Cuentos para dormir.

"El Bello Durmientes"

¡Hello, hello! No tienen idea de lo eufórica que estoy, porque ¡Promocione tres materias del ingreso a la universidad! –he aquí el misterio de por qué tarde tanto en actualizar, no estaba haciéndome la vaga, estaba estudiando- ahora sólo me faltan tres más para poder entrar. Bien, dejando de lado mi vida personal, acá me tienen sentadita, trayéndoles otro capítulo; me apena decirles que estamos cerca del final -y no me echen la culpa, yo advertí que iba a ser un fic cortito- y también me apena decirles que la mayoría erro con sus apuestas (se las van a tener que arreglar con Happy xDD). La siguiente en contar un cuento va a ser nada menos y nada más que… ¡Lucy!

¡Atención! La Bella Durmientes no me pertenece –así como otras tantas cosas que ya quisiera tener- es de… bueno, ni idea de quien, pero de alguien es. Si alguno sabe, les agradecería enormemente que me dijeran, la ignorancia puede ser horrible a veces (?).

¡Ah! Antes de empezar, tengo una tremenda duda existencial, que les juro no me deja dormir tranquila ¿Alguien sabe con exactitud de que sexo es Frosh? ¿Es nena o nene? Ahora que Mashima está dando manija con eso de la muerte del gato-rana (que también parecer ser indefinido en ese sentido, jo) no puedo evitar pensarlo, porque la verdad no tengo la menor idea. Si alguno es tan amable de responderle se los agradecería enormemente ¡Y les juro que les regalo un paquete de galletitas de chocolates! Hechas por mí, claro :D.

Ahora sí, se apagan las luces y todos están en silencio. Espero que disfruten…

OoOoOoOoOoOoOoOoO

El reloj daba las 3:47 a.m.

Y claro, el muy maldito –y otros insultos aparte- no podía dar una hora redondeada. Nop. Tenían que ser "y cuarenta y siente". Nunca "menos cuarto" o "y media" o "menos cinco" o "en punto". No. Claro que no. Para él la vida era tan fácil que se conformaba con decir lo primero que se le venía. ¡Total! ¿Quién iba a reclamárselo, eh? ¿Quién? ¿El relojero? ¡Ja! Podría contarse otro chiste de vez en cuando. Incluso sentía –juraba por Mavis que podía escucharlo- como se le reía en la cara, en su pobre cara demacrada.

Alzack negó, de pronto. ¡Por todas las Biscas! ¡Se estaba volviendo loco!

Y bueno, no podía culparse. No era su culpa que de un momento a otro estuviera pensado que el reloj era un objeto animado y con vida, y que era el culpable de todas sus grandes desgracias y fracasos como padre. O quizá… ¡No! Volvió a suspirar, en un estado de derrota más allá del punto permitido para conservar la salud. No había forma de que esa situación cambiase, ni se alterase, ni que ningún otro verbo que terminase en "ase" pudiera cambiar. Ya estaba mucho, mucho –sospechaba que rozaba el infinito- mucho mas allá de sus posibilidades humanas.

¿Amén?

Por otra parte –por mucho que Alzack se considerara el ser mas desgraciado sobre el planeta tierra y los planetas circundantes a esta- había otra persona que estaba en peligro mayor de muerte súbita; o traducido en palabras que puedan ser mas comprendidas para su análisis posterior: había otra persona que estaba cerca de un estado de fallecimiento prematuro producido por una psicótica-psicópata-sadomasoquista con posibilidades de desaparecer literalmente del ecosistema y que trajera severas secuelas para los de alrededor, aunque no les afectara mínimamente a ellos ni un poco.

Desgracias aparte, había alguien que estaba peor.

Lucy Heartfilia analizaba severamente la posibilidad de entrar al Programa de Protección a Testigos que el Reino de Fiore ofrecía a aquellos que lo necesitaban. Pero –claro, siempre hay un puto pero- por mucho que lo solicitara, se le presentaban dos problemitas, o mejor dicho, inconvenientes. Uno, no estaba segura de poder permanecer con vida hasta que su solicitud se aprobase y entrara en vigencia la adecuada practica del sistema. Dos, ella no había sido testigo de ningún homicidio mafioso, rodeado de circunstancias misteriosas (aunque eso lo pudiera discutir. En el gremio se veía cada cosa…). Tres -¿No eran dos?- no quería renunciar ni a su personalidad ni a la vida que llevaba.

Por supuesto, cuando se trata de que tu vida peligre por un monstruo de cabellos escarlatas, con mirada fiera y que, además de todas las habilidades de tortura que posee y de su súper magia de reequipo, es la mujer más poderosa de Fairy Tail, uno puede llegar a plantearse la posibilidad de desaparecer; por lo menos, por un tiempo que se considere necesario (quizá con tres años estaría bien, o por ahí cuatro ¡Ya estaba! Cinco era el número perfecto).

Y no es que se quejara de que no tenia ayuda. La tenia, aunque fuera poca. Por supuesto, el único que se atrevía a ponerse frente a aquella bestia descorazonada cegada por la rabia más profunda –y no estaba exagerando con la descripción- era Jellal. Sin embargo, hasta ese particular momento, la protección del mago parecía resultar con eficacia sobresaliente.

Cuando la pequeña Levy había finalizado su cuento, no supo por qué, Lucy sintió un aura asesina-descuartizadora sobre su nuca. Falsamente pensó que se trataba de Juvia, quizá la había ofendido con alguna actitud que había tenido hacia Gray –aunque no sabía cuál, claro está- o por ahí, había dicho algo que no tenía que decir con respecto a él, otra vez. Quiso creer que esa era la verdad, a sabiendas de lo que pasaría si aceptaba la otra verdad, y por unos minutos estuvo así, contenta de atrasar lo inevitable. Pero como dice el dicho "las mentiras tienen patas cortas…" Lucy se vio forzada a mirar de una buena vez quién era la responsable de querer enviarla al otro mundo.

Fue ahí, en ese preciso momento al voltear su cabeza, cuando los vio. Los ojos de Erza resplandecían con un fulgor aterrador que hiso que la sangre se le congelara al grado de menos cien y que su cuerpo reaccionara de la misma manera, mientras su mente le traía horribles imágenes de la pelirroja abriéndole las tripas con una de sus tantas espadas serrucho mientras se reía desquiciada sobre su destruido cadáver por ser la reina de los pasteles de fresa (y después dicen que Juvia es la que tiene una imaginación superlativamente extraña).

Se obligo a moverse e intento llamar la atención de Natsu, tironeando de su bufanda unas cuantas veces, incluso, con fuerza, zarandeándolo en varias ocasiones. Por mucho que lo hiso, el joven hombre estaba empeñado en gritar que tenía hambre y que exigía con seriedad máxima –como si no hubiera comido en la vida- comer inmediatamente, lo que fuera, incluso se conformaba con un poco de fuego tostado. Lucy no podía creer –en realidad sí, pero en esos momentos sus neuronas no funcionaban como debían hacerlo- como era que no se daba cuenta del modo monstruoso que Erza había adoptado para acabar con ella. En realidad, nadie parecía notarlo, salvo una persona: el Mago Celestial.

Los cielos parecieron abrirse y los ángeles parecieron cantar una dulce melodía de salvación –de esas que se escuchan en la iglesia, aunque los cantantes sean unos hermosos perros cantando- cuando Lucy poso su desesperada visión en el hombre de extraños cabellos celestes, que le devolvía la mirada calmándola. No lo pensó ni un segundo, ni lo analizo, Natsu podía pudrirse en el infierno más profundo, cuando se levanto de su lugar y salió disparada como un rayo de luz ultravioleta hacia él, refugiándose detrás de su espalda. Jellal no le reclamo nada, ni siquiera cuando sintió sus largas y finas uñas aferrarse a su carne con desesperación.

Ahí empezó la lucha de ambos –en realidad de Jellal solo- para que Erza no intentara comerse cruda a Lucy, en tanto que el resto de los individuos estaba demasiado ocupado en solucionar el severo problema que se les había presentado de pronto y que era de suma importancia: la comida; mientras ignoraban olímpicamente ese pequeño sector del gremio destruido, indignando de sobre manera a una muy aterrada Lucy ¿Cómo podía ser eso? ¡¿Acaso ella y su integridad física eran menos importantes que un par de galletitas?! ¡¿Qué clase de personas eran?!

Si tan sólo lo supiera…

Durante unos minutos, la estrategia pareció funcionar perfectamente. Lucy se aferraba a Jellal como si su vida dependiese de ello –ah, claro, su vida si dependía de ello- mientras el mago intentaba por todos los medios habidos y por haber mantener a raya a Erza, calmándola con palabras suaves, gestos pequeños, miradas llenas de azúcar y promesas de mil pasteles de fresa para ella sola. Increíblemente, esa estrategia parecía estar funcionando de diez; y la rubia se sorprendía cada vez más del control excelente que él tenía sobre la peligrosa mujer. Hasta había pensado en, una vez que se salvara, regalarle unas vacaciones de lujo en la ciudad de Crocus como recompensa.

Ejem, parecía –aquel día Lucy comprendió lo importante que eran los tiempos verbales- porque alguien tenía que ser tan jodidamente arruinador de vidas para que todo el increíble esfuerzo que Jellal estaba haciendo para protegerla y que no tuviera que entrar a aquel dichoso programa de protección se fuera al retrete en menos de dos milésimas de segundos. Si, así de rápido. No sólo Erza se enfureció aun mas –si es que eso cabía ser posible- sino que su número de víctimas aumentó y el pobre del Mago Celestial quedo K.O; y sólo por ser buena persona.

¡¿Por qué demonios Dios y su plan divino tenían que crear a Natsu?! Y si era verdaderamente necesaria su existencia, ¿Por qué carajos no lo habían hecho un poquito más inteligente, o susceptible –en todo caso- a los cambios que cierta maga tenia y que no eran para nada poco comunes? ¡¿Era tanto pedir?! –no es como si estuviera pidiendo un país completo para ella sola- ¡Exigía una indemnización por daños y perjuicios a un bien, como lo era su persona, protegido por la ley! ¡Y también exigía una demanda a Dios!

Estúpido Natsu…

A todo esto ¿Qué había pasado exactamente para que Lucy quisiera morirse, pero NO a manos de Erza?

Este era el particular momento que lo hecho todo a perder: Natsu y su súper-cerebro-mega-inteligente –no creo que sea necesario aclarar la ironía de la "palabra compuesta"- no se dio cuenta de lo enfurecida que estaba Erza e ignorando toda alarma que cualquier mago pudo llegar a transmitirle, tuvo la enorme delicadeza de pedirle, de exigirle, a ella, que prepara algunas de sus galletas, porque ya estaba cansado que nadie le prestara atención. Lo que hay que rescatar de este hecho, es que el Dragon Slayer por lo menos le dijo que sus galletitas eran las más deliciosas, más precisamente "aunque las de Lucy son las mejores, las tuyas vienen después Erza".

Si Gajeel –e incluso Gray- habían llegado a pensar, aunque fuera por un pequeñísimo momento, que Natsu tenía si quiera una neurona, sus hipótesis se extinguieron en seguida, se esfumaron en el aire, como si nunca hubieran existido. La alarma roja pareció encenderse en todos y cada uno de los presentes como si fuera un interruptor cualquiera cuando el silencio se hiso presente. Previendo un futuro apocalipsis cada uno tomo sus respectivos resguardos, todo esto hecho en menos de cinco segundos; incluso Alzack estuvo tentado a gritarle al reloj con puro gozo que le había ganado, pero prefirió guardárselo. No querían que lo tachasen de loco y, mucho menos, que Erza los descubriera.

Gajeel tomó a Levy y a Lily de improvisto, y los tres se refiguraron sobre el escenario, aunque a este le faltara parte del piso. Gray agarro a Juvia de la mano –que se desmayo a mitad de camino murmurando frases sin sentido que el mago prefirió ignorar- y puso a ambos a salvo detrás de la barra: si sobrevivía a todas las acatombes, ¿por qué no a esta? Evergreen tuvo la intención de pararse frente a Erza con claras intenciones de desafiarla, y para su desgracia personal Elfman no lo permitió, ya que la agarro de la cintura contra su voluntad y la traslado con él a una mesa dada vuelta, que serviría de reparo. Alzack y Bisca, junto con la pequeña Asuka, decidieron ir detrás de una columna y acurrucarse los tres juntos a esperar que pasara el fin del mundo. Y Happy, aterrado, decidió que el mejor reparo era con la pequeña niña, porque se acurro en sus brazos, aunque los padres le reclamaran.

Jellal, Lucy y Natsu quedaron en el centro, a plena vista de Erza. Sin un solo lugar donde refugiarse.

-Er-Erza… -había murmurado el mago de cabellos celestes.

Y no se atrevió a decir más. Para desgracia de la rubia y del Dragon Slayer –que de pronto había caído a la realidad como si le hubieran tirado un cubo de hielo en la cabeza del tamaño de Igneel- Jellal Fernandes se quedó mudo, completamente paralizado, dejándolos solos, desamparados frente a una bestia incontenible, que quería arrancarles toda la piel de sus cuerpos con sólo los dientes. ¡Joder! Si la única persona que podía detenerla sobre la tierra, no, sobre el universo entero, se había quedado paralizada de puro miedo… ¿Qué cojones, qué cuernos, qué rayos y centellas, qué mierda les esperaba a ellos? ¿Eh? ¿Muerte rápida o muerte lenta, lentísima?

Ahora que Lucy lo pensaba con más recaudo, la idea de unirse al Programa de Protección de Testigos no le parecía tan descabellada. Y aunque no se atrevió a moverse, le susurro al oído del mago si podía hacer algo, lo que fuera, que le juraba que iba a conseguir una forma de que pasara tiempo a solas con Erza –cuando estuviera en "modo vergonzoso"-, que le regalaba todos sus ahorros, que le hacia las compras por un mes, que Natsu sería su esclavo personal por todo un año, que por lo que más quisiera en el mundo no los abandonase de esa manera, pero no hubo caso. Jellal estaba perdido, no podían contar con él. Su última esperanza había caído.

Y por unos segundos el miedo de Lucy se fue y las ganas de torturar a Natsu con sus propias manos de la manera más cruel que se le ocurría la invadieron. Sólo fue por unos meros tres segundos, hasta que el único paso que Erza avanzo hacia ellos hiso que el gremio entero temblara de forma anormal y que sus corazones quisieran salir por sus gargantas y empacar maletas para pedir el resguardo político a algún reino vecino, porque eso era demasiado.

Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir…

Erza les clavo la mirada destellante de intenciones asesinas y ambos magos –ya que Jellal había quedado en una especie de estado vegetativo viviente- sintieron que sus corazones y cada mínima parte de sus células se quedaron duros, de piedra, congelados del terror. No podían siquiera escuchar el sonido del silencio, de lo tan abrumados que sus cuerpos y sus mentes se encontraban. Y ambos desearon, por muy corta que había sido sus vidas, morir de un infarto prematuro.

¡Sólo un milagro podía salvarlos!

¡Ayuda! Alguien… quien sea… ¡No quiero morir! Suplicaba Lucy, aferrada a la espalda de Jellal. ¡Soy demasiado joven y bonita!

Si todos se estaban preparando para asistir al futuro funeral de Lucy Heartfilia y Natsu Dragneel –Jellal no contaba, estaban seguros que Erza no atacaría a alguien en coma… ¿o sí?- hay que aclarar que hicieron conjeturas apresuradas. Claro, nadie se espero, ni remotamente lejos, que algo así fuese a pasar y ninguno pudo caber en sus cinco sentidos de la sorpresa que les ataco a sus ya afectados corazones (aunque reflexionándolo luego de un tiempo, Lily llego a la conclusión de que eso era Fairy Tail y que todo podía ser posible). Ver para creer, dicen por ahí.

Erza estaba a punto de hacer una ejecución estilo Edad Media, teniendo incluso aprendidas de pies a cabeza las palabras que iba a pronunciar al ejecutarlos cuando, de la nada, Natsu volvió a gritar, dando a aparentar que por primera vez en la vida sus neuronas habían conectado circuitos milagrosamente –aunque hubiese sido en una situación tan extremamente mortal y de esa forma tan extraña- y habían actuado en el momento justo, salvándole el pellejo no sólo a él, sino que también a la rubia.

-¡Espera! –chillo desesperado, anteponiendo sus brazos en cruz- ¡No puedes matarnos!

-¿Y.-eso.-por.-qué.?

-Eh… -Natsu tembló, moviendo los orbes de sus ojos de un lado a otro, pensando.

¿Qué otra cosa, además de Jellal, podía detenerla?

-N-A-T-S-U…

-Ehh… -la figura frente a él pareció moverse un poco aumentando la presión dentro de su cerebro y, entrando en estado de shock mental por la adrenalina que corría por sus venas, su mente pareció iluminarse como el foco que va en la cima del pino en navidad- ¡Lucy… Lucy está embarazada!

-¡¿EH?! –grito la supuesta, mirando a su compañero.

¡BOM!

Y ante eso, Erza no sabía cómo reaccionar. Es decir, una cosa es querer meter a Natsu dentro de una caja y pasarle todo tipo de espadas para hacerlo sushi –por decir que sus galletitas de crema de fresa eran peores que otras (y eso no quiere decir que tiene problemas de atención, ¡Natsu dijo fijo y claro que sus galletitas eran peores que las de Lucy!)- y agarrar a Lucy del cuello para tirarla sobre un acantilado plagado de púas venenosas puestas por ella misma –por querer robarle el derecho a contar el siguiente cuento que era claramente suyo- y otra muy diferente es escuchar una declaración tan reveladora, donde su mente se llenaba de imágenes sólo aptas para mayores de dieciocho años.

Por supuesto, Erza no fue la única que se quedo sin poder reaccionar debidamente. Aunque las reacciones fueron muy variadas –desde una sonrisita socarrona hasta un desmayo sonoro contra el piso- estaba más que claro que todos no podían caber en sus cinco sentidos de la impresión. Incluso Jellal reacciono de golpe, agitando la cabeza, y girando su mirada a la susodicha que además de estar completamente colorada, no sabía dónde meter la cabeza y parecía que un ataque severo de ansiedad la estaba ocupando.

-¿Lu-chan embarad…? –la pequeña maga estaba desconcertada- ¡Pero si no me dijo nada! –se quejo, inflando los mofletes.

-¿Eh? –Gajeel la miro, levantando una ceja. Por unos instantes había creído que Levy se quejaría por otra cosa más importante ¡No porque la Coneja no le hubiera dicho nada!- Mujeres… -murmuro, olfateando el aire. Que Salamander dijera lo que quisiera, pero la maga rubia no parecía estar embarazada, aunque tuviera ese horrible olor al dragón de fuego por todo su cuerpo.

-Idiota… –comento Gray, cruzándose de brazos ¡Por la maldita culpa de Natsu, Juvia estaba como poseída por algo (y era algo horrible, que conste)! No paraba de llorar desconsolada murmurando idioteces sobre que ahora por fin tendría el camino libre… ¿El camino libre para qué?

-Ya me parecía raro que el imbécil de Natsu esté todo el tiempo tocándole los pechos –concluyo Evergreen, sonriendo de forma malévola.

-¡Tener hijos es de hombres!

-Mami ¿Voy a tener un primito?

-B-bueno… -Bisca miro a su esposo, quien todavía no salía del shock por semejante declaración, y suspiro- N-no lo sé pequeña, no sé si de verdad Lucy esta… embarazada... –aunque no me extrañaría…

-No te preocupes Asuka, ¡Seguro que sí! Lucy y Natsu andaban muy traviesos últimamente ¡Aye, sir!

Bisca miro a Happy con preocupación. Gracias a las hadas que su pequeña hija no se daba cuenta que el gato tenía una mirada lasciva en su rostro; siempre se preguntaba lo mismo ¿Qué clase de cosas le había enseñado Natsu al pequeño felino cuando era un bebé para que saliera tan… tan malo? En verdad, no quería ni imaginárselo.

-¿Lu-L-Lu… Luc-cy…? –Erza era la más afectada. Su cara ya no daba más de la cantidad de tonalidades de rojo que habían pasado- ¿Es-s-s-s…?

Y Lucy quería morirse, definitivamente quería morirse. ¿Por qué a mí? ¡¿Por qué a mí?!

-¡P-por supuesto que es verdad Erza! –grito Natsu desesperado, antes de que la pelirroja se diera cuenta del plan- ¿N-no matarías a-a un niño, cierto? ¿Cierto?

-Eh… yo… -entonces, de golpe, Erza pareció reaccionar. Sus ojos se volvieron oscuros, vacios, no mostraban nada más que ganas sedientas de sangre humana. Los presentes volvieron a callarse, invadidos por el miedo- Aunque sea verdad que Lucy está embarazada, eso… ¿Eso en qué te afecta a ti, Natsu?

-Ehm… -y trago duro, dándose una bofetada mental.

¡¿Qué se suponía que le iba a decir?! ¡Joder! ¡Iba a morir, a morir, A MORIR!

-¿Natsu?

-Que yo… eje… -la pelirroja levanto una ceja, en señal de que se estaba hartando de esperar- ¡Que yo soy el padre! ¡No puedes matarme, porque sino el niño va a quedar manco!

-¿Manco? –pregunto extrañada.

-¡Es huérfano imbécil de lava! ¡H-u-e-r-f-a-n-o! ¡No manco! –le aclaro Gray.

-Ah, eso, eso –y señalo al morocho, dándole a entender que había querido decir esa palabra.

Se hiso el silencio, uno incomodo, cabe destacar. Los presentes variaban su vista entre la pelirroja, que parecía estar meditando algo de suma importancia, Natsu, que rogaba a los dragones que su estrategia fuera a funcionar, y Lucy, que parecía en estado depresivo-suicida desde hacía ya unos minutos (hasta se le podía notar el aura negra que la rodeaba). La rubia no había dicho nada en su defensa -tampoco es como si alguien le hubiera preguntado-, y había decidido que lo mejor era quedarse callada y que las cosas siguieran su curso; ya estaba demasiado cansada.

Lo único que marcaba el paso del tiempo, y que era el único sonido reinante que se podía escuchar, eran las agujas del reloj avanzando, sobre todo la de los segundos. A más de uno aquel molesto ruido les ponía los nervios a flor de piel, causándoles ansiedad dentro de sus estómagos. Tenían miedo de lo que fuera a pasar, si bien sabían que por primera vez el dragón de fuego había usado sus neuronas y había dado con uno de los puntos débiles de la feroz maga, había usado un arma de doble filo, muy peligrosa; y no estaban seguros que sus resguardos fueran a ser de mucha ayuda si algo llegaba a pasar. Ellos tampoco deseaban morir, además de que no habían hecho nada.

Sin embargo, nadie se dio cuenta que una pequeña figura se había escabullido de las enormes garras de sus padres para encaminarse decida hasta la Maga Estelar. Fue demasiado tarde cuando Bisca notó que su hija estaba al lado de ella, sonriendo de forma inocente con sus ojitos brillándole, mientras apretujaba a Happy con fuerza sin darse cuenta; ya se estaba poniendo morado de no poder respirar (aunque ambos padres pensaron que el gato se lo tenía bien merecido por bocón. ¡El karma, que le decían!).

-¿Tía Lucy? –la llamo tironeando de su pollera, recibiendo todas las miradas de los presentes.

-Asuka-chan. ¿Pasa algo?

-Nop –negó, sonriendo- Sólo quería decirte que si quieres, puedes ser la siguiente en contar un cuento ¡Estoy segura que mi primito disfrutara de escuchar a su mamá contar un cuento! –festejo con inocencia.

Lucy se quedo estupefacta. No sabía si estaba así porque al fin sería la siguiente o porque la niña había mencionado las palabras primito y mamá juntas, en una misma oración dichas con alegría inocentona, asumiendo que ella sí estaba embarazada. Y no sabía si estar furiosa con Natsu por hacer que todos malpensaran las cosas, estar avergonzada por lo que todos pensarían sobre ellos dos a partir de ahora o estar contenta porque le había ganado a Erza –y no es como si hubiera hecho nada en especial- de manera completamente justa.

-¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?!

Lucy sonrió maliciosamente, satisfecha consigo misma. ¡A la mierda lo que todos pensaran! ¡Le había ganado a Erza! ¡A ERZA!

-¿De verdad, Asuka-chan?

-¡Sipi! –le confirmo contenta.

¡Aleluya, gloria a Mavis! Todos suspiraron al ver que las cosas se habían solucionado de manera que nadie resulto en el hospital internado en terapia intensiva, aunque Erza estuviera en un estado derrotista que daba miedo. Natsu estaba más que contento de haber salvado su pellejo –y el de su compañera- por esta vez; hasta tenía ganas de festejar, pero por las dudas se lo guardo para después, no quería que por una estupidez –aunque él no la consideraba estupidez- fuera a desatar al monstruo una vez más. Suficiente por un día.

Se acomodaron en sus respectivos lugares a escuchar el dichoso cuento; aunque ya más de uno cabeceaba de vez cuando. Nadie sabía exactamente por qué, pero tenían la horrible sensación –que casi no los dejaba respirar- de que el cuento de Lucy sería casi exclusivamente una venganza testimoniada contra cierta persona, que probablemente no captara las indirectas, y eso derivaría a una catástrofe aun peor de la que tuvo lugar el día anterior. En fin, sólo les quedaba rezar y procurar no interrumpirla mucho; cuando se enojaba, algunos testimoniaban que era peor que Erza.

-¿Qué cuento va a ser?

-¡"El Bello Durmientes"! –aviso con una mirada felizmente macabra.

Los miles de pares de ojos miraron a Natsu de repente, curiosos por saber su actitud. Más de uno se desilusiono al verlo rascarse la cabeza de forma despreocupada sin entender ni una pisca que el protagonista del cuento seria él y que probablemente fuera la princesa en apuros. A Gray y a Gajeel esa actitud les molestaba ¡Carajo! ¡Así no podrían burlarse de él!

Había una vez, en el lejano reino de Magnolia, un rey y una reina que estaban a punto de tener un bebé. Estaban haciendo los preparativos para ver quienes serian los invitados a la fiesta de bienvenida del futuro príncipe, o princesa, en el caso de que fuera a ser una niña. Y en un punto crucial, estaban indecisos en invitar o no a la malvada bruja Evergreen…

-¡¿A quién le dices bruja?!

Cof, porque si bien era la hermana mayor de la reina, ambos sabían que el invitarla podía ser peligroso. Evergreen jamás había perdonado que la desterraran del reino, por lo que descartaron enviarle una invitación. Así, el tan esperado día llego y nació un pequeño príncipe de adorables cabellos ROSAS, a quien todo el mundo visito cuando los reyes, Jellal y Erza, mostraron a todo el reino para darle la cálida bienvenida a esta nueva vida.

Los nombrados "reyes" se miraron ruborizados de pies a cabeza, para luego evitarse a toda costa; lo que más los avergonzaba era que los ojitos de todos estaban mirándolos sin compasión alguna. Se hoyó a los lejos más de una risita traviesa y Lucy no pudo evitar sentirse satisfecha con lo que era apenas el comienzo de su cuento, por lo que sonrió mostrando todos sus dientes. Dulce venganza, salada venganza, oh, agridulce venganza…

Más de uno estuvo tentado a gritarle a Natsu en la cara que él era el príncipe, pero ante una mirada furtiva de la rubia, se callaron; no sabían que Lucy ya había preparado su estrategia para que él cayera y se diera cuenta de todo.

La fiesta estuvo llena de alegría, buenos deseos y felicidad hasta que la malvada bruja Evergreen hiso su aparición en el centro del salón, causando el temor en los reyes y el desconcierto en todos los invitados. Los miro de arriba abajo a cada uno, con desprecio, mientras se acercaba a la cunita donde el pequeño bebé recién nacido descansaba plácidamente, sin enterarse de nada a su alrededor. Se inclino sobre él con delicadeza, observándolo durante unos largos minutos, en silencio, y sonrió con sorna. Fue apartada bruscamente por Erza, mientras Jellal tomaba en brazos al pequeño.

"¿Qué crees que estás haciendo aquí?" pregunto la reina, en su faceta de guerrera. Evergreen le sostuvo la mirada largo rato, hasta que se hecho a reír a carcajada limpia, asustando a todos. "Mi querida hermanita, no me invitaste a la fiesta" miro al niño con sus enormes ojos malvados "Puedo entender por qué, pero siempre pensé que eras mejor. No te preocupes, le he traído un regalo… ¿Qué clase de hermana sería sino?" y volvió a reír, para pánico de los reyes. "¡Largarte de aquí!" ordeno Erza, furiosa. "Oh, esa no es forma de tratar a tu hermana mayor".

Jellal sujeto a su mujer del brazo para calmarla, mientras el pequeño se echaba a llorar. "¿Ves lo que provocas, hermanita? No te preocupes, le daré mi regalo y me iré" salteando a Erza, Evergreen se acerco a su cuñado y se inclino sobre el niño, acariciándole la mejillita con aparente cariño "Es hermoso ¿Cómo se llama?" pregunto. "Natsu" dijo su padre, desconfiado. "Natsu… bien, este es mi regalo: pequeño, cuando cumplas diecisiete años, pincharas tu dedo con una rueca envenenada y entraras en un sueño eterno en el que todos en este reino te acompañaran y del que nadie, excepto tu amor verdadero, te pueda salvar"

-Mhn… -murmuro el Dragon Slayer, pensando con una mano debajo de su mentón- Ese príncipe… tiene el mismo nombre que yo… ¿Será por algo?

-¡Pero claro que es por algo pedazo de cacho de carne con ojos! –le espeto Gajeel, furioso. No lograba entender cómo podía ser tan estúpido, de verdad parecía tener sólo una neurona, o media- ¡Tú serás la princesita en apuros! –y se hecho a reír con sorna, esperando que captase la situación.

-¿Eh?

-¡Que tú eres el protagonista Natsu! ¡Serás a quien tengan que rescatar, idiota! –agrego Gray, en un estado entre enojado y divertido.

-Ah… -dudó, intentando acomodar las ideas en su cabeza.

-¿Lo habrá entendido? –susurro Alzack a su esposa. Bisca se encogió de hombros, expectante.

-Natsu-san puede ser desconcertante a veces… –opino Juvia.

-¿A veces nada más? –Gray levanto una ceja.

-¡AH! –grito de pronto el dragón de fuego, llamando la atención de todos- Eso quiere decir que… ¡¿Jellal es mi padre?! No, esperen… ¡¿ERZA ES MI MADRE?! –se horrorizo ante tal pensamiento, sudando frío, aunque ni el mismo le encontraba mucha lógica.

Lucy se estampo una mano en la cara por -¿Cuarta vez ya? ¿Quién llevaba la cuenta?- bah, no tenía sentido contarlas. Si bien su plan de venganza-dulce-salada-y-agridulce iba saliendo como la había planeado –y sabía que Natsu representaba el mayor de los retos sobre el planeta tierra- nunca espero que fuera a ser tan catastróficamente difícil. Claro que Lucy no era la única desconcertada por la actitud del mago de fuego, pero sin duda era ella la que más lo sufría: primero le salía con que estaba embarazada y ahora su retorcida lógica le habían hecho creer que Erza era su madre.

Estúpido Natsu…

-¡Lucy! –se quejo con ella, agitándole el brazo.

-A ver Natsu –lo aparto de un manotazo- Préstame mucha atención, porque no te lo voy a repetir. Primero que nada: ¡No me toques, no soy un juguete sexual! Segundo: ¡Erza no es tu madre ni Jellal tu padre, es un estúpido cuento! ¡Un cuento!

-Pero…

-Y tercero ¡No vuelvas a interrumpirme! Sólo escucha y veras como tu hermosa cabeza –y la palmeo con un poquito más de fuerza de la necesaria- acomoda todas y cada una de las ideas que están ahí flotando. ¿Está claro? –le clavo su terrorífica mirada.

-Pero... –trago saliva finito.

-¿Está claro?

-Pero…

-¿Está claro?

-P-ppe… -la mirada inquisidora de Lucy termino por derribarlo. Bufo molesto- Está claro, está claro –admitió de mala gana- Pero aun hay algo que no entiendo… -murmuro, sin sospechar que lo había escuchado.

-¡Argh! ¡¿Y qué diablos es ahora?! –rugió.

-A-ah, b-bueno… -se alejo un poco de ella, de esos ojos que querían triturarlo- … ¿Qué es ser un juguete sexual?

Todos se echaron a reír, mientras Lucy se atraganto todas las ganas que tenia de arrancarle su hermosa cabecita y separarla de su hermoso cuerpecito, y patearla, como si se tratase de una pelota de fútbol, lo más lejos posible de su vista –aunque no era tan mala idea, ahora que lo analizaba con todas las de la ley…

-Olvídalo Natsu, olvídalo… -suspiro, palmeándole nuevamente la cabeza- ¿En qué parte estaba?

-¡En la parte en que Ever le lanzo la maldición a Natsu y al reino! –todos lo miraron sorprendido, logrando que se sintiera algo incomodo- ¿Qué? –se defendió rápido- ¡Escuchar cuentos y saber en qué parte la dejan es de hombres!

-Eh, sí, claro. Gracias Elfman…

Erza aparto a su hermana de un empujón, alejándola de su pequeño hijo nuevamente "¡Eso jamás pasara!". La bruja malvada miro a todos los presentes y en particular a su hermana "Ya lo veremos" y sonriendo de puro placer, desapareció dejando tras de sí el eco de una carcajada espantosa. Ambos reyes se miraron, preocupados. Ese día tomaron una decisión que les rompería el alma en cien maneras distintas, pero que era su obligación como regentes cumplir. Siempre estaba el bienestar del pueble primero.

Así decidieron quemar todas las ruecas del reino, y que Natsu debería vivir lejos del castillo hasta que cumpliera los diecisiete años y el peligro pasara; y para eso le pidieron ayuda a las tres hadas madrinas que habían acompañado a los reyes desde siempre y que habían regalado un don cada uno al pequeño en el día de su nacimiento. Prometieron no usar la magia mientras ese tiempo durara y se fueron a vivir a lo profundo del bosque, lejos del castillo, en una pequeña casita para los cuatro. Así, Elfman, Gray y Gajeel, las tres hadas madrinas, partieron del reino, mientras los reyes se partían en un mar de lágrimas.

-¡¿QUÉ?! –gritaron los tres hombres, mientras el resto se echaba a reír.

-Pfff… -murmuro Happy, tapándose la boca con sus patitas, ocultando la risa malévola que se escapada de sus labios y hacia que sus bigotes se levantaran ligeramente, en un gesto nada inocente- No pensé que tenían esa clase de gustos ¡Aye!

-¡NO LO TENEMOS GATO! –le rugieron los tres, al mismo tiempo, mientras el resto aumentaba el alarido de sus risas.

-Gray-sama… -susurro Juvia, en un aparente mar de lágrimas, desconsolada hasta la medula- Juvia no sabía que pateaba para ese lado, pero no se preocupe, ¡Juvia lo aceptara así, transexual y todo!

-¡¿Pero qué diablos estás diciendo?! –se horrorizo- ¡No soy ningún transexual!

-¡Ser hada madrina no es de hombres!

-La voy a triturar… -murmuro Gajeel, rechinando sus dientes- Estúpida Coneja…

-Ya, ya, no seas así –Levy le palmeo la rodilla- Que Lu-chan haya descubierto uno de tus sucios secretos no significa que seas así de mala con ella. Acepta las cosas tal y como son Gajeel.

-Levy tiene razón –apoyo Lily.

-¡¿Qué has dicho, enana?! ¡Y tu gato, repite lo que dijiste!

-Lucy –canturreo Natsu, llamando su atención- A veces das más miedo que Erza.

-Lo sé.

La maga asintió, sonriente, lo que provoco un par de escalofríos de más en él. Aceptaba que tenía que darle un premio por poner a esos tres de "hadas madrinas" –no se cansaría jamás de burlarse y refregárselos en sus caras una y otra, y otra vez- pero que se estuviera llevando el mundo por delante le daba miedo y mas, cuando él era el protagonista de la historia. Tenía que admitir que ahora comprendía un poco como se habían sentido Gray, Elfman y Gajeel y la verdad, no quería saber qué era lo que le esperaba a Jellal.

El tiempo pasó, y Natsu creció rodeado de naturaleza, escuchando historias de dragones, de príncipes y de brujas que eran derrotadas por las manos de sus padres, lo reyes. Él niño sabía que era el príncipe de ese reino, pero que tendría que esperar hasta cumplir la edad suficiente para ver a sus padres. Por eso, desde que tuvo memoria, conto los días, esperando que pronto pudiera ver el rostro de los que por amor a su pueblo, se habían alejado de él. Los admiraba.

Faltaba una semana para el gran día, ¡Al fin! Por lo que esa mañana, como todos los días, salió al bosque a cazar alguna presa que representara un reto difícil. Lo que no se imagino, es que ese día, las cosas cambiaran tanto. Estaba acechando lo que parecía ser un conejo blanco con patas marrones, cuando, de la nada, algo esponjoso choco contra su rostro, logrando que cayera al suelo. Cuando se incorporo, sus ojos no dieron crédito a lo que veían. Ahí, frente a él, había un gato… ¡Un gato volador y de color azul!

"¿Un gato?" pregunto extrañado, el minino lo miro curioso y, para su desconcierto, sonrió. "¡Eh, Lucy!" pareció llamar a alguien "¡Mira lo que encontré, aye!" y de entre los matorrales, una mujer de cabellos dorados y rapo masculina salió. Natsu estaba tan desconcertado con todo lo que pasaba a su alrededor que no reacciono hasta que la susodicha le pellizco el brazo. "Oye, genio, te estás robando mis presas" "¿Eh?" "Dios, ¡Que te estás robando mis presas!" Entonces, el príncipe pareció reaccionar. ¡Vamos, lo criaban tres hombres que no habían envejecido en 17 años! Ver un gato volador no era tan raro.

Aunque ambos desconfiaron uno del otro en un principio, acordaron que sería mucho más fácil cazar juntos. El acuerdo rindió sus frutos, y para el final del día, ambos tenían suficientes presas como para alimentar a toda una familia completa. La pasaron tan bien y se divirtieron tanto que decidieron que al día siguiente tendrían que repetirlo y así lo prometieron. Cuando Natsu llego a casa ese día, sus hadas madrinas sospecharon que algo le pasaba, pero el joven no dijo una palabra y se marcho a dormir, sin cenar.

Cuando el corazón está lleno, el estomago también.

-¿Qué clase de estúpido refrán es ese? –pregunto Gajeel, lo que descoloco a muchos. Habían pensado que el próximo en interrumpir sería Natsu, aunque no culpaban al mago de fuego, cualquiera estaría aterrado de estar al lado de una persona con semejante aura asesina.

-¿Estúpido? –se enfureció Levy, levantándose de su cómodo asiento sobre el mago- ¡Lo hiso Lu-chan, bobo! –y lo pisó.

-¡Auch! –se quejo- ¿Y para eso tenias que pisarme, enana del demonio?

-¿Enana del demonio? ¡Y tú eres…!

-Ejem –carraspeo su garganta cierta maga de cabellos rubios- Te agradezco que me defiendas Levy-chan, pero no te preocupes. ¿Puedo seguir?

Nadie se opuso, ni siquiera Erza.

Durante toda esa semana, los tres repitieron la misma rutina. Pero al llegar el último día, Natsu no se atrevió a decirles que al día siguiente no podría ir, ni tampoco se atrevió a decirles que era el príncipe, estaba contento habiendo hecho sus primeros amigos en toda su vida y no quería intimidarlos para nada. Cuando el atardecer llego y tuvo que despedirse de Lucy y de Happy, los abrazo a los dos repentinamente, agradeciéndoles con todo el cariño del mundo. "¿Natsu?" se extraño la rubia, mas él no le contestó nada y se marcho.

"¡Nunca cambien!" les grito ya a lo lejos "¡Ni siquiera aunque seas algo rara Luce!" y escucho un rugido, se rio, definitivamente iba a extrañarla. Cuando llego a casa, ceno en silencio esquivando con audacia todas las preguntas que le hicieron y luego se fue a dormir, sin sospechar que sus hadas madrinas ya le tenían preparado una excelente sorpresa para el día de mañana.

Cuando despertó al día siguiente y vio el increíble pastel de diecisiete pisos, todo limpito como dios mandaba y el traje especialmente hecho para la ocasión, no pudo evitar reírse. "¿De qué cuernos te ríes, mocoso desagradecido?" le rugió Gajeel, enfurecido. "¿Hicieron todo esto por mi?". Los tres se miraron, compartiendo preocupaciones. "Ya, come algo de pastel, que no me salió barato la cosa" le resto importancia Gray, pensando en lo que le había costado hacer ese condenado dulce.

Casi con el corazón en un puño, aunque Elfman se repetía que "dejar crecer a los niños era de hombres" entre lagrimas, prepararon a Natsu para llevarlo frente a sus padres, al fin. Lo ayudaron a vestirse, era muy torpe, y lo calmaron. Una carreta del reino llego a las puertas de la casa y los tres, aunque no quisieran admitirlo, lo saludaron con tristeza, diciéndole algún que otro último consejo. ¡Lo habían criado durante diecisiete años! Y ahora era todo un hombre. "Tengo un mal presentimiento" murmuro Gray a los otros dos. Les pasaba lo mismo.

Natsu estaba fascinado con el reino, mientras veía todas esas maravillas desde su ventanita. No tardo en llegar al castillo y, aun mas, no tardo en llegar a la gran cámara de los reyes, donde sus padres, con pequeñas lagrimitas en los ojos, lo recibieron cálidamente. ¡Estaba tan contento y entusiasmado! Su madre era una mujer hermosa, aunque daba algo de miedo, y su padre parecía ser un respetable y valiente caballero, aunque fuese algo tímido. "Bienvenido a casa hijo", le dijeron y se sintió feliz, en las nubes.

En el almuerzo, estuvieron los tres solos y Natsu les relato todo lo que pudo de sus aventuras, sin olvidar el detalle de la mujer de dorados cabellos. Ante ese comentario, sus padres se miraron preocupados, su hijo hablaba de ella con demasiado entusiasmo. "Oh, y el otro día Lucy hiso…" "Natsu" lo interrumpió Erza "Parece que esa chica es… especial para ti, pero, hijo, tú…" se mordió el labio "Tú ya estas comprometido". Natsu no supo por qué lo hiso, pero se largo a correr, alejándose del lugar.

-¡A Lucy le gusssssssta Na…! –Happy se calló de improvisto, ante la mirada demoniaca que Lucy le dirigió- ¡Wa, ayuda, Lucy me quiere matar!

Por supuesto, nadie le llevo el apunte.

Lucy suspiro, un tanto cansada. No es que se quejara que nadie había interrumpido en todo ese tiempo –si dijera lo contrario, probablemente la tacharan de inconformista, ¡Y ella no lo era!- sólo que… era algo bastante cansador. Por primera vez desde que había comenzado a contar el cuento, tenía miedo de que el suyo no estuviera a la altura de las circunstancias. Admitía, y con orgullo, que los anteriores cuentos habían estado geniales y tenia pavor de que el suyo no lo fuera.

Era delicioso tener a todos atemorizados pero eso no significaba que después fueran a felicitarla de corazón por su esfuerzo, aunque nadie más que Asuka le había pedido que lo hiciera. No supo porque, pero comenzó a sentirse cada vez más deprimida; mientras de fondo –ya que habían pasado demasiado tiempo en silencio, aunque no fueran más de dos minutos- se escuchaba una queja que fue acallada por un zapatazo mortalmente volador que le rozo la mejilla a Levy por los pelos, y todo volvía a ser un caos digno de admirar.

-¿Luce? –pregunto Natsu, preocupado.

Por su salud, había decidido mantenerse lejos de aquel barullo (si, Erza había sido la responsable del zapatazo ¿Por qué a esa mujer le gustaba arrojar cosas potencialmente peligrosas? ¡Ni que fuera un ninja entrenada para asesinarlos! ¿O sí?). Sin embargo, eso no impidió que se diera cuenta que algo le pasaba a la Maga Estelar; él podía ser un despistado sin remedio, pero sabia reconocer a la perfección cuando le pasa algo malo a ella.

-¿Lucy? –volvió a llamarla, esta vez, zarandeándola un poco para llamar su atención- ¿Estás bien?

-¿Eh?

-Que si estás bien –repitió, con paciencia.

Entonces Lucy lo miro con detenimientos. Los ojos jade de Natsu estaban clavados en su persona, increíblemente atentos, y con un brillo especial que delataban lo preocupado que estaban por ella. Y se sintió una completa idiota por pensar que a nadie le gustaría su cuento; lo más probable fuera que el primero en decir que le gusto, sería él. A veces podía ser tan jodidamente ingenua. Quiso maldecir a todos los astros del cielo.

Estúpido y sensual Natsu…

-¿Lucy?

-Eh ¡Claro que estoy bien! –y le sonrió, intentando que se viera real- Sólo, sólo estaba pensando en cómo seguir el cuento. Necesitaba una pausa para descansar, eso es todo.

-Ah… -se alivio, poniendo sus brazos detrás de su nuca- Continua entonces ¡Me gusta mucho el cuento!

Esta vez, Lucy sonrió con sinceridad, con el corazón agitándose.

Corrió y corrió hasta que no pudo más, y se apoyo sobre una pared. Fue ahí cuando se dio cuenta del lugar en donde estaba: un pasillo muy lúgubre, oscuro, que conducía a una escalera caracol que subía a una torre. Sin otro lugar a donde ir, accedió a subirlas y llego hasta una habitación rodeada de sillones, libreros y una enorme alfombra de piel de oso en el centro; sin embargo, lo que más le llamo la atención, curioso como solía ser, fue la puerta de madera que estaba frente suyo, justo del otro lado de la habitación.

Una fuerza desconocida lo llevo a atravesar la habitación y terminar abriendo la misteriosa puerta de madera. Dentro había lo que todos habían temido, pero que él desconocía totalmente: una rueca. Se acerco a ella, como poseído por algo, y estiro su mano, pinchándose el dedo en el proceso. Antes de caer presa de un inminente sueño, vio a Lucy sonreírle con sus dorados cabellos que reflejaban el sol. Lejos de allí, una bruja carcajeaba al cielo: su maldición se había completado.

Cuando Gray, Gajeel y Elfman llegaron al reino por culpa de sus instintos, el cielo se les cayó encima como un pesado yunque. El hechizo se había cumplido, todos estaban en un sueño eterno, del que no despertarían nunca. "¿Y ahora qué hacemos?" pregunto Elfman. "Bueno, las palabras de esa bruja fueron que sólo su verdadero amor podía despertarlo" aviso Gajeel, serio. Eso sólo significaba una cosa: estaban perdidos. "Mierda, ¿Y ahora cómo vamos a traer a Natsu?"

La encrucijada que se les presentaba era clara. "¿Le paso algo a Natsu?". Los tres saltaron en su lugar, de repente. Alterados, giraron sus cuerpos para encontrarse con una mujer de dorados cabellos y un curioso gato de color azul volando sobre ella. "¿Lo conoces?" se atrevió a preguntar Gray. "Bueno… si, ¿Le paso algo malo?". Los tres se miraron, intercambiando sonrisas cómplices ¡Con que por eso había estado tan raro! Quizá el reino y el joven príncipe sí podían salir de esa vil hechicería.

-¿Se acerca el final, Luce? –quiso saber.

-¡Por supuesto que no, tarado! –ironizo Gajeel, cruzándose de brazos.

Lucy se rió, juntando sus brazos sobre su vientre. Había estado tan enojada –o aterrorizada- que olvido por unos momentos lo divertido que era estar ahí ¡Y lo bien que la estaban pasando! Después se aseguraría de decirle a Bisca que tenían que repetir más seguido eso de los cuentos antes de dormir, aunque después ninguno pudiera dormir nada.

A los tropezones, le explicaron toda la situación, enfatizando la parte del "verdadero amor". Lucy no estaba muy convencida de poder hacer algo y dudaba que esa tal bruja Evergreen fuera a hacérselo tan fácil, pero accedió a hacer lo posible para ayudar. Con la ayuda de la magia, las tres hadas madrinas le concedieron un escudo, una espada y una capa que la protegía de cualquiera clase de hechizo, y con las convenientes alitas de Happy, voló hasta la alta torre, donde estaba Natsu supuestamente.

Al llegar, entrando por la ventana, no diviso al joven por ningún lado, ni tampoco a la dichosa rueca de la discordia. Aun así, investigo por el lugar y bajando las escaleras subió otras, la que conducía a la torre gemela. Al llegar, no pudo abrir la puerta por las buenas, así que dándole un buen espadazo, la vieja madera cedió y se abrió de par en par, revelando una habitación, donde Natsu dormía sobre la cama desparramado. "Hay, Natsu…" suspiro, pensando que ni en una situación de vida o muerte cambiaba.

Cuando se arrimo a él, se quedo mirándolo, sin saber qué hacer. Happy le sugirió, entre risitas pervertidas, que probara con besarlo y aunque la idea de hacerlo frente al molesto gato le desagrado, acerco sus labios a los del joven, y los unió en un casto beso. Tal fue su sorpresa, que Natsu abrió los ojos como si despertara de una pesadilla, asustándola a ella también. "Ah, lo siento, no quise despertarte". "¿Lucy? ¿Qué estás haciendo aquí?". "Le gusssssssstas" murmuro Happy. "¡Cállate, gato!".

Estaba dispuesta a contarle todo cuando una figura se materializo en medio de la habitación, furiosa. Lucy miro horrorizada que se trataba de Evergreen, igualita a como las hadas madrinas la habitan descrito. Se puso entre Natsu y la malvada bruja por puro instinto y le grito que se fuera, o las cosas se pondrían feas. Evergreen rio y se convirtió en un enorme dragón, destrozando la torre.

-Lucy, los dragones no son malos.

-¿A no? –levanto una ceja- ¿Y qué me dices de Acnologia?

-Bueno, pero… ¡Vamos! –golpeo suavemente el brazo de la rubia con su puño, cambiando de tema repentinamente- Ahora vas a decirme que eres taaaan fuerte como para derrotar a Acnologia. ¡Es más que obvio que Evergreen no tiene ese poder, y mucho menos tú!

-¿Estás diciendo que soy una debilucha?

-¿Eh? ¡Claro que no! Por lo menos, no la mayoría del tiempo –admitió, en un tono bajito, con claras intenciones de que Lucy no lo escuchara, sin embargo y para su desgracia, eso no pasó ya que otra vez fue escuchado.

-Natsu –apretó los puños con fuerza, mientras una vena le latía con furia sobre la cien- ¿Vas a dejar que termine el cuento sí o no?

El mago asintió entusiasmado, como si la conversación anterior nunca hubiera pasado.

Evergreen transformada en dragón comenzó a soltar llamaradas de fuego, que eran detenidas sólo gracias al poder mágico del escudo, que a duras penas podía cubrirlos a los tres. Ninguno tenía experiencia matando dragones, era la primera vez que veían uno, pero suponían que si le clavaban la espada en el corazón, la maléfica bruja moriría. Planearon la estrategia adecuada y usaron a una aterrada Lucy como cebo, por muchas protestas que la joven damita dio.

Distrayendo a Evergreen con sus alaridos, Natsu aprovecha para, volando en Happy, acercarse al pecho de la poderosa bestia y enterrarle la espada en el corazón. Soltando un rugido de dolor espantoso, la bruja se desvaneció en el aire, y con ella, toda magia oscura que pudo haber dejado atrás. Volviendo al suelo, Natsu se junto con Lucy y ambos se miraron, expectantes y sin quererlo la rubia se ruborizo, pensando en que lo había besado.

Rápidamente llegaron los guardias y las hadas madrinas acompañados de los reyes, quienes no daban crédito a lo que veían, su hijo, él… "Apropósito de todo esto, nunca me dijiste que haces aquí Lucy". La mujer comenzó a reírse porque ahora comprendía todo. Le conto que estaba en camino a su reino porque ella era la princesa del reino vecino y venia a terminar de concluir el acuerdo de su casamiento con el joven príncipe. Natsu reacciono tarde, pero cuando lo hiso, no pudo evitar abrazar a Lucy con fuerza.

Unas semanas después, ambos príncipes celebraban su compromiso oficial con una gran fiesta para ambos reinos, aliviados de que ninguna fuerza del mal fuera arruinarles el momento. Jellal y Erza estaban orgullosos de su pequeño y las tres hadas madrinas no podían sentirse más aliviados. Había sido un encuentro ordenado, quizá, por el destino, pero si jamás se hubieran encontrado, esta historia tendría otro final completamente distinto. Y Natsu y Lucy estaban felices de que así fuese, porque sin quererlo, se habían dado cuenta de que se amaban.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Fin.

Todos aplaudieron el final del cuarto cuento con alegría, aunque segundos después saltase a la luz el problema que habían olvidado por el estado monstruoso que había adoptado Erza: la comida, la sagrada comida. De un segundo a otro, ya nadie le prestaba atención a la Maga Estelar ni lo que fuera a hacer, ahora estaban frente a una encrucijada de suma importancia.

Lucy suspiro, aliviada de que su cuento recibiera las críticas que había estado esperando. Quiso levantarse del lugar para evitar que sus oídos se llenaran de la cantidad de gritos que corrían por el lugar, pero ya el sueño le estaba pesando un poco, por lo que decidió quedarse ahí y estirarse en piso, apoyando la espalda en el suelo. Miro el techo –el destruido techo- largo rato, hasta que la cara de cierta personita se interpuso en su campo visual, con claras intenciones de decirle algo; aunque quiso gritarle que se apartara, dentro de ella su corazón comenzó a agitarse, impidiendo cualquiera clase de gesto brusco.

-¿Qué quieres ahora Natsu?

El mago hiso un gracioso mohín con la nariz para después cruzarse de brazos.

-¿Estas enojada?

Le hubiera encantado gritarle en el oído, y bien fuerte, que claro que estaba enojada, que no era para menos después de lo que había dicho. Sin embargo, esa misma agitación en su corazón volvió a impedirle tratarlo de esa forma tan cruel y rindiéndose ante su ser volvió a suspirar, aunque sonó mas a un bufido de fastidio que a un suspiro de cansancio. Se incorporo apartando a Natsu –que ya comenzaba a invadir su espacio personal de manera descarada, como siempre- y lo miro. ¡Joder, maldito tramposo! ¿Por qué le ponía esa cara de perrito mojado?

Estúpido y sensual Natsu…

-Un poco –admitió- Pero ya no tanto. Además, si no hubiera dicho, ejem… eso… probablemente ahora estaríamos en un ataúd cada uno, yendo derechito al otro mundo, así que, gracias.

-Um, de nada –y le sonrió mostrando sus característicos colmillos de dragón, haciendo saltar el corazón de su compañera sin quererlo- Aunque también quería disculparme Lucy. Sé que a veces puedo ser un poco tonto, pero que sepas que me gusta verte enojada. ¡Haces caras graciosas cuando lo estás!

-Ay… -suspiro- ¿Debería sentirme alagada?

Natsu rió divertido, abrazando a la maga de improvisto.

-Ah –le susurro al oído- No sé a ti, Luce, pero a mí no me molestaría tener hijos contigo –y se separo de ella bruscamente, metiéndose en la importante conversación sobre la comida, recibiendo casi al instante un feroz rugido de Erza.

Lucy volvió a quedarse estupefacta. ¿Acaso Natsu le acababa de decir lo que le acababa de decir?

¡Estúpido y sensual Natsu!

Ahora sólo quedaba Erza en la competencia. ¿Qué podría salir mal, eh?

...

...

NOTAS: ¡Af, millones de disculpas! Tarde mas de la cuenta porque a pesar de estar en vacaciones siempre se me presentaba algo. Dios, eso que dicen que las vacaciones son para descansar es una completa mentira ¡Completa mentira! Bueno, pasando al capitulo de hoy ¿Qué les pareció, eh? ¿Les gusto? Yo creo que cerré muy abruptamente el cuento, pero como excusa les digo que ya no daba más. ¡Ah! La pregunta que Natsu le hace a Lucy sobre el juguetito, bueno, ya saben, opino que el dragoncito NO ES un asexuado, pero no creo que tenga la mente taaan pervertida como otros en Fairy Tail y me pareció gracioso ponerlo. Aparte de eso, me gusto como quedo, amo a Natsu, es tan simplemente él que es imposible no amarlo xDDD. Agradecimientos (Oh, fueron tantos *llora emocionada* ¡Los adoro, muchísimas GRACIAS!): theONOFRE, CATITA-EDWIN, Nakamura Kaze, Gabe Logan, valqiria8, Saknicte, Kumi Strife, Blackbell77, Hime Shiraiwa, Girl Master Houndoom, Akira Grit Akaku, EDD-Wolf, Pierrot14, CrazyGirlOtaku, Natsumi Momo, Jacobita-kagamine10, Nashi-chan. ¡MUCHISIMAS GRACIAS! Les prometo que en cuanto pueda les respondo, ya ven, soy una mujer ocupada xDD. También quiero agradecer a los que la ponen en favs o alerts.

Nos vemos en el próximo capítulo. ¡No se olviden de dejarme un caramelito! ¡Saludos y Besos a todos!

Atte, Misari.