··Unlimited Sky··

Summary: ¿Qué hubiera pasado si Tsuna hubiera nacido como chica? ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido diferente al Dame Tsuna que todos nosotros conocemos? ¿Alguien con más seguridad? ¿Cómo habría sido su vida? Si tienen curiosidades sobre esto, entonces esta historia es para ustedes. Fem 27.

Aún no hay emparejamientos pero ya lo verán.

Disclaimer: KHR! No me pertenece, es obra de Akira Amano-san.

-pensamiento-

-Narración-

(1) Indicaciones del diccionario


Capítulo 16: Al filo del límite

Miró a su alrededor, asegurándose que había tomado el camino correcto en cuanto siguió al chico de cabellos azulados fuera del laberinto de espejos. La mezcla de sonidos creados por las personas no ayudaba con su búsqueda, había muchos ruidos por doquier tanta cantidad que creaba ciertos mareos si no se centraba en su meta.

La explosión de colores y movimientos solo causaban más mareos, su cabeza estaba dando vueltas y vueltas. Seguían igual, más ruidos, más personas moviéndose en una ola sin rumbo y más colores sumergiéndose en la vista.

Esto no estaba bien, quería que se callaran. Quería que todo esto se esfumara de una vez por todas.

De repente, todo pareció haberse cesado con sólo pedirlo.

Es más, no escuchaba ni un murmullo de las voces excepto una caricia de una brisa.

Brisa…

Era extraño poder escuchar algo melódico y suave en un lugar ruidoso y habitable como el parque.

Pero no vio ni un parque, parecía que todas las personas, los juegos y el mismo ambiente en que recientemente se encontraba, habían desaparecido completamente. Como la arena arrastrada por el viento sin destino marcado.

No sabía cómo pasó, no estaba segura si esto era real. Pero no pudo evitar sentir cierta… paz y quietud.

Toda la confusión pareció ser reemplazada por un ambiente pacífico, había pastizales verdosos meciéndose por la brisa, enormes árboles que otorgaban deliciosas sombras, el cielo era una extensión azul acompañado de un energético sol brillando con toda su apasionada luz y el delicioso perfume de diversas flores daba bienvenida al hermoso paisaje encontrado.

Tsuna parpadeó confundida, por más que quería dejarse llevar ante algo tan bellísimo como esto no tenía idea de cómo había llegado aquí de repente y sobre todo, que pasó con el parque, las personas, los juegos y… sus padres.

-¿Me buscabas? –una voz profunda la sobresaltó, tanto que la hizo girar al notar que aquella voz estaba cerca, justo tras su espalda.

Ahí lo vio.

El mismo niño que parecía un poco mayor que ella, sólo unos meses más o menos, cabello añil con peinado gracioso que asemejaba a la piña, enigmáticos ojos bicolor, uno era azulado como su cabello y otro era… rojo con un extraño símbolo escrito en el.

A pesar de su extraño aspecto, Tsuna sentía cierta fascinación y curiosidad, podía jurar que esas sensaciones crecieron aún más al verlo más de cerca.

-¿Cómo te llamas? –preguntó con cierta timidez.

El chico sólo la miró nada más, haciendo un gesto con la cabeza sin siquiera haber separado sus labios para responder.

Aun así decidió seguir hablándole.

-Me llamo Tsuna ¿y tú? –le sonrió levemente.

Hubo momentos de silencio para un instante.

-Mukuro -


Tsuna se lanzó para un ataque directo preparando un movimiento ofensivo con sus guantes nuevos llameando flamas naranjadas. Mukuro en parte lo esquivó usando su tridente, seguido de lanzar una ofensiva oscilando el filo de su arma en el aire.

La pelicastaña saltó lejos evadiéndolo y a la vez lanzando golpe tras golpe, siendo esquivados a la vez movimiento cortante ocasionado por el filo de parte del arma de Rokudo.

La pelicastaña se detuvo un momento para analizarlo a una prudente distancia, nunca se había sentido así, las extrañas llamas anaranjadas emanando de su cuerpo le daba una sensación completamente distinta comparado cuando estaba en modo Última Voluntad. La calidez de las llamas se transmitía en su interior, dándole un extraño hormigueo con un nuevo abrigo de determinación y resolución corriendo por sus venas.

Este poder, le hacía sentir mucho más segura que nunca y mucho más dispuesta a derrotar a su oponente con todo su poder.

Mukuro también había notado del drástico cambio de aquella chica, las llamas anaranjadas emanando en sus manos y en su cabeza mostraban esa calidez tan extraña y atrayente al igual que sus ojos teñidos en mismo color. Podía sentir una poderosa cantidad de determinación alimentando su ser completamente, tanto que podría rivalizar a su poder oscuro de los 6 caminos.

En lugar de desconcertarse, sonrió para sí. Esto sería mucho más divertido.

Tsuna enarcó la ceja extrañada ante el pensamiento del Rokudo. Pero no se dejó bajar la guardia, suponiendo que ese sujeto tendría algún haz bajo la manga y con eso, se refería a su sospechoso ojo rojo. Luego de aquella demostración que había hecho con ese ojo, Tsuna supo que no era una persona común y ordinaria.

Tendría que vencerlo de alguna forma, el plan que tenía en mente era derrotarlo o por lo menos golpearlo si lo tomaba por sorpresa. Aunque era difícil, siendo una clase de ilusionista no se dejaría atrapar con facilidad.

Desde su posición se preparó poniéndose de cuclillas, a una velocidad instantánea asemejada al de un relámpago estaba al frente de Mukuro, con su pierna alzada giró para atinarle una mortal patada directamente a su cabeza.

Para su desconcierto, la presencia del ilusionista desapareció en finos trazos de niebla oscura.

-Tsk –chasqueó con la lengua molesta, pero era sabido que se trataba de una ilusión debió haberlo preparado cuando ella se detuvo unos segundos para analizarlo- Vaya astuto, parecido a una rata escurridiza –pensó para sí- Donde se esconde esta vez –

Se tensó al sentir una presencia invisiblemente aterrador acechando tras su espalda, con su veloz instinto evadió un ataque directo del peliazul que había descendido del techo.

Miró el nuevo aspecto del muchacho, su aura se había tornado mucho más siniestro que lo anterior y se notaba más por una energía oscura rodeando completamente su ser además que su ojo derecho el número 6 fue reemplazado por un 4.

Mukuro decidió recurrir a uno de sus poderes de los 6 caminos, aquella patada que estaba a punto de recibir hace unos segundos fue un ataque repentino y mortal si se hubiera dejado golpear. Admitió que fue inesperado la nueva velocidad que adquirió la pelicastaña, era una persona digna de ser notada por enemigos más grandes incluyéndolo, subestimarla o menospreciarla sería un error mayor de cualquiera.

Eligió el reino de los demonios, el reino 4 de su ojo derecho. Esta vez, él dio el primer paso usando unas enormes rocas enviándolas a la pelicastaña, quien evitó el impacto usando sus puños llameantes para destruirlas.

Pero, le tomó por sorpresa al ver a Rokudo frente suyo, su rostro casi tocando al suyo. No pudo evitar sentir su cálido aliento acariciando su rostro, la sensación extraña desapareció en cuanto su oponente cortó con su arma en el aire.

La muchacha, quien apenas pudo esquivarla recibió un corte pequeño en su piel pero lo ignoró de momento, y decidió continuar con la lucha dando un combo de golpes y patadas aprendidas en el boxeo.

Mukuro decidió cambiar el reino 4 al primero, a una distancia aparecieron columnas de fuego que casi tocaron a la décima en cuánto ésta estaba a punto de golpearlo.

A unos centímetros lejos de las mortales columnas de fuego, miró la habilidad con cierta admiración y desconcierto.

-Con eso no me derrotarás –de nuevo cargó sus llamas en sus manos creando una especie de propulsor que la permitieron volar en el aire esquivando cada movimiento ofensivo de las columnas que surgían del suelo.

Mukuro abrió los ojos par a par totalmente sorprendido de aquel movimiento.

Sin oportunidad de preparar un nuevo ataque, fue golpeado violentamente por un puño duro cargado con las llamas naranjas que lo dejó algo paralizado.

Tsuna no iba dejar ni un segundo para que su oponente contraatacara, con toda fuerza y determinación lanzó varios combos de combate cerrado hacia el cuerpo del ilusionista.

Golpe, golpe, patada, patada por todo su cuerpo y finalmente, dio un golpe mucho más fuerte que los anteriores en su pecho provocando que cayera arrastrándose por el suelo.

Mukuro jadeó adolorido, su cuerpo parecía que apenas respondía a sus sentidos.

-Aunque seas alguien de un poder asombroso y temible, no serás capaz de derrotarme para poseer mi cuerpo si estás en esas condiciones –comentó Tsuna dirigiéndose a pasos lentos y amenazadores al paralizado Mukuro- Te he golpeado en tus puntos vitales, lo suficiente para que no puedas moverte.

Lo tomó por el cuello de su camiseta y lo alzó a su altura para encararlo.

Mukuro admiró por el momento, la furia y el ardor que escurría en los ojos anaranjados de la chica.

-Se ha terminado, Rokudo –

El chico no habló pero sonrió a pesar de sentir dolor por todo su cuerpo y su rostro.

-Kufufufu, yo no estaría tan seguro si fuera tú –

-¿Por qué lo estaría? –preguntó siseando de rabia.

Antes que pudiera pronunciar palabra, recibió un agudo dolor tras su brazo que hizo soltar de una a su oponente. Con el grito atorado por su garganta, se examinó la zona afectada, se dio cuenta que 5 agujas se clavaron en su carne. Rápidamente se los arrancó sin importar haber sentido un dolor desgarrador arrancar su poro al igual que una pequeña cantidad de sangre escurrirse por la herida manchando la manga de su ropa.

Miró tras de sí, encontrándose con varias presencias que se sentía un tanto ajenas y otras familiares que apenas pudo identificar.

Un sonido de un disparo se escuchó en el aire para ser reemplazado por un extraño y perturbador eco.

Cuando miró al frente, sólo veía a Mukuro Rokudo yacido en el suelo inerte con un arma de extraño diseño descansando en su mano derecha.

La chica no pudo evitar mirarlo con sentimientos mezclados: desconcierto… trastorno… extrañeza… tristeza… nostalgia… y ¿dolor?

Se había suicidado.

-¿P-por-por q-qué? –fue lo único que pudo pronunciar. Podría haber sentido otras cosas, cosas para celebrar su silenciosa y desconcertante victoria. Pero no podía sentir así, algo en ella quería saber más de él, quería llegar a descubrir que era ese perturbador y nostálgico recuerdo que tanto la acechó desde que lo soñó, quería por lo menos… sentirlo.

Estaba trastornada y confundida por lo que acababa de suceder.

No lo entendía.

No tenía sentido alguno.

No entendía el por qué Mukuro Rokudo se quitó la vida sin más.

Algo no cuadraba.

Es más…

Algo no estaba bien.

-Juudaime! –se escuchó el grito de alguien sumamente conocido, que no se escapaba del olvido de la chica.

-Tsuna! –se giró para encontrarse a sus dos amigos, Gokudera su auto- proclamado mano derecha y Yamamoto el fanático del beisbol conocido por su sonrisa entusiasta. Ambos acudían a ella con alegría a pesar de sus aspectos roñosos y heridos contando un gesto de agotamiento impregnados en sus rostros.

No pudo evitar sentirse feliz, olvidándose por completo de lo sucedido.

Antes que llegaran a su lado, Reborn se paró frente suyo y lanzó un combo de disparos hacia ellos.

-Reborn ¿qué demonios estás haciendo? Son ellos, Gokudera y Yamamoto –

El sicario la miró sin dejar su posición defensiva con su arma preparada.

-Tsuna, acaso no te haz dado cuenta de lo sucedido –ella lo miró con la ceja alzada sin entenderlo.

-¿A qué te refieres? –

-Rokudo Mukuro aún está aquí –ante su expresión sombría supo que lo que estaba diciendo era cierto.

Eso la alarmó, miró a su entorno hasta el más recóndito de la zona buscando con cuidado y rapidez alguna presencia hostil de su enemigo. No sentía nada en las zonas inanimadas, ni siquiera en los techos o las sombras a donde suele esconderse, tal vez sea…

Con velocidad esquivó la dinamita que fue lanzada contra su persona.

La explosión dio de lleno en el aire, afortunadamente pudo evadirlo con la propulsión de sus llamas para aumentar su velocidad.

Una vez despejado el humo, pudo presenciar una escena que la dejó con la sangre helada de terror.

Los presentes que estaban ahí no sólo eran los supuestos Gokudera y Yamamoto sino otros dos estudiantes vestidos con el uniforme Kokuyo, a pesar de sus apariencias roñosas con los daños dibujados por sus cuerpos y ropas emanaban esas mismas auras hostiles y oscuras en sus interiores. Especialmente que todos sus ojos derechos tengan color rojo con el símbolo kanji de 6.

-R-Rokudo –musitó con dificultad.

-Kufufu, sorprendida de mi poder, Vongola-chan –los 4 hombres pronunciaron con la misma voz profunda y hostil desde sus gargantas.

-Aquella arma que usaste para tu supuesto "suicidio" no era ordinaria ¿verdad? –supuso el hitman ensombrecido.

-Buena deducción, Arcobaleno –lo felicitó- Esa arma perteneció a la famiglia Estraneo, lo uso especialmente para abandonar mi cuerpo original y adentrarme en el cuerpo de otros, es un instrumento útil para mi último y más grande poder. El sexto Reino de los Seis Caminos –tanto Reborn como Tsuna contemplaron horrorizados ante un poder tan siniestro que nunca antes escucharon.

La pelicastaña aún estaba confundida, a la vez feliz de saber que no lo había perdido. Aunque, no era el momento de deducir esos extraños y molestos sentimientos ambivalentes.

-Ahora, Vongola-chan. Haz dicho que no podía derrotarte en aquellas condiciones –habló nuevamente la voz de Mukuro en Gokudera- Es cierto que me haz dado en puntos donde ya no podía moverme –habló en Yamamoto- Pero, nunca dijiste que podías derrotar mi mente –pronunció en el cuerpo de un adolescente rubio de aspecto canino y salvaje- El arma más poderosa a mi posesión –habló en el cuerpo de otro chico, de aspecto extraño por su piel tan pálida como tiza usando lentes y un gorro cubriendo su cabeza.

-Tsuna, ten cuidado con lo que va ocurrir ahora mismo –advirtió el hitman con su arma preparada- Te cubriré de acuerdo.

-Ok –respondió sintiéndose segura de que no estaría enfrentándose sola.


En un lugar apartado del campo de batalla pero dentro de la misma zona de Kokuyo Land, se encontraban otras personas fundidos dentro de una oscura habitación de uno de los edificios abandonados.

Uno se encontraba tranquilamente sentado en un sofá mientras miraba distraídamente hacia algún punto que fuera de su interés, la otra a pesar de estar sentada en un asiento alejado de manera relajada por dentro estaba inquieta y la tercera, y última, yacida inconscientemente en el suelo sin dar alguna señal de vida o algo.

-¿Se despertará? –preguntó la segunda persona con una voz suave.

El otro no respondió, con curiosidad se le acercó a su inconsciente compañera. Sacó un marcador indeleble del bolsillo de su chaqueta.

-¿Qué haces? –

A pesar de su otra pregunta, su compañero no le respondió. Y acto seguido, luego de quitar la tapa de su marcador se dispuso a dibujar trazos sobre el rostro de su desmayada camarada.

-No hagas eso, se enfadará –le dijo sobresaltada.

-Es que estoy aburrido –le respondió esta vez con simpleza sin dejar sus acciones- Además me entretiene cuando esta así.

La otra persona suspiró ante las acciones infantiles del otro, se removió inquieta desde su asiento sin saber si levantarse o no. Sin pronunciar otra cosa, se levantó para encaminarse por la puerta.

-Él nos dijo que nos quedáramos aquí, no querrás desobedecerlo por una vez ¿o sí? –pronunció el niño sin dejar de lado su pequeña travesura.

La chica se detuvo cuando iba a empujar la puerta.

-Es que, no puedo evitar preocuparme por él –

-Él estará bien, si nos necesitara nos llamaría en estos momentos –

Aun dudosa, luego de unos momentos en silencio abandonó su acción para regresar a su lugar.

-Tienes razón –dijo finalmente.


No encontraba palabras adecuadas para describirlo, simplemente se dejaba llevar mientras se sentía muy cómoda al lado del que recién acababa de conocer.

Era extraño, nunca se había sentido así con un chico de casi su misma edad. Quizás se deba que los otros niños de burlaban de ella por su manera de comportarse inútilmente ante todo, también porque todo el mundo le han puesto un apodo que la acosó durante sus días en el jardín.

Pero, aquel niño no la juzgaba como los demás. No la veía con ese brillo de burla y malicia como los otros, en cambio sus ojos bicolores tenían un atisbo de curiosidad y cierta extrañeza.

-Y… Mukuro-kun –llamó por nombre que hizo que el susodicho la mirara- ¿Por qué estás solo en este lugar? –preguntó con curiosidad, nunca entendió cómo llegó mágicamente a un ambiente asemejado a un hermoso paraíso.

Le tomó unos momentos de silencio, y Tsuna lo esperó con paciencia.

-Porque me hace sentir a salvo de todo, aunque no sea real –respondió finalmente.

-¿Sentirte… a salvo? –

Mukuro asintió en respuesta.

-El mundo a veces puede ser muy cruel y más cuando uno lo ha descubierto tempranamente –continuó- No es tan sencillo vivir en un lugar donde eres prisionero, la realidad puede llegar a dañar cualquier ternura e ingenuidad de otros…

Tsuna solo lo miró atentamente, sin siquiera haber entendido lo que acababa de escuchar.

Mukuro al parecer lo notó, le dedicó una sonrisa mientras la miraba intensamente.

-Tsuna… -llamó.

Ella lo miró aun más.

-Me tienes… ¿miedo? –era una pregunta, no fue una afirmación.

Negó con la cabeza con suavidad.

-¿Por qué te tendría miedo, Mukuro-kun? –preguntó ella, su voz sonaba suave con cierta ingenuidad.

Dudó un momento el otro.

-Porque… yo no soy como tú y tú no eres como yo. No soy como los demás… no me tienes miedo por… eso –

Tsuna lo miró fijamente, cada rasgo que presentaba Mukuro incluyendo ese extraño ojo que le trajo tanta curiosidad.

Para sorpresa del peliazul, sintió una mano cálida y de tacto suave trazando con ternura y cariño la piel de su rostro.

La pelicastaña le estaba sonriendo con una sonrisa brillante que lo dejó sin palabras.

-No, nosotros no somos tan diferentes aunque lo digas de esa manera. Eres alguien agradable para mí, Mukuro-kun es muy lindo que me gustas –admitió sin dejar de lado su sonrisa que dejó perplejo al niño- y… Mukuro-kun

-Uh? –

-Yo… -dudó por un momento sintiéndose entre inquieta e insegura- …Te agrado también… -preguntó.

El silencio esta vez fue largo, tan largo que para la chica le parecía eterno y tenso. Sin recibir respuesta no pudo evitar sentirse triste, tal vez no debió hacerle esa pregunta… tal vez, todos tengan razón que ella no es nada más ni nada menos que Dame-Tsuna… ni siquiera podría tener un amigo por pena. Y tal vez, Mukuro piense lo mismo sobre ella.

-También me gustas –respondió al fin.

-Eh? –parpadeó sin creer lo que acababa de escuchar recién.

-Kufufu… que también me agradas mucho, Tsuna –

Ante eso, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja mientras sentía unas pequeñas lágrimas escurrir en sus grandes ojos avellana.

-Gracias, Mukuro-kun –musitó mientras se limpiaba las saladas gotas para evitar ser vistas por su amigo.

-Tsuna-chan, estás llorando –preguntó al notarlo.

Ella lo negó.

-Sólo me entró algo en el ojo, no es nada –respondió para sonreírle abiertamente mientras disfrutaba del momento compartido con su recién hecho amigo y observando la hermosa vista del lago cristalino escurrirse por las rocas.

Él sonrió también y disfrutó de la compañía de aquella niña de aire cálido e ingenuo que lo cautivó desde la primera vez que la vio. Ambos se sumaron en un silencio cómodo y agradable, de sólo ellos dos.


La lucha parecía interminable y agotadora. Sin mencionar de lo tortuoso que era esquivar y resistir tratando de hacer todo lo posible para no lastimar a sus amigos.

El chico rubio de aspecto salvaje dominaba un poder extraño, en el que podía convertirse en cualquier tipo de bestia con sólo cambiar sus colmillos. El anteojudo cara de zombie tiene la habilidad de girar sus yo-yo's que expulsan mortales lluvias de agujas.

Reborn disparaba todo a diestra y siniestra paralizando a sus oponentes con sus balas cargadas de llamas invisibles color dorada mientras Tsuna daba patadas y golpes al mismo tiempo evadir cada ofensiva que lanzaba su enemigo.

Con sus manos bloqueó el ataque de espada de parte de Yamamoto.

-Gokudera, Yamamoto. Deténganse –ordenó encarándolos con seriedad.

-Kufufu, es inútil que intentes razonar con mis marionetas. Están en mi posesión y no tienen consciencia de nada, seguirán luchando bajo mis órdenes con el fin de eliminarte –

Tsuna lo miró con una intensa rabia tiñendo su ambarina mirada.

-Usar a mis amigos incluyendo a tus propios aliados para tus fines, qué acto tan cobarde –masculló entre dientes.

El Rokudo le otorgó una sonrisa ladina.

-Digas lo que digas, tengo más ventaja contra ti y el Arcobaleno. Esta batalla está a mi favor –

Reborn lo meditó razonando con la cabeza fría, las habilidades de ese ilusionista eran temerosas e implacables. Con su último poder de los Seis Caminos permite que no sólo posea todo el cuerpo que quiera sino también le da conocimiento de las habilidades de los cuerpos poseídos para usarlos a su favor.

Se preguntaba, cuál sería su debilidad.

Tsuna también presentía que esto era imposible. Por más que quisiera contrarrestar cada ataque de parte de Rokudo, se sentía mucho más agotada que nunca, las habilidades de sus amigos combinados con los mortales ataques de los subordinados del peliazul hacían que su motivo de vencerlos estuviera lejos de su alcance.

Una habilidad siniestra y letal. Trató de analizar con cuidado lo que acababa de suceder, Mukuro acababa de utilizar un extraño artefacto que permitió abandonar su cuerpo original para posesionar cuerpos de otros; todo eso se debía que había casi destruido su cuerpo atinándole sus puntos de articulación.

Debería probarlo. Aunque eso significara romper todos los huesos de sus amigos.

Evadió la mortal lluvia de agujas que venían a su persona, utilizó una llave para derribar al rubio de cara perruna, esquivó el ataque esgrimista de Yamamoto y evitó que las dinamitas de Gokudera le dieran de lleno.

Primero debería golpear a alguien que estaba en peores condiciones. Miró bien a los presentes, con sus calculadores ojos virando cada gesto que delatara alguna herida o dolor que sentían.

Notó que Gokudera cojeaba un poco, supuso que él estuvo peleando contra ellos en el momento en que ella luchaba contra Mukuro. Cerró los ojos, tendría que hacerlo.

En un parpadeo, ya estaba frente del peliplata.

-Lo siento mucho, Gokudera –dijo para luego golpearlo con fuerza en la boca del estomago dejándolo en K.O.

El bombardero cayó inconscientemente al suelo sin siquiera dar señales de continuar con la batalla, comprobándolo fijamente sintió que la presencia siniestra que emanaba de su cuerpo desapareció por completo.

Mukuro Rokudo abandonó su cuerpo.

Reborn cayó en cuenta de sus acciones.

-No estaba equivocada –Tsuna sonrió para sus adentros- Muy bien, Rokudo si quieres jugar sucio conmigo, que así sea –

Usando sus llamas como propulsores, golpeó cada punto aprendido en sus clases de defensa personal impuestas por Ryōhei dejándolos a todos sus oponentes fuera de combate. Atinó en la nuca, en el estómago, en el mentón incluyendo la ingle.

-Espero que me perdones por esta Yamamoto –le pediría disculpas cuando salga de esta, casi sonríe por su resultado al golpear el punto débil de los hombres en aquel chico de lentes que lo hizo retorcer de dolor, como golpe de gracia pateó su mentón impactándolo contra el suelo. Al ver que no se movía, supo que quedó inconsciente.

-Poco ortodoxo pero efectivo –pensó Reborn para sí, sin poder evitar estremecerse por la paliza que dio su estudiante a al chico con lentes.

Mukuro no tenía nada a su posesión, nunca pensó que lo tomaría por sorpresa y más cuando la chica hirió a sus propios amigos sin vacilar ni un segundo. Sus marionetas ya no servían, fueron golpeados en puntos sensibles que dejarían a cualquiera en K.O. tendría que reconocer que era una oponente digna de temer y admirar a la vez.

Regresó a su cuerpo, una vez dentro de su prisión física sufrió sensaciones dolorosas tras ver que sus músculos y algunos huesos no se han recuperado por completo. Gimió, cada respiración que daba le dolía.

Ya no estaba en condiciones de luchar, así tampoco usar sus habilidades que han quedado agotadas.

Esta lucha finalmente llegó a una conclusión definitiva.

Mukuro Rokudo ha perdido.

Levantó su mirada en cuánto sintió una ajena presencia a su lado.

-Te quedaste sin opciones, Rokudo. Has perdido –

Aunque ya no podía moverse, así tampoco utilizar su poder, la miró de manera desafiante.

-¿Y qué harás? Anda, mátame o dame tu mejor golpe, ya no puedo hacerte nada –

La pelicastaña se le acercó, sus nudillos se apretaban con fuerza en su palma sintiendo la rabia aún corriendo por sus venas. Lo miró con una expresión indescifrable.

Se pudo escuchar un golpe seco en el aire creando una especie de eco lejano.

El rostro de Mukuro estaba ladeado, sentía un ardor impregnado en su mejilla afectada.

-Yo no seré como tú –pronunció mientras le tomaba por el cuello de su camiseta- Jamás caeré tan bajo como tú, oíste. Si haz dicho que odias tanto a la mafia, dime porque quieres hacerlo con la mayoría –cuestionó- Puede que sea una sociedad podrida que crece viviendo bajo las sombras, no conozco perfectamente la mafia porque recién me entero que soy la heredera de Vongola. Aunque sé exactamente a lo que te refieres –lo miró intensamente sin titubear ni sentir una menor duda en sus palabras- Ellos te quitan todo, te traicionan, te engañan y al final, no sabes en que creer ni en quien confiar cuando naces dentro de ella… eso es lo que tus ojos me dicen –

Mukuro abrió los ojos completamente estupefacto, sentía un extraño hormigueo en su interior, la intensidad de la mirada que le proporcionaba aquella muchacha lo estaba afectando por completo. Trataba de nublar su mente para escaparse de aquella sensación que estaba derrumbando su fría coraza, pero era inútil.

Todo lo que hizo para protegerse de las hostilidades humanas desde que comenzó su odio por la mafia se vio frustrado por una chica que acaba de conocerla hace unos minutos.

Aunque, muy en el fondo de su interior le insistía que la había conocido pero hace mucho.

-Aunque lo digas de esa manera, nosotros no somos diferentes-

Ante esas palabras, en la mente de Mukuro resonó como un eco.

"Nosotros no somos tan diferentes aunque lo digas de esa manera"

Inconscientemente en sus temblorosos labios, habló.

-¿Tsuna? –

La susodicha lo miró con extrañeza y perplejidad.

-¿Q-qué? –preguntó extrañada por si no había escuchado bien.

-¿Tsuna eres tú? –insistió Mukuro su pregunta.

Ella se quedó en silencio, inmóvil sin poder creer lo que acababa de descubrir. En su mente, recuerdos de su feliz infancia encerrados en un olvidado rincón de su interior comenzaron a inundar por completo hasta mostrar una imagen que la había acechado desde que soñó en aquella mañana.

Se trataba de dos niños mirando un lago, cuyas aguas cristalinas y limpias escurrían por las rocas creando una melodía suave y hermosa, los árboles creaban una sombra refrescante y los rayos solares fulguraban en todo el paisaje reflejado por las mismas aguas del lago.

Uno de esos niños era ella cuando era pequeña, había olvidado cómo había sido antes. Ingenua e inocente, casi podía reír al recordar que había sido llorona pero dulce. Su cabello castaño era juntado en dos coletas atadas por dos cintas color rosa, usaba un bonito y sencillo vestido blanco que combinaba con la serenidad del agradable ambiente natural.

El que estaba a su lado, se trató de un niño que parecía más o menos su edad. Era un poco más alto que ella, su cabello era azul oscuro con un peinado asemejado a una piña y sus ojos eran bicolor, uno azul en el izquierdo y otro rojo con un kanji 6 en el lado derecho.

Un segundo, esos rasgos… sin duda era… el mismo que había conocido.

No puede ser.

Lo soltó en un instante, sin salirse de su estado turbado.

Respiraba con cierta dificultad en un intento de controlarse.

-Mu-Mukuro –pronunció entre susurros, pero el aludido la escuchó.

Ambos se miraron intensamente, perdiéndose en los ojos del otro. Hubo un silencio en sus palabras, no hacía falta algo que decir, con sólo la presencia de otros era necesario para sentir o hacerse ver que no estaban solos. Era un vínculo fino e invisible que se entretejía entre ellos.

Reborn luego de comprobar el estado de los guardianes, miró la escena con cierto recelo y confusión. Se estaban mirando por largos ratos sin decirse nada, no necesitaba ser una clase de adivino, algo había entre ellos dos y parecía que se habían visto en alguna parte.

No pudo evitar sentir envidia hacia ese ilusionista.

Tsuna seguía mirándolo como si quisiera descifrar cada duda que había sentido desde que lo vio por primera vez hasta ahora, en su reencuentro. Ignoró por un segundo a los demás, a su objetivo y a su motivo de venganza; total, nunca fue una persona rencorosa o resentida.

La escena sentimental se esfumó como la hoja en el viento, cuando sintió un aura mucho más gélida y fantasmagórica adentrarse lentamente en la sala.

Giró su cabeza con lentitud.

La cortina de la blanca y fría niebla cubría completamente el ambiente pero de manera sutil, entre ella se alzaba imponente y temible 3 figuras de extraño pero aterrador aspecto. No sabía identificar si eran hombre o mujer, aunque lo mejor sería no sacar ciertas conclusiones.

Vestían atuendos de colores oscuros, vetustos y estilo antiguo que lo podían descifrar victoriano gótico. Los trajes de ellos cubrían por completo sus cuerpos hasta sus pies, cada uno tenían sombreros de copa adornando sus cabezas, sus rostros estaban cubiertos por vendajes al igual que sus manos, que descansaban largas y enormes cadenas que aprisionaron a los integrantes Kokuyo.

Tsuna miró a Mukuro con cierto temor al verlo arrastrándose lentamente junto con sus compañeros, su cuerpo dañado no podía hacer ademanes para moverse y cada centímetro que le restaba, significaba su fin de seguir al lado de la chica que alguna vez fue esa niña alegre y brillante que iluminó sus días más tristes.

Sonrió para sus adentros con cierta tristeza.

Le hubiera gustado admirar su sonrisa por última vez.

-¡Alto! –un gritó resonó por el aire deteniendo las silenciosas acciones de los misteriosos personajes.

-Dame-Tsuna será mejor que no intervengas, son Vindice las autoridades de la mafia que se encargan de encarcelar criminales –explicó el hitman, era cierto no había excepciones ni tampoco negocios cuando se trataba de intentar razonar con ellos.

-No se lo lleven –confesó la chica ignorando la advertencia de su tutor. Por el silencio que recibió de ellos, era claro que no querían escucharla aun así decidió continuar- Seré responsable de sus acciones la próxima vez que lo haga.

Quedaron un momento de tenso silencio, hasta que uno de ellos, el del medio habló con voz profunda y atemorizante como su aspecto.

-Estarías dispuesta a enfrentarte las consecuencias cuando él cometa algún delito bajo tu mando –Tsuna sentía que un escalofrío recorría en todo su ser como una serpiente pasear por su cuerpo, aun así aceptó asintiendo con la cabeza de inmediato.

Acto seguido, para sorpresa de Reborn. Los Vindice liberaron a los Kokuyo y desaparecieron en cuanto la niebla se disipó como si fueran fantasmas.

Tsuna se agachó completamente exhausta sin ánimo de levantarse siquiera, aunque sentía dolor en todo su cuerpo y el cansancio consumir hasta el último aliento, se sentía aliviada. Rescató a sus amigos y evitó que se llevaran a Mukuro junto con sus compañeros.

Todo terminó.

El peliazul apenas consciente de lo sucedido, se levantó dificultosamente y miró a la chica, quien lo encaró mirándolo también, aunque esta vez lo miraba con desafío a pesar de su agotado estado.

-No creas que lo haya hecho por pena, aun tengo dudas sobre ti y sobre tus planes con Vongola –pausó- Por esta vez te dejaré ir, pero… si te metes otra vez conmigo involucrando a mis amigos, no te lo voy a perdonar –pronunció amenazadoramente con una firme determinación centellar en sus ojos avellana.

Mukuro parpadeó pero luego sonrió de manera indescifrable.

-Tal vez algún día pueda verte otra vez –fue lo último que dijo para luego desaparecer como fantasma junto con sus subordinados dejando solos a los Vongola, en un silencio extraño como pequeño rastro de una victoria silenciosa.

Reborn se le acercó a la chica, miró el lugar donde el Rokudo acababa de desaparecer. Tras comprobar el estado agotador de su estudiante, decidió pasar por alto esta vez lo que acababa de presenciar entre ellos, algo había como un vínculo apenas entretejido pero visible.

Tsuna ya no podía más, todo era demasiado para asumirlo. Sin pronunciar otra cosa, su visión se hizo oscura al igual que todos sus sentidos desfallecer en un solo instante.

Y se desmayó.

Continuará…


A/N: El fin del capítulo 16 y el final de mi pequeño arco de Kokuyo. Lamento mucho por la tardanza, estuve un largo rato inmiscuida en otros asuntos personales que no me dio tiempo ni tampoco me ayudó con la idea de cómo sería este capítulo. Espero que haya sido de su gran agrado y que les haya gustado cómo quedó.

Fue una parte de Tsuna con Mukuro, fue algo leve pero muy pronto tengo preparado algo especial entre ellos dos además que más adelante habrá apariciones de otros personajes que tanto esperaron.

Y para Tsuna habrá muchas sorpresas que le espera, además de una gran tortura para ella lidiar con otros jeje.

Les aviso que muy pronto publicaría un capítulo omake, historia alternativa sobre una graciosa y absurda aventura de los personajes de KHR! también un fic's de crossover Naruto y Bleach donde Sakura es la protagonista, se llama "Sakura Iro", muy pronto sabrán de quién será su pareja.

Nos vemos en los próximos capis.

Antes henos aquí las respuestas a los reviews del capítulo 15:

NATASHAMAY: muchas gracias por tu comentario, claro que continuaré escribiendo de esta historia y veré muy pronto con quien emparejaré a Tsuna, estoy pensando si podría ser no sólo uno sino también dos o no lo sé. Ya muy pronto lo veré ^^

Kim Hye Ri: Mil perdón por la tardanza, aquí tienes el capi que tanto esperabas no es necesario morir! Espero que haya sido de tu agrado el capi, aquí mismo muestra el recuerdo sueño de Tsuna y Mukuro, más tarde profundizaré lo que sucedió entre ellos.

ValeRyoda03: espero que te haya gustado la pelea entre Tsuna y Mukuro, traté de visualizar cómo sería además que no sigo cómo fue el transcurso del manga o animé debido que lo hice a mi propio gusto como verás. Y si, Dino aparecerá en este fic aunque más tarde o ya veré cuando.

Sayonara! XD

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