··Unlimited Sky··

Summary: ¿Qué hubiera pasado si Tsuna hubiera nacido como chica? ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido diferente al Dame Tsuna que todos nosotros conocemos? ¿Alguien con más seguridad? ¿Cómo habría sido su vida? Si tienen curiosidades sobre esto, entonces esta historia es para ustedes. Fem 27.

Aún no hay emparejamientos pero ya lo verán.

Disclaimer: KHR! No me pertenece, es obra de Akira Amano-san.

-pensamiento-

-Narración-

(1) Indicaciones del diccionario


Capítulo 13: oscuridad parcial

-Demonios! ¿Dónde mierda están? –

La pelicastaña recorría en la ciudad del distrito Kokuyo, que sólo le tomo media hora para llegar ahí junto con su tutor, esta vez descansando en su hombro luego de haber caminado. Preguntó a cada persona que encontraba en el camino, si han visto a sus amigos, pero ninguno de ellos le dijeron alguna información útil en estos momentos.

Tsuna siguió recorriendo la ciudad de Kokuyo, hasta que se acordó de lo que su tutor le había dicho en la azotea. Preguntó si vio a unas personas que usaban uniformes con semejanzas militares, y ellos respondieron que sí y se trataba de estudiantes del Instituto Kokuyo.

Recibiendo una información útil por primera vez, preguntó donde quedaba el instituto y como respuesta fue que la escuela se encontraba a unas cuadras doblando a la esquina de la siguiente manzana. Agradeciendo por sus ayudas, Tsuna junto con su tutor siguieron con la búsqueda.


Gokudera seguía luchando para encontrar una forma de desatar, pero al parecer era inútil. Tenía que admitir que esos malditos lo ataron lo bastante bien como para que las cuerdas se negaran a romperse. Mierda, necesitaba algún plan de escape rápido.

Sus sentidos de hitman le decía que Tsuna vendría a buscarlos, después de todo su jefa era la mujer más lista que ha conocido, no es porque la elogiara con admiración sino porque la ha notado muy bien desde que la conoció.

Suspiró un momento para intentar sacar su frustración, cielos! Como desearía tener un poco de cigarrillo al menos, para sacar toda esa pesadez que sentía caer en sus hombros.

Revisó sus bolsillos, sonrió, al menos esos malditos no le quitaron sus amados cartuchos de dinamitas. Pero para este momento no servían mucho, guardó sus armas de pirotecnia nuevamente y se atrevió a preguntarle al moreno que se encontraba a su espalda.

-Oi, Yakyuu-baka –llamó recibiendo una mirada curiosa del aludido- De casualidad tienes algún objeto que sirva para cortar cuerdas –preguntó, esperando una respuesta que diera como resultado de escape.

Yamamoto miró a su alrededor y luego su espalda, Gokudera hacia todo lo posible con tal de evitar enfadarse con él y perder la paciencia.

-Etto…creo que no –respondió el moreno con una gota en la sien, al notar que su amado bate de beisbol no estaba- Quizás me lo quitaron cuando me quedé dormido.

El peliplata bajó su cabeza con desgana, maldita sea, no podrá salir nunca de este maldito lugar. Su querida jefa debe estar afuera enfrentándose contra esos tipos, mientras él estaba atado cuando debería estar a su lado para ayudarla.

-No te aflijas, Gokudera. Será mejor que pensemos como salir de esta de otra forma y así ayudaremos a Tsuna –

-Ya lo sé, Yakyuu-baka en eso estoy! –respondió con cierto mal humor, juraba que cuando encontrara a esos tipos los haría sufrir de una manera horrible tanto que desearían la muerte.

Tendría que darse prisa o sino sería tarde para ellos.


Bianchi se encontraba muy angustiada, después de recibir un mensaje de su querido y amado Reborn anunciándole que su querido hermano Hayato ha desaparecido, se emprendió a una búsqueda por todo el barrio montada en su bicicleta.

Sabía muy bien que el peliplata tenía la capacidad de enfrentarse a cualquier amenaza, aun así no podía dejar de preocuparse por él, era su hermana después de todo y como toda hermana su mayor deber es cuidar del hermano.

Por un momento, la pelimagenta podía culpar a esa chica pelicastaña, no sólo porque Reborn está obligado a entrenarla (según Bianchi) sino porque su hermano se ató a ella completamente cuando dijo que sería su mano derecha, desde ese momento Bianchi no podía eliminarla por miedo de recibir el rechazo absoluto de su hermanito.

No podía culparla, si él la admiraba mucho y deseó estar atado, debe ser porque lo sacó del peligro, algo que ella debió haberlo hecho.

Volviendo a su rumbo, según Reborn, se encontraban ahora mismo en Kokuyo. Por lo menos su celular tenía un GPS, con eso podía localizarlo muy bien.

Antes de seguir con su andanza, se detuvo en cuanto observó a alguien frente suyo. Se trataba de una adolescente con cabello corto rojizo, ojos brillantes violeta que la miraban con burla y diversión, algo que a Bianchi no le gustó para nada y estaba vestida con uniforme verde femenino con aires militares; por último, notó que en sus manos sostenía un instrumento de soplo, un clarinete.

-No sé quien seas, pero no permitiré que des un paso adelante –le habló la pelirroja con una sonrisa arrogante y burlona- Mi nombre es M.M. y no hago esto porque quiero, sino mi jefe me dio la orden a cambio de dinero, así que eso es lo único que me importa.

-Te equivocas –le espetó la pelimagenta- la importancia en la vida es el amor –pronunció como si supiera bien del tema.

-Ja, eso no es cierto, el dinero lo es todo –contradijo- ¿Quieres apostar? Quien gane, será quien tenga la razón.

-Eso me parece bien –sonrió Bianchi aceptando el desafío.

-Pero… quien pierda aquí, serás tú –habló para luego llevar el clarinete por la boca y soplar el instrumento provocando que una botella de agua semi vacía a su lado explotara.

La pelimagenta retrocedió un poco, sus verdosos ojos trataban de analizar lo que acaba de pasar.

-Eso fue una simple demostración, mi clarinete no es un instrumento normal emite una vibración que provoca que cualquier objeto con agua se caliente tanto que produce una explosión. La siguiente serás tú y lo único que habrá es un bam! Jeje –la pelirroja se preparó, sorpresivamente Bianchi se le acercó con dos platos venenosos que aparecieron de la nada. Como impulso defensivo, la chica llamada M.M. llevó el instrumento a sus labios y lo único que explotó fueron los platos, de ahí entendió que Bianchi utilizó su propia comida como escudo; antes que la pelimagenta se le acercara lo suficiente para atinarle un golpe, la pelirroja separó su instrumento transformándolo en un nunchako que logró atinarle a su oponente- Ja, debiste ser una completa tonta al creer que podrías vencerme, este será tu fin.

Antes de darle un soplo a su clarinete, en sus labios sintió un sabor…desagrable, tanto que le daba sensación de nauseas, vómito, mareos y otras cosas. Miró sus manos, observó que su preciado instrumento estaba cubierto de una extraña sustancia putrefacta color violeta acompañada de un aroma desagradable con varios insectos muertos.

Incapaz de pronunciar alguna palabra, M.M. cayó al suelo secamente agonizando por el envenenamiento.

Bianchi levantándose del suelo, se quitó el polvo invisible de su ropa y tomó su bici para retomar su camino.

Antes de continuar con su andanza, frente suyo apareció de la nada, un niño de 8 años con cabello verde y ojos del mismo color, su indumentaria era una sudadera blanca con pantalones cortos verdes y una chaqueta, que al parecer le quedaba grande por las mangas que le sobraba, verde con aires militares. Lo más raro del pequeño era un enorme sombrero con forma de manzana.

-Vaya, esto es algo que nunca lo he visto. Es sorprendente –Bianchi no sabía a lo que se refería, quizás el pequeño notó su belleza, típico con los hombres; después de todo siendo una asesina o mujer rica nadie resistía a su encanto femenino- Nunca creí que me encontraría con una oba-san (1) mal teñida –expresó el niño con indiferencia acompañada de cierta mueca como si hubiera visto a un bicho raro.

Ante lo dicho, la susodicha frunció el ceño en cuanto escuchó esa palabra odiada por las mujeres "oba-san", estaba a punto de decir ciertos regaños para darle una lección.

De repente sintió un golpe seco en la nuca para luego caer el suelo sintiendo su campo de visión teñirse de negro completamente. Que descuidada fue.


Tsuna caminó hacia otro lugar, pero algo comenzó a tornarse extraño. El ambiente se veía completamente distinto al principio de Kokuyo, el entorno era tranquilo y sereno; no había personas tampoco el sonido de algunas aves, gatos o perros. Es más, parecía tan normal y tranquilo tanto que causaba hostilidad y tensión.

A pesar de verlo así, se sentía tan…irreal. Como decir, demasiado bueno para ser verdad, esto era muy contrario a su vida bizarra, tanto que se había acostumbrado al escándalo y ruido de cualquiera.

La pelicastaña descansó un momento, en su cabeza comenzaron a asaltar miles de dudas ¿Por qué la calle de repente estaba vacía? ¿Por qué había tanta tranquilidad?

Su tutor quien había saltado en su cabeza, se encontraba en pleno silencio. Tsuna podía suponer que él también lo había notado, después de todo, como él lo decía era el famoso asesino a sueldo.

No podía evitar sentirse estar en alguna escena de películas de terror o en algún videojuego donde quizás aparecerían enemigos siniestros y peligrosos. Por más que fuera considerada valiente por sus amigos, no podía evitar sentir algo de miedo; no podía quejarse, era humana después de todo.

-Sería mejor que nos separemos a ver si encontramos algún rastro de ellos –propuso la pelicastaña luego de haber tomado minutos para pensar.

Su tutor asintió para luego bajarse de su cabeza.

-Nuestro punto de encuentro será aquí, te veo en 5 minutos –habló el pequeño hitman para luego encaminar en el pasillo oscuro del vecindario.

Tsuna supuso que un plan de búsqueda de esa forma no resultaría, aunque…separarse tampoco era una buena idea. Después de ver varias películas o policiales, la mejor forma de investigar un hecho es estar acompañado para la seguridad no sólo del mismo sino también del acompañante; aunque si por un momento se separaran era la única manera de poder encontrar alguna pista de Yamamoto o Gokudera.

Decidida, se encaminó hacia el camino opuesto mientras viraba el horario de su reloj. Eran las 4:35 p.m. el horario que vería a su tutor sería las 4:40 p.m.

Sería mejor darse prisa y encontrar algo que la lleve a ellos.

Frente suyo se encontraba un enorme edificio, bueno, no sabía si era un edificio debido a la niebla que había aparecido de la nada le era difícil distinguir que había allí. Viendo una silueta enorme, supuso que era una construcción enorme.

Acercó más sus pasos hasta toparse un edificio abandonado y de aspecto deteriorado como si estuviera a punto de caer a pedazos en cualquier momento; los vidrios estaban de iguales condiciones algunos rotos, otros empolvados y algunos apenas podían distinguir lo que había dentro, pero viendo la destrucción en las estructuras dudaba si la electricidad aun existía en este lugar.

Se sentía extraño, tal vez así es como uno se siente cuando estás en un lugar donde no eres bienvenido o cuando sientes una presencia hostil y misteriosa.

Pero, lo que más llamó su atención fue el letrero a pesar que la pintura estaba deteriorada, las letras aun estaban bien conservadas.

"Kokuyo Land" (Kokuyo Rando, en japonés).

Aquel nombre le resultaba muy familiar para nuestra pelicastaña, cada vez que en su mente resonaba una y otra vez ese nombre pequeños flashes de recuerdos se reproducían incontables de veces, provocando que la confusión la invadiera por completo. Como cuando un fantasma invade tu ser con la intención de llenarte de miedo y temor hasta sentir sangre helada.

Tsuna se retorció un momento apoyándose contra una de las columnas del edificio para despejar un momento su cabeza y calmarse. Jadeaba con lentitud, sus manos viajaron hasta su cabeza. Mierda, sentía unos latidos que provocaban dolores insoportables.

Aun no entendía lo que le pasaba, una tremenda mierda lo que estaba ocurriendo. Miró el edificio una vez más, entrar sería peligroso pero por lo menos tenía esperanza que allí podría encontrar alguna pista que la llevara a sus amigos y vengar por lo que le hicieron a ni-san.

Sin que Tsuna se diera cuenta, en una de las ventanas del edificio se encontraba una sombra que estuvo observándola desde que pisó el territorio, una sonrisa maniática se curvó en el rostro para luego desaparecer en la mismísima oscuridad.

Esto sería divertido, completamente divertido.


Mientras tanto, una joven caminaba con suma tranquilidad por las calles luego de haber terminado de visitar a su hermano en el hospital. Se había preocupado por el estado, pero por lo menos ver a Ryohei tan energético como siempre la hizo tranquilizar lo suficiente para dejarlo descansar.

Ahora que estaba fuera de la escuela, se sintió mal en no haberle avisado a su mejor amiga Tsuna de su ausencia. Aunque, quizás Hana ya le había dicho de lo ocurrido, esperaba no haberla alarmado mucho, después de todo sabía lo sobreprotectora que era.

Se debatía si debería volver a su casa o dirigirse a la escuela a retomar la clase junto con sus amigas, según en el reloj indicaban que sólo faltaba una hora y media a que finalizara las clases.

No estaba enferma ni nada, aunque prácticamente en ir al hospital a visitarle a su hermano era una buena excusa en faltar, pero Kyoko no era así. Era una chica sobresaliente y nunca faltaba a clases.

Pero antes de retomar su camino, sintió que algo golpeaba de manera seca tras la nuca y cayó en completa oscuridad sin haber tenido la menor oportunidad de gritar por ayuda.


En el mismo instante, Haru estaba entusiasmada. Había terminado la clase más rápido de lo que había creído y finalmente podía leer un libro bastante bueno que había conseguido mientras escuchaba música. Puede que sea una combinación extraña en pasar tiempo, hay personas que pueden leer libros sin escuchar algún ruido molesto o escuchar música sin tener alguna desconcentración, pero a Haru le parecía que escuchar música mientras lees un libro era una forma única de estar ensimismada sin pensar en otra cosa.

Le hubiera gustado encontrarse con su querida Tsuna-sama, pero viendo el horario suponía que estaba en clases aún. Bueno, quizás otro día o más tarde.

De manera repentina, Haru cayó desmayada al sentir que alguien golpeaba su nuca, sin haber visto el rostro de quién era.


Reborn caminaba por los callejones oscuros en pasos lentos pero firmes de sus pequeños pies, en el camino nada había cambiado. Seguía igual de hostil y silencioso en el ambiente, pese que esto no lo alteraba debido a su larga experiencia como asesino a sueldo, algo no le agradaba y lo sentía.

Había llamado hace cinco minutos a Bianchi esperando alguna noticia que estaba en camino o que encontró una cosa, pero no fue así, no recibió ninguna llamada de ella.

Tampoco encontró pista alguna que condujera a los guardianes de Tsuna, esto no le estaba gustando para nada.

Será mejor encontrarse de inmediato con su alumna para seguir investigando. No sabía lo que estaba pensando ahora, pero esperaba que Tsuna no haya corrido la misma suerte que los otros.


Tsuna se encontraba en alerta, puede que el interior del edificio había un silencio hostil y para nada agradable, era mejor estar preparada para estas cosas después de todo era la futura jefa Vongola.

Se sentía medio estúpida en tener que aceptar que sería una jefa mafiosa, debido a las consecuencias que trajo su insistente destino. Podía suponer que lo que estaba ocurriendo ahora mismo era por esta misma razón.

Les haría saber que se han metido con la persona equivocada. Sus pasos eran precavidos, cada rincón podía haber alguna trampa que la condujera a su fin, la oscuridad era lo que estaba presenta y la luz era demasiado escasa para su visión.

Sí, esto era como la mayoría de los videojuegos o películas de terror que había visto. El problema es que en la realidad sólo hay una vida y lo que tenías que enfrentar no eran monstros o zombis sino humanos, humanos peligrosos que quizás eran peores que los verdaderos monstros.

Por lo menos, el dolor de cabeza pareció desaparecerse, aunque no completamente.

Tal parecer no había nadie en la planta baja, quizás pueda encontrar algo en el piso de arriba. Para eso, tendría que buscar la escalera que la condujera a otra planta.

Veamos, aun no había tomado ese pasillo esperaba que condujera a donde ella buscaba, desde lejos pudo divisar los escalones pero cerca de estos había un hombre o mejor dicho un anciano de 90 años, con una gorra oscura en la cabeza, anteojos redondos de marco amarillo y lo más extraño, se encontraba vestido del mismo uniforme que Reborn le había mostrado en la foto.

¿Qué es lo que tenía ese viejo? No llegaba los talones para ser un estudiante o quizás repitió la escuela como toda su vida desde la primaria.

Bueno, sea lo que sea. Anciano o no, estaba en medio de su camino.

-No tan rápido, Décima Vongola –esto la hizo poner en alerta, si sabía que pertenecía a la mafia entonces este tipo trabaja para alguien que tiene conocimientos sobre Vongola- Antes de continuar su camino tendrá que enfrentarse a mí como su oponente. Me presentaré, mi nombre es Bird

Oponente. Un anciano como 90 años llamado Bird, no me haga reír, no estoy aquí para bromas.

-Por su cara noto que me está subestimando –el rostro del anciano cambió por una sonrisa sádica, o tal vez eso era lo que pudo identificar la chica debido a las arrugas de su rostro- ¿Qué tal si pongo algo más interesante en este reto?

Esa sonrisa no le gustó para nada, puede que sea un viejo decrépito pero algo en su mente le decía que tramaba algo y no era nada bueno.

Dos brillantes pantallas apareciéndose la sacaron de sus pensamientos, levantando su vista se encontró con imágenes que la dejaron muda.

Se encontraban Kyoko y Haru encerradas en jaulas pequeñas e individuales con barrotes gruesos y algo oxidados, dentro de alguna mazmorra o sótano, no podía distinguir con claridad al notar que se encontraban en un lugar oscuro. Pero, lo que la hizo alarmar era que no estaban solas.

Cada una de las jaulas rodeaba dos personas, no, eran entes de rostros deformes vestidos de uniformes Kokuyo con garras largas que se movían con ansias de atacar lo que sea.

-Veo que conoces a estas chicas, jeje –rió maliciosamente complacido de ver el rostro dibujado de terror de la pelicastaña- Vas a tener que hacer algo a mis órdenes si no quieres que una de estas chicas salgan lastimadas, Dee Dee y Sissy conocidos como los "Gemelos Sangrientos" no son tan pacientes como los ves.

Kyoko y Haru se encontraban inconscientes aún, eso sería peor, tendrían una muerte sin siquiera despertarse. Maldito Bird, si llega a lastimarlas no lo voy a perdonar, ellas…ellas no tenían nada que ver en esto.

-Libéralas –ordenó inconscientemente.

-Ah, ah –hizo señal de negación- Seguirás mis reglas o sino ordenaré a los gemelos que las maten sin ninguna consideración.

Miró la pantalla, los gemelos seguían retorciéndose de esa manera tan bizarra que los hacían ver poco humanos, aún se encontraban fuera de la jaula así que era un cierto alivio y luego miró a ese descarado de Bird. No tenía otra opción, sería seguir sus reglas o ser testigo de un crimen atroz.

-¿Qué quieres que haga? –preguntó resignada.

El anciano sonrió pervertidamente como si tener el control era pura diversión nunca antes experimentada, le dio asco de sólo verlo.

-Primero, tendrás que herirte con algún objeto punzante –herirse a sí misma, es fácil.

Miró a mi alrededor por si encontraba ese dichoso objeto, puede parecer una locura o una barata imitación a la película de terror "Saw", por lo menos usar un trozo de vidrio roto era más decente que una cierra de carpintería.

Con el objeto punzante se hizo un ligero corte en el brazo, estaba acostumbrada en recibir heridas tanto que al lastimarse le provocaba cosquillas nada más.

-Listo, ahora libéralas –repitió, luego de lanzar el trozo de vidrio a cualquier lado que no le tomó importancia.

-Eso fue aburrido, ni siquiera haz gritado –el viejo parecía desconcertado, ¡Ja! Toma esa, puede haber algo estúpido en su juego- Usarás esto, tengo algo más bajo la manga –de pronto una espada se clavó cerca de donde se encontraba, ¿Qué mierda estaba…?

-Mátate con esto y así liberaré a tus amigas –

-¿Cómo sabré que cumplirás tu palabra? –le preguntó desconfiada.

-Tendrás que hacerlo, o sino mataré a las dos a la misma vez –con tan sólo un gesto con la mano, los gemelos abrieron las jaulas y entraban con lentitud hacia ambas chicas desmayadas- Es tu decisión Décima, es tu vida o la de ellas.

Miró la espada luego a Kyoko y Haru que estaban a punto de morir en manos de esos entes desagradables, no podía dejarlas así. No podía permitir que muriesen por su culpa.

Si no lo hacía, Ryohei nunca le perdonaría, su madre la extrañará llorando por mi suerte y los demás también lo harían, quizás hasta Reborn. No tenía otra opción.

-Espera –lo detuvo, al mismo tiempo Bird detuvo a los gemelos- Lo haré.

-Buena elección –ni le importó el halago o su gesto que lo hacía ver más asqueroso de lo que ya era.

Caminó hacia la espada y la tomó, luego de hacer un esfuerzo para desclavarla, nunca antes había tomado una espada de verdad. Era de metal, por lo cual era pesado.

-Date prisa, Décima no podré retenerlos –

Preparó el arma dispuesta a clavárselo, cerró los párpados para luego mirar por última vez a mi mejor amiga y la extraña a la que considero una recién amiga, luego recordó a mi madre, a Ryohei, a Hana, a Gokudera, a Yamamoto, a Lambo e I-pin, hasta Bianchi con Shamal y a Reborn.

Lo siento mucho todos.

Abrió los ojos dispuesta a cometer su acto con determinación, quizás, sea lo último que haga.


Reborn levantó su mirada oscura, fue por puro instinto nada más, algo le decía que debía reunirse muy pronto con su estudiante y rápido. Porque muy en fondo de su interior temía, quizás sea la primera vez, en perder a alguien y más cuando se trataba de un recién conocido como lo es Tsuna.

Aceleró los pasos, en el camino se sintió un poco molesto.

Siendo asesino a sueldo se suponía que tenía bajo control sus emociones, ocultando hasta lo más profundo de su ser bajo una fachada indiferente y seria. Pero con esa pelicastaña hacía que toda emoción saliera a flote.

Despejó su mente, no era el momento. Debía admitirlo, algo en él estaba cambiando y no sabía el porqué.

Lo único que esperaba, era poder encontrarse con Tsuna para salir de esta situación.

Dentro del edificio Kokuyo, bajo la tenebrosa penumbra del lugar que parecía ser un teatro yacía una figura imponente sentado en el polvoriento sofá.

A pesar de estar en las sombras, se podía observar una sonrisa más un brillo espeluznante y siniestro en su ojo derecho con un inusual color carmesí con el número 6 en kanji grabado.

-Que comience el juego –susurró mientras esperaba el momento adecuado para el gran número final del show.

Continuará…


N/A: Espero q les haya gustado el cap, siento mucho la tardanza lo q pasa es que no tengo internet en mi casa y lo subo desde el ciber.

Nos vemos

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