.

Sherlock Holmes:

Sinfonía

XIV

… Bang Bang (… y tiros)


Opening: Safe and Sound de Capital Cities


Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,

que siempre me inspiran a seguir escribiendo…


Mon petit trésor significa "Mi pequeño tesoro" en francés. "Mi pequeño tesoro" es la única forma que había encontrado Sherlock de poner en palabras lo que sentía por John. Hacía mucho tiempo que se había encontrado a sí mismo queriendo encontrar una palabra o una frase perfecta para decirle a John lo mucho que le importaba. "Mi pequeño tesoro" fue la ideal, de eso no tenía duda. Pero después se encontró con la encrucijada de cómo decírselo sin hacerlo sonrojar demasiado y sin que la gente a su alrededor preguntara más de lo debido, entonces, mientras leía uno de sus libros favoritos en francés, se le ocurrió que "Mi pequeño tesoro" en francés sería la mejor forma de decirlo. Mon petit trésor, pues, además de convertirse en una forma de expresar afecto, significaba que las cosas estaban bien entre ellos. Muy bien, según pudo inspeccionar Sherlock.

Sin embargo, a pesar de lo bien que pudiera estar la situación entre ellos, Sherlock siempre se daba el beneficio de la duda y prefería no confiarle todo al doctor. Por eso le hizo creer que irían separados hacia Leeds mientras él lo cuidaba en el compartimiento contiguo.

Así, cuando escuchó a través de la puerta que un hombre solicitaba hablar con John, no pudo evitar salir de su compartimiento y espiar lo que ambos decían. Así lo había dicho hasta que el hombre se atrevió a pedirle un beso. En ese momento algo dentro de Sherlock explotó y el detective no pudo continuar escuchando lo que se decían, se apartó un poco de la puerta, y se quedó viendo el paisaje a través del cristal.

¿Le había molestado?: sí. ¿Por qué?: no había motivos.

Por eso prefirió perderse en el paisaje, en las altas coníferas, en las imponentes montañas y en el cielo negruzco. Hasta que el hombre salió del compartimiento de John y cerró la puerta. Entonces Sherlock lo tomó por el saco y lo empujó hacia el baño más cercano, donde cerró la puerta.

—¿Qué quería con John? —preguntó Sherlock, molesto. No había medido sus fuerzas pero estaba convencido de que no había lastimado al hombre mayor.

—Oh —dijo el hombre, con naturalidad—. Je, je, je. Usted debe ser Sherlock Holmes.

—"Bingo" —dijo, burlándose de lo que John y el hombre habían hablado; así le hacía saber que los había escuchado—, ahora todo mundo es detective —ironizó.

Gebrard parecía sonreír. No lucía ni ligeramente intimidado.

—Buenos, sus métodos parecen cuestionables.

—Lo parecerán aún más si no me contesta —le advirtió Sherlock con enfado.

—Es usted muy valiente amenazando a un hombre mayor.

—¡Ja! —se burló Sherlock, y con el gesto y la burla le hizo entender que no tendría problemas con lastimarlo si se Gebrard atrevía a provocarlo.

—En ese caso…

El hombre hizo un movimiento veloz con su bastón, golpeó la quijada de Sherlock en el pequeño espacio que era el baño, después golpeó su estómago con su codo y finalmente desenvainó un sable del bastón y lo clavó en el pectoral izquierdo del detective. Sherlock quedó perplejo, no había sido capaz de anticipar nada, y los golpes fueron verdaderamente potentes, sus rodillas se doblaron y Sherlock se vino abajo por la fuerza de los golpes, y el hombre empujó con muchísima más fuerza el sable, de tal modo que atravesó a Sherlock y se clavó en la pared de aluminio del baño.

"El sable es de muy buen acero", pensó Sherlock. Y fue todo lo que pudo pensar antes de ver la sangre que se derramaba por todo su cuerpo.

En ese momento y por instinto, el detective sacó su arma y apuntó decidida y rápidamente a Gebrard, pero el hombre era muchísimo más rápido, pateó la mano de Sherlock y atrapó el arma en el aire. La inspeccionó por un breve instante y después apuntó directamente a la frente del detective.

—Tiene usted mucha suerte de que estemos por llegar a Leeds… aunque si el tren sufre algún retraso, dudo que alguien lo encuentre. Si alguien disparara detendrían el tren para revisar los vagones, ¿no es cierto? Y no creo que eso nos convenga… al menos no a usted —dijo Gebrard—. Ahora bien, de aquí en adelante tenga en cuenta que mis asuntos con el señor Watson son total y enteramente míos.

»Quédese con el sable, tengo cientos de esos. Je, je, je. —se quitó el sombrero para despedirse con educación, pero Sherlock lo miraba desafiantemente—. Oh, claro, su arma.

¡Bang, Bang!, los disparos fueron estrepitosos.

Gebrard salió del baño y lo cerró de golpe, al momento en que Sherlock perdía el conocimiento.

- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌-

El lugar en el que estaba el detective era verdaderamente frío. Sentía las corrientes de aire por todos lados, y su ropa arremolinarse sobre su cuerpo, como si ella también estuviera buscando abrigo.

Entre sueños Sherlock pudo distinguir el cielo matutino sobre él, a un par de hombres con uniformes cargándolo y a John, bastante desesperado por llegar a algún lugar. Sherlock deseó que el dolor terminara en ese lugar.

- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌- ʖ͌-

Al día siguiente recobró el conocimiento. Despertó en un cuarto con una oscuridad azulada, y supo que era de noche. A su lado había un bulto descansando, con una respiración pausada.

—Joh… —fue lo que pudo pronunciar. Después tosió y sintió a alguien sobre él.

—Sherlock, ¿estás bien? Tranquilo. Respira. No te sobre esfuerces. ¿Necesitas agua?

El doctor no esperó la respuesta y le acercó a Sherlock un vaso lleno de agua.

John encendió una vela.

—Siempre es bueno verte, John —eran las mismas palabras que le dijo cuando el doctor lo rescató de la tortura de Moriarty—. Luces terrorífico —le dijo Sherlock, sonriente.

—Es bueno tenerte de vuelta.

—¿Cuánto tiempo me fui?

—Un día completo y una parte de la noche —respondió John, y se sentó al lado del detective—. ¿Puedes hablar? ¿Qué ocurrió?

Sherlock se esforzó por rememorarlo todo, y después por evaluar qué diría y qué no.

—Creí que te seguirían —explicó.

—Acertaste, ¿qué más?

—Subí al mismo tren sin decirte para poder cuidarte.

—Eso pensé.

—Me atacó un sujeto, y no me pude defender, eso fue todo —Sherlock cortó la explicación de golpe porque no estaba dispuesto a admitir que un viejo como Gebrard lo había vencido, y mucho menos le haría saber a John que espió la conversación y se fue detrás del viejo a causa de lo que oyó. Eso seguramente traería más preguntas que respuestas.

—¿En serio? —John parecía sorprendido en extremo. Lo asombraba la perspectiva de que alguien hubiera vencido a Sherlock.

—No te preocupes, no duele tanto como…

—Como la otra vez —John desvió la mirada—. Moriarty pudo causarte más daño. Pero este… quien sea que ye haya hecho esto, quería matarte, había agujeros de balas muy cerca de donde estabas.

Sherlock no lo recordaba.

—Bueno, créeme que si me hubiera querido matar lo hubiera hecho.

»Me siento como aquella vez, también acudiste a mí, me ayudaste… nunca pude darte verdaderamente las gracias por eso.

—No te preocupes. Pero…

John se puso de pie. Se apartó de la cama y comenzó a dar vueltas por el cuarto.

—¿Pero? —preguntó Sherlock.

John se mordió las uñas, indudablemente estaba tratando de relajarse.

—No me gusta que te pongas en peligro. No más de lo normal… Esto es absurdo, por favor, deja de arriesgarte tanto… siempre. La próxima vez cuéntame tus planes para que yo también pueda cuidar de ti, por favor, ¿de acuerdo?

Sherlock lucía ligeramente contrariado.

—De acuerdo —sonrió.

—¿De acuerdo? ¿Así? ¿Tan fácil?

Sherlock no dijo nada, tenía el gesto muy serio; no sentía dolor en el cuerpo, pero le preocupaba la actitud de John; en realidad siempre había pensado que el doctor se preocupaba mucho menos por él.

—Si tú me lo pides no me puedo negar, John —fue su respuesta.

Por un momento John pareció un niño pequeño, se arrojó a la cama y abrazó a Sherlock, algo que nunca se había permitido.

—No quiero perderte de nuevo —le dijo, y el detective entendió lo mucho que lo había preocupado.

—Tranquilo —dijo Sherlock, dándole unas ligeras palmadas en la espalda; se sintió verdaderamente feliz de lo mucho que demostraba John con ese gesto de cariño. Si no mal recordaba Sherlock, las veces que se habían abrazado habían sido verdaderamente pocas, y en ese momento, además de las circunstancias, había un pequeño algo adicional que hizo sentir bien a Sherlock—. Ven, mejor vamos a dormir.

Sherlock levantó la sábana para que John entrara; el doctor se quitó el saco, la camisa y los zapatos y se metió a la cama al lado de Sherlock. John se recostó en los brazos del detective: se sentía muy vulnerable. Y por un momento la promesa que le hizo a Gebrard pasó por su cabeza: prométame que de aquí en adelante sólo le dará un beso a la persona que haya sacrificado todo por usted, esa que lo valga todo y a la que usted ame con todo su ser.

Sacudió la cabeza y sus palabras se desaparecieron hacia otro lugar; alguno distante, esperaba John. Sherlock era demasiado especial como para mancharlo con las palabras de Gebrard, además, a quien John amaba era a su esposa, a Mary… ¿o no?

Apretó fuertemente a Sherlock con su brazo, como si tuviera miedo de que el detective no fuera a despertar ahí, y respiró su aroma sin decir nada.

Se quedaron dormidos.


!Ending: No Time de Rogue Waves


¡Hola! Aquí la siguiente entrega del fic. Espero les guste.

En el siguiente capítulo hablaré de Balthazar. ¡Saludos! :)