Hola, primeramente quiero agradecer a las personas que se tomaron la molestia en dejar un comentario, me alegra mucho poder leer que les ha parecido interesante la historia, lamento si de momento no puedo responderlos, pero la verdad no me siento tan creativa para responder como merecen, además de que mi tiempo en internet es limitado, y apenas si puedo subir el capítulo, espero poder contestar pronto.
Capítulo 2.
Estaba muy confortable, sumido en aquel velo obscuro que supone el estar en la suave inconciencia del sueño, de pronto un golpe en su mejilla, que estaba seguro dejaría moretón, le incomodo, pero no lo suficiente como para querer abandonar la dulce obscuridad en la que aun quería seguir envuelto, así que cuando escucho un grito que decodifico como "ya es hora dame-Tsuna", siguió ignorándolo, aunque un poco más alerta, porque aunque sus funciones cognitivas aun no estaban trabajando, su instinto de supervivencia le decía que debía estar alerta, porque en cualquier momento un golpe más fuerte y certero le seria propinado, pero en vez de eso, un extraño pero a la vez conocido sonido llego hasta su inconciencia, constante, rítmico, abrió los ojos como platos y sin pensar en nada encontró el objeto que lo había golpeado en un principio, lo tomo y lo arrojo por la ventana, se tiro al otro lado de su cama y solo escucho el típico ¡kabom! que una bomba que su siempre amable y comprensivo tutor le había dejado como un presente de buenos días, sudo helado mientras se asomaba para ver el desastre que había dejado en su jardín, de seguro Reborn lo regañaría por eso.
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Hacía calor.
Rodo un poco sobre su propia cama y como que le dolió la cabeza.
Trato de acomodarse, porque era seguro que por la mala posición en la que había dormido su cuello debía estar adolorido y por tanto el malestar recién descubierto.
Paso saliva. Valla, tenía la garganta muy seca. También amarga. Carraspeó. Abrió los ojos, se sentó y los volvió a cerrar, el sol estaba entrando muy fuerte por su ventana. Se estaba muriendo de sed. Se levantó de pronto y un pequeño mareo le sobrevino. Se dejó caer sobre la cama y se quedó observando el techo.
Ya.
Ahora recordaba porque se sentía mal. Así que esto es lo que se llama resaca. No era agradable. Y aunque se estaba muriendo de sed se iba a aguantar.
¿Cómo había llegado a esto?
¡Ah! Se fue a beber al bar al que la loca esa le había llevado el jueves pasado. Debía admitir, últimamente no estaba siendo el Hibari Kyoya de siempre. Suspiro. La vida cambia, hay que adaptarse, la gente crece, las prioridades cambian y echarse una copita después de un largo día de trabajo sí que era reconfortante, aunque él se había tomado una botella entera, y por cierto no se acuerda como llego.
El sonido de un mensaje en su celular lo saco de sus pensamientos.
Era ella.
Lo iba a regañar, o bueno iba a tratar de hacerlo, porque él era Hibari Kyoya y nadie lo regaña.
"¿Por qué demonios no contestaste anoche?, estuve buscándote, ¿Dónde te metiste?"
Ese era el mensaje recién llegado.
Tenía 17 mensajes perdidos de anoche. Todos de ella.
"¿Qué paso Hibari?, dime donde estas y voy por ti."
"¿Seguro que estas bien?, contéstame por favor."
Por mencionar algunos y el ultimo que le saco una risa de medio lado.
"¡Maldito Hibari!, si no estás muerto o al menos inconsiente en algún hospital de mala muerte, me las vas a pagar por preocuparme así."
Mejor mañana no se aparecía por la universidad.
Mando un mensaje. "Estoy bien.", aventó el celular en la cama y se fue a dar una ducha, basta de holgazanear y regodearse en la miseria, además tenía que averiguar con el Bebé como es que llego, porque se acuerda que salieron juntos de ese bar, pero de ahí ya no se acuerda más. Le estaba doliendo mucho la cabeza.
A estas alturas no sabía ni siquiera que hacía en la mansión Vongola, tenía ocho meses que se había mudado a Italia, no solo como estudiante de intercambio, si no también pensando ingenuamente que ahora que podía derrotar en una pela sin ningún tipo de contratiempo al caballo, por fin el Bebe Hitman lo entrenaría, o al menos se dignaría a luchar con él, pero después de su mudanza y de los hechos que desencadenaron que por fin terminara la maldición que azotaba a los arcobalenos, y cuando el Bebe recupero su estatura normal, el simplemente lo rechazo de nuevo, diciéndole que no estaba en sus planes dejar a Tsuna sin guardián de la nube, si, el muy maldito era un prepotente presumido. De eso ya habían pasado tres meses, y si no fuera porque ella estaba en Italia ya se habría largado de regreso a su amada Nannimori, después de todo últimamente no había enemigos realmente interesantes contra Vongola. Aunque también podía culpar esa sensación rara, que no conoce, y no quiere descubrir, en su pecho, que lo hace sentir ansioso, confundido e insatisfecho, él culpa a la falta de buenos oponentes, aunque no entiende porque se intensifica cuando ve al Bebe, de seguro es porque no le da lo que él durante tantos años le ha pedido, una buena batalla.
Por eso debe descubrir rápidamente como llego, porque desde que está en Italia, pero sobre todo después de su negativa para entrenarle, él no ha obedecido orden directa de Reborn, el que de la sus misiones es Tsuna, y el trata de ya no verse tan interesado en el Bebe, después de todo ya tiene 18 años, no es como si admirara al asesino, ni tampoco como si fuera a rogarle, después de todo es él, quien siempre lo ha tratado de convencer de mantenerse cerca de Vongola. Mejor se va a hacer lo que tiene que hacer, pensar con resaca sobre los giros de tu vida no es buena idea.
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— ¿Tsunayoshi-sama, se encuentra bien? — un agitado y bien vestido mayordomo entro en la habitación del Decimo Vongola sin pedir permiso, preocupado por la explosión que había escuchado.
— ¡Eh!, sí, estoy bien Takahiro-san, fue Reborn — Tsuna se había levantado de su refugio, debía prepararse para el día que le esperaba, porque a juzgar por su despertar sería una larga, larga jornada.
— Oh, me alegro que nada haya pasado señor, permítame avisarle que el desayuno ya está listo — anuncio mientras se dirigía la armario del castaño para preparar la ropa que su amo habría de usar ese día — Tsunayoshi-sama — el mayordomo dejo lo que hacía para encarar al Décimo, como si hubiese recordado algo de pronto — permítame informarle que Hibari-san regreso por la madrugada, lo trajo el señor Reborn.
— Me lo hubieras dicho antes. — y solo un ráfaga de viento que entraba al baño vio el mayordomo, ya que Tsuna se había ido a arreglar. Así que dejo la ropa en la cama y se fue a preparar los últimos detalles del desayuno.
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Acomodo sobre la cama el traje que iba a portar el día de hoy, no tardo en escogerlo, toda la ropa que tenía en su armario era igual, después de todo. Trajes negros formales, camisas en color purpura y corbatas negras, zapatos negros, boxers negros, en fin todo en el siempre de moda color negro.
Tomaría una ducha antes de tratar de desayunar con los herbívoros, después de todo seguía sintiendo el estómago muy revuelto, y si se movía muy rápido se mareaba, estaba seguro que la borrachera se quitaba al otro día, bueno también sabía que debía comer para que los malestares se fueran así que trataría de comer.
Se dirigió a su baño para asearse, también había escuchado que las duchas frías sentaban de maravilla. De algún modo debía quitarse el dolor de cabeza o no duraría en la compañía de esos herbívoros escandalosos.
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El décimo Vongola se encamino a verificar que la información que su mayordomo le había proporcionado fuera la correcta, también quería ver como se encontraba su guardián de la nube, e incluso si veía una oportunidad se disculparía por su comportamiento pasado. Se encamino a la habitación del pelinegro, toco suavemente la puerta sin obtener respuesta, ya eran las ocho de la mañana y para Hibari-san era lo suficientemente tarde, tal vez ya no estaba en la habitación, estaba a punto de retirarse cuando escucho el sonido de algo caerse, así que sin pensarlo entro corriendo para asegurarse de que todo estuviera bien. Y como el ruido provenía del baño abrió la puerta violentamente, muy violentamente.
Mala idea.
¿Por qué Dios lo habría hecho tan estúpido?
Ahora, ante él yacía en el piso del baño un Hibari desnudo, sangrando de la nariz debido al fuerte impacto que le propino su castaño líder. Además varias cortadas en su antebrazos, espalda y por Dios que no se quería imaginar pero de seguro también en sus bien formadas nalgas empezaban a sangrar, porque lo que al parecer se había roto era un vaso de vidrio y con el empujón que le proporciono a su guardián este había caído sobre los restos de vidrio que se esparcieron por todo el lugar.
Y para rematar el solo se quedó como estúpido, mitad sorprendido muy gratamente por la excitante vista de ese magnífico y pálido cuerpo tonificado de manera tan elegante, y mitad aterrorizado por haberlo lastimado, claro que solo se recreó la pupila como por 5 segundos, después de eso alcanzo a ver que el amante del orden Hibari Kyoya arranco la barra donde se cuelgan las toallas, le metió tremendo golpe directo al estómago y salió volando hasta estamparse en el pasillo principal de la planta alta.
Reborn que iba pasando atino a saltarlo antes de pisarlo.
— Si, Hibari ha regresado — le menciono observado que su discípulo estaba consiente. Esquivando también una tonfa que fue arrojada y se incrusto en la pared maltrecha donde se recargaba el castaño.
El castaño solo sonrió radiante a pesar de que le faltaba el aire por el golpe, se le iban a hacer unos vistosos moretones en la espalda y tendría que pagar todos los daños ocasionados sin contar que sería vergonzoso explicarlos.
— Tienes razón, nuestro Hibari-san ha vuelto — respondió mientras se sacudía del pelo escombros de la pared, observo como la puerta fue cerrada de golpe, mientras Reborn se iba como si nada.
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Era domingo, un lindo domingo por la mañana.
Un pelinegro de piel más pálida de lo normal baja por las escaleras, después de ese bizarro accidente en su baño, aunque a decir verdad después de estar cerca de los Vongola dejas de impresionarte por ese tipo de situaciones, así que vestido impecablemente, después de haber detenido su hemorragia nasal, se dirige con porte elegante a enfrentar un nuevo día en esa casa de locos, un pequeño pajarillo amarillo empieza a canturrear su nombre mientras se posa en su cabello, una imperceptible sonrisa cruza su rostro mientras es observado por un par de ojos heterocromaticos que brillan en muestra de lo interesante que es para el receptor de tal imagen ver al que denomina "ave-kun". Lo va a dejar pasar por el momento, más tarde lo molesta, no es que se vaya a ir ahora que apenas ha regresado, además que después del accidente ocurrido con Tsunayoshi, no cree que este de humor para una de sus bromas.
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En el comedor de la mansión Vongola todo es como siempre.
Comida fina, elegante y apetecible, de vez en cuando sale volando de un lado a otro mientras Lambo sobre la mesa declara que es el Rey del Mundo, o al menos el mejor mafioso del lugar.
Hibari en un extremo ignorando a todos alimenta a Hibird, ya que lamentablemente no pudo pasar bocado.
León que de un momento a otro se transforma en pistola y Reborn dispara a diestra y siniestra alternando supuestamente entre Lambo y un semirecuperado Gokudera, que se encuentra lo suficientemente sano, bueno al menos lo suficiente para buscarle pelea al pequeñín, que nadie se queje, a fin de cuentas ya no escupe sangre cuando grita como el primer día. Tsuna tratando de controlar a todos, Yamamoto comiendo de lo más tranquilo, mientras una preocupada Chrome observa como muchas de las balas van y le dan a su querido Boss, y Mukuro socarrón observa todo mientras rescata unos cuantos bocados que come alternadamente.
El exprefecto de Namichuu barre con la mirada el escenario, preguntándose porque sigue ahí, y luego roda los ojos con fastidio, el sonido de su celular, y lo peor que conteste la llamada hace que los demás inmediatamente calmen su escándalo, porque nadie puede evitar la curiosidad. ¿Quién que no sea Tsuna o Reborn, para algún trabajo, le llama a Hibari?
— ¡¿hmp?! — es el saludo que da el pelinegro a quien quiera que le esté llamando.
Lambo se acerca sigilosamente para tratar de escuchar.
— Nos vemos en el café del centro — o algo así alcanza a oír un Lambo de 10 años.
— Ahí nos vemos Elizabetha — y cuelga. Ok. Definitivamente todas las miradas recaen sobre el guardián de la nube. Aunque ni ellos mismos se explican porque pareciera que sus miradas le exigieran una explicación al pelinegro, que se levanta sin más y se va sin despedirse.
— Vuelve, que mañana tenemos un trabajo — le advierte Reborn a la persona que ya salió por la puerta.
— Nosotros también nos vamos ya, ¿verdad Nagi? — ¡eh! Es lo que se alcanza a oír de la pequeña Chrome antes de verla desaparecer junto con Mukuro en una nube de humo.
— Esa llamada fue extrema— exclama Ryohei.
— Me alegra que Hibari-san tenga amigas— comenta Yamamoto— ¿vallamos a pasear por ahí? — Propone tratando de aprovechar el día libre — también debemos divertirnos.
— ¿Pasa algo Décimo? — el que Tsuna se haya quedado tan pensativo de repente no pasa desapercibido por su autoproclamada mano derecha.
— Nada, solo pensaba a donde podíamos ir — una sonrisa fingida surca el rostro del castaño.
— Pues no lo pienses mucho Dame-Tsuna, tú vas directo a tu despacho, y ustedes, sobre todo tu vaca estúpida, lárguense a entrenar, los otros inútiles ya se escaparon pero ustedes no— y con una patada directo al trasero del décimo Vongola lo encamina a su despacho — Bianchi, encárgate de que estos hagan lo que les ordene — y como si fuera un ninja la mujer sale de, sabrá dios donde, para arrearlos cual ganado a base de pastelazos explosivos.
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— Tengo un plan— susurra cuidadosamente el espadachín mientras pasa al lado del saco de boxeo donde Ryohei está entrenado.
— ¡Al extremo! — grita el peliblanco, siendo tan discreto como siempre.
— ¿Para qué? — Pregunta Lambo cuando esquiva una ataque de Bianchi, la cual está entrenando con él.
— Para escaparnos al centro de la ciudad, tal vez podríamos unirnos a Hibari-san — la dulce sonrisa de Yamamoto los contagia a todos que asienten con la cabeza.
— ¡Extremo debemos avisarle a Tsuna y Gokudera-kun! — finaliza el boxeador, que no sabe el mejor hitman del mundo los está escuchando.
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Papeles, archivos, carpetas, cuentas por pagar, facturas de reparación a inmuebles, todo acomodado en varias pilas alrededor del elegante escritorio, folders donde se encuentra la información concerniente a misiones pendientes para sus guardianes se apilan a un lado de la computadora de escritorio que el Décimo Vongola tiene en su despacho. Se masajea el puente de la nariz y deja salir un largo suspiro, tiene tanto trabajo, y aun así no puede quitarse sus problemas emocionales de la mente, de repente un sonrojo se hace presente, otra cosa que tampoco puede olvidar es la imagen del desnudo cuerpo de su guardián de la nube, pero es que simplemente es imposible, si tan solo Hibari-san no fuera tan hermoso. ¡arggg! Deja salir un gritillo, que es más interno, se revuelve el pelo, como si este no estuviera lo suficientemente alborotado y vuelve a poner su vista en el trabajo. ¿Dónde estará Hibari-san?, vuelve a divagar antes de que la puerta de su despacho sea abierta y por ella entre un especie de mancha amorfa de la cual logra distinguir algunos reflejos dorados.
— ¡Hermanito!— exclama con alegría un rubio que le ha saltado encima, a pesar del escritorio, por lo tanto papales salen volando por doquier.
— ¡HIIIIII! — grita espantado el castaño reconociendo al décimo Cavallone, después sonríe con gusto de ver al que considera su hermano mayor y se deja abrazar por él.
— ¿Cómo has estado?, ¿Qué tal tu entrenamiento?, has crecido un montón, ya tenía mucho que no te veía, ¿ya tienes novia? ¬— pregunta y pregunta el rubio después de incorporarse.
— Estoy muy bien Dino-san, todo muy tranquilo — hace una pausa tratando de recordar el orden de las preguntas, se sonroja y apenado contesta — claro que no, no tengo tiempo para esas cosas.
— Si se lo pides a Reborn, seguro que hasta te organiza la boda — el rubio sonríe, es divertido ver que a sus casi 18 años de edad Tsuna aun sea tan tierno, le acaricia el cabello.
— Tsuna, ¿y Kyoya? — se anima a preguntar algo que realmente le preocupa.
— Conque el bueno para nada-Cavallone está aquí— Reborn se hace presente, la sonrisa de medio lado preocupa al instante a Tsuna, ¿ahora qué?, por Dios que es domingo, no debería ser torturado hoy.
— Oh, Reborn ¿qué tal?, te ves genial — elogia el rubio al recién llegado.
— Saben, creo que es tiempo de un entrenamiento en equipo, tú también vienes dame-Dino— y como por arte de magia aparece detrás de ambos, los toma por el cuello de la camisa que visten y se los lleva arrastrando a donde se encuentran los demás guardianes, si todos tienen tanta curiosidad por ver que hace Hibari, entonces él le sacara provecho de que sean tan metiches esos buenos para nada.
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Nota de la autora:
Hehe, como que me he tardado con la conti, y lo peor es que ya tiene mucho guardada y nada mas no la publicaba, bueno ni pex.
Creo que esto está muy lento.
Igual lo subo, no sé si fue bueno cortar el capítulo, pero lo que me sobro lo pongo en el próximo.
Disculpen los errores de ortografía, ya saben ;)
No tengo nada más que agregar, solo me queda agradecer el que alguien lea hasta aquí y sus pasados comentarios, estamos leyéndonos.
Sayonara da!
