Hola a todos.
Disculpen la tardanza pero la inspiración tardó en llegar. En otro capítulo explicaré algunas cosas sobre lo que pasa en este. Espero les guste y gracias por sus comentarios.
Ya saben, si comentan, actualizo, sino, no XD.
Harry Potter le pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo VIII: Un objeto extraño
Snape y Harry atravesaron la red flu encontrándose con un Sirius muy enojado que miraba a Severus.
-Buenas noches, Snape.
-Black.
Ambos se retaban con la mirada, y los reproches no se hicieron esperar.
-¿Dónde estaban? Me preocupé cuando no encontré a Harry.
-Hubo un asunto que ver con Albus.
-¿Qué asunto?
Harry se acercó a Sirius saltando de la felicidad y tomó su mano para llamar su atención, estaba tan emocionado que no notó el aura de pelea que emanaban los magos.
-¡Tío Sirius! ¡Quiero enseñarte a mi nueva amiga!
Black miró hacia abajo y al ver a la serpiente enroscada en Harry rápidamente se hizo para atrás sacando su varita.
-¡HARRY, TEN CUIDADO! ¡REDUCTO!
-¡PROTEGO!
Interrumpió Severus a tiempo, haciendo rebotar el hechizo hacia el animago y Sirius salió volando hacia el sillón chocando con él. Tardó unos minutos en reaccionar y levantarse del sillón mirando acusadoramente a Snape.
-¡¿QUÉ TE PASA?! ¡¿NO VES QUE HARRY TIENE UNA SERPIENTE ALREDEDOR SUYO?!
-Si te calmas te explicaré todo, aparentemente la serpiente es segura.
Dijo Severus tratando de mantenerse sereno.
Black miró a Snape sin entender, y por fin el mago le contó toda la historia, mientras Harry subía la escalera para mostrarle a Zafiro mejor su cuarto.
Sirius cayó sentado nuevamente en el sillón tomándose la cabeza entre sus manos sin creer lo que oía. Su ahijado hablaba pársel y ahora su mascota era una serpiente marina.
-¿Estás seguro que esa serpiente ya no es peligrosa?
-Si hablas del veneno, no. Aunque sigue siendo un animal salvaje. Estoy tan preocupado como tú. -Black suspiró rendido. El hijo de James era todo un caso, pero sólo lo consentía porque lo quería, y ahora que Harry quería una mascota inusual, mientras ese animal no lo dañara, lo dejaría estar en la casa. –Claro que ahora tendremos que mostrarle a Harry las reglas sobre tener esa serpiente aquí.
Sirius se limitó a asentir sin mirar a Severus, estaba pensando en otras cosas.
…
Harry ahora tenía seis años y medio. Iba en la escuela primaria y él no había revelado su identidad de mago ni que su mascota era una serpiente, si decía tener una mascota pero decía que ésta era un perro.
Un día, Harry se quedó solo en casa, pues Sirius y Severus estaban trabajando y ese era un día festivo muggle y las clases se habían suspendido. Los elfos estaban en la cocina por cualquier emergencia mientras el niño estaba en el pequeño jardín de la casa jugando con Zafiro. La serpiente había crecido unos diez centímetros pero era tan dócil con Harry como desde el principio. Cada mes, Severus la ordeñaba y hechizaba, pero a la serpiente no le incomodaba porque el padre de su amigo la trataba con cuidado, en cuanto al otro hombre que vivía en la casa, Zafiro se llevaba bien con él por su naturaleza de animago, que le facilitaba a Sirius tratar con animales, aunque sí le molestó que al principio se comportara grosero, pero Black le pidió perdón después en forma de perro.
Harry jugaba atrapadas con Zafiro. La serpiente huía en medio del pasto mientras Harry trataba de alcanzarla mientras reía. Zafiro era una serpiente joven, y por esa razón también le divertía jugar con el pequeño mago. Harry estaba muy entretenido correteando a la serpiente en el verde pasto, pero un pequeño brillo junto a la cerca de la casa llamó su atención. Dejó de reír y con curiosidad fue hacia el lugar donde brillaba aquél objeto oculto por la hierba. Zafiro notó esto y se acercó a Harry para ver lo que pasaba.
-¿Qué sucede?
-Mira, algo brilla allí.
Harry señaló a donde estaba el objeto acercándose cada vez más.
-Harry, no sé si debas acercarte.
-No pasa nada.
-No sabemos lo que es esa cosa. -Cuando ambos llegaron hacia el objeto, Harry distinguió un anillo de oro con una piedra negra en el centro y un símbolo raro de un triángulo con un círculo en medio y una línea que dividía a la mitad a ambas figuras. Harry acercó su mano para tomar el anillo, pero Zafiro habló. -¡No lo toques! Percibo una fuerza muy obscura dentro de él.
Harry volteó hacia su amiga la cual estaba en guardia mostrando sus colmillos y enderezándose un poco. Zafiro estaba consciente de que no tenía veneno pero su instinto la hacía mostrar sus dientes.
-¿Y si la tomo con un pañuelo o algo?
-Yo creo que sí. -Harry sacó un pequeño pañuelo de la bolsa de su suéter y tomó el anillo para después envolverlo sin tocarlo directamente. -Vamos a casa.
Sugirió Zafiro, Harry asintió y ambos regresaron. Sin hacer ruido, subieron al cuarto de Harry y cerraron la puerta. Harry sacó el anillo envuelto de su suéter, y desenvolviéndolo tocándolo a través del pañuelo, lo siguió mirando.
-Me pregunto qué hacía aquí ese anillo.
-Cuando llegue tu papá debes decirle.
Harry asintió aún mirando el anillo. La piedra llamaba su atención y con un pedazo del pañuelo que se encontraba suelto intentó tocarla, pero se sorprendió cuando se dio cuenta de que arrancó la piedra de su lugar en el anillo. Sorprendido, Harry ladeó su mano aún con el pañuelo en mano para protegerlo. La piedra giró tres veces en su mano por el cambio de ángulo de la mano de Harry y comenzó a flotar de la mano del niño. Zafiro se puso en posición de ataque mientras siseaba. De repente, frente a Harry estaban dos personas que parecían fantasmas. Eran un hombre y una mujer. El hombre se parecía bastante a él y su rostro era triste, preocupado y quizá enojado. Mientras, la mujer de cabello largo lo miraba sonriente. Harry que sabía de la existencia de fantasmas no se asustó, siempre tuvo curiosidad de ver uno.
-¿Quiénes son?
La mujer sonrió más sin atreverse a hablar mientras el hombre fruncía el ceño.
-Soy mamá, Harry.
-¿Mamá? -Preguntó el niño confundido. Severus le había contado que su mamá estaba en el cielo pero ahora estaba frente a él. –Papá dijo que estabas en el cielo.
La sonrisa de la mujer se ensanchó más mientras el hombre miraba con severidad hacia la nada.
-Sí, pero vine a visitarte.
-¿Por qué te fuiste?
Preguntó el niño con un toque de tristeza. Lily borró su sonrisa y miró a su hijo triste también.
-Yo no quise irme, Harry. Un día, Severus te lo explicará.
-¿Por qué no me dices?
-Porque aún eres muy pequeño, hijo. Espero un poco más.
Lily se arrodilló a la altura de su pequeño extendiéndole la mano. Harry se acercó para tomar su mano, pero se dio cuenta de que no podía, sólo atravesaba a Lily. Lily lo miró triste, esperaba poder tocar a su hijo para abrazarlo pero no podía. Harry no entendió bien y miró a su madre como pidiendo una respuesta. Ella sonrió con los ojos tristes y se puso de pie nuevamente. Harry por fin miró al hombre a su lado.
-¿Y quién es él?
-Se llama James.
El nombre era conocido para Harry, pues su tío lo mencionaba en ocasiones sin referirse a él pero nunca se atrevió a preguntar porque su padre ponía una cara de total enfado y cuando Severus ponía esa cara, lo mejor era no preguntarle, además, Harry no pasaba mucho tiempo a solas con su tío, generalmente su papá siempre estaba cuando Black andaba en la casa. Así que Harry nunca supo quién era James, aparte de él.
-Yo también me llamo James.
Dijo Harry sin dejar de mirarlo. La cara de James cambió a una de intranquilidad y se agachó para mirar a Harry.
-¿Cómo te trata Severus?
-Bien.
-¿Seguro?
Insistió James mirando seriamente al niño. Cómo deseaba abrazarlo y decirle que él era su padre, pero no lo haría. Harry era muy pequeño para entenderlo.
-Sí.
-¿No te pega o te maltrata?
-No.
-¿Es bueno contigo?
-Sí, él es mi papá. -James puso una cara de dolor que por más que quiso, trató de reprimir. -¿Por qué nos parecemos?
Preguntó Harry de repente desconcertando al fantasma enfrente suyo.
-Lo comprenderás cuando seas más grande.
James sonrió de nuevo a su hijo. Se puso de pie y ambos adultos miraban al niño con ternura.
-Estamos orgullosos de ti, Harry.
Dijo su madre.
-Siempre te cuidaremos, aunque no nos puedas ver.
Dijo ahora su padre.
Harry no se había dado cuenta de que la piedra seguía en su mano a través del pañuelo. Zafiro había bajado la guardia pero seguía mirando a los fanstasmas desconfiada. Entendía un poco el idioma humano, ahora sabía que la mujer era la madre de Harry, y el hombre… ¿Quizá su tío?
Se oyó una puerta abrir y cerrarse y Harry del susto tiró la piedra al suelo. Zafiro también se puso alerta y se calmaron ambos cuando escucharon una voz conocida.
-¡Harry, ya llegué!
Era Severus. Se extrañó del silencio absoluto. Desde que había llegado Zafiro, Harry se la pasaba hablando en pársel y se escuchaban silbidos a cada rato o se escuchaba al niño riéndose mientras jugaba con la serpiente. Extrañado y sin recibir su acostumbrada respuesta de un Harry emocionado bajando las escaleras para saludarlo, subió las escaleras. Sus pasos hacían ruido y Harry alarmado comenzó a correr en todas direcciones sin saber qué hacer mientras Zafiro trataba de hablar.
-¡Esconde el anillo y la piedra, Harry!
Con cuidado Harry tomó el anillo y la piedra con el papel envolviéndolos nuevamente.
-¡¿Dónde lo guardo?!
Severus escuchó los silbidos algo alarmado en medio de las escaleras y subió más rápido, sus pasos lo delataban.
-¡En el cajón de ropa!
Gritó Zafiro, Harry asintió y guardó el anillo tratando de no hacer ruido. Cuando se acercó a Zafiro nuevamente, la puerta se abrió.
-¿Qué sucede aquí?
Harry miró sorprendido a su padre sin saber qué decir.
-H-hola, papá.
-¿Qué tienes, Harry? Ahora no bajaste a saludarme ni hacías ruido.
-Dile que estabas dormido y apenas despertaste y te asustaste por los pasos en la escalera.
Zafiro era astuta. Harry miró nuevamente a su padre y siguió las instrucciones de la serpiente.
Después del relato de Harry, Severus no parecía del todo convencido pero le creyó a Harry.
-Bien, pero me extraña que desde hace año y medio no duermes la siesta. -Harry se quedó callado. –Pero bueno, vengo cansado. Vamos a comer y luego te enseñaré a preparar tu primera poción.
Harry asintió y ambos salieron del cuarto seguidos por Zafiro.
Mientras, en otro lugar del mundo, Voldemort sentía un enorme dolor, su debilidad sólo hacía el dolor más fuerte, pero un día, un día él recuperaría el poder y le haría pagar todas y cada una de sus dolencias a Harry Potter y a los mortífagos que lo traicionaron.
