5

Imperdonable

—Hazlo —la autoritaria voz de Lucius resonó por toda la estancia. Algún día sería un gran líder. ¿Un líder de mortífagos, tal vez? ¿Caminaría al lado del Señor Tenebroso? ¿Torturaría y mataría a sus órdenes?

—Hazlo, hazlo… —a la orden de Lucius se unieron las voces de los demás Caballeros.

Bellatrix sacó su varita y apuntó a Ted Tonks, quien lo miraba de manera inexpresiva. ¿Sabría quién era ella? ¿Le habría hablado Andrómeda de su hermana mayor, su obediente hermana que se casaría por conveniencia, la misma que ahora le apuntaba con una varita, no sabiendo muy bien si para torturarle o no?

—¿A qué esperas, Bella? ¿No quieres formar parte de los Caballeros de Walpurgis? Entonces… ¡tortúrale! —la voz de Lucius era fuerte y potente. Rara vez le había oído alzar la voz. Él siempre había sido calmado, su voz normal, ya de por sí, inspiraba respeto y miedo a partes iguales, sobre todo en los nuevos. Quienes ya le conocían, sabían cómo tratarle.

Bella miraba alternativamente a los Caballeros y a Ted, sin que de sus labios saliese la palabra mágica, ese Crucio que podía cambiarlo todo. Finalmente, bajó la varita.

—Lo sabía… —soltó alguien, de manera triunfal.

—Has fracasado, Bella. Jamás podrás formar parte de los Caballeros de Walpurgis —anunció Lucius, también triunfante.

—Esto no quiere decir nada, puedo hacerlo en otro momento.

—No hay otro momento, Bellatrix. Este era el único momento. Quedas expulsada de los Caballeros, aunque… Ni siquiera has llegado a formar parte de ellos. Así que te da igual.

—¿Has olvidado nuestro pequeño acuerdo, Lucius?

Esperaba seguir teniéndole cogido por donde más le dolía, pero, sorprendentemente, el joven Malfoy sonrió, otra vez con ese triunfo en el rostro, con esa expresión de alguien que ha aplastado a una asquerosa cucaracha.

—¿Y qué les vas a decir a los profesores cuando se enteren de que una prefecta ha torturado a un alumno de Hufflepuff?

—Aquí nadie ha torturado a nadie, Lucius.

—¿Ah, no? Mulciber…

Uno de los Caballeros se acercó mientras sacaba su varita y apuntó a Ted Tonks.

¡Crucio!

Tonks se retorció de dolor, hasta que Malfoy dio la orden a Mulciber de parar.

—¿Lo ves? ¿Qué dirán los profesores cuando sepan que fuiste tú quien le torturó, casi hasta la locura?

—Yo no haría eso, nunca. Y creo que Ted Tonks sabe muy bien lo que está pasando aquí.

¿En serio? Acababan de torturarle, con una maldición imperdonable. ¿Quién decía que no podían utilizar una imperius?

—¿De verdad? Bella, mira a tu alrededor, esto está lleno de testigos. ¿A quién crees que creerán los profesores? ¿A un puñado de respetables alumnos de Slytherin o a la férrea defensora de los sangre pura, aquella que descubrió hace poco que su hermana pequeña se tira a un sangre sucia?

Muy bien, Lucius, muy bien, parece que vas aprendiendo.

—Veremos a quién creen antes, Lucius.

—Por si eso no te vale… Tenemos otra carta que jugar… Imperio —había dirigido su varita hacia Tonks, quien se había quedado estático —. Dime, ¿quién te ha torturado?

—Bellatrix Lestrange. Ha sido ella.

Lucius devolvió la mirada hacia Bellatrix, quien no podía creer lo que estaba pasando.

—Te diré lo que va a pasar. Te irás ahora mismo y no querrás volver a saber de los Caballeros. No volverás a intentar contactarnos o nos preguntarás en cualquier otro momento. Hazlo y, nosotros, no te delataremos. ¿Está claro?

Bella apretó los labios pero no dijo nada. Se dio la vuelta y se marchó. Mientras lo hacía, Lucius habló por última vez.

—Te lo advertimos en su momento, Bella, ninguna mujer puede formar parte de los Caballeros de Walpurgis. Ha sido así, siempre.

Las puertas de la estancia se cerraron tras salir Bella. Tal vez para siempre.

A la mañana siguiente, todo volvía a la normalidad, igual que cuando había empezado el curso. Rodolphus se comportaba como siempre, y Lucius incluso hasta le había pedido prestado un libro. Ninguno de los dos había mostrado signos que diesen a entender que ayer la habían derrotado.

Entonces, apareció Andrómeda.

—¿Qué le has hecho?

—¿Qué le he hecho a quién?

—A Ted. Está muy raro. No sé qué le pasa…

Pues que anoche le habían torturado y manipulado la mente, eso era lo que le pasaba. ¿Seguía Lucius controlando al Hufflepuff?

—No sé qué le pasará, pero yo no le he hecho nada.

—Y una mierda, Bella. Eres la única que sabe que salgo con él. Estoy segura de que le has hecho algo. Pues que te quede clara una cosa, no voy a dejar a Ted. No pienso hacerlo. Me da igual si la familia me repudia, si la tía Walburga me borra de su asqueroso tapiz… No voy a dejar a un lado lo que siento por él.

Por una vez, Bella no respondió. Se quedó mirando a Andrómeda sin decir nada. Esta, tras ver que su hermana se había quedado muda, se marchó. Bella miró entonces a un lado de la Sala Común, donde Lucius, sentado con otros sobre butacas, todos ellos Caballeros de Walpurgis, le miraba atentamente. Bellatrix, por su parte, recogió sus cosas y decidió irse a clase.

Minutos después, cuando pasaba cerca de los lavabos del tercer piso, alguien la detuvo.

—Bellatrix Lestrange, tengo que hablar contigo.

Era Ted Tonks. Se le veía visiblemente cansado, quizás porque hacía poco que podría haberse recuperado de los efectos de las maldiciones imperdonables que le habían tocado sufrir en sus propias carnes.

—¿Qué quieres?

—Aquí no.

Entraron en los lavabos y se metieron en uno de los aseos.

—Qué acogedor… —soltó ella, con ironía.

—Eso ahora me da igual. Quiero hablar de lo que pasó ayer. ¿Qué cojones estabais haciendo? ¿Sois una especie de secta?

—Sobre eso sólo te puedo decir que no metas más las narices. Por tu propio bien o… bueno, podrían volver a torturarte.

—¿Sois vosotros los que han estado perpetrando los ataques contra alumnos?

—Han sido ellos, yo no he tenido nada que ver. No me han dado la oportunidad.

—Van a por Andrómeda.

Bella se le quedó mirando.

—Mientes.

—Yo no miento. No soy un Slytherin.

Ella rió. Prefería dejar a un lado la discusión acerca de los prejuicios de las Casas de Hogwarts.

—Andrómeda es una Slytherin y su sangre es de las más puras de esa Casa. Nadie le pondría un dedo encima. Nadie.

¿Nadie? ¿A una sangre pura que salía con un sangre sucia?

—¿Tú crees? Me remito a los hechos. Y ella no es la única —se calló un momento para ver la reacción de Bellatrix, que se había quedado mirándole —. Tanto tú como tu hermanita pequeña tampoco estáis a salvo. Esos tíos hablaban ayer de daros una lección a las tres, al parecer por más cosas que por el hecho de que Andrómeda y yo estemos juntos.

Claro, qué estúpida había sido. Conocía muy bien a Lucius y sabía de sobra que era un cerdo vengativo. Por supuesto que las amenazas de destaparle como un pervertidor de menores no iban a caer en saco roto, Bella tenía que pagar por sus insolencias. Si a eso le añadía que había querido entrar en los Caballeros de Walpurgis a toda cosa, que se había reído de ellos en su cara y que, seguramente, Narcissa no se había mostrado dispuesta a los intentos de Lucius de atraerla para sí, Bella estaba plenamente convencida ahora de que los Caballeros iban a por ellas.

—Tienes… Tienes razón. Ellos vienen a por nosotras. Probablemente también irán por ti, ya que no soltaron todas esas amenazas a la ligera. Sabían muy bien que irías corriendo a decírmelo a mí. Y no olvidemos tu condición en todo este asunto.

—¿Qué me harán a mí? —no había deje de preocupación alguna en la voz de Ted.

—No desaprovecharán la oportunidad de darte tu merecido. Tú sólo eres un plebeyo que ha decidido jugar a ser rey, Ted Tonks. Y ahora has de pagar por ello.

—¿Y qué hacemos?

—No les tengo miedo.

—Pues deberías. Eres un Hufflepuff, no uno de esos valientes Gryffindor. El no tener miedo es cosa de ellos, pero tú… tú deberías estar aterrado. No olvides que también van a por Andrómeda.

—No lo he olvidado.

—Muy bien, porque si la quieres, harás lo que sea por protegerla. ¿Lo juras?

Ted se alzó en todo su ser, tomando aire.

—Lo juro. ¿Qué tienes pensado?

Bellatrix sonrió. Había llegado el momento de contraatacar.