Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Sólo la trama es mía.
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De una manera diferente
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-XII-
Clary
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Seis meses después
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—Voy a caerme —le advertí sin poder evitar extender las manos hacia adelante como si fuera una idiota. Seguramente parecía una.
—No te caerás —contestó Jace en mi oído. No pude evitar el escalofrío que me recorrió y supe que él estaba sonriendo por aquella reacción. Bastardo presumido.
—No eres tú el que tiene una venda en los ojos, Jace.
—Pero soy yo quien te está guiando. Y soy tan malditamente excepcional que no te caerás.
Bufé pero no le rebatí. Tampoco iba a admitir en voz alta que quizás tenía razón.
—¿A dónde vamos? —pregunté en cambio.
—Shh.
Rodé los ojos detrás de mis párpados.
Luego de tropezarme dos veces y casi caerme una vez, Jace me hizo subir dos escalones.
—¿Puedo quitarme la venda ya?
—No. Espera un minuto.
Volvió a guiarme unos pasos más y luego la venda en mis ojos desapareció. Parpadeé hasta que mis ojos se acostumbraron a la luz. Y me quedé sin aliento.
Me encontraba en el patio de una casa. Pero eso no fue lo que captó mi atención. Lo que captó mi atención fue que había una mesa redonda cerca de una piscina con agua clara y limpia. Era un sueño de cualquier enamorada, eso podía jurarlo.
La mesa tenía un mantel blanco y largo que la cubría completamente. En el medio había una camino rojo y en el medio de éste un fino jarrón de cristal en el que podían verse rosas rojas. Dos velas encendidas le daban un toque poderosamente romántico. La vajilla era impecable y velas blancas de todos los tamaños había alrededor de de la piscina y a los costados de los escalones.
—¿Qué…? ¿qué es todo esto? —me giré para mirarlo. Con su pantalón de vestir negro y su camisa gris, me dejaba sin aliento.
—Una puesta para una cena —dijo como si fuera lo más obvio. Reí y le aticé en el hombro suavemente con mi puño.
—¡Ya sé lo que es! lo que quiero saber es el por qué de la cena. Y… ¿dónde nos encontramos?
Jace sonrió.
—En mi casa.
Eso sí que era nuevo. En todos estos meses que llevábamos como pareja, nunca me había traído a su casa. Nunca. Cuando le había preguntado por ello él se había removido incómodo en mi cama y me había contestado de que él jamás llevaba a nadie a su casa. Sólo sus padres e Izzy y Alec la conocían. Me pareció algo extraño pero lo dejé estar. Él no me había dado nunca motivos para desconfiar.
Entonces, que ahora me dijera que nos encontrábamos en su casa para cenar… bueno, aquello era algo, ¿verdad?
—Está bien —dije con una sonrisa. Él me la devolvió y yo no pude evitar suspirar y apoyarme en él.
—Amo tus sonrisas —comenté.
—Y yo amo que te derritas en mis brazos.
Ahí estaba. Aquella maldita y tan necesitada palabra.
Amor.
Jace y yo éramos novios, eso estaba claro. Ninguno se lo había pedido al otro como sucedía en las películas ni nada parecido. Simplemente nos habíamos dado cuenta de ello cuando notamos que pasábamos la mayor parte del día juntos, besándonos y haciendo… otras cosas más íntimas. Él prácticamente vivía en mi departamento y salíamos siempre, caminábamos de la mano…
Pero nunca ninguno de los dos hemos dicho un te amo al otro.
—Ven —Jace me guió hasta la mesa y como todo un caballero apartó la silla para que yo me sentara.
—¿Qué vamos a comer? —pregunté, divertida.
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Debía admitir que la cena había sido fantástica. Jace había hecho un cordero exquisito, al igual que la ensalada. Cenamos entre conversaciones y risas amenas.
—¿Qué has hecho hoy? —me preguntó mientras llenaba mi copa de vino y luego la suya. Lo pensé un momento antes de decírselo, pero ¿por qué mentirle?
—Estuve en el estudio. Rafael quería hacer unas fotos con otra iluminación. Salieron bastante bien, a decir verdad.
No lo mostró en la expresión pero sus hombros se tensaron.
—¿Ah, sí?
No entendía la actitud que Jace había tomado en contra de Rafael. Desde el primer momento en que lo conoció, sus ojos dorados lo habían mirado con severidad y solo le había dado un asentimiento con la cabeza. Rafael no se lo había tomado a pecho, por suerte.
—Sí. También acompañé a Izzy a hacer unas compras que necesitaba.
Jace bufó.
—Izzy siempre necesita hacer compras.
Sonreí y sacudí la cabeza, sin rebatirle. Mi relación con ella había progresado mucho en esos meses. Había sido algo muy inesperado pero Simon nos lo había pedido. Yo era su mejor amiga e Isabelle, su novia. Quería que nos conociéramos más porque:
—Son las dos personas más importantes de mi vida —había dicho Simon con simplicidad. Yo no pude rebatirle nada y mucho menos Isabelle.
Así que habíamos hecho el enorme esfuerzo de conocernos, lo que, una vez que comenzamos a hacer no nos tomó mucho tiempo en darnos cuenta que de verdad nos caíamos bien.
—Bueno, no me interesa acompañarla —dije, volviendo a la realidad.
—Claro que no —sonrió Jace.
Seguimos conversando hasta que terminamos de cenar y comenzó a caer el rocío.
—Vamos a adentro.
Lo ayudé a llevar los platos a adentro de la casa y luego merodeé por la sala. Su casa era muy… minimalista, por así decirlo. Era en tonos blancos y negros, muy limpio.
—Es como si fuera habitada por un monje —murmuré.
—Me gusta así —su voz resonó cerca de mi oído. Mi corazón se descontroló en sus latidos—. Es mucho más simple.
Tragué con dificultad y me di media vuelta para enredar mis manos detrás de su cuello.
—Muy lindo —elogié. Y decía la verdad. Aquello era muy Jace.
Una sonrisa se formó en sus labios cuando dijo:
—Y aún no has visto el dormitorio.
Me estremecí.
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Su habitación tenía la misma armonía que el resto de su casa. Las paredes eran blancas pero la cama era completamente negra al igual que el resto de los muebles.
Pero había velas blancas y rojas encendidas sobre las superficies lisas, creando una burbuja dorada en la oscuridad. También había pétalos de rosas rojas y blancas sobre el acolchado negro y en el suelo.
—Eres predecible —sonreí.
Él no respondió, solo hizo un sonido afirmativo con la garganta. Entendible cuando sentí sus labios en mi cuello y sus manos recorrer mi cintura.
—Jace…
—¿Sí?
—¿Por qué…?
Me dejé guiar por él y caí en la cama con Jace encima de mí. Podía sentir en muchos lugares la suavidad de los pétalos debajo de mí. Enredé mis manos en su cabello dorado sintiendo la suavidad de las hebras. Deslizó sus labios sobre mi mandíbula hasta llegar a mis labios. Sus besos eran tan… no podía describirlos pero sabía que nadie nunca me había besado como él lo hacía. Comencé a desabrochar el cuello de su camisa cuando la pregunta volvió a llenar mi mente.
—¿Jace?
Él hizo un sonido impaciente pero alejé sus manos y lo empujé con suavidad para que me dejase sentarme.
—¿Qué sucede? —preguntó con el seño fruncido. Su cabello estaba revuelto por las huellas de mis manos.
—Yo… ¿por qué me has traído a tu casa, Jace? —le pregunté mientras apartaba mi rojo cabello de mis ojos. Él enarcó una ceja—. No me malinterpretes, me encanta que lo hayas hecho —sonreí— pero… me habías dicho que…
—Sé lo que he dicho, Clary —suspiró. Me tomó por la cintura y me colocó sobre su falda. Me acurruqué y acomodé mi cabeza en el hueco de su cuello—. Pero las cosas entre nosotros ya no son lo mismo, ¿verdad? —asentí—. Y ya no pienso que no tengamos futuro. No traía a nadie a mi casa porque no pensaba que valiesen la pena. Si no iba a tener ninguna relación seria entonces era mejor…
Se encogió de hombros.
—Lo entiendo —dije en voz baja. Aunque también me sentía un poco herida al darme cuenta de que antes no consideraba lo nuestro con suficiente seriedad.
—Hey, hey —una de sus manos buscó mi mentón lo levantó para que mis ojos se encontraran con los suyos—. No pienses en eso porque yo jamás lo pensé así y —cerró los ojos y apoyó su frente contra la mía. Aspiró profundamente—… ¡Por el Ángel, Clary! ¿es que no lo ves, ¿verdad?
Lo miré con los ojos abiertos.
—¿De qué hablas, Jace?
—Clarissa —la forma en que lo dijo envió escalofríos a mi espina—, estoy loca e irremediablemente enamorado de ti.
Al principio i cerebro parecía no poder procesar las palabras.
Estoy loca e irremediablemente enamorado de ti.
No supe cómo pero Jace se encontró pasando sus pulgares por mi mejillas para limpiar las lágrimas que caían.
—Dime algo —murmuró.
Asentí con la cabeza desenfrenadamente.
—Yo también estoy enamorada de ti —exclamé mientras lo besaba varias veces en los labios, las mejillas y cualquier lugar donde alcanzara.
Jace rió.
—Loca e irremediablemente enamorada de mí, recuérdalo. Loca e irremediablemente.
Lo besé con pasión, con frenesí de sus labios, del sabor de su saliva. Esta vez fui yo la que lo tiró de espaldas a la cama. Abrí su camisa con ansiedad y acaricié su pecho. Todo él era dorado. Y me encantaba. Lo amaba. Hicimos el amor lentamente, como nunca lo habíamos hecho. Sí, habíamos hecho el amor así pero no con tanta ternura. Con tanto amor. Cuando terminamos, cuando llegamos a nuestra culminación, lágrimas rodaban por mis mejillas. Lágrimas que él se encargó de besar hasta hacerlas desaparecer.
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—¿Te ha dicho que está enamorado de ti? —me preguntó Isabelle al otro día con los ojos enormes.
Mordí mi labio inferior con una sonrisa en el rostro y asentí con la cabeza repetidas veces.
—Ahora entiendo por qué traes esa cara de estúpida —rodó los ojos.
—Cállate —reí—. No sabes lo feliz que me siento. Además, tienes la misma mirada estúpida cuando estás con Simon.
Isabelle hizo una mueca pero no dijo nada. Le convenía.
—Aun no puedo creer que te haya llevado a su casa —exclamó en voz baja mientras caminábamos hacia el estudio fotográfico. Ambas llevábamos puestas batas blancas que tapaban nuestro escaso atuendo. Estábamos por empezar aquella campaña que nos tenía a ambas como protagonistas.
—Créeme, a mí también me sorprendió en un principio.
—Bueno, después de que te haya mencionado la palabra con A creo que no me sorprende —se encogió de hombros pero se detuvo. Me detuve con ella y la miré de manera interrogante—. Clary, estoy muy feliz por Jace y por ti…
—¿Pero?
Isabelle suspiró.
—Pero ten cuidado. Jace nunca ha querido a nadie de ese modo.
Isabelle siguió su camino pero yo me quedé allí. Aunque tratara de no darle importancia, sabía que ella tenía razón.
Suspiré y la seguí hasta llegar a la sala donde sería la sesión de fotos.
Le sonreí a Raphael.
—Hola, Clary —me saludó cuando me vio y se acercó con una sonrisa—. ¿Lista para la sesión de hoy?
La primera vez que había visto a Raphael había pensado que era muy guapo. Y de verdad lo era. Era delgado; no tenía el cuerpo bien construido como el de Jace… y tenía que dejar de pensar en él. Daba miedo ya. El cabello de Raphael era oscuro y tenía la piel morena por el sol… no sabía dónde encontraba sol en New York pero lo hacía. Sus ojos eran casi negros, como los de mi hermano pero los de Raphael eran cálidos.
—Sip. ¿Qué quieres que hagamos?
Él sonrió.
—Es una pregunta peligrosa esa —bromeó.
Me reí pero vi como Isabelle frunció el seño por encima del hombro.
Pasamos la mañana haciendo las fotos. Trabajar con Isabelle era muy cómodo; era toda una profesional. Sabía qué poses hacer frente a las cámaras e incluso me ayudaba con ellas. Lo que me gustaba de ella era que Isabelle era muy honesta. No había personas así ya. No las encontrabas con facilidad.
Una vez que terminamos fuimos hacia los camerinos y no vestimos ya que terminábamos nuestra jornada.
—¿Sabes algo de Simon?
—Claro que sé algo —Izzy rosó los ojos—. Es mi novio por alguna razón, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
—Te sorprendería las clases de novios que hay hoy en día…
Isabelle me fulminó con la mirada.
—Está practicando con su… banda. Tenían ensayo.
Asentí con la cabeza. Cuando llegamos a la salida y antes de que nos acercáramos a nuestros autos, vi que Raphael también salía. Hizo un gesto con la mano en mi dirección y yo me detuve.
—¿Qué sucede? —le pregunté cuando llegó hasta donde yo estaba. Isabelle ya estaba saliendo del estacionamiento con su auto y seguramente dirigiéndose para encontrarse con Simon. Comenzaba a sentirme levemente irritada con él. ¿Es que no tenía tiempo para su mejor amiga?
—Lo siento —se disculpó cuando llegó hasta mi—. Solo quería saber si querías tomar algo.
Hmm. Aquello no sonaba bien porque era algo que hacías cuando eras soltera. Y yo —gracias al Ángel— no lo era.
—Raphael… lo siento pero tengo novio —me sonrojé.
—Oh —él pareció sacado de onda durante unos momentos y luego hizo una mueca con los labios—. No voy a decir que está bien porque de verdad lo siento. Pero me gustaría que por lo menos fuésemos amigos. ¿Está bien eso contigo?
Le sonreí, agradecida porque lo había entendido a la primera. No necesitaba a otro Sebastian Penhallow en mi camino.
—Claro que sí.
—¿Amigos? —levantó su mano y la extendió frente a mí.
—Amigos —confirmé, estrechándosela.
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Cuando llegué a mi departamento, puse algo de Queen en el reproductor y comencé a limpiar porque de veras lo necesitaba.
Comencé por el dormitorio. Cambié las sábanas, limpie los muebles y junté toda la ropa que iba a ir al lavadero. Luego seguí con la cocina —lugar que no necesitó mucho tiempo dado mi carencia de conocimientos culinarios—, para luego comenzar con la sala. Acomodé los sillones, limpié los muebles y la televisión, acomodé las películas en sus cajas correspondientes y las ordené por serie. Saqué todas las cortinas y puse otras en su lugar. Aquellas también irían al lavadero.
Luego de terminar, me di un largo baño de burbujas. Suspiré durante varios minutos de relajación. Cuando esta cambiándome, sonó mi móvil.
—Hola, mamá —saludé apenas atendí.
—Hola, cariño. ¿Qué haces?
—Estoy en casa.
—Oh. Eso es genial. ¿Quieres que pase por allí? Te extraño.
—Yo también —reí—. Ven. Te espero.
—En una hora estoy allí. Adiós.
Luego de colgar me terminé de vestir con una camisa rosa y unos jeans sueltos a la cadera. Mis zapatillas eran verdes, claro. Tomé mi billetera y bajé para hacer algunas compras. No quería que cuando mi madre viniera yo no tuviera nada para invitarle… como siempre.
El supermercado quedaba a una cuadra del edificio así que no me llevó mucho tiempo a decir verdad. Cuando regresé puse la cafetera a funcionar y comencé a hacer uso sándwiches de queso. Me los había enseñado a hacer Jace, el rey del los Sándwiches, claro.
Media hora después alguien llamó a la puerta.
—Hola, cariño —me saludó Jocelyn en cuanto la dejé pasar.
—Hola, mamá. Pasa. Pasa. Creí que estarías en tu taller.
—Oh, no —contestó mientras se sentaba en el sofá—. No tengo inspiración estos días. Parezco estar bloqueada.
—Eso es feo —y de verdad lo era—. ¿Café?
—Claro.
Fui a la cocina y luego llevé todo lo que había preparado a la mesa de la sala. Nos pusimos al día de muchas cosas; hacía tiempo que no pasaba tiempo con Jocelyn y me sentí mal por ello. Me prometí tratar de ser una mejor hija de ahora en adelante.
—¿Cómo se encuentra Jonathan?
—Él no me lo ha dicho, cariño, pero creo que está enamorado.
Enarqué una ceja mientras tomaba otro sorbo de mi café.
—¿Y quién es la afortunada? —o desdichada, agregué para mis adentros con humor.
—No lo sé —Jocelyn negó con la cabeza—. Ya te he dicho que él no me dice nada. Pero conozco a mi hijo; se comporta igual que Valentine cuando comenzamos a salir —sonrió.
—Pues espero que ella le corresponda y que le alegre ese humor de perros que siempre tiene.
—¡Clary! —a pesar de todo, mamá se rió. En ese momento me llegó un mensaje al móvil. Lo miré y sonreí.
—¿Jace? —preguntó Jocelyn.
—No —sacudí la cabeza—. Su jefe: Luke. Ya lo conoces.
—¿Y por qué te está mandando mensajes a ti? —preguntó con el seño fruncido.
—Es que le pedí que me avisara cuando llegaran los nuevos números de Magical Love Gentleman —sonreí.
Ella hizo una mueca.
—Clary, no me parece correcto que te veas con él y te… mandes mensajes. ¿Qué podría pensar Jace? Porque ustedes dos son pareja, ¿verdad?
Rodé los ojos.
—Sí, mamá. Somos pareja. Y Jace no tiene nada qué decir. Además, Luke me cae bien.
Mamá respiró hondo.
—Ya lo sé, cariño. Lucian cae bien a todo mundo. Lo que quiero decirte es que… no me parece apropiado…
—¿Qué sucede con él, mamá?
—Ya sabes que yo lo conocía, ¿verdad?
—Sí —asentí—. Aquella historia de la que nunca mencionaste nada, por cierto.
Jocelyn se sentó recta y supe que estaba a la defensiva.
—Son cosas personales mías, Clarissa. Y no les incumbe ni a ti ni a tu hermano.
Le di una sonrisa tirante, recordando por qué no hablaba mucho con mi madre.
—Pues si… insistes… en que no es apropiado ver a Luke, creo que me debes una explicación, ¿no lo crees?
Ella se puso pálida y se puso de pie, tomando su bolso.
—¿Sabes qué? No he venido aquí para que me cuestiones a mí, que soy tu madre. Pensé que te había criado mejor, Clarissa.
Odiaba cuando me llamaba Clarissa con aquel tono de voz. Caminó rápidamente hacia la puerta y la abrió.
—¡Mamá, espera! —me desperté de mi estupefacción y me levanté para seguirla. Como no teníamos elevador supe que no llegaría antes que yo a la planta baja. Quizás, con mucha suerte. Porque en mi vida había aprendido que mi madre podía perseguirme muy sigilosamente—. ¡Mamá!
Cuando llegué a la planta baja no la vi por ningún lado así que salí del edificio y vi que estaba cruzando la calle para subirse a su auto. Suspiré. ¿Por qué tenía que ser tan melodramática? ¿Qué era lo que escondía?
—¡Mamá! —la llamé mientras se metía al auto y comencé a cruzar la calle. Sin mirar.
Fue un grave error. ¿Por qué? Porque lo último que escuché y sentí fue el chillido de una bocina y el golpe del metal de la carrocería contra mi cuerpo.
Caí y rodé por el duro cemento con un gemido de dolor y luego todo fue oscuridad.
[N. de A]: así que… sí… hace tiempo que no actualizo, ¿verdad? Lo siento. La Universidad y el trabajo sacan lo mejor de mí. De hecho, pareciera que lo exprimen.
Muchas gracias a: Jenny Space, yocel, Clicy013, Chilli Black, Lily Klass, I wanna dance, Jazie, Diclocked, Gwendolyn Tendo, Itzel, carlita canarias, torposoplo12, Nandita21unexplained, Andy y blali por sus Reviews en el capítulo anterior.
XOXO
