SEGUNDA PARTE


Aclaro que la historia no es mía, sola la adapto a los personajes de Crepúsculo.


1.

(Bella)

Edward está en el suelo, y no tengo ni idea de qué hacer. Nunca he sido buena en una crisis, pero no hay nadie más alrededor, así que corro hacia él.

— ¿Edward?—pregunto, arrodillándome a su lado, sobre la hierba—. ¿Edward? ¿Estás bien?

—Sí. — Él se sienta y sacude la cabeza hacia ambos lados lentamente. Su piel está ligeramente pálida.

—Baja la cabeza—indico—, métela entre tus piernas. Creo que te desmayaste. —Él hace lo que le digo, agacha la cabeza por debajo de sus rodillas—. Ahora respira profundamente.

Lo hace, y cuando levanta la vista unos momentos más tarde, el color está empezando a regresar a su rostro.

—No sé lo que fue —dice él—, tan sólo… empecé a sentirme débil.

Trata de ponerse de pie, pero pongo mi mano sobre su brazo, sosteniéndolo.

—No —le digo.

—Me siento bien —dice él, pero se queda sentado.

El sol de la tarde brilla a través de los arbustos en línea, a uno y otro lado del patio trasero de Rosalie, y el destello de los rayos sobre su pelo lo hacen brillar. Me resisto a la necesidad de acariciar su cabello. Ya tengo mi mano sobre su brazo y el calor que irradia su piel y me sube por los dedos ya es casi demasiado que soportar.

— ¿Dónde está todo el mundo?—pregunta.

—No lo sé. Yo estaba en el baño, y al salir, todo el mundo ya se había ido. —Omití la parte en que Emmett me daba un beso y yo me asustaba.

—Probablemente se fueron al patio delantero cuando los padres de Rose comenzaron a ponerse estrictos —dijo—. Creo que voy a tratar de ponerme de pie.

— ¿Estás seguro?

—Sí.

Se pone de pie lentamente y sus piernas parecen más resistentes, pero me inclino un poco y le ofrezco mi hombro; sin decir palabra pasa su brazo alrededor de mis hombros. Todavía tengo la mano sobre él y todo el contacto está haciendo que mi corazón se acelere. Una vez que está de pie, me mira con sus ojos azules dirigiéndose directamente hacia mí.

—Gracias.

—De nada —digo, de alguna forma sabiendo que él no quiere que haga un gran escándalo de todo esto.

— ¿Necesitas un poco de agua o algo? —miro por encima del hombro hacia la casa. Yo no quiero entrar, especialmente si Rosalie y sus padres se están gritando en la cocina; pero si Edward quiere que vaya, lo haré.

—No —dice—, estoy bien.

— ¿Qué demonios pasa? —Emmett viene corriendo hacia el patio, con el rostro enrojecido- ¿Dónde diablos estaban?

— ¿Dónde estábamos? —Pregunta Edward— ¿Dónde demonios estaban ustedes? Salimos y todo el mundo se había ido.

—Fuimos al patio delantero—explicó Emmett—. Después de que los padres de Rose salieran y sorprendieran a Gianna con la cerveza.

La mano de Edward ahora se encontraba sobre la mía, y los ojos de Emmett lo vieron, él me miraba con una expresión interrogante. Estoy a punto de decirle lo del desmayo de Edward, cuando siento un apretón suave sobre mi mano. Edward. Diciéndome que no contara nada.

—De todos modos—digo, quitando mi mano de la de Edward y volviéndome hacia Emmett— ¿Estás listo para irte?

—Sí —dice él, cruzando los brazos sobre el pecho y mirando mi mano intencionadamente.

— ¿Estás listo?

Me dirijo a Edward, deseando preguntarle si está bien para conducir, con ganas de insistir en que debería venir con nosotros. Pero él me está echando esa misma mirada, así que lo que digo es:

— ¿Nos vemos más tarde?

—Sí, —dice Edward— más tarde.

Y luego sigo a Emmett hacia su camioneta.

Esperaba que todo el camino a casa se me hiciera bastante incómodo, dado que Emmett me beso y entonces me asuste, ¿Qué chico adolescente realmente querría hablar de algo así? Pero Emmett está lleno de sorpresas, porque tan pronto como salimos del estacionamiento de Rosalie dice:

—Bueno, vamos a hablar del beso.

— ¿Del beso?

—Sí —me mira y sonríe.

— ¿Por qué tenemos que hablar de eso?

— ¿Por qué no?

—Generalmente es mejor no hablar de los besos—le digo.

La luz de la carretera me recuerda ponerme el cinturón de seguridad, porque estoy tan cansada que se me olvidó ponérmelo cuando subí. Lo deslizo y me abrocho la hebilla.

—Es más romántico de esa manera.

—Eso tiene sentido—dice Emmett, asintiendo—. O al menos lo tendría si se tratara de un beso normal.

— ¿Me estás diciendo que mis besos no son normales?

—Estoy diciendo que cuando te besé, fue como si te asustaras.

— ¡No!

—Bella, corriste hacia el interior de la casa y no saliste durante quince minutos.

—No fueron quince minutos.

Levanta las cejas, escéptico.

—De acuerdo—dice—. Bien. Ya veo que necesitas tiempo para procesarlo.

—No seas arrogante—le digo.

—Ya hablaremos mañana de eso. En el desayuno.

— ¿Desayuno?

—Sí —dice—Voy a recogerte a las diez—

— ¿Quién dice que quiero desayunar contigo?

— ¿No quieres?

Pienso un poco:

—Bien—digo al final—. Te veo a las diez. Pero tú pagas, y no vamos a pasarnos todo el tiempo hablando sobre el beso.

— ¿Podemos pasar la mitad del tiempo hablando sobre el beso?

— ¿Qué te parece el diez por ciento del tiempo?

— ¿Y qué si trato de besarte otra vez?

—No te adelantes.

Estamos en la entrada para coches de mi casa, me despido y salto de la camioneta. Pero cuando estoy llegando, empieza a sonarme el teléfono; saco a tirones mi llave y la meto en la cerradura para abrir la puerta. Es un número desconocido, y por un segundo, pienso en no responder.

— ¿Hola? —digo, entrando al vestíbulo.

—Hey, soy Edward.

—Oh—digo, dejando caer el bolso sobre la mesa que había cerca de la puerta—.Hey. Uh, ¿Cómo conseguiste mi número?

—Lo tomé del teléfono de Emmett.

— ¿Robaste mi número del teléfono de Emmett?

—No lo robé, lo tomé prestado.

—Así es. Olvide que eras un maestro del préstamo. —Él tiene una voz sensual por teléfono, y creo sentir su mano como hace un rato. Esa subida de calor se expande por mi cuerpo.

—Sí. Entonces, eh, escucha… Yo solo quería darte las gracias. Por no hacer un escándalo con lo que pasó.—Su voz ahora era un tono más baja, más tranquila y me preguntaba si todavía estaría en la casa de Rosalie.

—No hay problema. —Entro a la cocina, abro el refrigerador y saco una botella de agua. Mi garganta está seca, bebo la mitad de la botella de unos cuantos tragos. — ¿Qué paso, de todas formas?

— ¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que si te habías desmayado antes.

Se queda callado y luego dice:

—No.

—Ah.

—Probablemente se me bajó la presión o algo así.

—Probablemente.

Pienso en decirle que tendría que hacerse un chequeo, o al menos contárselo a sus padres, pero estoy bastante segura de que no quiere oír eso.

—De todas formas, eh, quería asegurarme de que no… quiero decir, que entiendes que absolutamente nadie tiene que enterarse de esto.

— ¿Saber qué?

—Lo de cómo me desmayé.

—Ah, está bien. Pero ¿Por qué no?

—Porque si mi entrenador se entera, podría no dejarme jugar. Y tenemos un partido importante dentro de poco.

—Bien, no tienes de qué preocuparte—digo—. Tu secreto está a salvo conmigo.

—Gracias, Bella —dice—.Deberíamos salir todos de nuevo un día.

— ¿Todos nosotros? ¿Cómo, yo, tú y Rosalie? ¿Estás loco?

—No, quiero decir… Yo solo quería decir que deberías venir. A algo así como otra fiesta —puse mi agua sobre el mostrador.

Así que por eso estaba llamando. Para tratar de conseguir que guardara su secreto, lo cual estaba bien. Pero ahora estaba fingiendo ser agradable y actuaba como si todos tuviésemos que pasar el rato juntos, así que mantuve la boca cerrada.

—Claro—le digo—, pero por supuesto no estoy muy segura de que Rosalie me vaya a invitar otra vez después de poner esa nota en mi casillero.

— ¿Qué nota?

—Oh, ¿no te lo dije? Dejó una nota en mi casillero que decía "Mantente alejada".

Hubo una pausa.

—No suena a algo que haría Rose.

Pero me doy cuenta de que no es verdad, y creo que él sabe que eso es exactamente algo que Rosalie haría.

—De todas formas, como he dicho, todos deberíamos salir de nuevo algún día. Te caería bien si pudieras llegar a conocerla.

De pronto, estoy molesta. Él solo me buscó para mantener en secreto su desmayo, y ahora estaba hablando de Rosalie, me decía que debería darle otra oportunidad. Entonces me acuerdo de cómo estaban él y Emmett en la máquina expendedora esta mañana y luchando es lo único que se me ocurre hacer.

—Suena muy bien—le digo—¿Tal vez este fin de semana? Pero le tendré que preguntar a Emmett. Mañana vamos a desayunar, pero no dijo nada acerca de mañana por la noche, por lo que podría estar libre.

Por un segundo, creo que he hecho lo que me proponía hacer, lo he lastimado, porque hay un silencio en la línea. Pero luego dice suavemente.

—Me encanta el desayuno. De hecho desayunar suena muy bien. Rose y yo podríamos unirnos a ustedes.

—Perfecto —me recuesto, no quería darle la satisfacción de decirle que no podía ir.

—Genial—dice—. Llamaré a Emmett para que sepa que estamos invitados.

— ¡Genial!

— ¡Genial!

— ¡Genial!

Puede que mi voz sonara a alegría forzada, pero tan pronto como me cuelga mi enojo se disipa y todo lo que puedo pensar es que mañana por la mañana yo, Edward, Emmett y Rosalie saldremos juntos. A dónde da lo mismo. Solos los cuatro. Me siento en la mesa de la cocina y pongo la cabeza entre las manos.


¿Que tal? Acá les traigo el primer capitulo de la segunda parte de esta historia. :)

Dejen sus review para saber que les pareció; saludos :D