Todos los personajes aquí presentados son propiedad de Tite Kubo. Yo sólo los uso para nuestro entretenimiento. La aparición de personajes originales será posible en la medida en que completen la historia pero no tendrán mayor relevancia en la trama.


Nota: Este es parte de los fics viejos que he ido desempolvando. Tuve que hacer grandes cosas para tratar de arreglarlo, espero que esos cambios hayan sido para mejor. Es un fic algo largo.

Los comentarios son bienvenidos al igual que las críticas siempre que sean hechas con respeto y con el objetivo de ayudar a mejorar.


Capítulo 1: Noticias no deseadas.

Eran ya alrededor de las nueve de la noche de un día completamente agotador. Había terminado su turno en el hospital un poco antes y, apenas se sintió libre, se marchó a su casa para poder descansar. Al abrir la puerta sólo encontró un monumental desorden. Esto lo llevó a hacer una mueca de desagrado ya que no tenía la menor intención de ordenar nada aun cuando vivir así lo ponía de muy mal humor. Había rechazado la invitación a cenar que la había hecho la chica con la que llevaba saliendo algún tiempo pues lo único que quería en ese momento era darse una ducha, comer algo rápido y ponerse a dormir. A través del teléfono notó la decepción en su voz pero, desde el comienzo de su relación había decidido serle completamente sincero, prefería que se sintiera un poco triste ahora a que terminara totalmente frustrada por no ser él, esa noche, el mejor de los acompañantes.

Apenas hubo entrado, lanzó descuidadamente las llaves encima de la mesa, contribuyendo más aún al caos que reinaba en su hogar. Se lanzó sobre el primer sillón que encontró y se quitó los anteojos para refregar sus ojos. Sentía que le pesaban terriblemente y que no sería capaz de mantenerlos abiertos por mucho tiempo. Había estado en pie desde las seis de la mañana y trabajando desde las siete. Había tantas cosas por hacer en ese hospital que aunque el día tuviera más horas igualmente le faltaría tiempo para cumplir con sus obligaciones. A pesar de todo, amaba su trabajo y se esforzaba por realizarlo de la mejor manera posible. Ese esfuerzo no pasaba desapercibido para el director quien lo tenía sumamente bien considerado. Llevaba algún tiempo y ya estaba completamente habituado a su vida en esa ciudad, lejos de su Karakura. Su casa, aunque pequeña, era muy acogedora. Al comienzo mantener el orden ahí y la organización para hacer todo en su casa, además de trabajar, estuvieron a punto de enloquecerlo y, por un momento, pensó mandarlo todo al infierno pero, poco a poco comenzó a salir adelante por sí mismo, como a él le gustaba. Su vida se repartía casi exclusivamente entre esos dos lugares, el hospital y su hogar, y raramente salía a divertirse. Aparte de sus compañeros de trabajo, no podía decirse que tuviera algún tipo de relación con otras personas y aún con ellos era cortés pero nunca demasiado cercano. Jamás podría establecer los lazos que tuvo con su grupo de amigos en la ciudad de Karakura y tampoco lo buscaba. Se sentía bien así, en soledad, como siempre había sido él. De sus antiguos amigos, apenas si sabía algo. Había dejado la ciudad unos largos siete años atrás y el único contacto que tenía con ella era lo que su padre le contaba por teléfono, nada que él preguntara de todas maneras. Esa vida ya le era ajena y, por lo mismo, prefería mantenerse al margen de ella.

De su vida en el hospital, no es mucho lo que se podía decir. Se sentía satisfecho por todo lo que había aprendido, pero aún quería más. Su ambición en este tema hacía que el director le tuviera gran simpatía y rápidamente alcanzó una elevada posición. "Pronto serás el jefe" bromeaban sus colegas pero él no tenía mucho interés en el puesto. Él era un médico y sólo eso lo llenaba de dicha, el resto eran sólo motes que se colgaba la gente para darse importancia. Y eso él no lo necesitaba, en lo absoluto.

Mientras preparaba algo para comer y miraba el programa de Don Kanonji, pensó en que quizás había sido muy duro con su amiga. Ella era también médico en su hospital y, aunque le provocaba inmensa simpatía, no era capaz de sentir algo más fuerte por ella. Él ya no estaba para esas cosas. Sin embargo, fue tanta la insistencia de sus compañeros de trabajo que, sin darse muy bien cuenta cómo, termino saliendo con ella. La relación no era especialmente apasionada y casi se limitaba exclusivamente al tiempo de trabajo pues raramente salía con ella en su tiempo libre por más que ella lo buscara. A ese paso no sabía cómo aún seguían juntos pero increíblemente así era. Al parecer estar con alguien es mejor que estar solo. Sin embargo, no quería hacerle daño y, probablemente y sin ser consciente de ello, buscaba con su actitud que ella sola se diera cuenta que él no era lo mejor para su vida. Lamentablemente, parecía tener el efecto contrario pues, por más que la ignoraba o rechazaba ella parecía estar cada día más enamorada de él. ¿Qué hacer en una situación como aquélla? Hubiese querido evitarlo pero parecía ser demasiado tarde. Él mejor que nadie sabía lo que era amar sin ser correspondido, por lo mismo, se odiaba por hacer lo que hacía. Se había metido en un campo minado del cual no sabía cómo salir. Estaba tan absorto en su meditación que el sonido del teléfono lo asustó. ¿Quién podía ser a esa hora? Miró la pantalla para ver de quien se trataba. Era su "novia" ¿Qué quería ahora? Hace muy poco que había hablado con ella y ya estaba nuevamente en la línea. Pensó no contestarle y excusarse al día siguiente diciendo que estaba durmiendo pero no duró mucho esa opción. Decidió afrontar su realidad.

—¿Uryuu?— contestó una voz de mujer.

—Sí, con él ¿Me necesitas para algo?

—Eh bueno—, sonaba algo nerviosa— es que estuve pensando y, como tú estás muy cansado quizás sería bueno que fuese a tu casa para así prepararte algo de comer y, quizás, ayudarte un poco con el orden de la casa ¿Te parece?

Uryuu se sentía como un miserable de marca mayor por tener que darle una segunda negativa en menos de una hora pero no podía hacer más, la situación se estaba saliendo de todos los límites posibles y todo porque él no había sido capaz de mostrarse firme. No podía engañarla, ya no más.

—Lo siento pero, ya estoy en la cama y a punto de quedarme dormido, así no soy una buena compañía para nadie—mintió—. De todos modos me gustaría hablar contigo mañana, es algo importante— por fin se había decidido a cortar lo que nunca debió empezar. Pero eso sería mañana, de frente, no así. Nuevamente oyó la voz teñida de tristeza diciéndole que lo esperaba al día siguiente para que hablaran, que se durmiera, que no estuviera despierto sólo por ella, que lo amaba, haciendo con ese discurso que Uryuu Ishida se sintiera peor aún de lo que ya se sentía hace un momento atrás. Al colgar, se lanzó sobre el sofá mirando al techo tratando de buscar una explicación a todo lo que estaba viviendo. Lo experimentado por él tantos años atrás y el sufrimiento que había pasado no le daban derecho a hacer daño a los demás. No, esa no era su intención, él jamás dañaría a nadie, ni a su peor enemigo si pudiese evitarlo. Se desconocía completamente. ¿No sería quizás que realmente deseaba estar con alguien para compartir su vida? De ser así ¿Por qué rechazaba a esa mujer que tanto amor le demostraba? Su cabeza era un enredo monumental. Desafortunadamente para él, el teléfono volvió a sonar ¿Sería posible? Acababa de decirle que no y de asegurarle que dormiría. Por su bien, y el de ella, esta vez no contestaría. Mañana aclararía todo y sinceramente esperaba que todo saliera bien y ella no sufriera mucho pero en ese preciso momento no tenía corazón para contestarle y no lo hizo. Lamentablemente, el teléfono continuó sonando no una, ni dos, sino muchas veces. Uryuu estaba desconsolado por semejante insistencia pero aun así no flaqueó y no contestó. El ruido seguía y amenazaba con volverlo loco. ¿Y si había sucedido algo malo? No, no podía darse por vencido. Estaba seguro que pronto desistiría por cansancio. Pero no fue así, el sonido seguía y parecía destruirle los oídos. Finalmente, vencido, decidió contestar aunque sabía que se arrepentiría de ello. Tomó el teléfono y no miró la pantalla pues estaba seguro de saber de quién se trataba. La voz que lo esperaba al otro lado no era precisamente la que él suponía…

—Vaya, hasta que al fin te dignas a contestar…

Así, de manera cortante, sin saludos ni frases amigables. Nada. La sorpresa de Uryuu era máxima pues no se esperaba el llamado de su padre ya que sólo habían estado conversando el día anterior y, según creía, no tenían mucho de qué hablar en ese momento. Se equivocaba. Su progenitor siempre tenía algo que decir.

—Discúlpame, ya estaba dormido. No creí que tuvieras algo importante que decirme, no esperaba tu llamado.

—Claro, como hablamos ayer— Ryuken Ishida pronto comenzó a explicar el motivo de su llamado—: Si no te dije nada ayer fue porque no estaba seguro todavía, eso es todo.

Uryuu no entendía nada. Su padre jamás lo llamaba a esa hora y menos dos días seguidos y ahora decía que algo debía comunicarle, que no lo había hecho ayer porque no estaba seguro ¿Qué tendría en mente? No sabía por qué pero un extraño presentimiento se instalaba en su corazón.

—Necesito hacer un viaje fuera del país, por un período no tan breve de tiempo, y debo dejar a alguien de confianza en el hospital…— Uryuu no necesitó seguir prestando atención a lo que su padre decía para saber exactamente qué era lo que buscaba: a él. Era el elegido por su padre para suplantarlo, algo que veía difícil, sino imposible, pues no podía dejar abandonado su puesto en el hospital en el que estaba trabajando así, de la noche a la mañana. Tampoco podía dejar su vida para volver a Karakura después tanto tiempo. Además, no estaba seguro de querer volver ahí, no aún. No se sentía preparado para ello.

—Verás, no puedo aceptar tu oferta, tengo mis propias responsabilidades aquí. Hay pacientes a mi cargo y no puedo dejarlos así tan de repente. Además el director confía en mí para desarrollar ciertos proyectos. No lo dejaré solo justo ahora.

Se sintió un denso silencio al otro lado de la línea, silencio que duró algunos segundos. Luego Ryuken Ishida retomó el diálogo:

—Creo que no te expliqué bien o tú no entendiste bien. Ya está todo solucionado. Hablé con el director del hospital en donde te desempeñas y me dijo que no había problemas en que te ausentaras un par de meses. Él dejará otra persona a cargo y todos los proyectos en los que tú estabas incluido se pospondrán. Bien ¿Para cuándo te espero?— Al parecer la decisión estaba tomada y no había mucho donde elegir. A Uryuu le molestaba discutir con su padre principalmente porque quería establecer algún tipo de relación más cercana con él, lo que se veía bastante complicado por más que tuviese las mejores intenciones. Quería negarse a la propuesta pero no era realmente capaz de hacerlo. Tampoco era capaz de volver, se sentía entre la espada y la pared. Quizás ese lapso de tiempo le podría servir para reencontrarse consigo mismo y con el joven Uryuu que había quedado atrás. Sin embargo, y eso lo tenía muy claro, no quería encontrarse con sus amigos de juventud.

Padre e hijo estuvieron hablando por cerca de media hora sobre el tema, Uryuu mostrándose dispuesto a negociar una salida conveniente para todos y su padre mostrándose inflexible. Finalmente, Ishida hijo fue vencido y, muy a su pesar, decidió volver a Karakura pero por un tiempo menor al que su padre le indicaba, aunque ya sabía que no sería así y terminaría pasando la temporada completa en su ciudad.

Una vez que la conversación entre padre e hijo había finalizado, Uryuu se tendió nuevamente en el sofá con los ojos clavados en el techo. No podía entender cómo había cedido ante las exigencias de su padre. Deseó ser joven nuevamente y poder desafiarlo como aquélla vez en que fue a Hueco Mundo sin su aprobación y desafiando completamente sus exigencias… Era imposible hacerlo hoy en día: esa vez tenía una poderosa razón para enfrentarlo, una poderosa razón por la cual luchar; hoy, no tenía absolutamente nada. Ya no tenía hambre ni deseos de ver televisión. Se dirigió a su habitación para ordenar algunas de las cosas que llevaría en su viaje y luego se metió en la cama a dormir. O al menos eso trató de hacer.

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El día no podía comenzar de la peor manera: se acababa de quedar dormido para llegar al que posiblemente sería su último día de trabajo en aquel hospital en mucho tiempo. Se vistió lo más rápido que pudo y salió. Allá, lo primero que encontró fue a su jefe esperándolo para comunicarle la noticia de su breve traslado.

—Ya estaba enterado—, respondió Uryuu—y no crea que me alegra del todo. Espero volver en cuanto me sea posible.

El viejo médico lo miró. Le agradaba el joven y sí, lo extrañaría muchísimo. Pero las obligaciones familiares están antes. El viaje de Uryuu no podía esperar.

—Nos veremos pronto, no te preocupes. Y espero verte renovado— finalizó el hombre. Uryuu no entendió la frase completamente y tampoco le dio importancia en ese momento. Trató de retirarse rápido porque igual esta despedida lo entristecía en cierta medida y no quería que su jefe se diera cuenta de eso. Por eso, apenas pudo corrió a su oficina para recoger algunas cosas que le harían falta en su nuevo empleo. Estaba en eso cuando tocaron a la puerta. Él le indicó a la persona que entrara. Era ella, su novia, si es que podía ser llamada de esa manera. Su nombre era Maki.

— ¿Cómo estás?— comenzó ella al ver que Uryuu no se decidía a empezar un diálogo. Uryuu se notaba algo nervioso, no sabía cómo explicarle lo que tenía que explicarle. La tomó de la mano y le pidió que se sentara junto a él. No sabía cómo partir pero debía hacerlo, era el momento.

—Mira, lo que tengo que decirte no es tan simple—, Uryuu partió con algunos rodeos— tal vez nos apresuramos un poco en intentar algo ¿No crees?

Ella le contestó que no que ella estaba segura. Las cosas se estaban complicando, no estaban saliendo según lo esperado.

—Mira, no quiero herirte pero yo no me siento seguro de querer tener una relación. Además, acaban de comunicarme que seré trasladado por un periodo indefinido a otra ciudad.

— ¿Qué ciudad?

Uryuu se tardó un momento en responder porque sospechaba el efecto que aquella información tendría en su compañera.

—Karakura…

La mujer hizo un gesto como queriendo decir que ya entendía todo. Karakura, la ciudad de Uryuu. La ciudad de esa mujer.

—Te vas por ella ¿verdad?— interrogó la mujer con los ojos llenos de lágrimas.

—No, no es por ella. Son razones de trabajo.

La mujer dudó un poco pero decidió finalmente confiar en él. Si Uryuu decía que no volvía por alguna mujer de su ciudad, ella le creía. Finalmente, un poco más calmada y, al parecer más resignada, le preguntó si podía hacerle una visita fugaz uno de estos días. Uryuu sabía que no debía aceptar pero no pudo negarse. Maki se sintió un poco más animada.

—Lo único que espero es no encontrarme con esa mujer— dijo mientras salía y cerraba la puerta tras de sí. Uryuu se quedó un momento en silencio, pensando en lo que acababa de oír. Luego, apoyó la frente sobre el cristal de su ventana y suspiró. Sinceramente, él tampoco tenía deseos de encontrarla.