Disclaimer
Los personajes de Bleach pertenecen única y exclusivamente a la mente genial de Tite Kube, per saecula saeculorum. Yo jamás podría haber siquiera ideado un personaje tan bello como Ishida Uryuu: uno de mis favoritos en el mundo manga (Junto a mi adorada Rukia e Ichigo y muchos más)
Muchas gracias nuevamente a todos los que se detienen a leer, admiro su paciencia y amabilidad de hacerlo. Gracias especialmente a todos los que dejan reviews, estos me ayudan mucho a seguir y hasta quizás a sacar algunas ideas. La imaginación humana tiende a ser frágil a veces...
Capítulo no muy largo, con varias ediciones de por medio. Algunas cosas horripilantes del pasado simplemente deben desaparecer.
Espero lo disfruten =)
Capítulo 8: Esperanza.
Lentamente comenzó a volver en sí, con un gran esfuerzo de su parte. Apenas recordaba lo que había sucedido pero sí sentía un horrible dolor en su cabeza que amenazaba con volverlo loco, si es que no lo mataba antes. Sin sus anteojos, le costó reconocer a las personas que se encontraban junto a él, sólo percibía sombras y algunas luces a su alrededor, pero la voz de Maki le hizo más fácil la tarea.
—Oh, Uryuu, has despertado. Vaya golpe que recibiste—dijo la voz de mujer mientras sentía que algunas manos trataban de hacer algo con él. Trató de defenderse sin éxito. Junto a la mujer estaba Ozu quien trataba de observar, al parecer, que tan grave era la lesión que tenía. Los recuerdos, algo distorsionados y poco claros de lo que había sucedido, comenzaron a llegar de pronto. El hospital, Suzuki, algunos golpes, los gritos, esa voz enfurecida… De pronto, recordó todo, incluidas las palabras terribles de ese monstruo que se había atrevido a atacarlo cobardemente. "La matará" pensó y sin pensar en su propia condición ni en lo que podría sucederle si volvía a encontrarse con su agresor se levantó como pudo y decidió ir a ayudar a Orihime, donde fuera que estuviera. Maki y Ozu trataron de impedirlo porque sabían que, así como estaba, no sería mucho lo que podría hacer fuera, al contrario, todo sería peor para él.
—No puedes levantarte así como estás, Uryuu. Tienes un corte muy feo en la cabeza, no se ve nada bien— Maki trató de ser razonable porque sabía que por esa vía siempre se podía convencer a Uryuu—, debes quedarte aquí, por favor. Es por tu propia seguridad.
Pero lo cierto era que Uryuu no tenía oídos en ese momento para escuchar nada salvo esa voz interior que le exigía ir con Orihime. No podía dejar de pensar que algo malo le podía haber sucedido y no podía dejar de sentirse responsable por ello pero lo cierto es que nada de lo que había acontecido podía ser responsabilidad suya.
—Debo encontrarla—dijo y salió, trastabillando pero muy seguro de lo que hacía. Siempre había sido lo mismo: proteger a Orihime lo hacía sacar fuerzas que ni él mismo creía poseer.
Los otros se quedaron boquiabiertos un par de segundos, suficientes para que Uryuu escapara, y luego reaccionaron. Salieron tras él corriendo convencidos de que podían darle alcance pronto porque, estando así de herido, Uryuu no llegaría muy lejos. Al menos eso creían ellos. La fuerza de voluntad del Quincy era capaz de pasar por alto hasta las más graves lesiones. Estaba dispuesto a morir con tal de ayudar a Orihime…
¿Qué no piensas seguirlo?— Maki increpó a Ozu.
¿Yo? ¿Y qué quieres que haga yo?
La mujer dio un suspiro, tomó a Ozu de la manga del delantal y lo tironeó arrastrándolo tras de sí, no importándole que el otro estuviera trabajando. Si lo despedían era problema de él ahora lo que importaba era encontrar a Uryuu que podía encontrarse con la bestia que lo había atacado y esta vez, seguro, no se salvaba. Un confundido Ozu la siguió, sintiéndose pésimo: primero, su amigo de jarana golpeaba a su jefe y casi lo mataba. Segundo, una mujer antipática lo obligaba a salir a buscar a ese jefe que, moribundo como se encontraba, se las daba de superhéroe sin entender que estaba más cerca de ser cadáver. Pero ¿qué culpa tenía él de todo eso? Además, era la primera vez que una mujer lo mandaba. Sin duda, era lo peor del universo para él. Maki, sin embargo, no perdía el tiempo en lamentarse y pensar en cómo Uryuu hacía lo hacía del modo en que lo hacía. Ella lo conocía tanto y sabía que era mejor actuar, si es que quería realmente ayudarlo. Mientras corría en busca de su amigo, llamaba también por su celular, primero al mismo Uryuu, que no le contestó. Pensó entonces llamar a su casa pero luego recapacitó y reflexionó que, de haber ido para allá lo que era muy improbable, Uryuu no habría llegado aún. Se estaba quedando sin ideas hasta que algo se le ocurrió: Kurosaki Ichigo. Seguramente estaría en su casa pero, de llamarlo a la red fija era muy probable que contestara Kurosaki Isshin, que se pegaría en el teléfono preguntando esas cosas que sólo él pregunta, y que a nadie le importan, o Koki que, en ese momento, era tanto peor. Decidió finalmente llamar al móvil de Kurosaki quien afortunadamente respondió de inmediato.
Kurosaki-san ¿Estás en casa?
—No, y desafortunadamente no puedo hablar contigo ahora. Perdona— la voz de Ichigo sonaba muy alterada.
—Espera. Algo terrible acaba de suceder. Un loco golpeó a Uryuu hasta casi matarlo y Uryuu, herido como está, salió en busca de quién sabe qué…
— ¿Cómo que salió en busca de algo? ¿Ishida está vivo entonces?— Ichigo parecía un tanto confundido pero no menos feliz de escuchar la noticia.
— ¡Claro que está vivo! Pero no lo estará por mucho tiempo si no lo encontramos, ya te dije que está muy malherido…
— ¿Dónde fue? —Ichigo se estaba impacientando, necesitaba datos, alguna pista que le dijera dónde Ishida podía estar.
— ¡Yo que sé! —Maki también se estaba alterando— sólo dijo que debía encontrarla…
¿Encontrarla? ¡Inoue!— exclamó Ichigo.
Ese dato fue suficiente. Si pensaba como creía que Ishida pensaba, éste seguramente había ido a casa de Inoue para asegurarse de que estuviera bien y que el idiota que tenía por marido no la había lastimado. Tenía que llegar a ese lugar antes que el mismo Ishida, para explicarle que Inoue estaba bien en su casa, o antes de que el marido de esta lo encontrara. El problema ahora era que apenas sí sabía en dónde vivía ahora Inoue…
Ishida por su parte, llegó como pudo a la casa de Inoue-san. Las puertas estaban abiertas y un gran caos reinaba dentro. No estaba seguro si había gente; las cosas estaban tiradas por todas partes y, una vez dentro se dio cuenta que había sangre en el piso. Se le paralizó el corazón pensando que lo peor había pasado. Comenzó a revisar pero parecía ser que, efectivamente no había nadie ahí ¿Dónde estaría Inoue-san? ¿Qué le había hecho ese maldito? ¿Cómo estaría ella ahora? Dio unas vueltas más pero nada encontró. Tal como sospechó al comienzo, la casa se encontraba sola, pero eso de ningún modo lo hacía sentirse mejor, sólo lo estaría cuando supiera que Inoue-san estaba bien y, para eso, debía encontrarla. Se dirigió entonces hacia la calle, dispuesto a preguntar a los vecinos por ella si era necesario. Lamentablemente para él, no tuvo tiempo de hacerlo porque, cuando ni siquiera había recorrido diez metros, sintió que lo tironeaban por el brazo. Era Suzuki nuevamente, cubierto de sangre, en una visión perfecta de lo que podía ser el infierno adonde debería ir pero del que parecía haber salido.
Vaya que nos encontramos pronto…
Ishida trató de soltarse pero, débil como se encontraba, no pudo siquiera aflojar la presión de la garra del otro. Se sintió perdido pero aun así lo que pasara con él no le importaba en lo más mínimo.
— ¿Dónde está Inoue-san? ¿Qué le hiciste?
Una risotada diabólica hizo a Uryuu pensar lo peor. Por primera vez en mucho tiempo sintió miedo.
— ¿Y dónde crees que está? Está donde debe estar ¡Muerta! ¿O pensabas que la dejaría viva para que siguiera riéndose de mí? Pero no estés triste, no estarás separado de ella por mucho tiempo ya que ahora irás tú mismo a hacerle compañía— y Suzuki procedió a estrangular a Uryuu una vez más, buscando terminar el trabajo que había dejado incompleto unos momentos antes. Uryuu no hizo el más mínimo esfuerzo por defenderse, ya no tenía sentido hacerlo. Suzuki parecía estar fascinado con el escenario.
¡Está muerta! ¡Muerta!
Suzuki no tuvo mucho tiempo para disfrutar su victoria. Un delgado sujeto apareció en el momento preciso:
— ¡No le creas Ishida! ¡Inoue está viva! ¡Está en mi casa!— pero Ishida ya había sido derrotado. Ante semejante escenario, Ichigo tomó el relevo por su amigo. Ishida estaba al límite de sus fuerzas y no podría seguir resistiendo pero él estaba entero y dispuesto a hacer pagar a ese miserable por el daño que le había hecho a dos de sus más cercanos amigos. Sin mucho pensar se lanzó sobre el tipo que, viendo que tendría que luchar contra un hombre sano, fuerte y cara a cara, quiso huir, mas Ichigo se lo impidió. Primero fue un golpe y luego otro, y otro. Por un momento perdió la noción de sí y sólo pensaba en desatar su ira contra el hombre que tanto había dañado a Ishida, a Inoue y al pobre Koki que aún creía que Ishida estaba muerto. Ichigo no se contuvo aun cuando se daba cuenta que su rival estaba medio muerto. Hubiese seguido golpeándolo si no hubiese sido porque una mano sostuvo su puño:
—Kurosaki, no te manches las manos con sangre, menos con la de este tipo—Uryuu se lo pidió a su amigo, con el último aliento que le quedaba. Ichigo comprendió entonces que, una vez más, había ido muy lejos pero, a diferencia de otras veces, ahora no se arrepentía ni un poco. Soltó a Suzuki como si fuera un trapo viejo e inservible y se dedicó a ver cómo estaba Uryuu. Lamentablemente para el Quincy, Kurosaki Ichigo jamás había aprendido ni la más mínima noción de medicina por lo que difícilmente podría ayudarle.
—Estaré bien Kurosaki…no te preocupes por mí— fue lo último que dijo Uryuu antes de desvanecerse.
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Orihime recibió la noticia de que Uryuu estaba vivo en casa de Kurosaki. A pesar de los golpes que había recibido y el miedo que la consumía, estaba bien y saber que Uryuu estaba vivo y relativamente bien la alegraba muchísimo. No preguntó por lo que había pasado con Suzuki e Ichigo tampoco hizo mención a ello. Era mejor que saliera de sus vidas, entre antes mejor.
— ¿Cómo está Koki, Inoue?— la voz de Ichigo sonaba cansada a través del teléfono.
—Se ha dormido aquí, junto mí. Pobrecito: cree que Ishida-kun está muerto.
—Déjalo dormir por ahora. Si despierta, dile la verdad por favor, para que esté más tranquilo. Si no es así, déjale dormir por favor. Yo se lo contaré todo cuando llegue.
—Me gustaría ver a Ishida-kun…
—No hoy día. Será lo mejor. Descansa por favor, también has tenido un día complicado. Ya mañana podrás verlo.
—Muchas gracias, Kurosaki-kun.
Ichigo sonrió levemente.
—No es a mí a quien debes agradecer, Inoue.
En la sala de urgencia, Ozu terminaba de suturar el corte que Uryuu tenía en la cabeza. Al parecer no era tan grave como creyeron en un principio pero sí podría haberse desangrado de no haber recibido pronta atención.
—Tendrás que quedarte aquí esta noche, Ishida— dictaminó Ozu.
—No creo que sea necesario, ya me siento mejor…
—Ahora yo soy tu médico y digo que te quedas. Además, si lo que no quieres es dejar de trabajar, puedes hacerlo desde aquí, después de todo este es tu hospital— Ozu sonrió triunfante ante su idea tan maravillosa ¿Cómo podía ser él tan inteligente? Maki, que estaba ahí, movió la cabeza desconsolada. No había caso con ese tipo…
Ichigo apareció al cabo de unos minutos para saber cómo estaba Uryuu. Él mismo pudo hablar con su amigo y comprobar que estaba mejor de lo que todos podrían pensar después de semejante paliza que había recibido. Le comunicó que Inoue estaba bien, tranquila y que iría a visitarlo al día siguiente. Ishida miraba a Kurosaki conmovido. Él lo había salvado.
—Gracias…Kurosaki.
Ichigo se sorprendió con las palabras de Uryuu. Nunca le había gustado el papel de superhéroe, más aun por algo que cualquier amigo hubiese hecho…
—Gracias a ti, Ishida. Si no me hubieses detenido ahora mismo estaría tras las rejas.
Sonrieron ambos. A pesar de lo que aparentaban, ambos eran realmente buenos amigos y así seguiría siendo.
Ichigo permaneció junto a Uryuu hasta la mañana. Después de eso decidió irse a su casa para ver cómo estaban las cosas allá. No había señales de que se hubiesen levantado aún, por lo que entró tan sigilosamente como le fue posible. Lo primero que hizo fue ir a la habitación de Koki y pronto descubrió que Inoue había pasado la noche ahí también. La encontró durmiendo semi sentada en la cama con el niño durmiendo sobre su regazo. Ignoraba si a esas alturas Koki sabía ya la verdad pero prefirió dejarlos dormir. Cuando salía, oyó la voz de Inoue:
— ¿Cómo está Ishida-kun?
Ichigo se volteó. Inoue debía ser un ser humano extraordinariamente fuerte para lucir tan bien aún después de la golpiza que había recibido. Se acercó a ella y se sentó en el borde de la cama. Con un gesto le indicó que le pasara al niño.
—Mejor de lo que podrías imaginar. Creo que con unos días de reposo estará entero nuevamente—respondió mientras acomodaba la cabeza de Koki en su hombro.
Orihime pareció aliviada. Se sentía sumamente responsable por todo lo sucedido. Ichigo intuyó lo que pensaba su amiga y de un plumazo pretendió sacar esa idea de su cabeza.
—No es tu culpa lo que pasó. La culpa es de ese miserable cobarde. No sé en qué pensabas cuando te casaste con él— por la cara que puso Orihime, Ichigo se dio cuenta tarde que había llegado lejos con sus comentarios. En la puerta apareció la cabeza de Isshin que venía a dar los buenos días:
— ¡Pero qué bella familia es la que aparece ante mis ojos!— exclamó en el tono más dulzón que salió de sus labios. Orihime sonrió tímidamente mientras miraba a Ichigo quien, sin la más mínima expresión en su rostro, sostuvo al niño y salió de la habitación sin siquiera pronunciar palabra y con una evidente expresión de fastidio por el actuar de su padre.
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Koki no podía más de felicidad al saber que Uryuu estaba vivo. Había aprendido a quererle por lo mucho que él solía hablarle de Rukia. Era el único que lo hacía, verdaderamente. Por eso, le pidió a Ichigo que lo llevara a visitarlo y éste no se pudo negar. Por la tarde, Ichigo, Inoue y Koki se dirigieron al hospital. Aunque Ichigo le había advertido al niño que debía comportarse, Koki se olvidó de todo y corrió a abrazar a Uryuu.
—Me dijeron que te habías muerto— dijo triste Koki
Ozu y Maki estaban también en la sala. La mujer no pudo ocultar su incomodidad por tener al frente a aquella mujer cuya imagen la había atormentado durante tanto tiempo. Orihime, en cambio, la saludó con la amabilidad que la caracterizaba, creyendo que ella era la novia de Uryuu. Luego saludó a Ozu, con un poco de recelo, pensando que quizás él aún tenía contacto con Suzuki. Prefirió evitarlo. Lentamente se acercó a Uryuu, sin saber qué decir.
—Perdóname, Ishida-kun…—fue todo lo que alcanzó a decir antes de que las lágrimas la obligaran a callar. Ichigo hizo un gesto a los otros para que los dejaran solos aun cuando Maki hubiese preferido quedarse y Koki protestaba sin parar.
—No, Inoue-san, yo no tengo nada que perdonarte. Nada, absolutamente nada de lo que ha sucedido es culpa tuya. Por favor, ya no pienses eso. — Uryuu contestó con dulzura lo que alivió profundamente a Orihime. Después de las aclaraciones, pudieron seguir conversando tranquilamente, como dos viejos amigos.
Ishida Uryuu era en realidad un hombre muy fuerte. Esa misma tarde fue dado de alta y ya a los dos días estaba de vuelta en su trabajo. Él no era un hombre de descansos prolongados y, estar en el hospital trabajando, lo hacía sentir vivo y útil. Prefería eso aunque se muriera de agotamiento. Después del violento episodio que los envolvió a ambos, su relación con Orihime comenzó a hacerse más estrecha. Ella permanecía aún en casa de los Kurosaki ya que todavía no encontraba un lugar donde vivir y tampoco quería regresar a su antiguo hogar el que le traía muy malos recuerdos. Kurosaki Isshin no pareció molesto con su nuevo huésped, al contrario, sentía que era una oportunidad que su hijo no podía desaprovechar. Todos parecían estar entusiasmados con que algo más fuerte se diera entre Ichigo y Orihime pero, al menos de parte de él, nada parecía aflorar, por ahora. Lamentablemente, en esa situación, y después de todo lo que había vivido, Orihime llegó a confundir las cosas y, pasados algunos meses, creyó que podía ocupar un lugar en la vida de Ichigo. Todos en casa parecían tan felices de que así fuera…Hasta el mismo Koki estaba fascinado ante la presencia de Orihime. ¿Pesaría más la felicidad del niño? Uryuu no estaba ajeno a esta situación y por lo mismo, decidió nuevamente dar un paso al costado. Por la felicidad de ella.
