Disclaimer: como siempre, los personajes no me pertenecen a mí (de ser así IshiHime sería una realidad) sino al señor Tite Kubo.


Abierta a todo tipo de comentarios, me gusta recibir ideas que me ayuden a desatar la inspiración.

Gracias.


Capítulo 6: Los dioses deben estar locos.

Muy a su pesar, Ishida se vio envuelto en un "resurgimiento" de su amistad con Kurosaki. ¿Pero de qué resurgimiento hablaban si él y Kurosaki nunca habían sido amigos sino más bien todo lo contrario? Enemigos puramente. Eso se decía él para consolarse porque, en el fondo, él sabía que no era así. Kurosaki debía ser su único amigo, aunque le pesara y ahora estaba más necesitado de él que nunca. Qué rabia y desesperación le daba todo lo que estaba pasando: habiendo tanta gente en el mundo, pudiendo encontrar a una persona más adecuada en el mundo entero o, por último, en todo Japón y Kurosaki tenía que venir a pedirle justamente ayuda a él. Irónico.

Y la vida seguía deparándole sorpresas porque con el asunto de Kurosaki pudo descubrir que Maki estaba en Karakura, quién sabe para qué. Uryuu había comenzado a temerle ya que sentía que era una persona incapaz de recibir un no como respuesta. Estaba seguro que había vuelto con la idea de hacer renacer lo que entre ellos había existido, o sea nada. Realmente se sentía mal por haberla ilusionado alguna vez pero él creyó que podría ser feliz con ella. Es cierto que el principio le llamó la atención su belleza y su particular forma de ser pero, ya andado un poco de camino junto a ella, se dio cuenta que era imposible pues ambos eran absolutamente diferentes. Aunque Maki se empeñaba en culpar a Inoue Orihime, la única verdad era que ella no tenía nada que ver: era problema de Uryuu el no poder amar a otra persona. Angustiado por lo que ella pudiera hacer, le pidió que hablaran. Necesitaba saber o, al menos, tratar de descifrar lo que planeaba por lo que quedaron de juntarse después del trabajo para conversar. Para la mujer esta era la oportunidad de su vida, sabía que debía hacerle ver a Uryuu lo que ella estaba dispuesta hacer por él, lo seguiría por todo el mundo si era necesario. Pero estaba muy lejos de conseguirlo porque ignoraba la parte más importante de la historia: ella nunca pudo llegar a conocer a Ishida Uryuu, ni un poquito. Desconocía lo mucho que él amaba la tranquilidad, que odiaba este tipo de situaciones y que no, no le importaba las mil locuras que hiciera por él si eso conllevaba a volver su vida un remolino de emociones. Uryuu era un hombre serio, apacible, que amaba la soledad. Pero ella nunca había sido capaz de entenderlo.

Lo esperaba sentada en una de las bancas de un pequeño parque, cerca de la casa de Kurosaki. Había llegado hace bastante tiempo y comenzaba a impacientarse porque Uryuu se demoraba más de lo usual y él era muy puntual. Miraba su reloj cada dos minutos, se ponía de pie y caminaba un par de pasos luego de lo cual volvía a tomar asiento. Unos minutos más tarde divisó la delgada figura a lo lejos. Se acercaba.

—Creí que ya no vendrías, te tardaste demasiado— comenzó la mujer con cierto aire de coquetería que de inmediato incomodó a Uryuu. Cualquier plan que ella maquinara en su cabeza no tendría resultado con él porque sabía perfectamente a lo que iba y lo que esperaba de la entrevista.

—Sería un poco ridículo que te dejara plantada si fui yo mismo el que te pidió que nos juntáramos. Disculpa, es cierto que me he tardado más pero es que tuve unos pequeños contratiempos y no pude estar aquí más temprano— el rostro de Uryuu se notaba frío. A Maki no le tomó mucho tiempo el entender que sus posibilidades de lograr algo con él eran escasas, por no decir nulas.

—¿Por qué estás aquí?— Uryuu fue directamente al grano, sin rodeos. Maki se descolocó bastante, no esperaba esa actitud de él. Se quedó silente un largo rato.

—Se presentó esta oferta de trabajo y yo la tomé.

Mentía, Uryuu lo sabía bien. Ella era exitosa en su anterior trabajo ¿Por qué dejaría su vida profesional próspera por una pequeña clínica en una ciudad que apenas conocía y que no le ofrecería mayores satisfacciones personales?

—No te creo—. Sonó duro, estaba siendo duro. No podía entender por qué alguien podía llegar a tales niveles de humillación por una persona como él. No valía mucho. Seguía enamorado de una mujer que nunca lo había mirado ni lo miraría como hombre pero él seguía fiel a ella aun sabiendo que estaba casada, que no lo quería, que era feliz con otro. Pero era imposible dejar de amarla, se había abandonado a ese sentimiento sin esperanzas. Maki era una buena persona, sin duda merecía ser feliz ¿Cómo no entendía que no era su destino estar con él? ¿Qué ganaría diciéndole que lo intentaría si ya Inoue Orihime se le había colado por todos los poros y se había incrustado en su corazón para siempre? Necesitaría mil, no, dos mil años para olvidarla.

—¿Por qué haces esto, Uryuu? ¿Qué te he hecho? ¿Acaso no soy bonita? ¿Acaso no soy digna para ti como mujer? ¿Por qué no puedes quererme?— Desesperada la mujer comenzó a llorar lo que hizo que Uryuu se sintiera realmente culpable. Pero peor sería mentirle. Tiernamente se sentó a su lado y quiso hacerle ver lo que tantas veces le había mostrado pero que ella se negaba a ver.

—Escúchame Maki, por favor debes entender lo que te diré, que no es algo nuevo: ¿Podrías estar con alguien que nunca te podrá querer como te lo mereces? ¿A alguien que constantemente piensa en otra persona? ¿En alguien que vive por el bien de otra persona?

Maki comenzó a llorar. Ella sabía quién era esa persona: la misma mujer cuyo recuerdo no la dejo disfrutar de su tiempo junto a Uryuu. Ella.

—¿Si tanto la quieres por qué no haces nada por ella?

Uryuu sonrió ¿Qué sacaba con luchar una batalla que ya estaba perdida?

—Maki, a diferencia de tu actitud, yo sí sé reconocer cuando una guerra está perdida. Ni siquiera tengo la necesidad de pelear porque nunca ha habido nada para mí de parte de ella. Pero aun así no puedo quitarla de mi corazón. Es algo mucho más fuerte…

Maki se sorprendió al darse cuenta que esa era la primera vez que Uryuu se refería tan seriamente del tema y se extendía sobre él. Por su mirada y la forma en que hablaba podía notar el enorme sufrimiento que traía a cuestas. Aun en este momento de dolor él era capaz de pensar en la felicidad de la mujer que amaba aunque esa felicidad era estar muy lejos de él. Y ese era realmente el verdadero amor. Sin poder contener las lágrimas abrazó a su amigo y trató de consolarlo pero quien acabó consolando fue Uryuu a ella que estaba totalmente hecha un mar de lágrimas.

—Maki, en verdad te aprecio muchísimo. Aprendí a quererte al tratarte estos años. Pero eso no es suficiente, no es el cariño que tú esperas recibir ¿No tengo que volver a aclararlo verdad?

Entre medio de sus lágrimas y sollozos la mujer asintió. Sería la última vez que hablaban de eso.

—Si no te molesta—, agregó ella— me gustaría conservar mi trabajo en la clínica Kurosaki. Es un tremendo desafío trabajar con Kurosaki-san…

Uryuu sonrió. Era increíble el poder de convencimiento que el inmenso carisma de Kurosaki Isshin podía causar sobre las personas. Nunca se lo había explicado y, aunque antes no lo admitiera, debía reconocer que Kurosaki Ichigo lo había heredado. En su particular estilo, claro está.

—No tengo problemas en que te quedes si eso te hace feliz— respondió el joven con paternal acento.

Maki sonrió. Aunque sabía que lo seguiría viendo a menudo, debido a la amistad que Uryuu tenía con Ichigo, sentía que esa era una despedida, por eso mismo se sintió con el derecho de pedir algo.

—¿Puedo abrazarte?

Uryuu asintió. Esa sería su forma de cerrar el asunto.

Ambos se fundieron en un largo abrazo, como el de dos hermanos que se separan. Uryuu estaba también muy conmovido pues odiaba que la gente sufriera por culpa suya pero sabía también que ella era fuerte y podría sobreponerse a esto.

Estaba tan preocupado del asunto con Maki que no se percató que a lo lejos alguien observaba. En efecto, Orihime lo había visto conversar con su amiga y pensó ir a saludarlo pero en ese preciso instante vio el cálido abrazo que se daban y comprendió que no podía ir donde ellos, sólo interrumpiría. Decidió volver por donde había llegado, sin mostrarse, sin hacer ruido para no cortar el momento de su amigo. Ahora entendía muchas cosas: Ishida.-kun tenía novia pero él nunca se lo había mencionado. Esa debía ser la razón por la que tanto la evitaba, seguramente ella era celosa. Se sintió muy apesadumbrada al ver que la confianza de su amigo en ella no era tal si fue capaz de ocultarle eso. Y aunque le dolía reconocerlo, le pesaba saber que había otra mujer en la vida de Uryuu, una mujer que no era ella.

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Ya con una preocupación menos encima, Ishida se enfocó en el asunto Kurosaki. No es que hubiese de dejar de pensar que estaba completamente loco pero a él era peor decirle que no. Lo apoyaría hasta que él mismo se diera cuenta que su deseo desencadenaría en un auténtico fracaso.

—Bien, ¿Y cuándo pretendes llevar a cabo tu plan, Kurosaki?

Ichigo meditó unos segundos. No lo tenía muy claro aún.

—Primero quiero que Koki se adapte. Por ahora he conseguido que se lleve bastante bien con mi padre. Luego buscaré una escuela en donde inscribirlo para que así el contacto con nuevos amiguitos lo distraigan y no sienta tanto mi ausencia.

—Pero ¿por qué estás dispuesto a dejar a tu hijo solo aun sabiendo que puede que no vuelvas? ¿Cómo no eres capaz de pararte a pensar en ello?

Ichigo comenzó a perder la paciencia. Era común, desde los tiempos de la escuela, que Ishida desconfiara de él para la menor empresa posible. Esta vez era distinto: él debía resolver un problema abierto, de no ser así no podría vivir tranquilo el resto de su vida. Era mejor que Ishida lo entendiera.

—Kurosaki ¿no sería mejor que enviaras a Koki con su madre?

La respuesta de Kurosaki no se hizo esperar.

—Koki no tiene madre. Es decir, si la tiene, yo no la conozco.

Definitivamente Kurosaki estaba demente.

—No seas ridículo, Kurosaki. Todos…

Ichigo lo interrumpió.

—Mira Ishida, que Koki tiene una madre, la tiene. ¿Dónde está? No tengo la más remota idea y tampoco quiero saberlo. Él no es mi hijo biológico, de acuerdo. Pero eso no es necesario para que yo sea su padre y lo único que tiene en el mundo. Ahora él es mi razón para seguir adelante…

Ishida tardó unos momentos en comprender pero la cosa era más o menos así: Kurosaki había adoptado al niño y se había encariñado enormemente con él. Lo amaba como padre. Sin embargo, y contra toda lógica, ahora estaba dispuesto a dejarlo ¿Quién podía entenderlo? Era necesario convencerlo de su locura.

—Por lo mismo, no puedes arriesgarte atravesando esa puerta hacia la Sociedad de Almas, Kurosaki. Puede que nunca vuelvas.

—Escúchame Ishida: yo iré a la Sociedad de Almas en busca de la persona con la que tengo que hablar. No puedo vivir con ese deseo aquí, quemándome… ¿No lo entiendes?

Sí lo entendía, perfectamente. Sabía que Kurosaki lograría llegar a la Sociedad de Almas y cumpliría su objetivo, como siempre. No era como él, un cobarde que nunca se atrevería a confesarle a Inoue-san eso que lo estaba ahogando. Finalmente, y como siempre, Kurosaki lo había vencido.

—Bien Kurosaki, pensemos en una fecha ¿Crees que en un mes estarás listo?

—Siempre he estado listo, Ishida…

Uryuu se quedó un momento observando a Kurosaki. Lo admiraba, aunque nunca lo reconocería públicamente, sí que lo hacía.

No pudieron seguir con la conversación porque Koki se presentó ante ellos. Era un chiquillo muy mono y tierno, sin un rastro de la insolencia de Kurosaki. Aunque escasamente lo había visto antes, se acercó a Ishida y comenzó a hablar con él. Ichigo quería apartarlo, como fuera. Según le había comentado a Ishida, Koki estaba cada día más mitómano, inventando historias increíbles. Para Ishida el asunto no era tan grave: era lógico que quisiera llenar los huecos de su existencia. Ya pasaría con los años.

—Ishida-san ¿Tú conociste a Rukia?

—Sí, claro. Digamos que ella fue una buena amiga ¿Por qué me lo preguntas?

Los ojos verdes de Koki brillaban de la emoción. Estaba tan feliz que dos hoyuelos se le formaban en cada mejilla.

—Porque ella es mi mamá…

Uryuu se volteó a mirar a Kurosaki sin entender nada. Ichigo tomó al niño en brazos y lo llevó a su habitación pues ya era hora de dormir. Cuando volvió no se salvó del interrogatorio al que lo sometió su amigo.

—¿De dónde sacó tu hijo que Kuchiki-san es su madre?

—Ya te dije que está cada día más mentiroso…

—Pero ¿cómo supo de su existencia? ¿Le has hablado de ella?

Ichigo hizo una pausa para tratar de recordar.

—No, no creo haberle hablado de ella antes de que él solo la descubriera…

—¿Y cómo pudo él saber de su existencia?— Uryuu parecía empeñado en descubrir la verdad de su amigo.

—Encontró una fotografía de Rukia entre mis cosas y eso le bastó para crear su propia historia en su mente. Desde ahí se ha esforzado para que le cuente sobre Rukia y crear más mentiras en su cabeza. Como no es mucho lo que consigue, ahora está intentándolo con la gente cercana a mí: mi padre, mis hermanas, tú… Esa fotografía le acompaña siempre, adonde quiera que él vaya.

Uryuu sintió un poco de compasión por el niño. Sólo quería tener una madre y se había aferrado a lo primero que había encontrado para formarse la imagen. Mientras pensaba en aquello le surgió una duda o una curiosidad que podía ayudarlo a entender todo lo que Kurosaki pensaba hacer…

—Pero dime ¿por qué tenías una foto de Kuchiki-san contigo, Kurosaki?

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La noche estaba estrellada, cálida. No había mucha gente en las calles a pesar de ser fin de semana. Había luna llena y esta volvía plateados a los que se paseaban bajo su luz, entre ellos Suzuki, el colega de Uryuu que solía beber más de la cuenta. Esta vez no era la excepción, incluso se podía decir que era peor que en otras oportunidades. Estaba completamente borracho, incapaz casi de sostenerse en pie y amenazando con golpear al que se le pusiera en frente. En esas condiciones estaba cuando se encontró con su jefe.

Uryuu había decidido volver a pie a su casa desde la clínica Kurosaki. Su diálogo con Ichigo lo había dejado completamente meditabundo. Ignoraba todo lo que él guardaba dentro de sí: Kurosaki seguía siendo una caja de sorpresas. A lo lejos escuchaba gritos, amenazas, maldiciones. "¿Cómo pueden algunas personas beber tanto?" se preguntó. A medida que se acercaba al lugar de los hechos comenzó a reconocer la voz que emitían semejantes gritos. Él también fue reconocido.

—Hey, Ishida.

—Hola Suzuki.

Ahí estaba nuevamente su colega, borracho hasta casi la inconsciencia y pretendiendo continuar con su festín, si eso era humanamente posible.

—Mira Ishida, estos tipos me lanzaron afuera como la peor de las basuras y no me dejan entrar a su bar de cuarta a pesar de que yo puedo pagar lo que se consume aquí en un mes, dinero me sobra…

Estaba realmente mal. Había bebido mucho más de lo que su cuerpo podía resistir. Si seguía en esa senda al cabo de un año estaría muerto, quizás antes. ¿Por qué una persona exitosa, según Uryuu, podría querer autodestruirse de esa manera? Probablemente nunca lo sabría. Lo que sí sabía era que no podría dejarlo tirado en el estado en el que se encontraba. Habló con los guardias del recinto y les explicó que él lo llevaría a casa sin comprender por qué hacía lo que estaba haciendo. Tomó al hombre por el brazo y puso este alrededor de su cuello. Comenzaron a caminar de a poco. Uryuu no sabía si hablarle o no, de todas maneras, no sabía qué decirle.

—Muchas gracias, Ishida, eres un buen amigo.

¿Amigo? No, ellos no eran amigos. Si Uryuu hacía eso era por compasión de ver a alguien tan joven hecho mil pedazos, tal como el hombre que llevaba a casa.

—No es nada— fue la fría respuesta.

—Nadie puede imaginar todo lo que sufro yo—siguió el otro tratando de justificarse por su comportamiento—, nadie podrá saberlo nunca.

—No existe sufrimiento tan grande que te lleve a actuar de la manera en que lo haces. Siempre hay una salida.

— ¡No! ¡No hay salida para la traición!— gritó encolerizado—: mi mujer me engaña. No sé con qué tipejo pero me engaña ¿Crees que me merezco esto? ¿Qué sentirías tú si la mujer que amas pensara en otro, soñara con otro, viviera por otro?

Uryuu siguió con su mirada fría e imperturbable siempre al frente. ¿Qué podía él saber? Más de lo que Suzuki pudiera imaginarse. Llevaba más de diez años soportando lo mismo pero él aún no caía tan bajo de huir de su problema dejándose seducir por el alcohol. Era mejor afrontar la realidad y no tratar de disfrazarla.

— ¿Estás seguro de lo que dices?

—Seguro, muy seguro. Lo sé. Siempre lo he sabido pero no conseguirá que yo la deje libre para que se vaya con ese otro. ¡Ella es mía!

Qué lástima inspiraba ese hombre. Era un mal perdedor, si es que la historia que contaba era real. Pretendía obligar a su esposa a permanecer con él aunque, al parecer, ella quería a otra persona. ¡Qué historia más repetida le sonaba aquella! De todos modos, podía entender a la mujer: probablemente se había casado con Suzuki soñando una vida próspera y tranquila con él pero, tal como él mismo había descubierto, este hombre pasaba borracho por las noches por lo que, quien tenía que cargar con él era su mujer. ¡Pobre vida la de ella! La compadecía enormemente.

Caminaron largo rato por las calles vacías. Suzuki se estaba transformando en un bulto casi imposible de cargar para Uryuu pero, con grandes esfuerzos, pudo llevarlo, mejor dicho arrastrarlo hasta su casa. Vivía en un lugar apacible. Si bien su casa no era muy grande se notaba cuidada, con un bello jardín de rosas. Aunque el dueño de casa trató de encontrar las llaves en el bolsillo de su chaqueta, era claro que las había perdido. Comenzó a golpear entonces, suavemente al comienzo, dando gritos y patadas a la puerta después. Uryuu deseó intervenir, por el bien del vecindario, y moderadamente tocó la puerta. Vieron cómo se prendían las luces del segundo piso y luego sintieron unos pasos que bajaban la escala. Las luces de la planta baja se encendieron y la puerta se abrió. La mujer de Suzuki estaba ahí para recibir a su esposo.

— ¿Inoue-san?

Era ella. Estaba en camisa de dormir, con el cabello revuelto y con una mirada nerviosa.

—Ishida-kun— dijo nerviosamente. Se notaba incómoda con la situación, quizás le avergonzaba que su amigo viera a su marido así y pudiera suponer la clase de vida que llevaba.

— ¿Y se puede saber de cuándo se conocen ustedes dos?— bufó de mala manera el ebrio.

Hubo un largo silencio de por medio. Ambos amigos se miraban sin atinar siquiera a dar una respuesta. Luego Ishida habló:

—Desde mucho antes de lo que tú crees: fuimos compañeros de la escuela, hace ya varios años… — respondió duramente Uryuu sintiendo que su interior se llenaba de desprecio por ese ser que tan mala vida le daba a la mujer que él siempre había amado. Perdiendo la amabilidad que lo caracterizaba tomó a Suzuki y prácticamente lo lanzó dentro de la casa. Ni siquiera se preocupó de saber si estaba bien o no.

—Inoue-san, que tengas una buena noche—fue todo lo que salió de sus labios antes de dar la media vuelta y marcharse por donde había llegado, no sin notar que de los ojos de Orihime comenzaban a salir lágrimas. Pero no podía quedarse, no podía.

Tratando de recuperar el aire que amenazaba con dejarle, Uryuu volvió a su casa caminando. Aunque trataba de mantener la compostura, el dolor que tenía dentro de él lo terminó sofocando. Estaba llorando. Primero fueron algunas lágrimas y luego fue un mar de ellas que brotaban de sus ojos sin que él pudiera detenerlas. Se sentó en la acera de la calle e intentó calmarse. ¿Por qué Inoue-san? ¿Por qué? Él creía que ella era feliz y hasta se había puesto contento por eso pero ahora, al saber qué vida tenía Orihime ¿cómo podía calmarse?

No supo cuánto tiempo estuvo ahí, media hora, una hora, tal vez dos. Había perdido el sentido del tiempo. Sin embargo volvió a impacientarse al recordar las palabras de Suzuki: "mi mujer me engaña" No, no podía ser posible, Inoue-san no era de ese tipo de personas, ella jamás dañaba a los que quería, él la conocía bien ¿Cómo entonces? Comenzó rápidamente a tratar de ordenar sus idease intentar comprender lo que su colega decía: Su mujer lo engañaba, estaba enamorada de otro. Inoue-san nunca dañaría a las personas que tenía cerca. Pero quizás no había tenido tiempo de arreglar el asunto con su marido, las cosas podían haber sucedido de pronto, repentinamente. Y eso porque probablemente el tercer involucrado apareció hace poco, quizás vivía en otra ciudad. De otra ciudad e Inoue-san lo amaba, sólo podía haber una posibilidad…

— ¡Kurosaki!