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Sherlock Holmes:

Sinfonía

XVI

Mañana estúpida


Opening: Lady Gaga "Applause"


Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,

que siempre me inspiran a seguir escribiendo…


Aquella mañana fue inmensamente estúpida.

En la noche las personas sueñan, y cuando lo hacen son totalmente vulnerables a su conciencia. Así lo fue John cuando se dejó llevar por el impulso de un sueño. Estaba abrazando a Sherlock, pero no era consciente de quién era a quien abrazaba, sólo sabía que había un cuerpo cálido a su lado, y se acercó más, y su sueño se revolvió y la persona a su lado pasó de ser Sherlock a Mary, y luego a nadie en particular, y John buscó el rostro de ese nadie, y lo encontró, y lo besó con una desesperación desmedida.

Entonces Sherlock despertó y vio el rostro de John y sintió sus labios contra los de él.

La mañana fue inmensamente estúpida.

Sherlock no hizo nada, atemorizado y paralizado por la sorpresa; no pudo apartar a John porque podría despertarse, y tampoco podía continuar ahí porque la mano de John buscaba con desesperación meterse debajo de la camisa de Sherlock y tocar su cuerpo, y si John lo buscaba y no encontraba un par de pechos, Sherlock no sabría qué hacer.

Sin embargo, en el beso de John había una sensación extraña. Sherlock estaba muy molesto por las circunstancias, pero no podía negar que se sentía bien. El sabor de John era agridulce, pero era cien por ciento agradable.

Sherlock se apartó.

La mañana fue estúpida…

Porque toda la madrugada Sherlock fue incapaz de volver a conciliar el sueño; John había movido algo dentro de él, muchas emociones, muchos sentimientos. Sentimientos que ya tenía atorados desde hacía un tiempo. El haberle reclamado a John su abandono, era una prueba irrefutable de ello.

Si Sherlock Holmes tenía que ser honesto consigo mismo, él tendría que admitir que sus sentimientos por John eran muy fuertes.

Fue una mañana estúpida porque Sherlock Holmes no fue capaz de explicarle a John las razones por las que se quedó sentado en la silla, no halló excusas para explicar por qué no volvió a la cama.

—¿Estás muy adolorido? —preguntó John con inocencia; no tenía la menor idea de por qué había despertado y no había encontrado a Sherlock a su lado. Normalmente, de todas las veces que había dormido al lado del detective, Sherlock era el último en levantarse, y John tenía la oportunidad de tener una vista panorámica del detective enfrente de él.

Sherlock se llevó la mano al hombro, cerca de donde le habían encajado el sable. Había olvidado por completo la herida. John provocó que lo olvidara.

—No, yo… Estoy bien aquí.

John arrugó el sueño.

—Pues… ¿Quizás descansaste demasiado y no pudiste dormir más?

Sherlock desvió la mirada, mirando hacia ningún lado en particular.

—No lo creo —contestó secamente.

—¿Entonces, qué sucede? —de repente John comenzó a mostrarse confundido.

—Nada.

—Quizás te acaloré, y ya no quisiste dormir conmigo —rio John.

—¡Nada de eso! —gritó Sherlock, molesto porque John hubiera dado casi en el tino; aunque con "acalorado", el doctor se refería al calor que podía haber en una habitación, en el clima… uno que pudiera volverse insoportable para una persona.

—De acuerdo —concedió John, un tanto contrariado. Entonces recordó la conversación con Gebrard.

"¿No leyó la nota?", había preguntado Gebrard.

"Sherlock la leyó", contestó el médico.

"Oh" había exclamado Gebrard, y la forma en la que lo dijo le hizo sentir a John un retorcijón en el estómago. "En ese caso supongo que tendrá que pedirle explicaciones a él."

"¡Sherlock sabe en dónde está Mary!" había sido su suposición.

"Je, je, je. Claro que no, doctor. Es sólo otra cuestión."

Y esas palabras (particularmente "es sólo otra cuestión"), lo hicieron sentir mal respecto a lo que John pensó de Sherlock cuando lo vio sentado en la silla, lejos de la cama.

—Sherlock —susurró al final.

—¿Ahora qué? —preguntó el detective.

—¿Me podrías mostrar la nota que dejaron en mi habitación del hostal? En Cheste, me refiero…

—En Cheste… —repitió Sherlock, automáticamente. Después hizo silencio y se quedó así por un minuto—. Ya te dije que preferiría que no porque podrías contaminar la evidencia.

—Incluso así me la puedes mostrar mientras la sostienes tú, ¿no? —John se sentía más suspicaz conforme Sherlock trataba de ocultarle las cosas.

—Supongo que sí —admitió el detective.

Sherlock no trató de buscar otra forma para escapar de mostrarle la carta al doctor, entonces sacó la nota del bolsillo de su pantalón: estaba junto con el resto de su ropa en un rincón de la habitación.

Apropósito de ello, Sherlock no se había preguntado en dónde estaba. Supuso que en un hospital, pero al examinar con mayor atención el cuarto descubrió que estaba en una habitación de hotel; probablemente, pensó, John lo hubiera trasladado ahí después de que Sherlock fuera llevado al hospital, y ahí mismo lo había cuidado.

—No quiero que vayas a alterarte —le suplicó Sherlock, y le extendió la nota al doctor.

John la tomó con una mano y la repasó lentamente.

"Huir es tu mejor aliado, doctor. Si te quedas las cenizas caerán sobre ti. Tu esposa está viva.

P.d. No te preocupes, Mary está sufriendo más de lo que imaginas."

El doctor abrió mucho los ojos. Estaba contrariado. Arrugó el ceño y trató de contener la furia que se desató de pronto dentro de él.

—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó mirando a Sherlock y tratando de calmarse.

El detective se acercó a la ventana. Se miró los vendajes y comenzó a palparse los lugares cercanos a la herida, para saber si le dolería o no.

—No creí que fuera conveniente que te preocuparas.

—Tengo derecho a saber estas cosas. ¿Sabes más cosas, Sherlock?

—Deducciones, teorías… sólo eso. Nada certero.

John estaba furioso, de sus ojos saltaban chispas.

—Dímelas todas.

—No creo que sea lo mejor…

—¿Porque entonces no actuaría acorde a tus intereses? —preguntó John, desafiante—. Sherlock, estoy harto de que deliberadamente ocultes tus planes de mí, siempre me llevas aquí o allá pero nunca compartes nada realmente esencial conmigo. ¿No confías en mí? ¿De verdad soy tan tonto que echaré a perder tu plan? ¿Es eso lo que piensas?

—De ningún modo.

—Entonces al menos admite que tengo derecho a saber algunas cosas.

—Claro que lo tienes; pero no estamos hablando de derechos, queremos resolver un crimen, queremos ayudar a Mary, ayudarte a ti, no pelear por los derechos que tienes.

—No te burles.

—No lo hago.

—¿Me dirás las cosas de ahora en adelante?

Sherlock desvió la mirada.

—Sherlock, por favor. No hagas que me enoje contigo, no me hagas…

—¿Qué? ¿Golpearme de nuevo? —Ahora el detective estaba a la defensiva, y había olvidado casi por completo la manera en la que se sintió una hora antes, cuando tenía a John sobre él, acariciándolo, besándolo.

—Sherlock, estoy tratando de darte opciones, y de que no eches a perder nada.

—Está bien. Si eso es lo que quieres de aquí en adelante te compartiré lo que sé.

—Perfecto —por un momento John se sintió más relajado. Olvidó la ira; de verdad comprendía a Sherlock, y así como estaba (herido, vendado, adolorido), no podía sino sentir compasión por él. La ira se había venido abajo en el momento en que sintió ganas de volver a golpearlo y recordó lo horrible que se había sentido la última vez que lo hizo.

—Dime, ¿sabes lo que significó la otra carta en Cheste? —preguntó John—. "Siete ciclos: Tick."

Sherlock miró hacia el techo.

—Que recibirás otras 5 cartas antes de que él deje de torturar a Mary… y pase a algo más drástico. El primer tick está en esa carta.

—Pero no he recibido el "tock", u otros "ticks".

—Dudo terminantemente que haya un "tock", el único será el que te de la notificación de lo que ha hecho con Mary… Siendo así, los ticks son las cartas recibidas. Y ya van 2… la nota la acabas de leer.

John bajó la vista hacia la nota. La repasó como si fuera a hallar en ella el siguiente tick, pero entendió lo que Sherlock le decía.

—De acuerdo —dijo.

—¿Qué más quieres saber?

—¿Por qué me pediste el diario de la vez que te conocí?

—Pensé que estaba claro. "Rache", el sabueso aullando; es alguna clase de repetición de algunos de nuestros casos, John. No es muy estructurado, pero es natural porque quien está desarrollando esta artimaña no me contempló para realizarla… sólo juega contigo más de lo que juega conmigo.

John cerró los ojos y después se relajó. Se sentó en la cama, y le hizo una señal a Sherlock para que se acercara. El detective obedeció.

John se acercó a él y lentamente comenzó a quitarle el vendaje. Sherlock llevaba puesto sólo un pantalón holgado a manera de pijama, y sus vendajes.

El doctor fue enrollando con mucha calma los vendajes, hasta que al final dejó expuesta una cicatriz bastante roja, delgada, fina.

—¿Te duele? —preguntó.

—No tanto como debería.

—Me preocupa eso.

—No lo hagas. Tengo movilidad de mi brazo, creo que el sujeto que me hizo esto tiene muy buen conocimiento de la anatomía humana.

John levantó una pestaña.

—¿En dónde dejaron el sable? El sujeto dijo que me lo regalaba. —era una broma, y John sonrió.

La policía se lo quedó como evidencia.

—Me sorprendió que nos dejaran ir tan fácil —comentó Sherlock.

—Sí, bueno, tuve que pagar un poco.

John miraba con fijeza el cuerpo de Sherlock. Tenía más cicatrices además de las del sable, una en el hombro izquierdo, donde Moriarty le había hecho clavar el gancho, cicatrices de las tantas extracciones de bala que John le había hecho. Su cuerpo estaba bien formado, pero esas cicatrices parecían opacar su belleza. O no. Porque esas marcas, cada una, era una prueba de lo mucho que Sherlock había ayudado al mundo.

John tenía su mano sobre el pectoral derecho de Sherlock, donde le habían clavado el sable.

Sentía sus latidos, y era cálido.

Entonces John se acercó más a Sherlock y lo abrazó. Sin importarle si lo lastimaba, sin importarle absolutamente nada más. John abrazó fuertemente al detective, y la fuerza fue tal que ambos se vinieron abajo sobre la cama, y John se quedó ahí, inmóvil, escuchando con su oreja los latidos del detective.

Sherlock echó la cara hacia atrás. Abrazó a John, pero no lo miró, observó el techo, y trató de perderse en las caprichosas formas de la madera.

¿Debía decirle también la manera en que se despertó y con ello los motivos por los que lo dejó solo en la cama? ¿Qué diría John?

—Gracias por ayudarme —le dijo John, mientras estaban ahí, acostados—. De verdad muchas gracias.

—No hay por qué.

—Lamento ser una molestia.

—No lo eres.

—¿Sabes? Tenías razón.

—¿Acerca de qué?

—Tú eras mi familia, y no debí andar buscando lo que ya tenía en casa.

Ante esa declaración Sherlock no pudo evitar sonreír y apretar con más fuerza a John hacia él.

—Gracias por eso —dijo Sherlock. Y se quedaron así, recostados, ajenos a la serie de problemas que les sucederían más adelante. Ajenos a la latente amenaza de un hombre trastornado mentalmente. Por un momento, lo único que importaba eran Sherlock y John. Sólo ellos dos y nada más.


Ending: The Partridge Family "I Think I love You"


Les dejo el siguiente capítulo. Espero que les guste.