Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Sólo la trama es mía.

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De una manera diferente

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-XI-

Jace

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Me di vuelta en la cama llevando a Clary conmigo. El sudor se pegaba a nuestros cuerpos mientras nosotros respirábamos agitadamente, tratando de ralentizar el ritmo de nuestros corazones. Mis labios no pudieron detener la sonrisa que formaron al verla sobre mi pecho.

―Eso fue asombroso ―musitó Clary acomodando su mejilla izquierda en mi pecho. Suspiró contenta.

Mi sonrisa se ensanchó.

―Lo sé ―y de verdad lo sabía. La ráfaga de placer que me había recorrido había sido grandiosa.

Moví mi cabeza de modo que deposité un beso en su coronilla y el que suspiró fui yo. Miré hacia la ventana cubierta por las cortinas y pude apreciar levemente que en el exterior ya no había luz de día. ¿Cuánto tiempo habíamos estado haciendo el amor? ¿minutos u horas? No sabría decirlo exactamente; cuando estaba con Clary corría el peligro de olvidarme de que el tiempo existía. Era definitivamente extraño en mí. Ella podía lograr cosas que nadie más había logrado.

Luego de unos segundos sentí su respiración acompasada en mi pecho, indicándome que ella ya se había quedado dormida. Yo, por mi parte, crucé mis manos debajo de mi cabeza y me quedé observando el blanco techo.

Aline estaba fastidiándome. Y lo que era más alarmante, estaba fastidiando a Clary. No era que me sorprendiera su audacia de aparecerse en el departamento pero sí me molestaba. Aline tenía muy claro que a mí de ella solo me interesaba el sexo y que no me estabilizaba con una sola mujer…

Mi respiración se detuvo cuando comprendí que la última afirmación ya no era válida. Hacía semanas que venía loco por la mujer que tenía a mi lado y aun la necesidad de estar con ella no había menguado. ¿Algún día se acabaría? Esperaba que no porque… se sentía bien.

Y Aline se estaba interponiendo. Recordé cómo se encontraba Clary luego de que yo hubiera vuelto de echar a Aline, la inseguridad que afloraba de ella. ¿Cómo podía tener tanta si era tan hermosa? Pero luego recordé cómo era ella, que nunca usaba su belleza para atraer personas ni conseguir cosas que deseara.

―¿En qué piensas? ―su somnolienta voz me sobresaltó.

―En todo.

―Mmm ―ronroneó―. Eso abarca muchas cosas.

Me reí suavemente y la abracé―. Me imagino. Clary, ¿puedo hacerte una pregunta? ―ella emitió un sonido que interpreté como algo afirmativo―. ¿Qué piensas de Luke? ―la observé fruncir el seño y abrir un ojo.

―¿Pensar en qué sentido? ¿como vendedor, como hombre…?

Sacudí mi cabeza.

―Como hombre.

―Bueno, en verdad me cae muy bien. Digo, fue una de las pocas personas de las que miré por primera vez y pensé que era buena gente. ¿Me entiendes? De hecho, fue la segunda persona hasta ahora.

―¿Yo soy la primera? ―pregunté. Clary rió.

―Lamento decirlo pero no ―me las arreglé para que mi expresión fuera de divertida herida, de la cual ella rió aún más―. La primera persona fue Simon.

―¿Simon? ¿el Simon de Isabelle?

Ella enarcó una ceja.

―¿De Isabelle? ―se movió hasta quedar apoyada en un codo, mirándome―. ¿Y me podrías decir desde cuando mi amigo tiene propietaria?

Me encogí de hombros.

―No lo sé. Están juntos así que…

Clary frunció el seño e inclinó la cabeza de modo que su cabellera roja se esparció sobre sus hombros y cayó como una cortina rizada sobre su mejilla. Las mejillas sonrosadas y los labios entreabiertos hicieron que se me quitaran las ganas de hablar. Quería hacer otras cosas.

―¿Cuan serio es eso? ―preguntó, aunque no le hice caso alguno. La tumbé de espaldas y le sonreí mientras la cubría con mi cuerpo.

―No lo sé ni me interesa.

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Cuando desperté nuevamente me encontraba solo en la cama. No me moví y me quedé de espaldas, mirando el blanco techo y escuchando los sonidos del departamento. Escuché el ruido de la lluvia pero ésta provenía de adentro así que no me costó nada deducir que Clary se estaba duchando. Sonreí y me levanté. Caminé hasta el baño y entré en el cuarto lleno de vapor. Podía escucharla tararear y ver la sombra de su cuerpo detrás de la cortina. Me acerqué y la abrí lentamente para que ella no se diera cuenta. Me metí y la abracé por detrás. Chilló e intentó zafarse pero no pudo y yo me reí.

―¡Jace! ―protestó―. ¡Casi me matas del susto! ―besé su oído y ella se dio vuelta para besarme en los labios―. Buenos días.

―Buenos días ―le sonreí y tomé el jabón de sus manos―. Date la vuelta ―sonrió y así lo hizo. Comencé a enjabonar su cuerpo lentamente y sentí como se estremeció.

―¿Cómo has dormido? ―me preguntó.

―¿El poco tiempo que me has dejado dormir? Supongo que bien…

―¿Disculpa?―su voz estaba teñida de incredulidad y quiso darse la vuelta pero no la dejé. En cambio, me arrodillé y comencé a deslizar el jabón por sus piernas―. Por si mal no recuerdo fuiste tú el que me despertó tres veces más durante la noche.

―Palabras, palabras…

Se dio la vuelta y estampó su cuerpo contra el mío. Gemimos al unísono.

―¿Decías? ―sonrió, ladina.

Apreté los dientes y la levanté. Ella, por su parte, enredó las piernas en mi cintura y juntó nuestros labios. Su boca tenía sabor a menta ―debía ser el dentífrico― y en verdad me encantó en su aliento.

Después de una muy larga ducha juntos fuimos a desayunar a Taki's en mi auto.

―¿Qué quieres?

―Comida, algo sólido por el Ángel ―respondió y yo me reí porque en verdad que habíamos hecho bastante ejercicio desde la noche―. Pero nada verde ―se estremeció―. No puedo comer nada verde en las mañanas ―pensándolo así me di cuenta de que yo tampoco podía comer nada verde en las mañanas. Pedimos wafles con café y zumo de naranja, aunque Clary también pidió rosquillas. Kaeli no apareció así que supuse que no tenía el turno de la mañana. Mejor. Aunque, por otro lado, me encantaba ver celosa a Clary. Se veía más adorable. Sonreí y la miré mientras el mesero nos traía el desayuno. Ella le sonrió cortésmente y posó su vista en los comestibles. En verdad se veía hambrienta.

Hoy se había vestido con una falda blanca suelta hasta los pies y hecha de esa tela que era fresca pero que no recordaba su nombre en aquel momento. Su blusa era verde, de seda, y se moldeaba a las curvas de su torso con increíble sutileza y seducción. En los pies había visto que había optado por unas bailarinas planas e color claro, también. Era la viva imagen de la comodidad. A su cabello color fuego lo había recogido en un moño bajo y el largo de su cabello caía a su lado derecho, sobrepasando por unos centímetros su cintura. Su rostro estaba limpio de todas aquellas capas de maquillaje que usaban constantemente las modelos a excepción de esa cosa negra para las pestañas y el brillo labial.

―¿Qué tienes que hacer hoy? ―me preguntó en mitad del desayuno. Recordé la fecha en la que estábamos y respondí:

―Hoy pedí el día libre por… ¡mierda!

―¿Qué sucede? ―se alarmó ella, buscando con la mirada a su alrededor lo que me hubiera sobresaltado.

―¡Es el cumpleaños de mi madre! ―pasé las manos por mi cabello―. ¿Cómo me pude haber olvidado? ―me pregunté en voz alta.

―Jace, tranquilízate ―la miré y ella me sonreía―. Aun es temprano. ¿Por qué no vas a tu casa, buscas su regalo y pasas con ella el día?

―Porque no tengo regalo.

Ella asintió―. Bien. ¿Quieres que vayamos a algún lado? Te ayudaré a elegirlo.

Asentí y cuando terminamos de desayunar salimos a recorrer la ciudad de Nueva York por un regalo para mi madre.

No encontré nada. Una hora y media después de habernos recorridos casi todos los locales que conocíamos ―y otro no tanto― me detuve en una plaza para patear un muro donde nadie podía verme.

―Pareces un niño pequeño ―rió Clary.

―No ―dije―, soy un estúpido por haberme enamorado. El amor te estupidiza, ¿lo sabías?

Se produjo un silencio incómodo y quise golpearme por lo que había dicho.

―¿Qué… has dicho? ―preguntó Clary.

Me di vuelta y la miré. Pero no pude decir las palabras. ¿Amarla? Pero si yo no amaba a nadie…

―He dicho… Clary ―oh, genial. Ahora me olvidaba y me ponía a tartamudear―… yo…

Ella sacudió la cabeza

―No necesitas repetirlo ―dijo con una sonrisa pero pude ver tristeza en sus ojos verdes. Se acercó y me acarició la mejilla. Incliné mi rostro hacia su mano―. Lo harás cuando estés listo.

Asentí con la cabeza y le sonreí.

―Jace… creo que yo tengo algo que te puede servir.

Enarqué una ceja.

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―Clary, créeme que no me importaría pasar todo el día contigo en la cama ―dije cuando entrábamos a su cuarto. Para mi sorpresa, habíamos vuelto a su departamento― pero tengo un regalo de cumpleaños…

―¡Oh, cállate, por favor! ―bufó ella. Pero de verdad la idea de la cama era muy tentadora…

Caminó hasta su closet y lo abrió. Enarqué una ceja, no creyendo que mi madre usara su tipo de ropa… pero de repente sacó una tela. De hecho, eran varios trozos de telas. Me acerqué mientras ella las apoyaba en la cama o las estiraba en el suelo.

―¿Qué es eso? ―pregunté. Centré mi vista en el que tenía más cerca de mí, el que estaba sobre la colcha de la cama. Era… ¿Isabelle? Fruncí el seño y me acerqué más―. ¿Dibujaste a Isabelle en un lienzo? ―le pregunté―. Y… desnuda, por lo que veo.

Bueno, no estaba exactamente desnuda, estaba arrodillada de perfil sobre la nada con su largo y lacio cabello negro cayendo sobre sus hombros y tapando ―gracias al Ángel― sus pechos. Un látigo dorado se enrollaba alrededor de su cuerpo y su mirada era firme.

―Sí, bueno ―levanté la mirada y vi que Clary sonreía mientras miraba la pintura―… la primera vez que la vi pensé que era infinitamente hermosa. Y una guerrera. Honesta y atrevida.

Volví a mirar el lienzo e hice una mueca. Sí, Clary definitivamente había sabido cómo dibujar a Isabelle.

―Bien pero no puedo regalarle esto a mi madre.

Ella rió.

―Creo que no ―se dio media vuelta y caminó hasta el lienzo más lejano―. Pero creo que esto sí.

La seguí y enarqué una ceja en cuanto mis ojos se posaron en el dibujo.

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Luego de llevar a enmarcar el lienzo llegamos a la casa de mi madre. Había gente en el patio, podíamos escuchar el murmullo de las voces incluso desde el otro lado.

―Deben ser la plaga de amigas de mi madre ―comenté cando caminábamos al lado de la piscina.

―¡Oye! ―me volví para mirarla y ella sonrió―. Mi madre debe estar ahí, también.

Me encogí de hombros con una sonrisa. Cruzamos la piscina y allí, al lado de las flores había una pequeña carpa blanca de tela que cubría una gran mesa en la que había bocadillos dulces y tazas de porcelana a juego con la tetera.

Suspiré. Mi madre a veces podía a llegar a ser una total snob…

―¡Jace, cariño! ―exclamó en cuanto me vio. Pero en cuanto divisó a Clary a mi lado su sonrisa se hizo más ancha aún.

―¡Feliz cumpleaños, má! ―me acerqué a ella y la abracé un poco incómodo por el regalo que había en mi mano derecha. El marco hacía que pesase el lienzo.

―Gracias hijo ―sonrió.

―Feliz cumpleaños, Celine ―sonrió Clary mientras tomaba mi lugar para abrazarla suavemente. Vi que su expresión era sincera y mi pecho no pudo evitar llenarse de calidez―. Espero que éste sea un hermoso día para ti y que cumplas muchos años más.

―¡Suena tan feo! ―bromeó mi madre―. Me haré más vieja cada año…

Clary rió.

―Estas hermosa, créeme.

Ambas se sonrieron con afecto.

―Gracias, cariño ―la mirada de mi madre se deslizó en ambos―. ¿Y qué hacen juntos a esta hora de la mañana? ―preguntó como quien no quiere la cosa. Su rostro era pura inocencia mientras tomaba asiento y nos invitaba a hacer lo propio.

Le sonreí, sabiendo lo que estaba pensando. Clary se ruborizó encantadoramente mientras sentía el peso de las miradas de las demás hurracas que estaban sentadas en la mesa compartiendo ―seguramente― chismes con mi madre.

Jocelyn nos sonrió y apretó delicadamente la mano de su hija por debajo de la mesa ya que estaban sentadas la una al lado de la otra. Así que teniendo clemencia a Clary, contesté:

―Desayunamos juntos ―sonreí―. Y vinimos a traerte tu regalo, claro.

Los ojos de Celine se iluminaron y sonrió cuando elevé y le tendí el cuadro. Estaba envuelto en un papel madera con un moño rojo que resaltaba a la vista.

―Veamos ―murmuró mi madre mientras rompía el papel. Dicen que trae buena suerte hacer eso. Una vez que el regalo estuvo fuera, sus labios se separaron en una "o" perfecta―. ¡Por el Ángel, si es hermoso!

Le sonreí a Clary y ella me devolvió la sonrisa. No me aguanté y me incliné para darle un corto beso en los labios.

―¿Lo has dibujado tú, cariño? ―preguntó Celine a Clary, aunque aun no podía separar sus ojos del lienzo. En él estábamos los tres dibujados ―mi padre en la esquina izquierda superior, mi madre en la derecha y yo en el centro pero debajo de ellos―, solo nuestros rostros, en ricos tonos dorados, marrones y verdes. Yo no sabía cómo Clary lo había hecho, pero había logrado que los tres colores se combinaran a la perfección creando un dibujo con expresión, estilo y armonía.

―Sí ―sonrió Clary―. Es un regalo mío y de Jace. Espero que te guste.

Dos lágrimas cayeron de los ojos de Celine y se puso de pie para abrazar a Clary. Le susurró algo en el oído y pude ver que la expresión de mi chica era de sorpresa pero rápidamente lo encubrió con una sonrisa y acarició la espalda de mi madre.

―¿Y yo qué? ―pregunté, ofendido. Ella me abrazó con una risa.

La mañana terminó de esa manera, nos quedamos un tiempo con las mujeres conversando de cosas banales y mamá nos hizo jurar que estaríamos a la noche en la cena familiar a mí y a Clary. ¿Es que yo acaso alguna vez había faltado? Aunque creo que la insistencia de mi madre era porque yo llevara a Clary más que por otra cosa. Mi padre no vendría hasta el atardecer, por eso ella y Jocelyn habían hecho las compras necesarias para adornar el lugar. Algunas de sus amigas opinaron sobre eso pero mamá no las invitó ya que sería una cena en familia y la única familia invitada era la Morgenstern.

―Nena ―dijo Jocelyn en un momento dado cuando todos estábamos disfrutando de una limonada―, no pude encontrar los mangas que querías. No están por ningún lado.

Clary le sonrió.

―No te preocupes, los conseguí ayer. Es verdad, nadie los tenía. Pero Luke me salvó.

―¿Luke? ―Jocelyn frunció el seño.

―Sí ―asintió Clary―. Tiene una librería, ¿lo sabías?

Jocelyn negó con la cabeza pero no dijo nada más. Tomó la servilleta y se limpió los labios. Fruncí el seño al verla. De verdad que pasaba algo raro allí. Cada vez que le mencionabas a Luke el nombre de Jocelyn, él quedaba atontado por unos segundos. Y ella reaccionaba como si le nombraras a la persona de quien menos quería hablar en el mundo.

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―¿Qué debería usar? ―preguntó Clary mientras miraba dentro de su closet.

―Me gustas más de este modo ―contesté sin poder apartar mis ojos de sus húmedas piernas. ¿Ella se encontraba cubierta tan solo por una toalla que no la cubría más allá de sus muslos y me preguntaba por ropa? ¿era en serio?

Clary me sonrió y extendió la mano para agarrar algo. Sacó dos perchas con dos vestidos.

―¿Qué opinas? ―preguntó, mostrándome los dos.

Los miré e hice un gesto.

―El verde ―era verde y rosa y corto. La parte de los hombros era tejida en verde y suelta que se entretejía con la tela rosa y verde. Ella asintió con la cabeza y guardó el vestido, quedándose con el azul de seda. Reí mientras Clary tomaba la ropa interior del mismo color y entraba al baño con el vestido en la otra mano.

―Mujeres ―farfullé, divertido.

Yo ya me había vestido en mi casa con una camisa gris y un pantalón de vestir negro. No necesitaba peinarme y estaba tendido sobre la cama de Clary, esperando a que se cambiase para ir a la cena.

―¿Quiénes irán a la cena? ―preguntó ella desde el baño.

―Probablemente los Lightwood y nadie más. A mi madre le gustan las fiestas de etiqueta, pero cuando las hace otra persona. Así que seremos pocos.

Ella emitió un sonido de afirmación.

―¿Cómo va el trabajo? ―pregunté. No fue solo para hacer conversación; con Clary podía pasar horas sin hablar en su presencia y no sentirme incómodo, sino que de verdad me interesaba saberlo.

―Magnus quiere que mañana vaya al estudio para hacer unas fotos.

―¿De ropa interior?

―Si ―contestó―. Habló sobre posar con unos nuevos conjuntos que ha diseñado…

―Le pediré a Alec que me dé unas copias de las fotografías ―sonreí.

―Creo que no será Alec quien me las tome. Será un nuevo fotógrafo que se está… ¿cómo lo expresó Magnus? Oh, sí, "abriendo pasos a puñetazos" en su carrera.

No me gustó el hecho de que otro hombre la fotografiara semi desnuda. Podía confiar en Alec, digo, Ales es gay. No tengo problema con ello. Además es bueno en su trabajo… creo. Yo no era un especialista, claro. Pero…

―¿A puñetazos? ―pregunté, si entender el término de Magnus, no había sorpresa allí. Cuando Magnus decía algo podía significar eso mismo que había dicho u otra cosa.

Escuché cómo Clary rió, las paredes del baño hicieron eco a su voz.

―Literalmente. Magnus me contó de que oyó que él golpeó a otro fotógrafo por haberle ocupado el lugar en una conferencia de prensa.

―Huh. Creo que yo también haría lo mismo. Pero si tiene tanta mala reputación, ¿por qué lo contrató Magnus?

Escuché como los pasos resonaron sobre el suelo mientras ella salía del baño. Se veía espléndida y sexy con aquel elegante pero a la vez sencillo vestido. La seda azul contrastaba con su piel y su cabello, haciendo que éste de alguna manera se viera más oscuro. Y sus ojos eran mi perdición.

Clary sonrió.

―Por eso mismo ―contestó.


[N. de A]: Muchas gracias por aún seguir aquí. Y si dejan de leer el fic no me enfadaré, de verdad, lo tengo muy merecido. Pero, ¿qué les pareció el capítulo?

Muchas gracias a: JenWayland-L-H, , Lauren Tomlinson, Alexander Malfoy Black, Clicy013, shineevero, Maru O'shea Wayland, SoffyO'SheaHerondaleCarstairsC, Aleja Cullen Masen, monica, belliblue, Jenny Space, giss, MagicisFidem y al único Guest por sus Reviews en el capítulo anterior.

¡Y recuerden!

Review = Adelanto.

XOXO