Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Sólo la trama es mía.
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De una manera diferente
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-XIII-
Jace
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―Es mi culpa ―sollozaba Jocelyn en el hombro de Celine―. Es mi culpa. Es mi culpa.
―¿Por qué? ¿qué es lo que ha sucedido? ―pregunté por quinta vez, desesperado. Pero Jocelyn sólo sollozó aún más.
―Hijo ―me amonestó mi madre, fulminándome con la mirada. Pero no me importaba. Por el Ángel, si Clary se encontraba adentro de aquella sala y yo no estaba allí con ella.
―Es mi culpa…
Respiré hondo y apreté el puente de mi nariz. Aquella mujer estaba provocando mis nervios.
―Shh. No digas esas cosas…
―Yo ―sollozó Jocelyn― no quise detenerme. Ella me llamaba y yo no me detuve. Por eso Clary cruzó la calle sin mirar.
Había estado entrenando con mi equipo cuando mi madre llamó. Tan solo con escuchar su balbuceo nervioso fue suficiente para detener la práctica. Costó unos minutos pero pude entender que Clary había tenido un accidente.
Sólo tomó una mirada a Luke para salir corriendo de allí.
Mi mente no podía dejar de imaginar los miles escenarios que podrían haber sucedido de camino a la Clínica.
Al llegar me encontré con mi madre, quien sostenía a una histérica Jocelyn entre sus brazos, intentando calmarla.
Ellas no sabían nada así que solo me quedó sentarme junto a ellas a esperar.
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―Doctor, ¿cómo está mi hija?
El doctor, un hombre de mediana edad, le dedicó a Jocelyn un gesto que debía ser una sonrisa.
―La situación es estable pero queríamos comunicarnos con la familia.
―Yo soy su madre.
―Ya veo. La paciente necesita una donación de sangre. Su grupo sanguíneo no es muy fácil de conseguir, por eso queríamos hablar con los padres para que se hagan una prueba de ADN, así podemos saber cuál de ellos es el que podría hacer la donación.
―Sí ―asintió Jocelyn con celeridad―. Lo que sea por mi hija. Yo… llamaré a mi esposo.
Yo me adelanté.
―Yo quisiera también hacerme la prueba ―le dije al doctor. N me importaba si no era familiar de ella (daba gracias por eso) pero si compartíamos el mismo grupo sanguíneo… bueno, algo podría hacer en vez de estar allí sentado―. Solo por si acaso.
El doctor sonrió condescendientemente, como si me entendiera.
―Claro.
Las horas pasaron y Valentine ya se había hecho la prueba junto conmigo y Jocelyn. Estábamos esperando los resultados cuando llegó Magnus.
―¿Cómo se encuentra? ―preguntó. Alec estaba a su lado y ambos lucían tranquilos. De alguna manera eso me enervó. ¿Cómo podían estar tranquillos si Clary se encontraba allí…?
―Y nos hemos hecho unas pruebas para ver quién es compatible con ella para donarle sangre.
Magnus enarcó una ceja en mi dirección.
―¿Tú también? Siempre creí que eran los padres quienes tenían compatibilidades con los hijos.
Me encogí de hombros.
―Así es pero con probar no cuesta nada.
Él asintió y Alec se sentó al lado mío para darme palmaditas en la espalda.
―Simon fue a buscar a Isabelle y vienen hacia aquí.
Me encogí de hombros.
―Isabelle no tiene por qué venir si no quiere ―comenté, mi mente ya viajando hacia la muchacha en la habitación de Clínica.
Isabelle y Clary podían llevarse bien pero no creía que fueran las mejores amigas. Además, Isabelle era muy rara en aquel sentido.
―Lo sé. Pero creo que todos sabemos que Simon no se separará de Clary ―contestó Alec y yo asentí con la cabeza, sabiendo que tenía razón.
―¿No sabes nada de lo que sucedió? ―preguntó Magnus desde mi otro lado.
Suspiré y puse mi rostro entre las manos.
―No mucho ―dije y mi voz sonó grave hasta para mis oídos―. Jocelyn ha hecho la denuncia pero el conductor desapareció sin dignarse a ayudar a Clary. Apreté los dientes y mis manos se transformaron en puños―. Luke está en eso.
Ambos asintieron justo cuando el doctor que atendía a Clary se acercó a nosotros.
―¿Podrían acompañarme a mi consultorio, por favor? ―preguntó, mirándome a mí y luego a Jocelyn y a Valentine.
―Claro.
Nos levantamos y lo seguimos por los pasillos hasta que él nos invitó a entrar en su consultorio.
―Pueden tomar asiento ―dijo mientras él hacía lo propio.
―¿Y bien? ―preguntó Valentine―. ¿Quién será el que donará la sangre a mi hija?
El doctor Washington ―así decía la placa sobre su escritorio. Muy patriótico en verdad, pensé― acomodó os papeles que tenía en las manos sobre el escritorio y luego entrelazó sus dedos y su seño se frunció. Nos miró a los tres y dijo:
―Ninguno podrá donarle nada.
―¡¿Qué?! ―exclamó Jocelyn mientras yo fruncía el seño.
―Lo cierto que es que ninguno…
―Ellos son sus padres ―protesté mientras señalaba a los Morgenstern―. Entiendo que yo no pueda hacerlo porque no soy un familiar pero…
El doctor Washington me interrumpió, explicándome:
―Ni usted señor Herondale ni la señora Morgenstern tienen la compatibilidad requerida para hacerlo. Generalmente en estos tipos de casos es el padre quien mayormente es compatible con sus hijos.
―¿Entonces? ―preguntó Valentine, levantando la voz―. ¿Por qué no simplemente deja de perder el tiempo y saca…?
Con una rápida mirada hacia Jocelyn el doctor se aclaró la garganta y al ver su rostro algo hizo clic en mi mente.
Me dejé caer sobre el respaldo de la silla al mismo tiempo que el doctor le decía a Valentine:
―El problema, señor Morgenstern, es que ni siquiera su ADN es compatible con el de la señorita Clarissa.
El silencio podía cortarse con cuchillo en aquel saloncito en el que estábamos los cuatro. Una vez más llevé mis manos a mi rostro, cubriéndolo para que no se me escaparan las maldiciones.
Valentine no era el padre de Clary. Valentine, nuestra única oportunidad, ya no era tal.
―¿Jocelyn? ―la voz de Valentine sonó sin aliento en el silencio del lugar. No quería mirar pero no pude resistirme e incliné mi vista hacia ellos. El hombre se encontraba mirando con fijación a la mujer pelirroja. Jocelyn tenía las manos sobre su boca y los ojos cerrados. Su cuerpo temblaba y cuando se le escapó un sonido entrecortado, comprendía que estaba por echarse a llorar―. Jocelyn, ¿qué es lo que has hecho?
La mujer sacudió la cabeza.
―Lo siento tanto ―sollozó―. No quería que lo supieras de ese modo…
―¿Qué? ―el rostro siempre compuesto de Valentine se contorció―. ¿No querías que lo supiera…? ¡lo has sabido todo este tiempo! ―acusó con rabia. Se levantó de la silla con tanta violencia que ésta cayó con el respaldo sobre el suelo. Me puse de pie en ese mismo momento, listo para detener al hombre y a su rabia.
―No quería que lo supieras de esta manera. No así ―volvió a repetir Jocelyn, quien no se movía de su lugar.
―Has tenido más de veinte años para decírmelo. ¿Jamás encontraste el momento durante todo ese tiempo? ―preguntó con amargura. Sus ojos negros se habían convertido en dos pozos de furia.
―Señores, por favor ―el médico se levantó de su asiento, tratando de pacificar el aire.
―Cállese ―escupió Valentine, señalándolo con un dedo amenazador―. Usted, cállese ―se volvió hacia su esposa―. Y tú ―esbozó una mueca cruel con los labios―… si tanto quieres a tu adorada hija, dile a su padre que la salve. Yo no moveré un dedo por ella ―y con eso salió por la puerta con rapidez y con paso enfadado.
Un nuevo silencio se instaló en el lugar.
Suspiré y me acerqué a Jocelyn para ayudarla a levantarse. Tranquilizarla para que dejase de llorar.
Pero ella ya o lloraba. Sus grandes ojos verdes ―iguales a los de su hija― se encontraban abiertos como platos. Y su respiración era agitada.
―Su padre ―masculló.
―¿Disculpe? ―preguntó el doctor con el seño fruncido por no haberla escuchado bien.
―Su padre ―volvió a repetir con voz clara―. Su padre tiene que ayudarla.
Se levantó con una rapidez que sería censurada por las damas de la sociedad y salió por la puerta de la misma manera que su marido lo había hecho.
―Diez años de carrera y ésta es la primera vez que me sucede algo así ―suspiró el doctor Washington.
Me encogí de hombros y me despedí para volver con los demás.
Por lo menos había un padre. No importaba quien fuera mientras donara lo que tenía que donar.
―¿Qué es lo que ha sucedido? ―preguntó mi madre en cuanto me acerqué a ella―. He visto que Valentine se ha ido hecha una furia. Y Jocelyn o me ha dicho nada cuando se fue.
―Es complicado ―suspiré.
Ella enarcó una dorada ceja.
―Tengo bastante tiempo, hijo.
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―Señor Herondale ―dijo la voz detrás de la línea―, atrapamos a la persona que atropelló a la señorita Clarissa Morgenstern.
Miré hacia arriba y apoyé la cabeza contra la pared.
Hacía una hora que los padres de Clary se habían ido y aun no habían vuelto. El doctor aun no permitía que nadie visitara a la paciente para enojo mío y de Simon.
Todavía seguía esperando que Jocelyn apareciera con el verdadero padre de Clary. No me importaba quien era, sólo quería que apareciera.
En este maldito momento.
Estaba desesperado pero aquella llamada había levantado mi ánimo. Mataría con mis propias manos al maldito.
―Estoy yendo hacia allí.
―Muy bien ―la línea se cortó.
―¿Qué sucede? ―preguntó mi madre cuando me acerqué a ella.
―Atraparon a quien atropelló a Clary. Iré a la jefatura en este mismo momento.
―Iré contigo ―dijo ella en un segundo.
―No ―puse las manos en sus pequeños hombros con cariño―. Tú tienes que quedarte aquí. Llámame si sucede algo, ¿de acuerdo?
―Yo iré con él ―se adelantó Alec. Lo que significaba que me acompañarían él y Magnus.
―De acuerdo ―asintió mi madre―. Te llamaré si sucede algo.
Salimos de allí y montamos en mi auto.
―Jace, nos matarás si conduces tan rápido ―protestó Alec en una curva.
―Es divertido ―exclamó Magnus, quien se ganó una mirada asesina de su novio.
―Alec, el maldito que atropelló a Clary y huyó está esperándome contra su voluntad en la jefatura de policía. Perdóname por no estar tranquilo como una seda ―contesté secamente.
Es que la gente no me entiende.
―Pero no llegaremos si nos matas primero ―volvió a protestar Alec, aunque ya se encontraba rendido.
―Déjalo que se desquite con la velocidad ―comentó Magnus desde el asiento trasero, mientras inspeccionaba sus uñas―. Aunque prefiero que guarde las energías para desquitarlas contra el conductor. Atropelló a una de mis modelos estrellas, Alec.
El aludido bufó pero no dijo nada más.
Cuando aparqué en el estacionamiento no perdí tiempo en entrar al lugar. Alec y Magnus detrás de mí.
―Soy Jace Herondale del equipo S. .
―Lo estábamos esperando ―respondió el que se encontraba detrás del escritorio, poniéndose de pie―. Sígame ―me dirigió hacia uno de los pasillos ―. Ha llegado usted a tiempo antes de que transfieran a la detenida.
―¿Detenida? ―pregunté. Llegamos a una de las celdas del fondo y mis ojos se abrieron como platos―. ¿Aline?
Ella se encontraba sentada sobre el suelo en una de las esquinas del fondo, acurrucada. Cuando escuchó mi voz, su rostro se elevó y vi que no se parecía en nada a la muchacha que yo había conocido.
―Jace ―musitó con los ojos abiertos. Se puso de pie y caminó hacia mí―. ¡Jace! Has venido a ayudarme, ¿verdad? Sácame de aquí, por favor.
―¿De qué hablas? ―pregunté, confundido―. Aline, por favor, dime que tú no has sido quien…
―¡Claro que he sido yo! ―exclamó ella con aire de haberla ofendido―. Tenía que hacer algo ―dijo mientras sus manos se sujetaban de los barrotes. Sus grandes ojos oscuros brillaban―. Aquella pelirroja te tiene ciego, bebé. Tú no entiendes. Así somos las mujeres. Ella te ha embrujado. Tú no eres así ―extendió una mano a través de las rejas para tocarme pero me alejé lo más que pude―. ¡Tienes que entenderlo! ―chilló ella de repente―. Te amo y tú me amas a mí. ¡Eres mío! ¡mío!
―¡Estás loca! ―gruñí―. ¡Estás completamente loca! No tenías derecho de lastimar a Clary.
―¡Claro que lo tenía! ―dijo ella, furiosa―. ¡Ella me quitó todo! ¡Estoy arruinada por su culpa!
Sacudí la cabeza y me alejé de allí, sin hacer caso a los chillidos que ella emitía mientras me alejaba.
―¿Tienen prueba de que ha sido ella? ―le pregunté al policía que caminaba de regreso a mi lado.
―Hay cámaras de seguridad que registraron lo sucedido. Y tenemos su declaración ―asintió.
―¿Qué sucedió? ―preguntó Alec en cuanto aparecí ante su vista.
―Espero que le hayas dado un buen golpe ―comentó Magnus, cuya vestimenta resaltaba bastante en aquel lugar oscuro.
―Fue Aline ―contesté, frotándome el cabello con celeridad.
―¿Aline? ―preguntó Alec, horrorizado.
―Siempre supe que estaba loca. Pero no para tanto ―a pesar de la ligereza de sus palabras, Magnus me miró seriamente a los ojos―. Deberían hacerle un chequeo psicológico.
Asentí y lo mismo hizo el policía a mi lado.
Luego de algunos papeleos, volvimos hacia el Hospital.
―¿Hay alguna noticia? ―le pregunté a mi madre.
Ella asintió.
―Jocelyn volvió.
―¿Sola? ―pregunté. Por dentro rogaba que dijera que no.
Por favor, que diga que no.
Ella negó con la cabeza y solté un suspiro de alivio. Le había contado a mi madre lo que había sucedido en el consultorio del doctor Washington. Sólo a ella. No iba a decirle a nadie más. Eso era asunto de Clary.
―¿Lo conoces? ―pregunté con curiosidad. Lo ojos de mi madre se abrieron un poco más e hizo una mueca.
―Jace ―iba a decirme algo pero sus ojos se concentraron en algún punto detrás de mí. Seguí la línea de su mirada y vi a Jocelyn, quien se acercaba a nosotros. A su lado había un hombre alto.
Un hombre al que yo conocía muy bien.
Ajunto con Jocelyn, se acercaba caminando Luke.
Su brazo tenía un parche blanco.
Por el Ángel.
―Jace ―asintió él en reconocimiento cuando se acercó lo suficiente.
―Te ves pálido ―fue lo único que acerté a decir.
―Sí, supongo ―se encogió de hombros. Miró a Jocelyn y sus labios hicieron una mueca―. Iré a la cafetería.
―Te acompaño.
Caminamos en silencio durante todo el camino. Cuando llegamos, compré un café. Y Luke se decidió por un café negro y dos medialunas.
Nos dirigimos hacia una de las mesas del rincón y nos sentamos. Pasaron unos cuantos minutos hasta que alguno de los dos rompiera el silencio.
Claro que fui yo.
―Ha sido un día de locos ―suspiré mientras me repantingaba sobre la silla.
―Dímelo a mí ―bufó Luke―. Después de más de veinte años acabo de enterarme de que tuve una hija. Una hija, Jace.
Sacudió la cabeza, aún incrédulo.
―¿Cómo…? ¿cómo fue que sucedió? ―pregunté―. Clary tiene un hermano mayor y supongo que él sí es hijo de Valentine.
―Ella estaba casada ―me interrumpió él, su mirada se encontraba extraviada―. La conocí en un parque ―suspiró―. Recuerdo haber pensado que era la mujer más hermosa que yo había visto en mi vida. No recuerdo qué excusa me inventé para hablarle, pero me acerqué. Y cuando la oí hablar más me enamoré. Era perfecta. Y estaba casada. En ese momento ella y su marido se encontraban pasando por un mal momento. Decía que él ya no le dedicaba ninguna atención. Que se había olvidado de ella y de su hijo y que solo se dedicaba a trabajar.
»―Admito que no debí acercarme; no debí tener ninguna esperanza. Ella ya se encontraba tomada. Fue mi culpa. Pero no pude evitar sentir lo que sentía. Por primera vez me había enamorado y ella parecía corresponderme. Durante seis meses nos vimos a escondidas cuando su marido no estaba en la casa así ella podría escabullirse sin problemas. Siempre de día y en lugares en los que nadie de la alta sociedad frecuentaría. Fueron los seis meses más felices de mi vida. Creí que mi felicidad jamás se terminaría. Pero lo hizo.
―Él no lo descubrió, ¿verdad? ―pregunté, refiriéndome a Valentine.
―No lo sé ―Luke se encogió de hombros―. Sólo sé que un buen día ella apareció y me dijo que ya no quería verme. Que lo nuestro se terminaba. Que su marido no podía saber.
―¿Y tú qué hiciste?
Luke levantó la mirada, sus ojos azules tormentosos detrás de los anteojos.
―¿Qué querías que hiciera? La dejé ir. Era su decisión y por más que le supliqué, ella jamás volvió a mí.
―Y ahora tienes una hija ―murmuré.
―Tengo una hija ―asintió él―. Una hija hermosa. Pero, ¿sabes qué es lo que más me duele, Jace? ―negué con la cabeza―. Que si no hubiera sido por este accidente, Jocelyn jamás me hubiera dicho la verdad.
Ante aquello, no pude decir nada.
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Al otro día, abrí la puerta con delicadeza, sin hacer ningún ruido.
Y allí se encontraba ella.
Tenía moretones en el rostro y brazos pero se veía pacífica. Me consolé sabiendo que ella había podido morir y sin embargo allí se encontraba aún, respirando.
Me acerqué y coloqué le ramo de rosas sobre una de las mesas.
Me senté en la silla junto a la cama y acaricié el dorso de su mano para luego besarla.
Sus pestañas revolotearon abiertas.
―Hey, hermosa―murmuré, tomando su mano.
―Jace ―musitó ella. Sonrió débilmente―. Creí que jamás vendrías.
―No me permitieron entrar ayer pero hoy es otro día, ¿verdad? Además, ¿quién podría resistirse a mis encantos?
Su sonrisa se hizo un poquito más marcada.
―¿Mis padres? ―preguntó. Su expresión se encontraba más despierta.
―Ellos se fueron a descansar. Vendrán a la tarde ―mentí. Porque solo Jocelyn aparecería por allí. Valentine no. Y Luke no sabía qué hacer, pero había decidido que no le diría la verdad ya. Primero esperaría a su recuperación aunque la ansiedad lo carcomiera por dentro―. Jamás me asustes de esta manera de nuevo, ¿estamos de acuerdo?
Ella asintió y le acaricié el cabello.
―Te amo, Clarissa ―murmuré, acercando mi rostro al suyo―. No podría vivir sin ti.
Sonrió y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Acaricié su mejilla.
―Yo también te amo ―murmuró.
Y la besé.
[N. de A]: No voy a disculparme ni escribir pretextos. Simplemente soy una mala autora... ¡LO SIENTO!
El próximo capítulo es el Epílogo.
Muchas gracias a: Nandita21unexplained, yocel, carlita canarias, Clicy013, mariaherondale, Itzel, Dariana, vero, vicc, Zetsuna, Marie Emma Cullen, Luce Pttz Cullen, Natalie, EllieHG, shadowhunter123, yo y a los cuatro Guests por sus Reviews en el capítulo anterior.
XOXO
