La Danza
Le abrió la puerta y la dejó pasar. Tras de ella siguió paso una estela de tensiones que lo puso más rígido de lo normal. Bajó la vista y siguió con su "lumus" en la oscuridad. Las frías paredes del castillo y el camino callado hasta la siguiente habitación, tirando ironías al aire sólo por llenarlo de algo.
Era casualidad que McGonagall la hubiese mandado a hacer ronda justo cuando merodeaba él. Su traje de baile implicaba que ella no tenía porqué estar en aquella penumbra de los saboteadores de alumnos traviesos, sino bailando con algún joven que la hiciese sonreír... casi como sonreía ahora, con la discresión de quien no quiere hacer notar que algún pensamiento irreverente asoma. ¿En qué pensaba?
Otro chiste diciendo que cazarían a un Slytherin o a un Gryffindor, alguna ofenda de hechos pasados al aire y la cortesía de Granger disfrazando algún ingenioso comentario mordaz... que él festejaba con su paso por detrás, con la vista al suelo que prefería no encontrarse con lo que había hecho de ella el paso de los años: una mujer.
Había algo oculto que caminaba entre los dos, casi como un espectro, Snape se sentía delatado de un crimen que no sabía que había cometido... y pensó que Granger sospechaba de su culpabilidad. ¿Pero de qué?
Quizá por el burdo descuido de disfrutar de aquel momento.
Volvieron a llegar a las puertas del salón, Snape se detuvo y Granger hizo lo mismo, la vio mirar al suelo.
"Su ronda terminó. Buenas noches". Eso era lo que debió decir, Snape viró los ojos a su candelabro y dibujó un gesto de superioridad cuando habló:
-Supongo... que su ronda de prefecta ha acabado... -y en lugar de irse permaneció allí, aguardando la respuesta a la encriptada invitación.
-No, McGonagall me pidió que hiciera una ronda más... -Snape la observó- ... detallada.
El profesor de pociones asintió sin decir más, disfrazando el entusiasmo, dio un paso al frente con decisión. Otra vez aquel impulso de ansiedades que lo inyectaba de un nerviosismo que lo hacía andar más deprisa y bruscamente que lo normal. Apretó el ceño preocupado mientras la muchacha trotaba con su zapatos haciendo ruido en el piso de piedra del castillo.
Cuando atravesaron las murallas hacia el exterior dejó de escuchar el taconeo y se dio la vuelta para verla allí, parada de forma indecisa en el umbral. Aun quedaban restos de la niña amante de las reglas...
-¿Acaso sólo camina fuera del castillo si va sola? -ella sonrió y siguió, Snape pudo ver un ligero sonrojo, Granger parecía decidida a ocultarle la mirada en aquella ocasión. Resopló intranquilo mientras continuaban camino, fue un trecho silencioso cortado por el ulular del viento entre los árboles y el sonido de los grillos y sapos que anunciaban la llegada de la primavera.
Prefería no hablar aunque dentro suyo tenía cierta urgencia por decir algo, o por escucharla hablar. Se sentía incómodo y más tenso de lo normal.
-¿Hacía una ronda cuando me encontró? -la pregunta murmurante de Granger lo hizo descubrir en qué se encontraba pensando su alumna todo ese rato de silencio. Recordó el hecho como una ráfaga: ver su nombre en el mapa del merodeador, salir dispuesto a quitarle puntos, terminar rescatándola y llevándola en brazos hasta la enfermería.
Ahora comprendía a tientas porqué Granger repentinamente estaba un poco más cerca de él. Agradecimiento.
De repente, por algún motivo extraño terminaron hablando de la (tonta) poción de Granger y ella le pidió luego de titubear un poco entre el chiste y la ironía, que él la asistiera. Snape intentó esquivar el tema, burlarse de la pócima, irse por la tangente... pero Granger volvía a tirar de él con sus palabras, lo miró con fijeza atravesándose en su camino, sería violentamente valiente como de costumbre.
-¿Va a ayudarme?
La noche ya la iluminaba demasiado para el gusto de Snape, así que retiró su candelabro para librarse de la figura de la joven y la miró hoscamente a los ojos. Ella permaneció de pie desafiante, aguardando por su respuesta. Quedaron allí de nuevo... en ese sitio en donde comenzaba a disolverse el espacio y dejaba de deslizarse el tiempo. O al menos allí se encontraba él.
Algún sonido los devolvió a la realidad, al final el objetivo por el que aquella noche habían recorrido el castillo juntos tuvo su recompensa: atraparon a alumnos de los primeros años merodeando por ahí. Se les quitó los puntos "necesarios" a instancias de Granger, pero eran de Hufflepuff.
Anduvieron unos minutos más en silencio hasta que se hizo evidente que debían regresar. Granger estaba tiritando y él no iba a perder otra capa para arroparla.
Sabía que ella no se atrevería nuevamente a realizar el pedido de que él la asistiera, por un momento se preguntó porqué le insistiría de aquel modo... pero por otro lado quizás él también había insistido unas cuantas veces con el asunto de aquella (tonta) poción. Y quería saber el porqué de tanta determinación.
O eso se dijo.
-La veré el lunes luego de la cena en mi despacho. -fue toda la invitación, no la dejó responder, aceleró su paso y avanzó entre la hierba mojada por el rocío nocturno. Ella quedó atrás y por mucho que trotó, su taconeo jamás llegó junto a él. Snape entró en su habitación impaciente, ¿estaba haciendo lo correcto? ¿Correcto respecto a qué? Se sentía culpable de nuevo, culpable de un crimen que no conocía.
Cerró los ojos mientras abría las ventanas diminutas de su alcoba. Dejó que el aire frío refrescara su faz acalorada.
Durante toda la noche había evitado verla... pero ahora estaba invadido de recuerdos de su imagen, ¿por qué?
N/A: Hola... *re-suena el eco solitario* Dejé algo en la página de mi perfil... mírenlo.
