Hola a todos.

Espero les guste este capítulo. Traté de mejorar un poco la narrativa, a ver si salió XD. En fin, les dejo el capítulo.

Harry Potter no me pertenece, le pertenece a J. K. Rowling.

Capítulo II: Adopción

Snape estaba terminando por fin con sus últimos deberes. Hacía una semana él y Sirius habían ganado la custodia de Harry, Severus tomaría el rol de padre, mientras que Sirius seguiría siendo el padrino del pequeño. Ambos vivirían en la mansión de los Black y Snape regresaría a Hogwarts hasta que Harry tuviese once años. Todo parecía bien.

Encogió sus frascos y los puso en su maleta, al igual que su ropa y demás pertenencias. Miró su habitación, ahora se veía un poco más grande gracias al espacio que ahora se encontraba vacío. Miró las paredes pintadas de gris, la cama hecha con madera color obscuro y las sábanas color verde. El escritorio estaba ya algo desgastado y había unas cuantas macetas cerca de la ventana con algunas plantas que le serían enviadas después. Más que habitación parecía un calabozo, pero así le gustaba al maestro.

Tomó su maleta y con un toque de varita, ésta desapareció, pronto estaría en casa de Black, por el momento debía ir por el pequeño Harry. Revisó de nuevo su capa la cual contenía el papel de la custodia del niño para mostrárselos a los Dursley y que no hubiese problemas en que le dieran al niño. Tocó un pergamino el cual era un translador que lo transportó a Privet Drive. Buscó la casa número 4, la cual no tardó en hallar. Tocó la puerta sin muchas ceremonias. Mientras esperaba, vio el jardín bien cuidado con algunas flores plantadas, además de la cerca que lo protegía. Pasaron dos minutos hasta que una mujer delgada y con cara de caballo abrió la puerta.

-¿Quién es usted?

Preguntó de mala manera. Snape alzó una ceja.

-Soy Severus Snape. Vengo por el niño Harry Potter, aquí tengo un acta para llevármelo.

Dijo el maestro extendiendo ante la mujer unos papeles. Ella los tomó (más bien, los arrebató) de la mano de Snape y leyó en voz baja. Severus juró que escuchó un suspiro de alivio por parte de aquella mujer.

-De acuerdo. Traeré al niño. Espere aquí.

La puerta se cerró en la cara de Snape. ¿En serio ésta era la hermana de Lily? Quizá Petunia fue adoptada. Suspiró mientras esperaba. Pasaron quince minutos hasta que la puerta se abrió nuevamente. Petunia cargaba un bebé que parecía haber llorado recientemente. Su ropa era la misma que usaba el día que sus padres murieron. Ese acontecimiento había sido hacía una semana. ¿Acaso no lo habían cambiado? ¿Por qué Harry había llorado?

-¿Qué le pasó?

Preguntó Severus mientras tomaba al niño en brazos.

-Se la ha pasado llorando toda la semana. Ya me desesperó, no deja dormir a mi angelito Dudley, qué bueno que se lo lleva.

El maestro hizo una mueca. ¿Angelito llamaba al niño que parecía cría de cerdo que se asomaba desde su silla en la sala? Mejor era no decir nada.

-¿Y bien?

Preguntó Petunia.

-¿Y bien qué?

-¿A qué hora se va?

-Estoy esperando las pertenencias del niño.

Gruñó Snape. Esa mujer lograba sacarlo de sus casillas por esa actitud tan arrogante.

-Tome entonces.

Petunia le extendió a Snape una manta azul.

-¿Y esto?

-Es lo único que me mandaron con ese niño, además de la ropa que trae puesta. Ya no es mi responsabilidad, por lo tanto yo ya no tengo que darle nada.

Severus tomó la manta de mala gana. Mujer tonta, pensaba.

-Bien, entonces me voy.

-Espere.

El maestro de pociones ya se había dado la media vuelta y ahora esa mujer le decía que regresara. ¿No le urgía que se fuera ya? Rodó los ojos y regresó.

-¿Qué?

-Su nombre se me hace conocido… ¿Nos conocemos de algún lado?

-Lo único que puedo decirle es que yo era amigo de su hermana. Es todo. Ahora me voy.

Antes de que Petunia pudiese abrir la boca, Severus ya estaba fuera de su vista. ¿Amigo de su hermana? Ahora que recodaba él se parecía a un niño andrajoso de pelo grasiento que Lily conoció poco antes de entrar a la famosa escuela de magia que Petunia aborrecía… ¡Un momento! ¿Ese hombre era el mismo niño? Petunia prefirió ya no pensar más en tonterías y entró a su casa para darle de comer a Dudley.

Snape llegó por otro transportador a la casa de los Black. Suspiró, serían once largos años. Harry estaba inquieto por el viaje y se movía en los brazos de Severus queriendo llorar un poco. El maestro lo acomodó en sus brazos y comenzó a tranquilizarlo un poco.

-Tranquilo, hemos llegado a casa.

Severus caminó con paso tranquilo hasta llegar a la puerta de madera y tocó. Sirius no tardó en abrir, parecía que hubiese estado pegado a la puerta todo el día esperando la llegada de su ahijado.

Sin saludar siquiera a Severus, Black tomó al bebé y entró en la casa casi cerrando la puerta en cara de Snape. La segunda grosería del día, pensaba el profesor de pociones.

-Buenas tardes también para ti, Black.

Dijo en un tono sarcástico mientras entraba, pero Sirius en lugar de contestarle, se limitó a sentar a Harry en un sillón cercano y saludarlo de una manera tierna.

-Hola, Harry, yo soy tu padrino, Sirius.

-Es un bebé, no creo que te entienda.

Comentó Snape sentándose en otro sillón enfrente de ellos. Los sillones eran color negro mientras las paredes estaban pintadas en colores verdes y gris un tanto lúgubres. Le gustaba a Snape, no quería paredes blancas o amarillas que sólo lastimaban la vista. Había algunas fotos sepia y antiguas de diferentes antepasados de los Black que miraban a Harry con curiosidad. Los jarrones y otras cosas como manteles y cortinas también se veían algo antiguos, pero muy limpios. Lo que le daba luz a esa casa eran las ventanas además del reflejo que daban los detalles dorados de los adornos.

Sirius miró de mala manera a Snape y se dirigió de nuevo a Harry pero ahora en un tono aburrido.

-Y ese murciélago grande de allá es tu nuevo padre, Severus Snape.

Dijo señalando a Snape, Harry miró al hombre de manera confusa, pero no dijo nada.

-Black, sé que para nosotros será una misión difícil por no decir imposible, pero Albus me ha suplicado… o más bien ordenado, que nosotros debemos por lo menos tolerarnos ya que Harry no puede vivir en una casa donde lo único que escuche sean insultos entre nosotros además del ambiente de rencor.

-Supongo…

Dijo el hombre entre dientes. Tenía razón, debían llevarse mejor, por Harry.

-Bien.

Severus se acomodó en el sillón mientras cerraba los ojos tratando de relajarse un poco.

-¿Y las cosas de Harry?

-Su tía me dijo que no lo mandaron más que con una cobija y lo que trae puesto y que así lo iba a regresar.

-De verdad que no entiendo a algunos muggles. No tengo ropa para bebé.

-¿Y qué quieres que haga? Me duele la cabeza. Ve de compras o pídele a uno de tus elfos que traiga cosas para él.

-Creo que mejor mando a un elfo. Si tanto te duele la cabeza entonces tómate una de tus pócimas.

-Ya lo sé… pero no me has dicho cuál es mi habitación.

Sirius se levantó del sillón y tomó a Harry en brazos.

-Ven entonces. También verás la habitación de Harry que los elfos han arreglado. Supuse que no tendría nada más que su ropa, pero creo que no quedó nada.

Ambos hombres junto con el bebé se encaminaron en la casa.