Capítulo 2: Sorpresas
Su primer día de trabajo en Karakura lo dejó literalmente reventado, completamente exhausto. No podía entender cómo su padre había acumulado tanto por hacer siendo él tan responsable. Lo único que se le ocurría era que lo había hecho a propósito para hacerlo sudar y trabajar duro…¿Cuál sería su intención?
—Nunca pensé que tendría que hacer tanto en mi primer día de trabajo— se dijo el muchacho y es que, desde su llegada a la ciudad, no había parado ni un minuto a descansar. Había llegado tarde la noche anterior y apenas tuvo tiempo para cruzar unas pocas palabras con su padre quien ya iba saliendo en su viaje quién sabe dónde. Apenas tuvo tiempo esa noche para desempacar y hacerse un espacio en su antigua casa, tomar una ducha, comer algo y lanzarse a la maravillosa aventura de dormir, que mucha falta le hacía.
Parecía que sólo habían pasado unos segundos cuando sonó el despertador y tuvo que volver a ponerse de pie. "Es como si no hubiese dormido nada" pensó desconsolado. Pero no tenía tiempo para lamentarse, su nuevo empleo le esperaba. El hospital estaba tal cual lo recordaba, nada había cambiado realmente, quizás había un poco más de espacio, más pacientes pero, en el fondo, era el mismo hospital de toda la vida. La nostalgia lo invadió mientras lentamente recorría los pasillos. Muchas veces él mismo había estado internado ahí y sus amigos de juventud lo acompañaban. Cerraba los ojos y parecía que aún sentía el aroma de una chiquilla de cabello naranja que parecía preocuparse por el bien de todos antes que por ella misma. Casi podía escuchar su risa en el pasillo. Creía sentirla aún a su lado pero las obligaciones lo devolvieron a la triste realidad. No estaba ahí en calidad de paciente sino de médico que debía ayudar a otros a recuperarse y, además, tampoco sus amigos estaban ahí, ni lo estarían nunca más. Suspiró nostálgicamente y volvió a sus obligaciones.
La lenta jornada que, al final del día, se estaba poniendo tediosa culminó con un llamado de su, ya no sabía cómo llamarla, amiga o novia de su anterior trabajo. La mujer se mostraba algo ansiosa, hablando atropelladamente: quería conocer muchos detalles que el mismo Uryuu ignoraba y se empeñaba en obtener algún tipo adicional de información.
— ¿Y cómo encontraste la ciudad?
—Bien.
—Y el hospital ¿ha cambiado mucho?
—No.
— ¿Te has encontrado con gente conocida?
—Sólo la gente que aún trabaja aquí y que está desde la época en que yo estudiaba…
— ¿Nadie de tu escuela?
—Nadie.
— ¿Estás seguro?—insistía la mujer, nerviosa ante la idea de escuchar algo que en realidad no quería escuchar.
Se sentía un poco fastidiado. Él comprendía adónde quería Maki llegar. Le hubiese gustado decirle que no, que no se había encontrado con Inoue Orihime y que, probablemente, jamás lo haría ya que, según lo que creía, ella no vivía en esa ciudad aunque aún no podía estar completamente seguro. Pero conocía a Maki y no, no quería causarle ningún tipo de disgusto. Confiaba en que el tiempo y la distancia la haría desistir de tener algo con él. Ella era una buena mujer, merecía ser amada por alguien bueno y, lamentablemente, él no era ese alguien, ni lo sería jamás.
—Pero entonces ¿no has hecho nada?
—Bueno, aparte de trabajar, que es mucho, no he tenido mucho tiempo libre, nada en realidad. Llevó aquí sólo un día…
La mujer pareció tranquilizarse con la respuesta. Aunque intentaba confiar ciegamente en Uryuu su miedo a que se encontrara con esa mujer del pasado la volvía loca. Según lo que él le había dicho, Orihime jamás sintió nada especial por él excepto el cariño de amigos que profesaba a todos los de su grupo. ¿Por qué se preocupaba tanto entonces? No era sano para ella. Ni para Uryuu. Ni para nadie.
En cuanto Uryuu colgó el teléfono sintió que una oleada de angustia lo invadía. Sentía que se hundía en un pozo sin fondo en el Maki también se hundía. Esta triste situación lo estaba poniendo cada vez peor.
ooooooooooooooooooooooooooo
Los días de Ishida Uryuu en Karakura transcurrieron de igual forma, algo monótonos. Entre el hospital y su casa, sin tener mayores relaciones con nadie a excepción de algunos colegas, como había sido su vida hasta entonces. Nada había cambiado realmente. En medio de su soledad había adquirido el hábito que tenía en su juventud: coser y bordar. Aunque al principio notó que había perdido totalmente la práctica pronto, poco a poco comenzó a realizar las creaciones que tanta admiración causaban antaño entre las chicas. Sin embargo, sólo lo veía como una actividad para matar el tedio que lo acechaba pues ya no tenía a nadie a quien entregarle sus trabajos. Una noche, en medio de su labor relajante, recordó la época en que se infiltraron en la Sociedad de Almas. Para entonces, apenas conocía a los chicos con los que tanto compartió pero aun así sintió desde el primer momento un lazo indisoluble, demasiado fuerte para ser roto entre todos ellos. Pensó en Kurosaki Ichigo a quien todas las circunstancias de la vida lo ponían como un virtual enemigo pero por quien llegó a sentir un gran aprecio, a pesar de su, para Uryuu, fastidiosa forma de ser. Lo último que supo de él era que también había vuelto a la vida de un mortal cualquiera, seguramente sería ya un reputado médico y que, al igual que él, había abandonado la ciudad. Probablemente Orihime estaba con él. Era lo más lógico considerando lo mucho que ella lo quería. ¿Cómo habría sido la vida de ella hasta entonces? Hermosa, seguramente. Deseaba de todo corazón que fuera muy feliz.
Después de tres semanas de intenso trabajo, Uryuu fue forzado a tomarse un día libre, contra su voluntad. Sentía que, siendo él el director del hospital, debía ser el que más se esforzara para hacer que las cosas marcharan a la perfección. Pero el cansancio estaba haciendo mella en él y, creyendo que necesitaba relajarse unas horas, aceptó la oferta: se tomaría un día. Sin embargo, ya a las dos horas de estar en casa sin hacer nada se sintió aburrido e inútil, dudando de inmediato de la decisión que había tomado. Para acortar el día decidió salir a comprar algunos hilos y agujas que necesitaba para seguir con sus labores manuales y no pensó en más lugar que al que solía acudir cuando era más joven, si es que aún estaba en pie. Lo estaba e igual de abastecido que siempre. Al cabo de unos pocos minutos ya tenía todo lo que necesitaba en su poder por lo que era hora de irse a casa a terminar sus creaciones.
Había caminado un par de metros cuando una voz que se le hacía conocida lo llamó por su nombre. Era la hermana pequeña de Kurosaki, Yuzu.
—Hace mucho tiempo que no te veía por aquí, Ishida Uryuu ¿Cómo has estado?—. La chica lo saludó cortésmente, como era su estilo.
—Vivo fuera hace algunos años—. Uryuu fue un poco más seco en su trato pero aun así fue amable, como solía serlo. En realidad le incomodaba un poco encontrarse con conocidos, quería llegar pronto a su casa pero no podía negar que sentía cierta curiosidad por saber de Kurosaki, qué había sido de su vida…
Yuzu sonrió. Le comentó que su hermano vivía también afuera, que era un destacado profesor de escuela. Esa fue la primera sorpresa para Uryuu, habría jurado que Kurosaki Ichigo era un médico, igual que él. Esa fue una de las razones por las que dejó la ciudad, según él. Karakura era demasiado pequeña para ambos. Pero, las sorpresas no se detuvieron ahí. Según lo que Yuzu le contó, Ichigo tenía un hijo de madre desconocida, a quien aún no conocían en casa, y permanecía soltero. Jamás le habían conocido relación amorosa alguna.
—Dice que nos hará una visita pronto pero yo no sé, no le creo. Muchas veces antes nos ha dicho eso y no ha aparecido—, Yuzu sonó algo triste—: espero que esta vez sí cumpla su promesa— terminó sonriendo nuevamente antes de despedirse diciéndole que le avisaría si Ichigo los visitaba para que él también pudiera verlo.
Ichigo solo. A Uryuu le costó convencerse. Todo este tiempo había creído cosas que nunca fueron pero, en el fondo, para él, aun sabiendo la verdad de las cosas, nada cambiaba. Él estaba también solo pero ¿Y dónde estaría Inoue? Yuzu jamás la mencionó por lo que concluyó que no era parte de la vida de Kurosaki ¿Qué había sido de ella entonces? Se sintió tontamente ansioso de saber algo más pero se contuvo. No era lo correcto. Seguramente ella tenía su vida, al igual que Kurosaki, al igual que él. Era mejor que todo se quedara como estaba hasta ahora.
Muchas gracias a quienes leen y comentan.
