Totalmente exhausta se dejó caer sobre el cuerpo del hombre que estaba debajo suyo, a pesar del aturdimiento y la insensibilidad que precedía al acto amoroso, podía sentir como la piel de sus senos se pegaba al pecho de él, como su cabello que ahora estaba esparcido por toda su espalda y parte de la cama tocaba los brazos masculinos reconociéndolo como suyo. Ginny ronroneó suavemente cuando él le apretó la cintura y le acarició la espalda en un roce deliberadamente lento, haciendo que aquella sensación que tanto la excitaba le recorriese la espalda.

Con un suspiro se despegó del cuerpo del hombre y giró dejándose caer de espaldas sobre la cama. Él rió suavemente y se puso de lado apoyando el codo sobre el colchón.

- Creo que yo necesitaba esto más que tú- le dijo acariciándole el rostro con los dedos, Ginny cerró los ojos un momento permitiéndose disfrutar de la caricia.

Con él siempre había sido así, los clanes se habían declarado enemigos, podían incluso encontrarse cara a cara en el tráfico de una carga e insultarse y dispararse tratando de hacerse daño, pero siempre que había una oportunidad ellos se escapaban a escondidas, con la firme excusa de saciar sus deseos más primitivos que la adrenalina por lo prohibido despertaba en el otro.

Harry le sonrió como sólo él solía hacerlo, pasó sus dedos por su mejilla, y descendió por su cuello y por el costado de su cuerpo para apretarle suavemente la cintura y volver a subir. Su mano se demoró un momento sobre su brazo derecho, en donde aún se podía ver el roce que había tenido con la bala no hacía mucho tiempo de parte de sus hombres.

Una cosa que él jamás haría sería matarla, podía boicotear sus planes, disparar a sus hermanos y compañeros, asustarlos con balas apuntadas a las cubiertas de los automóviles, pero jamás dispararle a ella, al igual que ella a él.

- Eso debe significar un triunfo para ti…- murmuró ella mirándolo con los ojos encendidos.

Harry no le respondió nada, ni tampoco hizo algo cuando ella se sentó en la cama dándole la espalda y caminó resuelta hasta el baño.

Él largó un profundo suspiro de resignación y observó el techo iluminado por la luz del amanecer que entraba por el enorme ventanal. Su novia se pondría furiosa por haberla dejado sola, pero él sabía que un rápido revolcón en la casa de ella y algún que otro regalo caro sería suficiente para que lo perdonara. Sintió el ruido del agua correr y tragó saliva en silencio.

Aquello cada vez se volvía más intenso, si no lo buscaba ella, lo hacía él, desde hacía no mucho habían encontrado que juntos la pasaban de una forma fantástica en la cama, o no necesariamente en ella, rememoró de forma traviesa. Sin embargo los dos sabían que de aquello nadie podía enterarse, todo el distrito sabía de la clara enemistad que unía a las familias, y no podían ellos, los herederos, romper con la tradición.

A los pocos minutos el agua dejó de correr y Ginny salió envuelta en una mullida toalla blanca que anudó en el valle de sus pechos.

- ¿Tú no piensas bañarte?- indagó ella sentándose en un pequeño taburete, tomando un secador de pelo y comenzando a pasarlo por su mojado cabello.

- Me quiero llevar tu aroma conmigo todo el tiempo que pueda- Ginny le sonrió con esa sonrisa tantas veces ensayada a modo de respuesta, él no podía saber que esas contestaciones podían hacerla perder la cabeza.

De forma rápida cepilló su cabello ya seco y se vistió con aquel vestido de gasa que tan bien le sentaba en su cuerpo. Harry se estaba cerrando el pantalón y había dejado la camisa a medio abrochar, como siempre solía hacerlo. Ginny abrió la puerta de la habitación, pero Harry la instó a cerrarla colocando una mano sobre la mano de ella y rodeándole la cintura con el otro brazo.

- ¿No vas a darme un beso de despedida?

- Creo que lo mejor es que te quedes con las ganas de eso- le respondió ella tirando de la perilla de la puerta.

- ¿No quieres que te acerque?- indagó Harry observándola caminar con paso decidido por el pasillo.

- Prefiero pagar un auto de alquiler antes que volver contigo.

o0o0o

Lo más sigilosa que pudo ingresó a la casa de su hermano y cruzó la sala hasta llegar a la cocina, en donde sabía, algo para desayunar de forma improvisada encontraría. Sin embargo sus planes se vieron fastidiados cuando alguien encendió la luz de la habitación y su hermano Ronald envuelto en una bata de seda la miró con el ceño fruncido.

- ¿En dónde has estado?- indagó Ron con dureza.

- En una fiesta- le respondió ella chupándose un dedo que se le había manchado con crema.

- No me mientas… Draco me ha dicho que te habías ido de la fiesta- Ginny maldijo al rubio en silencio y puso los ojos en blanco burlándose de su hermano.

- Me he ido a otra fiesta con el hijo del intendente y unos amigos- mintió-. Sinceramente las fiestas que organiza su familia cada vez se vuelven más mediocres- colocó un poco de fruta en un vaso y luego le colocó un poco de yogurt por encima.

- Espero por tu bien que no me estés mintiendo.

- ¿Y por qué tendría necesidad de mentirte?- le sonrió enigmáticamente y resopló fastidiada-. Yo le dije a Draco que se divirtiera con su novia y me dejara tranquila toda la noche. Creo que ya estoy lo suficientemente grande como para hacer lo que quiera.

- Sabes que te expones a riesgos- Ginny se encogió de hombros.

- Como cualquier miembro de esta familia.

- Pero tú eres mujer, y eres la más chica, además no olvides…

- Mira Ron, no me interesa, yo soy parte de la familia, y eso implica que participe en los negocios que tenemos. No me gusta eso de quedarme quietecita en casa esperando a que mis hermanos me llenen de dinero- acusó dejando el vaso sobre la mesada-. Sabes que tengo pasta para esto y que la mayoría de mis asaltos han sido positivos.

- Yo no digo que no idees nuestra estrategia de ataque, todos sabemos que eres tan buena como nuestro padre, sin embargo ninguno de nosotros quiere que estés metida en medio de una balacera como las que suelen darse.

- ¿Y tú por qué puedes estar?- Ron la tomó por los hombros y la sacudió.

- No entiendes que eres muy importante para todos como para perderte a ti también, Ginny. Ya hemos perdido a Percy por su imprudencia- los ojos de Ginny se ensombrecieron al recordar la muerte de su hermano en manos de los malditos italianos. El dolor se hizo vívido en su pecho y entendió un poco como se debía sentir su hermano al respecto.

- Oye lo siento… lo entiendo- susurró a su hermano acariciándole la mejilla-. Trataré de cuidarme más y evitar el peligro- Ron asintió con los labios apretados.

- Una cosa más, anoche hable con nuestro padre, y al parecer tenemos grandes posibilidades de entablar negocios con los colombianos.

- Vaya, eso si que es una buena noticia.

- Iremos nosotros dos, al parecer te has hecho una muy buena fama en el ambiente, así que la familia vio conveniente que negociaras conmigo- Ginny sonrió mostrándole una hermosa sonrisa que le sabía a victoria.

o0o0o

Los colombianos se habían encargado de poner a disposición de ellos dos de una avioneta privada, el viaje apenas había durado unas cuantas horas, pero esas habían sido suficientes para poner a Ginny de mal humor. Lo único que iba a disfrutar del viaje era de esas hermosas playas de agua transparente y de unos buenos masajes bajo la sombra de una palmera, mientras esperaba que un muchacho con unos buenos pectorales le sirviese un buen vaso de jugo de piña.

Fastidiada se instaló en una habitación de una lujosa posada, disfrutando de la vista del agua que tenía en su enorme ventanal corredizo, del cual podía acercarse directamente a la playa y deleitarse de la cálida arena y la sal del mar.

Por la noche tendrían su esperado encuentro con el capo de la cocaína en Colombia, según los paladares más exquisitos, una de las mejores del mundo. Eso era importante, su familia siempre se había caracterizado por ofrecer mercancía de calidad y a un buen precio, por lo que rápidamente se hicieron conocidos en la región. Aquel era un ambiente muy exigente, siempre debían estar con los ojos bien abiertos aparentando estar distendidos, pero lo cierto es que no podían descuidarse ni por un segundo, porque siempre algo podía salir mal; el fallecimiento de uno de sus hermanos hacía dos años era una muestra de eso.

El sol dio paso a las estrellas y el calor menguó un poco, sin embargo Ginny se sintió cómoda llevando una simple camisa blanca sobre un short ajustado que solían remarcar sus atributos, que ella tan bien solía usar. Un chofer particular los llevó hasta el lugar, no sin antes cubrirles los ojos con gruesas vendas para de esa forma, evitar que supieran como llegar a la mansión de uno de los más importantes proveedores de coca en Latinoamérica.

- Vaya, encantados los ojos que los ven…- dijo un hombre de piel tostada en un extraño inglés, el tipo tenía cabello abundante, el cual se enrulaba sobre su nuca de una forma descuidada. Ginny observó sus ojos inyectados en sangre y su nariz algo roja por el consumo, y sintió desagrado.

Consumir lo que comerciaban era un grave error, sin embargo las reglas eran diferentes en esa parte del mundo.

Ron se removió inquieto a su lado y Ginny le sonrió de forma coqueta.

- He quedado admirada por las bellezas de este lugar- dijo la pelirroja lentamente haciendo que el colombiano le sonriera en conformidad, claramente quería que él la entendiera.

- Tú eres la hija de los Weasley.

- Así es- asintió dejando que su cabello suelto cayera sobre su hombro en un gesto grácil.

- Lo de tu belleza es cierto, eres hermosa.

- Gracias- respondió la pelirroja siguiendo al hombre que comenzaba a caminar hacia la casa.

Antes de entrar los llevó hacia un depósito subterráneo debidamente escondidos bajo la frondosa maleza del lugar. Allí había unos cientos de kilos de cocaína perfectamente empaquetados, listos para ser enviados a cualquier parte del mundo. Ginny saboreó la pureza del polvo y estuvo de acuerdo al igual que su hermano que eso era lo que estaban buscando.

Ginny impartió sus estrategias y la forma que llevaría a cabo el tráfico, dejando entusiasmado al colombiano. Ella tenía facilidad para los números y la táctica. Había estudiado perfectamente los puertos liberados que tenían y cuanto les costaría el favor, además conocía las rutas marítimas que no pertenecían a ningún país, y se animaba a navegar por lugares desconocidos en donde solo los más valientes lo hacían.

- Yo dispongo de hombres que lo hagan, personas que morirían antes de develar algo del negocio- insistió Ginny entrando a la casa del colombiano.

- Todos dicen lo mismo, eso es un cuento viejo.

- Mis hombres son leales, a todos les hemos salvado la vida de una forma u otra- se cruzó de brazos apoyándose contra una de las columnas y el colombiano la imitó.

- Explícate.

- Mi familia es irlandesa, y es sabido mundialmente que somos discriminados y tachados de ignorantes por los mismos ingleses, sangre de nuestra sangre. Los irlandeses pensamos distinto, y cuando hacen algo por nosotros es una deuda que tenemos para toda la vida- Ron carraspeó y la atención de la mujer y del hombre se dirigieron a él.

- Mi padre suele ayudar mucho a su país de origen, tiene varias casas allí en donde se acogen familias enteras que están muriendo por hambre o alguna enfermedad. Cría a los niños como si fueran hijos propios y ellos mismos buscan pagar su deuda eterna con la familia- el colombiano asintió complacido-. Muchos mueren en las cruzadas, sin embargo nunca fueron obligados. Es algo que llevamos muy dentro de nosotros para toda la vida.

El colombiano frunció el seño y se apretó el puente de la nariz mientras sopesaba toda la información que le habían dado. Aquella mujer si sabía lo que hacía, desde el momento en donde la había visto entrar de forma decidida y comenzar a hablar sobre las estrategias y las diferentes vía que usarían para traficar, supo que aquel negocio daría sus buenos frutos.

- Me gusta lo que ofrecen- dijo luego de un minuto de silencio-. Sin embargo no puedo arriesgarme a tratar con una sola familia en un lugar tan lejano como es Inglaterra.

- Pero…- murmuró Ginny.

- Necesito más garantías, y creí prudente que tal vez ustedes pudieran hacer una alianza con otra familia de la región- Ginny tuvo un mal presentimiento y el giro de la situación no le gustaba nada, sin embargo sabía que no podía irse de allí con las manos vacías, ella misma no se lo perdonaría.

Ron la miró insistentemente abriendo mucho sus ojos celestes, sin embargo Ginny ignoró su advertencia y miró al colombiano sin temor.

- Lo escucho.

- Me he tomado el atrevimiento de citar también a esta familia- se separó de la columna y caminó hacia la casa en donde había un hombre de espaldas siendo besado en los labios por una mujer de generosas curvas que estaba sentada sobre su regazo.

Ginny sintió las alarmas activarse en su cabeza, la luz roja brillando frente a sus ojos, sin embargo por una razón inexplicable no pudo decir nada, y siguió en silencio a ver a Harry Potter frente a ella con esa maldita sonrisa socarrona que tanto la enloquecía.

- Que gusto encontrarlos por aquí- se burló mirándola divertido. Ron intentó acercarse a él dispuesto a golpearlo sin embargo Ginny lo detuvo con su brazo.

- Lamento no compartir su placer, señor Potter. Sin embargo estoy dispuesta a escuchar la oferta que tiene para ofrecerme- replicó de forma fría y calculadora cruzando los brazos sobre su blusa de gasa.

Mientras Harry hablaba, la cabeza de Ginny viraba entre diferentes números y alianzas que podrían terminar siendo un beneficio o una completa catástrofe. Ron movía su pierna de forma nerviosa a su lado, y el colombiano parecía realmente complacido con lo que Harry decía. Y ella no podía estar más de acuerdo, por que el muy maldito, sabía lo que hacía, y una alianza entre los dos, a pesar de que muchos la censuraran, les daría muchos beneficios a ambos.

- Me gusta lo que proponen- dijo el dueño de la casa reclinándose en su silla.

- Entonces si usted está de acuerdo podemos cerrar el negocio ahora- murmuró Ginny descruzando sus manos de encima de la mesa.

- Ginny…

- He considerado todas las opciones- dijo ella-. Y he concluido que una alianza en este negocio nos sería muy beneficioso a ambas familias- miró a su hermano-. No debemos olvidar que nos estamos metiendo con el negocio de los italianos, y ellos son personas muy peligrosas para nosotros, y si tenemos aliados, la carga será menos pesada- suspiró-. Pero bien, no veo ningún impedimento en celebrar este acuerdo transatlántico- sonrió.

- ¡Laura!- llamó el hombre-. Trae una botella de ron para festejar.

Ginny asintió complacida, y susurró unas pocas palabras en el oído de su hermano para que este se quedara tranquilo.

o0o0o

Con regocijo vació su segunda copa de ron y se llevó un pequeño bocadillo a los labios. La noche había traído consigo un ambiente un poco más fresco, y con ello había descubierto que el lugar en donde estaba le gustaba bastante más que el primer lugar en donde se habían instalado. Las personas eran agradables, las comidas tenían más sabor, e incluso el clima era más placentero que en la húmeda Inglaterra. La música alegre colmaba el aire y ella misma se encontró bailando en los brazos de un caballero que le acariciaba la cintura, las piernas, mientras sonreía con regocijo bebiendo de su copa.

Acalorada y ante la mirada de desaprobación de su hermano, que evadía con poco éxito las atenciones de las alegres mujeres, sonrió coqueta a un hombre con un arete en el lóbulo de la oreja que levantó su copa a modo de brindis, este al parecer era algún familiar del colombiano con el que negociaban, porque el parecido era asombroso. Ginny sintió esa emoción de lo prohibido correr por sus venas y se dirigió hacia él caminando cándidamente entre las personas.

Pero una mano fuerte y cálida tiro de su brazo y la hizo alejarse de la fiesta hasta una sala algo más fresca y con mucho menos ruido.

- ¡Eres un bruto!- gritó ella sobándose el lugar de donde Harry la había agarrado.

- ¿No puedes ser un poco más decente?- Ginny achicó los ojos ante el insulto y chasqueó la lengua en desagrado.

- ¿Disculpa?

- Andas bailando con esos hombres poco civilizados…

- Porque ellos no hablen nuestro idioma, y no sean de un país del primer mundo no significa que no sean civilizados- replicó-. Y agradece que se me ha pasado el enojo por haberte entrometido en nuestros negocios, sino ya me la hubiese cobrado.

- Acéptalo Ginny, eso nos conviene a ambos. Doble seguridad y mayor protección. Tanto tú como yo sabemos que los italianos no se andan con juegos.

- Lo sé perfectamente, y sé que lo sabes- vació su copa de ron y la dejó sobre una mesa-. Pero no me gustan las sorpresas, y si en este negocio vamos a ser socios, quiero que lo tengas bien claro… Primero hablas conmigo, antes que con nadie, así como yo lo haré contigo.

- No tengo problema.

- Y que seamos socios en esto, no significa que lo seamos en todo lo demás- suspiró-. Y si me disculpas hay alguien que me está esperando en la fiesta- Harry la volvió a tomar del brazo y la atrajo con fuerza hacia sí.

- No quiero que vayas con ese tipo…- siseó muy cerca de su rostro.

- Que me acueste de vez en cuando contigo no significa que yo sea de tu propiedad- replicó la mujer con una sonrisa-. Así que si me permites…- levantó el brazo y se soltó suavemente de él-. Me voy a disfrutar de mi estadía en este hermoso país.


Antes que nada muchas gracias por sus lindos comentarios y los mensajes privados. Como les dije, estoy en una etapa diferente en mi vida en donde ya no encuentro el placer que encontraba antes al escribir, pero espero que eso se remedie de a poco.

Por otro lado, la historia seguirá manteniendo ese tinte mafioso que he comentado en el primer capítulo. Sé que muchos países en donde me incluyo el narcotráfico no es un tema agradable, sin embargo aquí quiero mostrar otro aspecto totalmente diferente, que me ha apasionado mucho últimamente. Como dije antes, los personajes no son buenos, no tienen reparos en matar ni en satisfacer sus propios deseos de dinero y poder, pero también son humanos, con sus miedos y anhelos como cualquier persona. Y creo que esta historia se tratará de todo eso. He decidido que no tenga más de diez capítulos, y todos de una longitud similar a esta, así que espero poder subir un nuevo capítulo pronto.

Les dejo mil saludos, y será hasta el próximo.