¡Buenas tardes! Hoy tenemos una tarde lluviosa y fría, con temperaturas que no van a superar los 14° de sensación térmica… (¿?). Ok, ignoren lo que acaban de leer, es sólo que este otoño me tiene chocada ¡Un día hace 20° y al otro 7°! Díganme si a alguien le gusta eso de andar cambiando de ropa cada dos por tres –o que haga frío, o que haga calor ¡Y no las dos cosas!- porque a mí no. En fin, dejando eso de lado, aquí tenemos otro maravilloso cuento, y esta vez la cuenta-cuentos va a ser… *redoblantes sonando*… ¡Evergreen!

Cof, Cof, tengo una pequeña aclaración. (¡Ah! Y la historia de "La Bella y la Bestia" no me pertenece, vuelvo a decir que no tengo idea de su autor, pero le pertenecen a él, o ella). No son muy fanática de la pareja Elfman/Evergreen –me gustan y todo, pero jamás se me hubiera ocurrido escribir sobre ellos- sin embargo, haré mi mejor esfuerzo para aquellos a los que sí les gusta lo puedan disfrutar y divertirse.

Se corre el telón y empieza la obra. ¡Espero que lo disfruten!

OoOoOoOoOoOoOoO


Cuentos para dormir.

"La Bella y el Bruto"


El reloj daba la 01:03 a.m.

Cualquiera podría pensar que la gente normal, a tan altas horas de la madrugada, ya estaría durmiendo en su cama, acurrucados entre las sábanas, calentitos, y danzando en el estado de sueño más profundo al que un ser humano puede acceder. Soñando con dragones, libros parlantes, tuercas y tornillos, pasteles de fresa gigantes, escenas subiditas de tono con el amor de su vida, jugos de kiwi y hasta un paraíso de pescados. Sin embargo, debo destacar algo: la gente normal.

Y es sabido, incluso en Júpiter, que esa gente no es normal.

Por lo que ese particular escenario que se desarrollaba frente a sus ojos, no era algo que pudieran denominar normal. ¡Mavis! Si esa clasificación se explayaba y se expandía, en realidad no había nada que pudieran calificar de normal, para su eterna y asquerosa desgracia. En contadas ocasiones –en verdaderas contadas ocasiones, tanto, que si usaban ambas manos seguramente sobraran los dedos- las personas allí presentes habían actuado de forma normal; y cuando eso había pasado, más de uno tuvo un susto de muerte, sobre todo el más anciano.

Alzack y Bisca se miraban entre sí, cruzando preocupaciones y, más que nada, descontento. Y es que, ¡Por los putos antepasados del gremio! ¿Qué aquellas personas no tenían un enchufe de apagado en alguna parte de su anatomía? ¿No se cansaban de estar todo el día como perros en celo? ¿Las baterías que usaban eran jodidas baterías recargables con luz solar? ¡¿Por qué rayos y centellas tenían que matarse todo el día, como si fueran una jauría de lobos hambrientos?! ¡Eran personas, seres humanos!

No, no estaban exagerando. Vean el hermoso panorama que desfilaba frente a los ojos de los torturados padres: aunque el círculo de personas, corrección, el circulo del infierno estaba intacto –cada quien mantenía su posición- el estado de ese redondel era lo que preocupaba; y deprimía. Nadie sabía cómo, ni cuándo, ni dónde, ni por qué –el quienes estaba demás preguntar, era súper-archí-recontra-sabido- pero todos estaban sumidos en una importante discusión sobre quién tenía la culpa de semejante descontrol (nótese la ironía de la situación).

Por un lado estaba Erza, a quien la acusaban de ser la responsable de haber tirado una bandeja con preciada comida en dirección de la autoproclamada Reina de las Hadas. Por el otro, estaba Evergreen –si, la misma que se consideraba víctima de las atrocidades recién mencionadas- a quien la acusaban de tirar una jarra de leche azucarada en contra de Titania. Eso no le importaría mucho al resto si no se hubieran visto afectados. Una gran parte de los testigos difusos habían sido bañados con el líquido caliente, que además de quemarse, resultaba que estaban todos pegoteados por el azúcar; mientras que la otra parte había recibido proyectiles de galletas, lo que había resultado doloroso y, también, pegajoso.

Algunos le echaban la culpa a Evergreen, por ser la responsable de la ira desatada de Erza, ya que siempre es la única que tiene unas palabras en su contra. Otros –los más valientes, o descerebrados- le echaban la culpa a la pelirroja, diciéndole que, si bien estaba todo de diez que se enojara con la maga, debía controlar un poco sus ataques de ira rábica, porque no era algo justo que ellos se vieran involucrados en una pelea ajena (como si eso no pasara nunca en Fairy Tail).

Y así el reloj seguía corriendo, sin importarle una mierda que estuvieran estancados en lo mismo, mientras esperaban pacientes a que se decidieran de una jodida vez quién era la culpable –aunque eso no fuera nunca a pasar- porque ya habían perdido la esperanza de que el sueño los atacara. Y ya saben lo que dicen por ahí, que la esperanza es lo último que se pierde.

Lo más divertido de todo, sin embargo, era que su pequeño ángel tampoco tenía sueño. Divertida como estaba, daba saltitos en su lugar y aplaudía viendo la escena. Ambos sabían que Asuka era miembro del gremio desde su nacimiento y que había altas probabilidades de que la estupidez reinante se le pegara mucho más rápido que al resto de los miembros –miren como quedaron Natsu y Gray, si no- pero ella era su hija y, dentro de todo, ambos eran personas medianamente normales. Por eso, habían esperado falsamente que sus propios genes fueran mucho más fuertes que los genes fairy; al parecer, habían fallado.

— ¿Estás segura que no tienes que meterte Bisca? —Alzack miró la escena con estupor. Erza desprendía un aura tan atemorizante que temía que se fuera a desatar el monstruo que, sin duda, llevaba dentro—. Me preocupan…

—Lo sé, a mi también —admitió disgustada—. Pero si intervenimos, se nos van a tirar a nosotros, y me imagino que no quieres eso.

—Eh, no. Claro que no.

—Entonces… —le puso una mano en el hombro, dándole ánimos—. No te preocupes, hay que ser pacientes. Estoy segura que en cualquier momento alguno explotará y calmará a todos —le sonrió, confiada en sus palabras—. Además —susurró en su oído—. No quiero asustar a Asuka.

Alzack iba a retrucar porque era precisamente el temor a que alguno explotara lo que le preocupaba, pero se quedó calladito, guardando sus preocupaciones. Ya había asegurado en su cabeza el mapa de salida de emergencia más rápido. Si la situación lo ameritaba, saldría corriendo del lugar junto con las dos personitas que más amaba en el mundo. Jamás permitiría que algo malo les pasase.

Y aunque cualquiera podría tacharlo de exagerado, los instintos de padre-esposo sobre-protector no le fallaron. Quién sabe de dónde, salió disparada en dirección a ellos la misma bandeja que había sido usada en el terrible atentado contra Evergreen; y como ya estaba con los nervios a flor de piel, Alzack pudo evitar que la catástrofe les chocara en la cara y de un rápido movimiento empujó a los tres fuera de la dirección de la bandeja desquiciada. El acto fue seguido por todos –que milagrosamente habían parado de gritarse- hasta que el objeto chocó contra la pared, haciendo un ruido horrible.

Casi todas las miradas se posaron inmediatamente en la supuesta culpable de haber arrojado el peligroso objeto volador.

—Ah, claro, échenme la culpa ahora —soltó furiosa, reacomodándose los lentes y arrugando su nariz—.Y tú, —miró a Elfman—. Lo mínimo que podrías hacer es apoyarme ¿No?

—Eh… yo… no es de homb… Eh…

— ¡Ja! ¡No te tenía en esas, Elfman! —rió Gajeel, palmeando el suelo—. ¡La bruja te tiene controlado!

— ¿A quién le llamas bruja? —le rugió al mago de hierro, fulminándolo con la mirada. Es más, estuvo tentada a sacarse los lentes para poder hacerlo de piedra con sus sexys ojos ¡Estaba harta de que ese intento salvaje de dragón le dijera que era una bruja! ¡Como mucho, ella era la bruja!

— ¿Quieres que te lo repita, bruja desquiciada?

Los dientes de Evergreen crujieron de ira y su mirada pareció soltar chispas destellantes.

— ¡Gajeel, insultar a una mujer no es de hombres!

— ¡Claro, ahora se te ocurre ayudarme!

—Yo… —Elfman dudó unos instantes, mientras todas las miradas se le clavaban como mortíferos aguijones de abeja, sobre todo, la de la maga que había pedido su ayuda segundos atrás—. ¡Entrar en situaciones cocinadas como héroe es de hombres!

— ¿Ajá? —una sonrisa de muñeca psicótica apareció en sus labios—. ¿Y crees que sea de hombres aguantarse el dolor? ¿Eh, Elfman?

El hombre-bestia tragó finito, mientras ocultaba sus deseos de gritar como niña.

Fue el colmo de la descontrolada situación número veinte que golpeaba el nuevo día. Si Bisca había tenido intenciones de alejarse lo más posible de la situación eso ahora quedaba en el pasado. Mirando agradecida a su salvador y amor, se paró de un salto y miró a todos. Lo que dio miedo –y paró la anterior situación de tensión- no fue el hecho de que los fulminara con la mirada o les gritara que iba a destriparlos uno a uno hasta que no quedaran más victimas disponibles o les dijera la clase de torturas que tenía en mente. No, para nada. Lo que provocó pánico contenido fue que se cruzara de brazos, con un aura de suma tranquilidad, y les sonriera de forma maternal.

—Puedo entender que estén cansados y exhaustos, porque yo también lo estoy —no volaba ni una mosca mientras hablaba—. Lo que no puedo entender es que a cada situación delicada se griten como fieras enjauladas. Así que les voy a pedir, por favor, que terminen de una vez esta estúpida discusión, limpien lo que ensuciaron y se sienten, porque Asuka decidirá quién será la siguiente ¿Estamos todos de acuerdo?

Si alguien no lo estaba, nadie se dio cuenta. Todos asintieron, con miedo de que Bisca fuera de verdad a matarlos de un momento a otro; mientras se escuchaban, casi de refilón, los murmullos que provocaban las risitas contenidas de Alzack.

—Mejor así —sentenció, acentuando aún más su dulce sonrisa.

No se dijo una palabra más. En contra de sus voluntades –por lo menos de la mayoría masculina- comenzaron a limpiar el pequeño desastre que las dos magas habían armado. Juntaron las galletitas esparcidas por el piso, la bandeja asesina, limpiaron la leche derramada en las sábanas aunque apenas saliera un poco la mancha, recogieron la jarra y más de uno fue a los baños del gremio con la intención de sacarse el pegote que tenían, por lo menos, en sus cabellos. Y como la comida ya se estaba acabando, Levy decidió llenar las bandejas y las jarras una vez más para que después ninguno andara por ahí quejándose que tenía hambre.

Por supuesto, si el caos y los problemas se hubieran terminado, eso no sería digno de llamarse Fairy Tail.

La siguiente pelea que se desató fue en la puerta de los baños, de los únicos baños habilitados. Sin contar a la familia de tres, los afectados por la pegajosa plaga habían sido un total de diez personas y dos gatos; y como Mirajane había cerrado los baños masculinos con llave –y nadie tenía ni puta idea en dónde la camarera y el Maestro guardaban los poderosos objetos (tampoco es como si tuvieran ganas de buscarlos)- los únicos que se podían usar eran aquellos con unicornios, arcoíris, nubes y color rosa por todas partes, sin mencionar el empalagoso perfume que se respiraba al entrar.

Allí, en la puerta rosa que decía "Ms Fairy" el clima se había vuelto caliente. Las cinco damas y los cinco caballeros –más los dos gatos, que estaban en posiciones divididas- peleaban entre sí por el territorio. Ninguna quería que esos cinco masculinos pusieran una sola uña en su pulcro y santo baño. Si lo hacían, temían que aquel lugar celestial que tanto se empeñaban en cuidar y limpiar todos los condenados días para que todas pudieran tener su momento privado en paz se convirtiera en el agujero negro que era el baño vecino. Dar el brazo a torcer no era digno de nadie que se considerara miembro de ese gremio, y las mujeres lo sabían muy bien. Defenderían su lugar con uñas y dientes, de ser necesario.

Por otra parte, los hombres tampoco se rendirían tan rápido, si ellos mismos no se tomaban las cosas con seriedad, nadie las haría. Y aunque no podían prometerle a sus compañeras que no mancharían nada –porque tampoco eran mentirosos- sí podían asegurarles que no romperían nada (aunque la promesa fuera de dudosa procedencia). ¡Vamos! Si les aseguraban que eran responsables, confiables, sumamente capaces y que juraban por lo más preciado que tenían por tan sólo cinco minutos de lavado rápido, estaban seguros que algo conseguirían. ¡Joder! ¡Eran sólo cinco minutos para cada uno! ¿Tanto problema tenían?

Alzack y Bisca escuchaban los griteríos con completa derrota, mientras Asuka comía un par de galletas de chocolate y tomaba un vaso de leche. El hombre murmuró algo al aire, para calmar sus nervios desbordantes, y se tapó los oídos con ambas manos comenzando a tararear una bonita canción de cuna –que había aprendido para su hija- mientras que la mujer bufó y, desentendiéndose de la situación, se echó hacia atrás cerrando los ojos, en un intento por conciliar el sueño. Si esos salvajes querían matarse entre sí, ¡Bien, que lo hicieran! Pero que después no fueran a reclamarles nada.

La situación en los baños llegó a su punto máximo cuando las magas decidieron, unánimemente, que los dos gatos y Jellal tenían el permiso para pasar, pero que aún tenían que pensar si el resto iba a estar habilitado o no. Happy, como buen persona cínica que era, se rió perversamente de los magos que tenían que seguir sucios y eso desató la ira iracunda que más de uno venia guardando. Sobre todo en Gajeel, que se consideraba a si mismo digno de toda verdadera confianza y expuso sus razones: si bien era destructor, eso sólo pasaba cuando era influido por el idiota de Salamander.

Las magas hicieron un círculo, mientras las quejas de los otros magos se escuchaban de fondo. Tenían que resolver esa situación inmediatamente, si no, no podrían seguir contando los cuentos y la única que hasta ahora había tenido ese privilegio había sido Juvia. Cuando finalizaron de deliberar, tanto los gatos alados como el Mago Celestial ya estaban medianamente limpitos y en sus lugares, con el baño intacto, tal cual lo habían encontrado.

Erza se dio la vuelta y los encaró, cruzándose de brazos. El aura de sargento de caballería la rodeó de inmediato. A fuerza de voluntad, los cuatro magos decidieron dejar de quejarse y poner su mejor cara de atención. Si querían limpiarse debían rebajarse; aunque les costase su orgullo. Ambos Dragon Slayer ya no soportaban la peste que tenían encima.

— ¿Y bien? —preguntó Gray, rompiendo el hielo.

Erza tomó aire y luego lo soltó.

—Tienen cinco minutos cada uno. Ni más, ni menos. Pero, —advirtió levantando el dedo, cortando la carrera que estaban a punto de hacer—. Si en ese tiempo no están en la ronda o hay algo, un mínimo detalle fuera de lugar… Sera lo último que hagan en sus vidas. ¿Está claro?

Los cuatro asintieron y las magas les abrieron paso lentamente, dejándolos pasar con una estaca clavada en sus corazones. Más de una soltó una lágrima al verlos cruzar la puerta, temiendo que fuera la última vez que vieran a su queridísimo y hermoso baño tal cual estaba. ¡Y eso que ellas habían puesta tanto esfuerzo en decorarlo!

Cinco exactos minutos después, estaban todos en la ronda, saboreando las galletas y la leche azucarada, para sorpresa de muchos. Erza fue a supervisar que todo estuviera en orden y para su mayor-triple-cuádruple sorpresa, el baño estaba intacto. Y la sorpresa fue aun muchísimo mayor para los padres de la niña que, cuando Levy los llamo para decirles que ya todo estaba en orden, no podían creer que fuera la verdad; con cautela, habían revisado el lugar con la mirada, esperando encontrarse con lo que fuera y resulto que no había nada raro.

Aunque eso les dio terror, decidieron ignorarlo. ¡Al fin podían seguir con los cuentos!

—Bien, Asuka-chan —le habló Lucy con su mejor sonrisa de "yo-seré-la-próxima-¿verdad?"—. ¿Quién será la siguiente?

La niña examinó el panorama, mientras tomaba ligeros sorbos de leche. Ahora que Juvia estaba fuera del juego, sólo quedaban cuatro magas para decidir la contienda y las más ansiosas por recibir el puesto de número dos, eran las alborotadoras de esa hora: Erza y Evergreen. Si no fuera porque Asuka tenía seis años y la mitad de los presentes estuviera más interesado en ver que galletita sería la siguiente que ingirieran, la escena parecía sacada de la mafia.

— ¿Asuka-chan? —insistió Levy, esperanzada.

— ¡La tía Evergreen! —anunció contenta, mientras alzaba los brazos y salpicada algo de leche.

— ¿QUÉÉÉÉ? —gritaron las cuatro magas, incluida Juvia.

Más de uno escupió lo que fuera que estuvieran comiendo.

Las tres magas no-elegidas miraron a la niña suplicante, completamente desconcertadas. ¡Después de todos los problemas que esa mujer había causado tenía el privilegio de seguir! Eso no podía ser así. Seguramente la hubiera engatusado con alguno de sus viles trucos de miradas o la había hechizado con magia. ¡Eso era! ¡Eso tenía que ser! ¡Maldita bruja!

— ¿Qué fue lo que le hiciste? —la acusó Erza, sacando una de sus espadas del aire.

— ¿Yo? —la mujer sonrió con suficiencia, levantado su cabeza ligeramente—. Si la niña me prefiere es porque es muy inteligente, mi querida Erza. Sabe lo que es bueno cuando lo ve y a diferencia de ustedes, yo estoy enteramente calificada para contar un cuento.

— ¿Y eso qué quiere decir? —preguntó Levy, con el ceño fruncido.

— ¡Nos está acusando de malas cuenta-cuentos! —le apuntó Lucy, quien fue apoyada por Juvia sintiéndose ofendida por el comentario; que seguramente era dirigido casi exclusivamente a ella.

—Si es lo que quieren pensar… —y se encogió de hombros, sintiéndose reina del mundo.

—Maldita cretina —murmuró Erza. Se le podía ver una vena latiéndole en la frente, mientras apretaba con furia contenida el mango de su espada y se le oía crujir.

— ¿Qué cuento vas a contarme, tía Evergreen? —interrumpió la niña.

Tuvieron que dejar las acusaciones y los malos tratos aparte. Asuka no tenía por qué enterarse ni entretenerse de su mortífera pelea –aunque de verdad la niña parecía ajena a toda maldad- por lo que se destensaron tanto como pudieron y se tragaron todas las palabrotas que tenían preparadas para una personita en particular. Y aunque Evergreen estuvo tentada a soltar uno de sus mordaces comentarios, Elfman le hiso ver con una mirada que ya era suficiente por hoy y, por esa única vez, le hiso caso. No era tan bruja como aparentaba ser.

—La Bella y el Bruto.

— ¿Y… el… Bruto…? —Elfman volvió a recibir todas esas miradas curiosas mientras murmuraba.

— ¡Hurra! ¿Oíste mami?

Happy sonrió maléficamente. El titulo ya prometía… ¡Oh, cuantas maravillosas oraciones con buenas intenciones aparecían en su mente!

Teniendo la atención de todos en el lugar, Ever carraspeó su garganta unos cuantos segundos y se acomodó en su lugar obteniendo su típica pose de diva, que la acompañaba a todas partes. Sus expectativas eran altas y tenía como única meta superar al cuento minimalista de Juvia, que, la verdad, había dejado que desear. El de ella seria, claramente, mil veces mejor y nadie podría negárselo.

Había una vez en un reino muy lejano una hermosa, despampánate, inteligente, fuerte, esbelta, perfecta y bella mujer, que obtenía la atención de todos en su caminar. A donde quiera que fuera, no recibía otra cosa más que halagos por sus muchas cualidades que agradecía con humildad, porque a pesar de que fuera cierto todo eso, no era necesario que la gente se lo estuviera recordando.

¿Humildad?

Evergreen fulminó con la mirada a la pelirroja por haberla interrumpido tan rápido, aunque no fuera la única que pensara de esa manera. ¡Esa mujer tenía un serio problema de egocentrismo-narcisista!

—Ever, deberías saber que los hombres no usan tantos adjetivos en una oración.

— ¡Pues yo no soy un hombre, bruto! —le rugió—. Y ustedes, —apuntó casi específica y exclusivamente a Erza—. ¡No me interrumpan! Cuando Juvia contaba su ridículo cuento, yo no la interrumpí nunca.

Y aunque más de una tuvo la intención de negar esa realidad, era la más pura verdad.

—Bueno, bueno —habló Jellal, llamando al concilio—. Evergreen, estoy seguro que las chicas y Elfman sólo querían decirte que no es necesario que uses tantas palabras para describir a alguien ¿Verdad, Erza? —la pelirroja estaba a punto de soltar unas cuatrocientas verdades distintas cuando sintió su mano acariciar su brazo con suavidad y eso la desarmó. Asintió, dándole la razón—. ¿Ves?

— ¡De acuerdo! –estalló, aceptando a regañadientes—. Empezaré otra vez, pero será la última.

—A veces no sé quién da más miedo, si Erza o Jellal —murmuró Lucy, temblando en su lugar.

— ¿Por qué dices eso, Luce?

— ¿Cómo que por qué? —se horrorizó—. ¡¿Nos viste como la calmó con tan sólo una mínima caricia?! Ay, Natsu, a veces de verdad me pregunto hasta donde llega tu estupidez —negó con la cabeza—. Jellal domina a un monstruo como si fuera un cachorro recién nacido ¿No crees que eso sea algo de temer?

Natsu fijó su vista en la escena donde ambos magos estaban sentados. Ahora que lo analizaba, Lucy tenía toda la razón del mundo. Tembló inconscientemente y se aferró al brazo de su mejor amiga, mientras intentaba ocultarse tras su espalda, aun a pesar de los forcejeos y gritos que ella hacía para echarlo de ahí. ¡Fairy Tail estaba lleno de criaturas de las tinieblas!

Había una vez, en un reino muy lejano, una inteligente y bella mujer. Vivía en un pequeño pueblo con su padre Laxus…

— ¡¿LAXUS?! —gritaron todos, volviendo a interrumpirla.

— ¡Que cierren la jodida boca! —bufó, cruzándose de brazos—. Imbéciles…

Ejem, vivía en un pequeño pueblo con su padre Laxus, que en los tiempos de antaño había sido un poderoso guerrero. Su nombre era Bella, tal como su apariencia lo dictaba, y era codiciada por cada joven hombre que habitaba en los alrededores. Por supuesto, para ella aún no había llegado el indicado, por lo que los rechazaba a todos y cada uno de ellos, explicándoles pacientemente que no estaba interesada; era feliz viviendo con su padre en su pequeña casa a las afueras, y no tenía más pretensiones que esas.

El pueblo de Fantasía era bien conocido por sus plantaciones a pesar de lo pequeño que era. Todos se conocían entre sí y era por esa precisa razón que las noticias viajaban tan rápido como el viento, instalándose en el común general. Por esas fechas, se decía que el castillo abandonado que se encontraba en lo profundo del bosque Encantado cobraba vida misteriosamente. Los más valientes que se habían atrevido a ir por esas rutas, habían comentado escuchar rugidos de una bestia feroz provenientes de esas lejanas paredes de piedra. Aunque pocas personas le creían.

Bella y su padre eran de las personas que no creían en eso, por lo que cada mañana Laxus se levantaba, agarraba su hacha y se dirigía al bosque a conseguir leña, a pesar de que sus vecinos le repetían que era peligroso que se adentrara en ese lugar. A ambos les resultaba gracioso que la gente mayor se tragara esos cuentos de hadas. "Boberías" les respondía cada vez, y cada vez que lo hacía volvía ileso, con una gran cantidad de madera recién cortada.

Por eso, cuando despidió a su padre esa tarde que se veía tormentosa, Bella no se preocupo en absoluto. Encantada como estaba, se dispuso a preparar una rica cena calentita. Agarró su gran libro de recetas heredado y decidió cocinar conejo. A la mitad de su preparación apareció Rustyrose, aquel hombre que jamás se cansaba de hostigarla, diciendo que lo mejor que podía hacer era casarse con un hombre como él. Aunque le costó, al final pudo echarlo y siguió preparando la cena.

Cuando terminó puso la mesa y se sentó a esperarlo, seguramente no tardaría en llegar. Pero conforme las horas pasaban y las velas se iban consumiendo, Bella se preocupaba cada vez más. El comienzo de la feroz tormenta dio pie a que decidiera salir a buscarlo. En contra de lo que dictaban las leyes de la naturaleza, se puso una capa y fue hasta el bosque Encantado en medio de relámpagos, feroces truenos y ventiscas que la hacían trastabillar cada dos por tres.

— ¿T-t-tor-torm-me-menta…? —murmuró Lily, tapándose las orejitas.

Levy se apiadó del pobre animalito y lo apretujó mas contra si, murmurándole que sólo era un cuento y que no tenía que estar asustado ya que afuera una hermosa luna llena y centellantes estrellas adornaban el cielo nocturno. Lily asintió y aceptó gustoso las caricias de la maga, e hiso un esfuerzo demandante para alejar su viva imaginación.

Con desesperación gritaba su nombre sin obtener ninguna respuesta positiva a su llamado. Comenzó a adentrarse cada vez más en el bosque hasta que un furioso relámpago partió el cielo a la mitad iluminando al imponente castillo que se alzaba frente a ella. Bella pegó un grito del susto cuando vio que desde una ventana en lo alto de una torre unos ojos gigantes y casi amarillentos la miraban a través del vidrio. ¡Era cierto! ¡El monstruo que habitaba el castillo era cierto! Y posiblemente mantuviera cautivo a su padre… ¿Qué debería hacer?

Corriendo tan apresurada como cuando iba al bosque, se encaminó al centro del pueblo desde donde se podían ver faroles prendidos en la puerta de la posada. Entró, abriendo la puerta de improvisto y asustando a más de uno. No perdió tiempo y explicó su situación, pidiendo ayuda para poder liberar a su padre de las garras del malvado monstruo. Sin embargo, nadie se levantó de sus asientos, ni le hablaron, ni siquiera tuvieron el valor de mirarla y negársele frente a frente. Desesperada, Bella se dirigió a Rustyrose (aunque le revolviera el estomago pedirle algo), con el afán de conseguir algo de su parte, mas el hombre se negó.

"Tu padre es hombre muerto, mi querida Bella" fue lo único que salió de sus labios "Pero yo estoy aquí, vivo" le insinuó. Furiosa, conectó una cachetada en su mejilla bajo la atenta mirada de los presentes y se marchó del lugar, decidida a sacar a su padre ella sola. Si nadie iba a mover un pelo, bien, no los necesitaba. "¡Cobardes!" les gritó, antes de cerrar la puerta con fuerza tras de sí y fundirse nuevamente con la tormenta.

Llegó a las puertas del castillo jadeando y atemorizada. No tenía más que sus manos para defenderse. Los enormes ojos amarillos aun seguían en su memoria, clavados como dos estacas en la madera y provocándole escalofríos por todo el cuerpo. Tomando el valor que le dio el recuerdo de su padre, Bella tocó la enorme puerta varias veces, esperando pacientemente que no la comiera apenas entrara en la morada. Cuando estas se abrieron, provocando un estruendo que rebotó en la piedra, todo su cuerpo tembló, pero, decidida, entró sin vacilar.

El lugar era sin duda enorme y vacío. Frente a ella estaba una escalera de doble bajada que terminaba en un enorme ventanal con las viejas cortinas cerradas. Cuando dio los suficientes pasos para terminar en el centro la puerta tras ella se cerró sola y aunque intentó volver a abrirla, no pudo. Estaba encerrada en ese frío lugar, con una bestia salvaje de furiosos ojos amarillos que tenía cautivo a su padre y además, la tormenta no ayudaba a que sus nervios se tranquilizasen. El panorama era todo menos alentador.

Con el corazón en la boca, escuchó unos pesados pasos que se acercaban a ella desde el segundo piso…

— ¡BU! —asustó Happy.

— ¡Waaaaaaaaaa! —gritaron Natsu y Lucy, abrazándose entre ellos sin intención.

No sólo se escucharon los gritos de esos dos, también se pudo escuchar una especie de gritito contenido proveniente de Lily, que se aferró temblando al cuerpo de la Maga de Escritura de improvisto, provocando que se moviera hacia atrás con fuerza y que, por ende, cayeran los tres al suelo y Gajeel soltara maldiciones no aptas para menores. La pequeña Asuka rió ante la situación divertida, sorprendiendo a todos. ¿Qué esa niña era inmune a todo?

—Juvia cree recordar que íbamos a contar cuentos infantiles, no de terror —pensó la maga con un dedo debajo de su barbilla. Gray la observaba resignado y hasta algo sorprendido ¡Y no es que la mirara así porque ella no estaba asustada por el cuento y él sí y se sintiera avergonzado! ¡Para nada! ¡Eso no era de hombres! (Mavis, ya se le estaba pegando lo Elfman…)

— ¿Y quién cuernos les dijo a ustedes que esto era un cuento de terror? —preguntó Evergreen, con una vena inflamada latiéndole en el cuello.

— ¡Escuchar una historia de terror y no tener miedo es de hombres!

— ¡Estoy diciendo que no es de terror!

—Lucy… yo no quiero escuchar un cuento de fantasmas… tengo miedo…

— ¿No se supone que el hombre eres tú, Natsu?

—A Juvia no le molesta, es más, ¡A Juvia le parece divertido! ¡Un cuento con fantasmas, vampiros, hombres-lobo, calaveras parlantes y muchos, muchos zombies! —sonrió como una persona poseída, aplaudiendo suavemente—. ¿A usted no le parece divertido también, Gray-sama?

— ¿Eh? Ah-ahh… cl-cla-claro… «¿Lo dice en serio? Está loca», pensó alterado, intentando reprimir los temblores de su cuerpo.

—Suena interesante —apoyó Erza—. Un cuento de terror…

— ¡Hurra, hurra! —festejaba Asuka, mientras Alzack y Bisca le sonreían.

—Que-no-es-un-cuen-to-de-te-rror —rechinó sus dientes, al ver que nadie le hacía caso—. ¡QUE NO ES UN CUENTO DE TERROR!

Los presentes se callaron y la miraron, algo estupefactos.

Cof, Cof…

Con el corazón en la boca, escuchaba unos pesados pasos que se acercaban desde el segundo piso. Paralizada por el miedo, observó lo que se presentaba frente a sus ojos: una enorme bestia que fácilmente la superaba por tres cabezas de altura. Tenía el cabello blanco, largo, y cuernos dorados que salían de su frente. Unos enormes colmillos sobresalían de sus labios y sus ojos grandes la reflejaban mientras se clavaban en su persona. Bella estaba a punto de salir corriendo a esconderse a algún rincón cuando la enorme bestia se comió un escalón y cayó por las escaleras rodando.

Se acercó a él con sigilo y se arrimó para verlo mejor. "Más que bestia, eres un bruto" murmuró mirándolo desde arriba. La bestia levantó la mano para decir algo, aunque se notaba mareado "Caerse por las escaleras es de hombres". Bella enarcó una ceja ante el estúpido comentario, ahora que lo miraba más de cerca, no parecía ser tan atemorizante. ¡Sólo un bruto se caería de las escaleras en plena entrada triunfal!

Todos estallaron en carcajadas mientras Elfman intentaba ocultar su reciente rubor y Evergreen miraba a su público triunfal, con sus manos en las caderas. Ni rastro había quedado de la supuesta "historia de terror". No podía estar más orgullosa con ella misma.

—Ni se te ocurra decir que no entiendes por qué Elfman se puso colorado o por qué nos estamos riendo, Natsu —lo detuvo poniéndole una mano justo frente a su rostro, antes de que tuviera la desfachatez de decirle o sugerirle eso—. Bella es Evergreen y Elfman es la bestia ¿Entiendes?

—Si… —murmuró bajito, aunque no llegara a captar la idea completa. Lo que menos deseaba era contradecir a Lucy.

"¿Dónde está mi padre?" exigió saber. Entonces, la bestia pareció reaccionar porque de un salto rápido ya estuvo parado frente a la doncella, quien retrocedió asustada por la acción repentina. Él pareció escanearla nuevamente con la mirada, de arriba abajo, y el silencio los envolvió nuevamente. Bella volvió a sentir escalofríos y se apartó dando ligeros pasos hacia atrás. Las dudas la carcomían por dentro y eso sólo incrementaba su incertidumbre.

Al final, el hombre-bestia pareció decidirse y con un ligero gesto de manos, le indicó que lo siguiera. Caminaron por el gran salón hasta llegar a una pequeña puerta de madera. Daba a unas escaleras caracol que se hundían en las entrañas de la tierra. Bella tuvo un mal presentimiento, pero siguió caminando hasta encontrarse en el sótano del castillo. Era un largo pasillo con puertas de madera que poseían una pequeña rendija con barrotes, apenas si se podía ver el interior de las celdas. Él le señalo la última a la izquierda y ella se acercó, sigilosa, siempre teniendo cuidado.

Cuando miró por la rendija de barrotes, se tapó la boca, ahogando un gritito de felicidad. Su padre estaba allí, casi intacto, mirándola con ojos brillantes. "Bella, ¿Qué haces aquí?" le cuestionó, preocupado. Le explicó atragantándose en algunas partes lo que había pasado y cómo había llegado allí. Laxus estuvo tentado a decirle que se marchara, que huyera de allí lo más rápido posible, pero cuando vio a la terrible bestia detrás de su hija, se tragó todas las palabras y maldiciones. Si decía algo que lo molestara, lo más probable es que terminara lastimándola y era lo último que quería. Sólo deseaba protegerla.

"¡Libéralo!" pidió Bella, mirando fijo esos enormes ojos amarillos. "No puedo hacer eso" admitió "Si quieres que lo libere, entonces deberás quedarte y atenderme en todo lo que necesite. Para siempre" sentenció "Piénsalo bien, te daré una hora para que lo hagas" y se marchó, dejando a padre e hija a solas.

Mientras los minutos pasaban, Laxus trataba de convencer a su hija de marcharse. Estaba decidido a protegerla. Inventó toda clase de excusas para eso: él ya había vivido, se estaba poniendo viejo, nadie lo extrañaría; en cambio, ella tenía toda la vida por delante, se había convertido en una hermosa mujer, tenía sueños que cumplir, lugares que explorar. Pero todas las palabras que decía, todos los ruegos que daba, eran inútiles. Ninguno consiguió convencer a su hija de la decisión que se estaba formando en su interior. Así, cuando la bestia llegó para escuchar el veredicto, Bella le contestó que aceptaba el trato. Su libertad, por la libertad de su padre.

La bestia asintió y uniendo manos derechas, el pacto fue cerrado. Aunque Laxus protestó, pataleó y gritó, lo único que obtuvo de su hija fue una hermosa sonrisa. Fue liberado en el medio del bosque bajo la amenaza de que si volvía por esos lugares, él mismo se encargaría de acabar con su hija. Y así, Laxus marchó al pueblo, con una enorme herida en su corazón pero sin rendirse. Esa definitivamente no sería la última vez que vería a su niña, la iría a buscar, aunque le costase años, la liberaría.

— ¡Eso no es cierto! —protestó Natsu, parándose. Apuntó con su dedo acusadoramente a la maga cuenta-cuentos—. ¡Laxus no es tan débil!

— ¡Aye, sir! —apoyó Happy, elevando el vuelo.

Lucy y Gray se estamparon una mano en el rostro.

— ¿Qué tendrá Salamander por cerebro? —bufó Gajeel, hastiado hasta la frente de las inútiles interrupciónes—. ¿Un corcho carbonizado? —Levy rió ante el cómico pensamiento de su compañero. El joven hombre no se daba cuenta, pero a veces podía ser tan o más cabeza dura que su compatriota.

— ¡NATSU! –rugió Erza. (Hacía rato que no se la escuchaba imponer autoridad).

Evergreen estuvo tentada a petrificar a todos y cada uno de los presentes –dejando de lado, claro, a la pequeña. Si, ¡Eso no incluía a sus padres!- con sus ojos o que, por lo menos, alguna fuerza mágica los aplastara contra el suelo, dejando pasteles de seres humanos. No podía ser que la interrumpieran cada dos por tres. ¡Su cuento era mucho mejor que el de Juvia! ¿Por qué la trataban de la misma manera? (No quería admitirlo, pero tenía la leve sospecha que a ella la habían interrumpido más veces).

De repente, una mano grande y áspera se posó sobre su hombro. Cuando giró la vista dispuesta a usar sus delicadas manos para estrangular al osado, sus ojos escondidos en los redondos cristales chocaron con una mirada pacifica, casi dulcificada. A veces, se le hacía raro encuadrar semejante armatoste con gestos tan delicados como aquellos.

—No los culpes Ever, ya sabes como son.

—Para ti es fácil decirlo —y molesta como estaba, giró su vista, evitando cualquier contacto.

—Vamos —rió, agitando su hombro—. No seas así, tú también eres parte de todo esto.

— ¡No me juntes con estas bestias! —protestó, volviendo sus ojos al enorme hombre que tenía a su lado—. Puede que sea parte de este gremio, pero no formo parte de esta locura —y señaló frente a ella, donde Gray y Natsu parecían querer comerse con la mirada y el resto apoyaba a uno y otro, agitando los brazos como si estuvieran en una especie de coliseo romano.

—Bueno… —Elfman dudó; a él tampoco le gustaba que lo juntaran con esa clase de locura—. ¡Pertenecer a Fairy Tail y aguantarse todas las locuras que surjan es de hombres! —proclamó, golpeando su pecho con orgullo.

Evergreen rodó los ojos. Ese hombre nunca cambiaba, y era precisamente eso lo que le gustaba...

Una nueva vida comenzó para Bella. No era la ideal, no era la que siempre había deseado, pero tampoco estaba muy disconforme. En esos días de invierno que transcurrían lentos pero seguros, Bella fue conociendo más a la bestia y a los pocos habitantes que vivían en el castillo (si, ella también se había sorprendido al conocerlos, no pensó que alguien más viviera allí). Descubrió que la bestia era un bruto de lo peor y si no se caía por las escaleras, rasgaba alguna sábana con sus garras, tiraba algún jarro con su cola o rompía alguna silla con su increíble cuerpo. Cada dos por tres tenía que ir a auxiliarlo con algún "incidente".

Los habitantes del castillo también eran "personas" muy particulares, igual de brutas que su amo. Bella entabló una pequeña amistad con la Tetera Mirajane, que era bastante simpática, con la Taza Lissana, hermana de la Tetera, con el Cuchillo de acero Gajeel…

— ¿Por qué cojones soy un cuchillo? —protestó, mientras de fondo se escuchaban las carcajadas de Natsu—. ¿Qué no pueden dejar mi persona en paz? ¡Y tú no te rías, Salamander!

Y con el Candelabro Natsu…

Las risas del Dragon Slayer de fuego pararon de golpe.

— ¿Qué? ¿Por qué soy un candelabro? —y ahora a quien le tocó triunfar, fue a Gajeel, que se partía de la risa en su lugar.

Sin duda, eran muy extraños. Sobre todo, porque Bella no había visto en su vida utensilios parlantes. Durante mucho tiempo, lo atribuyó a algo normal. Además, cada vez que tocaba el tema de porque eran así, todos se sumían en una depresión que contagiaba incluso a las plantas que rodeaban el lugar y la bestia golpeaba la mesa o lo que tuviera a mano con furia, por lo que, aunque le daba una tremenda curiosidad, Bella se callaba sus dudas y las posponía.

Así fue pasando el tiempo, la primavera llegó y con ella todo su característico esplendor. Las flores renacieron, los árboles sacaron sus hojas y los pájaros volvieron a cantar en las mañanas. Bestia no lo decía, pero desde que Bella había llegado al castillo, sus habitantes estaban alegres, sonreían y se divertían como en tiempos de antaño. Él también estaba más feliz, relajado y contento con la invitada. Sentía que por primera vez en un largo trayecto, podía descansar tranquilo. Y hacía mucho tiempo que no se sentía de esa forma.

— ¿Y desde cuando Evergreen genera ese ambiente tan relajante?

—E-Erza…

Bella terminó de preparar la mesa y le pidió al despistado del Candelabro que fuera a avisar a su amo, aunque lo más probable era que se terminara perdiendo en los pasillos como siempre pasaba. Sin embargo, ella esperaba que eso pasara. Estaba decidida a saber la verdad sobre ese castillo. "Díganme" llamó la atención de las hermanas "¿Qué fue lo que paso aquí?". Lissana miró a Mirajane, preocupada, pero ella le sonrió tranquilamente. "Creo que ya es hora de que lo sepas, Bella. Nosotros estamos así por una maldición". "¿Maldición?" preguntó desconcertada. Bella no creía en los cuentos de hadas, pero dadas todas las circunstancias que había atravesado, tenía la mente abierta.

"Fue hace mucho, mucho tiempo" comenzó Mirajane "Antes, todos nosotros éramos humanos, incluido el príncipe. Era un hombre valiente y temerario, pero con un gran corazón. Por eso, cuando los aldeanos le pidieron enfrentarse a esa bruja que atormentaba el pueblo, el accedió. Y aunque la venció, ella nos dejó esta terrible maldición". "Así es" asintió Lissana "Transformó al príncipe en Bestia y a nosotros en estos objetos". "¿Y no hay nada que pueda romper la maldición?" quiso saber Bella, curiosa.

Ambas hermanas intercambiaron miradas y luego sonrieron pícaramente. "La hay. El príncipe debe besar a la doncella de la cual se enamore y si ella le corresponde el gesto con sentimientos puros, todos seremos librados de la maldición". "Como si eso fuera a pasar" murmuró Gajeel, sin ser escuchado. Bella las miró con recelo, percibiendo las intenciones detrás del telón que ambas hermanas intentaban transmitirle. No pudo seguir indagando más, porque de milagro Natsu y la bestia atravesaron la puerta de la cocina, y todos se dispusieron a desayunar.

Esa tarde Bella indagó en lo profundo de su ser. En un principio, pensó que su vida en ese lugar iba a ser un infierno y que en realidad no podría llamar vida a lo que tenía nunca más. Sin embargo, todos esos pensamientos negativos se fugaron con el pasar del tiempo. Ahora tenía buenos amigos en quienes confiar, aunque uno fuera un estúpido que no atrapaba una mosca, otra fuera gruñón de la noche a la mañana y las otras dos fueran lobos vestidas de cordero. Y no podía negar que la bestia era una buena persona, detrás de esa coraza de "es de hombres…", que hacía que su corazón saltara en el lugar de la emoción.

Pero, ¿Él la quería como ella lo quería a él?

Se hiso el silencio cuando Evergreen miró fijo a Elfman, como si lo desafiara a decirle algo.

Natsu estuvo a punto de protestar –para pedir la continuación del cuento, que no tenía ni una pisca de acción- cuando recibió un golpe en pleno rostro, cortesía de uno de los salvajes puños de Lucy. Estaba atenta a la escena que se desarrollaba frente a ella, al igual que todos los presentes que no tenían pelo rosa. Los suspiros en forma de corazón se respiraban en el aire.

— ¿Crees que se besen? –le susurró Levy a Gajeel, apretujando de forma anormal al pobre de Lily.

El mago se encogió de hombros. Esas cursilerías no le importaban, pero no desaprovecharía la oportunidad de burlarse del gigante hombre si se le presentaba en bandeja de plata. Por otro lado, agradecía no ser Lily, el pobre gato estaba morado de no poder espirar con normalidad. La enana tenía fuerza cuando quería.

—Ehm… —Elfman pasó saliva fuertemente. Se sentía realmente intimidado por esa mirada tan fogosa—. ¿Continuas…?

Decidida, se levantó del lugar donde estaba sentada para ir a encontrarse con bestia y decirle de una buena vez todo lo que sentía. Fue justo cuando escuchó un terrible griterío, de humanos furiosos y caballos acelerados. Pensando lo peor, que la desgracia por fin los había alcanzado, se dirigió a las escaleras con la esperanza de ver lo que estaba pasando cuando fue agarrada por bestia de la cintura, justo cuando casi los alcanzaba. El hombre corrió desaforado hasta su habitación, donde cerró la puerta con traba y llave.

Bella le exigió saber que estaba pasando y, dudando, él le contó todo. Los aldeanos, encabezados por su padre, estaban allí para recuperarla y asesinarlo. "¿Y por qué diablos me encierras aquí contigo?" le gritó ella, casi fuera de sí. Bestia la miró con sus enormes ojos, como la primera vez que se habían conocido y ella pudo ver un brillo especial, uno que nunca antes había visto en su vida. Era parecido al que su padre le daba, pero al mismo tiempo, era diferente. "No quiero perderte" admitió al fin, sin mirarla.

El corazón de la doncella pareció golpear con más fuerza de la necesaria contra su pecho. ¡Bestia la quería! ¡Él realmente la quería! Sus finos labios se estiraron en una sonrisa y su boca se abrió, dispuesta a responder a semejante declaración; de ella salió, con desgracia, un grito de dolor llamándole cuando vio a una flecha de puro metal atravesar la puerta y clavarse en la espalda de la bestia, que cayó al suelo rendido. Bella se apresuró a su lado y se agachó junto a él, tomándolo del rostro. Lo que antes había sido pura felicidad ahora se convertía en una muralla de sentimientos negativos que eran interpretados en amargas lagrimas que caían como torrentes seguros por sus mejillas.

Bella escuchaba las voces de su padre y de Rustyrose del otro lado de la puerta, que aún no había sido abierta, pero las ignoraba. El mundo no existía, había dejado de hacerlo. Rogaba a los cielos y murmuraba a la magia que no se lo arrebataran cruelmente, le pedía entre suplicas que no la dejara sola, que no importaba lo bruto que era, lo insensible que podía llegar a ser o su apariencia de bestia salvaje, ella… ella lo amaba con todo su corazón y quería pasar el resto de su vida junto a él, en ese enorme castillo, con esos molestos sirvientes.

Bestia entreabrió sus ojos, con un fuerzo de mil gigantes, y suavemente la tomó de la mejilla, barriendo el rastro de las saladas lagrimas. Le sonrió como un sol de verano, aunque se notara que estaba en sus últimos momentos. "Para siempre…" murmuró él, exhalando lo que parecía ser su último aliento. Bella negó, negó energéticamente cuando sintió que su calor se escapaba de su cuerpo y en un intento desesperado por salvarlo, unió sus labios con los de él. En su mente, como rápidas imágenes, pasearon los últimos recuerdos de su vida, donde siempre, siempre, estaba Bestia para frente a ella.

Se escuchó un llanto atragantado. La historia era conmovedora.

"Por favor" rogó contra ellos "Por favor, funciona…". Esperó. Bella espero, uno, dos, tres minutos. Volvió a besarlo y volvió a esperar. En ese vaivén de tiempo, la puerta fue derribada y Laxus, Rustyrose, los aldeanos y los habitantes del castillo observaron la escena con el corazón partido. Los minutos seguían pasando y nada pasaba. Laxus estaba a punto de alejar a su hija y decirle que ya era tarde, cuando un brillo salió del cuerpo sin vida de la Bestia. Una calorcito comenzó a invadir a todos los presentes, mientras la luz se hacía más intensa.

"¡Mira-nee!" gritó Lissana contenta, mientras ella y el resto de sus compañeros eran envueltos en la misma luz brillante. Ante los ojos de los presentes, la Bestia y sus sirvientes fueron convertidos en seres humanos.

Bella observó al hombre que ahora descansaba en su regazo. De a poco, este fue abriendo los ojos hasta conectarlos con los de ella. Pareció que los ángeles cantaban cuando esos dos furiosos colosos chocaron y se transmitieron todo lo que podían decir con palabras, y más. Bella lo abrazó al instante, mientras volvía a unir esos labios que ahora se presentaban calientes, y el príncipe le correspondió con ánimos renovados. Estaba eternamente agradecido con aquella mujer que le acababa de salvar la vida y que lo había librado de la maldición.

Todo el malentendido se arregló, y los aldeanos descubrieron con felicidad que "la bestia" en realidad siempre había sido el príncipe perdido y le perdonaron la vida. Rustyrose intentó conquistar a Bella, pero fue botado por última vez y nadie lo volvió a ver jamás. Laxus no se opuso a la felicidad de su hija y accedió a vivir en el castillo, aunque sus habitantes eran un verdadero dolor de cabeza. Así, Bella y Bruto, como ella lo llamaba cariñosamente, se prometieron amor eterno y pasaron el resto de sus días compartiendo la vida, siendo felices para siempre.

Bueno, por lo menos, la mayoría del tiempo.

El Fin.

Los aplausos tampoco se hicieron esperar para esta historia, aunque más de uno tenía las manos ocupadas con los veinte mil pañuelos descartables que había salido nadie sabe de dónde.

Evergreen se sentía sumamente orgullosa de su trabajo y Elfman agradecía a las hadas que la maga hubiera decidido darle un cierre tan dramático; dado que eso había desviado la atención a la historia y no a su persona, como había pasado con la historia de Juvia. Ver a Gray en esa situación tan bochornosa lo hiso plantearse seriamente el seguir ahí y cuando Ever fue elegida por Asuka, él sospechaba que ya estaba condenado como siguiente víctima. Gracias a la astucia de la poderosa maga no había tenido que ser el blanco principal.

Agradecido la miró sugestivamente. Siendo cuidadosos, fueron dando pasos hacia el baño femenino, en un mudo acuerdo. Nadie se dio cuenta, pero ambos magos desaparecieron sin dejar rastro.

El resto estaba demasiado ocupado en ver la discusión que había surgido entre las tres magas que quedaban -aunque Erza parecía ganar terreno Lucy y Levy estaban hechas unas fieras- y los tres magos –Gray, Natsu y Gajeel, que se peleaban por la última galletita de chocolate (que de todas formas, Asuka se quedó con el codiciado premio)- y eso sin duda era más interesante que preocuparse por dos desaparecidos.

—Se gussssssssstan —murmuró Happy, siendo el único en darse cuenta, sonriendo de manera pervertida.

Ahora bien, ¿Quién sería la siguiente, y quien sería el siguiente?

...

...

NOTAS: Piufff *suspira* ¡Pensaba que no terminaba más! Y lo peor es que les dije que no estaba segura de poder lograr otra capitulo largo y este me salió aún más todavía... ¡Ah! Pero no esperen que el próximo lo sea, la verdad no tengo idea por qué me salió así, xDDD. Espero que les haya gustado, sé que no hay mucho ElfmanxEvergreen y que la historia terminó de forma abrupta, ¡pero yo se los advertí! Esta pareja sin duda no es mi fuerte, ¡mil disculpas!. Bien, hubo pocas personas que acertaron, ja, haber si se animan a seguir participando en la apuesta, ¿Quién será la siguiente? Ya saben, consultas, montos, dudas, cualquier duda a Happy xDDD. Agradecimientos (fueron tantos, se los agradezco de corazón): Anacoreta, Nakamura Kaze, Gabe Logan, Joaquin Fénix, samii, CrazyGirlOtaku, valendg, Medaka-chan, Rirukasabe, Juli-nyaan, nekozombie3000, Itzumi, Girl Master Houndoom, Akira Grit Akaku, CATITA-EDWIN, Elibe.

MUCHÍSIMAS GRACIAS, también a aquellos que la pusieron en favs o alerts. Espero que se animen a seguir dejando su opinión. ¡Saludos y Besos a todos!

Atte, Misari.

(EDITADO: 29/08/14).