Aclaro que la historia no es mía, solo la adapto a los personajes de Crepúsculo


SINOPSIS


Isabella es la nueva chica en la Preparatoria Santa Anna, y todo lo que ella quiere es estar bajo el radar —llegar a sus clases, conocer nuevos amigos, y tratar de no hacer el ridículo total ella misma cada media hora. Pero el apuesto y popular Edward Cullen decide a su manera, ser amable con la chica nueva. Tirando el plan de Bella, de ir desapercibida, por la ventana.

Edward es sexy, pero está completamente fuera de los límites. Rosalie Hale, la chica más popular y mala de la escuela, ha tenido sus ojos puestos en él desde el verano. Y a Rose no le gusta la competencia.

Cuando Edward invita a Bella a la fiesta de fin de semana exclusiva en la casa de Rose, esta coloca su mirada sobre su nueva víctima. Pero lo que Bella no sabe, es que Rose y sus amigas no son chicas malas ordinarias. Tienen poderes que la mayoría de las personas solo pueden soñar con tener, y nadie se interpondrá en el camino de lo que ellas quieren.

Y lo que Rosalie quiere es a Edward.


EDWARD

Estoy a punto de tomar un tiro en suspensión cuando me llama una voz demasiado familiar desde fuera de la cerca.

— ¡Pásalo, pásalo!

Me detengo y pierdo el equilibrio en lugar de hacer el tiro a pesar de que tenía una brecha abierta. Emmett mueve sus brazos.

—Hey, estoy libre, ¿estás ciego?

Lanzo un pase vertiginosamente rápido a la derecha hacia el pecho de Emmett, pero alguien del equipo contrario lo agarra. Emmett me mira furioso. Yo le devuelvo la mirada. Seth se acerca y me da una palmada en el hombro.

—Buen intento, Kobe.

―Cállate —le dije y él se encogió de hombros.

―Es solo la clase de gimnasia ―dice Seth mientras sigo caminando por la cancha. El otro equipo acababa de anotar un tanto fácilmente. Emmett corre hacia mí.

— ¡Qué demonios, hombre! Yo estaba libre.

―Me perdí un tiro perfecto gracias a ti —le digo.

— ¿Desde cuándo eres un tirador? —me dice.

Emmett es fastidioso pero lo mantengo cerca porque de vez en cuando puede ser muy bueno. De todos modos, él es quien me convenció para empezar a jugar al fútbol, me ayudó a arreglar mi rutina de gimnasio y me metió en todos los suplementos adecuados y esas cosas. Pero entonces él empieza a hablar agrandando el tema y siempre está comentando que él es la razón por la cual el entrenador me ha dado mucho tiempo de juego este año. Lo cual es mentira.

—Si veo un tiro, lo tomo —le digo.

—Puedes tomar un tiro, pero no el lanzamiento final. Eso está reservado para las personas que son buenas bajo presión, como yo —dice Emmett. —Será mejor que recuerdes eso, chico.

—Chicos, ¿podemos dejar de discutir por una clase de gimnasia y concentrarnos en las cosas importantes? —dice Seth.

― ¿Como qué? —le contesto.

Por supuesto que él está hablando de la tríada. Rose y compañía.

― ¿Se lo dijiste? —Seth le pregunta a Emmett.

Emmett sólo me mira con una sonrisa de complicidad.

— ¿Qué no me dijo todavía? —pregunto, inmediatamente sospechando.

Emmett sonríe.

—La cosa más impensable de todas. Gianna me pidió que pasara el rato con ella y sus amigas mañana. En la casa de Rose.

— ¿En serio? —Cruzo los brazos.

—Así es. Supongo que debe ser el pase caliente de por aquí.

El juego ha terminado y todos los chicos se dirigen a los vestuarios por lo que seguimos adelante. Seth me da un codazo. Yo lo fulmino con la mirada. Él me empuja de nuevo.

—Ahora es tu turno para soltar la bomba.

Suspiro.

—Muy bien. Rose me pidió que fuera a su casa mañana, también.

La sonrisa confiada de Emmett se desvanece lentamente al caerle la sorpresa.

— ¿Tú?

— ¿Y por qué no?

—No lo sé. Simplemente no pareces el tipo de Rose.

Llegamos a nuestros casilleros y empezamos a cambiarnos de nuevo en los uniformes de la escuela. Camisa blanca con el escudo bordado de la escuela en el bolsillo izquierdo, dorado y azul, corbatas, pantalones azul marino y zapatos negros de vestir.

—Chicos, sois geniales y no viene al caso aquí —dice Seth. — ¡Pero estamos dentro!

―Ummm, la última vez que lo comprobé tu no tenías nada que ver con esto —le digo, enderezándome la corbata. Emmett arregla la parte de atrás de mi cuello por mí.

—Por supuesto que sí —dice Seth. —Todo el mundo sabe que somos un equipo, al igual que Rosalie, Gianna y Heidi. Somos el trío masculino.

—Mentira, no lo somos.

—Vamos, llévame contigo.

—Ni siquiera sé si voy a ir—le digo.

—Tú iras —dice Emmett—. No puedes rechazar a Rose, hombre. Serías el mayor idiota de la historia si no te molestas en descubrir lo que está pasando ahí. Es la chica más buena de toda la escuela, en todo el maldito pueblo —Él niega con la cabeza―. Todavía no puedo creer que te haya pedido que fueras.

¿Qué diablos pasa en este mundo? Es una especie de acuerdo tácito entre todos los chicos que Rosalie es la más hermosa, la chica más popular de la ciudad. Está considerada intocable, como si Taylor Swift viniera y se trasladara a Forks. Y empezara a asistir a Santa Anna.

Suena la campana, y salgo corriendo de los vestuarios, Emmett y Seth se separan de mí para ir a la clase de química mientras que yo tengo un período libre para estudiar. Cuando llego a mi salón de clases, la chica nueva está ahí.

Bella. Sentada en la última fila de la sala, leyendo algún libro. Tan sólo deja las cosas como están, me digo. Déjala en paz y concentrarte en el estudio.

Pero yo no tengo ganas de estudiar. Hay un asiento vacío junto a ella y antes de darme cuenta, voy enseguida y me siento.

Sus ojos se mueven y amplían por una fracción de segundo cuando me ve, y luego se centra de nuevo en la lectura. Sentí algo de placer al verla reaccionar así cuando me siento a su lado.

Estiro el cuello para echar un vistazo a la portada.

— ¿Qué es eso?

Ella levanta la mirada.

— ¿Qué? —Se mueve como si de repente se sintiera incómoda, toma el libro y lo mete de nuevo en su bolso.

— ¿Por qué lo guardas?

―Porque tú te estabas entrometiendo.

Resoplo.

—Sólo por curiosidad. ¿Es que es un crimen o algo así? —Ella se encoge de hombros, así que intento darle un toque diferente—. Oye, ¿quieres saber una cosa? —Susurro falsamente, al igual que si le estuviera contando un gran secreto.

— ¿Qué? —Me contesta ella, bajando la voz a propósito.

Me inclino.

—No le digas a nadie de esto. Pero a mí también me gusta leer.

―Claro que sí.

Se ríe como si no me creyera, pero es verdad. Me gusta leer libros de terror.

Horror y esas cosas tipo zombies. Pero aun así cuenta como lectura, aunque no sea Charles Dickens.

―Y bueno, ¿tú realmente piensas ir a la casa de Rosalie mañana? —le digo, cambiando de tema.

Se encoge de hombros y se pasa la mano por su cabello oscuro, metiendo un mechón detrás de una oreja, pensándoselo un poco.

—No sé si ellas realmente quieren que vaya.

—Por supuesto que sí. Todos queremos.

No estoy seguro de por qué dije eso. Quiero decir, no me importa mucho si ella va. Pero podría ser divertido ver cómo es fuera de la escuela. Ahora sí esboza una sonrisa real.

— ¿Eso crees?

―Sí. De hecho, incluso te recogeré y te llevaré hasta allí.

Ella vacila. Lo que es bueno. Es decir, llevarla no puede ser la mejor idea si tengo la intención de tratar de que pase algo con Rose. Tengo que dejar de ser un tipo tan agradable y simplemente dejar que pase lo que tenga que pasar.

―Bueno —dice ella después de un largo rato. —Iré.

―Genial. Será divertido. —Hay un segundo de silencio y ahora estoy deseando no haber dicho nada sobre lo de ir juntos. ¿Qué van a pensar Emmett y Seth cuando se enteren?

Me siento en mi silla y Bella empieza a retorcerse un mechón de pelo alrededor de un dedo. Entonces miro hacia su bolso y veo el título de ese libro que estaba leyendo cuando entré. Casi me caigo de la silla. Empiezo señalando el libro.

—Espera un segundo…

— ¿Qué?

—Tú no puedes…

Ella baja la mirada hacia su bolso, perpleja.

— ¿Qué? ¿Qué?

— ¡Ese libro! Ese es como mi libro favorito de todos los tiempos.

Ella se agacha y cierra el bolso.

—No deberías espiar.

—No estaba fisgoneando, sólo estaba mirando a la portada.

― ¡Shhh! —dice―. La gente está mirando.

Y ellas también. Jane Vulturi nos está echando una mirada asesina, y la señora Johnson, nuestra maestra, alza las cejas hacia nosotros. Me siento y sacudo la cabeza.

—Lo siento, —susurro— no puedo creer que estés leyendo cumbres borrascosas.

—Shhh. ¡No se lo cuentes a toda la clase!

Ella me lanza otra de sus sonrisitas divertidas. Y de repente me alegro de que nos decidiéramos a ir a la fiesta juntos.