Disclaimer: Los personajes usados en este fic… ¿De veras tengo que decirlo?, Creo que ya lo saben. Total, Lo único mío es la trama.
.
.
Intervención
—En fin, como te iba diciendo— Marth encajó otro pedazo de fruta en su tenedor— Tengo un plan.
—¿Un plan? — cuestionó el mercenario con la boca medio llena.
—Sí, un plan… que… me gustaría llevar a cabo— El príncipe solo sonrió de manera extraña, llevándose el pedazo de fruta a su boca.
—¿Ese plan me incluye?
—Sí— Obvio, pensó
—Entonces, suéltalo—El mercenario dio un gran y pesado trago a su jugo. Planeaba tomárselo todo de una vez.
Aunque hubiera meditado toda la bendita noche acerca de aquella idea, ahora no sabía si era correcto ponerla en práctica. Habían pasado muchas cosas el día anterior, y no se diga hace unas pocas horas. Tal vez no sucedieron muchas cosas, pero lo que importaba era la magnitud que aquellos sucesos habían provocado.
No obstante, pudiera que solo esta vez se diera esta oportunidad. La oportunidad de acabar con el sufrimiento de sus amigos.
Nunca le gusto ver sufrir a la gente. Ni siquiera a su peor enemigo…
—Mi plan es…—El príncipe realizo el mismo acto que Ike, volviendo a dejar el envase de vidrio en la mesa— emparejarlos a ti y a Zelda.
No sé que le molesto más a Marth. El hecho de que Ike le hubiera escupido todo el jugo en la cara, o lo muy idiota que fue al no esperar a que terminara su jugo, y entonces poder decirle, pudiendo haber evitado que le escupiera en la cara.
Genial, ahora parte de su ropa también estaba mojada. Justo cuando hace unos pocos minutos se había cambiado de atuendo. Y para colmo, apestaba a Uva…
—¡Pero a ti que te…! — Marth lo silenció cubriéndole la boca con una de sus manos
— ¿Acaso quieres que todos en la mansión escuchen?— Ike movió su cabeza en señal de negación— Entonces deja que te explique ¿Está bien? — El mercenario volvió a mover su cabeza, esta vez de modo afirmativo, y el príncipe dejo de cubrirle la boca.
Marth, con la educación que lo determina, tomo una servilleta y comenzó a secarse el jugo de Uva. Primero la cara, luego el cabello, y finalmente parte de sus atuendos. Cuando terminó, dejó la servilleta en su lugar, intentando reprimir los impulsos de decirle algún inteligente insulto a su compañero. Se calmó. Inhalando profundo y exhalando de la misma manera.
—Escucha—Lo miro fijamente, llamando así la atención de Ike— Tanto tú, como yo, sabemos lo que sientes por Zelda.
Las mejillas del mercenario tomaron un color escarlata.
—No sé a qué te refieres— contraatacó el mercenario, mirándolo fijamente. No se iba a dejar convencer por el monarca.
— He visto la forma en que miras a Zelda— y al parecer el príncipe no iba a dejar de persuadirlo.
—¿Y por qué te interesa saber eso? —inquirió el mercenario. Si le gustara, o no le gustara Zelda, era sus asuntos ¿Por qué tenía que intervenir?— No es de tu incumben-
—¡Claro que es de mi incumbencia, Ike! —Marth alzó la voz. No demasiada como para ser oído, pero la suficiente como para que Ike hubiera brincado del susto— Ustedes dos… son mis mejores amigos…— suavizo su voz, casi como si fuera a romper el llanto— Yo solo quiero su felicidad, la felicidad de ambos. Y sé que tu felicidad esta con Zelda.
Ya recordaba.
Marth era de esas personas que no podía ser feliz… sin que las demás personas a su alrededor lo estuvieran primero.
Siempre al pendiente de todos. Brindándoles apoyo y compresión. Por muy jodida que estuviera la situación, el siempre mantenía una sonrisa en su rostro. Era como el hermano que nunca tuvo.
— Además…—Continuó el príncipe. Tenía que converserlo de alguna manera. — Zelda está sufriendo.
El corazón de Ike se oprimió al escuchar eso último. El solo recordar a la princesa… su expresión de esta mañana. Verla en el suelo a punto de desmayarse… fue demasiado para él.
—Pero… ¿Qué mejor cura que un amor puro y sincero? —Inquirió Marth, interrumpiendo los pensamientos del mayor— ¿No te parece?
El mercenario no dijo nada. Todo lo que dijo Marth era cierto, así que no podía decir nada.
—Te gusta Zelda— No lo dijo en tono de pregunta, sino de afirmación —¿No es cierto? — Ike miraba detenidamente al príncipe, con expresión de recelo. Entrecerró la mirada para después fruncir el seño ¿Y si le decía que no? Tenía que pensar rápido, se estaba tardando en contestar.
Entonces, suspiró.
—… Sí— Lo decidió. Ya no tenía necesidad de ocultarlo. Al fin y al cabo, se delató el solo…
—Lo sabía—y el príncipe hizo una sonrisa arrogante. Ike le dirigió una cara de pocos amigos. Después de todo, el maldito sí que sabía persuadir a las personas.
—En fin, ¿Y cómo llevaras acabo tu "dichoso" plan?
—Lo había estado analizando… y-
—¿Desde cuándo? — interrumpió.
—Desde que vi tu cara cuando Zelda te besó— el semblante del príncipe cambió antes de continuar— El día en que Link le fue infiel
—Ahh.. —Ni hubiera preguntado. Debió ser más cuidadoso con su reacción de ayer. — Pero… eso fue prácticamente a-
—Ayer… Si, lo sé— admitió—Bueno, retomando lo dicho, lo había estado planeando y lo dividí en 3 fases.
—Espera, ¿Tres fases? —Vaya que su amigo lo tenía todo muy bien calculado.
—Solo escucha— El príncipe tenía la virtud de la paciencia. Pero al parecer el mercenario lo estaba poniendo a prueba con tanta interrupción—Esas fases no las mencionare ahora. Eso, y de que no estoy muy seguro de que sean tres— admitió algo cohibido— Pero eso lo resolveremos ya que estemos con Zelda.
—¡Espera! ¡Espera! ¿También iremos a hablar con… Zelda? — Balbuceó. Sintió como si un balde de agua helada cayera sobre él. Una cosa era hablar de sentimientos con su mejor amigo. Pero con Zelda… bien, las cosas eran diferentes cuando con la persona que hablas de sentimientos es la misma que te trae vuelto loco.
—Si te soy sincero—el monarca dio un hondo suspiro. Tenía el presentimiento de que sería más complicado de lo que planeó. — No he pensado muy bien en cada detalle de mi plan, ya que apenas lo pensé ayer. Más, de lo que estoy completamente seguro es… de que tú y Zelda terminaran juntos.
Escuchar la palabra "Tú", más "Zelda" más la palabra "juntos" en la misma oración, hizo que el mercenario nuevamente se le encendiera la cara. Aunque no le duró mucho el notable rubor.
—Pero…—dudó— ¿Y… si Zelda no acepta? — replicó con tono afligido.
Marth no pudo evitar sonreír.
A pesar de que Ike tiene un semblante rudo y fuerte por fuera… sabía que tenía un gran pero frágil corazón por dentro.
—Se que Zelda aceptará— El príncipe poso su mano en el hombro de Ike, dándole consuelo— Estoy seguro.
—No me refiero a eso— corrigió. Entonces el semblante de Marth cambio a uno de confundido.
—¿Entonces a que te refieres?
—Bueno, si me refiero en.. ese aspecto, pero… —guardo silencio antes de continuar. Marth lo observaba atentamente. — Veras, es… difícil de explicar.
Bien, él usualmente no era de las personas que llegara a desconfiar de un buen amigo. Y esta vez no era la excepción, pero tenía el presentimiento de que algo le preocupaba a Ike.
Que algo ocultaba, casi podía asegurarlo.
No lo obligaría a decírselo, prefería que tal vez luego se lo contara por su cuenta. Claro, tampoco dejaría las cosas así como estaban. Si no lo decía, posiblemente trataría de persuadirlo, de nuevo.
En fin.
Se estaba haciendo tarde, y ya tenían que ir a ver a su amiga.
—Tenemos que irnos— dijo Marth al momento en que se levantaba de su lugar— Iremos a ver a Zelda— sonrió. Ike devolvió el mismo gesto, sonriendo de medio lado. Se puso de pie, algo tembloroso, y dio marcha junto al príncipe, saliendo del gran comedor y encaminándose a ver a su amiga.
Su amiga…
—Oh sí, casi lo olvido— dijo Marth interrumpiendo los pensares del mercenario— Antes de ir con Zelda, necesito ir a otro lado primero.
—¿A dónde?
—Al Jardín del patio trasero
—¿Y para qué rayos quie…?
—No podemos llegar con las manos vacías
—No entiendo…
—Tú calla y sígueme.
Y Ike obedeció como lindo y buen mercenario que es.
.
.
.
Sus ojos estaban cerrados, con la cabeza recostada en el respaldo del sillón. Sin querer, la conversación que tuvo con Marth se hizo presente en su mente. Analizando alguna falla en lo poco que sabía del plan. Meditando cada palabra… cada detalle. Normalmente, él nunca se ponía a pensar demasiado las cosas, siempre lo dejaba a sus instintos. Lo de analizar sólo lo hacía en el caso de extrema emergencia. Y digamos que en este caso, para Ike si que era una verdadera emergencia. Una emergencia de Amor, o algo así.
Al principio pensó ¿Y para qué quería Marth ir a un jardín, cuando afuera hacía un frío terrible? Lo único lógico, y muy gay, que se le pudo ocurrir era para ir a recoger flores…
Y entonces algo hizo "clic" en su cerebro. Bueno, además de la posibilidad de que su amigo fuera del otro bando…
"No podemos llegar con las manos vacías"
Un sentimiento desconocido para él se hizo presente en su estómago. No, no había sido el hambre. Tampoco eran ganas de vomitar. Se sentía como si lo estuvieran estrujando por dentro. ¿Acaso este sentimiento eran los famosos celos? Muy pocas veces había experimentado ese sentir tan desagradable que, en un abrir y cerrar de ojos, te podría quemar las entrañas. Pero esa sensación fue reemplazada totalmente, al preguntarle al príncipe para que iba a llevar flores a Zelda. La sangre se le fue a los pies al momento cuando el príncipe le respondió.
—Yo no le llevaré flores— cerró sus ojos y rio con malicia— Tú lo harás
—Debes estar bromeando
—No, no lo estoy— el tono de Marth era calmado ¿Tal vez confiado? — Abrirás esa puerta, saldrás, e iras por unos Lirios
—¿Sabes a qué temperatura esta allá afuera?—preguntó con tono de recordarle que afuera estaba casi nevando.
—¿Y que Zelda no lo vale? — y de pronto la imagen de Zelda se apoderó de él, imaginándola con una de sus sonrisas que tanto lo traía vuelto loco. Verla feliz era lo que más anhelaba.
Lo sabía. Claro que su princesa valía la pena, sin importarle que posiblemente salir al patio así le podría causar una neumonía. Aunque poco le importaba, si eso hacía a Zelda feliz. Pero…
—No sé ni cómo son los Lirios— confiesa el avergonzado mercenario, desviando la mirada y cruzándose de brazos.
—Son muy fáciles de distinguir— Dirás para ti, pensó el mayor— Verás, existe una cantidad gigante y muy variable del género de los Lilium, mejor conocidos como Lirios— Marth levantó su dedo índice, como si le estuviera dando una clase a Ike, haciendo que este rodara los ojos— Estas plant-
—No necesito una clase de botánica— manifiesta el mercenario— Solo descríbemela.
Marth abrió la boca para hablar, pero fue interrumpido nuevamente por Ike.
—Y en castellano, si no es mucho pedir.
Marth posó una mano es su barbilla, pensando en la mejor forma de hacer que Ike pudiera entender.
—Bien. Son de tallo largo, más o menos. El color varía bastante, pero en este caso las flores favoritas de Zelda son las blancas. Tienen 6 pétalos grandes, en ocasiones manchadas con pequeños lunares. Y, en el centro, tienen una especie de… "palitos" con puntas amarillas.
—Creo que sé cuáles son— Asegura Ike, recordando que en su tierra natal, Crimea, había una gran cantidad de esas flores. Si mal lo recordaba.
—Están a unos cuantos metros, a la derecha— dijo el príncipe, refiriéndose a las flores.
—Gracias— dijo el mercenario. Ya frente a la puerta, quitó el seguro a la puerta corrediza y abrió la puerta, sintiendo como se hielan los huesos al advertir una de las ventiscas; no traía nada con que cubrirse del frío.
—Ike— llamó el príncipe, haciendo que el susodicho volteara a verlo— Toma—le extendió una chaqueta y una bufanda, confundiendo al mayor.
—Eh… Gracias— tomó las prendas y se las colocó. Primero la chaqueta y luego la bufanda, sorprendiéndole al ver que estas le quedaran muy bien. Y así, salir en busca de las ansiadas flores.
Unos pequeños golpes provenientes de la puerta hicieron que instantáneamente abriera lo ojos, perturbando sus recuerdos de esta mañana, provocando que frunciera el seño, e igualmente, interrumpiendo la lectura de Marth, que ya llevaba leyendo una buena parte del libro.
—Adelante— responde el príncipe al llamado de la puerta, sintiéndose como si de nuevo estuviera en el castillo de Altea. En cambio, al mercenario poco le importaba quien tocara la puerta.
La entrada metálica se abrió, divisando a Dr. Mario, escribiendo en su tabla de madera que siempre traía consigo. Entró a la habitación, levantando la mirada. Al parecer buscando algo.
—Bueno días— saludo el Doctor.
—Bueno días— correspondieron los dos, Marth con una sonrisa y Ike con semblante serio.
—Bonitas flores— mencionó con una sonrisa sarcástica, dirigiendo su vista al posible culpable. El príncipe rio bajo ante ese comentario, y el mercenario solo se ruborizo desviando su mirada —¿En dónde está la princesa?
— ¿Zelda? Está tomando una ducha— contestó el príncipe— ¿La necesitaba para algo? — inquiere preocupado, llamando también la atención de Ike, que solo se la había pasado observando el techo.
—Solo le venía a dar el alta. Lo suyo fue tan grave— aclaró, metiendo la mano en uno de sus bolsillos de su bata blanca, sacando una pequeña cajita de color naranja— Y a dejarle la medicina que le recete.
¿Medicina?
"¡No es nada! Es… Es… ¡Un efecto secundario de las pastillas!"
—Perdone, pero ¿Qué Zelda no había empezado con la antibioticoterapia(1)? — preguntó curioso el príncipe, cerrando su libro, no sin antes poner un separador, mientras que Ike lo miraba con cara de no haber entendido nada de lo que dijo; Dr. Mario solo mantenía su semblante serio, no le sorprendía que Marth supiera terminología médica. Ese niño era in prodigio.
—¿Y a qué viene la pregunta?
—Verá — comienza Marth, recargando sus codos en sus rodillas y entrelazando sus dedos— No sé si no lo notó, pero Zelda tiene un hematoma en la mano-
—Izquierda— intercepta el doctor— Sí, si lo noté— Claro que lo notó, como no verlo. Al momento en que Pauline le retiró los guantes para revisarla, lo llamó inmediatamente. Cuando vio el gran e hinchado moretón, se alarmó, pensando que posiblemente fuera una fractura. Pero las radiografías habían mostrado lo contrario, el hueso estaba completamente intacto. Sin embargo, no sabía exactamente que le causo aquel agravio en su mano.
Me lo causó… alguien
¿Quién pudo haber sido? ¿Link Tal vez?
—Entonces deberá saber que le sucedió en su mano ¿No?— inquirió preocupado, al ver que Dr. Mario no decía nada. Algo no andaba bien. Presentía que había gato encerrado(2). Inclusive Ike comenzó a prestar más atención a la conversación. No podía evitar el no preocuparse. El solo pensar que alguien más pudo haber herido a Zelda…, le hacía hervir la sangre.
—Tengo mis sospechas de qué pudo haber sido— O quién, le falto agregar— Sin embargo…
Unos ya conocidos toques en la puerta intervinieron en la conversación.
—Pasa, Pauline—dijo el Doctor bastante confiado. Y al abrirse la puerta, comprobó que había acertado.
—Mil disculpas por la interrupción Doctor—hizo una pequeña reverencia con su cabeza— pero el Sr. Mario lo necesita ver.
Entonces Marth y Ike abrieron los ojos como platos ¡Se habían olvidado de Mario!
El Doctor solo se había limitado a dar un cansado suspiro.
—Gracias Pauline— agradeció, volviendo a hacer otra anotación en su tabla.
—Disculpe Doctor— el susodicho volteó a ver hacia donde lo llamaban, percatándose que de los espadachines ya se había levantado de su lugar— Si nos permite— habló Marth— quisiéramos ver como se encuentre nuestro amigo.
—Esta bien, después de todo, ustedes lo trajeron— aclaró el médico, encaminándose a la puerta— Por aquí por favor— terminó de hablar, aunque notó algo diferente en los rostros de los de cabello azulino, ya dándose una idea de que se trataba— Tranquilos, luego volverán con Zelda— Dr. Mario rió, vaya que si eran sobreprotectores con la princesa.
Todos se encaminaron fuera de la habitación, al salir, la puerta se cerró inmediatamente, dejandola en completo silencio.
.
.
.
Ya llevaba buen rato con la oreja pegada en la puerta. Al menos unos 10 minutos, más o menos.
El agua caliente había logrado calmarla. Había tenido mucho pensare en la cabeza, incluyendo el de Ike dándole sus flores, y no unas flores cualquieras, si no sus favoritas. Nunca había sido detallista con nadie, se le hizo algo extraño haberlo visto con un ramo de flores.
Rió divertida. Era irónico, a veces no entendía a sus amigos, bueno, eran hombres después de todo. Y dicen que ellos nunca entienden a las mujeres.
Cerró la perilla del agua y tomó una toalla, secando cada parte de su cuerpo. Se revisó en el espejo del baño, notando como sus ojos estaban hinchados, sin mencionar el estado nada favorable de su cara. Resignada, se vistió, secándose igualmente el cabello.
Estaba a punto de salir del baño, pero algo la hizo detener.
Doctor Mario había entrado a la habitación. Sus sentidos se pusieron alerta.
No podía hacer mucho desde el baño, así que pego la oreja a la puerta, usando su don del oído hylian, escuchando mejor la conversación.
¡Ahí, me lleva…!
Se dio cuenta de que el Doctor venía a dejarle sus pastillas, ¡La mentira iba tan bien! Ahora todo se había ido al caño. Y Marth se dio cuenta. Sabía que Marth no era estúpido, al contrario, era muy perspicaz. Comenzó a prestar más atención a la conversación del príncipe y del Doctor, dando a indicar que ninguno de los dos se echaría para atrás. Marth intentaba sacarle la sopa al Doctor. Gracias a las Diosas que Pauline entró antes de que Dr. Mario dijera algo.
Luego de unos minutos, todo volvió a estar en silencio. Se habían ido.
Estaba confundida, se supone que no se iban a ir sin ella. Suspiro resignada, ya luego los alcanzaría.
La puerta del baño se abrió, pudiendo salir la princesa. Solo era cuestión de recoger sus cosas y…
—Que hermosa se ve hoy, princesa
Paró en seco, abriendo grandemente sus ojos. No podía ser él, ¡no podía estar ahí con ella! Pero su voz era tan parecida.
Entonces se volteó, observando a la persona que menos deseaba ver en el día, cuando antes habían pasado momentos maravillosos, ahora todo lo relacionado con él no le importaba. Estaba recargado en la pared, cruzado de brazos, con una camisa y pantalón tipo hospital… ¿Cómo rayos había entrado sin siquiera darse cuenta?
—¿Qué haces tu aquí? — Trato de sonar imponente, pero al elfo solo le dio gracia el pobre intento.
—Estoy herido ¿Qué no ves? — La princesa no lo había notado, pero traía una venda alrededor de la cabeza y en la mano izquierda, sin contar el moretón de su ojo. Claro, poco le interesaba su estado de salud.
—Sabes a qué me refiero— continuó —Qué quieres— preguntó. Era obvio que no venía a visitar. Link se quitó de la pared, caminando lentamente hacia la princesa. Por reflejo, esta retrocedió, acabándosele el camino cuando topo con la cama. La princesa no le dejaba de ver, observando cada paso que daba. Entonces, decidida, levantó su mano, creando una bola de fuego—¡Un paso más y...!
—Tranquila— en acto tan veloz, tomó la mano con la que estaba formando el fuego, dispersándolo. La princesa estaba pasmada —No vengo a pelear.
—…¿Entonces qué quieres? — inquirió firmemente. No caería de nuevo.
—Solo vengo a aclararte unas cosas
¡Ja! Claro, ¡Ahora quería aclarar!
—Y a pedirte una disculpa
—¿Qué?
—No me hagas repetirlo dos veces— su tonó volvió a ser el frívolo de hace unos minutos. ¿Escucho bien? ¿Acaso venía a pedirle una disculpa? Eso si lo tenía que ver. Entonces este soltó la mano de la princesa, dando un paso hacia atrás. Inmediatamente, esta escondió su mano, alerta de todos los movimientos del él— Primero que nada— comenzó— lamento mi comportamiento en la sala, creo que no fue el más adecuado para esa situación.
¡Na! ¡Enserio!
—Conmigo no te tienes que disculpar— habló la princesa— Si no con Mario—ligeramente, Link frunció el seño— Casi lo matas…
—Lo sé— afirmó indiferente
Hijo de…
— Fui hace rato a su cuarto—continuó— al parecer no se alegro mucho de verme.
—¡Juró que si le hiciste..!
—No le hice nada—interrumpió— Solo fui a lo que iba, luego salí, y ahí es cuando la enfermera solicito al Doctor.
—¿Por qué…?
—Por que el electrocardiograma (3) de Mario se altero mucho al verme en su habitación— entonces Zelda frunció el seño, Link sonrió arrogante— No te preocupes, esta bien.
—Más te vale— sus ojos azules miraban firmemente a Link. No se echaría para atrás.
—Además, ¿Qué otra distracción hubiera podido crear? — sonrió. ¡Pero Claro! Ahora todo tenía sentido.
Que estúpida eres Zelda… ¡Cómo no lo viste venir! Si tan sólo intenta hacer algo lo voy a…
—Seré breve— observó de reojo a la puerta— No creo que tarden en darse cuenta que no estoy en mi habitación— observó de nuevo a Zelda, quién seguía manteniendo su mirada firme. Link hizo una sonrisa socarrona— Tranquilízate.
—No tienes mucho tiempo ¿No?, date prisa. — apresuró. Eso le dio en el ego al elfo, pero cerró sus ojos, intentando relajarse.
—Nada es lo que parece, mi querida Zelda— levantó su mano, acercándola cuidadosamente a la cara de Zelda. Claro, esta le dio un manotazo, más eso no la desconcentró de sus palabras.
—¿Y eso que tiene que ver?
—Tienes la trifuerza de la Sabiduría ¿No? Analízalo— contraatacó desafiante.
—Si lo dices por ti ¿Qué crees?, Ya me di cuenta— Jaque mate.
—No seas.. — la princesa lo retó con la mirada para que terminara esa oración, vaya que se arrepintió— ingenua, princesa.
—Entonces, explica-
—Me refiero a Ike— La princesa se crispó, abriendo sus ojos más de la cuenta. ¿Qué tenía que ver Ike con todo esto?
—No culpes a otras personas por tus errores— manifestó la hylian, acercándosele a Link, retándolo con la mirada— Aquí el único culpable eres tú, Link.
—Veo que aun no entiendes— volvió a sonreír, ¿Qué le parecía tan gracioso? Si no fuera porque estaba en desventaja ya le hubiera dejado el otro ojo de color morado.
—¿Qué es lo que no entiendo? — ya basta, ya estaba más que harta de tanto juego. No importaba si estaba herida…, tenía que guardar la cordura, si no, esto no terminaría nada bien. El silencio hizo su presencia entre los dos. Parecía que la princesa emanaba un aura sombría
—Ike sabía que yo estaba con Peach, estando yo contigo— confesó el elfo, tratando de sonar lo menos agresivo posible. Era increíble como Link podía hablar temas tan abiertamente de ese modo..
La princesa enarcó una ceja, si analizaba bien la situación, eso sería demasiado improbable. Ike era su amigo ¿No? Suponía que se lo pudo hacer dicho. A menos que…
—Estas mintiendo— afirmó
—¿Qué ganaría yo con mentirte?, ¿Qué me odies? — preguntó sarcástico.
—Sé que estas mintiendo—volvió a afirmar, tratando de guardar paciencia— ¿Qué hay de Marth?
—La princesita no sabía nada, solo Ike— argumentó. Esta lo seguía mirando con desconfianza. ¿Se volvería a arriesgar en creerle?
— Eso no puede ser posible, significaría que…
—Sí, Zelda— lentamente se acercó a su oído, esperando en silencio que la princesa se decidiera a hacer algo. No obstante, se encontraba lo suficientemente distraída. Finalmente, susurró despacio— Ike te lo ocultó, todo este tiempo.
—No confío en ti—declaró con mirada seria, casi en el oído de Link. El elfo guardo su distancia, levantando los hombros, despreocupado.
—Yo solo vengo a decirte las cosas como son, Zelda
—No tienes pruebas
—No las necesito— se cruzo de brazos— No vengo a demostrarte nada. Tarde o temprano Ike flaqueara, posiblemente la culpa lo carcomerá por dentro, y finalmente te lo dirá.
—No creo que Ike..
—Oh, Claro que lo hará, ¿Y sabes por qué? —La verdad no tenía planeado decírselo, pero la situación lo ameritaba. Al igual que Zelda, ya se estaba cansando de tanto juego.
La princesa ya se estaba dando mala espina todo eso. ¿A dónde se supone que quería llegar?
.
.
.
—Y… ¿Tendrán combate hoy? — pregunta el Doctor, intentando romper el hielo al silencioso ambiente.
—Sí, a eso del medio día— responde el príncipe, mientras observa atentamente como examinaba a Mario. El fontanero se encontraba dormido. Ike lo observaba de igual manera. Era triste ver a su amigo en estado. Tal vez no hablan demasiado entre ellos, pero al fin y el cabo eran compañeros, amigos después de todo. El príncipe no podía evitar que se le hiciera un nudo en la garganta. El mercenario no podía quitar ese sentimiento de culpa de su pecho.
—Parece que se encuentra bien— aclara el doctor, refiriéndose a Mario, por lo que voltea hacia la pantalla que se encontraba a un lado de él— No sé porque el electrocardiograma se altero demasiado.
—Pudo haber tenido una pesadilla— sugiere Marth, regulando el tono de voz.
—Probablemente— concede el Doctor, no muy seguro de aquella sugerencia. Tenía que verificarlo bien.
—Zelda ya está dada de alta ¿No? —inquiere preocupado el mercenario. Sabía que era desconsiderado no pensar en Mario en estos momentos, en su bienestar; pero ¡Maldita sea! ¡Estaba enamorado! No podía sacarse a la princesa ni un segundo de la mente. Aun se sentía un poco culpable por dejar sola a Zelda en la habitación, daba por seguro que ya se dio cuenta de que no estaban.
—Sí, lo único que necesitaba era descanso, debido a su estado de ánimo— dijo el médico. De repente, Dr. Mario soltó una pequeña risa de la nada, poniendo los espadachines cara de confusión— Cuando trajeron a Zelda a la enfermería…— comenzó.
—Ahí va de nuevo… — pensó el mercenario. Trataba de ponerle atención, pero siempre que venía a la enfermería era lo mismo. Por Dios, parecía que nunca hablaba con nadie. La última vez que lo habían llevado termino hablando de su perro. ¿Cómo había salido a la plática su perro? Quién sabe. Sin mencionar su acento italiano…
—Hice un estudio completo, para examinar su estado de salud— se retiró los guantes de látex, arrojándolos al cesto de basura. Marth estaba totalmente atento, Ike… no tanto— Sin embargo, de acuerdo a la descripción que me hicieron de ella— no pudo evitar reír de nuevo— Mi primero diagnóstico fue pensar que estaba embarazada.
Un corriente de aire frío recorrió la espalda de Marth y Ike, jurarían que casi se ahogan con su propia saliva.
Se quedaron sin habla.
Dr. Mario casi se muere de risa al observar sus reacciones.
—Embara… ¿qué? —Oh, claro que había oído eso último, pero…
—No lo está… ¿Verdad? —El miedo era notorio en la voz del mercenario. Creo que fue algo estúpido preguntar eso. Sin embargo, la imagen de Zelda con una enorme barriga no le hacía tanta gracia. Bueno, si se tratara de él…
¡Maldita sea Ike! ¡Contrólate!
—Claro que no— manifestó el Doctor, con tono evidente. Internamente, suspiraron aliviados, a excepción de Ike, que literalmente suspiro de alivio. Entonces, el médico se alzó la manga de la bata, para observar su reloj —No quiero ser mal educado, pero sus combates están a punto de empezar y…
—Tiene razón— contesta Marth— ¿Hay algo que podamos hacer por Mario antes de irnos?
—Sólo avisen a Luigi que venga a la Enfermería, después de terminar los combates— contesta el Doctor.
—Claro, nosotros le diremos— asegura, dándole una última mirada Mario. Una sonrisa triste se posó en su rostro, era lo menos que podía hacer por su amigo. Igualmente, el mercenario lo observaba, volviendo a compadecerse de él. Si tan solo hubiera llegado antes, si tan solo se hubiera dado cuenta esta mañana que Zelda no se encontraba en su habitación, si tan solo le hubiera avisado a Marth más rápido… Mario no se encontraría en esas condiciones.
Sin tan solo hubiera previsto todo eso…
Pudo haber muerto a manos de un amigo. Un supuesto amigo. Suponía que toda la mansión ya se había enterado, de la gran escena que hicieron esta mañana.
—Con su permiso— anuncia el príncipe, al ver que su amigo se encontraba sumido en sus pensamientos, ni si quiera se percato de que estaba siendo observado. Casi podía asegurar que algo escondía. Segundos después, Ike se dio cuenta del comentario de Marth, caminando hacia la salida por inercia. Hasta el Doctor prestó atención al comportamiento de Ike.
Ambos salieron de la habitación, el príncipe haciendo una pequeña reverencia.
El rostro del mercenario era serio. Ambos retomaron el rumbo por aquel pasillo blanco. La Enfermería no era tan grande. Unas cuentas puertas más y estarían frente a la puerta de Zelda.
—¿Te encuentras bien, Ike? —coloca suavemente su mano en el hombro, haciendo Ike se detuviera. No podía, no soportaba ver a sus amigos así. ¿Por qué no le decía que le sucedía? ¡Eran amigos! Zelda y él eran sus amigos. Podía confiar plenamente en ellos, y el mercenario lo sabía.
El sonido de una puerta abriéndose llamo la atención de los espadachines, volteando hacia el sonido proveniente. La princesa estaba saliendo de su habitación, con su vestido y tiara puesta. Sin embargo, su mirada se hallaba perdida en algún lugar del suelo.
—Zelda… — nombra Ike, olvidando todo pensamiento coherente, solo para concentrarse en… ¿Su princesa?
La susodicha levanta su rostro, haciendo un gran esfuerzo por mostrar una cálida sonrisa, cuando hace unos momentos... su corazón había sido estrujado.
—Pensé que se habían ido sin mí— atinó a decir, no sabiendo ni como comenzar la conversación. Quería mantener todo tema que se tratase de ella fuera de la conversación. Al menos, creía que era lo mejor por ahora.
—Fuimos a ver a Mario…
—¿Cómo se encuentra? — esta vez prestó más atención, preguntando casi en automático, recordando la conversación que había tenido con Link.
—Él está bien— responde el mercenario, sonriendo enternecido. El simple hecho de mirar a Zelda… lo hacía enloquecer. Si pudiera, podría admirarla todo el día— De hecho, esta dormido.
—Qué alivio— sonríe, o al menos lo intenta, llevando una mano a su pecho, en señal de sosiego.
—Bueno, tenemos que irnos— intervino el príncipe— No falta mucho para que los combates empiecen… ¿Traes tu medicina, Zelda?
—Sip, aquí esta— levanta su mano, mostrando la pequeña caja de color naranja, y la hoja con las indicaciones del Doctor.
—Bien, en marcha
El trío comienza a avanzar por aquel gran y pulcro pasillo. La princesa iba enfrente, nuevamente con la mirada en el suelo. Ambos hombres miraban su andar, hasta que el empujoncito que le dio Marth al mercenario fue suficiente como para dejarlo a la par con Zelda. Esta giró si cabeza, confundida por la repentina actuación del mercenario, desviando la mirada rápidamente. Era su amigo, pero… tenían muchas cosas que aclarar, los tres, de hecho.
—Ehm… chicos…— La pequeña voz de Zelda hizo que ambos se detuvieran, concentrando toda su atención el ella, en especial Ike— Ustedes… dijeron que tenían algo que decirme.. ¿No? — El mercenario comenzó a sudar frió, sintiendo que sus miembros inferiores comenzaban a temblar. Hasta sonrojado se había puesto. Marth solo se limitó a sonreír, mirando de igual manera a Ike.
—No te preocupes, no lo hemos olvidado— aseguró, sorprendiéndose por el hecho de que no lo hubiera olvidado— Vamos.
Siendo así, retomaron el camino perdido. El mercenario comenzó a prestar más atención al comportamiento de Zelda, percatándose de esos pequeños detalles que la hacían ver diferente. Su rostro ya no poseía esa sonrisa que lo hacía estremecer, inclusive su tono de voz había bajado. No pudo evitar el no preocuparse. Era imposible verla así, aunque de algo estaba seguro. Fuera lo que estuviera pasando por la mente de su princesa, él la ayudaría. Verla feliz era su único anhelo.
El príncipe suspiró internamente. Tal parece que surgirían algunas complicaciones con el plan. Su instinto se lo decía, y eran pocas las veces en que se llegaba a equivocar.
La princesa no podía borrar aquella plática con Link. Quería respuestas, y las quería ahora.
Cada quién iba sumido en sus pensamientos, al mismo tiempo en que salían por las puertas de la enfermería, con dirección a los teletransportadores. Al salir, se habían topado con Peach, quien solo les dirigió la mirada, y se retiró lo más rápido posible. Las manos de Zelda iban entrelazadas, en señal de nerviosismo. Ike estaba atentó a todos sus movimientos, deseando que la mano que estuviera sosteniendo fuera la de él.
.
.
.
.
.
.
(1)Creo que la palabra lo dice… "Terapia de antibióticos"
(2)Aquí en México, usamos la palabra "Hay gato encerrado" (al menos yo uso mucho esa palabra) Es una forma muy común de expresar desconfianza ante algún asunto en especial, que no parezca del todo claro.
(3) El electrocardiograma es un estudio eléctrico del corazón, es el famoso aparato que marca las pulsaciones del mismo, por medio de una línea que sube y baja. Creo que ya lo han visto.
Bueno, al parecer la cosa se está poniendo emocionante… jijiji
De veras, ¡Se los juro! Lamento la horrorosa tardanza que les hice esperar, pero créanme, mi vida ha dado un giro radical, no de 180°, si no de 360°. ¡Pero aquí me tienen! Subiendo, algo tarde, el quinto capítulo de mi fic, que al parecer ha tenido buena respuesta n_n ¡Eso me motiva a seguir escribiendo!
Agradezco a:
Sugar5Star
Ai-con
Sekmeth Dei
ZeldaBH
Valerie Joan
XOXMiyuki-chanXOX
Ichiro El Britannia
Pasabaporaqui
Alice117.97
Princces-Zelda
¡Les agradezco tanto! No cualquiera toma su valioso tiempo en leer mis fics. ¡De veras los aprecio! Y también agradezco a los que leen y no dejan review nwn ya sea por olvido, pereza, o por lo que sea. También agradezco mucho a los que han comentado mis otros fics, si es que no agradecido personalmente.
¡Aunque claro! Creo que Fanfiction ya les facilitó un poco el trabajo. Ahora solo das un pequeño clic en la parte inferior donde dice Type your review for this chapter here, ¡y ya! Solo escriben su valiosa opinión y dan clic en Post Review. Así que.. ¿Qué esperan? nwn
Bueno, bueno, concentrándonos en el fic…
Lamento si lo dejé algo corto...
Ya tengo una idea de lo que más o menos sigue, solo tengo que acomodar mis ideas bien y ponerme a escribir. Espero no tardar tanto en actualizar, pero ya saben, no prometo nada. Claro, creo que estando de vacaciones puede que avance gran parte de lo que ya tengo planeado.
Algún error, u horror, de ortografía que se haya ido por ahí, por favor avísenme y de inmediatamente lo corregiré.
¡Ah sí, por poco y lo olvido! Tengo un nuevo proyecto en mente nwn ya está escrito, solo es cosa de subirlo, y de alargarlo un poco. Ustedes me dirán si están interesados. Claro, primero terminare este…
¡Que pasen un lindo día, tarde o noche!
Zeldi-chan de hyuuga
