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Sherlock Holmes:
Sinfonía
XII
Mon petit trésor
Opening:Another Life To Lose de Greg Laswell
Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,
que siempre me inspiran a seguir escribiendo…
La oscuridad se cernía sobre Sherlock, de eso no tenía la menor duda.
Estaba en uno de los baños del restaurante, lavándose la sangre de la cara en el lavabo. Recordó cómo se le quedaron viendo los comensales, pero no le había importado. Tantas veces en tantos casos había salido herido y había llamado la atención de la gente, que estaba tan acostumbrado a entrar y salir con heridas sangrantes de cualquier lugar; incluso restaurantes.
Veía el agua entintarse de rojo, y después veía desaparecer su sangre en el agujero del desagüe, hacia algún lugar desconocido. El agua estaba sumamente fría, y la gente continuamente estaba entrando y saliendo del baño.
Sherlock se miró al espejo y se descubrió limpio, con un moretón en la nariz y con lo que reconoció como una pequeña fractura. Se acomodó con fuerza el cartílago de la nariz, y no pudo evitar emitir un grito de dolor. Después se retiró del lavabo y observó que estaba completamente mojado en el pecho de la camisa. Se abrochó los botones y salió.
Subió las escaleras con poca determinación, pensativo. Y cuando se encontró enfrente de su cuarto se quedó de pie un momento, sin atreverse a entrar.
Abrió la puerta.
Descubrió a John sentado en la cama. Aparentemente no había hecho nada desde que Sherlock salió del cuarto, salvo esperarlo ahí.
Cuando vio a Sherlock, John saltó de la cama, sumamente alarmado.
—¿Estás bien? —preguntó, y se acercó a Sherlock para examinarlo.
—Tú eres el doctor —le respondió el detective, en un tono medio seco.
John examinó la nariz. Puso un pañuelo sobre ella, y después se quedó quieto, sin pensar en nada más.
—Lo siento —dijo John al cabo de un rato.
—Está bien, comprendí muchas cosas.
—No, no está bien. Yo… estoy preocupado eso es todo.
—De acuerdo, eso es todo. Trataré de entender. Después hablamos y me dices qué es lo que realmente sientes.
Sherlock abrazó al doctor por la cintura y después le dio un beso en la frente.
—Arregla tus cosas porque es momento de irnos —dijo Sherlock, y fue a la ducha para cambiarse de ropa.
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Estaban en la estación esperando el arribo del tren. La gente pululaba de un lado a otro, como si tuvieran muchas ocupaciones o como si éstas fueran de hecho tan importantes como el caso que Sherlock tenía entre manos.
A la izquierda había una mujer mayor que trataba de meterse a la fila con mucha terquedad, a la derecha había un par de hombres de seguridad que vigilaban todo a su alrededor, y que de vez en cuando detenían a alguien que lucía nervioso para preguntarle sobre su viaje y su equipaje.
Habían encontrado la banca solitaria; al parecer nadie tenía tiempo para sentarse.
Sherlock se sentó primero, y a continuación John lo acompañó.
No habían hablado absolutamente de nada en el camino. El cochero trató de hacerles conversación pero ambos estaban demasiado tensos como para continuarle el juego. Sherlock, regularmente, se limitó a sonreír y a desviar la mirada hacia las calles.
El clima era frío, así que ambos llevaban sendos abrigos; Sherlock se había puesto su bombín favorito.
En determinado momento del día Sherlock se preguntó si John estaba arrepentido de lo que había dicho, y también de si de verdad guardaba esos sentimientos acerca de él. Aunque tratara de obtener las respuestas de un análisis, éste se veía atrofiado por la subjetividad que Sherlock tenía para con John. Hacía tiempo que se había dado cuenta de que no podía examinarlo como a cualquier otra persona.
Sherlock fue a la taquilla y regresó con ambos boletos en mano.
—¿Directo a Leeds? —preguntó extrañado John cuando Sherlock le extendió el boleto.
—Sí.
—Pensé que sería peligroso tomar uno solo, o eso dijiste.
Sherlock miró su reloj de bolsillo y miró hacia otro lugar, como solía hacerlo cuando John se ponía demasiado serio.
—Tienes razón, eso dije —admitió—. Es sólo que tampoco le veo mucho caso a gastar demasiado dinero o a ocultarnos más de lo debido.
—¿Eso qué significa?
—Tú irás directo a Leeds y yo trasbordaré de un tren a otro —explicó—. Iré a Glasgow y de ahí tomaré el tren a Leeds. Si mis cálculos están bien, tú habrás pasado ya una noche en Leeds cuando yo llegue por la madrugada.
—¡Es que estás loco! —exclamó John—. Pensé que separarnos sería lo menos prudente, que tendríamos que permanecer juntos todo el tiempo.
Sherlock no pudo evitar reír con sorna.
—¿No te parece irónico eso que acabas de decir, Johnny?
—¿A qué te refieres?
—Bueno, tendrás un rato para meditarlo, el tren llega en 10 minutos así que prepara tus cosas.
John volteó la mirada, consternado.
—Sherlock —dijo, al cabo de un momento—, ¿tiene esto algo que ver con lo que ocurrió esta mañana?
—¿Qué, con el golpe? No…
—Es que… aún lo siento.
—A mí me duele más, supongo que yo lo siento más.
—No peleemos por favor.
—Traté de decirlo hace un rato, que no sería prudente pelear con la persona que te está ayudando a resolver tu caso.
—No me refiero a eso, de verdad no quiero discutir contigo. Aquello fue un mero desliz. —Se disculpó John; no podía darse el lujo de iniciar una nueva discusión, de eso estaba completamente seguro. Sherlock, pese a todo, había sido muy comprensivo, a comparación de John.
—De acuerdo, iré aparte. ¿Algún hotel en particular?
—Busca un hotel sencillo, pero no demasiado, busca en el pueblo cercano a Leeds; en cuanto al coche, no tomes el primero que veas en la estación, procura caminar un poco y buscar un sitio de coches, el que no sea de la estación, paga en taquilla y por lo demás, actúa natural. Si te hacen preguntas, eres un botánico que va a estudiar la vegetación del lugar, el invierno te parece una época en la que pocos botánicos se atreven a estudiar las plantas, y por ello te aventuras a hacerlo en esta estación del año.
—De acuerdo —convino John.
—¿Olvido algo?
—No creo.
—Oh, sí —dijo Sherlock, chasqueando los dedos—. La señora Hudson te envía saludos. "Te extraña tanto como yo", dijo ella. Por cierto, estoy algo lento estos días y por eso olvidé decirlo.
John sonrió.
—Eso es extraño para ti —dijo, frunciendo el ceño.
—Un poco, John. Bueno, tu tren no tarda en llegar. Necesito revisar que hayas subido a salvo, y después podré tomar mi tren con la tranquilidad de que estarás a salvo.
»¿Ocurre algo? —preguntó, cuando notó la mirada de John.
El doctor no respondió, se limitó a dibujar en su rostro una tenue sonrisa, y después se puso de pie y abrazó a Sherlock. El detective no hizo nada, se quedó de pie, sin moverse, entre los brazos de su amigo, apenas consciente de lo que estaba sucediendo.
—Muchas gracias, Sherlock —dijo el doctor.
El detective continúo sin decir una sola palabra.
—No hay por qué —dijo, cuando John se apartó.
—Siempre es bueno saber que cuento contigo.
—No te preocupes.
—Eres el único en quien confío.
"P.d. No te preocupes, Mary está sufriendo más de lo que imaginas", volvió a cruzar la mente del detective. Era la posdata que no se había atrevido a decirle a John, pero se sintió seguro de que había hecho bien. Si le decía a John esas palabras, el detective entraría en pánico y dificultaría toda la investigación.
Sherlock puso la mano en el hombro de John.
—Hago lo que puedo —le dijo.
Entonces el pitido del tren hizo saber que había arribado, y que pronto comenzaría a subir a los pasajeros. La gente comenzó a revolotear al lado de Sherlock y John. Y poco a poco se fueron formando las filas en los vagones. Sherlock ayudó a John con su maleta y lo llevó hasta el vagón que tenía designado.
—Ten cuidado, mon petit trésor —le dijo Sherlock, cuando John estaba a punto de entrar—. Te veré allá.
John sonrío cuando escuchó la manera en que le hablaba Sherlock, sólo una vez le había hablado así el detective, hacía mucho tiempo. Y entonces entendió una cosa: Sherlock no estaba molesto con él.
Ending: Alive de Empire Of The Sun
