Se despertó agradablemente relajada esa mañana, sentía el cuerpo liviano, y el clima era fresco gracias al aire acondicionado. Estirándose en las sábanas cerró los ojos un momento y disfrutó del contacto del algodón sobre su cuerpo desnudo.
Había gozado de una enardecida velada junto a un colombiano apasionado, él le había dicho palabras en español que a Ginny le sonaban ardientes durante la noche, y ella no había podido evitar sucumbir a sus encantos. Él la había llevado a su habitación estratégicamente ubicada lejos de donde se realizaba la fiesta, la había hecho probar diferentes manjares y había bebido con ella unas cuantas copas de ron que los llevaron a la cama a deleitarse uno con el otro.
Luego ella había vuelto a su habitación envuelta en una bata que él le había prestado con la ropa doblada sobre su brazo, se había dado un revitalizante baño y se había dormido sobre la cama agotada de tan agitada noche.
Decidida a disfrutar de esa mañana antes de volver a sus orígenes, Ginny se puso un solero suelto y colorido, que muy pocas veces había tenido la posibilidad de usar, y con unas sandalias que se sostenían de su pie con unas simples tiritas de cuero trenzado, y luego se dirigió al enorme salón en donde servirían el desayuno.
- Buenos días- dijo Ginny alegre, en un hosco español con un importante acento inglés.
- Buenos días, mi reina- respondió el colombiano que había pasado la noche con ella desde una de las esquinas, mirándola con descaro.
Ginny inclinando la cabeza a modo de saludo se sentó junto a su hermano y disfrutó del aromático café que una de las curvilíneas empleadas del lugar le sirvió.
Su desayuno constó de un surtido de frutas tropicales, que se antojaron exquisitas y muy diferentes a aquellas frutas congeladas a las que estaba acostumbrada.
- Este lugar es hermoso- le susurró a su hermano el cual devoraba su comida la cual consistía en muchas lonjas de jamón, tocino y diferentes tipos de quesos junto a pan de campo.
- Y la comida es deliciosa- respondió él sin tragar.
Ginny le sonrió y se llevó una fresa a la boca observando a los demás invitados como reían y bromeaban entre sí. Harry estaba sentado frente a ella, una taza de humeante café era lo único que desayunaba junto a unas tostadas. Él la había observado desde que se había unido a la mesa, pasando por el elocuente intercambio de miradas entre ella y el colombiano, así como sus expresiones al disfrutar de ese paradisíaco lugar, que a él también se le antojaba hermoso, si no fuese por el detalle de no poderlo disfrutar a pleno.
La pelirroja rápidamente terminó con las frutas y se disculpó con una sonrisa dispuesta a disfrutar de un poco de sol mañanero que ese maravilloso lugar le ofrecía
Con regocijo se quitó el vestido quedando vestida sólo con el traje de baño, escogió un lugar junto a la piscina y se abandonó bajo el sol, dejando que su calidez marcara su piel, y que el sabor a sal marina que había en el aire se impregnara en sus labios.
- ¿Disfrutando del sol?- Ginny reconoció inmediatamente la voz por lo que no abrió los ojos.
- Pocas veces se puede disfrutar de un sol así…- ella sintió como él se sentaba a su lado y luego se quedaba en silencio, como si intentara decirle algo.
- Vengo a pedirte una cosa- Ginny elevó las cejas sin abrir los ojos.
- Me lo esperaba- se calló y luego se giró para que el sol le diera en la espalda-. No tomaremos represalias, si es lo que te preocupa, ya te he dicho que esto es algo que nos conviene a ambos- colocó sus manos por delante de su frente-, mi padre no tardó en entenderlo.
- Comprendo.
- Lo que sí debemos ultimar es el tema de los hombres que se encargarán de la carga. Así como exijo la máxima confianza en los míos, quiero lo mismo en los tuyos. A ninguno de mis hombres les temblará el pulso si tienen que echarse al hombro a un traidor.
- Puedo decir lo mismo de los míos- Harry observó la espalda de la chica, brillante por el sudor y resplandeciente bajo los rayos del sol.
- Por otro lado, a pesar de que ya lo sabes, te advierto que deberás reforzar la seguridad- frunció los labios-, los malditos italianos no se verán muy a gusto con todo este tema- él le respondió que sí, mientras miraba las largas piernas de la mujer que tenía adelante.
Siempre había sabido que ella era una mujer hermosa, aunque fuera vestida con un chaleco antibalas, o bien con un vaporoso vestido en una fiesta. La primera vez que habían estado juntos había sido de casualidad, los habían presentado por una conocida que tenían en común, ignorando que ambos eran enemigos naturales en esa región. Sin embargo, las copas dieron lugar a los toqueteos, y luego se perdieron en una de las habitaciones que la dueña de casa había dispuesto para tal fin.
Harry había descubierto que debajo de su ropa era aún más hermosa, una cintura pequeña, unos pechos altos y firmes, ni demasiado pequeños, ni demasiado grandes, con una aureola rosada terminando en un pequeño pezón; caderas estrechas y piernas largas y delgadas que lo rodeaban con fuerza mientras se perdían juntos.
- ¿Qué hace este aquí?- inquirió una voz a sus espaldas, Harry se dio vuelta para observar como el hermano de Ginny lo observaba con muy mala cara.
- Ven aquí Ron, has llegado en el momento justo- Ginny se sentó y de forma distraída acomodó el top de su bikini sobre sus senos, y luego llamaba a uno de los empleados del lugar pidiéndole un poco de sombra.
- ¿Debo considerar esto una reunión de negocios?- ironizó Ron sentándose en una silla alrededor de una mesa junto a una frondosa vegetación que refrescaba un poco el lugar.
- Ronald por favor- lo reprendió su hermana mirándolo a su lado-. Ya te he explicado por que nos conviene esta alianza, y nuestro padre nos ha dado su autorización.
- ¡Ya lo sé maldita sea!- exclamó él golpeando la mesa con un puño-. Pero eso no significa que no desprecie a este maldito infeliz- siseó mirándolo con rencor a Harry, que le sonrió con ironía.
- Mírenle el lado positivo, esto nos beneficia a ambas familias…
- Eso ya lo sabemos, sin embargo no significa que nos guste que hagan cosas a nuestras espaldas- Ginny se inclinó hacia delante-. Y eso es algo que tienes que tener muy claro tú- lo señaló- y tu padrino, nosotros hablamos de frente, cualquier decisión referida a este negocio debes hablarla antes, ahora el negocio pertenece a ambas familias, y no vamos a permitir que hagan cosas sin nuestro consentimiento.
- Lo mismo se puede decir de nosotros- replicó Harry mirándola fijamente-, Sirius y yo hemos sacado adelante el negocio luego de la muerte de mis padres, y tampoco permitiremos que se nos pase por encima. Y si en un futuro se nos presenta la oportunidad de adueñarnos de la ruta- se encogió de hombros-. Pues que así sea.
- ¡Pero que hijo de puta!- exclamó Ron poniéndose de pie.
-¡Ron!- Ginny agarró a su hermano de la ropa e intentó detenerlo para que no se abalanzara sobre Harry, sin embargo no pudo evitar que le diera un puñetazo en el rostro.
- Te juro que algún día te voy a matar- lo amenazó el pelirrojo agarrando a Harry por el cuello de la camisa, este lo miro echando fuego por los ojos verdes y Ginny intentó en vano soltar las manos de su hermano de la ropa del hombre.
- Ya déjalo, ¡no hagas un escándalo!- lo reprendió. Varios hombres se acercaron a ver lo que pasaba y Ginny les dedicó una sonrisa deslumbrante-. Un malentendido- dijo en inglés, sabiendo que los colombianos no entenderían ni una sola palabra-. Ron, basta ya…- gimió.
- Hazle caso a tu hermana, esto no nos conviene a ninguno de los dos- murmuró Harry para luego cerrar los ojos cuando Ron lo aventó contra la silla haciéndolo golpear fuertemente la espalda.
- Esto se lo diré a papá- siseó Ginny sentándose en su lugar, cruzándose de brazos y mirando a su hermano con enojo-. No seas infantil!
- Yo no fui el que trabo un acuerdo a espaldas de alguien- Ginny puso los ojos en blanco y le señaló con animosidad el lugar que estaba a su lado para sentarse.
Harry se llevó un dedo a los labios y se sobresaltó un poco al sentir un agudo pinchazo de dolor, luego miró su dedo manchado con sangre y maldijo suavemente.
- Y tú podrías guardarte ese tipo de comentarios para otro momento- lo reprendió Ginny al ver acercarse al colombiano con el cual se había acostado la noche anterior.
- Yo puedo decir lo que se me venga en gana…
- Respeta lo que dice mi hermana- amenazó Ron aparentando tranquilidad.
- ¿Algún problema?- preguntó el colombiano en un chapucero inglés mirando a la pelirroja.
- Un simple intercambio de palabras- le sonrió con esa sonrisa que hacía entrar en calor a los hombres, se puso de pie y puso sus manos en el pecho masculino-. Pero ya lo han solucionado- el colombiano miró la cara de disgusto de Ron y el labio partido de Harry, sonrió de lado y tomó a la mujer por la cintura, dejando que su mano le acariciara la cadera.
Ginny le guiñó un ojo divertida y se dejó lleva hacia el interior de la enorme casa bajo la mirada atenta de Harry que sintió su sangre hervir cuando la mano del hombre apretó el trasero de la pelirroja, y más aún cuando ella le regaló esa risa tan cantarina que tanto le gustaba.
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- ¿Podrías cambiar la cara?- indagó Ginny mirando con fastidio a su hermano.
- No me pidas que muestre una sonrisa cuando tengo ganas de estrangularlo- respondió Ron mirando furibundo al hombre que hablaba amablemente con el colombiano que estaba enredado con su hermana.
- No seas tan dramático- replicó Ginny quitándole importancia al tema haciendo un gesto con la mano-. Mírale el lado positivo, ya te lo he dicho- Ron suspiró sonoramente y apuró su vaso de whisky.
- No me jodas, Ginny…- su hermana rodó los ojos dándose por vencida, que su cuñada y su padre lo hicieran entrar en razón.
Caminó con desgana hacia donde los dos hombres hablaban y se reclinó perezosa en una cómoda butaca junto a la ventanilla.
- ¿Quieres beber algo?- indagó el colombiano arrastrando su acento latino.
- No bebo mientras viajo, me mareo- le señaló su cabeza e hizo un círculo con su dedo dándole a entender lo que decía, el hombre sonrió mostrándole sus dientes blancos y continuó hablando con Harry mientras ella los escuchaba con atención, y de vez en cuando acotaba algo que consideraba importante en aquella conversación.
El viaje continuó sin más sobresaltos, Ginny aprovechó para dormir un par de horas junto a la butaca de Harry, y se reprendió mentalmente cuando al despertar se encontró con la cabeza apoyada en el hombro del hombre. El servicio del avión sirvió un refrigerio tranquilo antes de aterrizar en un húmedo y lluvioso Reino Unido, en donde una comitiva de varias camionetas dispuestamente custodiadas llevaron al colombiano a un lujoso hotel, y luego a cada uno para su casa.
Harry saludó con un asentimiento de la cabeza a su abogado de la familia el cual hablaba con su padrino, y Sirius lo recibió con una sonrisa chispeante y un brillo extraño en los ojos.
- ¡Mi querido ahijado!- se puso de pie y abrazó a Harry dándole dos fuertes palmadas en la espalda-. Debes contarme como ha ido todo- Harry tomó asiento junto al abogado, el cual había sido un gran amigo de sus padres y de su padrino, y rechazó una taza de té, esa bebida insípida que tanto le gustaba al que estaba a su lado, Remus.
- Todo ha resultado mejor de lo que esperábamos, hoy nos espera Arthur Weasley en la casa de su hijo menor para ultimar los detalles.
- ¿Tan rápido aceptaron la idea de comerciar junto a nosotros?- Harry le sonrió.
- Pues la verdad no, Ronald estaba muy cabreado. Pero la hija de Weasley es una mujer muy capaz, ya sabes, Ginevra…
- La pequeña Ginny- Sirius intercambio una mirada cómplice con su sobrino haciéndolo sonreír.
- Esa misma- se inclinó hacia delante apoyando los codos sobre la mesa-. Tiene el don de su padre para los negocios, esa habilidad de la que carecen sus hermanos, ya sabes, rapidez para los números, evalúa rápidamente los beneficios y las pérdidas, toda una estratega.
- Una buena pieza para el negocio…- murmuró Sirius.
- Ginevra Weasley si se lo propone puede ser aún mejor que su padre- acotó Remus llevándose la taza de té a los labios-. He tenido el gusto de entablar una charla con ella, y me quedé muy sorprendido de la facilidad que tiene para el negocio.
- Y ni hablar de la belleza que tiene- agregó Sirius.
- Eso es algo que ha heredado de su madre- sonrió Remus mirándolo cono ojo crítico, Sirius se despeinó su canoso cabello en un gesto destinado a conquistar a las mujeres y sonrió.
- Sólo Dios sabe que esa mujer disfrutó más en mis sábanas que haciendo todos los hijos para ese Weasley- rió sonoramente-. Pero luego de tantos embarazos ya se volvió insípida para mí…- suspiró y miró a su sobrino el cual lo miraba sorprendido.
- ¿Me estás diciendo que te tiraste a la mujer de Arthur Weasley?- preguntó Harry escandalizado, haciendo a Sirius reír de forma escandalosa.
- En realidad no es del todo correcto, yo me acostaba con ella antes de que se echara al viejo Arthur, la había conocido en el colegio, ella era unos años mayor pero todo el colegio se la quería tirar- sonrió-. Finalmente yo fui el elegido, me inicié con ella.
- Eres un maldito desgraciado- susurró Harry negando con la cabeza divertido.
- ¿Es Sirius Black? ¿Qué más puedes esperar de él?- indagó Remus reclinándose en su asiento.
- Esa mujer era una leona en la cama, hasta que un día llegó al pueblo Arthur a hacerse cargo del negocio de su fallecido tío, un tipo sin talento para el narcotráfico. Fue instantáneo, ambos quedaron prendidos uno del otro, ella me abandonó y se fue con él quedando embarazada al poco tiempo- sonrió-. Un niño tan pelirrojo que era imposible dudar sobre quien era el padre…
- ¿Me estás diciendo que te rompió el corazón?- se burló Harry no pudiendo creer lo que su padrino le contaba.
- Nada tan importante- dijo Sirius de forma despreocupada, quitándole importancia al asunto-. En ese tiempo tu padre y yo también comenzamos a sacar adelante el negocio que nuestros padres llevaban adelante, y junto a Arthur nos convertimos en los líderes de esta zona.
- ¿Él alguna vez supo que tú te habías acostado en el pasado con su mujer?
- Creo que Molly nunca se lo dijo, o si lo hizo yo no me he enterado- se encogió de hombros-. Igual ya no tiene importancia, la siguiente noche a su abandono yo ya tenía a una prima de ella en la cama, y así varias muchachas de mi edad…- suspiró-. ¡Que épocas aquellas!- miró a su amigo-. Recuerdo que tú solías tirarte a su mejor amiga, ¿cómo es que se llamaba…?
- Mary…
- ¡Mc Kinnon!- Sirius aplaudió y rió-. Otra zorra con buen nombre- sonrió-. Sin embargo tu padre siempre estuvo prendido de tu madre desde pequeño.
- Y ella jamás le hizo caso- añadió Remus-. Bueno, hasta que él se encerró con ella en una habitación de hotel y luego fue imposible separarlos…- Harry negó suavemente con la cabeza recordando a sus padres.
Con los años el recuerdo de ellos ya no era tan nítido en su cabeza, a veces se le olvidaba la voz de su madre y el color específico de sus ojos, pero tan sólo con verse al espejo para recordarlos, eran iguales a los suyos. Luego su padre, con sus abrazos cálidos y su espontaneidad.
Sí…
Él había tenido una infancia hermosa, rodeado de seres que lo amaban y aislado de todos los negocios sucios que él ahora manejaba. Sin embargo esa nube de algodón que sus padres habían creado para él se rompió en mil pedazos cuando hicieron explotar la hermosa casa en donde ellos vivían. Años después, bajo los cuidados de su padrino, se enteró que había sido en represalia a un negocio que le habían quitado a los italianos. Peter, uno de los hombres de confianza de su padre los había traicionado, sin embargo Sirius lo había descubierto y se había encargado de que pasara a mejor vida, él junto a los traidores italianos que vieron reducido su cartel a los niños que ahora vivían en la otra punta del mundo resguardados de ese mundo violento.
Harry se obligó a crecer de golpe a pesar de que su tío intentó protegerlo así como hacían sus padres, sin embargo llegó un momento en donde ya no pudo hacerlo. Harry había crecido, ya no era el muchacho de doce años llorando por sus progenitores muertos…
Sin embargo aún recordaba como su padre amaba a su madre, como la abrazaba por la cintura y le decía palabras secretas al oído que la hacían sonrojar. Muy en el fondo él sabía que quería algo parecido para su vida, una mujer que lo amara de forma incondicional, y tal vez, si tenían el valor suficiente, abandonar todo y comenzar una nueva vida.
Sus padres lo habrían querido así.
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Ginny le sonrió a su cuñada, Hermione estaba hermosa con aquel encantador vestido rosado que se ajustaba a sus curvas como una segunda piel. Ella estaba tomada del brazo de Ronald, y con su deslumbrante sonrisa y con su calurosa bienvenida había logrado espantar los fantasmas que lo rodeaban y ahora se lo notaba muy relajado. Sin duda la charla con su padre había tenido mucho que ver, y ahora se hallaba como un manso corderito tratando de quitarle importancia a la alianza que habían hecho con Potter y con el insoportable de su padrino.
Caminó con gracia entre las personas, con mimo acarició la nuca de su hermano Bill el cual se giró y le guiñó un ojo de forma divertida mientras el arete de diamante brillaba en el lóbulo de su oreja. De un rápido movimiento la atrapó en sus brazos haciéndola reír jovialmente, Fleur a su lado rió con esa sonrisa melodiosa que sólo ella podía tener y se acercó entusiasta desplegando su cándida belleza entre las personas.
- Es hermoso el color de piel que has tomado en tan pocos días- dijo la rubia con un leve acento francés.
- Es que ese país es un lugar soñado- tomó la mano de su hermano el cual la tenía tomada de la cintura y se la apretó con cariño. Con Bill siempre había sido así, sentía desde muy pequeña una debilidad por él aún mayor que por cualquier otro. Y Fleur, su esposa, se había ganado su respeto al verla sufrir junto a ella siendo más chicas, cuando sus hermanos transportaban una carga involucrándose personalmente en el tráfico de sustancias ilegales.
Fleur era una mujer de aspecto frágil, pero tenía una personalidad pétrea y una importante determinación en sus palabras. Era fiel como un perro a su amado dueño, y moriría antes que vender a la familia.
- Te tenemos una noticia…- susurró Fleur tomando las manos de Ginny y llevándoselas a su vientre plano. La pelirroja la miró a los ojos pudiendo sentir a través de la fina tela fantasía como el calor de la barriga de su cuñada cosquillaba sobre sus palmas.
- ¿Cuánto?- indagó conmovida.
- Casi dos meses- Ginny apretó los ojos los cuales se le habían llenado de lágrimas y abrazó con fuerza a su cuñada, la cual le devolvió el apretón con animosidad.
- Voy a ser tía…- dijo conmovida alejándose un poco de su cuñada para mirar mejor su vientre-. Pero no se te nota nada…- Fleur se encogió de hombros con una sonrisita y Ginny volvió a abrazarla con fuerza.
- Todavía no se lo hemos dicho a nadie, pero como te hemos elegido como madrina…- dijo Bill suavemente abrazando a las dos mujeres por la cintura-. Creímos necesario que lo supieras primero.
Ginny sonrió alegre y los abrazó con fuerza a ambos.
- Gracias…
- Ahora ve con los invitados- murmuró Fleur acariciando la espalda de su cuñada-. He escuchado que Sanchez ha enviado a colombiano muy buen mozo- le guiñó un ojo juguetonamente-. Creo que lo conoces bien- Ginny le sonrió con cariño alejándose de la pareja.
Saludó a un par de conocidos más e intercambió unas pocas palabras con algunos de ellos, coqueteó sutilmente con un viejo amigo de su hermano mayor y luego eludió insinuaciones de la mujer de uno de sus más fieles socios. Bailó alegre en algún momento y luego se dejó caer en los brazos de su hermano Charlie mientras este la hacía girar una y otra vez en la pista.
Algo acalorada y un poco mareada por el calor y las tres copas de champaña que había bebido, caminó resuelta con un vaso de agua fría hacia el balcón de esa lujosa casa, Antonio, el colombiano con el que ella se había acostado ahora disfrutaba de la fiesta rodeado de unas cuantas delicias rubias, todas primas de Fleur. En esos pocos días en donde había tenido la oportunidad de conocerlo mejor, se había dado cuenta de que el tipo era un erudito sin remedio, y un conquistador nato. Y no es algo que a ella le molestase, porque bien podría aceptar que tuvo sus momentos de mujer fatal en aquella zona del país. Sin embargo tenía que admitir que era bueno en la cama, y ella se lo había dejado bien clarito desde un principio, o se acostaba solo con ella, o hacía lo que quisiera sin ella. No estaba dispuesta a compartir su hombre de turno con ninguna mujer por muy bueno que sea este en el dormitorio…
Aunque claro, siempre hay una excepción a la regla…
No voy a poner ninguna excusa que no tengo, simplemente gracias a las personas que insisten en que siga escribiendo. No subiría esto si no fuese por ustedes.
