N/A: ¡Feliz Navidad y Año Nuevo atrasados para todos/as!

Ok. Seguramente me odian y sin ningún lugar a dudas me lo merezco. Lo siento chicas pero tuve dos problemas: el primero era que me había atascado en una parte del cap en donde casi todos se reunieron en Taki's y les juro que NO sabía cómo seguirlo y el segundo es que no tengo Internet. Con mi familia nos mudamos de casa asique tuvimos que dar de baja todos los servicios y ahora, con todos los nuevos gastos, no podemos poner Internet, todavía. ¡Estoy sufriendo como no se dan una idea!

Finalizando las disculpas paso a…

Respuestas a los Reviews del capítulo anterior:

jess yekyytaa Que bueno que te guste! Es muy difícil ya que Mortal Instruments nos es tan famoso como Crepúsculo (?) Pero bueno, espero que éste cap te guste tanto como el anterior. XOXO

selenemisia ¡Hola Juli! Bueno, yo creo que a Jace ya le importa más Clary que Aline ;) Sip, lo de J/C sucedió de verdad. Jajaja, no tienes que agradecerme nada, me gusta escribir, es algo de lo que más disfruto aunque a veces no llegue la inspiración o el tiempo. Muchas gracias por seguir el fic. XOXO TKMM

Lily Klass Muchas gracias y sí, al igual que Cassie sé como arruinar los finales,jeje. Espero que el cap te guste! XOXO

Kiomy Salvatore Wayland Jajaja, comparto el deseo! Y aquí tienes la conti, disfrútala! XOXO

nyssad Jajaja y sí; sino es un sex symbol no sería Jace, jeje. Pues no te desaparezcas tanto, aunque, pensándolo bien; tú te desapareces, yo también lo hago… desaparecemos juntas, jajaja. Yo también estoy deseando y rogando por ver la peli! Bueno, disfruta del cap! XOXO

kari Decímelo a mí, jeje. Sip, parece que le contagiamos la perversión jajaja y yo también dudo de tu sanidad mental, sis! Disfrutá del cap! XOXO y TKMM

SoffyO'SheaCullenWaylandBlack ¡Bienvenida! Hasta ahora no he visto un Nick más largo que el tuyo, jeje. Gracias por el halago y espero que el cap de hoy te guste! XOXO

netty98 ¡Bienvenida! Aquí está, aquí está, aquí está… el cap :D Gracias por dejar tu Review y espero que te guste el cap de hoy! XOXO

¡Disfruten del capítulo de hoy mis hermosas cazadoras!


Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Cassandra Clare, sólo la trama es mía.

Summary: ¿Qué pasaría si no existieran los Nephilin? ¿Y si todos fueran mundanos? ¿Cómo serían? Clary una adolescente hermosa y Jace un muchacho muy... Jace. CxOoC M por Lemmons CxJ MxA IxS MxK

Advertencia: Esta historia contiene escenas de sexo explícito, si eres menor de edad o no te gusta, no lo leas, después no te quejes de que no estabas advertido!

No permito su reproducción o adaptación en su totalidad.


*De una manera diferente*

by

Gissbella De Salvatore


Capítulo VI


Me removí en mi cama, suspirando. ¡Había olvidado cuan cómoda era! Como siempre, me tomé mi tiempo, desperezándome y despertándome bien. No quería pensar. No en ese momento. Si lo hacía se me vendrían a la mente los ojos de Jace, sus caricias, su boca tan cálida contra la mía… ¡Maldita sea, ya estaba pensando! Tomé la almohada y la puse sobre mi cabeza y me ruboricé recordando la noche anterior. Jonathan había entrado a mi cuarto sin llamar, como era su maldita costumbre, pero gracias al Ángel la puerta de mi baño había estado cerrada. Lo había escuchado a tiempo como para separarme de Jace y hacerlo salir por la ventana. Tenía la esperanza de que mi hermano no lo hubiera escuchado, y si lo hizo lo disimuló muy bien.

Jace.

Todavía me quemaba su cálido toque. Recordé como me volvían loca sus manos… bufé y me levanté de la cama. Me encontraba en la casa de mis padres ya que mi madre me había pedido que me quedara. Ella no quería que me fuera a esas horas de la noche.

Miré el reloj que estaba en mi mesita de luz y gemí: las ocho de la mañana. ¡Sólo en esta casa se levantaban a estas horas un domingo! Me bañé y cuando salí de la ducha sonó mi teléfono.

―¿Diga?

Hola. Clary. Maia y yo vamos a desayunar en Taki's ¿Quieres venir?

Lo pensé: desayunar con mis amigos o con mis padres. A decir verdad no tuve que pensarlo mucho.

―Claro. Ya salgo para allá.

Del otro lado de la línea escuché a una puerta cerrarse y el sonido de unas llaves. Debía de estar saliendo de su departamento.

Genial. ¿Cómo estuvo la fiesta?

Sentí a mis mejillas calentarse.

―Bi-Bien ―tartamudee. Casi podía ver su seño fruncirse.

¿Segura?

―Eh, sí. Aunque ―dude en si contarle o no―… cuando nos veamos les cuento, ¿si?

Ok. Nos vemos y ¡No tardes mucho que me muero de hambre!

Me reí y corté la comunicación. Busqué mi bolso y saqué mi rímel para pestañas porque no tenía ganas de maquillarme nada más. Me peiné y en unos segundos los rizos empezaron a notarse mientras el cabello se secaba. El día estaba soleado y un poco caluroso y me había levantado con un humor relajante, sin tener en cuenta claro, el calor en mi cuerpo debido a mis pensamientos.

Me puse una remera color amarillo claro simple, una pollera en tonos verdes estilo hippie hasta los tobillos, una camperita de jean azul claro, unas sandalias blancas y mi bolso era marrón claro con flecos. (N/A: Ver conjunto en mi perfil)

Me recogí el cabello en un moño bajo y salí de la habitación. Caminé por el pasillo hasta llegar a las escaleras y bajé por ellas. Miré hacia todos los lados pareciendo una fugitiva y me deslicé hacia el corredor que daba a la puerta principal. Me faltaban unos pasos, cuando llegué alargué la mano y abrí la puerta.

―¡Clary! ―y hasta allí llegué sin ser vista. Me di la vuelta y sonreí.

―Madre, ¿Cómo ha dormido?

Ella frunció el seño.

―Muy bien, Clary. Gracias. Pero quiero hablar contigo.

La que tuvo que fruncir el seño fui yo.

―¿Qué sucede?

―Jonathan me dijo que anoche fue a buscarte a tu cuarto y que no te vio bien.

―Oh. Si, lo que sucedió fue que una estúpida derramó su bebida en mi vestido.

―¡Por eso traías otro puesto luego!

―Sí. Solo estaba fastidiada y Jonathan, como siempre, entró sin llamar a mi habitación como si fuera el rey de la casa.

Ella sonrió pequeñamente.

―No seas tan dura con tu hermano.

―¡Pues que deje de hacer eso! Un día esperaré a que se desnude y entraré a su cuarto. ¡A ver si le gusta!

Ella rió y luego vio mi bolso.

―¿Ya te vas?

―Sí. Maia y Simón me esperan para desayunar.

―Pero tu padre...

Mi teléfono comenzó a sonar.

―Lo siento, mamá ―me acerqué y le di un beso para luego darme la vuelta y salir por la puerta echa un rayo hacia el garaje. Estaba de buen humor y sabía como éste iba a terminar si me quedaba con mis padres y mi hermano.

Me puse los anteojos de sol y llegué a mi auto y entré en él. Simón ya había cortado dejando una llamada perdida. Conduje por la cuidad hasta llegar al pequeño local de comidas en uno de los barrios bajos. Me encantaba este lugar por una obvia razón: nadie que me conociera estaría alguna vez por aquellos lados. Aparqué en frente del local y bajé del auto con mi bolso. Activé la alarma y crucé la calle.

Cuando entré al local el calor me golpeó en la cara. Estaba medio lleno pero fui hacia la esquina en la que siempre Simón, Maia y yo nos sentábamos. Mientras me acercaba pude divisar a mis dos amigos en una mesa pero pude ver cinco personas con ellos. Fruncí el seño pero seguí caminando hacia ellos.

Mis ojos se agrandaron cuando observé a Isabelle sentada al lado de Simón, conversando. ¿Magnus y Alec? Sí, ellos se encontraban enfrente de Maia y Simón. Pero había un hombre más. Mi corazón se detuvo y luego aleteó rápidamente como un colibrí cuando vi la cabellera dorada.

―¡Clary! ―Maia se levantó cuando llegué a su lado y le di un beso para luego sentarme―. Buen día. Te presentaría a los chicos pero creo que ya los conoces.

Sentí una mirada dorada clavada en mí y mi corazón comenzó a martillear nuevamente.

―Hey, Clary ―me volví hacia Magnus, agradecida por la interrupción antes de que pudiera mirar a Jace―, ya salió el catálogo de Magnusfico. Te ves maravillosa. Mañana ven al estudio y te lo muestro ―le sonreí.

―Estaré ahí a primera hora.

―Oh, no ―protestó él―. A primera hora, no. Alec y yo planeamos una noche movidita ―seguramente hubiera seguido contándome sus planes si no hubiera sido que un Alec bastante sonrojado lo interrumpió.

― ¡Magnus! ―sus mejillas estaban en llamas y Jace soltó una risa.

―No queremos saberlo, Magnus.

― ¿Y tú sí puedes contar lo que haces? ―le preguntó Isabelle a Jace. El aludido se encogió de hombros.

―Claro que sí. Yo soy yo. ¿Quién no estaría interesado en lo que yo hago?

Ella bufó y se volvió hacia Simón, quien parecía babear como un idiota por ella. Maia lo miraba y se reía no tan disimuladamente.

― ¿Cómo terminó la fiesta, pelirroja? ―preguntó la suave voz de Jace. ¿Cómo podía siquiera mirarme después de lo que habíamos pasado la noche anterior? Pero antes de responder la voz de Maia me interrumpió.

―Oh. ¿Tú estuviste en la fiesta de cumpleaños de su madre? ―le preguntó. No pude entender el tono de su voz pero cuando la miré me di cuenta que era; su mirada se asemejaba mucho a la expresión que ponía cuando hablaba de su hermano menor ya muerto.

Sin poner atención a su expresión, Jace sonrió pícaramente. Que no le diga, rogué en mi interior. Por favor, que no sea tan cruel.

Sentí mis mejillas colorearse.

―Sí, mis padres son amigos de los suyos ―se refería a mí, claro. Y no dijo nada más. Casi solté un suspiro de alivio. Casi.

―Ah ―Maia me miró con una ceja alzada, seguramente preguntándose el por qué de mi sonrojo, negué casi imperceptiblemente la cabeza en su dirección.

―Hola, Jace ―una voz nasal dijo a mis espaldas.

Me di la vuelta desde mi asiento para observar a la camarera quien solo parecía tener ojos para Jace. Era alta y rubia pero al verle el rostro me di cuenta que no podía tener cerebro. Veía a Jace como un ciego que había visto la luz por primera vez.

Sentí calor en mi interior pero no del tipo sexual, sino del violento. Querría golpear a la mesera.

―Hola, Kaelie ―él le sonrió con picardía y yo apreté los dientes.

―Estaba pensando…

―Quiero huevos revueltos y un cortado, por favor ―mi voz salió alta y fuerte en la mesa. Tanto que todos en nuestra mesa y las de nuestro alrededor dejaron de hablar para mirarnos. La tal Kaelie miró hacia todos lados y fijó su vista en un hombre de apariencia mayor que estaba detrás de la barra limpiando unos vasos mientras la miraba inquisitivamente. Era Michael, el dueño del lugar. Ella volvió su vista hacia Jace y luego me disparó una mirada fulminante antes de irse con mi pedido. La vi irse con paso enfadado y volví mi vista hacia la mesa. Todos me miraban.

― ¿Qué?―pregunté, levantando mis hombros―. Tengo hambre ―casi todos en la mesa rodaron los ojos menos Maia y Simon quienes me miraban con los ojos entre cerrados. Me conocían bien.

Sin siquiera ser consciente de la acción, mis ojos se fueron hacia él. Miraba hacia abajo pero trataba de ocultar una sonrisa.

―De todas formas, ¿qué hacen aquí todos juntos?―pregunté, curiosa.

―Maia y yo te estábamos esperando para desayunar cuando Alec y Magnus llegaron y como no hay mesas libres…

Tenía razón, todas estaban llenas.

―Ajam.

―Aquí tienes ―la mano de la mesera puso el plato enfrente de mí. Se veía apetitoso.

―Muchas gracias ―le sonreí ya con la irritación hacia ella pasada. Tomé el tenedor y comencé a comer. Sabía apetitoso, también.

Los chicos siguieron hablando entre ellos con algún que otro comentario sarcástico de Jace de por medio, claro. Simon y su banda "Millenium Lint", la cual tenía junto con otros amigos, tocaban en una cafetería en unos pocos días después asique nos invitó a todos nosotros. Realmente lo que ellos hacían eran juntarse a conversar sobre nombres más que tocar los instrumentos asique yo creía que era una pérdida de tiempo pero a él le gustaba hacerlo, asique Maia y yo lo apoyábamos. ¿Qué más podíamos hacer? Era nuestro mejor amigo. Todos dijeron que irían si podían pero yo estaba segura que Isabelle no se lo perdería por nada. Se me hizo raro ese pensamiento. Imaginarme a Isabelle y Simon juntos fue raro, dos personas no podían ser más diferentes pero… ¿sería verdad que los polos opuestos se atraen?

―Bueno, tengo que irme a trabajar ―exclamó Maia, de repente. Ella trabajaba como mesera en un bar muy exitoso de New York asique como era fin de semana tenían mucho trabajo que hacer. Aquel era el bar en el que había bailado con Jace toda la noche…

¡Maldito sea! ¿Ni siquiera podía pensar en algo que no me llevara a él?

―Ok. Te veo luego ―se despidió Simon. Le sonreí y le di un beso y luego se fue despidiéndose de todos con un movimiento de la mano. Fue cuando la vi pasar por la puerta de Taki's hacia el exterior mientras se abrigaba con una chaqueta ligera e inclinaba su cabeza que me di cuenta que había comenzado a llover. Mierda. ¡Si solo hacía calor hace unas horas!

Bufé. Dejé dinero sobre la mesa y me levanté haciendo que todos en la mesa me mirasen.

―Yo también me voy ―les dije. Lo único que quería era llegar a mi casa y con una buena taza de café negro sentarme a dibujar.

Me despedí de todos con la mano y sin mirar a Jace salí de allí.

.

Como había planeado, en ese momento me encontraba sentada en mi cama con mi espalda apoyada en el respaldo, una taza de café negro y humeante en mi mano izquierda, un lápiz negro en la derecha y un bosquejo a medio hacer sobre mis piernas. Afuera pareciera que diluviaba sin compasión pero yo estaba calentita entre las paredes de mi departamento; no afectaba en mi tranquilidad. El tema Help de los Beattles sonaba en mi equipo de música llenando la habitación.

Dejé la taza en mi mesita de noche y miré el dibujo mientras unos ojos llenos de luz a pesar de estar pintados en blanco y negro me devolvieron la vista. Los pómulos eran marcados, sus labios muy besables y su barbilla era… valiente. Raro, pensé. Dirigí mi lápiz hacia su cabello levemente ondulado ni muy largo ni muy corto pero iluminado. Seguí haciendo el sombrado… y sonó el timbre de mi departamento.

Fruncí el seño porque no esperaba a nadie. Miré el reloj que estaba en la mesita que decía que eran las seis de la tarde y me levanté para ir hacia la puerta sin darme cuenta de que tenía puesto un pijama compuesto por un pequeño short celeste que solo cubría el principio de mis muslos y una blusa de tiras que casi cubría completamente el short. (N/A: Ver ropa en mi perfil)

―¿Quién es? ―pregunté tontamente ya que de igual forma fui a abrir la puerta. Y me congelé en mi lugar. Enfrente de mí se encontraba Jace Herondale con un bolso, prácticamente chorreando agua en el suelo.

―Mi auto se averió cerca de aquí mientras iba a mi casa y para rematar y los caminos están inundados ―fue lo que dijo a modo de saludo.

―Ah ―fue mi ingeniosa respuesta―. Entonces… ¿te puedo ayudar en algo?

Me miró con los ojos entrecerrados como si fuera retardada. Quizás lo estaba siendo.

―Sí, creo que puedes ayudarme porque mi auto se averió y no puedo llegar a mi casa ―me repitió con todo sarcasmo.

Fruncí el seño.

―Pues háblame bien porque ésta es mi casa y yo decido si te ayudo o no ―contesté quizás un poco agresivamente.

Bufó y entró sin permiso. Refunfuñé mientras cerraba la puerta. Caminé hacia él y sin querer di un brinco cuando lo rocé.

―¡Estas congelado! ―casi grité―. Ven ―caminé hacia el baño cerciorándome de que me seguía. Cuando llegamos abrí la puerta y encendí las luces―. Entra, sácate la ropa…

―Qué directa.

―… y date una ducha mientras yo voy a buscar unas toallas para ti ―lo fulminé con la mirada. Él sonrió y empezó a desvestirse. Rápidamente fui hacia mi closet y saqué un juego de toallas blancas todavía sin usar. Volví sobre mis pasos hacia el baño y llamé a la puerta antes de entrar. Él ya estaba en la ducha; podía ver su grande y maciza silueta a través de la puerta corrediza. Tomé sus ropas que estaban mojadas y dobladas sobre la tapa del inodoro y dejé las toallas en su lugar para luego avisarle. Me respondió con un «gracias».

Fui hacia la lavadora y metí la ropa. Luego fui a mi habitación para recoger mi taza con el ya frio café y me dirigí hacia la cocina para hacer más. Fui hacia la pequeña sala y encendí el televisor poniendo el canal de las noticias. Volví a la cocina para servirme una taza humeante cuando escuché los pasos del único hombre que había en mi hogar. Entró con paso majestuoso, como siempre. Su cabello estaba húmedo y vestía una camisa de manga corta negra con un pantalón deportivo del mismo color. El dorado de sus cabellos y ojos se destacaba aún más. Debí de quedarme mirándola como boba porque sonrió con arrogancia, aunque en sus ojos había algo más pero se fue tan rápido como vino…

Me aclaré la garganta.

―¿Café? ―pregunté, levantando la cafetera de su lugar.

―Por favor ―aceptó. Le serví en otra taza y se la pasé.

―Mmm. Tengo hambre ―murmuré. Fui hacia el refrigerador y lo abrí. No había mucho de donde escoger cuando la realidad era que yo era un desastre cocinando. Casi nunca podía hervir fideos porque terminaban quemados. ¡Fideos!

―Hago el mejor sándwich de queso que seguramente hayas comido nunca ―comentó Jace, de repente. Lo miré con una ceja alzada.

―No sé ―le dije mientras sacaba todo lo necesario para que los haga ya que parecía una obvia proposición a prepararlos―, Simon hace unos buenísimos y la verdad nunca he probado unos mejores que los suyos ―para mi sorpresa, sus la mirada que me dirigió fue de irritación y, prácticamente me arrebató los comestibles de las manos.

―No volverás a pensar lo mismo ―los puso sobre la mesada de la cocina y se puso manos a la obra.

―Cuchillo ―me tendió su callosa pero aun así fina mano izquierda. Busqué en el cajón de la mesada y le alcancé uno, riendo. Me había hecho acordar a cuando los médicos les pedían el bisturí a sus ayudantes en las películas de Hollywood.

Él enarcó una ceja en mi dirección pero yo solo sacudí la cabeza, viéndolo trabajar. Cuando los sándwiches estuvieron listos tomamos nuestras tazas fuimos hacia el Living a sentarnos en el sofá, viendo la televisión. No pude evitar gemir cuando tomé un bocado del sándwich. Estaba delicioso y él no hizo más que darme una mirada de Te lo dije. Pude ver la lluvia seguir cayendo a través de la ventana, acompañada con algunos rayos. Parecía que nunca iba a parar. Me sentí un poco incómoda por el silencio de la habitación.

―Entonces… ¿de qué trabajas? ―pregunté.

Él rió y tomó otro sorbo de su café después de comerse todo su emparedado.

― ¿Rompiendo el hielo? ―se mofó.

Fruncí el seño.

―Pues supongo que sí, ya que estas en mi casa ―volví mi vista hacia la televisión. Lo sentí moverse para estar más cerca de mí. Volví mi vista de modo que podía verlo a la cara. Su mirada era de disculpa.

―Lo siento. No quise ser rudo, sólo…

Juro que solo podía ver sus labios moviéndose. Asentí sin prestar atención a sus palabras y… él se detuvo. Me miró a los ojos y luego su mirada se deslizó hacia mi boca. En lo que pareció un rayo tiró la taza hacia no supe donde y se abalanzó sobre mis labios. El beso empezó tenso pero luego su experta lengua se abrió paso en mi boca; húmeda, dulce. Moví mis labios sobre los suyos con tanto sentimiento como el suyo. Mis manos fueron hacia su cabello donde se enterraron en los suaves rizos dorados de la parte de atrás de su cuello. Las suyas fueron hacia mi cintura donde sus dedos se enterraron. Su aliento me supo a limón. Sin poder contenerme me puse a horcajadas de él, pegando mi pecho con el suyo. Él gruñó y se separó de mis labios, poniéndose de pie a unos pasos lejos de mí.

―No ―masculló. ¿No?

―¿No qué? ―pregunté. Me sentía como un volcán en erupción y ¿ahora me decía «no»?

―No ―me miró, disculpándose―… no tienes idea de lo que me haces; si sigo besándote terminaré por follarte. Ya quiero hacerlo.

Sonreí sensualmente y entorné los ojos mientras me ponía de pie, caminando hacia él.

―¡Qué bien! ―exclamé mientras me detenía frente a él y mis labios se detenían a unos milímetros cerca de los suyos―. Porque quiero que lo hagas.

Ésta vez fui yo la que estampó los labios en los suyos y mis manos avariciosas se enredaron en su cuello. Él prácticamente rugió y me tomó por el trasero para levantarme y así yo poder enredar mis piernas en su cintura. Ambos gemimos al sentir su erección a través de nuestras ropas en mi zona intima ya humedecida. Mis labios se deslizaron suavemente por el contorno de su mandíbula, dejando pequeños besos húmedos que parecían volverlo loco. Sentí como caminaba trastabillando algunas veces. Vi, casi sin ver, como entrábamos a mi habitación hasta que sentí que aventó en la cama. Escuché el crujido procedente de las hojas de mis dibujos cuando Jace las hizo a un lado rudamente haciendo que éstas flotaran hacia el suelo. Me reí suavemente y él me sonrió, pero su expresión no era tierna, sino más bien hambrienta.

Sus manos fueron hacia la parte de debajo de mi blusa y las puntas de sus dedos subieron por la piel de mi estómago, tocándola levemente y causando que me atravesaran escalofríos. Llegaron hacia mi sostén y mi respiración ya era agitada. Me sonrió de lado y rodó en la cama para que yo quedara encima de él. Una vez encima de él, enarqué una ceja y él me sonrió aún más. Tomó los extremos de mi blusa y la levantó, sacándomela. Acarició mis costados y yo prácticamente ronroneé. Lo besé de nuevo pero ésta vez el beso era más apasionado mientras él enterraba las manos en mi cabello. El deseo me nublaba la mente, la razón. Me separé por unos segundos y lamí con la punta de mi lengua su labio inferior para luego morderlo suavemente. Gimió y aumenté la fuerza de mi mordida hasta que degusté el sabor a sangre en mi lengua.

―¡Oh, lo siento! ―me disculpé, aunque no lo sentía nada. Él solo me respondió sacándose la camisa por la cabeza. Entendí que él tampoco lo sentía. Mejor. Mis pensamientos se dispersaron en cuanto su musculoso torso quedó a mi vista. Su piel tenía leves cicatrices que parecían hechas por armas blancas. Me besó el cuello y perdí nuevamente el hilo de mis pensamientos mientras suspiraba pesadamente. Sentí cuando sus manos fueron hacia el broche de mi sostén y sus ojos se encontraron con los míos con una muda pregunta al respecto. Asentí con la cabeza y lo desabrochó. Escuché el leve sonido de su respiración al detenerse. Su mirada volvió a mis ojos, llena de deseo. Rodamos una vez más y quedó encima de mí. Hizo un rastro de besos hasta llegar a mis pechos donde se entretuvo lamiendo, mordiendo y besando…

Llevé mis manos a sus pantalones y jalé el elástico para luego soltarlo causando que éste choque con toda la velocidad en la piel de su cintura. Quería que se lo quite y, al parecerme entendió ya que se lo quitó tan rápido que casi ni lo vi pero lo que sí vi y sentí fue su… excitación. ¡Por el Ángel que se veía grande y se sentía de igual forma!

Me tomó por las nalgas y me levantó para que quedara sentada a horcajadas de él y así pudiera prácticamente arrancarme mi pequeño short junto con las bragas. Ya no me cubría salvo una fina capa de sudor que compartía con él. Me deshice de sus bóxers.

Y allí estábamos ambos: desnudos, deseosos y hambrientos del otro. Besándonos, me recostó nuevamente sobre el colchón y separó mis piernas, colocándose entre ellas. Levantó mis caderas y lo sentí entrar lentamente… mi respiración se había detenido… sentí como me llenó; sentí que había entrado justamente. Nos quedamos un momento sin movernos mientras mi interior se acostumbraba a él, luego él juntó nuestras frente y empezó a moverse lentamente.

―Eres… tan… estrecha ―gruñó en mi oído mientras salía de mí casi completamente y luego volvía a entrar―. Eres… hermosa ―yo solamente suspiré pesadamente. Lo sentía entra y salir, entrar y salir, entrar y salir… empecé a sentir ese tan conocido nudo en el estómago mientras todos mis músculos empezaron a tensarse…

―Jace ―gemí. Mis manos vagaban por su musculosa espalda y cuando sentí cerca mi liberación no pude hacer más que clavarles las uñas, arrancándole un gemido alto. Sus penetraciones se hicieron más rápidas a la vez que yo lo acompañaba con mis caderas, yendo a su encuentro… podía oír nuestras respiraciones agitándose más y más… estaba cerca, podía sentirlo…

Con una última penetración ambos nos liberamos fuertemente, temblando y gritando el nombre del otro. Se desplomó encima de mí con la respiración agitada al igual que la mía. Lo abracé fuertemente porque por alguna razón lo necesitaba cerca. Luego de unos minutos rodó sobre la cama y me abrazó, poniéndome a su lado. Me besó la frente cuando recosté mi cabeza en su fuerte pecho.

―Eso fue ―dije una vez que había controlado mi respiración.

―… asombroso ―terminó él mi frase.

Nos quedamos unos momentos más en silencio hasta que lo oí maldecir mientras se sentaba rígidamente.

―¿Qué sucede? ―me quejé.

―No usamos condón ―volvió a maldecir. Lo tiré del hombro para que volviera a acostarse.

―Tomo la píldora, Jace.

Él suspiró mientras yo me volvía a acomodar en su pecho, cerraba los ojos y suspiraba, satisfecha. Hoy un murmullo proveniente de él pero no supe que era ya que me encontraba dormida.


Ya sé que apesto haciendo Lemmons, pero...

¿Merece Review?