Hola a todos.

Disculpen la tardanza. Al final no menciono a Sirius, eso será en el siguiente capítulo. Gracias por comentar. Espero les guste este capítulo, y ya saben, si comentan actualizo, sino, no XD.

Harry Potter no me pertenece, es propiedad de J. K. Rowling.

Capítulo IV: Una palabra que cambia todo

Había pasado un mes desde que Harry y Severus se habían mudado a la casa de los Black y los elfos se encargaban de Harry durante la noche mientras que en el día, Severus y Siruis cuidaban del pequeño.

Severus estaba sentando en un sillón de la sala mientras Harry jugaba con su lechuza de peluche y se la metía en la boca de vez en cuando. Sirius estaba ocupado en su cuarto averiguando sobre unas acusaciones que se metieron en su contra sobre la muerte de James y Lily. Snape no tenía ni idea de cómo acercarse a Harry y sólo contemplaba al bebé.

¿Qué debía hacer? Pensó mucho y por fin habló.

-¿Esa es tu lechuza, Harry?

Fue lo más inteligente que se le ocurrió.

-Mía, mía.

Decía el bebé. Severus lo vio como una oportunidad. Harry aún no hablaba bien, le enseñaría a hablar. Acercó su cara a la del niño y dijo con la voz más gentil que pudo.

-Haber, Harry, di "papá".

-Pápa.

Dijo el bebé tratando de hacer un esfuerzo. Severus se dio cuenta que necesitaría mucha paciencia, y esa no era una cualidad que él tenía, pero haría lo posible. Tomó a Harry en sus brazos y lo sentó en sus piernas.

-Papá.

Repitió Severus haciendo énfasis en la última sílaba. El niño lo miraba directamente, aunque luego se distraía con el peluche que seguía en sus manos.

-Papá.

Dijo el niño un poco mejor. Severus sonrió y el bebé le devolvió la sonrisa sabiendo que había hecho bien lo que le dijo Severus.

-Bien, ahora di "mamá".

-Mamá.

Dijo Harry perfectamente. Severus le sonrió de nuevo y la sonrisa del bebé se ensanchó más.

-Muy bien, Harry. Ahora di "Harry".

-Hary.

El profesor de pociones continúo practicando algunas palabras más con el bebé como "lechuza", "agua", "comida" entre otras. Estaba tan entretenido de que Harry estuviera dispuesto a aprender que se le fue el tiempo, y se dio cuenta de esto cuando Harry comenzó a pegar su carita contra el pecho de Severus, seguramente el niño tenía sueño, pero debía comer antes. Lo levantó en sus brazos y sacó un biberón del refrigerador el cual calentó con un poco de magia de su varita. Se lo dio al niño mientras se sentaba de nuevo en el sillón y vio como el pequeño se iba quedando dormido mientras terminaba su leche. La imagen le daba ternura, Harry apenas tomando lo que quedaba de leche mientras sus ojos luchaban por mantenerse abiertos pero era obvio que estaban perdiendo la batalla. Severus comenzó a mecer a Harry mientras le quitaba el biberón de la boca. Después de unos minutos se levantó del sillón hacia el cuarto de Harry y lo metió en la cuna mientras lo arropaba. Finalmente el bebé se dejó vencer por el sueño y Severus salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado. Llegó de nuevo a la sala de estar y vio el peluche aún en el sillón olvidado. Lo tomó en sus manos y se sorprendió de sí mismo por haberse acercado un poco a Harry y se dio cuenta que le tenía un poco más de afecto al niño ahora, era un buen niño: curioso, inteligente, persistente y también tierno. Esperaba que en un futuro él fuera un Slytherin, pero quizá sería un Ravenclaw.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Sirius salió de su cuarto y se veía estresado y preocupado.

-¿Qué pasó?

-Creen que yo fui el guardián de James y Lily y quieren encarcelarme.

-Dumbledore te puede ayudar si lo necesitas.

-Sí, de verdad lo necesito. ¿Puedes contactarlo?

Se notaba que Sirius necesitaba urgentemente hablar con Albus. Snape decidió olvidar sus rivalidades un momento, su expresión de daba pena.

-Escríbele una carta y mándala con mi lechuza.

-Gracias, Severus.

Sirius entró de nuevo a su cuarto corriendo dejando a Snape con una cara de confusión que ningún alumno en su vida tendría el lujo de ver jamás. Sirius Black, un merodeador que le había hecho la vida escolar imposible, el mejor amigo de James Potter, el animago apodado Canuto, le había pedido ayuda y lo había llamado por su nombre de pila, a él, a Severus Snape, el grasiento, Quejicus, el aspirante a mortífago. De verdad que muchas cosas estaban cambiando de rumbo, para empezar, ahora Severus era padre del bebé de Lily y James, vivía en la casa de los Black y hacía unos días que no había preparado una sola poción.

Decidió que mientras Harry estuviese dormido un rato, prepararía por lo menos una poción para producir sueño. Se adentró en su habitación y comenzó a preparar la poción sin muchos problemas, era una especie de relajación para él. Y justo cuando terminó de hacer la poción, escuchó un lloriqueo desde el cuarto de Harry.

-¡Ellie!

Con un "crac" apareció la pequeña elfina de Snape, la cual tenía por ropa una funda de almohada color amarillo y ésta estaba limpia y planchada, sus ojos eran grandes como pelotas de tenis y color azul fuerte, y para finalizar, ella tenía cabello castaño aunque un poco desaliñado recogido en una cola.

-¿Sí, amo?

-Necesito que recojas este lugar, acabo de hacer una poción, pero Harry comenzó a llorar y debo ir a verlo.

-Sí, amo.

Snape sin más, salió de su cuarto directo al de Harry, abrió la puerta y lo cargó. El bebé se comenzó a tranquilizar poco después de que Severus llegó. Quizá se inquietó cuando al despertar descubrió que estaba solo y por eso lloró. Snape le dio unas pequeñas palmaditas en la espalda tratando de calmarlo, pues Harry aún jadeaba queriendo llorar, temiendo que Severus se fuera. Después de unos minutos que el bebé estaba más tranquilo, el profesor lo llevó a la sala y sentó a Harry enfrente suyo, pero el bebé amenazó con llorar de nuevo y Severus no entendió.

-¿Qué tienes?

El bebé alzó sus bracitos hacia Snape queriendo ir hacia él, y las palabras que dijo cambiaron la vida de Severus para siempre.

-¡Papá! ¡Papá!

Pronunció el pequeño claramente. Severus, que no cabía de la impresión, abrió los ojos y no se movió por un momento mientras Harry insistía en que lo llevase a sus brazos. El ruido que hizo un tintero al caer desde el cuarto de Sirius, trajo a Snape de nuevo a la realidad y miró a Harry sin creer todavía en lo que él había dicho.

-¿Qué dijiste?

-¡Papá!

El bebé estaba perdiendo la paciencia y comenzaba a llorar nuevamente, antes de que gritara, Severus lo tomó en sus brazos y Harry se relajó y se recargó en su pecho.

Snape no creía lo que había pasado, por una parte estaba anonadado, pero por otra se sentía feliz, era una felicidad extraña y nueva pero no por eso incómoda, al contrario, era cálida, así que sin decir más, abrazó a Harry y le dio un pequeño beso en la frente. Sólo por ese momento él se dejaría ver vulnerable, al fin y al cabo, estaba con un bebé, o más bien, con su hijo.

Habían pasado dos años y ahora el pequeño Harry tenía tres años, y ante los ojos de Severus, él era un torbellino. Y ahora que al "inteligente" de Black se le había ocurrido comprar una escoba de juguete para el niño, éste se había vuelto imparable.

Estaba preparando una poción para curar heridas y raspones menores, no era complicada, pero desde hacía un rato tenía sed y decidió bajar a la cocina por un vaso de agua. Bajó las escaleras y poco antes de tocar el suelo del pasillo, una escoba voladora pasó justo frente a él de manera rápida, y Severus apenas pudo reaccionar para poner su pie nuevamente en el escalón y salir ileso.

-¡Harry!

Gritó en tono autoritario desde su lugar. Oyó a lo lejos un pequeño y apenado "ups" y entró a la cocina donde Harry estaba aún montando en su escoba y mirando al suelo esperando un regaño por parte de su padre.

-¿Qué te he dicho de usar la escoba a una velocidad alta?

-Lo siento, papá.

Dijo el niño claramente. Harry ya hablaba correctamente y muy bien para su edad gracias a Severus, que lo hizo darse a entender desde hacía dos años.

-Dame la escoba. Hoy no montarás más.

Sin reprochar ni nada (Ya que el niño sabía que era lo mejor), Harry se bajó de la escoba y se la tendió a su padre, quien la tomó y la guardó en un armario en un lugar alto para que Harry no la alcanzara.

Severus regresó a la cocina donde Harry estaba sentando en una silla con una expresión de tristeza mezclada con aburrimiento. Él fingió no verlo y tomó su vaso con agua.

-¿Qué estabas haciendo?

Preguntó el niño rompiendo el silencio y esperando que su padre olvidara el incidente de la escoba.

-Una poción.

Dijo Severus simplemente dejando el vaso en el fregadero y dirigiéndose a su cuarto mientras Harry lo seguía.

-¿Puedo ayudarte?

La idea no era mala, Severus a veces necesitaba ayuda con cosas sencillas que no podía hacer para no descuidar cosas más complicadas.

-Bien.

Dijo olvidando la escoba y ambos entraron al cuarto del profesor. Snape sentó a Harry en una silla alta y mientras vigilaba la poción en el caldero, le pedía al pequeño que le pasara algunos instrumentos enseñándole cuál era cuál. Harry miraba con interés la poción en el caldero, y a veces miraba los instrumentos para prepararla, los tocaba, pero no los metía en su boca ya que su padre se lo había advertido. Se aburrió poco después, así que mientras el caldero hervía, Severus le mostró sus plantas y otras cosas en las que el niño parecía tener interés.

-¿Y para qué sirve esta?

Dijo Harry señalando una planta pero sin tocarla.

-Sirve para dormir a la gente, y esa sirve para crecer huesos.

Instruía Snape a Harry mientras estaba agachado a la altura de Harry para que éste lo escuchara bien.

-¿Y me enseñarás a hacer pociones?

Preguntó el niño mirando fijamente a Severus.

-Sí, pero cuando crezcas un poco más.

-¿Cuánto?

Insistió el niño.

-Unos años.