—Onodera san, tomando en cuenta que decidió dar al bebé a la custodia del estado para que sea este el que se encargue del proceso de adopción. Estoy aquí para darle toda la información que necesita saber al respecto. Debe llenar los formularios que le daré y firmar los papeles donde renuncia a la custodia. Debo recalcarle que no se le dará información alguna con respecto a la familia que adopte al bebé. Le dejaré todos los recaudos y nos veremos el viernes de nuevo, para que los revise con calma.

—No me retractaré.

En aquel momento había dicho aquellas palabras con total certeza, la trabajadora social que le atendió, quizás vio másallá de su fría fachada, pues aun así lo hizo marchar para que pudiera pensar con calma en el paso que estaba por dar.

A dos días de aquella conversación, sus fuerzas comenzaban a flaquear. Conforme el viernes se acercaba másconfundido se sentía, mas perdido, mas desolado. Era una ironía pues élhabía pensado que recurriendo a una trabajadora social le seríamásfácil llevar a cabo su plan. Estaba harto de recibir fotos, expedientes y cartas de gente que no conocía. Personas que deseaban la custodia del bebé que aun no nacía.

Era doloroso ver que otras personas estaban dispuestas a amarle, como él no podía hacerlo. Aquella situaciónhabía terminado por mermar las pocas fuerzas que le quedaban sumiéndolomás profundo en la oscura depresión que lo embargaba. Pensó que sería mejor dejarlo en manos de una trabajadora social y que esa persona se encargara de buscarle un hogar, donde pudiera ser feliz y amado, y donde nunca más supiera de él.

Pero no había sido másfácil y la fría mujer le había hablado de formularios, de firmas, de renuncias, como si de una operación comercial se tratara. El dolor, no había desaparecido, quizás se había hecho aun mas grande.

—Quisiera regresar el tiempo.

Murmuró tristemente. Si aquello fuese posible, habría tomado otras decisiones, no se habría enamorado de Takano Masamune y tal vez su vida en ese instante seria otra. Quizáshabría felicidad en su corazón y no ese oscuro hoyo que lo estaba consumiendo poco a poco.

Lanzó los papeles a la mesa, incapaz de mirarlos, mucho menos de leerlos. El momento se acercaba, tenía que tomar una decisión, pero en ese momento el no tenía fuerzas para nada. Solo quería sumirse en un profundo sueño y no despertar jamás.

Hola oscuridad, querida amiga mía. Camino silente por entre la espesura del anochecer. Oscuras las sombras se mueven a mí alrededor. Es de noche, siempre es de noche, una noche eterna, una noche turbia. De mi solo quedan despojos, retazos de lo que alguna vez fui. Los anhelos y las risas son recuerdos vagos y en micorazón cansado no hay nada más que dolor. Un dolor sordo, amargo que me recorre por el torrente de mi sangre que me llena por completo, impidiéndome pensar, más que en lo que me atormenta. Es una pesadilla, una pesadilla que se une con la noche y que se vuelve igual de eterna.

Las teclas de su laptop dejan de sonar, sus dedos se retiran y sus ojos miran la pantalla impávidos, sin vida. A veces recuerda lo que solía ser, las letras alegres que plasmó en sus obras, pero al leer lo que ha escrito, comprueba que no queda nada de aquel que fue. Escribe sobre lo que es una forma amarga y masoquista usa las letras que alguna vez le dieron alegría, para plasmar su desesperanza. Si alguien alguna vez leyera lo que ha escrito durante esos meses, quizás se preguntaría si no estaba muerto y de alguna forma soñaba que vivía.

Ritsu cerró la laptop, no se molestó en guardar su escrito, daba igual, de todas formas como aquel, muchos otros oscuros pasajes llenaban ahora su mente. Caminó despacio hacia su cuarto y decidió recostarse un rato, debía dejar de pensar aunque solo fuera unas horas, ya tendría tiempo para volver a su realidad.

Pero la realidad no le dio mucha tregua y alguien, con el corazón lleno de esperanza y arrepentimiento, se detuvo en su puerta, dispuesto a cambiar sus sombras por la luz de un nuevo día.

Míralo a los ojos cuando le digas porque pasó lo que pasó. Aclárale que no tienes nada con Yokozawa san. Pon todo tu corazón y toda tu sinceridad en las palabras que usaras para decirle que lo amas. Te paciencia con él, toma en cuenta que ha llevado la peor parte de todo esto y no va a ser fácil convencerlo.

Takano asentía a las recomendaciones que Kisa le hacía. Un suspiro apesadumbrado los hizo voltear a mirar a Kou que hasta el momento no habíahecho ningún comentario.

Takano lo miró con preocupación y Kisa ya sabía lo que su esposo diría.

—Eso no va a funcionar y tú lo sabes Kisa. Ritsu es muy terco y esta lastimado y herido, que Takano vaya ahora y le diga que lo ama no va a cambiar nada. No le va a creer e incluso puede empeorar las cosas. Además, está el tema del bebé. No han tomado en cuenta que Ritsu se preguntará como se enteró Takano de eso, y peor, que interés hay detrás de el cambio de sentimientos de Takano ahora que sabe que Ritsu espera un hijo suyo.

Kou se sentó al lado de su esposo y le tomó la mano para luego mirar a Takano con seriedad.

—Para Ritsu, tu eres un ser despiadado y sin sentimientos. Te encargaste de que él te viera de esa forma. No puedes llegarle con una historia triste y una disculpa. No te va a creer.

Takano respiró profundo, Kou teníarazón, él se había hundido en un hoyo muy profundo y salir de allí no seríafácil.

—¿Qué puedo hacer entonces? ¿Como logro que me perdone, que vea que soy sincero?

Kou miró a su esposo y luego a Takano con un gesto decidido.

—Dale lo que él conoce, muéstrale al monstruo que él cree que eres, acércalo a ti con un chantaje y en tu hijo tienes la mejor arma.

Kisa se soltó del agarre y miró a su esposo con espanto.

—Pero Kou...tu... tú no puedes...no puedes estar hablando en serio.

Takano solo guardó silencio, hasta que Kou besando las manos temblorosas de su esposo continuó.

—Kisa, Ritsu no está bien, es una bomba de tiempo. No sabemos lo que sea capaz de hacer, si Takano llega con palabras bonitas ahora lo confundirá mas, creerá que Takano le miente, que lo usa para quedarse con el bebé. Miles de cosas pueden pasar por la mente de Ritsu, incluso que Takano quiere al niño para que su amante y el puedan criarlo.

Kisa se cubrióla boca con espanto. Ritsu siempre había tenido una muy buena imaginación, estaba herido y tenía muchas razones para estarlo. Takano lo había lastimado mucho ¿que no sería capaz de creer en su estado actual?

Takano interrumpió sus pensamientos con una pregunta.

—¿Pero, no le estaría dando motivos para que pensara lo mismo al forzarlo de cualquier forma a estar conmigo por el bebé?

Kou entonces le explicó con calma, el plan que tenía en mente.

Le mostraras al monstruo Takano, porque solo así te va a creer, pero debes dejarle ver que también eres humano, debes tejer bien tu red y cuando él esté en tus manos, entonces poco a poco le demostraras la verdad de tus sentimientos. Piensa Takano que lo másfácil de creer siempre es lo malo pero por algo se empieza. Luego tu...

Takano tocó el timbre rogando para que aquello que habían planeado saliera bien y no se volvieran las cosas en su contra y en la de aquellos que solo actuando con un profundo amor, le habían ayudado.

Ritsu escuchó el timbre lejos. Mucho le costó salir de su sueñ cuerpo adormecido se negaba a responderle. Últimamente estaba muy cansado, a veces hasta caminar a la cocina era un suplicio. Supuso que era Kisa el inoportuno visitante. No le había dado una llave para evitar que se inmiscuyera en su vida, ya bastante tenía con su conciencia para también tener que soportar a Kisa y sus reproches.

Cuando finalmente caminaba hacia la puerta, el timbre volvió a sonar.

—¡Ya voy! —Gritó con cansancio. Abrió la puerta gruñendo con molestia. —No tienes un hijo y un esposo que ¿atender? Déjame en p...

No era Kisa quien llamaba, y las palabras se atoraron en su garganta. Cuando vio la imponente figura del que menos soñó ver en su puerta.

—¿No me invitas a pasar?

Preguntó Takano con aquella aterciopelada voz que Ritsu tanto amó.

El tono era el mismo, suave, oscuro, arrogante. Todo lo que recordaba de él, todo lo que amaba. Ritsu lo miró por unos segundos, indeciso, indefenso, vulnerable. Takano habría querido abrazarlo, consolarlo, murmurar en su oído palabras suaves, dulces, llenas de aquel amor que sentía por él.

—Vete... Vete y no se te ocurra volver nunca másaquí.

Ritsu sacóenergía de donde no la tenía, apeló a su rabia, a su desprecio por aquel hombre, a su odio. Se agarró de los días de llanto, de dolor, de las noches en vela llorando su pérdida. Se volvió frio cubriéndose con su pena, para sacar a aquel hombre que todo lo había destrozado en su vida.

Y esas palabras le dijeron a Takano que debía llegar hasta el final con lo que se había propuesto, para salvar a Ritsu y a él mismo del infierno que había creado.

—Tenemos que hablar. —Dijo cubriendo su dolor con fiereza, dispuesto a todo.

La mano de Takano impidió que Ritsu le cerrara la puerta en la cara. Por más que este luchó no logró cerrar la puerta y Masamune con un paso fluido entró en la casa, obviando sus gritos de protesta.

—¡No te quiero en mi casa! ¡Lárgate! ¡Lárgate de aquí!

Masamune caminó hacia él y cerró la puerta con fuerza. El sonoro golpe sobresaltó a Ritsu, pero lo que más lo conmocionó fue el hecho de que Takano lo agarrara por un brazo y casi lo arrastrara a la sala, sentándolo con cuidado en uno de los muebles.

Cuando Ritsu iba a protestar. Takano se anticipódiciéndole con brusquedad.

—Vas dejar de gritar y vas a calmarte. Tenemos que hablar y no me voy a ir de aquí hasta que lo hagamos.

Ritsu no podía creerlo, después de todo lo que había pasado Takano aun pensaba que podía mandarlo de aquella forma. Que podíairrumpir en su vida así como si nada hubiese pasado. Como si aquellos días amargos que había vivido hubiesen sido solo un sueño.

Hizo el intento de ponerse de pie, mientras le espetaba con furia.

—Como te atreves a...

—Ritsu no colmes mi paciencia y quédateallí sentado.

No fue una frase dicha al viento, era una muy elocuente advertencia. Tanto, que Ritsu mirándolo sin poder creerlo, se volvió a sentar aun a pesar de él mismo.

Takano notó como el labio inferior de Ritsu temblaba. No sabía si era de rabia o de dolor. Había tantas emociones reflejadas en aquel hermoso rostro. Los ojos verdes que tanto amaba estaban turbios, llenos de lágrimascontenidas. Las pequeñas y hermosas manos se aferraban con fuerza a la tela del pantalón al punto de que en cualquier momento la romperían. Tenía miedo, miedo de dañarlo, miedo de no estar haciendo lo correcto. Estaba ansioso, deseaba tenerlo entre sus brazos, embriagarsecon su suave aroma, acariciar su tibia piel.

—¿Que...que quieres?

Preguntó Ritsu trémulo, ahogado en los gritos que quería proferirle, en el odio que quería restregarle en el rostro y consumido por el amor que aun le tenía, en las sensaciones que aquella cercanía le estaban causando a su corazón roto.

Takano se sentó frente a él.

—Vine a hablar de nuestro hijo. —Takano levantó la mano acallando con un gesto las protestas que ya venían de los labios de Ritsu— . No te molestes en negarlo, tengo la plena certeza de que ese bebé que esperas es mío.

Ritsu se mordió los labios con saña, se sentía cada vez mas atrapado, mas perdido en aquella escena sin sentido.

—Deja de hacer eso, vas a lastimarte el labio.

Cuando Takano quiso tocarlo, él se alejóadvirtiéndolefurioso.

—No te atrevas a tocarme.

Takano suspiró cansadamente, chistando con molestia le espetó indiferente.

—Haz lo que quieras.

El silencio se volvió tenso por unos segundos, hasta que Takano lo rompió.

—Vine a hacerte una propuesta.Sé que las cosas no terminaron bien, pero la situación ha cambiado y es por eso que creo que debemos intentar arreglar las cosas entre nosotros. Quiero que vengas a casaconmigo.

Ritsu levantó la mirada que no había despegado de sus manos.

¿Era incredulidad, lo que había en su mirada?

Takano no podía descifrarlo.

—Esta situación la creamos ambos y los dos tenemos que resolverlo de la mejor manera.

Siguió diciendo Takano como si hablara de reparar un auto o de las lluvias de invierno.

Ritsu cerró los ojos. —Sal de mi casa... ahora mismo. —Murmuró casi sin aliento.

—No me iré Ritsu. No me iré de aquí, hasta que recojas hasta la última de tus pertenencias y vengas conmigo.

La voz pausada, la frialdad, la tranquilidad con la que Takano le estaba hablando. Algo estalló dentro de él, quizásla rabia contenida por tantos meses, el llanto que aun le faltaba por llorar, el dolor que había hecho de su corazón su residencia permanente.

—¡Vete al infierno! —Le gritó con todo la fuerza que lo llenaba. Poniéndose de pie para sacarlo de su casa.

—!Jamás me iré contigo¡ !Jamás¡ !Lárgate de mi casa y no vuelvas nunca¡

Takano lo vio palidecer, se puso de pie rápidamente y lo tomó por los hombros hablándole duramente, mientras lo sentaba de nuevo en el sofá.

—Te vas a calmar de una maldita vez y me vas a escuchar quieras o no. O tu hermano pagará las consecuencias.

Ritsu lo miró sin entender. Takano se sentó frente a él de nuevo y respondió su muda pregunta.

—Si te preguntas si fue Kisa el que me dijo lo del bebé, la respuesta es no. Lo supe por una de las asistentes que trabaja en la editorial que abandonaste. Te vio por casualidad saliendo del hospital con tu hermano, a estas alturas todo el mundo debe saber de tu embarazo.

Ritsu cerró los ojos con tristeza, aquello era lo que menos había deseado.

—Ahora si te preguntas que tiene que ver tu hermano en todo esto. — Continuó Takano— Pues la respuesta es simple. Todo paso por una asombrosa casualidad, el destino parecía estar jugando a mi favor. Cuando la información de tu embarazo llegó a mí, no tardé en atar cabos y por eso fui a buscarte a tu casa, para enterarme por tu boca de la verdad. Solo que no llegué en buen momento, puesno solo no estabas, sino que meencontré con que unos abogados también visitaban a tu hermano ese día. Yukina san tan amable como siempre me recibió y me hizo pasar al estudio, mientras ellos terminaban su é a tu hermano llorar y sentí curiosidad así que le prestéatención a lo que conversaban. ¿Sabias que tú casa está hipotecada? Yukina san y Kisa no tienen dinero para pagar la hipoteca y están a punto de perder la casa.

Ritsu lo miró aterrado y las lágrimas bañaron su rostro. Takano quiso dar vuelta atrás, pero ya era tarde, la mentira ya estaba dicha. Solo esperaba que Kisa y Kou tuvieran razón y todo aquello sirviera para unirlos de nuevo.

—Cuando los abogados se fueron, Kisa estaba desecho y entonces yo salí del estudio. Creo que tu cuñado incluso había olvidado que yo estaba allí. Kisa me trato como siempre, tratando de echarme de la casa y gritándome miles de insultos, pero Yukina san sirvió de intermediario. Cuando Kisa se calmó, yo conseguí las respuestas que é un plan cuando me despedí de ellos, agradeciéndoles la información. Necesitaba conseguir la forma de llegar a ti y ellos me dieron sin saberlo la manera de obtener lo que deseo. Ambos están preocupados por ti y por la situación que atraviesan, así que decidí quetu familia puedeconseguir una esperanza, pero claro está, eso solo depende de ti.

—¿De... de mi?

Murmuró Ritsu.

Takano aprovechó el shock y la fragilidad en la que lo había dejado la noticia para dar la estocada final.

—Si Ritsu, de ti. Si tú olvidas toda esa estupidez de dar a nuestro bebé en adopción y vienes conmigo a casa, tu hermano y tu cuñado no tendrán que preocuparse por nada, pues yo pagaré la hipoteca y no le deberán un centavo al la casa y todos felices.

El mundo parecía estar dando vueltas alrededor de Ritsu, todo aquello era tan irreal, tan absurdo ¿Como era que su ya patética vida se había vuelto al revés?

Nada parecía tener sentido y de pronto pensó que estaba teniendo una pesadilla. Pero al mirar a su alrededor, al mirar al hombre que esperaba su respuesta sentado solemnemente frente a él, descubrió que aquella locura era tan real, como él mismo.

—No...No entiendo nada. —Le dijo Ritsu con suavidad, mirándolo tristemente— . Hace unos meses no querías saber nada de mí, me dijiste tantas cosas y... ahora quieres que vaya contigo... ¿Por qué? y ¿Hasta cuándo va a durar todo esto? ¿Acaso estas burlándote de mí?

Takano respiró profundo antes de hablar.

—Sé lo que dije, pero las circunstancias cambiaron, hay una criatura inocente en medio de todo esto y yo quiero darle a ese bebé lo que merece. Una familia. Quiero darnos a nosotros otra oprtunidad.

Takano había puesto toda la sinceridad y el amor que había en su corazón en aquellas palabras.

—¿Es por el bebé? ¿Todo este espectáculo es por el bebé? Yo... yo puedo...

—No lo digas. No te atrevas a decirlo.

Le dijo Takano interrumpiendo lo que sabía Ritsu le pensaba proponer.

—No seas absurdo Takano, si lo que quieres es al niño, pues en lo que nazca te lo daré. No tienes que arrastrarme a mí a esta locura.

A Ritsu se le llenaron los ojos de lágrimas al decirle con rabia.

—Tú lo dijiste, me lo restregaste en la cara. Tú no crees en el amor, ese sentimiento absurdo dijiste, sin sentido lo llamaste, tu corazónestá hecho de piedra, no sabes amar Takano Masamune y nunca lo sabrás. Ni siquiera deberías pensar en quedarte con el bebé, que clase de vida podría darle un ser sin corazón como tú. Hablas de familia, de darle al bebé lo que merece. ¿Que le darás Takano, una vida viviendo con alguien tan vil como tú?

Takano recordó entonces las palabras de Kou, Ritsu jamás le creería solo con palabras lo mucho que lo amaba. Tendría que demostrárselo y para eso, en ese momento lamentablemente debía hacerle daño.

—Tú hablas como si no fueras tu mismo el que lo dará en adopción, el que le niega la posibilidad de estar con sus verdaderos padres. Tú eres el que lo está desechando como un estorbo. Pasaste por todo ese tratamiento, te tomaste todas esas molestias para embarazarte y lo culpas a él de algo de lo que no es culpable.

Ritsu sintió el dolor de aquella verdad muy profundo en su corazón. Pero antes de poder recuperarse Takano lo atacó de nuevo.

—¿Y qué hay de tu hermano, te volviste tan egoísta como para negarle la ayuda? Yo puedo darle a tu familia lo que necesitan y tu solo tendrás que hacer el gran sacrificio de venir conmigo y darle una vida estable al hijo que esperas. No es mucho pedir Ritsu es solo apartar tu egoísmo y pensar en los que te necesitan ahora.

¿Egoísta? ¿Acaso estaba siendo egoísta? ¿Como es que las cosas se habían puesto en su contra?

—¿Pero, que ganas tu con esto? ¿Por qué de pronto me quieres de nuevo a tu lado?

—Deja de darle vuelta a las cosas Ritsu, solo di que si y vámonos de este lugar de una vez.

Takano casi se sentía feliz, lo estaba logrando, casi lo lograba.

—No puedo irme así, no puedo dejar mi vida tirada. No...

—Se te van a acabar las excusas pronto Ritsu, pero no creo que mi paciencia dure tanto. Te vienes conmigo o tu hermano, tu sobrino y tu cuñado se quedarán en la calle, porque créeme no tienen dinero, lo gastaron todo en los pagos anteriores de la hipoteca. Lo investigue todo antes de venir aquí a hacerte esta propuesta. ¿Los quieres ver metidos en una caja de fósforos como esta? ¿O prefieres que estén en esa casa grande llena de jardines y cómoda, que tanto aman?

Ritsu lo miró impotente. No sabía que pensar, ni que habíadetrás de aquella disparatada propuesta. Ni siquiera sabía si debía confiar en aquel hombre que ahora le parecía tan desconocido.

—Llama a Kisa, pregúntale sino me crees. —Le dijo Takano intuyendo sus dudas.

Ritsu se puso de pie y caminó al teléfono, tenía que llamar a su hermano, tenía que saber si todo eso era real.

—No le digas lo que te he propuesto, el es un orgulloso y no lo aceptará. Solo cuéntale que hablamos, ellos deben estar esperando saber cómo nos fue en nuestra conversació que arreglamos las cosas, dile la verdad Ritsu, que vendrás conmigo a casa. Hazlo y veras como todo se soluciona para aquellos que amas.

Ritsu apretó el teléfono con saña, las palabras, la mirada, la presencia de Takano le daba nauseas. Cerró los ojos para sosegarse cuando la voz de Kisa sonó al teléfono, se oía apagado, triste. Después de un rato conversando Kisa le había corroborado su pesadilla. Le dijo que no había querido decirle nada por consideración a su estado. Ritsu pensó que ni con lo que tenía ahorrado le alcanzaría para cubrir ni una minina parte de la deuda. No podíanpedirles dinero a sus padres pues con la enfermedad de su padre estaban justos Y lo único que tenían, que era la galería de Kou, apenas le daba ganancias para sobrevivir. Todo eso se lo había dicho Kisa en un mar de lágrimas y Ritsu se sintiómás atrapado que nunca.

No le dijo nada de Takano, ni de lo que pensaba hacer, no hizo falta, solo presionó un poco a Kisa para que le dijera todo. Pero ahora estaba en un callejónsin salida y su único escape era dirigiéndose a los brazos de aquel que había destruido su vida.

—¿Aun estas con Yokozawa?

Preguntótrémulo, antes de decidir qué hacer. Takano se levantó del sofá y se paró a su lado mirándolo con seriedad.

—Yokozawa no es ni será nunca un obstáculo en nuestra familia.

Ritsu sintió sus piernas temblorosas. Se sostuvo de la cómoda donde estaba elteléfono, lugar de donde no había podido moverse desde que Kisa le había confirmado su sentencia.

—¿Por qué haces esto?

Takano no tensó su suerte, se abstuvo de tocarlo, pero estaba alerta por si acaso colapsaba.

—Puede que no tenga corazón Ritsu, que no sepa amar, que sea un hombre vil, pero quiero una familia y tú me la vas a dar.

Ritsu pensó dolido, que Takano lo que quería era algo fácil, algo ya hecho, algo que no necesitara que el involucrara sus que no tenía. Y el significaba todo eso, alguien conocido, manejable, alguien que Takano jamásamaría y encima ya tenían un hijo en camino. A Takano se le había dado todo fácil, una vez más el ganaba. Ritsu bajó la mirada sintiéndose si se podía mas vacío, atado a aquel pacto que lo hería como nada, por el amor a su hermano, a su sobrino e incluso por el bebé que esperaba, pues ahora nacería con sus padres unidos, en una familia falsa, pero finalmente una familia.

—Todo fácil para ti ¿verdad Takano? no pierdes nada y solo ganas, siempre fácil. —Ritsu caminó despacio a su cuarto— .Iré a recoger mis cosas.

Takano lo vio alejarse. La decepción que vio ensus ojos lo perseguiría la vida entera.

"Fácil no Ritsu, yo también estoy en el infierno. Pero te juro que nos sacaré a ambos de allí. Te juro que te haré feliz"

Takano se prometió aquello, mirando con esperanza la puerta cerrada por donde había desaparecido Ritsu. Cuando salieran de allítendrían un nuevo comienzo y estaba en sus manos recuperar el amor de Ritsu. Estaba en sus manos devolverle la sonrisa risueña a aquel dulce joven que tanto amaba.

No fue tan difícil como imaginó. Tal vez porque ya estaba cansado, quizás tantos golpes seguidos solo lo hicieron incapaz de sentir más dolor. Tampoco era que abandonar aquellas cuatro paredes que le había servido de escondite le pesara. Allí no había nada que le perteneciera y los recuerdos que había hecho en ese pequeño apartamento eran sórdidos y oscuros. No dejaba nada que pudiera extrañar allí, solo lágrimas y tristezas.

Takano tomó sus pocas pertenencias y las subió a su auto. Abrió la puerta para él y despacio lo ayudo a sentarse. Ritsu no sintió sus manos que le sostuvieron ni se alteró por su cercanía cuando este le abrochó el cinturón de seguridad. Se sentía como anestesiado, fuera de sí, ya no le importaba su destino. Takano había decidido por él y dócilmente se dejaba llevar.

El silencio se hizo profundo a medida que avanzaban. Takano lo miraba de reojo. Su mirada perdida y su rostro afligido,hacían que Takano se sintiera tan miserable y desvalido como Ritsu se veía. Cuando ya faltaba poco para llegar a su destino, una luz de alerta se encendió en la mente de Ritsu sacándolo de su adormecimiento. Aquellas calles las conocía dolorosamente bien. Habíacaminado por ellas infinidad de veces, pero en aquel tiempo su corazón iba feliz, en aquéllaépoca deseaba como nada llegar a su al departamento de Takano era uno de sus más preciados momentos, encontrarse a solas con él, en la familiar estancia, con el aroma de Takano embotando sus sentidos, en cada amado rincón de aquel hogar.

Como era de diferente ahora todo, cuando su corazón en vez de regocijarse como siempre lo hacía, en ese momento solo sentía miedo y odio por ese lugar. Los latidos comenzaron a elevarse hasta convertirse en un sordo murmullo que estalló en sus oídos. Su cuerpo también reaccionó en rechazo, nada en él aceptaba volver a aquel lugar, donde la pesadilla había comenzado. Cuando Takano estacionó el auto en la conocida entrada, Ritsu cerró los ojos respirando con agitación, sus manos cubrieron sus oídos buscando acallar el ruido retumbante que su corazón hacia. Cada espacio de su cuerpo temblaba y cuando pudo decir algo solo fue un murmullo, que escapó como una súplica.

—No...

Takano no había notado el estado de Ritsu hasta que se estacionó y lo vio cubrir sus oídos, la palidez de su rostro era tan sobrecogedora que Takano sintiópánico de que Ritsu estuviera a punto de desmayarse. Hasta que escuchó su suplica y comprendió lo que lo atormentaba.

¿Como podía haber sido tan estúpido, para llevarlo a ese lugar? De pronto entendió que para comenzar de nuevo con Ritsu, todo debía ser cambiado, pues llevarlo a aquel sitio donde lo había lastimado tan duramente no era una opción.

—!Maldita sea¡ —Gruñó molesto consigo mismo y arrancó el auto alejándose del edificio.

Ritsu se sobresalto ante la molestia de Takano, convenciéndosemás de que este lo odiaba. No podía saber que Takano se estaba recriminando así mismo y quiso llorar por haberse visto en la necesidad de volver con aquel hombre que lo despreciaba a tal punto.

Llegaron a un lujoso hotel. Ritsu se había adormecido cansado por el embate de emociones que lo llenaban. Cuando se hubo estacionado Takano bajo del auto despacio para no asustarlo, abrió su puerta y arrodillándose frente a él, lo despertó suavemente.

Ritsu abrió los ojos confundido al escuchar la suave voz que lo llamaba. Miró a aquellos ojos que lo veían con cariño.

—Ya llegamos. —Le dijo Takano desabrochando su cinturón.

Ritsu parpadeo tratando de aclarar su mente y sobre todo sus sentimientos, pues aquella mirada dulce y aquellas suaves palabras solo lo confundieron más.

—¿Donde estamos?

Preguntó mirando al rededor del enorme estacionamiento.

Takano aprovechó la docilidad de Ritsu y lo ayudó a bajar del auto, mientras le respondía.

—En un hotel. Estaremos aquí unos días mientras consigo una nueva casa.

Ritsu lo miró perplejo. —¿Una nueva casa?

Takano cerró el auto y le sonrió, mirando con ternura el apenas abultado vientre. —Si Ritsu, el departamento es muy pequeño y ahora que vamos a tener un hijo pues nos hace falta una casa.

Ritsu bajó la mirada y trató de darle sentido a lo que Takano le había dicho. En todo el trayecto hasta la recepción, Ritsu buscó darle sentido a toda la situación que estaba viviendo.

Takano pidió una Suite. Ritsu lo escuchaba y miraba a su alrededor, la gente pasaba frente a él, el mundo se movía, pero él se sentía detenido en un instante, como si fuera un espectador y no el protagonista de una loca historia.

¿Que hacia allí? ¿A que estaba jugando la vida? ¿Acaso lo iba a hacer subir hasta lo más alto, para dejarlo caer y hacer que se rompiera en mil pedazos? ¿Quien era ese hombre que habíairrumpido en su vida para volverla al revés? No era Takano. No, el jamás le habríasonreídoasí, jamás lo habría mirado con tanta ternura. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, respiró y respiró, profundo una y otra y otra vez. Apretó las manos en fuertes puños y se concentró hasta hacer que su cabeza doliera y cuando volvió a abrir los ojos, finalmente se dio cuenta. Estaba despierto, estaba despierto y estaba allí, todo había sido macabramente real, debíaprepararse para lo peor. Takano Masamune iba a terminar de destruirlo y aquella charada solo era el comienzo de su final.

—Listo. Tenemos una suite grande con dos habitaciones, servirá para...

Takano se encontró con la mirada de Ritsu, en ella había terror, tanto que heló su sangre. No podía imaginar lo que estaba pasando por la mente de Ritsu en aquel momento, pero por su mirada supo que debía ser algo terrible y tuvo miedo de que al final nada funcionara. Tuvo miedo de que su corazón, sus sentimientos no pudieran alcanzar a Ritsu, no pudieran sacarlo de aquel abismo donde se encontraba.

—Vamos. —Le dijo con calma, llevándolo al elevador, mientras en su mente, elevaba una plegaria para que las fuerzas no lo abandonaran, para que no fuera ya demasiado tarde.

La Suite era enorme y lujosa, el amplio salón principal estaba cubierto por una deliciosa alfombra color vino, que te invitaba a adormecerte en sus suaves hilos. Las paredes brillaban con un suave color crema y unas delicadas cortinas blancas cubrían los enormes ventanales que incitaban a disfrutar de la magnífica vista de la imponente ciudad. Habíatambién unos mullidos sillones de corte moderno y sencillo en colores ocres con grandes cojines y una majestuosa chimenea. Una pequeña mesa y una mínima cocina formaban la parte principal.

Ritsu caminó hasta uno de los grandes ventanales. Escuchó el movimiento de Takano, sus palabras al botones que llevó el equipaje, algunas preguntas que se le habían escapado y luego se cerró la puerta para dejar paso de nuevo al silencio. Una vez más estaban solos, pero ahora no estaban en su casa. Ahora era su prisionero y aquella hermosa habitación seria su jaula dorada.

—Ritsu. —Le llamó Takano.

El apenas giró el rostro sin despegar los ojos de la alfombra que de pronto le pareció un enorme pozo de sangre.

—¿Quieres que te muestre tu habitación?así puedes recostarte un rato y más tarde pido algo de comer.

Ritsu no escuchaba la dulce preocupación. Para él aquellas palabras eran órdenes. "Ve a descansar y luego hare que comas", eso era lo que escuchaba su mente, ese era su destino y era tan abrumador que ni siquiera quiso oponerse. Asintió despacio y se dejó llevar nuevamente adormecido en su miseria, en sus nostalgias, en su dolor.

No notó el cálido azul de la habitación, ni la enorme cama, acogedora y perfecta, cubierta con finas sabanas de blanco lino. No notó nada a su alrededor. Caminó por inercia hasta la cama y sin quitarse los zapatos se recostó, cerrando los ojos con cansancio y deseando que Takano desapareciera de ese lugar y de su vida.

Pero Takano no iba a irse y tampoco iba a darse por vencido. Se acercó, despacio quitó sus zapatos y con una de las sabanas lo cubrió. Cerró un poco las cortinas para que la luz no lo molestara y lo miró unos segundos antes de salir. A Ritsu no le dio tiempo para llorar, pues el cansancio se lo llevó lejos y ni siquiera le permitió soñar.

[Está dormido ahora... Si, lo se... No te preocupes, te juro que pondré todo mi corazón en lograr recuperarlo... Gracias, te estaré llamando.]

Takano colgó el teléfono y suspiró. Ya estaba hecho, por fin tenía a Ritsu de nuevo a su lado. No era de la forma másidónea, pero como le había dicho a Kisa, dejaría hasta el último gramo de su fuerza en el esfuerzo por conseguir el perdón de Ritsu, por conseguir de nuevo su amor. No importa el tiempo que le llevara lograrlo.

Cuando Ritsu despertó, no reconoció el lugar donde estaba. Hasta que todos los eventos del día llegaron a él. Suspiró y se sentó en la cama, no se escuchaba nada y por las ventanas podía vislumbrar que ya había anochecido. Supuso que Takano se había marchado, y no le gustó el atisbo de tristeza que le dio pensar aquello, pues él mismo había deseado que se largara y lo dejara en paz.

La puerta se abrió despejando su duda e interrumpiendo su muda discusión interna.

—Que bueno que ya estas despierto. —Dijo Takano con suavidad. En sus manos había una carpeta oscura.

Ritsu lo miró sereno. El haber descansado había despejado un poco su mente, dejándolomás tranquilo y hasta resignado a aquella situación. Era como si algo en su subconsciente le dijera que de alguna forma estaba en el lugar correcto, como si su cuerpo inconscientemente hubiese necesitado la ilusión de seguridad que le estaba dando había dormido mejor que en los últimos meses, donde el sueño plagado de pesadillas no lo dejaba descansado ni tranquilo.

—¿Que hora es? —Le preguntó curioso, pues no solía dormir tanto. No desde hacía mucho tiempo.

—Las nueve, dormiste casi seis horas. —Respondió Takano sentándose a su lado. Puso sobre sus piernas la carpeta y le dijo con una suave sonrisa— . Debes tener hambre, ese es el menú de uno de los restaurantes del Hotel, escoge lo que quieras y lo mandaré a subir.

"Escoge lo que quieras"

Esa única frase se quedo dando vueltas en la mente de Ritsu. Miró el menú y luego a Takano. Este jamás le había dejado escoger, dudaba incluso que supiera quéclase de comida le gustaba, pues siempre fue él quienescogió lo que comerían. Era así para todo, los lugares que visitaban, la música que escuchaban, los temas de conversación, las pocas películas que vieron. Todo lo escogía Takano.

¿Y ahora le pedía que eligiera?

Ritsu se levantó y tiró el menú sobre la cama, todo eso era demasiado para él.

—¿Que pasa Ritsu? ¿No tienes hambre? Debes comer algo por...

—!Yabasta¡ —Le gritó Ritsu, con las manos apretadas en su pecho.

—Deja de burlarte de mí, maldita sea...Deja de ser quien no eres... No me preguntes si me gusta, no me pidas que escoja la maldita comida... No me trates con esa absurda amabilidad... No te creo maldita sea... no te creo nada.

—Ritsu cálmate. —Le pidió Takano dolido por aquel ataque repentino.

—No...No me calmo. No me calmo un demonio. A ti nunca te importó lo que yo quería, lo que me gustaba. Nunca me diste a escoger en nada. Me sacas de mi casa con un maldito chantaje y finges ser la gran persona... ¿Por qué Takano? ¿Por qué?

Takano quería gritarle que lo amaba, que lo había amado desde siempre. Quería decirle lo ciego, lo estúpido que había sido. Quería tomarlo en sus brazos y hacerle amor, besarlo hasta que sus labios dolieran. Hasta que pudiera hacerlo olvidar cada horrible palabra que le había proferido, que lo había herido tan profundamente.

—Ya te lo dije Ritsu. —Le habló suavemente acercándose despacio a él —. Quiero empezar de nuevo, quiero darle una familia a ese bebé... Quiero...

Pero Ritsu no queríaoír, no quería escuchar aquellas palabras que para él no eran más que mentiras, manipulaciones de un ser sin escrúpulos, de un ser sin sentimientos.

—No...No...No. Basta de mentiras. No me mientas más. Dime la verdad de una vez. Muéstrame tu verdadera cara Takano Masamune, muéstrame al ser vil que se que eres.

Takano quiso defenderse, quiso revelarle la verdad y que todo se fuera al carajo si debía irse. Pero no pudo, era demasiado su miedo de perderlo ahora que de nuevo lo tenía. No, su corazón no resistiría perderlo una vez mas y así tuviera que encerrarlo, asíjamás lo perdonara, no lo dejaría ir, no lo dejaría, nunca más.

—Piensa lo que quieras Ritsu. Que lo hago por egoísmo, que lo hago por maldad, piensa lo que mejor te parezca. Pero ten en cuenta una cosa, de mi lado no te irás nunca más. Así que será mejor que te acostumbres a la idea.

Ritsu por fin pudo verlo como lo recordaba, cuando salió dando un portazo de la habitación. Aun así, la frialdad de sus palabras y la ira que reflejaba su postura no concordaba con la tristeza que había en su mirada y eso hizo que la duda anidara de nuevo en el corazón de Ritsu.

Takano caminó furioso hasta el pequeño bar y se sirvió un vaso de whisky que bebió de un solo trago. Respiró profundo tratando de calmar el ardor que causó aquello en su garganta. No se avergonzaba de las ganas de llorar que sentía en aquel momento. Las palabras de Yukina cobraban vida en su interior, el era un monstruo para Ritsu y eso le dolía, le partía el corazón.

¿Acaso no tenia redención? ¿Estaba condenado a vivir en ese infierno y arrastraba a Ritsu con él?

Lanzó el vaso con furia y este se estrello contra la alfombra sin llegar a romperse, lo que hizo que Takano riera con ironía. Y finalmente las lágrimas afloraron humedeciendo sus mejillas.

—Soy patético. —Murmuró sentándose en el suelo y cerrando los ojos para no mirar a su alrededor y no recordar lo que había hecho.

Así llegó la mañana y lo sorprendió con su tibia luz. Los ojos vidriosos tardaron en acostumbrarse al resplandor del amanecer, el cuerpo entumecido por haber estado la noche entera en aquella posición y las horas interminables de pensamientos y recuerdos aun bailando en la mente de Takano. Toda una vida repasada, juzgada y medida en apenas una noche. Takano estaba desecho aquella mañana, donde sus memorias le recordaron el porqué era como era, donde cada dolor que le habían infringido se sentía como si estuviera fresco, como una herida abierta.

¿Como podía amarlo Ritsu? ¿Como podía perdonarlo?

Él era el producto de muchos años de dolor, de decepción, de tristeza, de abandono. Él era vil, porque habían sido viles con él. Él era un monstruo porque en eso lo habían convertido. Él solo quería una oportunidad de ser redimido, solo deseaba poder conservar en su corazón aquel maravilloso sentimiento que Ritsu había despertado en él. Si Ritsu no le daba esa oportunidad, si no lo salvaba, estaba perdido y no valdría la pena seguir luchando.

Se puso de pie y caminó hasta el ventanal, la vida afuera seguía su curso. La gente se movía, las empresas, los comercios, las calles, los parques, las viviendas. La gente seguía viviendo y él quería vivir, quería compartir ese sueño, quería caminar con la vida a su ritmo y junto a Ritsu hacer una historia, junto a él, recorrer el camino, ver a sus hijos y luego a sus nietos, cosechar gratos momentos y atesorar buenos recuerdos, verse cada mañana en las cristalinas orbes de aquellos verdes ojos que tanto amaba y finalmente despedirse de la vida habiendo sido algo más que un ser ía ser un padre, un esposo, un amigo, un amante. Quería el amor de Ritsu para volverlo inmortal en su corazón y buscarlo en cada vida por el resto de los días.

Una puerta se abrió y Ritsu caminó al salón. Tampoco había dormido nada, la habitación lo oprimía y las dudas, los miedos y el dolor que parecía no querer irse.

Takano se giro para verlo, ambos se veían como si acabaran de salir de un infierno. Ritsu quería decir tantas cosas, hacer tantas preguntas, pero fue Takano el que se acercó y hablo primero, mirándolo con suplica.

—Yo... yo sé que me querías. Soy lo suficientemente arrogante como para tener la certeza de que me amabas¿Podrías... por favor, buscar en tu corazón ese sentimiento y darnos otra oportunidad?

Ritsu entreabrió los labios para preguntar, quería saber, pero tambiénquería creer. Quería, necesitaba dejar de sentir aquella sensación horrible que lo oprimía.

—No...Por favor, te suplico que no me preguntes porqué. —Le rogó Takano leyendo en su rostro la duda. Tomó sus manos y las apretó con delicadeza. —Tengo las respuestas Ritsu, las tengo te lo juro, pero no estás preparado para oírlas. Te hice mucho daño y estoy pagando con tu desprecio por ello. Sé que no confías en mí, pero tambiénsé que tu corazón es noble y que él te dice que confíes. Dame una oportunidad, por ti, por nosotros, por los tres. Te lo suplico Ritsu. Te lo suplico.

Aunque su corazón no hubiese estado ya convencido, el sonido trémulo de aquella voz de terciopelo lo hubiese convencido. Jamáshabía visto a aquel hombre tan vulnerable, tan indefenso, nuncapensó que sería capaz de rogar por nada. Y allí estaba, frágil y ansioso, pidiendo una oportunidad. Quizás la merecía, quizás ambos la merecían, quizás era hora de dejar de llorar y rehacer su preguntas podrían quedarse sin respuesta mientras él recogía los pedazos de su vida y la reconstruía. A lo mejor esta vez si valía la pena tener esperanza.

—Huevos y... y tocino, con pan tostado y te con miel y limón.

Takano sonrió, respirando profundo para tragarse las lagrimas.

—¿Eso es lo que quieres desayunar?

Le preguntó besando sus manos, sin atreverse a más.

Ritsu por primera vez en meses sonrió, una genuina sonrisa, dulce y sincera. Una sonrisa para él, para el hombre que amaba.

—Es mi desayuno favorito.

Aquel día conversaron por horas, aprendiendo el uno del otro. Sus corazones sedientos no se saciaron, si no hasta semanas después, cuando ya en un nuevo hogar dieron comienzo a una nueva vida. Iban despacio, nadie los esperaba, tomaban todo como venia, agradecidos, en paz.

Y una noche cuando la felicidad se paro en su puerta para tocarla e instalarse definitivamente allí, los corazones se dijeron lo último que faltaba por decir. Takano llegó buscando al objeto de sus pensamientos y dueño de sus sueños y lo encontró mirando enamorado la pequeña cuna que adornaba la deliciosa habitación que habían decorado para su pequeña Yuuki.

Ritsu sintió los fuertes brazos que lo envolvieron.

—No te sentí llegar. —Le dijo dulcemente, acariciando la mano de Takano que descansaba sobre su abultado vientre.

—Te amo. —Le dijo Takano besando su suave cabello. Ritsu sonrió, ya lo sabía, aunque no se lo hubiese dicho, cada gesto, cada acción, cada momento de aquellos días le había dicho a Ritsu cuando lo amaba Takano. Kisa una tarde le había revelado toda la verdad, le había contado la historia de Takano, lehabía relatado su desesperación, su dolor, el plan que habían hecho para recuperarlo, todos con la esperanza de salvarlo de su dolor. Ritsu lloró por el corazón de Takano, por su triste pasado y entendió su deseo de darle una vida feliz a su aunque no hubiese tenido la certeza de que Takano lo amaba se habría quedado a su lado, pues su amor era tan grande que daba abasto para los dos.

Pero Takano lo amaba y de pronto el mundo era perfecto.

—Yo también te amo. —Le dijo Ritsu dándose la vuelta para recibir en sus labios el tibio beso que añoraba cada tarde.

—Ritsu... yo... las preguntas que quieres hacerme.

Ritsu lo calló con un beso. —No hay preguntas... no mas... no hay pasado, solo tú, ella y yo y lo que construiremos para nuestro futuro.

—No te merezco. —Murmuró Takano apenado.

Ritsu sonrió. —Tienes toda una vida para arreglar eso. —Le dijo besándolo dulcemente.

Una tarde años después, una familia juega en una fabuloso jardín, colmado de verde grama, de coloridas flores, de frondosos árboles, pero sobre todo colmado de amor. Takano juega con su pequeña Yukki que corre como loca tras un pequeño cachorro. Ritsu los ve correr, los oye reír, los mira con ternura, con amor. En sus brazos duerme un pequeño ángel, saciado, pleno, amado, protegido. Takano ha construido un mundo perfecto para Ritsu, lo cuida, lo mima, lo ama y como recompensa tiene el amor de tres hermosos tesoros y la familia que siempre anheló.

El amor existe.A veces llegar a él es difícil, algunas veces duele y otras solo parece imposible. Pero existe, es real, solo tienes que creer en el...