Recuerdos

Esa mañana no pudo ir al desayuno. Le dolía la cabeza terriblemente, no quería fingir tener una charla normal con la mesa de profesores ni mucho menos recibir una mirada de más de Minerva reclamándole por algo que no hizo.

Ni quería tener que verla a ella.

Pero si de algún lugar no podía escapar ese lugar era su clase de pociones... del último año.

Intentó deslizar sus ojos por todo el aula sin mirarla particularmente, pero el hecho de percibirla cabizbaja lo animó a hacerlo.

Antes se hubiese imaginado que Granger era fuerte y lista, pero entonces la percibió débil... y pensó que tonta. Tonta por permitirse ver tan decaída, por dejar que aquello le afectara tanto. Snape sintió un escozor en el pecho y corrió la vista.

Siguió con la clase, debía ignorarla, debía proseguir como si anoche ella no le hubiera sacudido las entrañas con sus palabras. Era tan imposible concentrarse... se sentía extraño, como si algo molestara desde algún rincón de su alma, algo amargo que sujetaba su corazón. No podía quitarla de su cabeza sabiendo que la tenía ahí, sus ojos se dirigían a ella sin que pudiese evitarlo y hacía todo su esfuerzo por correrlos de inmediato... pero regresaban a ella de soslayo. Finalmente decidió darse la vuelta para escribir lo que sea en la pizarra, eso debía ayudar...

Y escuchó su sollozo. Snape no pudo contenerse, ensayó su gesto más severo y se dio la vuelta, sólo pudo ver a Granger marcharse a paso ligero. Alguna parte de él se destensó y pudo continuar con la clase... de pronto recordó que Granger era su alumna y para lucir lo más duro posible (por si alguno hubiese notado su especial atención a la muchacha ese día) le restó puntos a su Casa. Sabía que sus amigos estaban allí y alguno le terminaría contando.

Sabía que Granger había huído por él, y ella... ella debía entender que él era su profesor, que ella era su alumna, que ésto era lo que eran... Nada más.

Recorrió las mesas de sus alumnos distraído. La imagen de la chica soltando sus lágrimas aquella noche seguían replicándose en su mente de forma incesante. No pudo evitar preguntarse cómo se sentiría ella realmente al respecto. Bufó. Siempre la había creído lista y madura, y ahora resultaba que era una niña inmadura que confunde emociones y cree estar enamorada de su profesor...

"No soy una niña y ya no seré su alumna" El reclamo de Granger se repitió en su mente, se sonrió con suavidad en su fuero interno.

Durante la cena, Snape tampoco sintió deseos de ir a comer pero al menos debía hacer acto de presencia para que Minerva no comenzara a fastidiarlo para saber qué le ocurría. Y no es que a él le ocurriese nada... no... a él no. Simplemente no tenía hambre.

Cuando llegó y se sentó, automáticamente sus ojos se levantaron a cierto sector de la mesa de Gryffindor, ella se ponía de pie y se marchaba. Justo como había ocurrido durante su clase... Snape la siguió con la mirada suavizando su ceño y bajó la vista al plato sin que nada le resultara apetecible.

"Y por eso buscaba una poción para dejar de sentir esto, porque no lo soportaba, porque sabía que hacía el ridículo, porque era imposible y... " Snape revolvió la comida con el tenedor oyendo la voz de Granger en su cabeza, suspiró para sí mismo continuando con el diálogo de la noche anterior:

-... y debió beberse la poción.


Hermione faltó a las clases el resto de la semana. Es decir, Granger. Él sentía que se relajaba cuando no la veía en su lugar, lejos del problema no era preciso enfrentarlo y se evitaba la culpa de su estado... Aunque a decir verdad no era su culpa. Él sólo... no hizo nada para seducirla.

¿Estaría bien?

Quizás hubiera enfermado y él ahí pensando que era por su culpa. Quizás ella ya lo hubiera olvidado...

Tan pronto...

Bajó la cabeza y siguió corrigiendo los pergaminos de los alumnos de cuarto, hasta que la directora se presentó en su despacho decretando que se haría una fiesta para los graduados y él debía estar allí.

Severus pensó en negarse, no le gustaban las fiestas, pero McGonagall no lo dejaría faltar otra vez (ya lo había hecho en la fiesta de primavera cuando hizo ronda en el castillo... con ella). Pensó que Granger de seguro no estaría de humor para ir... si es que aun recordaba algo de lo que había pasado.

¿Se lo habría contado a sus amigas? Daba igual, aunque lo hubiese hecho él conservó una postura inapelable, nadie podría reclamarle nada.

Además, ella era muy lista como para andar desparramando chismes.

La sonrisa discreta de la muchacha se dibujó ante él en un difuso recuerdo, una sonrisa tímida con la mirada huidiza por sobre su caldero en las tutorías privadas.

Snape miró el techo de su despacho dejando los pergaminos a un lado. En unas semanas más ella se iría para siempre y toda aquella extraña situación acabaría.

Sin embargo la noche de la fiesta llegó y él se sentía ansioso por la simple posibilidad de encontrarla allí, no la había visto desde aquella clase en la que Granger había huido. Severus no se esmeró demasiado en su vestimenta, pero se echó una mirada en el espejo antes de salir al salón. La noche aun seguía fresca a pesar de la cercanía del verano, los pasillos de piedra continuaban fríos y él no podía dejar de evocar la caminata con Granger. ¿Habría sido un episodio romántico para ella? Se río consigo mismo en la soledad de los corredores. Fue un episodio... que no le gustaba rememorar demasiado... Volvió a sonreírse.

Cuando atravesó el umbral e ingresó a la supuesta "fiesta" sus ojos lo traicionaron. Fue la primera a la que vio a pesar de que ella estaba del otro lado de la sala. Bajó la mirada: para colmo estaba hermosa. Reprimió su pensamiento mientras avanzaba estoicamente, decidió tomar asiento junto a otro profesor... él le comenzó a hablar y Severus decidió seguir la conversación, necesitaba estar distraído y tener a alguien en quien fijarse.

¿Cómo se le ocurrió pensar en ella como una muchacha hermosa?

Se sintió un enfermo por mirar a una niña.

"Ya no soy una niña".

Snape lanzó una maldición al aire mientras forzaba toda su concentración en atender a lo que decía el profesor Bins. Asintió distraído un par de veces para que continuara hablando, pero no pudo evitar mirar de nuevo y ver el brazo del muchacho al que se sujetaba. Era el subnormal de McLaggen. ¿Acaso Granger tenía tan pésimo gusto? ¿Weasley y McLaggen?

-¿Y tú? -el pocionista parpadeó saliendo de sus pensamientos- ¿Cuál es tu opinión, Severus?

-Estoy de acuerdo. -dijo sin más con un dejo de arrogancia, su interlocutor asintió mientras continuaba hablando.

Luego llegó la cena y el azar hizo que la tuviese justo enfrente. Algo en su pecho golpeó. ¿A dónde podía poner los ojos? La vio de soslayo un par de veces, traicionado por su mismo inconsciente, no se veía cabizbaja como la última vez, sino... rígida... como si estuviese molesta o incómoda. McLaggen no dejaba de mirarla buscándole los ojos, pero Granger lo evitaba.

¿Entonces no era su pareja? Quizá sólo lo era para la fiesta...

Se preguntó con cierta molestia si ella finalmente lo habría olvidado. Pocas veces se sintió tan incómodo, lo más sensato sería pensar que la inteligencia de la señorita Granger la hubiese hecho revelar que realmente no estaba enamorada de él.

Snape miró su plato con aprensión.

Jamás nadie le había dicho que sentía algo por él, la única que lo había hecho estaba ahí enfrente, sin mirarlo, junto a otro sujeto. Y él la hizo llorar...

Pero... ella no podía quererlo, estaba confundida. Él hizo bien en plantarle la verdad de frente y sin medias tintas.

"No confundo nada, sé lo que siento". El recuerdo de Granger volvió a azotar en sus pensamientos.

-... y aquí tenemos a la señorita Granger... -Snape levantó la vista a McGonagall, arrastrado por el apellido mencionado. Lo siguiente que oyó fueron alabanzas de los profesores a la insoportable sabelotodo, bajó los ojos al plato nuevamente cuando Sprout comentó que los magos se pelearían por ella a causa de todas sus virtudes, sintió algo vacío dentro de él al oír esas palabras, como si se las estuvieran refregando por la cara. Luego habló el idiota de McLaggen, asegurando que cualquier mago que se batiera por Hermione perdería ante él. No pudo evitar las ganas de sonreírse. Él le ganaría con una mano atada a la espalda.

Debía recordar reprobar a McLaggen en el próximo examen. Razones no le faltarían.

Lo próximo fue un baile. Bien, adiós Granger, al fin podía mirar al frente con libertad. Movieron la mesa y las sillas a un lado con algo de magia y terminó sentado de brazos cruzados junto a algunos profesores. Ninguna alumna jamás sacaría a bailar a un profesor y quedaba mal que fuese de manera inversa, no como con McGonagall que ya estaba improvisando unos pasos junto a un alumno. No es que él justamente hubiese querido bailar con nadie y no imaginaba que Granger lo hubiese invitado a bailar.

Esa noche en la que recorrieron el castillo, en su vestido de baile, con sus zapatos resonando en los pasillos... Eso fue lo más cercano a ser pareja de baile.

"-Supongo que aquí acaba su ronda -(¿me permite esta pieza?)
-No, McGonagall me pidió que hiciera una ronda más detallada- (por supuesto)"

Se escuchó un tema lento y apretó los puños, de refilón vio la mano de McLaggen en su cintura.

... de la única mujer que le había dicho que lo quería...

¿Habría pensando en aquello Granger? ¿Su enamoramiento platónico la habría dejado preveer de que esperar ser su pareja implicaría que hubiese un contacto físico? ¿Granger supuso y aceptó la idea de que él la tocara como ahora hacía McLaggen?

Snape se quedó perplejo de repente. Los ojos de Hermione se levantaron a él repentinamente y ambos se encontraron viéndose sorpresivamente. Él se culpó, no se había dado cuenta de su insistencia... Ella bajó la vista y se fue.

Como aquella vez durante alguna cena lejana en el comedor.

McLaggen y Granger salieron afuera. Ella volvía a huir... Y él sintió deseos de hacer lo propio, pero no hacia sus habitaciones... hacia ella. Se reprimió mirando al suelo.

¿Para qué?

Cuando se dio cuenta ya estaba fuera de la sala y los vio a ambos. Su alumna forcejeaba con la insistencia del joven Gryffindor. Si lo hubiese pensando él debió haberse retirado, pero no pensó...

-McLaggen -lo llamó suave pero firme. El muchacho lo miró por sobre el hombro de Granger. Ambos se separaron, ella continuaba rígida dándole la espalda mientras el muchacho se retiraba. Se quedaron solos pero ella no volteaba... ¿Debía él irse? Lo cierto es que su ausencia había resaltado sobremanera todo aquel tiempo que habían pasado juntos. Snape se quedó viéndola un momento, esperando por decir algo ¿Algo como qué?

"Lo siento..."

-No es necesario que haga ronda por mí, profesor... -Snape se sonrió. Sí, todo parecía querer evocarle aquella noche de ronda en el castillo. Ella le volvió a reclamar su interrupción a lo que él sintió una ira extraña quemar en su pecho. Es cierto, él no debió entrometerse y ni siquiera sabía porqué aún seguía allí, Granger se volteó para dedicarle una mirada feroz.

-Puede acompañarlo si quiere -dijo sin más sabiendo que era hora de marcharse y dejarla en paz, pero ella le cortó camino y finalmente se vieron a los ojos detenidamente, ella estaba triste... ningún maquillaje podía burlar la luz que se reflejaba en la temblorosa humedad que retenía en sus ojos. Snape quedó preso de esa mirada llena de reproches y angustia. Apretó los puños bajo su túnica intentando contenerse.

-¿Se está burlando de mí, cierto? -el profesor bajó la mirada, negó e intentó pasar pero ella volvió a atravesarse en su camino. Finalmente una lágrima escapó de sus ojos. Snape la vigiló con aprensión, estaba destrozándolo. Deseó no haber salido jamás del salón... o que ella jamás hubiese entrado a su despacho... o que lo dejara ir ahora mismo.

-Está actuando de un modo infantil de nuevo. -con eso debió ser suficiente, pero Hermione no se rindió. Repitió que no era una niña... y sacó a colación la charla de aquella noche.

Snape estaba frío, sentía un peso muerto en el estómago. Quería irse pero también quedarse... Se sujetó a sus razones con las últimas fuerzas pero ella continuaba hablando y cada palabra que decía se metía en su mente arruinando cada sano y lógico argumento que tenía para irse y dejarla allí.

-¿Sabe por qué estoy así? No lloro porque sea infantil... -los ojos del pocionista la miraron en el claroscuro nocturno. Hacía un año estaba en lo más crudo de la batalla con Lord Voldemort y ahora sentía incertidumbre porque se encontraba confrontando a una alumna. Era más sencillo enfrentar la muerte, pensó, que hacer frente a la vida. Otra lágrima se escurrió en el rostro de Granger, él la siguió con la vista hasta sus labios y tumbó los ojos al suelo. - Estoy así porque me he enamorado de alguien que no me corresponde.

Snape levantó los ojos pero ella ya se marchaba dejándolo a solas en el pasillo.

La daga se enterró con fuerza en su pecho. Se quedó de pie allí, sintiendo la brisa fría golpear contra su piel. Su corazón se estrujó amargamente.

Ella no entendía nada. No sabía nada.

Snape caminó con rapidez hasta su despacho, no lo sabía pero sus ojos también brillaban temblorosos en la oscuridad de los corredores.


Le pidió a McGonagall cambiar sus clases de pociones con Slughorn con los alumnos de último año, había sido un arrebato de ahogado como un pequeño último favor a la señorita Granger. La directora se negó.

Genial, ahora él no podría concentrarse y ella sería amargamente infeliz hasta el último día de clases.

Luego lo inesperado: McGonagall preguntándole si le ocurría algo con la señorita Granger. Y el "algo" no sonaba a tener un problema profesor vs. sabelotodo insufrible. La miró consternado, ¿Granger no sería capaz de decirle algo así a McGonagall, cierto?

Pero la directora siguió, presentó argumento tras argumento como abogada frente al jurado. Primero hablando sobre las predicciones de Trelawney, luego sacando a relucir pequeños indicios como las clases privadas o la repentina tristeza de Hermione, y el hecho de que ambos pidiesen cambiar la misma clase.

Lo miró a los ojos con fijeza y él tuvo que bajarlos, aunque los volvió a subir al momento enseñando su enojo por ser cuestionado de aquella manera.

-¿Tú la quieres, Severus? -su pregunta fue como un baldazo de agua fría, el pocionista frunció el ceño y abrió la boca para reclamar por la impertinencia pero Minerva no esperó la respuesta y suspiró viendo por una ventana.- La quieres...

-Estás equivocada. Con todo. -se defendió rápidamente, pero McGonagall volvió a su escritorio explicando las razones administrativas por la que no podía cambiarlo por Slughorn.

-Y permítete sentir, por dios santo, Severus.

Snape azotó la puerta y se marchó consternado. Maldijo a Trelawney.

¿La taza había dicho que él la quería también? Él no, no debía...


Cuando descubrió a Granger reuniendo ingredientes para la poción del olvido no pudo evitar sonreírse. La sabelotodo seguía buscando la forma más racional para hacer algo que debía dejar al tiempo.

Sí, ella definitivamente era la primera mujer que lo quería de aquella manera... y aunque no podía considerar el hecho de corresponderle, no pudo evitar sentirse agradecido.

Pero cuando vio que faltaban ingredientes en su despensa, definitivamente para la poción del olvido, temió lo peor. Él pensó que Granger jamás lo conseguiría... y la clase siguiente lo perturbó verla en el primer banco con la mirada atenta y la mano en alto. Ya había pasado... Ya se había acabado todo.

Ya lo había olvidado todo.

No podía culparla, él había hecho algo semejante todo este tiempo. Sólo que en lugar de olvidar se limitó a no recordar, a arrojar cada incómodo momento lejos de su mente en el pensadero. Aquella noche creyó que había llegado la hora y se sumergió tomando una gran bocanada de aire.

Pensó que debió notarlo antes... ¿Qué clase de espía era? Quizá porque le parecía tan imposible que alguien lo quisiera que no había pensado en esa opción... Nunca, muy a pesar del extraño comportamiento de la muchacha, de los esfuerzos que hizo para esquivarlo y ocultarle sus sentimientos... o su reciente empeño para estar cerca de él. Se vio a sí mismo sonriéndose cuando ella dejaba el despacho por las noches, y aquella vez que sonrió más cuando él le obsequió el caldero y ella se había marchado alegre pero incrédula, intentando disfrazar sus emociones con una sobria seriedad.

Desde que ella se había confesado, él la creyó responsable de todo lo que les había ocurrido, de todas las miradas, conversaciones, gestos y hechos que habían compartido... pero en sus recuerdos él se vio vigilándola desde el escritorio, entre los anaqueles de la biblioteca.

Había muchos recuerdos en los que ella no estaba presente... cuando él se tumbaba a pensarla, a cuestionarse sobre ella poniéndola por encima del resto de los alumnos. Snape sintió una calidez expandirse desde su pecho cuando se vio a sí mismo y a Granger guardando los ingredientes en una cesta. Verlo a la distancia y desde afuera despejaba todas las incertidumbres sobre lo que pensaba aquel día.

Las manos que chocaron con torpeza dentro del canasto... La incomodidad, la emoción, la sonrisa discreta.

... la forma tan extraña en lo que lo hacía sentir.

Salió el pensadero con los ojos enrojecidos y se cubrió el rostro con una mano, derrotado, mientras con la otra se sostenía del recipiente.

Ahora era más que obvio, ella había sido honesta esa noche cuando confesó sus emociones... y él la trató del modo más vil posible...

Al final... ¿quién era el confudido?

... Y ahora ella lo había olvidado. Era lo mejor pero...

La desesperación pronto hizo presa de él. Caminó en círculos por su despacho restregándose las sienes.

-... Granger... -murmuró rompiendo el silencio contínuo de su habitación. ¿Qué le estaba pasando? Estaba enloqueciendo... Miró las luces del candelabro oscilar rompiendo la oscuridad hasta el hipnotismo mientras reprimía con esfuerzo todo lo que consideraba incorrecto. Definitivamente todo esto era una locura.

Luchó contra el señor Tenebroso y una mocosa puede... Se sonrió.

"No soy una niña". Volvió a resonar en su mente.

-No... -concedió finalmente apagando las luces para dormir en la comodidad de la penumbra.


Las siguientes semanas pasaron muy rápido o muy lento... Era su infierno personal. El último día parecía haberse desplomado sobre él con intensidad mientras que el resto de las horas habían transcurrido inevitablemente lentas.

Nunca más.

Y ella como si nada.

Nunca más se verían y ella seguía siendo la misma Hermione Granger que alguna vez entrara en su salón. Era tortuoso. Y sólo él la recordaría. ¿Qué sería para ella? ¿Un tonto profesor de pociones?

El viejo mortífago que enseñaba pociones. Sí, así lo recordaría.

"No quiero olvidar esto que siento... cuando estoy con usted". Snape la observó intensamente en el último partido de Quidditch del año, la vio saltar de la emoción festejando la victoria de su casa sobre Slytherin y le sonrió apenas moviendo la comisura izquierda de sus labios. Su juventud y su energía, así debía ser.

Nunca más.

Cuando Granger le estrechó la mano para despedirse y se miraron a los ojos pensó que le diría algo, alguna estupidez, alguna promesa al estilo de "jamás te olvidaré" pero ella le dio una sonrisa repleta de admiración, gratitud, orgullo... y enseguida se fue a saludar a Hagrid. Snape guardó la sensación del roce de su mano a conciencia, la soltó, la dejó ir...

Quizá supiera de ella luego... no dudaba en que se convertiría en alguien resonante.

Por algún motivo no pudo soportar estar más en aquel salón lleno de niños y aplausos y lágrimas de McGonagall. Caminó con prisa hasta su despacho y se encerró a terminar de empacar. Cuando volviese el próximo año ella ya no estaría allí...

Hubiese querido ordenar, pero finalmente terminó sentado sobre un sofá bebiendo algo mientras vigilaba la capa negra que se había quitado.

Esa noche que caminaron fuera del castillo buscando alumnos, él la vio temblar de frío y sintió el repentino deseo de envolverla con su capa... pero no lo hizo y ella continuó camino a su lado.

Imaginaba cómo hubiese sido, se imaginó colocándole la capa sobre los hombros... ella callada y nerviosa... con una mirada baja y sonrojada, hasta que lo espiase tímidamente regalándole una sonrisa de agradecimiento.

Snape le respondió con otra sonrisa desde su sillón.

-Estoy mal... -se autorecriminó.

Qué valiente Gryffindor... decirle que estaba enamorada de él en su cara... aun sabiendo cómo él podría reaccionar... Qué valiente.

Los ojos de Snape seguían perdidos en su habitación, humedeciéndose aun con los gestos de su rostro congelados.

Quería cubrirla con su capa ahora. Cubrirse los dos.

Eso, nada más.

Suspiró cansado recargándose en el respaldo de su asiento y volvió a mirar a la nada.


Por la mañana siguiente el humo del tren rompía el horizonte en dos. Snape contempló su marcha hasta que se perdió. Flinch había tenido el tino de informarle que algún alumno de Gryffindor le había robado un caldero y que los elfos lo habían recuperado.

Ahora sí, ningún recuerdo de él.

Luego el gato de Granger saltando sobre sus piernas y su envío de lechuza para informarle que se había olvidado al animal. Por un instante se sintió dichoso y comenzó a recoger sus maletas para retirarse por la red Floo... pero la lechuza regresó sin mensaje al instante y el gato saltó hasta la puerta, por donde asomaba la indiscutible silueta de su dueña.

Un calor extraño se expandió desde su pecho.

-Perdone, profesor...

La escuchó decir que había perdido el tren porque se había percatado de la ausencia de su gato, también aclaró que Hagrid la acompañaría de regreso a Londres de algún modo. Él entonces se percató de que aun no recordaba nada, le acercó el caldero olvidado, su obsequio.

-Quizá ya se olvidó... -adivinó él viendo su desinterés, pero Hermione observó el caldero y una sonrisa resignada asomó en sus labios.

-No lo he olvidado... Fui muy feliz ese día.- Snape sintió como las palpitaciones aumentaban en su pecho, no podía dejar de mirarla y le costaba interpretar sus palabras.

-¿Lo recuerda? -No podía ser cierto, ella lo observó fijamente. Legereme. Vio todo: la vio arrojando la poción del olvido a las cañerías (de nuevo), la vio actuar como si nada, la vio llorar contra su almohada y sonreirle en clase. Tragó saliva.

-Ya se lo dije, no quiero olvidar... esto que siento cuando estoy con usted -Hermione bajó la mirada y se sonrojó levemente. La mente de Snape intentaba procesar todo lo acontecido, su alma se retorcía embravecida pero él continuaba tieso en su sitio sin poder acomodar las ideas. De hecho, no tenía ideas en absoluto. Todo era una orquesta de emociones desaforadas que él debía controlar... ¿podría? Encontró nuevamente los ojos de Granger viéndolo con aquella serena pureza que él conocía de memoria. Levantó la mano hacia su rostro, él se sintió confuso y la miró a los ojos nuevamente- Sé que no le soy indiferente.

Él intentó hablar, o eso pensó, no podía replicar nada. Debía echarla como aquella noche, debía moverse hasta la puerta y abrirla... pero ya no era inmune, había perdido todas esas defensas hacía tiempo. La palma tocó su rostro y la calidez en su pecho estalló.

"Granger..."

Bajó la vista y él también subió la mano para quitársela, pero al sentir la piel de la muchacha simplemente se mantuvo quieto. Estaba mal... él no debía... No podía pensar. Su pulgar se arrastró lentamente por la mano de Granger y la sujetó contra su rostro.

El mundo se disolvía, todo se acallaba, sólo existía la calidez de la muchacha sumergiéndolo en una comodidad que lo adormecía. Respiró con nerviosismo cuando la sintió acercarse, no podía mirarla. Cerró los ojos y la calidez se hizo más palpable, junto con su aroma, se inclinó levemente y recibió el roce de sus labios despertando para él un universo de sentimientos nuevos. Ella quizá fuese joven, pero él aun tenía emociones por estrenar.

FIN


N/A: Hola! Muchas gracias por llegar hasta el final, muy meritorio de su parte jajaja No pude conmigo y se me fue largo.

En fin, este fic fue para completar el primero, darle un poco más de Snape, estaba probándolo un poco a ver si se puede trabajar con él (?). Fue difícil pero esto es genial. Fue dificilísimo sacarlo, por eso los caps eran tan cortos y este final si tiene cuerpo, digamos. Este tipo es intenso xD

Ojalá haya servido de algo, más que para autocomplacencia mía. O sea, que les haya gustado.

ANUNCIO IMPORTANTE: Ahora tengo una nueva incógnita... ¿Cómo llevan adelante su relación Snape y Hermione? El beso aquí es el final de la historia, pero es el comienzo de la suya... Nos leeremos allí dentro de poco.

Sí, una continuación de La Ignorancia. Vamos a ver qué sale... tengo ganas.