Agradecimientos especiales al final de este capítulo n_n

DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen, le pertenecen a sus respectivos creadores y al gran Shigeru Miyamoto :D

¡A leer!

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¿Por qué?


Y entonces Zelda desapareció dejando a Ike y a Marth sorprendidos, tal vez se esperaban que saliera corriendo y llorando, pero no que se desapareciera… aunque pensándolo bien… esa también pudo haber ser una posibilidad.

¿A dónde crees que se haya ido?— preguntó el mercenario, recargado en la pared cruzado de brazos.

Creo que lo más lógico sería a su habitación— dijo el príncipe dando un gran suspiro. — Me siento muy mal por Zelda…

Hmp, si crees que Zelda está triste, imagínate como se pondrá Mario cuando se entere—manifestó el mercenario, al mismo tiempo que se imaginaba a un Mario llorando a mares sobre su hermano Luigi.

Ah… es cierto, pobre Mario— dijo Marth, imaginándose algo parecido a lo que imagino el mercenario— Se me olvidaba que tenía una relación con Peach —Vaya Mierda. No solo salió perjudicada Zelda, sino que también Mario — Para serte sincero, no me esperaba esto de Peach, y mucho menosde Link

Ese Link es un bastardo imbécil— el mercenario si se notaba más enojado. ¿Cómo no se iba a enojar? El novio de su amiga se acostaba con la mejor amiga de su amiga. Sí, algo confuso, pero así eran las cosas.

Tenemos que alcanzar a Zelda— dijo Marth— Creo que ahora más que nunca nos necesita —dijo el príncipe empezando a caminar, dirigiéndose a la habitación de Zelda. No obstante, se detuvo al ver a su compañero quedarse quieto — ¿Qué acaso no vienes? — le preguntó al mayor, algo exasperado.

Ahm… No— respondió el mercenario. Casi le iba a reclamar lo idiota que estaba siendo en no ir a acompañar a su compañera en un momento de crisis, pero noto que el mercenario iba a seguir hablando, así que espero— Tengo… asuntos pendientes que atender — respondió nervioso el mercenario.

—… Está bien, solo no te tardes tanto—dijo Marth volviendo a retomar el paso, pero nuevamente se detuvo — Y Ike — hizo una pausa. Giró para poder mirarlo a la cara. — Procura no matarlo ¿Está bien? — dijo el príncipe con una sonrisa de victoria en su rostro, había descubierto las intensiones del caza recompensas. Tal vez Marth era algo inocente, pero no era idiota— ¿Necesitas ayuda?

¿Eh?— el mercenario no lo podía creer— ¿Me estas ofreciendo ayuda para ir a darle su merecido? Pensé que tu no eras de esos "busca pleitos"

No lo soy— argumentó— Pero esta vez puedo hacer una excepción ¿Qué dices?

El mercenario lo analizó por unos segundos.

Creo que puedo con esto. Es mejor que vayas con Zelda. Los alcanzare en cuanto termine.

Está bien— dijo Marth— Procura no matarlo. Hay que dejarlo vivo para el desayuno.

No te garantizo nada.

Con eso me basta— garantizó el príncipe —¡Oh!... por cierto, salúdalo de mi parte — finalizó el príncipe, para nuevamente dar vuelta en dirección a la alcoba de la princesa.

Será todo un placer — finalizó el mercenario, más para sí mismo que para Marth.

Entro al pasillo, en donde estaba la habitación del elfo. Ya frente a esta, trono sus dedos y su cuello. Enfoco su mente y sus habilidosas manos en el pequeño tablero de la habitación de su compañero, dispuesto a jaquear el código de su amigo para, así, entrar a su habitación y darle un pequeño saludo.

No por nada era un mercenario.

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Tomó un pañuelo para así poder secar sus lágrimas. Aunque sabía que sus intentos eran en vano, ya que más y más de aquellas gotas saladas seguían brotando de sus ojos y resbalando por sus rosadas mejillas. Le dolían los ojos, y su nariz estaba irritada a más no poder.

Lo primero que hizo al llegar a su habitación, fue correr hacía la cama y tirarse en esta. Inconscientemente, ya había soltado unas pocas lágrimas, hasta que comenzó a desahogarse abiertamente sobre una almohada. Después de unos minutos, fue al baño a buscar una caja, bueno, varias cajas de pañuelos desechables y nuevamente ir a su cama. Sabía que tenía que ser fuerte, que llorar era de niñas débiles. Pero su corazón estaba tan roto en esos momentos que era inevitable detener aquel doloroso llanto. Intento tranquilizarse muchas veces, mas no lo logro.

De pronto, alguien comenzó a dar ligero toques la puerta. Sin embargo, la princesa no tenía ánimos para nada ni nadie.

Zelda— Era la voz de Marth —¿Puedo pasar?—

—Ah… Adelanteno podía ocultar lo quebrada que esta su voz.

Ahm Zelda… las puertas tienen contraseña, no la puedo abrir

—Zelink

¿Qué?

—Esa es la contraseña, Zelink La princesa se entristeció al escuchar aquellas palabras, que ahora ya no tenían ningún significado para ella. El príncipe marco esas 6 letras en el pequeño tablero y acto seguido la puerta se abrió dejando ver a un Marth muy preocupado. Entro casi corriendo a la habitación, dificultándosele un poco el paso debido a la poca luz que había y a que la mayoría del suelo estaba cubierto con pañuelos desechables. Cuando el príncipe dio con la cama, se sentó a un lado de la princesa.

—Perdona por preguntarte tu contraseña— dijo el príncipe, pensando que él había tenido poca consideración en el estado actual de la princesa.

—No te preocupes— dijo casi en susurro— De todos modos la iba a cambiar.

—¿Por qué te desapareciste tan repentinamente?— preguntó Marth buscando la mirada de la afligida princesa, aunque no obtuvo mucho éxito. Esta solo miraba el piso.

—No… sabía qué hacer…

—¿Pudiste… escuchar lo que decían?— Marth, junto con Ike, eran uno de los pocos que sabían aquella extraña condición de las orejas hylians.

—Cada detalle— cada maldito detalle…

— Lo siento mucho, Zelda— Marth pasó su brazo por la espalda de la princesa, dejándolos en un tipo de abrazo. La princesa recargó su cabeza en el hombro de Marth; y sin darse cuenta, dejó caer algunas pequeñas gotas de agua provenientes de sus ojos. El príncipe se percató de esto, e intentó que a él tampoco se le salieran las lágrimas. Siempre que veía a alguien llorar, se le oprimía el corazón y terminaba derramando una que otra lágrima. Era muy sensible, en cuanto a sentimientos se refiere.

—Lo siento, moje tu camisa— La princesa limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, e iba a intentar limpiar aquella mancha que había dejado en Marth, pero él la detuvo.

—No te molestes— sonrió

Y Entonces.

Silencio.

Ninguno de los 2 volvió a decir nada. Marth estaba pensando en alguna forma de cómo subirle el ánimo a la princesa, y Zelda solo estaba distraída, perdida en algún lugar de su mente.

—¿Sabes?…no eres la única que está sufriendo— dijo Marth haciendo una pausa, esperando a que la princesa tuviera algo que decir, cosa que no hizo así que prosiguió —Simplemente verte así me hace entristecer mucho, porque eres mi mejor amiga. Además, Mario quiere mucho a Peach y cuando se entere, no me quiero imaginar cómo se pondrá…

—Esa zorra… — La cara de Marth hizo una expresión tan graciosa, que la princesa no pudo evitar reírse. Causándole a Marth que también sonriera.

Marth se aclaró la garganta

—Sabes bien que ese no es el lenguaje de una princesa— reprochó cruzándose de brazos.

—Perdón— expresó la princesa— me deje llevar. Aunque tienes que admitir que se oyó gracioso.

—Sí, lo admito, fue gracioso— dijo el príncipe— Pero no lo volverás a decir ¿Lo prometes?

—Ok, lo prometo— La princesa levantó su mano derecha, como si estuviera diciendo algún tipo de juramento. Sin embargo, Zelda no estaba de todo segura de cumplir esa promesa. El estar en la mansión aprendes muchas cosas, sobretodo groserías, y más si escuchas a Snake.

Se oyó que tocaban la puerta. Rápidamente, la princesa se recostó hacia su lado derecho, dándole la espalda a la puerta.

—Ve y abre la puerta, por favor— le dijo a Marth en tono de súplica.

Marth se levantó para abrir la puerta y al momento en el que este se paro frente a ella, la puerta se abrió dejando ver a una persona. Como la princesa yacía volteada hacia la pared se podían ver las sombras y de inmediato la susodicha reconoció la otra sombra. Suspiró aliviada. Para su fortuna, no era Link, o algún chismoso que hubiera presenciado la escena en el pasillo, era Ike. El mercenario entró a la habitación y empezó a conversar con Marth, aunque en un tono muy bajo. La princesa sospechó del por qué hablaban muy bajo. Entonces, comenzó a escuchar la conversación:

Y bien, ¿Cómo te fue?

Me fue bastante bien. Jajá, hubieras visto la cara que puso cuando entre, el imbécil no se lo esperaba

Espero que no lo hayas golpeado mucho y que este vivo para el desayuno de mañana

Yo también lo espero… digo, No… solo le deje un buen moretón en la mejilla izquierda.

Lo ojos de la princesa se abrieron enormemente.

¿Acaso Ike había ido a golpear a…?

No… eso no puede ser posible.

¿Oh si?

—Y ¿Zelda esta dormida? — la princesa veía como la sombra de Ike se acercaba más hacía ella.

—Pues…

—No— Zelda rotó su cuerpo para así quedar frente a ellos— Estoy despierta— dijo intentando formar una sonrisa.

—Ehm, Escucha— Ike llamó la atención de Zelda. Esta lo miró, notando que estaba muy nervioso— Link… — el solo escuchar ese nombre hizo que las entrañas de Zelda se retorcieran— Link es un idiota y no te merece.

La princesa no pudo evitar sonreír ante el comentario, sabía que Ike intentaba subirle el ánimo. Claro, a su modo. Marth se les unió y se coloco a un lado del mercenario.

—Si hay algo que podamos hacer por ti— intervino Marth— Sólo dilo y haremos lo posible para complacerte.

Zelda rió

—Pero ya lo hicieron— la princesa sonrió, de una forma sincera. Las expresiones de Marth y Ike eran de confusión

—¿Ah sí? — preguntaron, lo gracioso fue al mismo tiempo.

—Sí— La princesa giro nuevamente su cuerpo hasta quedar sentada al borde la cama. Se puso de pie y, para sorpresa de ambos hombres, paso los brazos por los costados de Ike, manteniendo un cariñoso abrazo— Te lo agradezco mucho.

—Ah… ¿De nada?— titubeó el mayor. Y, lentamente, rodeó a la princesa con aquellos grandes y fuertes brazos. No podía creer que Zelda fuera tan pequeña, apenas y le llegaba al hombro. Parecía una muñequita de porcelana. Ante ello, Ike formulo una sonrisa, aunque no tardo mucho en volver a la realidad. — Por cierto... ¿Agradecimiento de qué?

—Por…— tenía que ser sutil en su respuesta— Por ir a golpear a Link y dejarle un gran moretón en su cara— Bien, fue lo más "sutil" que se le ocurrió. Ike se sorprendió ante esa conclusión, lanzándole una mirada de confusión a la princesa, haciendo que esta se separara del abrazo.

—¿Y tu cómo…?

— ¿Acaso ya olvidaron que soy una hylian? — interrumpió la pregunta de Marth, recordándoles su extraño pero muy útil don.

—Oh… creo que me olvide de ese detalle— dijo el mercenario —Se supone que iba a ser una sorpresa— dijo Ike poniendo una mano tras su cabeza un poco avergonzado.

—Creo que esto de escuchar conversaciones ya se te hizo un mal habito Zelda — argumentó Marth cruzándose de brazos.

—Si, ya me di cuenta— dije avergonzada— Y claro— la princesa se dirigió al soberano de Altea, realizando la misma acción que hizo con Ike— Te agradezco mucho tu apoyo, Marth— Lo abrazó, y Marth correspondió gustoso. Ike miraba cada movimiento, notando que Zelda tampoco rebasaba a Marth. Le llegaba a la altura de la nariz.

— No hay de que, Zelda

Cuando Zelda se distancio de Marth, no pudo evitar voltear a mirar el reloj de su mesa de noche, espantándose por los números que este marcaba en color verde neón.

—Por las Diosas, será mejor que se vayamos a dormir. Mañana tenemos entrenamiento y combates— inquiere preocupada la princesa, señalando con su pulgar el reloj de noche que marcaban la 1:00 de la madrugada.

—Wow, sí que es tarde— A decir verdad no le sorprendía mucho la hora. Había ocasiones que terminaba durmiéndose como a las 4:00 de la madrugada; Y recordaba un día que no había dormido nada.

—Tienes razón— afirmó el noble— ¿Algo más que podamos hacer por ti antes de irnos? — inquirió amablemente.

—No, creo que no— dijo la princesa.

—Entonces, con su permiso, princesa— El soberano de Altea hizo una reverencia ante la susodicha, haciendo que se sonrojara y murmurara una pequeña risa.

—Nos vemos en mañana… princesa— dijo Ike haciendo también una reverencia, aunque menos marcada que la de su compañero. A Zelda se le hizo raro que le llamara princesa, siempre le decía Zelda, y en ocasiones le decía "Zel", pero nunca por princesa. Sin embargo, sonrió de todos modos.

—Nos vemos— fue todo lo que dijo Zelda, imitando una reverencia como la de Ike.

Así, los espadachines giraron y caminaron en dirección hacia la puerta. La pieza metálica se abrió, dándoles paso hacia la salida.

—¡Esperen! — Los 2 hombres giraron en torno a la voz. Era Zelda. Corrió hacía ellos y cuando los tuvo frente a ella, les plantó un beso en la mejilla a cada uno. Primero a Marth, ya que era el que Zelda tenía más accesibilidad, con respecto a la altura; y luego a Ike, que se tuvo que para de puntitas para poder alcanzarlo.

—Que pasen buenas noches— y rápidamente Zelda entro a su habitación y la puerta se cerró.

La princesa dio un largo suspiro. A pesar de todo lo descabellado que había pasado en el día, se sentía feliz. Porque sabía que podía contar con sus amigos en cualquier momento, ya sea en los tristes, como en este caso, o en los más felices. Sin darse cuenta, ya estaba bostezando. Ya se estaba muriendo de sueño. Pero se dio cuenta de que aun no se podía ir a dormir. Su habitación seguía estando muy sucia. Lo primero que hizo fue recoger todos y cada uno de los pañuelos desechables y depositarlos en el cesto de basura. Lo segundo que hizo fue tirar las ahora 2 cajas vacías que antes contenían los pañuelos.

Después de haber recogido tanto papel, se dispuso a cambiarse su piyama. Esta consistía de un pantalón aterciopelado de color lila con el estampado de la trifuerza en él, y su blusa de manga larga de color gris con el trifuerza como logo (Regalo de cumpleaños de su padre).

La cansada princesa desordeno la cobija y la sábana para poder meterse debajo de estas. Se dejo caer en la cama y miró el techo. Aún tenía preguntas sin responder y cosas que debía aclarar, pero eso lo vería mañana en la mañana.

Ahora tenía que descansar, ya que algo le decía que mañana sería un… interesante día.

Se acobijó y cerró sus ojos, comenzando así a quedarse dormida.

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Creo que ni ellos sabían cuanto tiempo llevaban ahí parados. Los 2 estaban con la cara similar al color de un tomate y con expresiones de sorpresa en sus rostros. Zelda era la única persona que podría sorprenderlos 2 veces en un día.

—Bueno Ike— dijo un serio y sonrojado príncipe— Me retiro— hizo otra reverencia, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su habitación.

Ike ni si quiera le prestó atención a Marth, estaba muy ensimismado pensando en el beso que le dio Zelda. Podría decirse que él no era una persona a la que besaban mucho, inclusive en la mejilla. El mercenario también comenzó a caminar hacia su habitación, se paró justo enfrente de su puerta dispuesto a insertar el código en el tablero, pero antes de hacer eso llevo una de sus manos hacía el lugar donde la princesa le había plantado un beso, formulando una pequeña sonrisa. Quito su mano de su mejilla para así marcar el código y poder entrar a su alcoba.

Lo que no se había dado cuenta el mercenario era que cierto príncipe lo miraba de reojo, con una sonrisa maléfica en su rostro. Se le acaba de ocurrir una gran idea y tal vez, solo tal vez podría funcionar, pero ahora era mejor irse a dormir. Mañana será un… interesante día.

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Este es el segundo capítulo, igualmente editado radicalmente. Casi podría decirse que lo re-escribí. Agregue más narración y además cambie la versión en primera persona de Zelda a tercera persona. Ahora no sé porque, pero se me hace más fácil escribir en tercera persona.

Estoy consciente de que usé 2 veces la palabra "interesante" casi al final del fic, solo para que no piensen que no me di cuenta.

Agradecimientos especiales a:

Lolita
Miyuki-chan
Baby Hades
Clear Blue
Sugar5star
Crazylu
Edgar, mi primo
oo
Sekmeth Dei
Angie Sama
The Whisper of the Night

No saben lo feliz que me hacen cuando dejan un review n_n

Cualquier error que se me haya ido, me lo pueden hacer saber en un review y lo corregiré.

Zeldi-chan de hyuuga