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Sherlock Holmes:
Sinfonía
XXV
La cuarta nota es para cenar
Opening: ARTPOP de Lady Gaga
(Sólo en version Itunes Festival por ahora)
Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,
que siempre me inspiran a seguir escribiendo…
La mañana sorprendió a Sherlock en su cama. Estaba solo, y sin embargo el aroma de John era demasiado persistente como para haber abandonado la cama. Además, al lado de Sherlock estaba la marca de que había dormido con él.
El detective se levantó con la perspectiva de iniciar un nuevo día. Afuera el sol se anunciaba brillante y el cielo despejado. Indudablemente sería un día caluroso para Londres.
Para desperezarse Sherlock se estiró en la cama. Se puso de pie y fue directo a darse una ducha. Se vistió de forma ocasional. No estaba seguro de que quisiera salir ese día.
Cuando salió se encontró a John frente a la estufa; estaba haciendo panqueques para desayunar, y estaba hirviendo el agua para el café.
—Buenos días —dijo Sherlock.
—¿Uh?, buenos días —dijo John, sin voltear a verlo—. Estoy preparando el desayuno. Puedes sentarte en la mesa.
Sherlock así lo hizo. Los platos y las tazas estaban todas listas, esperando ser servidas.
—¿Me cargaste a la cama? —preguntó Sherlock—. No recuerdo en qué momento me quedé dormido.
John no contestó. Parecía demasiado concentrado en la velocidad con la que se cocían los panqueques. Quizás en las burbujas de vapor que se hacían en la pasta cuando la vertía en el sartén.
Vertió el café en la jarra de agua hirviendo, y después de mover un poco la puso en la mesa, sobre una pequeña tabla. Después volvió con los panqueques.
Sherlock no dijo nada. Creyó entender lo que le pasaba a John; no era nada extraño. Había pasado más de una ocasión cuando vivían juntos. Al doctor simplemente le disgustaba que Sherlock consumiera drogas.
Así que Sherlock se quedó ahí como un niño regañado, mirando sus dedos mientras los juntaba con el gemelo de la otra mano.
—Lamento lo de ayer.
Cuando lo dijo a John se le resbaló el sartén y por poco el panqueque sale volando, pero logró atraparlo en el aire, apenas. Lo volvió a poner en el sartén.
—¿Ya te acordaste? —preguntó John, ligeramente preocupado de que Sherlock hubiera rememorado la declaración que le hizo antes de dormir.
—No… pero… supongo que te molestó que fuera tras la morfina —Sherlock se mordió una uña—. Lo siento, necesitaba eliminar de mi cabeza todo lo que tenía encima.
John no dijo nada. Por un momento había olvidado incluso los besos. De modo que en parte había sido culpa suya orillar a Sherlock a la droga.
Sin embargo, el origen de cualquier inquietud de John era esa última declaración. Los besos habían sido un momento de debilidad, se había dicho. Y eso había bastado para no sobre pensar las cosas. Pero Sherlock rompió la poca estabilidad que había conseguido: quizás sí me estoy enamorando de ti.
Esa declaración había bastado para derrumbar su mundo.
¿Y acaso Sherlock la había olvidado?
En ese momento, mientras John se debatía en su cabeza con una infinidad de argumentos sobre por qué los besos lo habían vuelto violento, o por qué estaba tan enfadado con Sherlock por olvidar su declaración, tocaron la puerta.
Sherlock se pudo de pie de inmediato y fue a la puerta. Cuando la abrió Lestrade estaba ahí.
—Buenos días —saludó Lestrade, y sin esperar a que lo invitaran entró—. Holmes tenemos que hablar —dijo.
Sherlock miró disimuladamente a John y después a Lestrade.
—Claro —dijo—, pasa a la sala.
Y se sentaron ahí, a unos metros de la mesa.
John no se preocupó, pero les llevó a ambos café y un panqueque; después volvió a la cocina.
—Toma —dijo Lestrade, y le tendió un archivo con al menos siete hojas.
El detective tomó el folder y empezó a hojear el contenido.
—¿Hay una orden de aprensión formal? —cuestionó Sherlock.
—Sí. John tiene problemas en el este del país, por allá sí que está siendo buscado. Quizás huir no fue lo más prudente, con eso ustedes dos declararon la culpabilidad del doctor y le negaron la posibilidad de un juicio.
Sherlock arrugó la boca; por supuesto que estaba al tanto.
—Tengo un plan…
—¿Y tu plan involucra matar a John?
Sherlock se quedó en silencio, consternado por lo que dijo Lestrade. Escudriñó en sus ojos la razón por la que lo dijo y encontró que no había visto todas las hojas: había una pequeña en el resto, de color rosa. La nota estaba algo maltratada y había manchas en ella de café y alguna otra sustancia que no identificó. Quizás pudiera haber muchas pistas en ella.
Tick, siete ciclos.
Tick, Mary sufre.
Tick, G y L no están con B.
Tick, invitación a cenar.
Es lo que estaba escrito en la carta. Sherlock abrió los ojos de par en par, sorprendido. John había recibido tres notas de parte de Balthazar… y al parecer esta contaba como una más. Sólo quedaban tres y algo malo sucedería; de eso estaba totalmente convencido el detective. Se recargó en su sofá y después miró a Lestrade.
—Atrás dice más —le dijo el otro.
Sherlock volteó la hoja y leyó lo que decía:
Es un recuento de las notas, mi querido detective. ¿Tiempo de apostar? Cuatro de la tarde. Hoy. Royale Auspix, centro. No traiga medicamentos.
Sherlock no pudo evitar sonreír en cuanto entendió que "medicamentos" era una alusión a John. Tomó la nota y la metió en la bolsa de su pantalón.
—¿De dónde salió? —preguntó el detective.
Lestrade le dio un sorbo a su café.
—Los chicos que investigaron. Uno de ellos dijo que esto estaba en el archivo correspondiente a John Watson, nadie sabe cómo llegó ahí. Pero estaba en un sobre que decía "entréguese a Sherlock Holmes en cuanto busque apoyo en casa". Supuse que se refería a Londres como su casa… así que la saqué del sobre, la leí y lo traje.
Sherlock hizo una mueca.
—Comprometiste la evidencia —le dijo a Lestrade, un tanto decepcionado de que no hubiera en la nota rastros que pudieran develar los planes de Balthazar.
—Más que eso. Al parecer el idiota que encontró el sobre y fue él quien lo abrió. Después el muy imbécil se tropezó por las escaleras y se derramó un café encima… En el ajetreo la nota quedó totalmente arruinada como evidencia.
Sherlock se quedó callado.
—De acuerdo, no puedo hacer mucho. Gracias por la información —el detective se puso de pie—. Me hubiera gustado que me ayudaras un poco más, pero esto es suficiente. Supongo que éste hombre no se dejará atrapar sólo porque sí.
—Si hay algo en lo que pueda ayudarte me gustaría poder hacerlo —dijo Lestrade, y le tendió a Sherlock la mano.
Después Lestrade se acercó a John y le tendió la otra mano. Sherlock notó que le había dado algo, pero no le dio importancia.
Lestrade se fue poco después.
John y Sherlock almorzaron en silencio, panqueques, café y un huevo revuelto.
—¿Qué haremos hoy? —preguntó John; estaba interesado en los avances de la investigación—. ¿Lestrade te dejó algo importante?
—No demasiado. Me dio avances sobre la orden que hay en tu contra. Al parecer sólo funciona en la parte este del país.
John no dijo nada.
—¿Algo más? —preguntó.
—Se te acusó a ti de secuestrar a Mary y a la profesora Rachel…
John desvió la mirada.
—Es ridículo —dijo.
—Sí, lo es.
»¿Tú tienes planes para hoy, Johnny?
Sherlock se llevó un bocado de panqueque a la boca.
—No lo sé. Si estoy a salvo aquí quisiera salir a caminar un rato… necesito despejar tantas cosas.
—¿Te refieres al beso?
La pregunta de forma tan espontánea sacudió a John y lo hizo expulsar el sorbo de café que había tomado.
—¡No digas esas cosas!
—Sólo quiero saber… ¿te preocupa eso?
John soportó la mirada inquisitiva de Sherlock por apenas unos segundos, después golpeó fuertemente la mesa y se puso de pie.
—Tú recoges la mesa —le dijo, mientras iba hacia el cuarto.
Y algo más debió pasarle a John porque salió a los pocos minutos arreglado con su sombrero de copa y una gabardina y su bastón.
—Iré al parque —dijo, y no se detuvo a escuchar la respuesta de Sherlock porque salió a toda velocidad del piso.
Sherlock terminó de almorzar con tranquilidad. Después lavó los trastes y esperó pacientemente a que llegara la tarde.
A las seis de la tarde comenzó a vestirse. Se puso sus mejores galas y salió del edificio a las 7:30.
John no llegó en todo el día, así que le había facilitado muchas cosas, y pudo evitar mentirle para salir a cenar.
Sherlock tomó un coche que lo llevó al centro, frente al restaurante Royale Auspix.
El detective pagó y entró al lugar. Cuando lo recibieron le preguntaron si tenía reservación, y él asumió que sí.
—¿De parte de quién? —preguntó el acomodador.
—Balthazar Leprince-Ringuet.
El hombre revisó su lista.
—Oh, el señor Leprince lo está esperando.
»Sígame por favor.
Y Sherlock lo siguió, hacia el lugar en el que lo esperaba el hombre que estaba destruyendo a John Watson. Hacia la mesa en la que ambos cenarían y dejarían en claro que ninguno de los dos se contendría hasta haber cumplido su cometido.
Ending: If I lose myself de OneRepublic
Hola! Creo que me tardé un poco con este capi, y probablemente ahora los suba cada semana, porque tengo mucho trabajo pendiente con la escuela.
De cualquier forma, aquí estaré subiendo de poco a poco.
Muchos saludos a todas y gracias por sus reviews.
