Disclaimer
Como era ahora y en un comienzo los personajes pertenecen a Tite Kubo. Yo sólo los uso para nuestro entretenimiento.
Nota
Muchas gracias a todos los que pasan, leen y dejan su opinión. Eso es muchísimo para mí. Especialmente a Flower of Night por su apoyo desde el principio. A ella va dedicado este capítulo y el resto de la historia.
Capítulo 5: Recuerdos de un pasado no tan lejano.
Volvió a escuchar la grabación. Era la quinta vez que lo hacía y aún no podía convencerse, y menos entender, por qué Kurosaki lo estaba buscando. Pero ahí estaba con la misma voz de siempre, algo más calmada que en su juventud, diciéndole que quería hablarle. ¿A él? ¿De qué?
Se sentó en el sofá y comenzó a tratar de calmar su mente. Habían sido días muy estresantes, cansadores. Era como si diez años hubiesen transcurrido en unas cuantas horas sin que él tuviese más remedio que ver cómo una infinitud de eventos inesperados pasaban por su vida, sin siquiera él así desearlo, y ponerlo en el centro de lo que parecía una disparatada telenovela. Primero fue Inoue-san la que aparece de la nada e interviene en su rutina, como solía hacerlo de niña, pero ahora más lejana e inalcanzable que nunca. Luego, los jóvenes colegas que le brindaron su amistad sin que él se lo pidiera, y sin que él mismo estuviera dispuesto a ofrecer la suya de vuelta. Y ahora Kurosaki. En todos estos años jamás había tenido siquiera un mínimo de información de él, y tampoco quería tenerla, y ahora reaparecía desde el pasado pidiéndole hablar con él como se le dice al mejor de los amigos. Pero ellos dos nunca habían sido amigos, según Ishida. Lo que él no sabía era que para Kurosaki sí lo era, siempre lo había sido, en el peculiar estilo de Ichigo, y ahora era al único que se sentía capaz de hablarle sobre algo que lo atormentaba.
Eran tantos los pensamientos que la abrumaban la mente que, para cuando abrió los ojos, cayó en la cuenta que se había dormido en el sofá. Le pareció haber dormido mil horas, y hasta creyó estar retrasado para ir a trabajar pero al mirar su reloj se dio cuenta que aún estaba bastante holgado de tiempo. Decidió comer algo, porque el hambre lo estaba matando de verdad, mientras ordenaba las cosas para irse al hospital. En eso sonó el teléfono. Ese sonido le paralizó el corazón y por un momento pensó que el momento de hablar con Kurosaki había llegado. Se alivió un poco al ver que, ante su indecisión entre contestar y no, el teléfono dejó de sonar. Pero su alegría no duró mucho pues el aparato volvió a sonar, más fuerte que nunca. Se tranquilizó pensando que no podía ser Kurosaki tan temprano, probablemente era de su trabajo por lo que contestó.
—Hey Ishida, al fin te encuentro…
Era él. Kurosaki. Con su tono habitual, entre desganado e impertinente, con la misma forma irrespetuosa de tratarlo. Era él.
—Kurosaki, qué sorpresa—. Fue lo único que atinó a decir. Era tanto el asombro de volver a hablar con Kurosaki que apenas se le ocurrían las palabras. Para Ichigo, sin embargo, era lo más normal del mundo, o al menos eso parecía: comenzaba la conversación como si sólo el día anterior hubiese hablado con Uryuu.
— ¿Sorpresa? Entonces no escuchaste mi mensaje.
"Sólo cinco veces" pensó Uryuu.
—Lo siento Kurosaki, no tengo mucho tiempo libre para estar en casa— mintió.
Una pausa se dio al otro lado de la línea, más larga de lo que Uryuu hubiese querido.
—Bueno, no importa. Sólo quería saber si estás habitualmente en Karakura o es algo temporal. ¿Estarás ahí en las próximas semanas, un mes quizás?
—Ahora estoy viviendo aquí por un tiempo indefinido Kurosaki…pero sí, será más de una semana o un mes.
—Bien, yo estaré viajando a Karakura a finales de la próxima semana ¿Crees que podamos conversar?
Uryuu se quedó pensativo un rato. ¿De qué podía tratarse? Hasta donde recordaba no había dejado cuentas pendientes con Kurosaki. Ni tampoco quería retomar su contacto con él. Era muy pronto. Además ¿Qué sería de Inoue-san si él volvía? Ella ahora estaba casada.
—No creo que tengamos algo de qué hablar Kurosaki—. Fue la cortés pero muy tajante respuesta.
—No, nosotros no tenemos nada de qué hablar. No hay nada pendiente entre nosotros. Es sólo que— titubeó a la par que su voz dejaba notar cierto nerviosismo—, es sólo que necesito hablar con alguien, sobre cosas…del pasado. Y no puedo confiar en nadie más…
¿Pasado? ¿Tendría que ver con Inoue-san? No podía decirle que sí. Pero tampoco podía decir que no.
—No siento ser el más capacitado para esto, Kurosaki. Pero si quieres hablar con alguien, puedes confiar en mí.
Uryuu creyó estar cometiendo el peor de los errores, pero él siempre hacía las cosas pensando en los demás y no en él mismo.
—Muchas gracias Ishida, espero verte en Karakura entonces—. Ichigo se notaba más tranquilo después de la respuesta afirmativa. Le hubiese gustado compartir un poco más con Ishida pero los gritos de un niño pequeño interrumpieron el diálogo.
—Siento tener que acabar nuestra conversación aquí, Ishida pero debo llevar a mi hijo al colegio. Hasta pronto.
Una vez que colgó el teléfono, Uryuu se sintió peor que antes. La incertidumbre lo mataba. "Cosas del pasado" ¿Qué podría ser? ¿Y qué tenía que ver él en eso? Sólo esperaba que el tema no tuviera que ver con Inoue-san. Él no podía permitir que le hiciesen daño.
El tiempo pasó volando. A finales de esa misma semana se supone que llegaba Kurosaki y su hijito a Karakura. Uryuu había hablado un par de veces con él por teléfono desde aquella primera vez pero no fue mucha la información que pudo obtener de sus labios. Sólo se enteró que Kurosaki volvía para quedarse, o al menos eso pretendía él. Había dejado la escuela donde trabajaba y venía dispuesto a volver con todo a su ciudad. Algo que ponía muy nervioso a Uryuu era el hecho de que Kurosaki jamás había nombrado a Inoue-san en todas las veces que hablaron ni siquiera para saber cómo estaba, qué era de su vida. Eso a veces lo tranquilizaba al creer que no tenía ni el más mínimo interés en ella y otras veces, lo inquietaba: quizás ella era la razón de su regreso justo ahora que ella estaba feliz con otra persona.
"Tranquilo" trataba de calmarse a sí mismo "Independiente de cuál sea la razón por la que Ichigo vuelve, tú no puedes intervenir en sus deseos. Si es Inoue-san la causa, la última decisión será de ella. Sólo espero que no sufra"
Mientras tanto, la vida seguía. En el hospital había comenzado a tratar más a menudo con los dos hombres del bar. Suzuki, el más borracho, demostró ser un gran profesional y muy responsable. Aunque Ishida trató de ponerlo a prueba, jamás llegó bebido a su trabajo. Tampoco bebía ahí y no lo había vuelto a encontrar en algún bar aunque eso era porque él mismo no los frecuentaba. Del otro, Ozu, no había mucho que decir aparte de ser un mujeriego impresionante pero eso, para su fortuna, no lo afectaba mayormente en su labor.
En su vida privada, nada. Aparte del "factor Kurosaki" nada más pasaba. A Orihime sólo la había visto un par de veces en las que trataba de no encontrarse con ella cara a cara por lo que se escondía y se escabullía como podía. Tenía tanto miedo de estar cerca de ella. Por más que hacía los esfuerzos más sobrehumanos, no había caso, ella lo derrotaba, no podía sacarla de su cabeza. Se dormía en las noches evocando los tiempos en que deambularon juntos por la Sociedad de Almas y despertaba con la esperanza de verla ese día. Pero si la divisaba por ahí sólo huía. Se sentía el mayor de los estúpidos sin embargo él juzgaba que esa era la manera de tratar el asunto. Huir. Como los cobardes.
Lo que Uryuuu ignoraba era que Orihime sí se daba cuenta que él huía de ella. Al principio creía que era producto de su imaginación: —Ishida-kun está tan ocupado que es normal que no me vea—, se consolaba ella misma. Eso se puede creer la primera vez, quizás la segunda. Sin embargo cuando la situación se volvía una constante ni siquiera una persona tan bien pensada como Orihime podía pasarla por alto. Se sentía extremadamente triste y culpable. Seguramente había dicho o hecho algo que ofendió terriblemente a su amigo y, por su culpa, ya no podrían retomar la amistad que habían tenido hace años. Y la ilusión de aquello le había devuelto todas las ganas de vivir, hasta ahora. Quería tanto saber qué había pasado pero cada vez que intentaba hablar con Ishida-kun, él se esfumaba. ¿Qué había hecho?
Nadie más que Ishida Uryuu esperaba a Kurosaki el día que éste regresó a Karakura. Prácticamente no había cambiado nada, él mismo chiquillo de pelo naranja y actitud imprudente. Traía a su pequeño hijito dormido en los brazos y poco equipaje considerando que pretendía quedarse ahí.
—Luego enviarán mis cosas. Preferí traer las cosas de Koki, él las necesitará más—, aclaró.
Koki era el niño. Uryuu lo observó un momento y se dio cuenta que no tenía nada de Kurosaki, no se parecía a él en lo más mínimo. Era de piel muy blanca y cabello castaño. Dedujo entonces que el niño debía parecerse a su madre.
— ¿Te parece si vamos a dejar a Koki a la casa de mi padre y luego vamos a tomar algo?
A Uryuu le pareció razonable. Si Kurosaki quería hablar lo lógico sería que él niño no estuviera presente. Debía estar muy cansado. A pesar de que la casa Kurosaki no estaba tan cerca de la estación de trenes, hicieron el trayecto caminando, sin mucho que decirse porque todos esos años sin verse sí que habían menguado su relación, como quiera que esta se hubiese llamado: amistad, cordialidad. Hablaron de trabajo, de lo que habían hecho en ese tiempo, como habían cambiado etc. Kurosaki Ichigo no perdía la oportunidad de hablar de su Koki, a quien parecía adorar lo que era obvio, si era su hijo. Uryuu estaba sumamente intrigado por saber quién era la madre porque durante todo el diálogo, Kurosaki jamás había hecho la más mínima referencia a ella ¿Habrían terminado mal? ¿Vería ella a su hijo? Sintió que era muy pronto aún para obtener esas respuestas.
Aunque se negara a admitirlo, a Uryuu le había distraído muchísimo la conversación con Kurosaki pues casi sin saber cómo ya estaban fuera de la clínica Kurosaki. Ichigo tocó el timbre.
—Comprenderás que ya no vivo aquí por lo tanto no tengo llaves—. Agregó divertido.
Una joven mujer les abrió la puerta. Ichigo parecía saber quién era, seguramente su padre le había contado:
—Tú debes ser el médico que mi padre contrató para que le ayudara…
—Así es. Usted debe ser su hijo, Kurosaki Ichigo—. Respondió la mujer.
Uryuu miró incrédulo. ¿Sería posible?
—Maki ¿qué haces aquí?
La mujer sonrió levemente. Sí, era su ex compañera o como se llamase lo que fue. Estaba ahí, con su túnica blanca, en la casa de Kurosaki sirviendo de ayudante a Kurosaki Isshin.
— ¿Cómo estás, Uryuu?
— ¿Se conocen? —. Preguntó un sorprendido Ichigo a lo que parecía evidente dada a la familiaridad con la que se trataban.
—Sí, hace algún tiempo—. Contestó ella.
Ichigo hizo pasar a Uryuu, no veía el sentido de estar parados en la puerta. Además quería recostar a su hijo que se estaba volviendo más pesado. Uryuu se quitó los zapatos e ingresó no sin antes lanzarle una mirada a Maki, no muy cariñosa. "Ya hablaré con ella" pensó.
Una vez dentro fueron recibidos por Kurosaki padre quien no dudo en lanzarse sobre su hijo sin importarle que éste llevara a su nieto en brazos. Para cuando Ichigo se soltó del abrazo de su padre, el niño estaba despertando.
—¡Qué lindo es!— exclamó lleno de orgullo el abuelo.
El niño comenzó a restregarse sus enormes ojos, verdes. Cuando ya estuvo completamente despierto, Uryuu pudo mirar atentamente su carita. Era muy extraño pero ese rostro le recordaba a alguien, alguien a quien había conocido mucho tiempo atrás. No podía ser.
Ichigo no le dio tiempo de preguntar nada. Le indicó al niño que ese señor llorando era su abuelo, que parecía loco pero era confiable y que ahora debía quedarse con él unos momentos porque él tenía algo que hacer con su amigo. El niño lo miraba dulcemente mientras asentía y le pedía que no se tardara tanto.
Salieron. Durante un buen trayecto nada dijeron mas Kurosaki rompió el hielo.
— ¿Cómo es que conoces a esa mujer?
Uryuu suspiró.
—Es una larga historia de la que no quiero hablar ahora. Lo único que puedo decirte es que no me alegra encontrarla aquí.
Ichigo no preguntó más. Sabía que aunque le costara, su amigo se sinceraría un día.
Llegaron a un bar pero al momento de entrar Uryuu vio que Ozu y Suzuki estaban dentro por lo que decidió que ese no era el mejor lugar para hablar con Kurosaki, si querían hacerlo tranquilamente. Fueron entonces a un café ya que ninguno de los dos era asiduo al alcohol.
Luego de un largo rato charlando de cosas a veces triviales, a veces trascendentales, Ichigo se dio cuenta que no podía tener a su amigo eternamente en la espera. Suspiró profundamente tratando de encontrar las palabras justas que sirvieran de introducción. No era simple porque la duda, el sentimiento que traía lo arrastraba hace un buen rato y amenazaba con ahogarlo.
—Yo…yo he tratado de ser feliz. He puesto mi alma en ello. Quiero ser feliz y hacer feliz a mi Koki pero hay algo que me falta y no sé qué es…—Kurosaki se sentía apesadumbrado, angustiado. Uryuu no sabía qué hacer porque no entendía a lo que ichigo se refería.
—Ishida ¿has sentido alguna vez que debiste decirle algo a alguien y no lo hiciste y ahora ya es muy tarde?
Uryuu lo miró fijamente un momento, que pareció eterno a Kurosaki, y sólo asintió con la cabeza, mas nada dijo. Si alguien sabía lo que era guardarse algo así, ese era él.
—Ishida, yo debo volver a la Sociedad de Almas, una vez más…
— ¿Estás loco? La puerta ya no se abre más para nosotros…
—Lo sé pero siento que sólo ahí puedo encontrar mis respuestas. Sé que Urahara no me apoyará, ni él, ni mi padre, ni nadie. Por eso pensé en ti. ¿Me ayudarías a volver ahí?
—Kurosaki debes estar loco, ya no hay manera alguna de entrar de vuelta a ese lugar y aunque lo hicieras, serías nuevamente tildado de ryoka y perseguido ¿Vale la pena?
—Ishida, si encuentro la forma de ir allá ¿me apoyarás?
La mirada de Kurosaki realmente reflejaba dolor y desesperación pero Uryuu se sentía incapaz de hacer algo. Creyó que era mejor hacerlo desistir de su idea.
—Si tú vas ¿Qué pasará con tu hijo? No puedes actuar así de irresponsable ahora que no estás solo…
—Quedará con mi padre y yo volveré por él en cuanto encuentre mi rumbo. Por favor Ishida, sólo necesito tu apoyo. Quiero estar tranquilo conmigo mismo porque, te lo digo, no sé cómo, pero de que encuentro la forma de entrar, la encuentro.
Uryuu sabía que era inútil pelear con Kurosaki: cuando se le metía una idea en la cabeza era imposible sacarla. Sabía también que, implícitamente, estaba pidiendo su ayuda pues, si algo le pasaba, Uryuu era el más adecuado para cuidar a su hijo.
— ¿Me apoyarás?— volvió a inquirir.
Ishida Uryuu suspiró. A pesar de sus esfuerzos la gente solía involucrarlo en situaciones límites. ¿Qué podía hacer él? Si siempre terminaba aceptando lo que sus amigos le pedían aun cuando después no le alcanzara la vida para arrepentirse. Ese era su destino.
—Lo hare, Kurosaki.
