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Sus mechones caían descontroladamente sobre el escritorio mientras movía la pluma con rapidez, el rasgueo contra el papel era el único sonido que se escuchaba en todo el salón. Algunos paraban para contemplar lo que habían escrito, otros balbuceaban sus párrafos para verificar si tenía coherencia.

Hermione ni siquiera se detenía a eso, si lo hacía la inspiración se iba, generalmente revisaba al final. Detrás de ella se encontraba Ron que sutilmente le había tocado la espalda con la pluma para que se hiciera a un lado y le dejara copiar, hizo caso omiso, podía ayudarle en otras materias, explicarle, incluso permitirle el plagio, pero en esa materia no, si Snape los atrapaba era evidente que la suspenderían.

Severus se paseaba por todo el salón, mirando detenidamente que sus alumnos no tuvieran acordeones o algo similar. Hermione releyó sus enormes párrafos y una vez que estuvo satisfecha se levantó y entregó el examen, el profesor la miró profundamente.

-¿Está listo, señorita Granger?

-Sí.

-De acuerdo, puede irse – tomó sus cosas y recibió una mirada acusadora por parte de su amigo antes de salir del salón.

Era la última clase así que decidió irse a casa.


La semana de exámenes era insoportable, sobre todo porque sus amigos recurrían a ella para que les explicara temas que no entendieron en clase o que ni siquiera se molestaron en procurar atención.

En la única materia en que Hermione fallaba era en dibujo, detestaba dibujar y era pésima haciéndolo; su madre le hacía burla de que incluso un bebé lo hacía mejor que ella; razón por la cual hizo un trato con Harry ya que para ella las clases de matemáticas con McGonagall eran bastante sencillas; así que él le hacía sus dibujos mientras que ella le dejaba copiar en los exámenes.

Sin embargo, no por eso dejaba de existir el estrés, los malos modos y las entregas finales de último momento, pero todo pasaría y llegarían las calificaciones bimestrales en donde todo mundo comenzaría a ver qué materia sería posible exentar, cuál no y por cuál rogarían en el último bimestre.

El último examen fue el del profesor Flitwick, sin embargo los alumnos no estaban aliviados pues la siguiente clase era literatura. El ambiente estaba tenso, era obvio que muchos no habían leído ni siquiera estudiado para su examen.

-Espero no haber reprobado – dijo Ron a su oído en forma acusadora. Hermione hizo caso omiso, no podía resolverle la vida a todo mundo, lo único que había que hacer para su clase era leer, no era tan difícil.

-Silencio – sólo bastó eso para que el salón pareciera cementerio – Empezaremos a ver el romanticismo – todos los alumnos se miraron entre ellos, estaban atónitos, se supone que ese sería el día en que Snape diera las calificaciones. Ante su sorpresa el profesor sólo torció la boca en una sonrisa burlona.


La campana sonó despertando a los que dormía sobre el cuaderno, Hermione no pudo reprimir una risilla cuando Ron casi cae de su banca.

Todos se dispusieron a salir pues contaban con una hora libre, era el momento perfecto para salir a fumar un cigarro, comer, dormir o ir por una cerveza si los directivos no se daban cuenta.

-Tengo ganas de un café – dijo Neville.

-Vamos – dijo Harry. Los cuatro se disponían a salir cuando Snape los detuvo.

-¿Señorita Granger?

-¿Sí, profesor?

-Necesito que se quede un momento – la mencionada miró a sus amigos.

-En un momento los alcanzo – los tres salieron no sin antes lanzar una mirada de preocupación a su amiga. La mente de la chica trabaja a mil por hora ¿qué quería Snape? ¿Estaba molesto? ¿No le gustó el examen? Se acercó a la mesa.

-¿Le puedo ayudar en algo, profesor?

-Sí – el mencionado tomó una de las bancas y la colocó cerca de su escritorio – tome asiento – obedeció, y acto seguido le entregó un montón de papeles – necesito que me ayude a pasar las calificaciones de sus compañeros a la lista oficial – Hermione se quedó pasmada por un segundo ¿quería que le asistiera?

-De acuerdo – comenzó a decir el nombre del primer examen y su calificación, mientras él anotaba con minucioso cuidado la cantidad referida.

Pasó media hora en lo que terminaron con todos los exámenes; sin embargo, el de Hermione no estaba ahí y su profesor no hizo ningún comentario al respecto.

-Eso es todo, señorita Granger. Creo que todavía tiene tiempo para tomar un café con sus amigos.

-Sí – se levantó y se dispuso a devolver la banca a su lugar.

-Permítame – Snape se levantó y llevó a cabo la tarea.

-Gracias – se dirigió a la salida, contrariada, no sabía si preguntarle o mejor quedarse callada - ¿Profesor, Snape?

-¿Sí? – no levantó la vista de la lista.

-Quería saber qué había pasado con mi examen – la miró y ella sintió un ligero escalofrío – es que no lo vi en el montón que me dio.

-¿En serio necesita ver su examen para saber cuánto sacó?

-Yo…

-No es fácil sacar diez conmigo, señorita Granger, puede preguntarle a cualquiera de los alumnos que se han graduado, incluso en grados abajo lo saben.

-De acuerdo – no entendía si tenía diez o si le estaba reclamando algo – supongo que nos dará calificaciones mañana, con permiso.

-Señorita Granger.

-¿Sí? – lo volvió a mirar.

-Es obvio que tiene diez – ella sonrío complacida, él no se inmutó.

-Gracias… ya me voy.


-¡Bueno! Por fin llegas – dijo Ron al verla entrar con su nariz roja a la cafetería. Hermione se sentó y calentó sus manos.

-Toma – dijo Harry extendiéndole un café.

-Gracias.

-Bueno, ¿y qué quería Sanpe? – los tres la miraban con la interrogante en sus rostros; ella bufó.

-Hacen mucho escándalo por nada, sólo me pidió que le ayudara a pasar las calificaciones de los exámenes.

-¡Qué! – Gritó Ron - ¿Cuánto saqué?

-No creo que sea correcto que te diga.

-Hermione dime, por favor, así sé que si no tengo posibilidad de exentar el examen final seré el primero en pedirte tus apuntes.

-Cálmate, de todos modos eres al único al que se los voy a dar.

-Gracias, eres un ángel.


Manfariel