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Sherlock Holmes:

Sinfonía

XXVI

El hombre de los tratos


Opening: Called Out In The Dark de Snow Patrol


Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,

que siempre me inspiran a seguir escribiendo…


Sherlock Holmes.

El camarero dirigió a Sherlock a través de las escaleras de caracol hacia el segundo piso. Después a la izquierda, en donde estaba el área designada a fumadores y empresarios. Cuando ambos se encontraron en el ala izquierda del establecimiento, Sherlock notó que sólo una mesa estaba ocupada; de hecho, era la única mesa preparada para recibir a los clientes.

—Hasta aquí puedo dejarlo —dijo el camarero, deteniéndose en el umbral que daba paso a la sala.

—De acuerdo —dijo Sherlock.

—¿Desea algo por ahora?

—Una copa de vino y una ensalada de fruta para comenzar —dijo el detective—. Muchas gracias —Dio un golpecito en el brazo del camarero y empezó a caminar.

Tuvo que pasar por cinco mesas para llegar a la única que estaba ocupada. Sherlock notó el gusto de su enemigo al ver el cristal que hacía de pared ahí; el vidrio proporcionaba una vista grandiosa del centro de Londres.

En aquel momento el cielo comenzaba a tornarse violáceo, y las velas de la ciudad comenzaban a encenderse.

Los faros aún permanecían apagados.

Su anfitrión se puso de pie para recibir a Sherlock.

—Muy buenas tardes, señor Holmes —dijo. Ante la luz de la vela Sherlock distinguió al hombre. Tenía una expresión endurecida en el rostro, firme, calculador; patillas gruesas adornaban sus orejas, y su cabello era espeso y negro, tan diferente al de Gebrard, que era más bien ralo y canoso. El hombre tenía ojos amarillos, y recordaban a los de una serpiente; pero era lo único de él que daba esa impresión—. Muchas gracias por aceptar venir —continuó Balthazar.

»Adelante —continuó, señalándole a Sherlock la mesa de enfrente.

El detective tomó asiento.

—Muchas gracias por su invitación —dijo Sherlock—. Debo admitir que fue toda una sorpresa para mí.

—Así me lo pareció —admitió Balthazar—. Bien, déjeme presentarme. Mi nombre es Balthazar Leprince-Ringuet.

—Un gusto, mi nombre es Sherlock Holmes.

—Vaya que es un gusto para mí. Una gran sorpresa que se haya involucrado en mis asuntos después de que lo había removido de la ecuación. Aunque, tengo que admitir que fue una sorpresa grata.

—Me halaga.

—Soy sincero, señor Holmes. Bien, ¿tiene idea de por qué lo llamé?

—Para ser honesto, no. No me esperaba un encuentro tan pronto.

—Me alegro. Eso quiere decir que no preparó un discurso para mí. Es mejor así, improvisando, viviendo al límite. Veamos qué tan bueno es usted.

»Lo llamé para poner las cartas sobre la mesa.

Balthazar hizo el mismo gesto que haría un hombre en un casino. En ese momento el mesero subió con la orden de Sherlock. Balthazar ya tenía su copa de vino, y era lo único de su lado de la mesa.

Cuando el mesero se fue, Balthazar fue el primero en hablar.

—Iré al grano: estoy dispuesto a darle lo que sea por John Watson —después dio un sorbo a su copa y esperó la reacción del detective.

Aquellas palabras fueron difíciles para Sherlock. Por un momento su procesamiento del presente y su hipótesis del probable futuro colapsaron.

Sherlock sonrió.

—Debe usted saber que no hay absolutamente nada que pueda hacerme dejar a John —dijo, seguro.

—Habla usted como un enamorado —comentó Balthazar, también sonriendo—. Aunque vaya que lo entiendo. John es una persona fascinante, ¿no le parece?

—Es más que eso.

—¿Ah, sí? ¿Qué?

—Es lo que más me importa en este mundo.

—Oh —Baltahazar revolvía el vino en su copa—. Entonces tenemos eso en común. El caso es, señor Holmes, que no estoy dispuesto a compartir a John Watson. Ya me he deshecho de su esposa, y ahora lo único que se interpone entre él y yo, es usted.

—¿Qué quiere decir con que se deshizo de su esposa?

—Enviar siete notas para acabar con alguien puede resultar un tanto… tedioso, ¿sabe? Sobre todo para alguien como yo; soy algo impaciente, hiperactivo…

—¿Qué le hizo a Mary?

—Debería ser un alivio para usted también si ella desaparece —"si ella desaparece", se repitió mentalmente Sherlock. "Así que aún no la desaparece", dedujo—, ¿no? Después de todo, si yo no estuviera, eso significaría que tendría a John de vuelta con usted, en su casa… Hay algo más que quisiera preguntarle… ¿Ha usted sodomizado al doctor Watson?

Sherlock arrugó el ceño y se dejó caer sobre el respaldo de su silla.

Balthazar hizo una mueca.

—Vaya… sí que me equivoqué en algo. ¿De verdad nunca lo ha tocado? ¿Ustedes dos nunca han tenido sexo?

Sin entender por qué, Sherlock se sintió ofendido por la pregunta. Pero no era alguna clase de ofensa dirigida a su masculinidad, era algo íntimo, como si Balthazar no tuviera derecho a hacer ese tipo de preguntas. Como si nadie tuviera derecho de meterse en la vida personal de Sherlock y de John.

—Eso no es de su incumbencia —respondió Sherlock, cortante.

Para Balthazar aquella respuesta representó un golpe bajo. De verdad le importaba mucho que John estuviera íntegro, al menos en la mayor parte… la que le concernía a él. Esto lo pudo constatar Sherlock con la reacción del otro.

Balthazar se erizó y su mirada se endureció aún más, como si hubiera dado por hecho que la respuesta implícita en las palabras de Sherlock hubiera sido que sí, que él y John habían intimado ya.

Balthazar se enfureció. Era obvio que para él era importantísimo que John no hubiera sido tocado por un hombre.

—Señor Holmes —dijo Balthazar después de reponerse—, quiero que sepa que no permitiré que eso vuelva a ocurrir. Me aseguraré de que entre usted y John no haya más contacto físico.

Sherlock se sintió intimidado por la amenaza y el tono del otro, pero no pudo evitar azuzarlo otro poco.

—Incluso cuando usted cumpliera su amenaza, debe saber que existe el plano emocional, y quizá en ese aspecto le sea ciento por ciento imposible separar a John de mí.

Balthazar adoptó un gesto de furia.

—No debe retarme.

—¡No! Usted no me debe retar a mí —le espetó Sherlock—. Porque créame que si en verdad intenta separar a John de mí, se las verá muy difícil. Haré todo cuanto esté en mis manos para mantener a John conmigo.

En ese punto Balthazar no reaccionó de forma violenta. De hecho pareció calmado; como si las palabras de Sherlock hubieran sido las que esperaba.

—Será una guerra por el doctor Watson entonces.

—Que así sea.

Sherlock permanecía serio. Estaba seguro de que no era correcto apostar a su amigo, pero, ¿qué podía hacer? De todos modos Balthazar iría tras John, así que la postura de Sherlock de salvaguardarlo era sólo la respuesta natural.

—Sin embargo —dijo Sherlock—, necesito que me devuelva a Mary.

Balthazar sonrió.

—¿Por qué?

—Prometí que la devolvería sana y salva.

—Pues… —el otro dio un sorbo a su copa—, déjeme proponerle un trato. El premio de nuestro pequeño juego es nada más y nada menos que el doctor John Watson. ¿Qué tal si desaparecemos lo que no nos conviene? Si acabo totalmente a Mary, entonces cualquiera de nosotros dos podría ganar a un doctor sin esposa, para él solo. ¿No le parece interesante? En este punto déjeme ofrecerle el trato, prometo que si desaparezco a Mary me adjudicaré total y enteramente la culpa. Así usted no habrá tenido nada que ver con su desaparición y se ganaría la posibilidad de quedarse con el doctor.

»Suena interesante, ¿no es así?

A Sherlock no le agradó la sugerencia. Aunque sí le gustaba la idea de recuperar a John.

—No —dijo Sherlock—. Quiero a Mary sana y salva.

Balthazar se puso serio.

—Es usted una persona muy aburrida —comentó.

Sherlock desvió la mirada. Tomó su copa y le dio un sorbo lento.

—Aceptaré que le haga lo que quiera a Mary —dijo Sherlock. Después dejó su copa sobre la mesa—, sólo si yo no consigo detenerlo antes.

—Me parece justo.

—¿Enviará las tres notas restantes?

—Dos —dijo Balthazar.

—¿De qué habla?

—El buen doctor debe estar leyendo la quinta en este momento.

Sherlock disimuló su sorpresa.

—Por cierto. Quizás deba saber que igual que en el caso de Lockwood, habrá un par de personas que usted cree muertas rondando por aquí.

La sorpresa que le produjo esas palabras sí fue imposible de disimular para Sherlock.

Irene era una, estaba seguro. ¿Y quién más?

Repasó entonces la inagotable lista de fallecidos durante sus casos. Había sólo una persona capaz de erizarle los vellos, pero prefería, tontamente, no pensar en eso.

—¿Por qué me lo dice? —preguntó desafiante el detective.

—Para que sepa que estoy al tanto de que ha sido advertido sobre mí —sonrió—, pero no crea que me desquitaré con la señorita Addler. Yo sería incapaz de eso. Quizás la use… de eso soy perfectamente capaz.

Sherlock se quedó callado.

—Seré gentil una vez más y le diré en dónde puede encontrarme. Tendrá que viajar a Estados Unidos si pretende atraparme. Considerando los cuatro días y medio que dura el viaje, agregaré una pista más. La sexta nota llegará mientras esté en el océano.

—Entonces si no me embarco, ¿la nota no llegará?

—Probablemente. Pero encontrará que es necesario embarcarse: la orden de aprensión en contra del doctor John Watson se ha extendido a nivel nacional.

—No es motivo suficiente.

—No para usted… no aún.

—¿A qué se refiere?

—Es todo lo que le diré por hoy, señor Holmes —dijo Balthazar, poniéndose de pie—. Espero que haya pasado una noche encantadora.

—Ni siquiera hemos cenado.

—La cena era más bien un pretexto. Ya veremos en otra ocasión.

Sherlock lo miró con ira.

—No se alarme, mi buen detective. Le recomiendo algo: no llegue a Baker Street esta noche. Si lo hace detonaré una pequeña bomba que tengo en la calle. No le diré en dónde. Quizás en el 221 B, o en el A… o en 219… Eso no importa. Lo que debe interesarnos es si usted está dispuesto a arriesgar vidas sólo por llegar a casa y abrazar al buen doctor. Tick, tock… Vaya a otro lado, eso será lo mejor para todos.

Sherlock quedó pasmado por un momento. La amenaza parecía bastante real.

—Hasta luego —dijo Balthazar, y volvió a sentarse.

—¿Qué tal si me quedo con usted?

—Oh, me halaga —sonrió Balthazar—. Verdaderamente. ¿Sabe? Encuentro al doctor Watson bastante exquisito, y quiero que sea con él con quien tenga mi primera experiencia… física. Pero el gran Sherlock Holmes se podría ofrecer como un delicioso aperitivo… —Balthazar se puso de pie y caminó hacia el detective. Se detuvo frente a él y tomó su rostro para fijar su mirada con la suya—. ¿Qué tal si le ofrezco un trato más? Usted pasa conmigo esta noche, dejándome completo control de su cuerpo, y yo prometo no detonar absolutamente nada, y darle a la señora Mary, sana y salva. Tal como prometió.

Sherlock quedó helado. Los vellos de su nuca se erizaron cuando Balthazar acercó su rostro al suyo, lo suficiente como para tacharlo por un beso.

El corazón de Sherlock palpitaba rápidamente por el miedo.

John Watson.

El doctor caminaba por el centro. Pasó al lado del restaurante Royale Auspix, de camino hacia una pequeña cafetería en un callejón más bien solo. Según tenía entendido, ese callejón era el principal lugar en el que reunían los niños callejeros para contar lo recaudado por limosnas a lo largo del día.

John encontró a Lestrade en una mesa afuera del café. El pequeño jardín en donde estaban las mesas, era circundado por una cerca blanca.

Lestrade saludó al doctor, lo invitó a sentarse y ordenó un café por él.

—Me sorprendió que me dieras esto —dijo John. Por lo regular le gustaba ir al grano en sus asuntos. Le mostró a Lestrade el trozo de papel que él mismo puso en las manos de John cuando se despidieron en Baker Street.

"Vayamos por un café. Es importante. La'true. 8 P.M."

Lestrade tomó el trozo de papel y lo despedazó.

—¿Qué es tan importante? —preguntó John.

Lestrade perdió su mirada en el café por un momento, como pensando seriamente en lo que haría.

—Sherlock te está engañando —dijo de pronto.

John se echó hacia atrás.

—¿Qué?

—Sherlock sabe todo, absolutamente todo respecto a tu esposa y no ha dicho absolutamente nada. Puede resolverlo y no lo ha hecho sólo porque tiene miedo de que lo vuelvas a dejar.

De pronto en el callejón sólo se escuchó el silencio.


Ending: Bleeding Out de Imagine Dragons


¡Hola! Las lluvias (soy de Acapulco) me hicieron escribir en la medida en que duró la batería de mi lap. He estado sin luz.

Si tienen la posibilidad de ayudar a Guerrero, háganlo. El asunto está gravísimo por acá. Por suerte vivo en zona alta, así que no me inundé.

¡Saludos!