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Sherlock Holmes:
Sinfonía
XXIV
Un detective no puede enamorarse de su cliente
Opening: All Fall Down de OneRepublic
Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,
que siempre me inspiran a seguir escribiendo…
Y lo besó.
Jon besó a Sherlock.
El detective se quedó pasmado, con los ojos muy abiertos y el exquisito sabor de su amigo revoloteando en sus labios.
El tiempo pareció detenerse, y un silencio abrumador se cernió sobre la habitación. Sherlock estaba un tanto consternado. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Un segundo? ¿Diez? ¿En qué estaba pensando John?
John continuó por un momento más, buscando con sus labios a Sherlock, y el beso se prolongó unos segundos más. Después de un momento John se apartó. Miró a su amigo con inquietud. ¿Qué acababa de hacer?, el doctor no se lo cuestionaba. O quizás sí y estaba demasiado hipnotizado por Sherlock.
Entonces John tomó a sherlock por el saco y lo empujó hacia la pared, provocando que su sombrero se cayera. Sujetó fuertemente el rostro de su amigo entre sus manos, y se acercó mucho a él, guiado por la pasión.
—John —intentaba decir Sherlock entre el arranque de su amigo, pero éste insistía—. John…
Entonces, al notar que John no se apartaría, Sherlock lo empujó fuertemente; quizás más fuertemente de lo que había pretendido.
—¿Qué pasa? —preguntó el detective, confundido. Se limpió la boca con la manga de su saco.
Sólo hasta ese momento John reparó en lo que estaba haciendo. Miró incrédulo hacia uno u otro lado, como si fuera a encontrar alguna excusa o alguna explicación en el sofá, en la cocina o a través de las ventanas. Dio un paso hacia adelante y luego uno hacia atrás; estaba muy indeciso.
—Yo no… Yo…
No encontraba excusa alguna que justificara sus acciones. Aun cuando buscaba una para él mismo. ¿Qué había sido aquel arranque? ¿Qué estaría pensando Sherlock de él? ¡Por Dios!, se dijo, ¡dos hombres besándose es inconcebible!
Pero así había sido.
Rondó un momento el cuarto, y al final se dejó caer sobre el recarga brazos del sofá.
Se puso una mano en la frente.
—Sherlock, discúlpame… yo no sé qué me pasó… fue… —volteó a verlo—. Lo lamento.
Después John se levantó y se dirigió a la recámara, dejando a Sherlock ahí de pie, sin la posibilidad de decir algo.
Entonces alguien llamó a la puerta y Sherlock salió de su ensimismamiento.
Abrió la puerta y se encontró de frente con la señora Hudson.
—¿Está todo bien? —preguntó. La mujer parecía realmente preocupada.
Y sin embargo no lo estaba tanto como ahora Sherlock.
—Sí, nany, muchas gracias.
—¿Puedo ver al señor Watson?
—No creo que él quiera ver a alguien en este momento —respondió Sherlock.
—¿Pues qué le hizo?
—Nada.
La señora Hudson lo miró acusadoramente.
—En verdad, nada —dijo Sherlock—. Creo que sólo está preocupado por su mujer o algo así.
La señora Hudson espió hacia la habitación antes de decir algo, como si esperara encontrar algo que le confirmara que las palabras del detective eran ciento por ciento honestas.
—De acuerdo —admitió la mujer, aunque no parecía muy convencida—. Espero que se encuentre mejor, en la noche les traeré chocolate para que puedan relajarse y trabajar mejor.
—Gracias, nany.
Sherlock cerró la puerta detrás de la señora Hudson, y después caminó hacia su recámara. No estaba convencido de ir hacia allá, pero John estaba ahí y era suficiente. Ahora más que nunca necesitaba estar con él. Probablemente John lo necesitaba más de lo que cualquiera de los dos imaginaba.
Se detuvo en el umbral. Adentro estaba ligeramente oscurecido por las nubes que había en la ciudad. John estaba nuevamente recostado en la cama, boca abajo.
Sherlock caminó, esta vez no sintió la necesidad de masajear sus pies ni de recostarse sobre él. Avanzó rodeando la cama con mucho cuidado, procurando ser silencioso.
Se detuvo frente a John y se sentó en el suelo, para tenerlo frente a frente.
John lo miró. Tenía los ojos vidriosos, pero no porque hubiera llorado sino porque estaba verdaderamente molesto consigo mismo.
El doctor trató de apartar la mirada, pero Sherlock mantuvo su rostro frente al suyo con su mano.
—No digas nada —le pidió John.
—No lo haré —aceptó Sherlock, pero no podía dejar de ver los ojos de John. Había mucha confusión en ellos.
El doctor tomó una de las manos de Sherlock entre las suyas.
—Creo que estoy confundido —dijo el doctor—. Lo siento.
Sherlock, como había prometido, no dijo nada.
—Me impactó mucho saber que habías renunciado. Me molestó demasiado. Y estar contigo ha sido grandioso, la verdad. Yo… quiero salvar a Mary porque es lo correcto, pero no estoy seguro de querer seguir en ese matrimonio —John hablaba con voz baja, contrita. Parecía tener una gran dificultad para poder expresar sus sentimientos. Quizás estaba verdaderamente confundido y por ello tenía esos problemas.
»Es sólo eso, ¿verdad?
John lo preguntó con mucha esperanza, pero en realidad conocía la respuesta.
—Creo que deberías dejar esas contrariedades a un lado —dijo Sherlock, hablando con la cabeza fría—. Debemos resolver esto lo antes posible y sólo entonces tendrás la libertad para ponerte a pensar qué ocurre contigo, ¿de acuerdo? Yo por el momento no te juzgaré ni te hablaré del tema. Lo que pasó… llamémosle un evento aislado, y así debe quedarse si es lo que quieres.
En ese momento el impulso se apoderó de Sherlock, se acercó y besó a John lentamente. El doctor respondió. Fue un beso corto, pero muy cálido.
—Esto también puede ser un evento aislado si lo deseas —dijo Sherlock—. Voy a quedarme afuera. Empieza a atardecer. La señora Hudson amenazó con traer chocolate, ¿te llamo cuando ella llegue?
John aún estaba perplejo por el impulso que había tenido Sherlock. Parpadeó varias veces como para tratar de rencontrarse con la realidad. Confundido, le respondió que estaba bien, que lo llamara cuando llegara la señora Hudson.
Sherlock se levantó, le dio un beso en la frente a su amigo y a continuación salió del cuarto.
El detective se quedó sobre el sofá, observando las nubes. Y no pudo evitar lo que hizo a continuación.
Sherlock levantó un frasco de la mesa que tenía enfrente, y sacó la jeringa hipodérmica del cajón de un mueble cercano. Ajustó la aguja y se enrolló la manga izquierda de su camisa hacia arriba. Extrajo con ayuda de la jeringa el líquido de una pequeña botella.
Lentamente fue inyectando el líquido a su torrente sanguíneo.
Sus ojos se apoyaron en su brazo, y se dejó caer en un sillón forrado de terciopelo. Se quedó ahí un momento, suspirando de satisfacción y tratando de ver en el cielo algo más. Como si suministrar la morfina en su cuerpo fuera a provocarle una alucinación pasmosa, capaz de aliviar cualquier malestar, cualquier pensamiento ávido de atención en su cabeza.
Pronto su cuerpo comenzó a relajarse. La sensación fue casi inmediata.
¿En qué había que pensar?
Y entonces, su cerebro, grande y casi con cualidades de adivinación, le jugaba una mala pasada y lo obligaba a concentrarse en los casos que tenía. Siempre era así. Excepto cuando no estaba John y la única función de su cerebro era hacer pasar las horas.
Mary Watson estaba desaparecida. Balthazar estaba detrás de eso. Y ahora ahí estaban, tan tranquilos después de haber llegado a Londres. Era, por supuesto, el primer día desde su llegada. Entonces, ¿por qué Sherlock estaba tan abrumado con el caso? ¿Por qué tenía la sensación de que algo verdaderamente debería haberles pasado ya?
Y entonces reparó en el beso. ¿Qué había significado aquello? Y qué tonto de su parte en darle otro a John. ¿No estaba lo suficientemente confundido ya por su cuenta?
Sherlock siguió recargado en su sofá, tratando de apaciguar las voces en su cabeza.
Deducción: John estaba demasiado frustrado con el caso. John estaba demasiado necesitado de cariño y comprensión y había designado todos esos sentimientos hacia Sherlock, por eso el beso. Además Sherlock lo hacía sentir seguro.
Deducción: Balthazar hace demasiado poco en comparación con lo amenazadores que resultaron sus hermanos. Eso sólo indicaba que él era peor, porque sus hermanos siendo tan hábiles y tan importantes, se dejaban fácilmente manipular por Baltahazar, incluso cuando ellos reconocían que él los estaba orillando a eso. La conclusión era sencilla, y Sherlock no veía otra desde hacía dos días: Balthazar pronto daría un golpe devastador; pronto comenzaría a destrozarlo a él para dejar solo a John.
Deducción: Mary corre mucho peligro y Sherlock tiene que comenzar a encontrarla ya. Tiene que salir y hacer investigación en el campo. Al menos al día siguiente, cuando Lestrade haya traído su investigación. El movimiento empezará cuando llegue el informe.
Deducción: Sherlock estaba confundido. ¿Por qué besó a John si no? Sherlock estaba volviéndose loco; eso lo justificaba enteramente. El creciente sentimiento en su pecho, el descontrol de sus pensamientos y de su corazón era prueba irrefutable de que estaba perdiendo la cabeza. Las drogas habían cumplido su meta y comenzaban a destruirlo; sí, eso debía ser.
Sherlock Holmes no podía estar enamorado.
—¿Qué? —preguntó alguien. Pero Sherlock estaba demasiado adormecido como para vislumbrar quién era.
—Que Sherlock no puede estar enamorado —repitió él. También la primera vez lo había dicho en voz alta.
Entonces sintió que alguien empujaba las cosas de su mesa, en donde estaban las drogas. Supo que habían tirado todo al suelo, y que poco de ello se rescataría. Sintió cómo alguien tomaba sus piernas con sus manos y también su cuello. Y después fue capaz de percibir cómo lo levantaban y lo llevaban cargando hasta su cama.
—¿Eres John? —preguntó el detective, confundido.
—Sí —contestó el otro, aunque Sherlock no podía procesar la respuesta por el adormecimiento.
Pero entendió lo que hizo. Tomó al doctor por el cuello y lo abrazó hacia sí.
—Quizás, sí —dijo Sherlock—, quizás sí me estoy enamorando de ti.
Y se quedó dormido.
Ending: Hear Me de Imagine Dragons
Sígueme: (arroba)Gyllenhaal1
¡Hola!
Muchísimas gracias a todas por sus reviews.
Saludos a todas.
:)
Abrazos
