6

El principio del fin

En un solitario pasillo, una niña de primero caminaba despreocupadamente. Una figura alta y encapuchada apareció delante de ella.

—Hola, niñita… ¿quieres venir conmigo?

En el sexto piso, Ted Tonks y Andrómeda Black pasaban el tiempo, juntos, ajenos a los seis alumnos a los que no podían verles las caras y que se habían acercado a ellos.

—¿Quiénes sois? —preguntó Ted. Había sacado su varita y apuntaba con ella a los recién llegados, aun cuando sabía muy bien que no tenía nada que hacer.

—Podemos hacer las cosas por las buenas, Tonks, y que vengáis con nosotros… O por las malas y aturdiros aquí mismo —explicó uno de ellos —. Tú decides.

En la Sala Común de Slytherin, Bella miraba fijamente la chimenea que alumbraba la estancia. Lucius apareció detrás de ella, en las sombras.

—Tienes que venir conmigo, Bella.

—Sabía que esto no iba a quedar en nada. Que tomarías cartas en el asunto.

—Eres muy lista. Habrías sido una perfecta miembro de los Caballeros de Walpurgis. Tal vez, incluso…

—¿Una líder? —se dio la vuelta y miró a Lucius.

Este sonrió.

—Bueno, nunca llegarás a saberlo, ¿no crees? Andando.

Fueron, como era de esperar, al séptimo piso. Allí, en la gran sala interior, los Caballeros custodiaban a tres personas: Andrómeda, Narcissa y a Ted Tonks. Las dos hermanas corrieron hacia Bellatrix al verla.

—Bella, ¿qué está pasando? —preguntó Andrómeda.

—¡Tengo miedo!

—Quedaos detrás de mí y no os pasará nada. No os preocupéis, todo esto acabará antes de que os deis cuenta.

—¿En serio, Bellatrix? ¿Qué pasa, tienes una carta en la manga? ¿Crees que tú y tus hermanas saldrían impunes de las afrentas que habéis cometido? —preguntó Lucius.

—¿Qué afrentas, si se puede saber? —quiso saber ella.

—Desafíos, confraternizar con sangres sucia, amenazas…

—Oh, eso… ¿y no lo hacéis vosotros ya?

Lucius rió con sorna.

—¿Y qué me dices de él? ¿Lo defenderás de igual manera?

—Es un sangre sucia, Lucius. Todavía tengo algo de dignidad.

Lucius seguía sonriendo, hasta que dejó de hacerlo. Sacó su varita.

—Hermanos…

Los Caballeros de Walpurgis hicieron lo mismo, todos a una, y apuntaron a los cuatro jóvenes. Pero ninguno hacía nada, esperaban a que su líder diese el primer paso. Pero esto tampoco se movía.

—¿Qué te pasa, Lucius? ¿Estás nervioso? —preguntó Bella. Ahora sólo estaban ella y él. Los demás Caballeros, Andrómeda, Narcissa, Ted… No importaban.

—Trato únicamente de… dar con la maldición perfecta, con la fuerza suficiente para torturarte. Y después de ti, irán ellas.

—Yo creo que no… ¿Ted?

Las luces de la estancia se apagaron de repente. Decenas de luces eros, pero salieron de las varitas de los Caballeros, pero los cuatro secuestrados, misteriosamente, habían desaparecido o no podían verse. Al final, las luces volvieron a encenderse.

La escena era tal que así: Los Caballeros habían perdido todas sus varitas, a la vez que eran apuntados por Andrómeda, Narcissa y Ted. Bellatrix, por su parte, tenía agarrado a Lucius por detrás y mantenía su varita clavada en su cuello.

—¿Qué… cómo?

—¿Sorprendido?

—¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo es posible? —preguntaba Lucius, sin poder creerlo.

—No debías haberte metido con las Hermanas Black, Lucius.

—¿Qué vas a hacer?

Bellatrix rió, de una manera macabra, de una manera que nadie antes había visto u oído. De una forma maníaca.

—Lo que voy a hacer, Lucius, es reclamar el liderazgo de este grupo. Y lo voy a hacer de la única forma que es posible.

—¿Cómo? ¿Torturándome? No eres capaz. No lo fuiste con él… ¿Lo serás conmigo?

—¿Qué te diferencia de él, Lucius? Cuando se trata de torturar, pienso yo, la sangre es lo de menos.

Empujó a Lucius y le apuntó con la varita. Permaneció estática.

—Adelante… Hazlo… ¡Hazlo, Bella! Demuestra qué tipo de líder sería para los Caballeros de Walpurgis.

—¡CRUCIO!

La maldición imperdonable golpeó de lleno en el pecho de Lucius. Su grito desgarró toda la sala y los interiores de sus asistentes. Y Bella… Bella parecía no querer parar, casi dispuesta a llevar a Lucius a la locura misma.

—¡Basta!

Era Narcissa quien había corrido hasta ella y bajado la mano con que sostenía la varita.

—¡Cissy!

—¡Es suficiente, Bella! Ya has conseguido lo que querías. Pero no sigas pagándolo con él. Ya eres la líder de este grupo, déjale a él.

Bellatrix se quedó mirando a su hermana. A veces apreciaba su sentido común, algo de lo que ella muchas veces carecía. Posó una mano sobre su hombro y sonrió.

—Tienes razón, me he excedido. Gracias, Cissy. Gracias por estar aquí.

Narcissa se limitó a sonreír y abrazó a su hermana. Tras eso, Bella echó un vistazo hacia su hermana y Ted, quien abrazaba a esta. Estaban bien. Y después, miró a los Caballeros, que se habían inclinado ante ella, aceptando a su nueva líder. Y Lucius, que a duras penas se levantaba del suelo.

—Lo has… Lo has conseguido, Bellatrix. Eres la nueva líder de los Caballeros de Walpurgis. De ti… De ti depende dirigir a este noble grupo en su cometido. Y nosotros te obedeceremos.

—Haces bien, Lucius. Haces bien. Caballeros… Hermanos. Aquí tenéis mi primera orden. Quiero… quiero que cojáis a Lucius Malfoy y lo echéis de aquí. Lucius, como líder de los Caballeros de Walpurgis, quedas expulsado.

Lucius se había quedado mudo.

—No puedes… no…

—Puedo y lo estoy haciendo.

Dos Caballeros lo habían cogido de los brazos y, decididos, lo habían echado de la sala.

—La reunión queda disuelta. Hasta la próxima luna llena, Caballeros.

Los integrantes del grupo se marcharon, quedando las tres hermanas y Ted.

—¿Y ahora, qué? —preguntó Andrómeda.

—Vosotros seguiréis con vuestras vidas, eso es todo —aseguró Bella.

—¿Quiere eso decir qué…? —quiso saber Tonks.

Bella se acercó al chico.

—Que quede clara una cosa, Ted Tonks. Sé quién eres y lo que eres. No me gustas tú ni la gente como tú… Pero por alguna razón, a mi hermana le caes bien. Esto es lo que voy a hacer. No delataré a mi hermana, no seré yo. Ni ahora, ni mañana, ni nunca —Andrómeda corrió a abrazar a su hermana —. Pero que quede clara una cosa, cuando llegue el momento, cuando Andrómeda rebele la verdad a la familia, si es que llega a hacerlo, yo no estaré allí para defenderla y protegerla. Esa será tarea tuya, porque yo… yo no sé lo que será de mí dentro de unos años. He probado el poder, la fuerza… la magia oscura. Y me he sentido distinta. Más grande, más fuerte…

Permanecieron en silencio.

—Bueno, tal como lo planteas ahora, me parece bien que sea así —dijo Andrómeda.

Todos sonrieron.

—Está bien. Y tú… —llamó a Narcissa —. Será mejor que no cuentes nada de esto a papá y a mamá, ¿de acuerdo?

Narcissa sonrió, divertida.

—Bueno, debemos irnos ya —dijo Andrómeda.

—Lleva a tu hermana a la Sala Común, por favor. Yo iré en un rato.

Bella se quedó sola en la gran estancia, donde empezó a pasear.

Líder de los Caballeros de Walpurgis. Ella. Lo había conseguido. Pero, ¿qué había pasado antes, cuando estaba torturando a Lucius?

La fuerza, el poder… Era como si todo el dolor que Lucius había experimentado hubiese sido devuelto a ella, pero todo lo contrario. Nada de dolor, nada de agonía, sino un auténtico aumento de adrenalina que reforzaba su poder y sus ganas de acabar con Lucius.

Se puso de rodillas en el suelo y se tapó la cara con las manos. ¿Quería eso? ¿Lo quería de verdad? ¿Qué le había dicho a Ted y a Andrómeda? Dentro de unos años… Dentro de unos años no sabría qué sería de ella, dónde estaría, qué haría… Y a qué se dedicaría. ¿A torturar? ¿A matar? Porque la líder de los Caballeros de Walpurgis sólo tenía un único destino: servir al Señor Tenebroso.

Apartó las manos de la cara y miró al frente, sin mirar. Sonrió de manera maléfica.

Que así fuese.

FIN