N/A: Ok. Me odian, ya lo sé. Pero esta vez no tengo excusa así que pasaré a contestarle a los Reviews
Respuestas a los Reviews del capítulo pasado:
Alexander Malfoy Black: Pues me quedo tranquila, entonces :D Y lo que soñó Clary... es algo que soñó ella, yo no sé nada, jejeje Espero que te guste el cap y XOXO!
ash' belikov-rusakova: Sí, trato de hacer una Clary diferente pero a Jace no lo cambio! jajaja Que el cap te guste y XOXO!
selenemisia: Sé que te pongo triste por no actualizar seguido pero hago lo que puedo cariño. Me encanta que la historia te siga gustando y mándale mis saludos a tu amiga (no sé cual es su nombre :$). Éste cap es de Clary, sí, pero vamos a ver OTRAS amistades, no tanto Jace y Clary. Espero que te encante y compense el tiempo que no actualizo. XOXO y TKMM!
Kiomy Salvatore Wayland: Gacias por seguir el fic, cariño y espero que este cap te encante! XOXO
Chilli Black: JAJAJA Sii! Le meti una hija por ahi, quien sabe si no se cumple, eh! Espero que adores el cap! XOXO
Luxangel10: Gracias por comentar, cariño, y espero que lo disfrutes! XOXO
SoffyO'SheaHerondaleCarstairsC: Me gustan todos tus Nicks! y yo estoy enamorada de Will y Jem, tambien, pero me da la fea corazonada que Tess no se va a poder quedar con ninguno :( Disfruta del cap! XOXO
Aleja Cullen Masen: O.o ¿Es posible amar aún más a Jace? ¡No lo sabía! jajaja Bienvenida y espero que adores el capítulo de hoy! XOXO
JenWayland-Lightwood-Herondale : ¡Hola Jenny! Me encanta que te encante el fic y bue, aquí tienes la conti así que léela y deja tu opinión! XOXO
Tengo otro fic de The Mortal Instrument llamado My City of Fallen Angels y la trama es MI versión del cuarto libro, porque Cassie no me dio muchas cosas jugosas... ¡Espero sus comentarios!
Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Cassandra Clare, sólo la trama es mía.
Summary: ¿Qué pasaría si no existieran los Nephilin? ¿Y si todos fueran mundanos? ¿Cómo serían? Clary una adolescente hermosa y Jace un muchacho muy... Jace. CxOoC M por Lemmons CxJ MxA IxS MxK
Advertencia: Esta historia contiene escenas de sexo explícito, si eres menor de edad o no te gusta, no lo leas, después no te quejes de que no estabas advertido!
No permito su reproducción o adaptación en su totalidad.
*De una manera diferente*
by
Gissbella De Salvatore
Capítulo VIII
Aparqué en el Pandemoniun y me dirigí hacia la puerta de atrás. Siempre me sentía rara cada vez que iba a ese antro de día para hablar con Maia mientras ella simulaba trabajar, repasando con la rejilla la barra.
Se me hacía que habían pasado siglos desde que habíamos tenido una conversación de chicas. Y después de todo lo que me había pasado, se me hacía que lo necesitaba.
―¡Clary! ―Maia me saludó con la mano desde su posición detrás de la barra. Le sonreí y me acerqué a ella. Estaba limpiando y acomodando ya que ese era su trabajo antes de que la noche llegase y con ella las puertas abiertas del club. Pero podía ver a unos hombres haciendo unos arreglos en el escenario. ¿Re-decorando, quizás?
―Hola, Maia ―le di un beso y me senté del otro lado de la barra―. ¿Todo en orden?
―Todo en orden ―respondió―. ¿Tomas algo? Yo invito.
―Gracias ―me reí―. Quiero una Seven-Up.
Fue hacia el refrigerador que había detrás de ella y sacó una para luego tendérmela.
―Gracias.
Apoyó los codos en la barra y me miró.
―Quiero saber ya mismo que sucede con el güero.
Suspiré y miré hacia abajo, hacia la botella. Desenrosqué la tapa y tomé un trago.
―No tengo una idea ―suspiré.
―Pero… te gusta.
―Sí ―la miré con el seño fruncido―… pero ¿tú como te diste cuenta?
Ella enarcó las cejas.
―¿Estás de broma? ―rió―. ¡Cuando él apareció ese día en Taki's pensé que te iba a dar una combustión espontánea!
―¿Tanto se me notó? ―pregunté horrorizada.
Ella volvió a reír.
―No, sólo para mí que te conozco y tal vez para Si ―me sonrió.
Me tapé la boca con las manos, avergonzada.
―¿Lo habrá notado él?
Ella bufó.
―¿Notarlo? ―asentí―. Él estaba igual que tú. No paraba de ojearte y, bueno, admirar ciertos… lugares.
―Oh.
―Bueno, ¡tienes que hacerlo desearte!
―¿De qué…?
―Claro ―se acomodó más en su sitio―. El hombre está muerto por vos, eso pude verlo desde un principio, así que tienes que hacerlo desear.
Me mordí el labio.
―Pues… no puedo hacerle desear lo que ya tuvo.
―¿Qué?
Respiré profundo.
―Que ya… lo hicimos ―contesté. Los ojos de Maia me observaron perplejos.
―¿Estás diciendo…?
―¡Que tuvimos sexo, sí! ―dije en voz alta. Se hizo un silencio en el lugar, acompañado de mi rubor, y luego la gente volvió a lo suyo.
―¡Qué fácil eres, eh! ―murmuró con una sonrisa, intentando ponerse seria. Le saqué la lengua―. Pero cuéntame, ¿cómo pasó? ¿cuándo? ―demandó.
Tomé aire.
―Ayer. Se fue hoy a la mañana.
Abrió mucho los ojos.
―Pero había una tormenta como para…
―Lo sé. Pero él se apareció en mi departamento porque su auto se había averiado.
Frunció el seño.
―¿Cómo sabía cuál era tu departamento? ―preguntó.
―¿Te acuerdas ese noche que estábamos aquí y yo desaparecí?
Asintió con la cabeza.
―Simon estaba frenético pero después…
―… me llamó y quien atendió fue Jace. Bueno, no sé quien de los dos le dijo mi dirección pero me llevó a mi casa y se quedó conmigo. Pues ese día de tormenta… bueno, tú sabes cómo soy con las tormentas.
―Sí ―sonrió―. Pareces una niña asustada por el coco.
Le di un puñetazo juguetón en el hombro.
―Bueno, pues… se dio.
―Y… ¿cómo es en la cama? ―me urgió.
Solté una risita sonrosada.
―Sabes que no digo esto por nada pero es muy bueno ―contesté, remarcando la palabra muy.
Ella rió y me devolvió el puñetazo. Pero luego se puso seria y me miró a los ojos.
―Igualmente quiero que te cuides, Clary ―asentí―. Sé que debes pensar que después de lo que viví con mi hermano Daniel debo ser una paranoica pero…
Acerqué mi mano a la suya y se la acaricié.
―Ni Simon ni yo pensamos eso y lo sabes Maia.
Su sonrisa en respuesta fue débil.
―Gracias. Lo sé, pero es que esa mañana cuando él entró y se reunió con nosotros… te juro que por un momento pensé que había entrado Daniel. Ya sabes, él tenía esa misma arrogancia, ese mismo ego…
Se estremeció involuntariamente. Creo que no se dio cuenta que lo hizo.
Maia era la mayor de dos hermanos. El menor era un niño llamado Daniel y según lo que nos había contado Maia, era su demoño personal. Por fuera parecía un ángel y un hijo ejemplar pero por dentro era maligno. Maia nos contaba que a veces veía como él les quemaba las alas a las mariposas y hasta llegó a cambiarle a Maia su pote de shampoo por lejía. Cada vez que ella les decía a sus padres lo que Daniel hacía, ellos le contestaban que dejara de molestar porque era imposible que su hermano hiciera eso. Daniel solo sonreía al escuchar eso. Pero un día, cuando Daniel tenía quince años y Maia diecisiete, un auto lo arroyó, matándolo al instante. Maia se sintió tan aliviada que no pude evitar ser incapaz de llorar a su hermano en el entierro y, ciertamente, tampoco pudo evitar pensar que Dios un día iba a castigarla. Y lo hizo a penas sus padres y ella volvieron del cementerio. Ellos la culparon por la muerte de su hermano, ya que supuestamente ella tuvo que haberlo cuidado, y la echaron de la casa y de sus vidas. Daniel no dejó de hacerle daño a Maia ni siquiera muerto.
―Shh. Tranquila ―susurré―. Puedo conocerlo poco pero Jace no es así. Además, al primer signo que muestre no pienso verlo más.
Ella asintió, complacida, y luego sonrió para recuperarse de los recuerdos. Pareció querer cambiar de tema.
―Entonces, ¿cómo…?
―Hola Maia ―casi salté de mi asiento al escuchar la voz masculina. Me giré y vi a un muchacho de cabellos oscuros ni muy cortos ni muy largos. Sus ojos eran oscuros y su piel bronceada, del mismo tono que la de Maia. Tenía tatuajes en los brazos pero no tenía ninguna perforación. Era delgado pero de constitución fuerte, y a pesar de los tatuajes, cuando lo miré al rostro pude ver una sonrisa y ojos igualmente amigables. Pero para lo que no estaba preparada era para la sonrisa estúpida que Maia tenía en su rostro.
―Hey, Jordan ―le devolvió el saludo.
―¿Me darías un Coca-cola? ―me miró con una sonrisa y me tendió la mano―. Jordan Kyle.
Se la tomé.
―Clarissa Morgenstern.
El apretón fue suave y definitivamente amistoso.
―Un placer. ¿Eres amiga de Maia?
Iba a responderle cuando Maia lo hizo por mí.
―Mejor amiga, de hecho ―le dio la botella.
Él asintió, le quitó la tapa a la botella y tomó un buen trago.
―¿Te gusta el antro? ―me preguntó. Maia nos miraba a ambos con el seño fruncido.
―Sí. Vengo cuando puedo, pero veo que lo están volviendo a pintar. ¿Trabajas aquí?
―Sí. Bueno, lo acabo de comprar así que lo estoy remodelando.
Abrí mis ojos, sorprendida.
―¿En serio? ―él asintió con una sonrisa―. Wow. ¿Cambiará mucho? Porque déjame decirte que el dueño anterior tenía mucho éxito.
―Sí, eso me han dicho ―se sentó a mi lado y le sonrió a Maia―. Pero pienso poner un día para cada tribu urbana.
Parpadeé.
―¿Cómo es eso?
―No sé. Algo así como, los lunes para punks, los martes para hip-hoperos…
―Suena… interesante.
Esta vez me sonrió a mí pero no era ni de lejos la misma sonrisa que le había dado a Maia.
―Sólo es una idea ―se encogió de hombros―. Quizás cambie de opinión. No lo sé. Dejaré que fluya ―un hombre que tenía un plano en las manos lo llamó y él se puso de pie―. Bueno, fue un placer Clarissa ―le sonrió a Maia―. Te veo luego.
Se fue con paso tranquilo hacia donde lo llamaban.
―Entonces ―dije una vez que se hubo perdido en su trabajo―… Jordan, ¿eh? ―sonreí.
Ella tomó una rejilla y empezó a limpiar la barra que ya estaba extrañamente limpia y que yo supiera, Maia no era una fanática de la limpieza.
―¿Qué quieres decir? ―me preguntó con voz dura.
Fruncí el seño.
―¿Qué sucede?
―Nada.
Ahí lo comprendí.
―¡Oh, no, Maia! ―exclamé―. Jordan no está interesado en mí.
Ella resopló.
―¿En serio? ―dijo en forma sarcástica―. Pues lo fingió muy bien.
Me quedé mirándola con la boca abierta. Maia estaba… ¿celosa? No lo podía creer.
―Pues debe ser un gran actor porque sólo a ti te sonríe de esa forma.
―¿Qué forma? ―preguntó, interesada muy a su pesar.
Sonreí.
―¿No has visto cómo te sonrió?
―No ―dijo en un susurro y yo me reí.
―De todos modos ―dije―, no creía que él era de tu gusto ―ante mis palabras, ella me miró inquisitivamente―. Me refiero a que pensé que tu tipo de chico eran más como… ¿Simon?
Ella frunció el seño.
―Sí… bueno, yo también pensé lo mismo pero Jordan ―se encogió de hombros―… no sé. Él es diferente. Pero, de todas formas, no me presta atención así que ―se encogió de hombros―… seguiré con mis nerds.
A pesar de todo, no pude más que reírme.
―No dejes que Simon te oiga.
Ésta vez, ella se unió a mis risas y mi móvil empezó a sonar al ritmo de Pink. Miré la pantalla y atendí con una sonrisa.
―Hola, Magnus.
―Hola, cariño. Necesito tu ayuda ―dijo en tono urgente.
―¿Sucedió algo? ―pregunté, preocupada.
―Sí. Clary, dulzura, necesito que vengas. ¿Recuerdas el desfile que estaba organizando para dentro de cinco días?―hice un sonido que pareció decir que sí―. Bueno, pues sucede que las invitaciones que se enviaron decían que hoy se hacía el evento.
―¿Por qué no llamas a los invitados y les dices que se hace dentro de cinco días? ―pregunté, escépica.
―¡Claro que no! ―exclamó horrorizado―. ¿Quieres que piensen que no tengo control?
―Está bien ―lo calmé―. ¿A qué hora tengo que estar allí?
―A ver, déjame ver… mmm… ¡hace una hora! ―exclamó exaltándome―. ¡Ven YA! ―me dio la dirección y la línea murió.
―¡Que genio! ―mascullé y miré a Maia para explicarle.
―Ni te molestes ―dijo antes de que pudiera abrir la boca―. Pude escuchar todo ―explicó.
―Bien, supongo que te veo luego.
.
Magnus había alquilado una gran mansión para el evento. Su interés había sido una habitación que era capaz de albergar a unas ciento cincuenta personas. Ésa era el ala sur. En el ala norte se iba dar a lugar la reunión de cierre.
Para cuando llegué ya eran las dos de la tarde y pude advertir el nerviosismo y la rapidez con la que trabajaban los empleados encargados de las decoraciones y las mesas. Antes de advertir otra cosa, un borrón de violeta vino hacia mí, tomándome de la mano y arrastrándome hacia el interior.
―Hiciste un buen tiempo ―comentó Magnus mientras caminábamos a paso rápido―. Ahora necesitaría que te vistas de la misma forma y dejes que Mel te maquille, ¿sí? ―antes de siquiera dar un asentimiento en su dirección, él me metió a un cuarto y se fue gritando algo a alguien. No pude más que sentir pena por los decoradores.
―Clary ―saludó Mel, que estaba haciéndose cargo del rostro de una muchacha rubia, sentada frente a un enorme espejo.
―Hola ―saludé y fui a buscar mi vestidor con mis ropas. De él colgaba un cartel con el nombre de Clary Fairchild. Yo le había contado a Magnus la relación tan… problemática que tenía con Valentine y lo que él pensaba del modelaje. Le había pedido que el apellido Morgenstern no se mencionara y él estuvo de acuerdo, así que yo había pedido que acortara mi nombre y usara el apellido de soltera de mi madre, que era también el mío. Quería evitar problemas con Valentine.
Pude observar que cada conjunto tenía un número así que tomé el que tenía el número uno y me cambié. El atuendo consistía en un sujetador y culote lila.
Volví hacia el camerino y encontré a Mel ya esperándome para hacer su magia. En unos diez minutos Mel terminó de maquillarme y se apartó para que pudiera verme en el espejo que había frente a mí. Como era la marca registrada de Magnus, todas las modelos llevábamos purpurina por diferentes partes del cuerpo. Mis mejillas estaban salpicadas de un poco de purpurina azul, en combinación con mi ropa interior lila. Además, Mel me había ayudado a embadurnarme en aceites que despedían asombrosos olores. Elegí el de jazmines. Por donde andaba, dejaba atrás la estela del aroma a jazmín, además de que mi piel estaba muy suave y brillante.
―¿Nerviosa? ―preguntó Isabelle a mi lado.
―Supongo que sí.
El desfile consistía solamente en ropa interior, es decir que yo era indispensable para la presentación por ser el rostro de la línea Magnúsfico e Isabelle lo era de la línea Chispas. No era como mi lencería; mi línea se caracterizaba por lo dulce y romántico y la de ella por lo pícaro y sensual.
―No te preocupes. Te he visto modelar y lo harás bien ―comentó mientras se colocaba un poco más de polvo en la frente―. Sólo imagínate que eres la maldita reina del mundo y todo saldrá perfecto.
―¿Gracias? ―salió más como una pregunta que otra cosa.
Ella sonrió.
―De nada ―estaba imponente en su ropa interior negra.
Me quedé el resto del tiempo observando mis conjuntos y espiando el decorado. Todo lo que era normal se había esfumado y de muchos lados colgaban finas telas; los colores que predominaban eran el rojo, el negro y el violeta. Era una combinación rara pero todo era muy chic.
Estaba asomada por la cortina, mirando a los invitados hablar y reír entre ellos. Todos gentes de negocios, seguramente magnates de la moda y… ¿Jace? Antes de que pudiera hacer algo, Isabelle exclamó a mi lado:
―¡Cuánta gente! ―sonrió. Era extraño verla sonreír a ella que siempre la había visto como alguien seria. Miró por dónde yo había estado mirando y frunció el seño―. ¿Qué hace Jace aquí? ―preguntó a nadie en particular.
Me encogí de hombros y yo también lo miré. Estaba muy guapo en su impecable traje negro, aunque a diferencia de los otros, él tenía el saco abierto, al igual que los primeros botones de la blanca camisa y la corbata aflojada.
―¿No vino a verte? ―le pregunté, arreglándome el cabello que estaba completamente lacio y eso hacía que me llegara hasta las caderas. Eran muy pocas las veces que lo tenía de ese modo.
Ella negó con la cabeza para luego mirarme con intensidad pero cuando abrió la boca para decirme algo, escuchamos la orden:
―¡Let's go! ¡Let's go, girls! ―habló Magnus, entrando a los camerinos―. Casi empezamos ―anunció. Todas nos acercamos y él se fue para darle la bienvenida a todos los presentes y empezar a presentarnos. Pronto las luces de todos lados menos las de la pasarela se desvanecieron y todo quedó inundado de violetas eróticos y rojos pasión. La música se elevó.
―Quiero presentarles a una de mis dos líneas preferidas de ropa interior: ¡Chispas!, representada por la única, la sensual, ¡Isabelle Lightwood!
Isabelle salió a la pasarela. Ata, delgada y sensual con su cabello finamente ondulado. Parecía bailar en cada paso. De pronto, una lluvia flotante de plumas color acero metálico empezó a descender sobre la pasarela. Los fotógrafos que estaban a los costados y frente a la pasarela inundaron a Isabelle en flashes. Posó unos segundos y luego dio la vuelta como si el mundo no le importara un comino, mientras las demás modelos ocupaban su lugar por escasos segundos. La habitación se llenó de aplausos al ver el espectáculo.
―Y ese era el último conjunto de ésta maravillosa línea ―dijo Magnus en el micrófono cuando la última modelo salió de la pasarela. Se detuvo un momento para devolver con sonrisas el aplauso que el público le brindó―. Ahora, si me permiten, damas y caballeros, quiero presentarles mi nueva línea ¡Magnúsfico! ―otra música volvió a escucharse―, que está representada por mi nuevo descubrimiento ―me preparé para salir, firme en mis zapatos de tacón negros. Acomodé mi cabello nerviosamente―: la dulce, la incomparable, la pelirroja más sensual que he visto en mi vida, ¡Clary Fairchild!
En ese momento todo fue muy confuso. Me desplacé por la pasarela como si estuviera desplazándome por una nube y comprobé con una sonrisa que a mí no me llovían plumas, sino pétalos de rosas rojas. Entre la suavidad de los pétalos que besaban mi piel me deslumbraron los flashes de las cámaras pero mantuve mi compostura y, sin querer hacerlo, mis labios formaron una sonrisa sensual. Jamás unos tacones se sintieron más seguros que los que llevaba puestos en ese momento. Puse las manos en mis caderas y me puse de perfil, siempre con una mueca sensual en mis labios. Pude ver a Alec entre los fotógrafos. Volví sobre mis pasos, dándoles lugar a las otras modelos para que desfilaran. Al igual que Isabelle, durante mi línea tuve que salir tres o cuatro veces con diferentes conjuntos y siempre que lo hacía, hubo aplausos y alguien chiflándome.
Al final todas las modelos saludaron y modelaron por última vez, volviendo a sus lugares. Cuando Magnus despidió el desfile, salimos Isabelle y yo, cada una a cada lado de él y cuando llegamos los tres al final de la pasarela, yo le di a Magnus una rosa color rojo sangre e Isabelle le dio una color blanco nieve. El rió y agarró la rosa blanca para colocarla sobre mi oreja izquierda, adornando mi cabello, y la rosa roja para colocarla en la oreja derecha de Isabelle. Ambas sonreímos y le dimos un beso en la mejilla a la misma vez. La gente ovacionó y los flashes nos cegaron. Saludamos al público y les dimos la espalda para volver sobre nuestros pasos para darnos vuelta, lanzar unos besos más y volver a dar la espalda al público y salir de su vista.
.
Como Magnus había planeado, después de que el desfile terminara, los invitados fueron guiados por los camareros hacia la otra ala de la mansión. Había música, entretenimiento, todo para que la noche sea alegre.
Todas nosotras, incluido Magnus, nos cambiamos nuestras ropas de pasarela por vestidos elegantes. Isabelle tenía un vestido strapless rojo y largo hasta los pies que hacía resaltar su negro cabello, el cual estaba sujeto a una coleta alta y volvía a estar lacio.
Magnus estaba con un traje de color rojo, encima de una camisa amarilla claro. Yo llevaba puesto un vestido color dorado metálico que me llagaba hasta unos centímetros antes de la rodilla y se pegaba a mi figura como una segunda piel. Mis zapatos eran dorados, también, pero tenían la mitad de tacón que los de Isabelle, que eran rojos pero casi no se veían por el vestido. Caminé por la fiesta, buscando unos ojos dorados pero sin encontrarlos.
―¡Clary! ―escuché la voz de Magnus. Me di vuelta y lo vi de pie frente a unas personas, charlando y riendo, algunos tenían micrófonos, otros grabadoras y otros cámaras. Puse una sonrisa en mi rostro y me acerqué. Magnus me tendió una mano y yo la tomé, poniéndome a su lado―. Hombres, mujeres, les presento a Clary ―me sonrió―. Clary, nuestros amigos periodistas.
―Buenas noches, chicos ―sonreí. Hubo un coro de saludos, luego un hombre en sus treinta puso un micrófono frente a Magnus.
―Magnus ―comenzó―. Has dicho que tú descubriste a Clary ―el periodista me sonrió y Magnus asintió a sus palabras―. ¿Cómo lo has hecho?
Magnus sonrió.
―Entré a un café y de pronto vi a una magnífica pelirroja inclinarse para servir un café. Y bueno ―movió sus cejas en un gesto sugestivo, volteando su rostro levemente hacia mi espalda―… no pueden negar que tiene muy buena mercancía.
Todos rieron, yo incluida, aunque un poco sonrojada. Pero de igual modo le di una bofetada juguetona en la mejilla.
―Así que solo necesitaste eso para elegirla ―comentó otro periodista, solo que más joven que el anterior.
―Sí.
―Clary ―empezó un mujer morena y joven que sostenía una grabadora en su mano derecha―, ¿habías modelado antes?
―No, nunca.
―Entonces, ¿cómo te sentiste en la pasarela? ―preguntó con una sonrisa.
Respiré hondo, buscando las palabras.
―Maravillosa. Fue una de las mejores experiencias de mi vida.
―¿Qué piensas sobre estar reemplazando a Aline Penhallow? ―preguntó otra voz femenina.
―La señorita Aline ―comenzó a responder Magnus antes que yo pudiera hacerlo― fue despedida. Clary no está reemplazándola; ella es la cara de mi línea y mi nueva modelo estrella junto con Isabelle Lightwood ―les sonrió a todos aunque sus ojos de gato se estrecharon ligeramente.
―¿Dónde está Isabelle? ―preguntó el primer periodista
―¿Alguien dijo mi nombre? ―Isabelle apareció al lado mío, sonriendo encantadoramente a todos. Me pasó un brazo por la cintura y, después de congelarme un segundo, sonreí y le pasé mi brazo por la suya. En ese momento éramos dos buenas amigas.
―Isabelle estás hermosa.
―Gracias.
―De hecho ―dijo otro―, ambas se ven hermosas y muy contrastantes.
―Esa era la idea ―dijo Magnus.
―Isabelle, ¿qué piensas de Clary?
―Oh. No hemos podido hablar mucho porque ambas hemos estado muy ocupadas pero en lo poco que nos hemos visto, he decidido que definitivamente tiene un don para el modelaje.
―¿Y tú qué piensas de Isabelle, Clary? ―pude sentir la mirada femenina en mí.
―Oh. Es genial. Como ha dicho ella no nos hemos visto mucho pero en lo poco que lo hemos me ha dado algunos consejos y esas cosas. Me ha ayudado mucho en este nuevo mundo ―sonreí. Aparentemente satisfechos con mi respuesta, se volvieron a Magnus. Yo me alejé y me dirigí hacia la mesa de refrigerios.
―Estuviste fabulosa ―susurró una voz sedosa a mi oído. Me estremecí involuntariamente y levanté mi vista. Allí, en todo su esplendor, estaba Jace Herondale.
Me sonrió.
―Gracias ―musité―. ¿Qué haces aquí?
Se encogió de hombros.
―No tenía nada que hacer.
Ésta vez fui yo la que sonrió.
―¿Ya me extrañabas? ―me acerqué a él lentamente y rodeó mi cintura con sus manos.
―Te diría que no pero estaría mintiéndote.
―¿En serio?
Asintió y acercó sus labios a los míos pero antes de que se tocaran, una voz nos interrumpió:
―¡Clary!
Miré hacia donde provenía la voz para ver a un hombre acompañado d dos mujeres.
―¿Mamá?
Jocelyn me sonrió y caminó lo poco que le faltaba para reunirse conmigo.
―Estuviste hermosa, cielo ―me sonrió y luego me abrazó. Me quedé congelada por un momento hasta que acerté devolverle el abrazo.
―Gracias ―susurré.
―Sí, Clary, estuviste magnífica, cielo ―me susurró al oído.
―¿Qué haces aquí? ―le pregunté una vez que me liberó.
Ella me sonrió.
―No iba a perderme tu primer desfile, hija.
―Pero… ¿Valentine?
Ella hizo una mueca con los labios.
―Debe estar en casa. No le dije que venía aquí; solo le dije que salía con Celine. ―se encogió de hombros. Miré sobre su hombro y vi a Celine y Stephen junto con Jace. Éste último tenía un brazo sobre los hombros de su madre. Me derretí por dentro al verlo sonreírle de aquella manera tan madre-hijo.
―Entonces… él es Jace ―mi madre estaba a mi lado, observando la misma escena que yo.
―Sí.
Ella sonrió.
―Ahora entiendo porque Celine decía que ustedes iban a ser una pareja hermosa.
A pesar de que mi madre no sabía nada de lo que sucedía entre Jace y yo, y eso era en verdad un alivio, no pude evitar sonrojarme.
―Mejor ve a saludar a Celine y Stephen.
Nos acercamos a ellos y Celine me sonrió, abrazándome.
―Estuviste maravillosa ―me dijo al oído.
―Gracias ―nos separamos y saludé a Stephen con un beso. Se parecía mucho a Jace salvo por las arrugas de la edad.
―No pareció que fuera tu primer desfile.
Sonreí.
―¡Tío! ―Isabelle entró en escena colgándose del cuello de Stephen, quien rió.
―Hola, Izzy ―sonrió Celine, también dándole un beso en la mejilla―. Tú también estuviste hermosa, cariño.
―Ya lo sé ―respondió ella con una risita.
―Felicidades, Iz ―le sonrió Jace.
Ella le sonrió ampliamente y luego frunció el seño.
―¿Con quién has venido? Si has traído a esa zor…
―No, cariño ―la detuvo Celine, sonriendo deslumbrantemente―. Jace no ha traído con él a Aline.
Casi me río.
―Le convenía ―nos llegó la voz de Magnus. Vino caminando con Alec a su lado. Ambos llevaban una copa de Champagne en las manos―. Usted debe ser la madre de Clary ―sonrió y tomó la mano de mi madre para besarla.
―Y usted es el magnífico Magnus Bane del que tanto he oído hablar.
Él sonrió encantadoramente.
―Culpable del cargo.
Ella le devolvió la sonrisa.
―Entonces, ¿con quien has venido?
Él se encogió de hombros.
―Con mi jefe.
Alec, Isabelle y Magnus rieron.
―¿Con tu jefe? ―preguntó Isabelle, riendo―. ¡No sabía que habías cambiado de gustos!
―Ja-ja-ja ―contestó Jace, irradiando sarcasmo. Miró hacia ambos lados hasta que pareció encontrar a quien buscaba―. ¡Hey, Luke! ―movió la mano. Un hombre de mediana edad se detuvo a su lado. Llevaba unas gafas de montura dorada que cubrían sus azules ojos y aunque estaba también vestido de traje, pude ver lo incómodo que le resultaba.
―Buenas noches ―saludó a todos.
Mi madre emitió un pequeño sonido ahogado que hizo que me girara hacia ella. Su mano derecha estaba apoyada sobre su pecho y tenía los ojos ensanchados.
―Lucian ―murmuró, impresionada. El hombre le devolvió la mirada con evidente sorpresa.
―Jocelyn.
Todos los quedamos mirando sin saber qué decir. Fruncí el seño.
―Perdón ―interrumpí―, ¿se conocen?
N/A:
Desde ahora voy a volver a contestar sus Reviews mediante la In-box de FF porque tardo más en subir los capítulos si tengo que contestar a todos sus comentarios del modo en el que estoy haciéndolo desde hace un tiempo. Si eres una lectora sin cuenta aquí, vé a mi perfil y agrégame en Hotmail, por favor, porque a todas las personas que me dejen Reviews,
¡LES MANDARÉ UN ADELANTO DEL PRÓXIMO CAPÍTULO!
¿Review y adelanto? :D
