Advertencias: Citrus.
—Bla bla —Diálogos.
—Bla bla —Pensamientos.
MUNDOS OPUESTOS
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Capítulo VII
Naruto esperó una respuesta de Tsunade que parecía no querer hablar aún. Sin duda alguna, la espera lo estaba matando de la angustia y la desesperación. ¿Acaso lo iba a dejar en ascuas toda la mañana?
¡Era irritante!
—Baa-chan… —no pudo más, necesita una respuesta en ese mismo momento. Y cómo no, si la ansiedad era como una kunai clavándole el pecho con insistencia para obtener una contestación.
Tsunade frunció el entrecejo y lo miró sin siquiera pestañar.
—Creo que sé lo que se puede hacer.
La sonrisa radiante en el Uzumaki fue memorable. Incluso pudo sentir cómo una carga de 10 kilos menos salía de su espalda. Era un alivio saber que, por lo menos, había alternativas para recuperar a Ino.
—¿Qué cosa? —su interrogante fue esperanzadora, acompañada de un brillo en los ojos que denotaba fe.
—Naruto… —instauró suspenso, como siempre. —Necesitamos un Sharingan.
Hubo un silencio antes de que el rubio comenzara a reír.
—¿Qué…? —tragó antes de hablar. —¿Sólo eso?
—Sí, sólo eso.
La imagen de un ninja leyendo el Icha Icha Paradise se formó en su mente.
—Kakashi-sensei.
Tsunade asintió con una sonrisa triunfal y arrogante.
—Exactamente.
Naruto no podía creer que lo único que necesitaba para poder, por fin, ir a buscar a Ino, era una solución que tenía y estuvo siempre a su lado.
—¿Qué esperas, mocoso? ¡Ve a buscarlo!
No fue necesario que se lo dijeran una vez más. Así que como un rayo, salió de la oficina de Tsunade, dejando una nube de polvo por la velocidad.
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Había pasado más una semana y no sabía nada de Menma. Desde esa noche en que había perdido el conocimiento se sentía extraña. Podría jurar que algo le había sucedido al rubio doble de Naruto, lo intuía.
El problema es que nadie sabía nada de él. Se suponía que éste debía retornar a Konoha hace 4 días de su misión, no obstante, no había reportes de su regreso, por lo que sus preocupaciones aumentaron considerablemente.
Inclusive la Hokage no tenía información al respecto. Con tantas limitaciones a su haber, se le hacía casi imposible averiguar más sobre la situación. Sobre todo porque ella continuaba siendo una extraña en ese lugar.
Suspirando con pesadez, miró una última vez el inmenso mar azul cubierto de nubes antes de descender del monumento Hokage. Se estaba haciendo tarde y, lo último que quería, era preocupar –una vez más- a su padre.
Las cuadras nunca le parecieron más eternas que ese día. Por supuesto que pudo haberse ido brincando por los tejados, sin embargo, debía guardar sus reservas de chakra, pues desde que se enteró de su embarazo, se cansaba más rápidamente incluso en actividades banales que no implicaban mayor esfuerzo físico.
Cuando iba a virar a la izquierda para ingresar a un callejón y llegar, de ese modo, más pronto a su casa, las luces del poste pestañaron y un cortocircuito terminó por apagar por completo las luces de esa cuadra.
—Genial, simplemente genial… —pensó para sí, gesticulando una mueca.
La visibilidad era muy escasa. Ella jamás lo admitiría, pero su visión no era la mejor, tenía miopía. Si no fuese por su capacidad sensorial, sus habilidades como kunoichi no serían tan buenas.
Así que acelerando los pasos, caminó por el callejón hasta que un nuevo ruido logró que esta vez se detuviera.
Miró a todos lados mientras giraba sobre su eje, mas no vio a nada ni nadie. Ni siquiera podía sentir alguna presencia, lo cual era extraño, pues ella juraba que había oído algo.
Encogiéndose se hombro reanudó los pasos, no obstante una vez más ese sonido la hizo detenerse.
En esos momentos la frecuencia cardiaca se disparó y todos sus sentidos se avivaron. La posición de defensa que adquirió fue innata.
—¡Miau!
—¡Mierda! —chilló, saltando hacia atrás cuando ese bendito gato saltó –quien sabe de dónde- frente a ella. —Vaya que me asustaste… —rió de lo nerviosa que estaba. —No vuelvas a hacerme eso, gatito…
Comenzando a caminar una vez más, se volvió hacia su camino, pero apenas pudo dar un paso cuando colisionó con un fuerte tórax masculino.
Abrió con amplitud los párpados al reconocer a esa persona. Si bien su chakra se sentía distinto, sabía que se trataba de él.
—Menma… —murmuró, dando un paso hacia atrás para poder mirarlo a la cara. Cuando lo vio, no pudo evitar sorprenderse. —¿Menma?
Lucía tan distinto. ¿Cómo es que pudo cambiar en tan poco tiempo?
Iba abrir la boca para decir algo más, no obstante él se adelantó.
—Ino —fue todo lo que dijo antes de sujetarle los hombros y apoyarla, en un rápido movimiento, en una de las paredes del callejón.
—¿Q-Qué? —sus palabras de reclamo murieron cuando sintió los labios de él sobre los suyos.
Aunque una parte de ella quiso alejarlo de sí, no pudo y tampoco hizo el intento por detenerlo. La calidez de sus labios y ese sabor embriagante la obligaron a corresponder sin juicio.
Cuando su lengua y la de él comenzaron a batallar, las piernas se le debilitaron y juró que caería al abismo, pero Menma le rodeó la cintura con un brazo y con el otro la obligó a profundizar aún más el contacto.
No supo cómo ni en qué momento se apegó íntimamente a él, no dejando espacio alguno entre sus cuerpos. Tampoco fue consciente de cuando él le comenzó a acariciar el pecho por debajo la tela ni de los gemidos que salían despedidos de su boca.
—M-Menma… —apenas gimoteó, entrecerrando los ojos y dejándose llevar por cada una de esas sensaciones cálidas en la parte baja del vientre.
Sus manos prontamente actuaron sin cordura; y se sorprendió a sí misma cuando escuchó que la hebilla de los pantalones de él cayó al suelo. ¿Ella los había desabrochado?
Pronto las caricias fueron más candentes y demandantes. El bulto friccionándose en contra de su centro y las yemas de los dedos de Menma recorriéndole cada espacio de ella estaban volviéndola loca.
—Ah… —suspiró cuando él le mordió el lóbulo de la oreja y le susurró al oído.
—Eres preciosa…
—Menma… —no pudo más. En realidad, ninguno pudo soportarlo más.
En un hábil movimiento, el Namikaze la levantó en contra del muro y la obligó a envolver una pierna por su cadera. La fricción fue aún más enérgica y Menma pudo sentir la humedad de las pantaletas de Ino.
Ino descendió de un solo tirón los bóxers de él mientras que éste con rapidez deslizó hacia un lado las pantaletas de encaje blanco. Una misma dirección y la estocada fue precisa.
El mundo pareció sacudirse para ambos. Ino jadeó con fuerza y contuvo las ganas de gritar al sentirlo tan profundo. Asimismo, Menma, se mordió el interior de la mejilla para aguantar los quejidos. La sensación húmeda rodeando su erección en esa cálida cavidad lo estaban desquiciando aún más.
—I-Ino…
—Menma… —el calor se fue acumulando en su interior con rapidez. Las respiraciones se hicieron más pesadas y todo a su alrededor desapareció. Lo único dentro de su mundo era Menma y ella, desnudos y gimiendo por cada embestida dura. —M-Más…
Su petición fue concedida. Él la arremetió con mayor fuerza, deslizándose lo más profundo que pudo. Ardía, ese hormigueo estaba ardiendo y ya casi no podía controlarlo más.
—Ino…
—Menma…
La sensación se acrecentó y ya estaba a punto de hacer erupción. Un par de estocadas excedidas y el viaje al cielo fue increíble. No obstante, él continuó embistiéndola.
Los gritos ya no pudo silenciarlos y cerró los ojos, esperando esa maravillosa sensación de llegar al clímax. Segundos más tarde y una última embestida acabó con ellos.
Ino sintió el calor filtrarse por su paredes, mientras que Menma no pudo detener toda la miel que escapó de su interior. Fue mágico, adorable.
—Ino…
—Menma… —lo miró a los ojos. No pasó ni dos segundos y se besaron de nuevo. Las ganas volvieron a crecer y toda la pasión renació en una nueva batalla de lenguas húmedas.
Tanto Ino como Menma cayeron una vez más en esa densa nube de deseo, besos acalorados y arremetidas sin razón.
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No era más de medianoche cuando Ino despertó agitada y con el cuerpo sudoroso. Se sentó sobre el mullido colchón y se preguntó en qué momento había llegado a su habitación.
¿Acaso todo había sido un sueño…?
Parpadeando varias veces seguidas, intentó recordar cómo llegó a casa, no obstante ninguna respuesta fue lo suficientemente convincente como para creer a ciegas.
¿Qué había sucedido?
Dejándose caer en la cama, clavó la mirada en el techo.
Sueño o no, no podía dejar de pensar en esas imágenes que tenía en la cabeza. El sentir a Menma había sido tan real, tan satisfactorio, que no le importó pensar en él mientras estaba con Naruto.
—Kami… —se mordió el labio inferior y cerró los párpados, tratando de no sentirse culpable por aquellos pensamientos adúlteros.
Una fina brisa revolvió la cortina. No abrió los ojos, simplemente dejó que el frío aire le recorriera la piel. Después de todo, necesitaba refrescarse.
—Menma… —susurró, cayendo nuevamente en los brazos de Morfeo.
Desde el alfeizar de la ventana, una figura enmascarada y en cuclillas la observó con detenimiento. Esbozando una sonrisa de medio lado, murmuró con anhelo el nombre de la rubia.
—Ino…
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Naruto miró a Ino con atención mientras ésta asentía frente a las palabras de Kakashi. Había acordado con su ex sensei que a primera hora de la mañana, del día siguiente, realizarían las indicaciones plasmadas en el pergamino que habían encontrado para hallar a Ino.
De cierto modo se sentía triste. La Ino con la cual había compartido las últimas semanas, si bien no se trataba de la real, era muy similar. Quizás no osada ni ridículamente segura de sí misma, pero ella representaba un lado de Ino que sólo él conocía, y eso lo hacía sentirse en casa. De hecho si no hubiese sido así, habría muerto de la angustia.
Con voz suave, llamó a la rubia frente a él.
—Ino…
La Yamanaka que parecía estar en otro mundo, parpadeó repetidas veces antes de enfocar las pupilas en él.
—Disculpa… —se enrojeció y bajó la mirada. —¿Querías decirme algo?
—Sí, bueno… —no sabiendo muy bien cómo comenzar, se llevó una mano a la nuca y río. Nunca le gustaron las despedidas, aunque siempre fue bueno para relatar discursos, sobre todo motivacionales y enfocados al bien. —, pues… Quería decirte que —se carraspeó la voz. —Fue un agrado compartir esas semanas contigo…
Pudo notar la gama de rojos que adquirieron las mejillas de Ino.
—Oh, yo… —Ino miró a todos lados, evitando los ojos azules de Naruto. —Para mí también, N-Naruto…
El Uzumaki rió, levemente avergonzado. ¿Debía decir algo más? Se sentía casi como si estuviese con Ino, en aquellos días en que ambos tartamudeaban porque apenas podían mirarse a la cara.
—Sólo espero que… Cuídate mucho, ¿sí?
—Sí, Naruto…
—¡Ah! Y le envías saludos a mi otro yo, ¡de veras!
Ino rió, asintiendo.
—¿Le confesarás tu amor a Menma? —Le preguntó lo evidente.
Cualquiera fuese el universo alterno en donde estuviese él e Ino, quería que estuviese juntos, como almas gemelas o parejas kármicas.
—P-Pues, yo… —enrojeció, hasta un punto en donde el rojo llegó incluso a brillar. —Y-Yo…
—¡Tienes que decirle!
—Y-Yo…
Naruto no se esperó que, gracias a su pregunta, Ino se desmayara.
—¡Ino-chan!
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El estruendoso ruido obligó a Ino a saltar de la cama.
Se sentó en ésta y rápidamente se levantó.
Al asomarse por la cornisa pudo observar una nube de humo desde un sector particular de Konoha.
En pocos minutos su atuendo habitual de Ino-mojigata se aferró a sus curvas, por lo que se aventuró a salir por la ventana y averiguar qué demonios había pasado.
No entendía que es lo que había ocurrido. Cuando vio a un grupo de shinobis correr por los tejados con rapidez, supo que posiblemente se trataba de algún tipo de ataque; y según el recorrido de los ninjas, había sucedido a las afueras de la aldea.
Teniendo ya una referencia geográfica, corrió sin saber qué esperar. No obstante, por alguna razón desconocida, una voz en la cabeza la animó a que continuase, pues sabía que tenía que estar ahí.
Ensimismada, no notó la sombra que la siguió. No fue consciente de ella hasta que, al descender por unas escaleras, ésta la sujetó de la cintura y detuvo sus movimientos.
Iba a gritar y pedir auxilio, mas una mano masculina le presionó la boca para que no emitiese sonido alguno.
—Shh…
La piel de la nuca se le erizo, pues al sentir el aliento cálido en la base de su cuello.
—M-Menma… —dijo para sí, cerrando los ojos y relajando su postura.
De a poco la mano masculina dejó de cubrirle los labios.
—Ino…
Abrió los párpados al escuchar su nombre y giró sobre su eje para enfrentar a quien su instinto había identificado.
Al verlo no pudo evitar sorprenderse. Menma lucía exactamente igual que en su sueño, si es que fue un sueño en primera instancia. Tenía el cabello oscuro, una chaqueta que de seguro envidiaría el Inuzuka y, además, poseía el Sharingan… ¿Sharingan?
¿Por qué demonios tenía el Sharingan?
Se quedó detenidamente inspeccionándolo durante algunos segundos. Todavía sin salir de la sorpresa.
—¿Q-Qué es…? —se tomó un respiro rápido antes de continuar. —¿Qué fue lo que te pasó?
¿Qué había sucedido durante el periodo en que estuvo fuera como para que cambiara tan radicalmente?
—Shh… —la acalló, apoyando el dedo índice y corazón sobre los labios rosas.
—P-Pero-
—Ino —la irrumpió, mirándola a los ojos.
Ino se dejó seducir por la caricia lenta y encantadora, dejando escapar un suave suspiro que no pudo contener.
Por su parte Menma la volvió a sujetar de la cintura, obligándola a disminuir el espacio entre ellos. Apenas el aroma a flores se coló por sus fosas nasales, inspiró con profundidad, embriagándose.
Él le palpó el labio inferior con parsimonia, sin dejar de examinarla.
El aumento en los latidos cardiacos fue considerable en Ino, tanto así que el mentón le tembló a causa del desequilibrio emocional. Y justo cuando pensó que todos esos cosquilleos y debilidad estaban tomando el control, él la aferró con fuerza y la besó.
El contacto cálido la cegó durante unos segundos, sin embargo se dejó llevar por el suave sabor y el húmedo recibimiento de su boca.
—M-Menma… —balbuceó entre besos, respirando desigual.
Iba a volver a llamarlo, pero él la siguió besando, impidiéndole el habla y robándole el aire. Sintió los bombazos de su corazón golpear fuerte en su pecho, queriéndose escapar.
Aquel beso se sentía tal cual a los de Naruto.
—Naruto —ese fue el nombre que gatilló a que su sentido común regresara a recalcarle el mal de sus actos. De inmediato se separó de él. —Menma, yo—
No alcanzó a decir nada, de nuevo, puesto que él de nuevo la besó esta vez con mayor dominio, sin chances a rechazo. Aunque quiso separarse de él, dejó la lucha a un lado cuando no pudo resistirse a sus labios. Tampoco pudo resistirse sus toques sugestivos.
—Ah… —jadeó, cerrando los párpados.
Por supuesto que, después de aquel primer quejido, se unieron varios más al éxtasis.
Cuando sintió la lengua caliente de Menma recorrerle el mentón, y descender por su garganta, el quejido que salió de su boca fue sonoro y no pudo reprimir uno más audible aún. Casi sintiéndose avergonzada, se mordió el labio inferior para evitar dejar escapar más jadeos de satisfacción.
—Ino… —le besó el cuello, mordiéndoselo con avidez.
Estaba a un paso de drogarse en el placer junto a Menma. Al menos, eso pensó antes de que él detuviera sus actos y la abrazara con fuerza.
No entendiendo muy bien el porqué, lo abrazó también. En medio de ese encuentro en donde su corazón latió a la par de él, sintió los dedos de Menma, tal cual como pétalos de rosa, recorrerle el vientre. Los movimientos fueron cálidos, tiernos y suaves, los cuales coincidieron con unas oscilaciones en la parte baja de su abdomen. Fue ahí que sintió, por primera vez, a su bebé pateándole la barriga.
Amplió los ojos.
Menma la besó una vez más, en un contacto breve antes de dar un paso atrás y regalarle una sonrisa hermosa.
—Ya nos vemos. —Fue lo único que dijo antes de saltar y desaparecer.
Ino no alcanzó a reaccionar, en realidad no fue así hasta que un grupo de ANBUS pasaron a gran velocidad frente a ella.
Le tomó sólo unos cinco segundos antes de sacar conclusiones y saber qué sucedía.
Sí, estaban tras Menma.
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Se encontró con Sasuke Uchiha a las afueras de Konoha. Apenas lo vio, corrió hacia él para conseguir respuestas.
—¿Qué fue lo que pasó?
El Uchiha, antes de responderle, la miró de pies a cabeza, esbozando una sonrisa seductora. Al parecer, al Uchiha ni en los peores momentos se le olvidaba ser coqueto.
—Van tras Menma.
Ino frunció las cejas.
—¿Qué? —negó en silencio. —Creo que te oí mal.
—No —El Uchiha adoptó una actitud seria, la primera que Ino veía en él. —Van tras Menma.
—¿Pero por qué?
—Menma atacó a la Raíz.
—No es en serio… —no podía creer las palabras del Uchiha. ¿Por qué Menma haría algo así?
—No sé muy bien lo que pasó, pero —Sasuke metió ambas manos a los bolsillos de su pantalón. —Escuché que se asoció a un criminal. No entiendo por qué haría algo así…
Ino iba a decir algo, mas otro estruendo la obligó a callar. Respirando profundo, corrió hacia dónde salían llamas y el humo se condensaba en mayor proporción, siendo seguida por un Sasuke preocupado por su amigo.
Para cuando se detuvieron, justo a un lado de una batalla, recordó su estado, por lo que no interfirió en la pelea en donde Menma contrarrestaba todos los ataques que la fuerza militar de Konoha intentaba –sin muy buenos resultados- darle para retenerlo.
En cualquier mundo paralelo, Menma/Naruto era igual de fuerte.
Pese a que se enfrentaban a un Menma asociado a un criminal, como había dicho Sasuke, no pudo prescindir de esa sensación de orgullo por verlo luchar con tanta fascinación e imponencia respecto a los otros.
—¡MENNNNMAAAAAAAAAA!
Alarmada por el vozarrón a un costado suyo, escuchó varios gritos femeninos más y varias blasfemias dirigidas a Menma reclamándole incompetencia. Apenas se volvió hacia su derecha, se sorprendió de ver a una bella mujer, joven y pelirroja, vociferando como loca. Por supuesto que la reconoció como Kushina Uzumaki. Y justo al lado de ésta se encontraba Minato Namikaze que la detenía del antebrazo, de seguro impidiéndole entrometerse en el encuentro entre Menma y los demás ninjas que estaban contra él.
—¡Detenlo, maldita sea!
Ino, si bien se caracterizaba por tener un carácter fuerte –sobre todo cuando se agotaba su paciencia- se sorprendió de ver a Kushina tan cabreadísima. Incluso aterraba más que Sakura cuando estaba colérica.
Jamás imaginó que, su suegra tuviese una actitud tan agresiva. Aunque no era para menos, Menma había sobrepasado los límites si es que en realidad se había asociado a un criminal. Y, bueno, toda la evidencia apuntaba a que era verdaderamente así, mas ella como interrogadora y como amante de éste en un universo alterno, le daba el beneficio de la duda sin siquiera pensarlo.
Ensimismada en sus reflexiones, no notó cuando una radiante luz se acercó a ellos a gran velocidad. Sólo se dio cuenta de aquello cuando no pudo moverse por unos segundos por que la luz la cegó.
—¿Q-Qué…? — protegiéndose los ojos con ambos antebrazos cuando recobró la voluntad, rezó para que todo ese lío se terminara pronto. Y sin saber por qué, comenzó a llorar.
El llanto fue cada vez más audible, incluso hipó en varias ocasiones, no siendo capaz de contenerse.
Fue así hasta que la luz se desvaneció y una voz entusiasta, que bien conocía, la llamó.
—¡Ino-chan!
Dejando caer ambos brazos, alzó el rostro para encontrarse con un Uzumaki rubio que corría hacia ella sin dejar de sonreír.
No tardó en reconocerlo; era rubio.
—¿N-Naruto…?
Apenas fue capaz de mencionar su nombre cuando él la acorraló entre sus brazos y la abrazó con fuerza, elevándola del suelo.
—Ino…
Se aferró con fuerza a él, escondiendo su rostro en el cuello de éste y cerrando los ojos.
—¿Eres tú, Naruto? — susurró, no queriendo abrir los párpados. Lo que menos quería era que esos fuertes brazos y ese aroma particular se desvanecieran cuando lo viera.
—Sí, Ino-chan, soy yo…
Una vez más, lloró.
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TO BE CONTINUED…
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¡Lo siento, lo siento! El retraso ya fue justificado (el accidente automovilístico, los proyectos, etc) No fue porque no quisiera, sino porque en realidad no podía. Mis disculpas sinceras a todos por la demora.
Respecto a la historia, queda poco de vida útil. Ya sabemos que el reencuentro entre Naruto e Ino acaba de suceder, sin embargo, aún queda señalar cómo será la reacción de Menma al ver a Naruto y viceversa, el cómo se sentirá Naruto al ver a sus padres alternativos y el reencuentro entre las Ino's. Y, claro, qué será de Hinata también.
Gracias infinitas a Naoko-eri, inochan-uchiha, Tsukimon, melihdzi, Hime Masaomi, kammy, Lord Mortensen. De verdad, gracias por sus reseñas. Es por ustedes que sé que están ahí y que mi historia no es sólo un estorbo dentro de Fanfiction.
Cualquier duda, comentario, sugerencia, es siempre bienvenido. Sólo háganmelo saber para mejorar.
Un abrazo grande a todos.
Saludos, Ellie.
Ps: ¿Fue un sueño el de Ino o no...?
