··Unlimited Sky··

Summary: ¿Qué hubiera pasado si Tsuna hubiera nacido como chica? ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido diferente al Dame Tsuna que todos nosotros conocemos? ¿Alguien con más seguridad? ¿Cómo habría sido su vida? Si tienen curiosidades sobre esto, entonces esta historia es para ustedes. Fem 27.

Aún no hay emparejamientos pero ya lo verán.

Disclaimer: KHR! No me pertenece, es obra de Akira Amano-san.

-pensamiento-

-Narración-

(1) Indicaciones del diccionario


Capítulo 15: el cielo y la niebla

La niña se divertía jugando y subiendo a diferentes juegos con sus padres, aunque no podía ignorar aquel chico de cabello azul y extraño peinado asemejado al de una piña.

Miró entre la multitud para encontrarlo, sin embargo, ya no estaba ahí.

Sentía curiosidad de él y quería verlo.

Se detuvo un momento, ¿dónde podría estar y donde podía encontrarlo de entre tanta multitud?

Terminado el juego en el que acaba de subir, desde lejos sus ojos divisaron una mata de pelo azul entrar en la casa de los espejos. Sintiendo toda seguridad que se trataba del mismo chico, decidió seguirlo sin importar a su madre llamarla tras sus espaldas.

-Tsu-chan! ¿A dónde vas? –

Ignoró el llamado así también la voz de su progenitor.

Quería saber acerca de ese extraño niño de cabello azul y peinado de piña.


El chico preparaba su arma para poseer el cuerpo de aquella muchacha, quien pertenecía al mundo que tanto aborrecía desde pequeño, casi estaba saboreando el momento para cumplir con su objetivo principal que lo llevó a este camino de venganza y odio: destruir completamente la mafia mediante la Tercera Guerra Mundial.

Cada paso que daba sentía su corazón acelerar en una adrenalina pura, muy pronto en este mismo instante el cuerpo de la Décima Vongola seria suyo.

Tsuna, en cambio, se encontraba postrada en el suelo sin mostrar señales de conciencia, su mente estaba apartada de la realidad sin saber que era presa fácil de la ambición de un vengador y que estaba a punto de cumplir con una de sus metas. Sin embargo, su tutor hitman no estaba en las mismas condiciones mejor dicho nunca había caído en unos de los trucos del líder Kokuyo, esperaba el momento exacto para atacarlo sorpresivamente y defender todo lo posible a su alumna.

Lo único que rezaba era que Tsuna se despertara de una vez.

-Date prisa, Dame-Tsuna –pensó el bebé trajeado para sí.


El peliplata seguía sin moverse, demonios tenía que pasar esto. Se miró, no estaba en condiciones para luchar además que su compañero idiota seguía desmayado.

Suspiró, le quedaba algunas municiones y por ahora tenía que trazar algún plan. Uno, sería escapar lo antes posible pero viendo que sus obstáculos eran sus heridas y su compañero desmayado no había chance y dos, enfrentarse a ellos él solo.

Observando un repentino ataque de parte del chico de apariencia salvaje que pudo esquivarlo con dificultad, hizo que eligiera la segunda opción. El otro acompañante con anteojos y un gorro que le quedaba absolutamente ridículo, según la opinión de Gokudera, lanzó un par de yo-yos al aire; al principio no había entendido la intención, hasta que pudo notar agujas clavadas en el suelo.

Se dio cuenta que las armas del anteojudo eran agujas que liberaban sus yo-yos rojos, procesó un momento para recordarlo, deben ser las mismas que se clavaron en el brazo del idiota del beisbol.

Esquivó otro ataque del rubio salvaje que dirigía a su persona, el peliplata se detuvo para pensar por un segundo.

Las municiones eran muy pocas, ¿debería usar para atacar? ¿o reservarlas para ayudar a su querida jefa?

Porque estar esquivando no serviría nada para deshacerse de estos malditos insectos, gruñó molesto. Odiaba cuando tenía que tomar decisiones difíciles como estas, ¿era la vida de su compañero y la suya o la de su jefa?

Los atacantes se prepararon para más.

Gokudera se mordió el labio con frustración.

Era hora de prepararse también.


La pequeña niña recorría diferentes rincones del parque para encontrar a ese niño que tanto llamó su atención, pero era difícil llevar a cabo su búsqueda.

Había tantas personas a su alrededor y mucho ruido, que no la permitían concentrarse. Cayó en cuenta de algo, sus ojos se enfocaron a su alrededor al recordar a sus padres, no podía verlos.

Se perdió.

No lo podía creer, se sentía tonta por haber sido tan descuidada ahora quien sabe donde estaban sus progenitores. Tal vez, tardarían en encontrarla debido que el parque estaba muy habitado.

Girando su mirada para aliviarse de encontrar, tal vez uno de los rostros de sus padres, sus ojos pudieron captar a una cabellera azul adentrándose en un edificio pequeño que decía el letrero "casa de los espejos".

Sin dudarlo lo siguió.


Tsuna sentía que estaba cayendo a un hueco vacío y negro.

Era tan profundo. Tan oscuro. Tan silencioso.

Y tan solitario.

No entendía lo que estaba pasando, hace rato estuvo siguiendo a su tutor bebé y ahora se encontraba cayendo dentro de un precipicio que no tenía fin.

No podía ver otra cosa que no fuera las sombras que cubrían el abismo.

¿Qué era esto? ¿Por qué la oscuridad siempre la acosaba?

Por primera vez, no tenía miedo.

Porque sentía que muy pronto, esta pesadilla estaba por terminar.


-Vaya, Vaya… estoy sorprendido de ti –pausó- Arcobaleno –levantó el rostro revelando al peliazul con una cortada en una de sus mejillas.

Reborn tenía preparado su arma de fuego, le había disparado unos segundos antes de que ese maldito se atreviera a poner un dedo encima de su estudiante. La miró unos minutos, al parecer Tsuna tardaría en recuperar la conciencia o tal vez, cayó en una ilusión en la que le será difícil de despertar.

Chasqueó la lengua con molestia, León estaba sufriendo cambios en estos días y tuvo un pequeño esfuerzo en convertirse en su pistola. Debería usar el último recurso en proteger a Tsuna y esperar a que se despierte para así rescatar a los demás.

Sin pronunciar otras palabras disparó contra al chico que lo identificó como ilusionista, quien evadía cada ataque sin el menor esfuerzo intentaba acercarse todo lo posible hacia la inconsciente Vongola pero el sicario le estaba dando dificultad para cumplirlo.

Cada movimiento que hacía, los disparos se amplificaban para impedir algún paso en falso y cada vez se estaba poniéndose dificultoso en evadirlo.

Sonrió, tomando su arma contundente en sus manos y lo lanzó en picada hacia Reborn, quien había evadido pero viendo que la sonrisa del ilusionista se había ampliado malévolamente se dio cuenta de algo.

La punta del tridente no venía hacia él sino apuntaba a…

-¡Tsuna! –gritó pero era demasiado tarde como para impedirlo ahora mismo, el arma ya estaba a escasos centímetros de ella.

En un instante, el movimiento del arma fue detenido cuando una mano lo tomó. Los presentes se quedaron sorprendidos, uno entre asombrado y otro muy desconcertado.

La pelicastaña se había levantado del suelo aun sosteniendo el arma ajena entre sus dedos.

-Eso estuvo cerca –pronunció para después tirarla hacia algún rincón que no le tomó ni la menor importancia.

-Estás despierta, pero como… -comentó el ilusionista con desconcierto.

-Deberías no dejarte engañar por las apariencias –se levantó con cierta dificultad, no le fue fácil descubrir que todo era un simple engaño esa ilusión le dejó un poco exhausta- Así que tu eres el responsable de estos trucos ridículos.

El muchacho recuperó su compostura para sonreír divertidamente.

-Así es, Vongola-chan –

La susodicha cambió su porte a una mirada llena de furia. Nunca vio un personaje de aspecto tan único que se preguntaba si era japonés o no, era un chico alto calculaba que era unos meses mayor que ella, tenía piel pálido pero de tono saludable, su cabello es azul añil con un gracioso peinado de piña y sus ojos eran bicolor, el del izquierdo era tono igual que el de su cabello y el derecho era rojo carmesí con un kanji escrito "seis".

Un momento, ese peinado…

-Dime, tú eres el que secuestro a Gokudera y Yamamoto así también Kyoko-chan y Haru. Responde –preguntó con dureza olvidándose de su asombro, estaba dispuesta a darle merecido a este tipo por meterse con sus amigos.

-Bastante astuta para ser una simple muchacha que despierta de mis ilusiones –

-¿Quién eres? ¿y qué quieres de mí? –

-Lo siento, qué descortés de mi parte –habló en tono dolidamente fingido- Mi nombre es Mukuro Rokudo, maestro de las ilusiones.

-Mukuro… -pronunció Tsuna entre susurros, sentía que ese nombre no era la primera vez que lo escuchaba, juraba que lo había oído en alguna parte, pero no recordaba mucho.

-Mukuro Rokudo, el peligroso criminal en el mundo de la mafia –habló Reborn, según lo que escuchó en alguna parte.

-Criminal? –

-Se escapó de la prisión y ha aniquilado a numerosas famiglias de una manera cruel y sanguinaria incluyendo la suya, Estraneo –

La pelicastaña lo miró en shock, nunca había oído hablar de alguien así. Una persona que no tuviese consideración alguna así tampoco restarle importancia si mataba a un ser vivo, después de notar que capturaron a Kyoko y Haru llegó a una conclusión que este personaje, Mukuro se trataba de alguien de un alto nivel de peligro, a pesar que sea un chico de su misma edad.

-Kufufu, no me juzguen injustamente. Acabé con ellos porque estos me convirtieron en un monstro, si ellos fueron así conmigo me he dado cuenta que la mayoría de la mafia es así –pausó para sonreír siniestramente- Mi deseo es erradicarlos y aniquilar completamente la mafia, el mundo podrido y oscuro del que tanto odio. Y para cumplirlo, poseeré el cuerpo de la Décima Vongola.

La chica lo miró con desconcierto y con cierto temor.

-¿A qué te refieres con poseer mi cuerpo? –

-Pues esto… -el ilusionista se lanzó al ataque, en su mano apareció la misma arma pero esta vez, con forma de tridente. La chica evadía el ataque, eso no detuvo a Mukuro quien siguió enviando ataques seguidos cortando el aire, aunque para la pelicastaña no le bastaba esquivar porque sabía que tarde o temprano gastaría toda su energía hasta dejarla más exhausta de lo normal y no podrá contra ese sujeto.

Cuando corrió lejos, se detuvo un momento para pensar, esquivar no bastaba, necesitaba idear un plan para estar en las mismas condiciones. El único problema es que no tenía arma alguna, salvo tenía conocimientos en lucha física como defensa personal, pero al ver que su oponente luchaba con arma necesitaba una.

Nunca usó un arma que no fuera el shinai que había utilizado contra Mochida, chasqueó molesta eso no contaba. La única solución podría ser que su tutor le disparara la Bala de Última Voluntad, cayó en cuenta inmediatamente que eso era peligroso por más que le haya disparado en varias ocasiones; la bala funcionaba en momentos inesperados y más cuando uno no lo deseaba porque si ahora quería que le diera con un gatillo eso la mataría, según lo explicado por su tutor.

Demonios.

-Reborn! –llamó mientras seguía evadiendo el ataque- No tienes algo con que ayudarme –gritó.

El susodicho le disparaba al Rokudo con tal que no se acercara a su alumna, miró su arma un momento, León ya casi estaba en sus límites y se preguntaba cuanto tiempo tardaría para que "eso" sucediera; Tsuna estaba en serios aprietos y sabía lo que estaba pensando ahora mismo. No tenía otra arma para prestarle y usar la Bala de Última Voluntad no era opción.

Necesitaba tiempo, si su estudiante todavía podía aguantar pues que resista hasta recibir esa oportunidad.

El peliazul detuvo su ataque, dejando que los presentes lo miraran de manera expectativa, tomando su tridente golpeó el suelo provocando que la gravedad desapareciera de la nada y restos de suelos destruidos flotaran en el aire junto con Reborn y Tsuna.

La joven estaba asombrada, pero luego cerró los ojos con fuerza y toda la imagen que había visto en un instante fueron desapareciéndose de golpe. La chica cayó un poco cansada usando ambos brazos para sostenerse.

Mukuro la miró, sus ojos bicolores la estudiaron un segundo. Nunca había conocido a un ser humano que fuera capaz de aguantar sus ilusiones y más en romper con su poder, era alguien muy…interesante. Aunque una parte de él, decía que la conoció en alguna parte.

No tenía aspecto de niña, parecía una chica en desarrollo de etapa adolescente. Se veía fuerte, su mirada determinada le llamó la atención desde que dedicó a espiarla, sus ojos eran profundos y fuertes, maduros y serios dignos de un jefe de la mafia, pero había algo más en sus ojos que lo inquietaba.

Al saber que sería líder de una de las organizaciones poderosas de la mafia le hizo sacar de su ensoñación, se sentía extrañadamente decepcionado de tener que acabar a alguien que sobrepasaba sus expectativas de entre el nido de ratas.

La pelicastaña lo miró detenidamente, había algo extraño en el tipo lo que acaba de hacer parecía obra de un acto sobrenatural, no era como los trucos que realizaban los magos de los teatros. Era algo más, un temible y oscuro poder provenía en su interior, lo sentía claramente en un aura invisible pero amenazador.

Rokudo llevó su mano a su rostro, su ojo derecho color rojo parpadeó cambiando el kanji 6 por 3, Tsuna se puso en alerta así que el poder de ese venía de su ojo.

De repente, la pelicastaña se vio rodeada por numerosas serpientes de diferentes tamaños y razas con aspectos amenazadores mediante sus miradas hambrientas y sus colmillos afilados.

Esta vez, Reborn se preguntaba si era obra de una ilusión como el anterior. Una de las serpientes mordió a su estudiante, quien emitió un quejido de dolor entonces comprobó que eran reales.

La chica se arrancó el reptil de su brazo y la mató en un pisoteo, se alejó todo lo posible del grupo de serpientes. Mierda, había tantas que le dio asco verlas, nunca le había gustado animales peligrosos y menos las que estaban a punto de atacarla.

Llevó otra mano a su brazo herido, esperaba que no fuera venenosa. Se maldijo por su descuido, por lo menos comprobó que eran reales.

Maldita sea, por qué su tutor se tardaba en darle algo que le pudiera servir si esto seguía así la batalla concluiría un solo ganador y no sería ella.


El peliplata estaba mal herido, su respiración era dificultosa y acelerada a la vez, apenas podía estar de pie sino fueran las agujas que se clavaron en su muslo izquierdo.

Dolía, al menos pudo herir a sus oponentes usando la combinación de dinamitas grandes como distracción mientras las pequeñas explotaron antes que se dieran cuenta de su truco, estaban en el mismo estado que él pero parecía que los incitaba en seguir con la lucha.

Sentía dolor en su pecho, el estudiante de aspecto salvaje había clavado las uñas. La herida era superficial, trató de ignorar el cansancio y el mareo que lo estaba acosando ahora mismo; su jefa lo necesitaba, tenía que ser fuerte por ella si quería salir de aquí y acudir al rescate.

El humo ocasionado por sus armas de pirotecnia tardaba en despejarse, se puso en alerta por si algo extraño estaba por suceder.

El sonido del aire cortarse le hizo entrever un yo-yo correr a toda velocidad hacia su persona, dio un salto para esquivarlo, fue un error del peliplata, ya que detrás suyo apareció el estudiante rubio salvaje que dio una fuerte embestida que lo hizo chocar violentamente contra la pared.

Dio un quejido, no había tenido tiempo para esquivarlo.

Los tipos prepararon sus armas para dar un golpe final, el yo-yo se movía de manera amenazadora mientras el otro sonreía socarronamente, divertido de ver a la presa a punto de perder fatalmente.

Se sentía adolorido y muy cansado.

Esto era el final.

Decepcionó a la Décima y a la famiglia.

Cerró los ojos, esperando el golpe.


El ataque no había llegado, tras notar a todas las serpientes tendidas en el suelo completamente muertas supo quien había sido. Su tutor estaba delante suyo, aunque no la mirara podía suponer que emitía un aura amenazadora y protectora, eso la hizo sentir aliviada.

-Antes que la toques, tendrás que pasarte por mi cadáver, Rokudo Mukuro –pronunció el sicario en tono severo y atemorizante con su arma preparada.

-Kufufu, oya oya arcobaleno protegiendo algo que estás a punto de perder –rió el peliazul sarcásticamente.

-Reborn –fue lo único que la chica pudo pronunciar.

-Tsuna –llamó sin usar el tono severo que usó contra el Rokudo- Descansa un poco, yo te cubriré todo lo posible –lo miró extrañado aun sí le daba la espalda- Te tengo preparado algo para ti, tan sólo… aguarda un momento –al girar el rostro, la mirada oscura de su tutor la dejó sin palabras, no había una manera de describirlo pero esos ojos le decían la verdad y le entregaba todo el apoyo posible que necesitaba.

Sin decir más, el hitman disparó lanzando infinitas balas en una lluvia de ataques mortales hacia el criminal, quien evadía cada ataque nuevamente con alguna dificultad, no había una apertura ni siquiera un espacio para dirigirse hacia su objetivo. Definitivamente el arcobaleno estaba dejando que las cosas se tornaran difíciles para él.

Mukuro se preguntaba si usaría su poder contra el sicario, después de todo es un rival absolutamente indomable, usar sus poderes ilusorios sería un juego de niños y un gasto de energía. Tendría que aguardar para usarlo contra Vongola, si quería derrotarla para así obtener de una buena vez, su cuerpo.

La chica observó la pelea en silencio, no podía creer que su tutor, la persona sádica que tenía un descarado gusto en hacerla sufrir de verdad estuviera preocupado por ella encima estaba dispuesto en luchar con tal que su energía estuviera recuperada el 100%.

No podía estar halagada tampoco disgustada por su orgullo roto, ayuda es ayuda. No quería quedarse sentada con los brazos cruzados sin hacer nada, comenzaba a pensar en sus amigos, suponer lo que les estaba sucediendo no era su temor. Sino, no saberlo.

Se sentía molesta e inútil, era extraño siempre estuvo dispuesta ante todo, esa facultad la incitó en seguir adelante y querer llegar lo más lejos que podía aún si no tenía sueños o cuál sería su destino, eso fue antes de que Reborn se le apareciera en su vida.

Fue un golpe inesperado, que en verdad su destino es ser jefa de una organización famosa de Italia. Fue desconcertante e injusto por el entrenamiento que le obligaba su tutor para convertirla en una digna cabeza, ahora comenzó a acostumbrarse de a poco y luego aceptar ese hecho.

Miró la pelea una vez más, su tutor ahora estaba luchando contra un enemigo sumamente diferente a las demás expectativas y completamente distinto a los que se ha enfrentado. Cerró sus puños y sus ojos con exasperación, ¿hasta aquí llegaba su fuerza? ¿su determinación es tan patética que dependía de los demás?

¿Hasta aquí llegaba su límite?

Reborn tenía acorralado al peliazul, preparando su camaleón convertido en pistola le daba su conclusión. Esta vez no se escaparía, jalando el gatillo la bala fue expulsada del arma del fuego para viajar a toda velocidad hacia su objetivo.

No estaba seguro si lograría matarlo, pero por lo menos lo heriría.

Sin embargo, la imagen del Rokudo del que había creído real sonrió con malicia antes de desaparecer como niebla.

El hitman maldijo.

Fue engañado.

-¡Tsuna! –gritó tras caer en cuenta que estuvo luchando contra una ilusión y que el verdadero se dirigía a toda velocidad hacia la susodicha, era demasiado tarde para protegerla de las garras del ilusionista.


Entrando en el edificio la hacía sentir mucho más perdida, dentro del mismo no había nada que reflejos infinitos de una pequeña pelicastaña vestida de remera amarilla y falda rosa con sandalias blancas calzando sus pequeños pies.

El haz de luz con el contraste de las sombras tampoco ayudaba, todos estos reflejos confundían con sus sentidos y se sentía incapaz de encontrar por lo menos la salida.

Tap. Tap. Tap.

De repente oyó pasos resonar el lugar, sabía que no era el suyo ya que estaba completamente quieta desde que entró. Los pasos eran lentos y pausados, eran suficientes para guiarla sin pensar más continuó su camino.

Era difícil saber cuales eran las paredes que separaban, aun así aquellos sonidos la alentaban a seguir.

Para su confusión el sonido desapareció, se detuvo.

¿Qué había pasado?

Miró a su alrededor, sabiendo que seguía siendo inútil. No había otra cosa que su reflejo en miles o infinitas cantidades de espejos, estaba más perdida que nunca no quería llegar a una conclusión que jamás encontraría la salida y que sus padres jamás la encontrarán.

Esto era como los cuentos que leía de Alicia en el País de las Maravillas, la chica que se había perdido en el bosque por haberle seguido a un conejo blanco que decía "llegaré tarde" y se había caído en el hoyo que la transportó a otro mundo, un mundo extraño y mágico.

Aunque Tsuna sabía que era cuento nada más, ella no era Alicia tampoco vio algún conejo por aquí, aunque la casa de los espejos no era nada más que un laberinto que atrapaba a los curiosos y solo tenía salida para los más listos, los que ignoraban esta "ilusión".

Siguió mirando el entorno, trató de ignorar sus reflejos porque sabía bien que eran todos un engaño por lo menos tenía que encontrar la puerta, en los espejos instantáneamente pasó a lo lejos de ella una mancha azul.

La mancha no se detuvo, siguió su camino hasta desaparecerse en el enorme haz de luz que indicaba algo para la chica.

Juraba que se trataba de un color de cabello de alguien, no era nada más que el chico que había visto desde que entró en la feria.

Volteando su rostro, se fijó a donde el niño había desaparecido. Ahí estaba ese haz, significaba que es la puerta de salida, sonrió para sus adentros, esperaba poder encontrarse con él.


Gokudera se sintió desconcertado y a la vez aliviado. El golpe que se supone que dirigía hacia él no había llegado, abrió los ojos curioso de lo que acaba de suceder.

Pudo notar un cuerpo alto y masculino cubriéndolo, con los brazos seguros sosteniendo una katana afilada. A unos metros, se encontraban sus rivales dando unos quejidos de dolor en las zonas afectadas por aquella arma samurái.

Conocía bien lo que sucedió unos instantes.

-Siento haberte hecho todo el trabajo, Gokudera –no volteó el moreno pero el peliplata comenzaba a imaginarse que estaba sonriendo ahora mismo, para su irritación.

-Yakyuu-baka –expresó con un deje de sorpresa y desconcierto- Sí, casi me matan por tu culpa –esta vez lo había dicho con intento de calmarse, no era el momento de las peleas verbales de lo que acostumbraba mostrar. Levantándose del suelo, se limpió los rastros de sangre de su rostro.

-Puedes continuar –preguntó de repente.

-Claro que sí, haré esto por la Décima además me lo deberás luego –respondió preparando sus armas secundarias, aún tenías unos ases bajo la manga.

Sus oponentes se prepararon, por más heridas que recibieran, graves o no, estarían dispuestos a cumplir con las órdenes de su líder y lo harían hasta la muerte.

Sin dudarlo se lanzaron hacia ambos chicos.

-Aquí vamos, Gokudera –preparó su katana para el ataque.

-No necesitas avisármelo –expresó sintiendo cierta energía renovada.


Quería vengar por lo que le hicieron a su casi hermano mayor.

Quería vengar por el intento de lastimar a Haru y a su mejor amiga, Kyoko.

Quería vengar por el secuestro de sus amigos.

Si tan sólo pudiera ser lo suficientemente capaz…de llegar más allá de sus límites.

Bang!

Mukuro con su tridente alzado embistió directamente hacia la pelicastaña en un cortante y mortal ataque, su sonrisa sádica fue reemplazada a una mueca de desconcierto.

-No me subestimes –expresó levantando el rostro, mirándolo de manera amenazante mientras sus manos aprisionaban con fuerza aquel arma contundente.

El peliazul miró sus ojos nuevamente, nunca antes había conocido una persona que desafiara su poder y sus expectativas, era completamente diferente a las personas que ha capturado (refiriéndose a Gokudera y Yamamoto). Aunque los sentimientos de interés que albergaba en su mente fueron reemplazándose a una extraña sensación de familiaridad y nostalgia, no lo entendía.

En un instante, la oscuridad que reinaba el salón fue cedida por un poderoso y brillante haz de luz provocando que los presentes dejaran un momento la pelea y observaran en donde provenía aquel fenómeno.

Tsuna miró por el techo, al principio no pudo distinguir nada por lo cegador que era aquella luz blanca hasta que finalmente se dio cuenta que aquella extraña masa verde con ojos no era nada más que…

-León –expresó perpleja, miró a su hitman quien se encontraba sonriendo por el resultado- Reborn?

-Finalmente ha llegado la hora, Tsuna ve y recibe lo que León te va entregar –

La aludida aprovechándose de la distracción del Rokudo, se dirigió hacia la mascota de su tutor en cuánto éste expulsó objetos brillantes por su boca.

Miró con cierto desconcierto e incredulidad lo que tenía entre sus manos.

-Estos son… guantes de estambre –exclamó con irritabilidad, no estaban hablando en serio- ¿Qué me servirán estas cosas?

-No sólo son eso, Dame-Tsuna –el hitman sonriendo mostró que entre sus dedos estaba una extraña bala, que a diferencia de las balas de Última Voluntad que usó con ella, era una dorada con dibujo de una llama- Esta bala será la muestra de tu verdadero poder, el poder de un Jefe Vongola.

-Eso no te lo permitiré –expresó el Rokudo apareciendo en una cortina de niebla detrás de la pelicastaña, quien apenas pudo reaccionar en encararlo.

En un parpadeo, ya fue impactada violentamente contra la pared.

-Fue fácil –pronunció mientras encaminaba hacia donde la chica fue impactada.

-No estés tan seguro –comentó Reborn con el arma apuntando.

Mukuro antes que pudiera pronunciar lo contrario, esquivó un extraño ataque que venía directamente hacia su persona. Hizo una mueca de perplejidad, fue muy rápido pero pudo ver que fue una llama color naranja.

Miró la pared destrozada, una vez que la cortina de humo fue despejada lo suficiente para visualizar la figura de una pelicastaña con la cabeza gacha y una flamante llama naranja prendida en su frente.

-Con esto… -elevando su rostro, dio una mirada llena de determinación bajo sus orbes teñidos de un cálido y poderoso color naranja como la misma llama de su frente, eran tan hermosas que se asemejaban al ópalo de fuego dejando al Rokudo hipnotizado por esa atrayente calidez, por ahora- Concluirá tu derrota, Mukuro Rokudo.

Continuará…


N/A: Hai, minna! Finalmente he logrado terminar con el cap 15, siento mucho por haberme tardado. Para la próxima pondré mis mejores empeños en mis otros fic's.

Destraik Matsumoto: siento mucho por la tardanza, para serte sincera estoy atendiendo problemas familiares y mis estudios, que por ahora lo deje un momento, es por esa razón que no me dio tiempo para seguir escribiendo. Lamento el retraso de verdad, además me enerva mucho cuando la compu del ciber se traba, ese es otra de mis razones. Gracias por incitarme a continuar el fic, por más que me cueste en imaginarme el siguiente cap lo intentaré para continuar publicando y hacerte feliz.

Tsukuyomi Uchiha: me alegro que pienses así, adoro como me había quedado el cap anterior. Esta vez, intentaré todo lo posible en publicar cap's más largos. Por si no lo sabías, me encanta el suspenso tanto en los animés o películas como en las novelas y mangas. Por si lo quieres puedo poner escenas gore (al menos eso lo puedo intentar jeje ^^).

Sumireko: muchas gracias por tus comentarios, me alegro que te guste mi versión de fem27. Es única y completamente distinta a otras fem27 que he leído, quise ponerle originalidad a la historia.

Albii-chan: sí, la pista que te puedo dar es que Tsuna si conoció a Mukuro-kun. Muy pronto te enterarás en los siguientes cap's.

Nos vemos en el siguiente capítulo!

Underword XD!