allí me miré en el espejo de cuerpo entero; mi aspecto estaba como cuando había empezado la fiesta y lo único que arruinaba mi vestido era la gran mancha húmeda que empezaba en mi costilla derechas hasta mi muslo.
―Ojalá y se ahogue ―deseé.
Tomé el vestido por la parte inferior y lo subí hasta sacarlo por mis brazos quedándome solo en ropa interior blanca, tomé una toalla y humedecí una punta para pasarla por mi húmeda piel para luego secarla con la parte seca. Volví a poner la toalla en su lugar y levanté la vista cuando escuché una exclamación ahogada.
Jace estaba en el umbral de la puerta mirándome fijamente. Me congelé para verlo caminar hacia mí apreciando mi figura mientras yo no podía sacar mis ojos de los suyos que ya no parecían arder sino expedir llamas doradas. Se detuvo detrás de mí. Cerré los ojos siendo consciente de que debería estar aterrorizada de que un hombre con el que apenas había cruzado diez palabras estuviera en mi baño y, más importante aún, mientras yo estuviera solo en ropa interior. Pero en vez de sentir terror sentí necesidad; necesidad de que me tomara en brazos y me tocara hasta volverme loca… gemí cuando sentí su mano en la parte inferior de mi columna vertebral y luego el deslizamiento de su dedo hasta la parte superior. No pude resistirme y me eché hacia atrás colocando mi espalda contra su pecho. Él gruñó y sus manos se deslizaron por los costados de mi vientre; eran ásperas y masculinas. Incliné mi cabeza hacia la izquierda para que él besara mi cuello hasta llegar a la parte de atrás del lóbulo de mi oreja donde decidió volverme loca cuando su lengua paseó por allí. Llevé mi brazo derecho hacia atrás; hacia su cuello y lo comencé a acariciar sintiendo la suavidad de su piel. Me dio vuelta en un movimiento brusco y nuestros pechos chocaron fuertemente a la vez que nuestros labios también lo hacían; el beso estaba cargado de deseo, de ganas, de necesidad. Pasé ambos brazos por su cuello y apreté más su rostro contra el mío mientras nuestras lenguas danzaban locamente como si quisieran absorber el sabor de la otra. Sus manos viajaron a mis muslos y los apretaron cuando hizo que enroscara mis piernas en su cintura haciéndome soltar un gemido cuando sentí la protuberancia de su miembro contra mi zona íntima. Mientras nuestras bocas se seguían saboreando mutuamente noté la frialdad del lavado en mi trasero y luego sus manos subiendo por mi espalda. Llevé las mías hacia su corbata y la empecé a desanudar rápidamente porque ya no soportaba el fuego que me carcomía por dentro. Era como sufrir el infierno en carne propia… me froté contra su erección haciéndole soltar un sonido ahogado. La corbata ya estaba en el suelo y seguí con su camisa mientras él desprendía el broche de mi sostén.
Había algo que mi mente sentía pero que no registraba. Desabroché su camisa y se la saqué cuando lo escuché:
― ¿Clary? ―era como si me hubieran tirado un balde de agua fría cuando reconocí la voz de Jonathan, mi hermano―. ¿Te encuentras bien? ¿Clary?
¿Merezco Review?
