N/A: Ante todo, DISCULPEN la tardanza. Si les soy sincera, tenía éste cap listo desde hace meses, pero por asuntos personales y más que todo, académicos, dejé de actualizar todos mis fics en general. Sin embargo, me encanta demasiado el TroyPay que cómo compensación por la larga espera, publicaré otro cap la semana que viene, así sea corto. Pero quiero escribir más de tres mil palabras porque cómo lectora, no me gusta leer cosas tan cortas, no sé si me entiendan xD
Espero que les guste y si quieren que siga publicando más, no olviden escribir :) Realmente ayuda y anima bastante.
LO QUE ESTUVE BUSCANDO
Sinopsis: Troy Bolton conoció a Gabriella. Pero esta vez sólo tuvo ojos para una rubia: Sharpay Evans.
DISCLAIMER: HIGH SCHOOL MUSICAL y sus personajes no me pertenecen. Sólo escribo por diversión.
ADVERTENCIAS: Full Troypay. Nada de sentimentalismos por Gabriella. Las personas que aún le guarden cierto cariño, absténgase de leer. Es mi versión HSM con la única y gran diferencia de que Troy no cantó con Gabriella en la Fiesta de Año Nuevo, ni se conocieron realmente allí —Cómo estamos tan acostumbrados a ver y leer.
Esta vez leeremos algo diferente, gente ;) Disfruten la lectura ^^
RR a Reviews anónimos
maya1234:Holaa! Gracias por leer y escribir :D disculpa la demora . espero que te guste el capi y no olvides comentar tus impresiones, porque seguiremos leyendo uno nuevo cada semana.
lilyiloveyou: Oww, holaa! Me gustó mucho tu review, gracias por leer y comentar! Espero que te guste el capi, veremos un avance. Y sí, yo también me sentía mal por no escribir desde hace tanto tiempo x_x pero quiero subir un nuevo cap semanalmente, así que pendiente ;) jeje un abrazo!
Cap 3: El Plan de Gabriella
Después de haber visto por casualidad cierta escenita amorosa, Gabriella caminó sin rumbo fijo por East High. Tal vez Taylor tenía razón, ¿En que demonios estaba pensando?, bastaba con ver a Sharpay Evans, si hasta parece que la "Reinita" lo tenía todo asegurado en la vida.
"Aunque puede que no sea buena en los números, ni tenga mucho cerebro para todo en general. Después de todo, ella es rubia, ¿no?" —Inquirió altivamente su ego. Montez asintió de acuerdo para sí e ingresó a su primera clase en el laboratorio de Física. Sus ojos brillaron al recorrer el lugar, se veía muy cómodo y lleno de materiales que a largo plazo del año escolar utilizaría. Cómo amaba la Física...
— ¡Oh, Gabriella! —Escuchó a medida que ella avanzaba—. ¡Ven aquí, te aparté un lugar! —Era Taylor y le sonreía con ánimo. La castaña suspiró tratando de devolverle la sonrisa, planeaba disculparse con ella en cuánto tuviese la oportunidad. Apenas alcanzó a hablar un par de trivialidades con McKessi cuando la clase comenzó. La Profesora le había dado una breve (pero cálida) bienvenida y comenzó a explicar algunos ejercicios avanzados de raíces cuadradas y Pi. La mayoría de los estudiantes resoplaron aburridos y fastidiados, parecía que sólo Gabriella y Taylor disfrutaban únicamente de la clase.
En ése momento, el tiempo pareció detenerse para Gabriella. Le estaba comenzando a agradar la clase de planteamientos que exigía la materia y el que la profesora no explicara, era todo un agradable reto que estaba dispuesta a enfrentar. Se mordió el labio mientras se detenía en el segundo ejercicio, ¿Por qué el resultado no le estaba dando con exactitud?, borró rápidamente el tercer procedimiento para volverlo a realizar.
De pronto una voz conocida y extrañamente amistosa, le interrumpió:
— ¡Hola! —Gabriella se sobresaltó de su asiento y al levantar su mirada, se quedó de piedra al contemplar a la rubia, Sharpay Evans, frente a su mesa de laboratorio, ¿En serio ella veía la clase de Física? — Parece que conoces a Troy Bolton. —Afirmó ella con seguridad y cierto toque de fiereza. Gabriella instintivamente se encogió, no le gustaban las peleas.
En especial aquellas en las que tenía la derrota asegurada.
A su lado, Taylor miraba de reojo el intercambio de palabras lo más discreta posible.
Gabriella suspiró y se obligó a contarle la verdad, a medias:
— No mucho. Nos vimos por primera vez en Año Nuevo, no sabía que estudiaba en este lugar. Esperaba que él me mostrara un poco más el Instituto. —Su respuesta pareció divertirla.
— Oh bueno, bienvenida a East High.
— Gracias.
Se sumieron en el silencio, evaluándose la una a la otra. Al pasar algunos segundos más sin que ninguna dijese nada, Gabriella volvió con rapidez la mirada a su cuaderno para poder continuar con el ejercicio.
— ¿Sabes?, él no es de estar siendo amables con desconocidos. Y menos con las nuevas. — Prosiguió con énfasis mientras seguía observándola—, así que... sé buena chica y déjalo en paz. —Advirtió amenazadoramente. La castaña se vio salvada por la voz de la profesora.
— Señorita Montez, ¿Tiene algún problema con el ejercicio?
Asintió enérgicamente mientras volteaba y consultaba sus dudas con ella.
Ignoró el leve (pero insistente) sonido de unas uñas repiqueteando sobre la mesa, esperando alguna clase de respuesta.
Había tenido una mañana exhausta. Luego de terminar otro entrenamiento, se había otorgado una larga y refrescante ducha. Troy Bolton se encontraba a solas en el vestíbulo del equipo. Se cambió su uniforme por unos jeans azules, camisa verde y chaqueta azul marino limpias. Sus converse negros estaban un poco estropeados, pero lo bueno es que sin importar su apariencia, ésos tenis siempre se verían cool.
Su cabello castaño aún lo portaba húmedo, debido a su reciente actividad. Comenzó a peinárselo con los dedos mientras se veía en el espejo de su casillero rojo. En su rostro, su sonrisa de felizmente enamorado permanecía.
Por estar con Sharpay valía la pena que su padre le gritara delante del equipo. Por Sharpay buscaría un empleo a medio tiempo para tener dinero e invitarla a salir. Por Sharpay valía todo.
Suspiró, tomando un par de cuadernos y se encaminó para su segunda clase. Vagamente recordó que tenía examen. Chasqueó la lengua, Inglés era muy fácil. Sin embargo, se confundía en ciertas tonterías. Detalles menores pero con importancia.
Se detuvo al ver el cartel de audiciones para el nuevo musical de invierno. Observó embelesado las fotografías de Sharpay y Ryan (No prestando mucha atención a éste último), del musical pasado. Lamentablemente, no había podido asistir a dicho evento debido al importante partido que se había celebrado ese mismo día. Pero Zeke, quién había tenido la noche libre, le había contado con lujo de detalles todo lo que había ocurrido (y se había perdido) gracias a su ausencia.
Troy apretó la mandíbula mientras unas sensaciones no muy agradables empezaron a surgir.
— ¡Ooh! —Exclamó a su lado una voz que ya se le estaba haciendo molesta.— Así que, ¿vienes a inscribirte?
Volteó su mirada para poder observar a Gabriella Montez, que cargaba una sonrisa de oreja o oreja.
— De hecho, no. Las audiciones y todos esos papeles teatrales se los dejo a mi novia. —Recalcó para dejarle en claro que él ya no estaba disponible. Se apenó un poco al observar el brillo de tristeza que ella poseía.
— Oh. Tienes novia. —Comentó cómo si ésa fuera una vil desgracia, cosa que hizo enfurecer al castaño.— No lo sabía.
Antes de replicarle mordazmente, la rubia Evans apareció; un poco sorprendida y feliz de encontrarse con él en ése lugar. Sin embargo, la alegría de su rostro se desvaneció al verlos. Juntos. Con ésa.
— ¡S-Sharpay! —Murmuró sorprendido y un poco nervioso al verla en un momento tan repentino. Se prometió silenciosamente que la nueva iba a pagar caro si de nuevo su chica se enfurecía.— ¿Cómo estuvo tu clase? —Le preguntó amable, a fin de cuentas no estaba haciendo nada malo y esperaba que su chica le entendiera.
Sin embargo, ella los miraba sin alegría, les dio la espalda para dirigirse al anuncio de audiciones y con cuidado sacó un bolígrafo rosa.
— Bien. —Respondió cortante. Con rapidez escribió su nombre en la lista de audición, ocupando todo el espacio del mismo con su elegante y curvilínea letra. — Oh, lo siento ¿Iban a anotarse? —Preguntó con fingida modestia y preocupación. Ambos castaños negaron. Gabriella desviaba la vista, incómoda.
— Sharpay... —Empezó Troy sintiéndose mal al anticipar sus pensamientos y queriendo arreglar todo cuánto antes.
Más ella fingió no escucharlo y comenzó a andar. Él hizo ademán de seguirla, pero una mano sujetó su brazo, impidiéndole completar su acción.
— Troy... —Susurró Gabriella presa de la desesperación, ¿Que veía él en ella que no tenía?
— Ya, déjame ir. —Le advirtió él con voz gélida, antes de soltarse bruscamente de su agarre y echar a correr detrás de la rubia, quién seguía taconeando enfurecida hasta perderse en la siguiente esquina. Los ojos de Montez se llenaron de lágrimas mientras su vista lo seguía hasta perderlo en la esquina.
Ryan Evans salió de entre sus sombras para terminar de contemplar la escena, totalmente fascinado.
— Veo que te gusta el novio de mi hermana. —Comentó acercándose a ella. Ryan vestía un pantalón verde manzana, camisa blanca y jersey del mismo color.
La castaña se dio la vuelta, evitando verlo mientras se sorbía la nariz.
— No es tu problema. —Respondió sin ánimo y sin mostrar expresión alguna de sorpresa por la noticia.
Él roló ojos.
— Y ahí es donde te equivocas porque acabo de decírtelo: Sharpay es mi hermana. Para que lo sepas, antes que ocurriera todo éste asunto incómodo en el que te encuentras ahora, Troy era un galán con las chicas. Así que no te extrañes si mi hermana te tiene manía, porque eres muy hermosa y ella piensa que tienes (o puedes llegar a tener) algo con él.
— ¿Que yo qué?! —Inquirió con sorpresa y divertida por sus palabras.
¿Hermosa?, ¿En verdad la consideraban hermosa?, resopló al pensarlo. Ya quisiera tener algo con Troy...
— Por eso y más, voy a ayudarte. —Declaró el rubio, con cierto aire engreído. La castaña lo miró suspicaz, desconfiando al instante, una persona no hacía esa clase de favores sólo porque sí.
— ¿Por qué?, ¿Cuáles son tus motivos? —Presionó.
Ryan suspiró mientras volteaba la mirada a su alrededor. Se cruzó de brazos, mientras se sinceraba a regañadientes:
— Porque Troy Bolton me cae mal y no lo quiero cerca de mi hermana.
Gabriella se sorprendió de su honestidad. Al juzgarlo por su semblante se notaba a leguas que realmente le tenía un enorme resentimiento a su castaño. Bueno, a su futuro castaño.
Sacudió la cabeza, no sabía exactamente porque estaba sucediéndole esto, pero no podía darse el lujo de desaprovechar una oportunidad.
— Está bien, ¿Que tengo que hacer? —Inquirió tratando de sonar de lo más desinteresada.
La sonrisa engreída de Ryan aumentó.
El dicho de "Todo en la vida tiene solución, menos la muerte", sería el lema ideal de Troy Bolton de ahora en adelante. No había parado en perseguir a su chica hasta finalmente alcanzarla y arrinconarla en una de las esquinas del pasillo.
— ¡Suéltame! —Demandó Sharpay enfurecida, tratando de empujarlo por sus hombros. Pero Troy pudo observar la angustia disfrazada de enfado, el miedo oculto de perderle a través del coraje. Parecía mentira sobre que tan bien la conocía, pero por encima de todo, poco a poco comenzaba a darse cuenta de esos peculiares detalles desde que empezaron su relación. Troy frunció el ceño, Sharpay era la chica más fascinante y exótica que había conocido desde el jardín de niños. No la iba a perder jamás.
— ¿Por qué debería de soltarte cuando eres todo lo que yo quiero, lo que yo necesito? —Inquirió suavemente sin despegar su mirada de la de ella. Dichas palabras tuvieron el efecto de bajar su guardia y tranquilizarla, quería que Sharpay pudiese confiar plenamente en él, de manera que ella no pudiese mostrarse insegura frente a parecidas y nuevas situaciones.
Sharpay no podía quitar la vista de su castaño, ¡apenas podía respirar tras oír esas hermosas palabras!, pero no quería mostrarse vulnerable frente a a él hasta poder estar segura que cumpliese su palabra sobre alejarse de la chica nueva. No obstante, su razonamiento se fue de paseo en el momento en que sintió los labios de Troy reclamar los suyos con fiereza. No pudo evitar emitir un gemido de sorpresa y satisfacción al sentir que él aprisionaba su cuerpo entre la pared y el suyo. Las manos de Troy se dirigieron a su cadera, sosteniéndola a la par que la acariciaba en ése lugar. El pecho de Sharpay se sentía agradablemente aplastado por sus pectorales, justo cuando Sharpay iba a finalizar el beso, él la envolvió con otro más apasionante, el aire escaseaba y las manos de ambos revoloteaban por sus cuerpos.
Sin embargo, un ronco aclaramiento de garganta los separó, a regañadientes.
— ¿Por qué no se van a un hotel?
El castaño volteó y quiso patear a Chad por su atrevimiento, él vestía el uniforme del equipo y sus rizos lucían rebeldes, cómo su aptitud en éste momento. Por el contrario, a Sharpay se le encendieron un poco las mejillas al imaginarse tal momento, cierta parte de ella aún se sentía avergonzada, pero más adelante planearía ése momento mágico junto a él.
Danforth permaneció inmutable, antes de irse le dijo:
— Si sabes lo que es mejor para todos, será mejor que no pierdas tu tiempo con cosas que no valen la pena, y asistas ya al entrenamiento.
Bolton endureció la mandíbula, sino fuera porque su chica lo tenía agarrado de la mano, en ése mismo instante se hubiese agarrarado a golpes con él.
— Está celoso, no importa. —Le restó importancia su chica, arreglándose distraídamente el cabello. Él la miró, confundido.
— ¿Celoso?
— Sí, duh! —Exclamó cómo si fuese demasiado obvio. Al no seguirle, le explicó: — Él es tu mejor amigo, ¿no? Tal vez piense que yo te apartaré de él o algo por el estilo.
Tras haber compartido besos, palabras y mimos, la ahora pareja más popular de East High caminaban juntos por los pasillos dirigiéndose a la clase de química. Bolton aún pensaba en las anteriores palabras dichas por su rubia, sabía a la perfección que Sharpay Evans no era la clase de chica que se conocía precisamente por ser la más lista, pero tampoco era idiota. Y a juzgar por el tono superior con el ella que se lo dijo, a lo mejor tiene razón. Puede que Chad esté celoso, tendría que buscarle para hablar con él.
— No puedo creer que tenga clases de química. —Rezongó Sharpay con un puchero, distrayéndolo del tema.
— Y yo no puedo creer que hayas escogido química. —Respondió Troy, anonadado. Si bien, ambos no son para nada buenos con los números y cálculos, no debían presionar en exceso su suerte con eso.
Ella se encogió de hombros.
— La escogí sin ver el nombre de la materia realmente. Canté "Eenie Meenie" mientras lo hacía.
Muy a su pesar, Troy carcajeó. Sin duda ninguna situación podría cambiar las ocurrencias de Sharpay.
Se detuvieron ya en la entrada de la clase.
— Muy bien, hasta acá te acompaño. —Afirmó Troy mientras ocultaba sus manos en los bolsillos del pantalón. —Tengo entrenamiento hasta las seis, ¿que harás luego de ésta clase? —Preguntó de pasada. Aunque no lo demostrara, le costaba mucho hacer planes. El único plan seguro que tenía era el basketbal. Ahora que Sharpay era su novia se había prometido dar lo mejor de sí para no fracasar... en su primer noviazgo. Y cuando pensaba en el tema, aún podía sentir los nervios y emociones a flor de piel, su chica lo quería. Y por nada del mundo no deseaba arruinar su hermosa relación con ella.
Se deslumbró al ver la sonrisa coqueta de su rubia.
— Luego de esta clase me pasaré para ensayar un poco en el teatro y luego de las cinco estaré libre. Te veré pronto. —Acto seguido le dio un beso en la mejilla antes de entrar.
Bolton parpadeó rápidamente, "Te veré pronto"... ¿Que significaba eso? ¿Te veré pronto más tarde?, ¿Te veré pronto mañana? realmente no era la respuesta que esperaba. Más adelante tendría que enseñarle a ella ser un poco más específica.
Suspiró, retomando sus pasos hasta llegar a la cancha. Cómo bono adicional, su padre estaba molesto.
— ¿Donde estabas?
Sabiendo que la respuesta no le iba a gustar, respondió con un escueto:
— Lo siento.
Más sin embargo, con eso sólo aumentó la furia de su progenitor.
— ¡Disculparte no te servirá de nada!, ¡quiero que salgas a la cancha y entrenes hasta que tus músculos no puedan más!
Sin perder más tiempo, corrió para hacer lo suyo. No le convenía estar castigado para no poder salir.
Jueves, 9:30am.
Sharpay Evans se encaminó furiosa para el salón de teatro, se sentía ultrajada. E sólo hecho de estar cerca de esa chica nueva y su cara de boba le fastidiaba. Y es que ya la tenía pillada, ¡a ella le gustaba su chico! Frunció el ceño, tendría que hablar con Troy sobre esto. De nuevo. Y no estaba siendo paranoica, para nada. Tan sólo estaba defendiendo lo que por derecho, es suyo. ¿Alguien podía culparla de eso?
Se miró en el espejo de su polvo compacto, vanagloriándose de su belleza. Desde temprana edad se hizo la idea que Troy Bolton merece lo mejor de lo mejor, y para bien o para mal, lo mejor de esta ciudad que podía ofrecer, era ella misma.
Un poco más en confianza, avanzó con paso firme hasta sentarse al lado de su hermano. Se extrañó al verlo de mal humor.
— Llegas tarde. —Susurró no muy contento. — La Sra. Darbus no ha dejado de preguntar por tí, por poco y salgo a buscarte.
— ¡Dame un respiro! —Siseó torciendo los labios.— Me atrasé en la clase pero ya estoy aquí.
Ryan bufó, sin creérselo.
— Estabas con él, ¿Verdad?
Sharpay inmutable por su tono, omitió en responder.
La Sra. Darbus continuaba sacando gente sin talento en las audiciones. Los hermanos Evans observaban espantados y sin disimular en absoluto, se estremecían por el mal talento de los presentes.
Cuando su profesora se levantó "felicitándolos" a todos, comenzó a darles una entrada triunfal, alabando su talento. O bueno, el talento de ambos.
Sharpay se prometió a sí misma dar todo lo mejor de sí para éste ensayo.
Troy Bolton bajaba con rapidez las escaleras, había visto a Chad y compañía hablando en uno de los salones de clase. No quería arriesgarse a que lo vieran y le preguntasen por su lugar de destino. Tenía los músculos y el cuerpo agarrotado por el exceso de entrenamiento y esfuerzo, pero eso no le impediría dejar de disfrutar del resto de sus actividades. Repentinamente recordó que tenía castigo de teatro y refunfuñó de mala gana, ¿al menos ése castigo le serviría para pasar algún rato de tiempo libre con su chica?
Vio el carrito de limpieza del conserje, y no dudó en aprovechar su oportunidad para escabullirse con él, una especie de camuflaje para poder observar lo que sería su futuro panorama. Llegó a tiempo para alcanzar a observar cómo Sharpay subía con decisión al escenario, ¿acaso cantaría algo? estaría de suerte si lo hiciera.
— ¡Hola! —Susurró Gabriella sobresaltándolo. Traía una cara contenta, mirándolo detenidamente.— ¿Por qué te escondes?
— ¿No acabo te dije ayer que me dejarás tranquilo? —Replicó malhumorado, evadiendo su pregunta y comenzando seriamente a sospechar que la chica le seguía.
Bolton se animó a sentarse discretamente en uno de los asientos cercanos a la pared, Gabriella lo siguió, sentándose a su lado. Justo antes que él pudiera replicar, el telón del escenario se abrió, chasquidos entusiastas y una música animada comenzó a inundar el escenario, enmudeciéndolo al instante.
"It´s hard to believe, that I couldn´t see...
You were always right besides me."
Quedó totalmente asombrado, ¿ésa hermosa diva talentosa era su Sharpay? aunque no debería de sorprenderse tanto, puesto que había visto algunas de sus obras y coreografías con anterioridad, ésta era la primera vez en dos años que observaba sus ensayos. No se molestó siquiera en observar detenidamente al quisquilloso de su hermano, debido a que Sharpay cantaba y se movía con tanta soltura y naturalidad, que su comodidad en el teatro ni siquiera se cuestionaba. En ese breve lapso de tiempo, envidió a Ryan por estar cantando y bailando con ella en su lugar. A Troy le gustaba cantar, no lo negaba. Incluso cantar en la ducha se había convertido en uno de sus pasatiempos, pero ignoraba que tan desafinado cantaba y de hecho no quería averiguarlo. Podía saborear la presión y el mal genio de su padre si alguna vez se enteraba: "Troy Bolton, ¿basketbolista nato y cantante a escondidas?" Su padre no le veía nada de sentido a las carreras artísticas, ni mucho menos creía que ése tipo de cosas —o hobbies, cómo suele llamarle—, podían mantener a alguien económicamente. Ya podía escuchar las risas y burlas de sus compañeros si alguna vez se enteraran que audicionó para un musical. Demonios, si hasta aún le dolía la aptitud que Chad Danforth, su supuesto mejor amigo adoptara para con él, desaprobando su relación con Sharpay. Le parecía tan injusto que él la juzgara sin conocerla realmente...
— ¡Bravo, maravilloso! —Exclamó extasiada la Sra. Darbus sacándolo de sus pensamientos. Por un instante le pareció que Sharpay lo miró directamente mientras bailaba, pero enseguida lo descartó. Se había sentado en las últimas filas, encogiéndose un poco en su asiento, era más que seguro que no había podido verlo. Aunque claro, si ella lo veía nuevamente al lado de esa chica, Gabriella, podía considerarse deportista muerto.
La Sra. Darbus les otorgó encantada el papel principal de nuevo a los hermanos Evans. Ya que al no haber más voluntarios con talento (O dispuesto a enfrentárseles), eran los indicados.
— Opino que deberías participar, Troy. —Susurró la morena, perdiéndose en su mirada. Bolton la miró cómo si estuviese loca por semejante idea.
Sin embargo, su atención se desvió al escenario, observando cómo Sharpay intimidaba demasiado bien a la pianista, Gabriella observó eso también. Presintiendo que los presentes se irían del lugar en escasos minutos, se encontró en apuros debatiéndose entre quedarse allí para darle una sorpresa a su chica, que era lo que originalmente planeaba, o irse. Por alguna razón le cortaba que la Sra. Darbus presenciara dicho acontecimiento.
Gabriella pudo notar la indecisión del chico y no tardó en decirle:
— Puedo ayudarte.
Se vio atrapado en sus cálidos y marrones ojos y por esta vez, se dejó. Quería salir del lugar rápido cuánto antes.
El mayordomo Evans abrió la puerta del vehículo ostentoso negro, Sharpay taconeaba enfurecida hacia su hogar, la "humilde" mansión Evans. Ryan la siguió tranquilamente a unos pasos atrás, portando una sonrisa de autosuficiencia.
Sharpay ignoró a las chicas del servicio que la saludaban con toda naturalidad, entró a su habitación, un lugar con abundante rosa, excentricidades y glamour por doquier. Dejó su bolso Prada en el suelo y de un salto se lanzó a su cama. Sacó su iPhone y volvió a revisar la pantalla por enésima vez en la tarde: Ningún mensaje o llamada de Troy. No sabía cómo sentirse respecto a eso, lo único que podía reconocer de entre todo ése tumulto de turbaciones, sin duda era la confusión. "Son más de las 6pm, ¿Que le habrá pasado? ¿Será que aún sigue con la práctica? Y si... ¿Y si le pasó algo?" —Pensó angustiada, dándose cuenta en secreto que realmente, realmente se preocupaba por él. Suspiró con cierto dramatismo, "¿Que me has hecho, Troy?" Pues ésta parecía ser su primera vez en la que se preocupaba por otra persona que no fuese en sí misma. Comenzó a frotarse las sienes para relajarse, empezando a recordar todo lo maravilloso, cálido y reconfortante que era tener al chico, a Troy Bolton en su vida. Poco a poco sentía que él la estaba cambiando, y para bien.
— ¿Interrumpo algo? —Preguntó Ryan desde el marco de la puerta. La rubia le miró de reojo y le hizo una seña para que pasara, él se sentó a su lado. Le dijo sin rodeos: — No tiene caso que sigas esperando por él, no te responderá ni mucho menos se atrevería a pisar este lugar para buscarte.
La chica se rió altanera, no permitiendo que las palabras de su hermano la lastimasen, o al menos no iba a demostrárselo.
— ¿Celoso, hermanito?
— Por lo que veo, ésa es tu nueva palabra favorita. No pienso quitártela.
Podía sentir algo completamente diferente emanando de su hermano. No era el mismo. El dócil hermanito que conocía no se familiarizaba con los sarcasmos.
— ¿Que ocurre contigo?
Ryan pareció casi por completo sorprendido.
— ¿Por qué la pregunta?
Ella, sin entender completamente todo su caos emocional, optó por encogerse de hombros.
— Eres mi hermano. Me preocupo.
El chico abrió un poco la boca y arqueó sus cejas con cierta exageración. Sharpay Evans demostrando abiertamente que se preocupa por alguien más. El fin del mundo se acerca.
3.5 Sharpay contra-ataca
Los días pasaron de volada en East High y cada individuo seguía sin descanso sus actividades. Los cerebritos veía de reojo a los chicos de las patinetas, quienes escuchaban algo de Jay Z. Su escandalosa música les impedía continuar con sus deberes y repasos. Más sin embargo, una chica voluptuosa de cabello marrón llamada Martha Cox, ocultaba su rostro en un enorme libro de matemáticas, fingiendo estudiar. Su cabeza se movía al ritmo de la música.
Zeke Baylor estaba almorzando en compañía de su equipo y las porristas en la cafetería. Había demasiadas mesas adornadas con los colores de los Wildcats, el equipo oficial de la escuela. Porque ser rico, atleta o porrista equivalía al más alto grado de popularidad dentro de los estándares impuestos de la escuela y de la sociedad en general. Y sólo podía relacionarse con personas etiquetadas ya anteriormente mencionadas, ni más ni menos que eso. Muy dentro de sí, su faceta rebelde quería imponer nuevas reglas, sentía la injusticia correr por sus venas. Quería comentarles a sus amigos, sus compañeros, su más grande secreto. Miró discretamente su morral, con ésta temperatura caliente de seguro su crème brûlé se arruinaría. Se debatía enormemente en dejarla a la vista pero sabía que con eso llamaría la atención de todos los presentes, ¿que podría hacer?
En ésa misma mesa Chad Danforth se levantó de su asiento para empezar a recorrer, cómo tal cuál león asecha su selva, el sitio asignado que desde que tenía memoria había sido asignado para los deportistas. Su rostro lucía irritado y con ligeras bolsas en los ojos, no había podido dormir en todos estos últimos días ¿y todo porqué? le pareció que no hacía falta aclararlo, todo East High lo sabía. Lo que jodidamente no podía tolerar, era que se había filtrado un rumor, de ésos que parecían ser completamente ciertos y que si se detenía a pensar con profundidad, no resultaba ser tan descabellado, por cómo están las cosas: Troy Bolton había realizado una prueba para entrar al musical.
Arriba desde una posición privilegiada en donde podía ver y sentarse a comer sin el resto de los demás, se encontraba Sharpay Evans, su hermano y su fiel séquito (que por lo general eran pocos debido a que cada ciertos días Sharpay los corría de ése lugar), el club de teatro. Muchos son los llamados y pocos los escogidos, así Sharpay lo sentía y en más de una ocasión no dudaba en ponerlo a prueba.
Se mantenía al día con los rumores de la escuela, desde hace tiempo había creado un grupo en WhatsApp en el que la mayoría de la población estudiantil (por no decir toda), se había unido y posteaban diversas cosas e imágenes, razón por la cuál los smartphones nunca dejaban de sonar. Miró su elegante almuerzo con algo de enfado y volvió su vista al frente, observando a la multitud hasta poder dar con una cabellera familiar. Se frustró más cuando no pudo conseguirlo.
Ryan, disimulaba un poco su jovial alegría. Cerca de allí, una cabizbaja Kelsi Nielsen con su cabello recogido en pequeñas coletas y con aspecto de rata de biblioteca, los observaba curiosa. Cuando Sharpay se volteó, ella volvió su vista al plato con aprehensivo interés.
— Se está tardando demasiado.
— Relájate. A lo mejor está con ella.
Que su hermano dijera precisamente eso con tono tan relajado le provocaba con todas las ganas del mundo, abofetearlo.
— No me gusta. Ya se lo he dicho de todas las maneras posibles, ¡y Troy parece no respetar mi decisión!
— Pues deberías de cortar con él y asunto resuelto, hermanita. Sabes que puedes conseguir a quién desees con sólo chasquear tus dedos.
— Realmente eso te gustaría, ¿no, Ry? que termine con él. Pues te informo: No te voy a dar el gusto, hermanito. Aunque te duela, me quedo con Troy.
El rubio apretó su quijada, no podía negar que la chica Gabriella hacía bastante bien su parte del plan, pero ostras que Sharpay era muy obstinada. Parecía que mientras más le insinuaba que ella y Troy no podían estar juntos, más se encaprichaba con la idea. Porque para Ryan, Troy Bolton es el capricho de niñez de su hermana. Y hello! Ya son adolescentes. Hace lunas que Sharp debió darse cuenta que lo suyo con Bolton no tenía ni pies ni razón.
Justo cuando iba a, por enésima vez, discutir con ella del asunto, un sonido de risas le hacen enmudecer. Su hermana se incorporó de inmediato para caminar hasta el barandal y observar de lejos la escena. Por curiosidad profesional, la siguió y observó con satisfacción la escena: Troy Bolton reía al lado de Gabriella Montez, y al parecer se veían bastante animados.
La rubia consideró eso cómo un gesto claramente amenazante a su relación, y no es para menos: Su chico le había exigido que respetara su decisión de considerar a Gabriella cómo su amiga. Y tuvo que soportar su exigencia desde hace poco más de dos semanas. Sin embargo, comenzaba a agotarle las ideas sobre cómo detener la "amistad" peligrosa entre ambos. No era la primera vez que tenía pesadillas sobre cómo en otra pasada vida Gabriella Montez se quedaba con su chico. Y le robaban sus papeles protagónicos, e inclusive todos dejaban de lado sus clases sociales para mezclarse. Sacudió su cabeza, si eso realmente pasó en otra vida pasada haría lo que fuera por no permitirlo en ésta.
Su oportunidad de salvarlo todo se vio expuesta cuando Gabriella se volvió a la mesa de los nerds-fracasados-de-matemáticas, que para opinión de Sharpay, es ahí donde siempre debía estar. Por primera vez en mucho tiempo, dejó de prestarle atención a Troy y observó cómo una morena, Taylor McKessie, si su memoria no le fallaba, le reñía a Montez, quién comenzaba a comer su almuerzo con expresión fastidiada, ¿acaso McKessie la estaba regañando por lo anteriormente visto? si era así podía sacarle bastante provecho a su favor.
— Ryan, búscame agua. —Ordenó a propósito, algo en su interior le decía que no podía confiar en su hermanito en estos asuntos. Éste con cierta renuencia, obedeció.
Sin perder tiempo, evaluaba a McKessie con la mirada, se conocían también desde el jardín de niños más sin embargo, ambas no se habían visto en la necesidad de intercambiar excesivas palabras. Hasta ahora.
Lo que más le agradaba de los cerebritos, era que ellos si se tomaban bien en serio su papel en el mundo. Veneraban las reglas y harían hasta lo imposible por mantenerlas, e incluso impulsaban a sus compañeros para que ellos hiciesen lo mismo. La cuestión era, ¿cómo podía hacer que McKessie confiara en ella y tenerla cómo aliada? Sharpay se tomó su tiempo en meditarlo, ¿que querría ella a cambio?, ¿dinero, ropa... subirle un escalón para la popularidad?
Y cómo si de un llamado se tratase, vio cómo los ojos de ella se posaron al frente. Sharpay calculó mesas y se dirigió al otro extremo del barandal y miró abajo para confirmar sus sospechas: McKessie veía la mesa de los deportistas. Una malvada sonrisa se apoderó de su rostro mientras sin perder tiempo, comenzó a bajar los escalones con parsimonia. Observó cómo su chico la miraba extrañado, saludándola con una mano, gesto que Sharpay no vio de momento. Vio de reojo cómo Chad Danforth se carcajeaba mientras seguía contando una historia, al parecer divertida por el resto de los demás, y le fastidió que siguiese ignorando olímpicamente a su chico. Pues bien, esto tenía que parar. Segundos después se vio asaltada por alabanzas de las porristas sobre sus hermosas uñas y su elegante atuendo. Sonrió de manera encantadora mientras trataba de distinguir a quién McKessie miraba tanto y fue justo ahí que lo distinguió: Danforth tras una pausa exhautiva de sus risas, observó al frente justo allí en donde Taylor se encontraba y la chica bajó frenética la mirada a su plato, su semblante nervioso y su rostro de color escarlata terminaron de delatarla.
Fue ahí en donde Sharpay comenzó a sumar dos más dos, y a sorprenderse que incluso las morenas se sonrojan.
