CAPÍTULO 3
-SIETE AÑOS DESPUÉS-
-¿Dónde lo quiere? -Pregunté mientras me giraba.
-Inspectora Kate Beckett de la policía. Tengo que hacerle unas preguntas sobre un asesinato que se ha producido esta noche. –Soltó de un tirón una mujer de pelo corto y ojos familiares.
Me quedé de piedra, realmente no sabía si se me acusaba de alguna cosa o si había cometido algún delito esos últimos días. Estaba sorprendido. Para ser escritor, en ese momento no supe que decir, me quedé mudo, con la boca abierta. Y eso me gustó, fue diferente, original.
Ya en comisaría.
Esperaba aburrido en la sala de interrogatorios. Todo muy simple, muy cutre, muy policial.
De pronto entró una mujer, joven, de unos 25 años. Era la misma que había venido a buscarme a la estrena, la chica de ojos bonitos.
En mi cabeza discutía la edad de aquella policía. Realmente era joven. No se como una mujer, tan delicada como parecía, podía ser poli de homicidios, pero no tardé en averiguarlo. Esa mujer tenía mucho carácter, vaya si tenía. Me cortó a la primera broma que solté. Una de esas con las que todas caen rendidas a mis pies. Todas menos ella por lo visto. Estaba rígida, segura de ella misma, seria, concentrada, mandona y sensual.
Me preguntó sobre unos asesinatos que se habían producido igual que en mis libros. Eso fue macabramente emocionante, lo admito.
Piqué un poco a la detective, era divertido. Tenía una coraza y resultaba estimulante intentar romperla. Pero sus ojos me tenían desconcertado, no podía dejar de mirarlos. Sin apartar la mirada le dije que tenía unos ojos muy bonitos, realmente era así, eran preciosos, pero lo que pensaba era que ya los había visto antes. Unos como los suyos difícilmente se olvidan.
Al final se puso muy agresiva y gruñona, muy mona a decir verdad y así terminó el interrogatorio. Pero yo no pensaba quedarme ahí, no. No todos los días ocurren cosas tan interesantes como que alguien mate con tus ideas.
Decidí volver, ofrecer mi ayuda. Fue aceptada, bueno, menos por ella… Parecía que no le atraía la idea de tenerme a su lado. Estaba como incómoda, muy fría, muy cortante. Pero yo estaba seguro de que era una capa protectora y que esa mujer no era así.
Estábamos revisando las cartas de mis fans perturbados, muy perturbados alguno… Y yo intentaba mirarla disimuladamente, pero me pasé. La fuerza de observarla, de reconocerla, de saber quién era pudieron conmigo y ella me descubrió.
-¿Qué? –Dijo Beckett, con un tono enfadado.
-Me resultas familiar. ¿Nos conocemos? –Dice con un aire gracioso. Pero dicho esto ella se tensó aún más y intentó disimular su nerviosismo.
-No. –Respondió seca.
-Me suenas mucho detective… -Dije pero ella parecía no importarle porque estaba centrada en una carta. A lo mejor si que le importaba y sólo se estaba escondiendo en su caparazón. Todo podía ser.
-¿Puedo hacerte una pregunta? –Preguntó la joven de golpe, ya con un tono más seguro, aunque todavía se olía esa timidez nerviosa.
-Dispara. –Contesté. Buen punto Richard, me dije a mi mismo. Dispara… se lo decía a una poli, ¡Qué bueno! Es en plan, estoy en una comisaría y digo dispara…
-¿Por qué estás aquí? –Dijo sacándome de mis pensamientos absurdos y bastante idiotas. Menos mal que sólo eran pensamientos.
-Estoy aquí por la historia. –Respondí con un tono de autosuficiencia.
-¿La historia? –Repitió ella poco convencida.
-Sí, siempre hay una cadena de hechos que hacen que todo encaje, todo tiene su historia. Tú por ejemplo, estás aquí por alguna razón. Lo normal sería que un chica joven, lista y guapa como tu fuera abogada, no poli. Pero bueno, aquí estás. ¿Por qué? – Le dije sin abandonar sus ojos ni un segundo.
-Soy Kate Beckett, ¿recuerdas? Esa chica que leía tus libros, y que sigue leyéndolos, no ha parado. Y soy poli por ti, por tus historias, por Nikki Heat. Soy una fan, una gran fan tuya y de tus obras. Y ya te lo dije cuando tenía 18, tú lograbas mantenerme despierta noche tras noche, tú me quitabas el sueño, tú me dabas seguridad, era gracias a ti, Rick, que quería ser policía. –Pensó Beckett cuando el novelista le preguntó por qué hacía lo que hacía. Era fácil la respuesta, pero no pensaba decírsela, ni ahora ni nunca.
-No es cosa tuya escritor. –Respondió la detective aparentando frialdad, aunque realmente lo único que hizo fue aumentar la curiosidad de aquel hombre. Aquel chico, aquel escritor, su escritor, que casualmente había vuelto a aparecer en su vida sin avisar.
Ya ves, cosas del destino.
Cuantas más reviews, más pronto actualizo.
