Capítulo 2: Primeros encuentros
—Natsu.
Sin pensárselo dos veces, Lucy corrió hacia él. Ya, a unos pocos metros, se paró jadeando. El pelirrosa no se había dado cuenta de las acciones de la rubia. Bueno, mejor dicho, hacía como si no le importara su presencia. Seguía hablando con Happy, mientras caminaba pasando justo al lado de Lucy.
¿Por qué Natsu no le hablaba? ¿Acaso ese idiota se había vuelto ciego? La maga estelar apretó los puños, se giró y gritó:
—¡Salamander!
Esta vez el Dragon Slayer se giró hacia ella, al mismo tiempo que su gato azul. Aunque continuaba reflejando una expresión de pasotismo en su rostro.
—Eso soy yo —respondió el joven mago. —¿Qué quieres?
—Natsu, ¿quién es esa chica?—preguntó Happy volando por encima de la rubia.
¡¿Qué?! ¿Ellos no la conocían? Anda ya, todo esto debe de ser otra de sus estúpidas bromas.
—Chicos, no estoy para bromas. Hoy me han pasado cosas muy extrañas. Volvamos al gremio, necesito hablar con el maestro.
Fue a coger la mano del chico pero este la apartó.
—Hablamos en serio, no te conocemos, ni siquiera estamos en un gremio—admitió con total sinceridad.
Vale, esta situación ya no podía volverse más caótica. Con sudor en la frente, le formuló la pregunta que estaba haciéndose desde esta mañana.
—¿Y Fairy Tail?
El pelirrosa frunció el ceño.
—¿Fairy… Fairy Tail, qué es eso?
Esa declaración hizo que el tiempo se parase. Lucy no podía creerlo, no creía nada de lo que estaba pasando. Esto era una pesadilla, una de las peores que había tenido la chica en su vida. Otra vez estaba perdiendo a su familia. Inevitablemente, una pequeña lágrima salió por su ojo derecho.
—No… —susurró la maga estelar desesperada. —De nuevo no.
—Oye, ¿estás bien?—preguntó el Exceed preocupado.
—Sí—afirmó la rubia—, no pasa nada.
Respiró hondo mirando al cielo azul despejado intentando encontrar la paz en las nubes esponjosas.
—Happy, vámonos—anunció Natsu poniéndose en marcha.
—Pero Natsu, ¿y ella?
—Tenemos cosas que hacer. Además hay nuevas pistas sobre Igneel. Venga, vámonos.
Con eso, se marcharon dejando a la maga celestial atrás. Esta se pensó por un momento si volver a ir corriendo a por su mejor amigos. Claro, ¿y qué le diría? No la recordaba y Fairy Tail, el gremio que tanto amaba, no existía. No tenía ningún motivo para estar con él, aunque en el fondo era lo que más ansiaba.
Se fue caminando hacia un parque que antes había visto. Allí, buscó un lugar en el que refugiarse, tenía muy poco dinero y los hoteles eran caros, debido a que no había mucha demanda en la ciudad.
Optó por refugiarse en un gran árbol que le proporcionaba la suficiente sombra para resguardarse de algunos fenómenos meteorológicos. Se sentó apoyándose en el árbol, también era un lugar ideal para pensar. El último suceso había sido un golpe bajo para ella, demasiadas revelaciones impactantes en apenas unos minutos.
¿Esto era un sueño? No, se sentía como si todo fuese muy real. Se pellizco en el brazo para comprobarlo. No obstante, sintió una punzada de dolor.
Poco después le vino a la mente una imagen del Dragon Slayer de fuego, sonriendo, como siempre le gustaba recordar. Antes se había sentido impotente, al no saber qué hacer cuando estaba hablando con él. Era diferente del Natsu que recordaba, se le veía más distante y pasivo. Le faltaba esa chispa característica de su personalidad. El único que parecía ser el mismo era Happy.
Una pequeña explosión hizo que Lucy volviese al mundo real. Provenía de una de las calles principales que conectaba el parque con el resto de la ciudad. No dudó ni un instante y fue corriendo a ver lo que pasaba.
Al llegar, se encontró con una gran columna de fuego y en medio, un chico de pelo rosa. Sin duda era Natsu. Estaba muy enfadado, lleno de ira hacia un pequeño grupo de personas con aspecto oscuro. La maga estelar se percató de que una de ellas tenía la bufanda de Natsu, ahora ya entendía mejor la situación.
Los miembros del grupo oscuro comenzaron a huir aterrados, incluyendo el que aún tenía el objeto más preciado del pelirrosa. Y la rubia actuó, si dejaba esto en manos del Dragon Slayer, media ciudad acabaría destruida.
Se dirigió rápidamente cerca de donde ella suponía que los ladrones huirían y los esperó preparando sus llaves y su látigo. La maga estelar acertó, los grandes pasos de los malhechores comenzaron a escucharse, a lo lejos. Su intuición femenina nunca le fallaba.
—¡¿Por qué no le devuelves la maldita bufanda?! —gritó uno de los miembros del grupo al que poseía la bufanda.
–¡Son órdenes del jefe! —le respondió en voz alta, sudando. —Y ya sabes lo que pasa cuando incumplimos sus órdenes…—un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo al recordar algunas perturbadoras imágenes. —¡Prefiero mil veces morir calcinado antes que pasar por lo que pasó nuestro difunto compañero!
—¡Ábrete puerta del toro dorado, Taurus!—exclamó Lucy, invocando a uno de sus espíritus estelares.—¡Taurus, acaba con esos ladrones!
—Lo que sea por el fabuloso cuerpo de Lucy-sama—respondió el espíritu estelar con una expresión pervertida en su rostro.
La rubia frunció el ceño, algo mosqueada.
—Taurus…—murmuró la maga estelar.
El espíritu celestial entró en acción, atacando con su enorme hacha a cada uno de sus adversarios, quienes apenas pusieron resistencia y fueron derrotados con bastante facilidad. Después de ganar la batalla, Lucy fue a recuperar la bufanda de Natsu.
—Menos mal—murmuró la joven, la bufanda estaba en perfecto estado.
Y, como si fuera un acto reflejo, la abrazó. Disfrutando de su característica textura y del olor del Dragón Slayer de fuego. Le traía tantos recuerdos… Ahora le tenía mucho cariño y aprecio, aunque no tanto como su dueño; eso ya se encontraba a un nivel inalcanzable.
La maga estelar escuchó un gritó de Taurus, había sido golpeado por Natsu, dejándolo fuera de combate.
—¡Taurus!
Al escuchar el grito de la chica, el Dragón Slayer dirigió su mirada hacia ella descubriendo así que esta poseía lo que andaba buscando. Lucy no podía ni mirarlo, tenía miedo de lo que podría pasar, desprendía demasiada ira.
—¡Toma!—gritó la rubia, entregándole la bufanda —La he recuperado por ti. Es tu objeto más preciado, ¿no es cierto?
Los ojos ardientes del chico se apagaron, y de la nada, se formó una sonrisa blanca en su rostro.
—¡Oh, si eres tú!—exclamó el pelirrosa. —La rubia loca de antes. Perdón por lo de tu amigo. Je,je,je. Es que me descontrolé mucho…
Idiota.
—…y gracias, por lo de la bufanda.
En ese momento, Happy vino volando preocupado y gritando el nombre de su compañero.
—¡Natsu, no vuelvas a hacer eso o si no volveremos a tener problemas con el Consejo Mágico!
—Nah, no te preocupes Happy, esos idiotas no se darán cuenta —afirmó el Dragón Slayer sin preocupación alguna y volvió a mirar hacia la rubia—Oye, eh…
—Lucy—le aclaró la maga.
—Ah, Luigi que te…
—Es Lucy.
—Eso, Luigi, ¿y si…?
—¡Qué es Lucy, idiota!
—Da igual, mira como tú me has hecho un favor a mí es justo que yo te haga uno a ti. ¿Necesitas algo?
La pequeña Heartfilia dudó por unos instantes, ¿qué podría pedirle? `
—Mmm… Bueno, estoy buscando a mi familia—respondió Lucy, con una voz más apagada.
—¿Fairy Tail?
—Eh, sí.
—¿Y creías que yo era parte de tu familia?
—Te confundí, lo siento—se disculpó bajando su mirada al suelo.
—No te preocupes, Happy y yo te ayudaremos a buscar a tu familia.
A Lucy se le abrieron los ojos como platos y a un pequeño gato volador también.
—¡¿Qué?!—gritaron estos dos a la vez.
—Pero Natsu—replicó el Exceed—, ¿qué pasa con Igneel? No has dejado de buscarlo desde que desapareció.
—Ya luego tendremos tiempo para seguir con su búsqueda —aclaró el pelirrosa. — Además, la última pista era falsa y no tenemos ninguna nueva. ¡Quién sabe, a lo mejor encontramos alguna durante nuestra nueva búsqueda! ¿Qué te parece Lui… Lucy?
Esta asintió, le gustaba mucho la idea. Así podría tener más posibilidades de encontrar respuestas y lo mejor de todo es que estaría al lado de Natsu.
¿Encontrará Lucy las respuestas que tanta ansia encontrar? ¿Qué pasará con estos tres ahora que están juntos? ¿Nuevas caras conocidas? ¿Nuevos enemigos?
Segundo y último capítulo corregido, ahora solo queda retomar la historia. Intentaré continuarla lo antes posible, pero el ritmo que adquiera va a depender del instituto.
Nos vemos pronto,
Blake Reese
