Ka-O

Capitulo 2: Lo más increíble suele pasar de la manera más tonta

Para cuando la pequeña Korin abrió los ojos el olor a mar ya se había apropiado de su nariz y la brisa se entretenía con su cabello mientras los chillidos de las gaviotas llegaban hasta sus oídos. Ante si la gran Amateratsu se peinaba sus largos cabello de oro en las frías agua del mar justo para comenzar un nuevo día y el sonrojo de su tez la embellecía y hacia brillar al cielo entero. Daba así los buenos días el astro rey señor de nuestra galaxia.

Para Korin las vistas que obtenía desde aquella callejuela a una carretera del paseo marítimo en la que habían aparecido era, sin lugar a dudas, lo más hermoso que había visto en su corta vida ya fuese por que el mismo era realmente bello o por lo que tal belleza significaba… Ya estaba en Horai.

Para cuando Karin salio de la ducha Yuzu y sus amigas ya se habían despertado y hablaban en la cama de alguna de ellas, pese a su aparición la conversación no fue detenida y ninguna de ellas salvo su hermana pareció verla.

-Karin-chan, por casualidad, ¿no habrás oído unos pajaritos esta mañana?- le pregunto la rubia con un mohín de curiosidad.

-Es posible que haya sido alguna paloma Yuzu, hay muchas, pero no, no he oído nada por el estilo.- Karin sabia perfectamente que ese canto que habían oído era Aoi, pero no podía decírselo puesto que, aunque su poderes habían aumentado bastante, Yuzu solo era capaz de ver algunos seres de reiatsu casi mínimo. Así era, aunque Aoi era un espíritu de alguna extraña manera, cuando hablaba la gente normal solía escuchar el canto de un azulejo de las montañas, lo que ya le había traído más de un problema ha Karin por lo parlanchina de, como ella mima la había llamado, su guardiana.

Yuzu se apeno y a sus amigas no padeció agradarles el que hubiese preguntado, normal, al fin y al cabo Karin era 'rara'. Sabiendo de los pensamientos tan halagadores hacia su persona que las amigas de Yuzu tenían sobre ella, la morena no tardo en irse recordándole a Yuzu, y a las otras indirectamente por poco que la idea le agradase, que el desayuno era a las ocho y media y que si no se daban prisa no llegarían a tiempo.

Durante el camino hacia el comedor-cafetería del hotel Karin no pudo evitar pensar en los viejos tiempos, en aquella época en la que su hermano era él mismo, cuando Rukia-nee-san estaba con ellos o cuando su madre aun vivía, sin olvidarnos por supuesto de los momentos que había pasado con él, con Toushiro, con el hombre al que había alejado por su propio deseo, por su sobreprotección, por que había sido incapaz de ser egoísta, por que cuando supo que por estar con ella Toushiro podía morir prefirió estar lejos de él y que viviese, por que el joven capitán podía decir lo que quisiese, podía ir de héroe y de genio, pero Karin sabia que Momo, Rangiku y la SS eran la vida y la muerte de Toushiro Hitsugaya y, por mucho que se amasen, ella no tenía ningún derecho a quitárselo.

Ni siquiera el hecho de encontrarse ya en el comedor evito que la joven siguiese adentrándose en su pasado y su culpa, aquella que parecia asfixiarla a cada segundo, la melancolía, un sentimiento al que ya se había acostumbrado, fue acompañado y reforzado por la soledad del lugar donde solo una pareja de ancianos y un joven se encontraban desayunando.

Karin se acerco al buffet libre que era el desayuno, dijo su habitación y se sirvió rápidamente, un café, unas tostadas con aceite y tomate a lo mediterráneo y un zumo de naranja. Antes se hubiese pedido un te verde con jazmín y en ved de aceite le hubiese echado mantequilla y mermelada de frutas del bosque, sus favoritas, acompañadas tal vez de un bol de arroz tan típico en la dieta japonesa, pero parecia que esa mañana los recuerdos no iban a dejarla descansar y esos alimentos, como casi todo, no la ayudaban.

Tras esto Karin fue hasta una de las mesas que se encontraban en las ventanas, era de dos personas, no necesitaba más sillas, y tras mirar unos segundo al exterior, donde se dibujaba el amanecer tras los pocos edificios que los separaban del mar, regreso su mirara al lugar, analizándolo.

El comedor era una sala amplia, con el suelo de mármol blanco, mismo color que ocupaban las mesas y sillas. El punto de color lo aportaban la comida del buffet de forma redondeara en el centro del salón y las cortinas de un tono violáceo, todo esto aderezado con lámparas futuristas que parecían árboles de navidad puesto que estaban completamente hechos de bolas plateadas en forma de anillos alrededor de la bombilla. El camarero que la había atendido, moreno y de ojo castaño, guapo aun que a ella eso le diese igual debía admitirlo, se encontraba terminando de colocar todo. El joven que había visto al entrar escribía rápido en su ordenador mientras leía un documento y tomaba su café, su mesa estaba llena de papeles y una pluma descansaba abierta sobre unos de ellos, hermosa, un tirón en el corazón le hizo dirigir su vista hacia otro lado… Mientras estuvo en este mundo Toushiro se acostumbro a ese mismo tipo de pluma, según él eran cómodas para escribir rápido así que ella le había regalado una por su cumpleaños, el último en el que se habían visto, ¿seguiría usándola?

Giro su cabeza regresando a la realidad y continuo su análisis mientras se terminaba una de las tostadas y empezaba la otra. Se trataba de una pareja de ancianos, el hombre de pelo corto cano y con gafas hablaba con la mujer que había recogido su blanco y brillante pelo en un moño perfecto. Las arrugas se volvían visibles en ambos pero estas eran de esas que la Sra. Hatori, su vecina, decía que eran de alegría pues pese a los años el anciano no dejaba de sonreír a su compañera mientras acariciaba su mano, bajo la propia, encima de la mesa, mirándola fijamente como si bebiese de cada palabra que la anciana decía. Sus edades superarían, seguramente, los ochenta, por lo que llevarían casados mucho tiempo y, sin embargo, el amor que ambos profesaban por su contrario era tan fresco como el de cualquier pareja de jóvenes, algo agriado por los años, seguramente con sus pros y sus contras sus subidas y bajadas, pero juntos contra viento y marea. Por un segundo Karin se pregunto si acaso ella no podría llegar a vivir aquello algún día, el levantarse cada mañana mirando al hombre por el que daría su vida, tener sus hijos, envejecer juntos y ver a sus nietos jugueteando por el jardín, deseosos de una de sus deliciosas galletas de chocolate o atentos a las batallita y cuentos que el abuelo les contase; por un momento se permitió fantasear con como serian sus hijos, cabello blanco o negro, ojos aguamarina o grises oscuro, altos o bajos, uno o más…y, como se suele decir, cuanto más alto vuelas más dura es la caída y Karin se arrepintió de haberlo siquiera soñado pues el dolor que mordió su corazón fue mil veces peor que cualquier tipo de herida que se hubiese podido hacer.

Finalmente las puertas del comedor se abrieron y la gente empezó a llenar el lugar familias con niños y jóvenes, tanto de su colegio como de otros se aglomeraron en el buffet, el hombre de la pluma había desaparecido, los ancianos ya empezaban a levantare y el camarero estaba ahora acompañado por un par de compañeras. La tranquilidad había ya puesto su punto y final y el sol ya había terminado de salir.

Hola a ti también Lorenzo…

Se encontraban caminando hacia el centro al encuentro de Enki, que al ser el que más había venido en los últimos tiempos era el que mejor conocía el lugar y como moverse por el. Ya eran cerca de las dos de la tarde, ella y Keiki se habían pasado toda la mañana haciendo recados para los reyes y Gyokuyo, además de alguna que otra cosa de los Kirins, pero según este todavía no habían terminado, simplemente harían una parada para comer algo y reencontrase con Enki, que se había separado de ellos al poco de llegar mientras ella jugaba en la playa. Podía parecer estupido pero para ella que había crecido encerrada en ese enorme palacio la idea de jugar tranquilamente entre los cangrejos, la arena y el mar era una de las cosas más maravillosas del mundo.

Finalmente llegaron al 'centro comercial', según las letras de afuera donde se habían encontrado con Enki, y no pudo evitar que sus pupilas se dilatasen: el edificio era de forma circulas con varias plantas laterales, y justo en el centro, bajo el hermoso techo de cristal que dejaba pasar el sol y hacia el lugar mucho más luminoso de lo que ya era de por si, había una especie de laguna gigante llena de plantas y tortugas, con varios puentes del mismo material que el suelo normal, donde se situaban unas caseta blancas.

La cantidad de gente era preocupante pues era fácil perderse y aunque la mayoría parecía entrar o salir de la "Feria de las ciencias ocultas", según lo que ponía en la enorme pancarta, esto no impedía que expulsase alegría por cada uno de sus poros. La cantidad de gente no le preocupaba, aunque le resultase un poco agobiante, puesto que no estaba acostumbrada, no lo veía del todo desagradable, no mientras Keiki y Enki estuviesen con ella…un segundo… ¿Keiki? ¿Enki?

Tras pasar toda la mañana en el acuárium al fin habían regresado al centro, donde les habían dado un par de horas libres para comer. La mayoría se habían inclinado por ir a comer a uno de los restaurantes tradicionales cercanos, eso producía en Karin cada vez más miedo pues sus propios compañeros parecían más machistas y desfasados que los ancianitos que veía por la calle; aunque la habían invitado, más por cortesía para con su hermana que por deseo, ella había declinado amablemente la oferta y se había dirigido hacia un centro comercial donde, según un panfleto que había encontrado, se había organizado justo en esos momentos una feria ocultista y ella, como buena médium contra deseo, no podía mas que visitarla.

Aun que el viaje había sido eterno a su parecer, sobretodo culpa de parad en varios puestos ambulantes en busca de distintos platillos típicos con los que se podía dar por satisfecha, al fin había llegado. Las puertas de cristal se abrieron y Karin pasó a entrar.

De la alegría a la preocupación, la pequeña a la que antes le daba igual la gente ahora le agobiaba, sus ojos habían perdido el brillo opacados por el miedo a lo desconocido, teoría no era lo mismo que practica, sentía el peligro cosquillear por su piel y la gente, demasiado preocupada en entrar y salir, no se fijaron en la pequeña a la que le llegaban golpes de todos lados hasta que, en uno de ellos, perdió el equilibrio y…

Caminaba por entre la gente sin fijarse, de vez en cuando algo llamaba su atención y se acercaba al puesto para alejarse poco después, realmente necesitaba ese paseo, Kuki y Aoi no se habían movido de las pequeñas lagunas llenas de tortugas desde que habían entrado en el centro comercial, demasiado interesados en los animales como para preocuparse en nada más, como niños pequeños con juguete nuevo…bueno, técnicamente lo eran así que no tenia caso enfadarse por ello.

No sabría si llamarlo destino o divina providencia, tal vez no fuese más que pura coincidencia, pero justo en el momento que dirigió su vista al frente una pequeña de unos 5 años de pelo blanco y piel morena cayo a sus pies pero nadie más pareció darse cuenta de esto.

Karin corrió a agacharse, igualándose a la niña, por entre el cabello pudo observar que lloraba y si no se equivocaba se había raspado la rodilla.

No dudo en levantarla rápidamente mientras le sacaba conversación y le preguntaba por su madre o su padre, claramente la pequeña se había perdido. Sin embargo desde que la había levantado la niña no había hecho otra cosa que mirarla fijamente, como sorprendida. Esa actitud se mantuvo durante todo lo que tardo en sacar un pañuelo y algo de agua que llevaba en la mochila, limpiando las raspaduras que, efectivamente, se había hecho la chiquilla al caer y de las que habían salido algo de sangre, nada casi.

Cuando levanto su vista y se fijo bien en la niña no puedo evitar darse cuenta de las semejanzas entre la pequeña y su pequeño capitán pues lo único que parecia diferenciarles era el sexo y los ojos, ojos en los que se quedo hundida de un azul claro brillante tan distinto a los de Toushiro pero tan increíblemente hermosos, por alguna razón sintió que debía proteger a esa niña pero sus pensamientos no llegaron a concretarse pues fueron interrumpidas por uno gritos, aun que parecia que solo ella los oyó pues la niña, pese a ellos no dejo de mirarla.

-¡Korin!- Gritaban Enki y Keiki mientras se acercaban a las chicas rápidamente. Enki no tardo en abrazar a su hermana mientras Keiki recuperaba la respiración y daba gracias a Tentei por no haber perdido a la Kirin.

-Son familia, ¿cierto?- Keiki dirigió la vista a la chica que le acababa de preguntar, era la que habían visto junto a Korin, asintió.-Bien, entonces me voy. Que pase un buen día señor- al fin y al cabo ya no tenia nada más que hacer hay… ¿no?

Cuando Karin ya se había perdido entre la gente y Enki todavía le echaba la bronca del siglo a Korin esta recupero sus facultades y busco rápidamente con la vista a la joven que la había curado, cuyo aura la había relajado, se había sentido bien, se había sentido especial, y ahora que ella se había alejado sintió que una parte de ella también se había ido, miedo, preocupación y sorpresa por que se acababa de dar cuenta de que acababa de dejar ir a su…

-Ko-oh…-escapo entre un suspiro.

Enki guardo silencio, sorprendido, y Keiki no se quedo atrás mientras Korin seguía buscando entre la gente. Lo que más temían ambos había pasado, la Kirin de Ko había encontrado un rey…

Tick tack, tick tack, se acerca se acerca

Estaba atardeciendo, llevaban toda la tarde en la playa y, contra lógica, les habían permitido querarse, a ella y a algunos más, hasta que oscureciese. Seguramente el hecho de que la mayoría de los que se habían quedado fuesen parejitas no era tan extraño pero, contra esto hay estaba ella, más sola que la una mirando como Amateratsu se largaba, en un momento de gracia o locura su mente no pudo evitar pensar "eso huye cobarde" para después reír a carcajada limpia, tal y como hacia mucho que no lo hacia. No estaba del todo segura del por que pero desde que se había encontrado con la niña de nieve, como ella se había tomado la libertad de apodarla, no podía evitar sentir una felicidad inmensa en cada fibra de su ser. El día que había comenzado siendo una tortura se había convertido en el más perfecto de sus últimos tiempos.

Mientras reía, Kuki y Aoi, que jugueteaban a su alrededor, sonrieron alegres, hacia mucho que su señora no reía así, mientras daban gracias al cielo por el fortuito encuentro que había tenido. Por que en contra de lo que se pudiese pensar, ellos nunca le quitaban un ojo a Karin.

Junto con Keiki y Enki, Korin se había pasado toda la tarde buscando a su reina, pero el atardecer había llegado y no la habían encontrado así que, en contra de sus propios deseos, se habían dirigido a la playa para invocar un Shoku* para volver a casa. La tristeza había embargado a la pequeña cuando, de pronto, a poco de llegar al sitio donde habían aparecido en la mañana, lo sintió… su aura, el inconfundible aura… de su reina.

Y corrió, la pequeña corrió hacia la baranda, la salto y siguió corriendo hasta la rocas y allí, ante ella, en una rocas más abajo, con los pies en el agua y con dos pequeñas criaturas jugando a su alrededor se encontraba a la que por un momento pensó no volver a encontrar.

La reina de Ko se veía así, con el mar y la puesta de sol definiendo su silueta, como una diosa ante sus ojos, peligrosa, su aura le decía que alguien de quien temer, pero una protectora por naturaleza…perfecta.

Keiki y Enki tenían razón, era hora de volver a casa pero no irían solos.

-Juro solemnemente proteger y obedecer a mi señora hoy y hasta el final de mis dias en la misión que nos ha sido encomendara por deseo de los cielos-

El atardecer llego a su cenit y, en el mismo momento, esas palabras llegaron a Karin desde su espalda. Sorprendida por haberse relajado tanto como para no sentir el reiatsu al acercarse, se levanto velozmente, girándose en el proceso para observar la imagen que más subreal que había visto hasta esos instantes, como ella misma admitiría muchos años después.

Kuki y Aoi detuvieron sus correrías para observar a una niña de pelo blanco decorado con un lazo y miles de pequeñas mariposas arrodillara ante su señora, con la vista gacha y una mano, en puño, apoyada en el suelo.

Ante su propia incomprensión de lo que estaba pasando su primer impulso fue agacharse pero una voz la detuvo.

-¡Deteneos!- Karin no podía asegurar si la orden que uno de los dos rubio que se acercaban corriendo era para ella o para la niña, sin embargo si pudo asegurarse de una cosa: eran los mismos del centro comercial.

- Juro solemnemente proteger y obedecer a mi señora hoy y hasta el final de mis días en la misión que nos ha sido encomendara por deseo de los cielos…Decir 'Así lo acepto' por favor…- la dulce voz, de suave entonación, de la niña hizo que dejase su sorpresa y análisis para después.

-Nunca acepto algo sin…-

-¡Por favor!- no hizo falta más que la suplica en la voz infantil que acababa de interrumpirla para que Karin, en un acto impropio de ella misma, dijese las tres palabras que, aunque aun no lo supiese, cambiarían su vida…para siempre…

"-Así lo acepto-"

Las piezas ya están en su sitio y la reina negra a ocupado su trono… ¡Comienza el juego!

Hola...gomene por la tardanza pero parece ser que mi cole y la compu hicieron un complot para que no pueda escribir...pero por mis Santos %&%&%&% ! que yo termino este fic, a la mala pero lo hago. ESo signiica que tardare en actualizar cosa de semana semana y algo pero lo hare. Perdon! Bueno os dejo q mi madre me va a ecar una bronca jejejej adeu

Atte. Mia Nix