Cap 3: Reuniones Parte I
- Juro solemnemente proteger y obedecer a mi señora hoy y hasta el final de mis días en la misión que nos ha sido encomendara por deseo de los cielos…Decir 'Así lo acepto' por favor…- la dulce voz, de suave entonación, de la niña hizo que dejase su sorpresa y análisis para después.
-Nunca acepto algo sin…-
-¡Por favor!- no hizo falta más que la suplica en la voz infantil que acababa de interrumpirla para que Karin, en un acto impropio de ella misma, dijese las tres palabras que, aunque aun no lo supiese, cambiarían su vida…para siempre…
"-Así lo acepto-"
Karin se agacho y le tendió la mano, de tal manera que cuando sus manos se juntaron el último rayo de sol de ese día me deslumbro.
Opening de Jounni Kokuki:
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213 años después, Monte Ho, Mar Amarillo, Aposentos de Gyokuyo
Gyokuyo estaba preocupada, dolida, aterrorizada… Acababa de despertar sabiendo que pronto no volvería a hacerlo, ni ella ni ninguno de los que habitaban aquella perla mágica rodeara por Doce Reinos. Esa valiosa y terrorífica información la llevó a llamar a todas las sacerdotisas nyosai a sus aposentos, ni siquiera se había cambiado ni peinado, su camisón estaba arrugado y la bata se la había puesto al revés, su cabello parecía un nido de shinzos* y sus ojeras estaban marcadas, más visibles aun debido a la claridad de su piel.
Las nyosais cuchicheaban intentando averiguar qué sucedia, ni las ideas más locas se acercaban a la realidad.
La sala en la que se encontraban era espaciosa, delicada y cuidada, un despacho con múltiples estanterías y un balcón a su espalda, detrás de la silla de ébano y oro en la que estaba sentada; ante ella su mesa, también con hermosa ornamentación, se encontraba perfectamente ordenada, los papeles en pequeños montones según el tema, la importancia,… la piedra de tinta y los demás utensilios. Y, un poco más lejos, las nyosais en un pequeño grupo, hablando en susurros hasta que decidió que ya era suficiente espera.
- ¡Silencio!- su voz retumbo clara y suave en la sala mientras la brisa entraba por la ventana abierta del balcón, moviendo levemente las cortinas semitransparentes y de un blanco impoluto. El silencio no se hizo de esperar. – Escucharme un momento, lamentablemente las noticias que os voy a dar no son buenas pero no tengo más remedio…- se detuvo, bajando la vista, y respiro profundamente, necesitaría aire y toda la voluntad que pudiese recolectar para lo que le esperaba- en este mismo instante queda convocada una Amida todas vosotras cogeréis una de la cajas sellaras que hay en mi mesa con el nombre del rey correspondiente a vuestro kirin, Jing Li tú se lo llevaras a Kenro Shin, si no me equivoco en esta época del año está en el reino de Ko, quiero a todos aquí al amanecer del tercer día desde hoy.- Las sacerdotisas se mantenían en silencio, con las pupilas dilatadas mientras las palabras de Gyokuyo se filtraban en su cerebro. Aunque sabía que era un shock, Gyokuyo tenía claro que no había tiempo suficiente para que las jóvenes asumiesen la información suavemente, el reloj ya había comenzado la cuenta atrás.
-¿Qué haceis aquí todavía? ¡Fuera!- Esas palabras fueron el detonante para la algarabía que se monto, las sacerdotisas corrieron en pos de una bestia de montar, alguna sin la caja tuvo que regresar, pero Gyokuyo no se movió hasta que los pasos de la última de ellas se perdieron por el pasillo, entonces estallo.
La Suma Sacerdotisa se quebró, los papeles sobre su escritorio cayeron al suelo presas de su furia, sus ojos brillaron acuosos de dolor, lapiceros, tintas y libros rodaron y se rompieron por la rabia insoportable que albergaba en su pecho, sus piernas no pudieron seguir manteniendo su peso y, tras temblar, cayó en la silla a sus espaldas; finalmente, las lagrima corrieron por sus mejillas y se tapo la cara con sus manos.
El paipai cayó al suelo produciendo tres ruidos secos, entre papeles, tinta, furia y dolor removidos por la brisa del verano incipiente que se colaba por la ventana y movía las cortinas manchadas en tinta negra, el eco se oyó multiplicado incontables veces en la destruida habitación, una paradoja en contraste con el hermoso cielo azul, apenas decorado por pequeñas nubes blancas, que se mostraba a través de la ventana.
El hermoso cielo de Doce Reinos.
Palacio Imperial del Reino de Ko
Dos jóvenes caminan tranquilamente hablando por uno de los rojizos pasillos de palacio; la que parece más joven tan solo aparenta 16 años, tiene la piel clara, del color de la leche, los ojos ónix y el pelo azabache recogido en un complicado moño con hilos en un intrincado decorado con su kimono largo y negro con dibujos geométricos en violeta y oro y obi a juego pero de colores intercambiados, sus gestos son delicados y sus pasos cortos, la reina de Ko, Kurosaki Karin; su acompañante es más mayor, unos 20 años, ojos jade y pelo castaño claro, en ji , su maquillaje es suave y su piel esta bronceada, su hanfui es verde claro con detalles en oro y amarillo y su zhaoshan con ribetes en oro y semitransparente.
…luego tienes que firmar las reforma de la región de Jigou y el proyecto del puente de Saiji, además hay una reunión…- y así, la castaña seguía y seguía mientras Karin se limitaba a asentir con la cabeza y decir alguna que otra palabra aparentando interés cuando en lo único que pensaba era en la cantidad de pasos que le faltan para llegar a la puerta a su derecha, negra y grande con hermosos dragones de oro. 8…7...6...5...4...3...2...y... sus pensamientos y conversación fueron interrumpiros por el portazo que dio una pequeña rubia de siete años al cerrar la puerta a la que se acercaban. La pequeña se apoyo en la puerta para recuperar su respiración, agitada aun, levanta la vista y se encuentra con ambas jóvenes.
¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo vosotras por aquí?- dice la pequeña tras arreglar su hanfu azul y rosa y recolocar un mechón que se ha salido de su prolijo recogido , sonriente.
¿Ya habéis terminado vuestro papeleo Taiho?- hablo la castaña seriamente, a la niña.
¡Yukiko! ¡Me llamo Korin Yukiko! ¿Qué tiene de complicado? Y si, Chiami ya he terminado con el papeleo así que si me disculpáis voy a dar una vuelta…¡Adios!- Para después salir corriendo con dirección desconocida.
Las dos jóvenes se miraron con cara extrañada por lo que Karin, que era la más cercana a la puerta, cogió la manecilla, abrió y miro… ante ella una sala como un campo de futbol con paredes ricamente decoradas con figuras mitológicas en oro; los dos escritorios y demás enseres de oficina quedaban tapados por montañas y montañas de papeles de altura muy superior a la de la joven reina cuya vena frontal acabo estallando.
¡YUKIKO!- el grito debió de oírse hasta en Hourai y Karin salió tan rápido en busca de la pequeña que pronto el pasillo quedo vacio salvo por la joven castaña de nombre Chiami y una agradable brisa que llevo hasta su mano uno de los papeles…
-Hoja-
-Fin Hoja-
-¡KA-O!
A un par de pasillos de donde se encuentra la Chousai, un joven de pelo plateado y sonrisa zorruna no puede evitar detenerse y reír. 200 años y sigue cayendo en la misma trampa. Para continuar su camino mientras sus carcajadas retumban en los solitarios y oscuros pasillos del Palacio de Ko.
Capital de Ko, Bar Cho-O a los pies del Palacio de Ko
Una bestia de montar, un hermoso tigre blanco, baja desde palacio con una oscura figura oculta tras una capa negra y aterriza frente al bar. Sentada en la barra está Korin bebiendo un té y comiendo bollos de un cuenco acompañada de Aoi. El tabernero, un cincuentón con barriga cervecera que limpia un vaso con un paño, no se sorprende y saluda a la joven que baja de la bestia mientras le pone un té.
¿Lo tienes todo Yu-chan?- pregunta la joven reina quitándose la capucha y sentándose en la barra al lado de Yukiko.
Por supuesto Ka-chan- sonríe la pequeña mientras alza la bolsa que lleva colgando. Karin aprovecha para comer un bollo, en silencio, disfrutando de las conversaciones del bar. Cuando se termina el té deja la taza, se vuelve a poner la capucha y se levanta tras dejar dos monedas de oro sobre la barra.
Coge tu a Byako y ve yendo, que Aoi te acompañe. ¡Kuki nos vamos!
El hollow, que nadie sabe cuando a aparecido, coge múltiples bollos hasta que no es capaz de andar sin que se le caiga alguno y, cual pato mareado, se dirige a la bolsa que cuelga del hombro de la reina. Justo antes de desaparecer, dejando tan solo una sombra, el pequeño Kuki se despidió con un movimiento de mano.
La risa de ambos seres divinos no pudo ser contenida mucho más por lo que el té estuvo apuntó de regar la ropa de la kirin, el pequeño hueco era tan gracioso. Korin dejo la taza sobre la barra con un culín de té y, tras dejar otra moneda de oro, pego un salto y camino hasta Byako, montando.
Aoi vámonos- hablo al ángel mientras se ponía la capucha de su capa blanca y Byako comenzaba a alejarse.
¡Hai!- Aoi se trago uno de los bollos de golpe, ahogándose, por lo que antes de volar tras la ya distante bestia se bebió el té que la Kirin había dejado.
Ambas figuras no tardaron mucho en desaparecer de su vista. El tabernero se acerco y, tras quitar los útiles ya vacios, recogió las monedas de oro. Una la metió en la caja junto con 3 de plata y dos de cobre que sacó de su bolsillo y las otras dos en un tarro que rezaba "propina".
Cuatro generaciones y aún no saben que el té son siete etiles
¡Chiquillo si sigues trabajando así te compro la bestia esa!
¡Si papa!
Media hora más tarde, Valle de Goshimboku al sureste de la capital
En un valle a apenas 200 Km de la Capital, el conocido como Guardián del Monte Ho disfruta de su retiro vacacional en Ko. El inmortal descansa sentado en la ladera de una colina, a su lado derecho una mesa baja con un par de botellas de sake y varios platos con exquisitos manjares, como si fuese a celebrar algo. Sus vistas, colina abajo, son las mejores: en la zona libre de arboles en la que se encuentra tiene una casa muy hermosa a sus espaldas y en frente su manada de Tenken juegan con la kirin, Aoi y el tigre; más lejos un bosque y, al final de este, se vislumbra un pequeño pueblo, hermoso. Ante esto no puede evitar sonreír mientras acerca la copa con sake a sus labios cuando una dulce voz le detiene.
Ojala fuese así siempre…- pese a que sabe quién es, el paso de un hollow mono por sobre la mesa le hace desviar la vista hacia la pelinegra que se acerca desde su izquierda con una gran bolsa a sus espaldas casi tan grande como una de las rapaces y que dejaba, al ser arrastrada, un hilo de sangre roja en el césped verde brillante y, de un roto recien hecho, salió un brazo que fue también arrastrado. Karin se detuvo a unos metros de la mesa y, tras coger fuerzas, lanzo la bolsa al bosque frente a ellos que fue rápidamente seguida por las aves, dejando a Yukiko, Aoi, Kuki y Byako jugando solos.
Si lo fuese sería demasiado aburrido ¿no crees, Karin?- sonrió, mientras Karin se sentaba frente a él en la mesa y se llenaba un vaso de sake.
Tal vez…-se encogió de hombros
Ambos alzaron las copas llenas y brindaron.
¡Kampai!
¡Kampai!
Perdón por la tardanza, fui a por algo de comer- sonrió de lado, burlona y ácida.
Ya lo he visto,- río para que su rostro regresase rápido a la seriedad- gracias…
¿Por qué?- Karin hizo una mueca de desconcierto mientras rellenaba las copas.
Por todo. Nos das comida, por primera vez puedo ir a un pueblo sin que todos me miren con temor u odio, y todo sin tener que renegar de mi familia para ello. Además has llevado a tu reino a lo más alto, tu ejercito es el mejor y tus médicos los más preparados, la economía es equilibrada y la ley justa, tu pueblo es prospero en dinero y valores, que parecen casi innatos, y las artes, las letras y las ciencias están en su edad de oro… he irónicamente es la Eda Infernal - rio sarcástico, negando con la cabeza mientras volvía a beber y miraba las vistas que su privilegiada posición le permitía. El gesto de Karin se endureció.
La comida os la ganáis vosotros con vuestro trabajo de la misma manera que os habéis ganado el aprecio y el respeto del reino de Ko, no ha sido cosa mía sino vuestra. Nadie debería tener que renegar de su gente y no voy a permitirlo en Ko. No es mi reino el que va cada vez mejor porque no es mío, ni siquiera mi vida ni estas ropas que visto son mías, cada árbol, cada casa, cada grano de tierra son de todos los hombres, mujeres y niños que luchan cada día porque seamos mejores que el día anterior- la vista ónix que antes le miraba fijamente se desvió a las vistas y el orgullo se palpó en sus palabras mientras Koya la observaba-Nuestros guerreros son los mejores porque se entrenan aunque no parezca haber ningún peligro, nuestros médicos porque nunca dejan de buscar nuevos tratamientos, nuestra economía es equilibrada porque todos ponemos para que lo sea de la misma manera que nuestras leyes justas, nuestro pueblo prospero, y nuestros valores propios e innatos porque luchamos por ello cada segundo de nuestras existencia, porque nadie se ha dormido en los laureles creyendo que no iba caer colina abajo… y lo de la Eda Infernal… pregúntatelo a ti mismo, fuiste tú el que se lo propuso al loco de Kyojin- rió la reina con sus últimas palabras.
Pobre hombre, se llama Itsuki Hiromu no lunático, cuando dejaras de llamarlo así.- Le acompaño el guardián en sus carcajadas mientras ambos volvían a brindar y beber tranquilos. Mientras los pequeños siguen jugando, desconocedores todos de lo que se acerca.
Porque no importa cuánto te empeñes en borrarlo, el pasado siempre vuelve para arrancarte el corazón en el peor momento.
Reino de Sai
Sai-O y Sairin se encontraban en uno de los jardines de palacio disfrutando del agradable ambiente de principios de verano que los dioses les regalaban un año más.
Eso es lo que dijo, que tanto calor provocaría tormenta pronto- le contaba Sairin.
Aun quera mucho para eso, apenas hemos comenzado el periodo estival Sairin, no creas todo lo dice Kisho, miente más que habla y siempre adelanta acontecimientos a varios meses o años antes- rió- patético.
Hubiesen seguido hablando si no fuese por una bestia de montar que aterrizo justo enfrente de ellas y de la que bajo una nyosai quien, tras inclinarse ante ambas, le extendió una caja a la reina. Sai-O la abrió y leyó para llamar, inmediatamente después, a una de las sirvientas.
¿Majestad?- dudo la tranquila Sairin mientras veía irse a la criada.
Debemos ir de inmediato al monte Ho, parece que al final sí que va ha haber tormenta mi querida Sairin.
Reino de En
Una vez más, el rey había escapado de palacio y acabado en algún burdel y el kirin se mantenía durmiendo. Nadie estaba realmente preocupado hasta que un extraño caballo alado con huesos sobresalientes a su espalda aterrizo en palacio y la nyosai informo de una misiva importante. Todos corrieron a despertar a Enki.
Reino de Kei, Salón del Trono
Se encontraban Keiki y Yoko en plena reunión cuando llamaron a la puerta. Todos guardaron silencio y giraron su mirara a las grandes puertas doble que daban paso al salón.
¡Adelante!- gritó Yoko, haciendo que los soldados se apresurasen a abrir las puertas y dejar paso a la nyosai que trae, sin nadie saberlo, la llave de la discordia. La sacerdotisa se detiene al pie de las escaleras, rebedeciando a ambos dirigentes mientras todos los funcionarios lo han hecho con ella. Yoko se levanta rápida y seria, permitiéndole el ascenso.
Le entrega la caja lacrada mientras vuelve a inclinarse, una vez frente a la reina quien la abre, coge el rollo y deja que la caja se cierre con un golpe sordo mientras se sienta en shock por las noticias.
Reino de So
La familia real se encontraba separara, cara persona con su tarea. Después de más 800 años de reinado el rey empezaba a cansarse y a sentirse agotado; y justo en esto pensaba cuando apareció la nyosai Sho-sho apareció en su despacho.
Parece ser que aun no es hora de descansar.
Reino de Han
Go Ranjo trabajaba en su secreto hobby, filigranas en madera, cuando Risetsu apareció y casi se clava el punzón. ¡Pobre dedito!
Reino de Tai
Taiki, Risai y el rey comían mientras hablaban cuando las puertas se abrieron y un soldado junto a una nyosai aparecieron. Sus ceños se fruncieron y la comida quedo olvidada.
Reino de Kyo
Apenas pasaban una hora del amanecer cuando la nyosai llego, interrumpiendo el entrenamiento de Shusho, enorgullecer a Ka-O y a su propio reino tendría que esperar.
Reino de Shun
Nos encontramos en la más alta torre del más alto palacio del palacio imperial de Shun, donde su reina, Tsukiko, cotillea entre sus queridas rocas.
-Sí, sin lugar a dudas la calcita no se equivoca… grandes males se acercan- habla la mujer de rizada y aleonada melena zanahoria con múltiples piedras y trenzas colgantes que se sujetan con un pañuelo multicolor de diadema. – Las estrellas ya me lo avisaban si si si si…las malas noticias sólo dejan claro lo obvio- salto, mostrando sus rotas gafas en telaraña de culo de botella sujeta a su cabeza por una cinta de piel, para correr al armario y abrirlo. Solo para esto se tardo cosa de veinte minutos porque, en vez de sacar una llavecita de oro colgante de su cuello, saco un mogollón de llaveros unidos en donde sólo habían tres llaves y todo lo demás eran ¿muñequitos y piedras de llavero? La cosa es que cuando al fin lo consiguió saco una botella de cristal de unos 90 cl. de color petróleo verdusco que abrió y de la que hasta salió un humito verde que no invitaba mucho a acercársele, bebió un buen tragó- sí señor, nada como un buen vaso de mi querido licor de frutas magnativus para alegrar el anima y espantar a los pequeños plumpkinsgers, ahora lo que importa- regreso el frasco y saco uno más pequeño de color dorado rojizo y una cajita de cristal con piedras cubicas de color blanco y sin ningún brillo y cerro la alacena de un golpetazo.-Ahora solo debo mezclar la pócima mortuoria de Catarsus con la blanca piedra y entonces conseguiré la inmortalidad buajajjajajaj –Rió con la típica risa maniaca hasta que se atraganto- agh aka akak. Ahhh- suspiro- casi me muero por atragantamiento, tengo que mejorar mi risa maligna me lo dicen mis animus protectorus estelarus.. ahora vamos a mezclarlos lentamente, sólo una gota en cada piedra o podría…- la puerta se abrió de golpe, se paso con la cantidad, el laboratorio explotó (hasta se vio el típico árbol de nube negra ascender al cielo) y el experimento se fue al traste.
Cuando Shunki, que era quien recién entraba preocupado por la puerta pues acababa de recibir el mensaje de Gyokuyo, se atrevió a abrir los ojos se encontró con buena parte de su pelo chamuscado y su ropa negra, pero nada comparado con su reina que estaba completamente negra, con los pelos como electrocutados y las gafas sin un centímetro visible. Mientras Shun-O tosía, el kirin se le acercó con la carta- Acaba de…
-llegar una estúpida carta de parte de Gyokuyo para una Amida pasado mañana si ya, ya lo sé… ¿quién ha apagado las velas?- le interrumpió Shun-Ou.
-Todavía es de día majestad-
-¿A sí?
-Aja
-O claro que tonta- río mientras le daba a un botón de sus gafas y una especie de palitos limpiaban los cristales- increíble mi nuevo invento ¿eh? Lo llamare gafalimpiadoneitor, ya me estaba preguntando cuando lo iba a poder usar. Bien avisa a mis queridos amigos ¡nos vamos a la aventuraaa!- y volvió a reír con su risa maligna y a atragantarse consecutivamente mientras salía por la puerta seguida de Shunki.
-Si majestad, pero me puede volver a explicar ¿para qué quiere obtener la pócima de la inmortalidad si ya eres inmortal?
En la habitación dejaron unas piedras que brillaban fluorescentes y daban pequeños destellos… acababa de descubrir la electricidad.
Reino de Ho
El rey de Ho, un joven pelo castaño y ojos aceitunados, piel morena y de unos 23 años, llamado Kimiko Sora y su kirin, Kai, veían las sombras extenderse desde la sala de palacio más oscura y oculta que habían podido encontrar, llevaban reuniéndose ahí cerca 200 y ambos se mantenían tranquilos, como si supiesen que se acercaban problemas, cuando salieron en dirección a las caballerizas. Una pena, con el hermoso verano que tenían por delante.
Reino de Ryu
Después de 150 años de reinado, el cincuentón y serio gordinflón de Nozomi Kaoru no había cambiado ni en peso ni en seriedad. Tras el reinado de Jo Roho y cincuenta años esperando por un rey, Ryu había acabado muy mal y su llegada al trono había sido cruenta y matadora, si no eran problemas con Tai lo eran con En o con Kyo, le había costado obtener el respeto de muchos de los gobernantes por su "excesivo" control como lo había llamado la reina de Ko, pero debía admitir que si no fuese por el sistema que ella misma había implantado entre los reyes entonces el ya no sería rey.
Todo esto pensaba mientras firmaba y releía todos los cambios de la ley cívica que el enviado celestial de la Tierra le había entregado esa misma mañana cuando la nyosai de su estimado Ryuki apareció por la puerta y la ley la dejo atrás, ahora mismo había problemas más graves de los que encargarse.
Reino de Ren
O Seitaku cuidaba los tomates y vegetales de su huerta, llevaba haciéndolo por ya más de 300 años y les seguía queriendo tanto como al principio. Renrin le veía, reprobatoria, desde la galería mientras tomaba un té, ¡se estaba llenando de barro!
Pero, los tomates que primorosamente recogía en la cesta cayeron ante el grito de su tan ceremonial Renrin. Algo grave pasaba y, como decía la reina de Ko, ¡a la porra los tomates!
Holaaaa! jajajaj tiempo desde que publique lo sé, pero como ya dije estoy teniendo múltiples problemas (ahora mismo tengo miedo hasta de publicarlo) pero bueno, me prometi que lo terminaria y voy a hacerlo, lo prometo.
Aviso que no tengo beta y si problemas de dislalia que me llevan a confundir todas aquellas letras que suenen igual y demás, así que perdonar si veis muchos errores y avisarme, los corregire.
Tambien avisar que una de las causas del retraso ha sido que encontre una página muy buena en internet que explicaba el mundo de los doce reinos y que me dí cuenta que habia cometido muchos errores de terminos y parecidos así que he corregido los capitulos anteriores. LO SIENTO! Pero me gusta hacer las cosas bien y... bueno me remordia la conciencia dejar ahí esos errores garrafales.
Como ya os he dicho, os juro que no voy a dejarlo pero necesito tiempo porque, como ya os e dicho estoy en problemas gordos gordos gordos y encima en segundo de bachiller (este año me toca la selectividadad) así que ser piados s.
Hasta la próxima se despide:
Mia Nix
